La boda
"El duelista Joey y su novia, Mai Valentine, finalmente contraerán matrimonio. Después de más de una semana de retraso, todo parece estar listo; nada podría salir mal..." Este era parte del artículo que se publicó en la revista PaShow. Todo estaba listo: el altar, el salón de fiestas, los arreglos, los anillos, todo en su lugar. Finalmente, el evento que marcaría el año sucedería.
La fría sala de aquel hospital daba escalofríos. Se escuchaban los equipos médicos, uno que otro niño llorando, las paredes blancas, las luces amarillas, las banquetas frías, las caras de desvelo y tristeza. Irónicamente, ese lugar, aunque era uno de los más prestigiados de la ciudad en cuanto a salud, el KaibaMedical, parecía que podía hacer enfermar a cualquiera solo por estar ahí.
Su mente parecía estar dividida en dos: por un lado, tenía a la compañía amenazando con romperle el celular, y por otro lado, estaba ella, quien robaba su total atención. Agradecía poder funcionar bien bajo presión, porque ese momento era una prueba a su autocontrol.
—Solo despide a quien tengas que despedir, haz lo que tengas que hacer —ordenó a través del auricular del dispositivo móvil.
—Sí, no te preocupes —contestó el pequeño Kaiba desde el otro lado del auricular—. Te sentirás orgulloso, ya verás.
—No esperaría menos —sonrió; admitía que estaba un poco preocupado pero confiaba en su hermano.
—¿Cómo está ella? —preguntó, cambiando de tema; estaba preocupado de que su hermano no se presentara ante un problema tan grande—. ¿Está todo bien?
La inauguración del Kaibaland estaba a la vuelta de la esquina, y a un inepto se le habían perdido los papeles con los permisos de construcción, haciendo que la obra quedara paralizada por dos días y se retrasara todo el cronograma. Con entradas ya vendidas, a la prensa y socios citados, no podían postergarlo; tendrían que hacer nuevas contrataciones, entre otros detalles. No se podían permitir una burla así; KaibaCorp jamás ha fallado en alguna inauguración, menos ahora. Un acontecimiento así, Seto no lo dejaría pasar por alto, y por eso Mokuba se preocupó tanto al recibir la llamada de él diciéndole que se hiciera cargo. Sin duda era su oportunidad de demostrarle a su hermano de lo que era capaz, pero sabía que algo debía estar pasando para que Seto hiciera eso.
—Le hicieron un par de radiografías —contestó—. No creo que sea algo grave...
—Seguro estará bien —aseguró el menor.
—Señor, ¿usted vino con la señorita Wheeler? —preguntó un joven médico que salía de la sala donde estaba Serenity.
—Sí... —cortó la llamada inmediatamente.
Hace varias horas...
En uno de los cuartos de aquella capilla se encontraba el novio terminando de arreglarse. Se veía en el espejo y acomodaba su corbata. Estaba muy feliz; era increíble que este día finalmente había llegado. Tenía muchas ganas de ver a Mai caminando por ese altar; sabía que luciría hermosa como siempre lo imaginó, la mujer de sus sueños. Sus amigos, su hermana, ese día sería especial; podría estar con las personas que más amaba en el mundo. Soñó tantas veces con ese momento que sencillamente no podía creer que se estuviera haciendo real.
Unos leves golpes en la puerta advertían la entrada de alguien. Él dio permiso para entrar.
—Pero qué guapo estás —halagó la joven castaña—. No puedo creer que te vayas a casar —decía muy emocionada mientras abrazaba a su hermano.
—Yo tampoco puedo creer cómo pasa el tiempo —abrazaba también a su hermanita—. Parece que fue ayer que éramos niños.
—Sí, recuerdo que querías golpear a todos los que me hicieran llorar —se burlaba de su actitud bárbara—. Siempre tenían que estar calmándote.
—Más de uno se lo merecía —alegó entusiasta—. Eres mi hermanita; es mi deber protegerte. Te lo prometí y yo nunca rompo mis promesas.
—Te quiero mucho, Joey —abrazaba, con un par de lágrimas en los ojos—. Espero puedas ser muy feliz siempre; te lo mereces.
—Y yo te adoro, hermanita —tomó su mano y le dio un beso—. No dejaré que nadie ni nada te haga daño.
Fin del recuerdo.
—Hola, bella durmiente —saludó con una sonrisa al verla despertar.
Estaba sentado al lado de su cama, terminando unos informes para la compañía. Habían pasado casi una hora desde que habían llegado al hospital; aún no tenía información sobre la compañía. Mokuba se estaba demorando mucho en darle noticias, lo que lo tenía muy preocupado.
—Seto... ¿qué pasó? ¿Dónde estoy? —estaba muy confundida; lo último que recordaba eran los gritos de Joey.
—Te desmayaste del dolor —le aclaró—. Tienes una fractura en el tobillo. No te preocupes, no es nada grave; solo tendrás que tener el pie inmovilizado.
—¿Qué haces tú aquí? Creí oír que había un problema en KaibaCorp —preguntó confundida, mientras se sentaba. Aún le dolía un poco la cabeza y tenía un hormigueo en su pie izquierdo.
—Ya te lo dije —respondió, dándole su total atención.
—Ya lo sé... Es solo que aún no te creo —respondió, dejando a un Kaiba muy decepcionado. ¿Qué más quería él?
Hace varias horas...
Aún faltaba media hora para que iniciara el casamiento; muchos de los invitados ya habían llegado. La mañana había sido agotadora; los cambios de humor de Mai eran algo que la comenzaban a irritar. La maquillista tuvo que maquillarla tres veces, porque la primera no le gustó y en la segunda comenzó a llorar. Por suerte, no hubo ningún otro percance. Aunque se había divertido organizando la boda, ya necesitaba un respiro; había sido una tarea agotadora.
Estaba en la entrada de aquella capilla, saludando a todos los invitados junto con Yugi, quienes eran la dama de honor y el padrino de la boda. Su labor era darle la bienvenida e indicarles sus asientos predeterminados.
—Serenity, otra vez te quedó todo genial —alegó el pequeño pelipuntiado.
—Gracias, Yugi —agradeció con una sonrisa; había tenido muchos problemas con la floristería. Su semana no había sido la más agradable.
—Yugi, Serenity —muy educadamente, un hombre interrumpió la conversación—. ¿Me permites un momento? —se dirigía a la castaña.
—Estoy ocupada —respondió, liberándose de aquel ajiazul. Volvió la mirada a una de las invitadas y saludó—. Hola, sí, fila 3 a la izquierda.
—Es importante —dijo mirándola fijamente.
—Serenity, yo me encargo —dijo Yugi, interviniendo. Milagrosamente se percató de lo que sucedía e intentó ayudar a Kaiba; a estas alturas no era un secreto para nadie la atracción de estos dos—. Ve con Kaiba.
—Claro —asintió, sonriendo fingidamente. Condenado Yugi. Caminó un par de pasos, seguida por él, y se volvió a mirarlo.
Su corazón palpitaba a mil por hora. Sus piernas amenazaban con perder su fuerza y dejarla caer en cualquier momento. ¿Qué diablos hacía él aquí? No estaba invitado, y evidentemente no quería una revancha con Yugi. Aún le avergonzaba lo que había sucedido hace una semana; él claramente no se había preocupado en llamarla o contactarse con ella de alguna forma, él solo se aparecía en pleno evento, donde no tenía escapatoria.
—Hola, Serenity —saludó con una sonrisa, mientras tomaba su mano y colocaba la otra sobre la parte baja de su cintura—. Estás preciosa hoy —dijo mirándola fijamente a los ojos, con una sonrisa traviesa.
—Seto —finalmente salió de su estado de shock, dejándose guiar por aquel ojiazul al ritmo de aquel baile sin música—. ¿Qué haces? —preguntó, al percatarse de que estaban bailando.
—Saludándote y recordándote lo hermosa que estás —la vaciló un poco; sabía que no se refería a eso. Ella frunció el ceño en respuesta—. Pensé que te gustaba que los hombres te dijeran eso.
—Seto —llamó ahora seria. No quería ser el juguete de él; él no podía llegar cuando quisiera y tomar lo que quería de ella—. ¿Qué estás haciendo aquí? Claramente no vienes por Joey y Mai.
Sonrió de medio lado; sabía que estaba nerviosa. Sus pasos eran un poco torpes; aunque se disfrazara de frialdad, él entendía muy bien sus gestos. Es tan obstinada y testaruda; es tan hermosa cuando finge estar seria. Sencillamente, todo de ella es perfecto. Miró esos ojos avellana que tanto le encantaban; era casi automático, se acercó inconscientemente.
—Terminando el baile que comencé —respondió en susurro, suficientemente alto para que ella escuchara.
La besó, y una corriente de sensaciones recorrió el cuerpo de ella. Su cuerpo la traicionó; correspondió el beso cerrando los ojos y dejándose inundar de todos los recuerdos que le traía la compañía de este hombre. ¿Por qué tenía que gustarle tanto? Ella no se podía negar. Nuevamente aparecía de la nada, la besaba y...
—¡NO! —negó, separándose bruscamente. Casi pierde el equilibrio y cae, pero él la sujetó rápidamente antes de que se cayera.
—¿No? —preguntó confundido. No entendía qué pasaba con ella. A su alrededor, muchos curiosos hablaban de la escena.
—Ven —ordenó Serenity mientras lo jalaba por el brazo, saliendo de la escena del crimen. Ya habían llamado suficiente la atención con ese baile extraño y ese beso.
—Deberíamos esperar un poco más. ¿No crees? —se burló—. No creo que a tu hermano le guste saber que te fugaste de su boda para tener una aventura con uno de sus rivales —comentó burlonamente mientras la seguía; le causaba mucha gracia hacer molestar a la pelicastaña.
—No bromees, Seto —fulminó con la mirada. La enojaba que él tomara todo a la ligera, mientras ella era un manojo de emociones.
Lo guió hasta llegar a uno de los balcones de aquella capilla, donde podían tener más privacidad. Ahí podrían hablar sin estar bajo la mirada de tantos curiosos. Y es que Seto se había vuelto loco; se apareció así y la besó frente a todos. ¿Quién se creía que era? No podía besarla cada vez que quería, y mucho menos frente a sus amigos y familiares. ¿Qué demonios pensarían de ella?
—¿Qué pasa, Serenity? —preguntó cuando finalmente llegaron al balcón—. ¿Querías tiempo a solas con el gran Kaiba? —pronunció muy sensualmente mientras la tomaba por la cintura y la acercaba.
—Basta, Seto —dijo firmemente. Quizás el ojiazul no lo había notado, pero estaba bastante molesta por su actitud—. No puedes aparecerte y besarme en medio de todos mis conocidos —reclamó.
—Tú no puedes bajarte del auto e irte de esa forma —exigió, adoptando el mismo tono que ella y cruzando los brazos—. Sin embargo, lo hiciste.
—Lamento mucho si te di una impresión equivocada —se alejó lo más que pudo, intentando no mirarlo a los ojos—. Pero yo no quiero esto. Tenemos que alejarnos, como debió ser siempre —intentó sonar lo más sincera que podía. Era lo correcto; maldita sea, ¿por qué era tan difícil alejarse de él?
—Mientes —contestó seguro—. Lo veo en tu mirada; lo sé por cómo me besas... —colocó una mano sobre su hombro desnudo. Ella se estremeció—. Por cómo reaccionas cuando te toco —se acercó nuevamente.
Ella retrocedió hasta chocar contra la pared blanca del balcón; estaba helada. Serenity colocó ambas manos a la altura de su pecho, intentando crear distancia entre ambos; acción que no era reconocida por el ojiazul, quien la apresó poniendo ambas manos contra la pared y acercándose lo más que podía. No entendía muy bien las señales contradictorias que ella le estaba dando. Ella decía que no quería esto, pero sus ojos lo pedían a gritos. Su enigmática mujer... cómo lo enloquecía.
—Mírame, Serenity... —susurró muy bajo, acortando la distancia, tomándola por la barbilla y guiando su rostro hacia él.
—Basta, Seto —pronunció con lo poco de razón que le quedaba—. Ya te dije que yo no quiero esto. —Recobró la razón totalmente y usó todas sus fuerzas para zafarse de la prisión en la que estaba, pero no tuvo éxito—. No me hagas esto —se rindió finalmente.
—No, tú no nos hagas esto —pidió—. No huyas, no te alejes, no más, no otra vez. —Su expresión cambió totalmente; su mirada era transparente. Necesitaba que ella entendiera todo lo que sentía estando con ella.
Insistiría todo lo que fuese necesario; no la perdería. Sabía que la reacción de ella era por su pasada actitud, donde pensó que al alejarla dejaría de perturbarlo. Ella no aparecería en sus pensamientos, como había hecho antes con alguna otra mujer, pero con ella no fue así. Con ella, todo era nuevo y diferente; esto era algo más fuerte, era lo más real que había sentido en su vida.
—Seto, déjame ir, por favor... —suplicó una última vez.
—Lo siento, pero no quiero —contestó honestamente—. No quiero dejarte ir. No te dejaré ir a menos que me mires fijamente a los ojos y me digas que no quieres esto, que quieres alejarte y no saber más nunca nada de mí —la condicionó—. Mírame, dime que no me quieres, y te dejaré libre.
Intentó huir otra vez; sabía que si lo veía, él la besaría y ella no podría negarse. Condenado, la había estudiado muy bien. Él otra vez iba a lograr que ella cayera a sus pies. Ingenua, ella misma se puso en esa posición. Aún estaba herida; ella se había entregado, y él le había dicho que esto no tenía futuro. Quizás él pensó mal de ella, imaginó que era una de esas con las que podría estar cada vez que él quisiera.
—¿Qué importa si te quiero o no, si esto no tiene futuro? —le preguntó seriamente. Sus ojos querían dejar caer una lágrima. Las palabras y acciones de él le dolían.
—Si es verdad lo que me dijiste, que me querías, entonces sí importa y mucho —pausa, buscando en su cara algún indicio, algún gesto, algo de ella—. ¿Me quieres?
El nudo en su garganta amenazaba con dejar escapar pequeñas lágrimas de sus ojos. Era demasiado lo que sentía; la palabra "te quiero" ya no representaba ni la mitad. Callar era la única cosa que podía hacer en este momento. ¿Para qué mentirle? No tenía sentido insistir en alejarse; él claramente no quería hacerlo. Era como jugar al gato y al ratón. Seto era el gato: hermoso, astuto, sigiloso; sus ojos eran hipnotizantes. Ella era un simple ratoncito acorralado por ese gato.
Lo miró y una lágrima escapó, rodando por su mejilla. Él la secó rápidamente, juntó su frente con la de ella, viendo cómo un par de lágrimas seguían saliendo. Su pecho dolía; no soportaba verla sufrir, menos cuando era él quien lo ocasionaba.
—Lo siento, de verdad, lo siento mucho, Serenity —tomó su mano y la apretó fuerte—. Lamento que no hayas logrado tu sueño de trabajar en KaibaCorp; sé que fui egoísta, y lo siento. Mi intención no era dañarte. Eres lo más real que me ha pasado, y lamento no haberlo dicho antes. Entiendo que no me quieras ver, que te parezca un egoísta, un patán. Te prometo que si tu deseo es no verme más, lo respetaré y me iré. —Tragó fuerte.
Sus palabras eran dignas de grabar; jamás imaginó que Seto sería capaz de decir algo así. Su corazón suplicaba que le creyera, pero su mente le exigía que lo dejara ir, que le dijera que no lo quería ver más, que se fuera de su vida. Sabía lo que debía hacer, solo que las palabras no querían salir.
—Pídeme que me vaya y me iré —volvió a agregar Seto—. O que me quede y me quedaré por siempre...
—Estoy enamorada de ti —confesó, finalmente. Él sonrió; solo eso necesitaba escuchar.
—Y yo de ti —respondió, besándola, reclamando lo que le correspondía.
Fin del recuerdo.
—Hermanita... —saludó el rubio al entrar por la puerta. Aunque parecía estar alegre de verla, sus ojos reflejaban mucha tristeza—. Me alegra saber que estás bien. —Las lágrimas cayeron; la abrazó, queriendo no soltarla nunca.
—Joey, ¿qué pasó con la boda? —preguntó al percatarse de que debían estar en la boda.
—Primero tu salud, hermanita... —respondió el rubio. Unas cuantas lágrimas inundaron sus mejillas. Volvió a abrazarla muy fuerte.
—Joey, no es para tanto... —intentó tranquilizar, correspondiendo el abrazo—. Es solo una fractura; estaré bien.
—Muchas gracias, Kaiba, por avisarme a dónde te llevaste a mi hermana —reclamó irónicamente—. No tenías ningún derecho a llevártela así —le gritó.
—Wheeler, baja tu tono; estás en un hospital. Y te recuerdo que por tu culpa es que Serenity está así —respondió con calma, pero con voz firme.
—Basta, chicos... —una voz femenina interrumpió, entrando por la puerta seguida de toda la pandilla—. Ya Serenity tuvo suficiente de sus peleas —decía Tea, acercándose a Serenity.
—¿Cómo estás, Serenity? —preguntó Tristan.
—Un poco adolorida, pero estaré bien —respondió con la amabilidad que la caracterizaba—. Gracias por preocuparse en venir. ¿Dónde está Mai? —se percató de la ausencia de la rubia.
—Ella... bueno, digamos que está molesta —respondió Joey, bajando la mirada.
Hace varias horas...
—¡KAIBA!...
Todo marchaba acorde al plan hasta que Tristan fue con el chisme a Joey de que él mismísimo Seto Kaiba había hecho acto de presencia y había besado a su hermanita. Para colmo, ambos habían desaparecido. No fue hasta que los encontró en el balcón besándose que el demonio encarnó en su cuerpo. Para empezar, Kaiba no estaba invitado; esta sería una reunión más íntima. Ahora un Joey poseído gritaba a los cuatro vientos.
—¡KAIBA! —gritó, llamando la atención de todos los presentes—. ¡INFELIZ!
—Joey, cálmate... —Serenity fue la primera en intentar mediar la situación. No se esperaba que su hermano los encontrara; era la última persona que quería que los encontrara.
—Serenity, tú no hables... Entra de inmediato. Después hablaremos de esto, señorita. TE DEJÉ MUY CLARO QUE NO TE QUERÍA CERCA DE ESTE CANALLA —le regañó.
—Wheeler, no te voy a permitir que le hables así a tu hermana. Ella no es una niña —regañó el ojiazul, con la misma autoridad de siempre. No esperaba tener que enfrentar a Joey tan pronto, aunque la situación lo divirtiera de sobremanera.
—¿Quién eres para decirme cómo hablarle a mi hermana? —estaba enojado. Tenía una muy pequeña lista de personas que odiaba; por lo general, no solía odiar a nadie, pero Seto Kaiba era la primera persona que encabezaba esa lista, y ahora se aparecía en su boda, besando a su hermanita y, aparte, exigiéndole. Era el colmo.
—Soy Seto Kaiba y te exijo que la respetes —aclaró. Fue algo extraño decir esas palabras, pero salieron. Era indignante que la tratara igual que a una niña.
—¡KAIBA, TE PROHÍBO QUE TE ACERQUES A MI HERMANA! —gritó alterado. Era un chiste o una broma tal vez... Su pesadilla hecha realidad—. ¡Eres un bastardo infeliz! ¿Por qué mi hermana? —impulsivamente intentó golpearle la cara, pero Seto lo esquivó con gran facilidad.
—Joey, ya basta. Recuerda que en unos minutos comienza la boda —decía Yugi. No entendía bien la situación; solo sabía que Joey estaba armando un escándalo.
—Wheeler, hazle caso a Yugi —ordenó. Provocando el efecto totalmente contrario, Joey intentó golpearlo nuevamente; sin embargo, Seto se defendió agarrándolo de la muñeca y torciendo su brazo hasta llevarlo a su espalda.
—Kaiba, te prohíbo que estés con mi hermana —dijo más calmadamente. El agarre de este le empezaba a doler. Sobraban los motivos para aborrecer esa unión; es que, en caso, él era el único que se daba cuenta—. Es una locura; eres la peor persona que conozco.
—Seto, por favor, no le hagas daño a Joey —pidió la castaña. No tardó mucho para que Seto lo soltara.
—Serenity, no necesito que me defiendas —se sentía humillado por haber perdido tan fácilmente una pelea que él mismo había iniciado—. No sabes lo que estás haciendo, hermanita; él es un monstruo, solo usa a las personas. Tú no lo entiendes.
—Sé perfectamente lo que hago, Joey —le respondió. Estaba ofendida de que la tratara como a una niña. Aunque también comenzaba a dudar de la autenticidad de las palabras de Seto.
—Joey, Seto y Serenity se quieren y han decidido esto, y debes aceptarlo —intervino Tea, quien había observado toda la escena. Le costó creer que alguien como Seto pudiera sentir algo por alguien, pero ¿quién era ella para juzgar?
—No, Tea —le contestó—. Seto no quiere a mi hermana. Solo quiere molestarme.
—Wheeler... No eres el ombligo del mundo —le recordó, aunque sí tenía algo de razón en querer molestarle, pero no era la verdad del asunto—. Jamás haría algo que lastimara a tu hermana.
—¡NO! —volvió a insistir; no le creía—. Si quieres a mi hermana, demuéstralo.
—Joey... Basta —sabía que su hermano iba a ponerse furioso, pero deseaba que hubiese sido más comprensivo.
—Kaiba, te reto a un duelo. Si me ganas, te dejaré tranquilo —sonrió. Él era un duelista profesional, mientras que Seto tenía años sin jugar—. Pero si pierdes, te alejarás de mi hermanita y de mi familia para siempre.
—Seto, no tienes que demostrar nada —le recordaba la castaña.
—No te preocupes, Serenity —le sonrió—. No puedo rechazar un duelo.
Por suerte, Kaiba siempre tenía su deck consigo. Puede que ya no practique tanto como antes, pero no tenía dudas de que podía vencer a Joey sin problemas. Ambos estaban muy confiados, puesto que tenían muchas posibilidades de ganar.
—Wheeler, solo para que lo sepas —anunció Seto, quien sería el que iniciara el juego—. No lo hago por tu tonta aprobación. Lo hago para demostrarte que sigo siendo mejor duelista que tú —sonrió; Joey parecía más irritado de lo usual.
—Ya lo veremos, Kaiba... —una mueca de tranquilidad apareció en su rostro, haciendo que Seto volviera a su expresión seria.
Sin más por decir, se dio inicio al duelo. Kaiba comenzó el duelo invocando a la Doncella de Azules Ojos, utilizó una copia de Sabio de Azules Ojos, seleccionando a la Doncella de Azules Ojos y activando su efecto. Al ser seleccionada por efecto de otra carta, invoca de manera especial una copia del Dragón Blanco de Ojos Azules. Luego, el efecto del Sabio de Azules Ojos invoca una segunda copia del Dragón Blanco de Ojos Azules desde el mazo. Coloca una carta boca abajo en el campo y termina su turno.
—Nada mal, Kaiba, para haber estado tanto tiempo alejado de los duelos —halagó Joey, aunque estaba muy poco impresionado; más bien, ya se había esperado esa jugada.
Seto no opinó, solo esperó al turno de Joey, quien activó desde su mano a Gofu, la Sombra Alanegra, invocándolo al campo de manera especial y activando su efecto de invocar dos tokens en el campo. Luego, sacrificó a los dos tokens para invocar desde su mano al Dragón Negro de Ojos Rojos, activa la carta Llamarada Infernal seleccionando a su Dragón Negro de Ojos Rojos. Por el efecto de Llamarada Infernal ya no puede hacer ningún ataque; coloca dos cartas boca abajo y termina su turno.
—Increíble. Joey dejó a Seto con 1600 puntos de vida; con ese solo ataque, perdió 2400 —explicó Serenity, quien por una parte seguía apoyando a su hermano como su fiel fan, pero por otro lado también apoyaba a Seto.
—¿Qué pasa, Kaiba? —alardeó el rubio—. No pareces disfrutar tanto el duelo ahora.
El ojiazul guardó silencio nuevamente; maldecía internamente. ¿Cuándo fue que el perro sarnoso de Joey se volvió tan bueno? En fin, no era momento de pensar en eso. Tenía un duelo por ganar y ya era su turno. Robó por turno, utilizando la carta Olla del Egoísmo, robando dos cartas de su mazo. Luego utilizó La Melodía de los Dragones que Despiertan, enviando una carta de su mano al cementerio para añadir a un Dragón Blanco de Ojos Azules. Luego activa la carta mágica Reglas Antiguas; esta carta le permite invocar de su mano a un Dragón Blanco de Ojos Azules.
Inmediatamente, Joey responde activando la carta de trampa Waboku, y por el resto del turno, ninguno de sus monstruos podrá ser destruido por batalla ni recibirá daño a sus puntos de vida. Kaiba solo coloca una carta boca abajo y termina su turno.
—Excelente jugada la de Seto —expresa Yugi. Este duelo cada vez se ponía más interesante—. Aunque sigue siendo incapaz de eliminar a Joey.
—Solo retrasas tu derrota, Wheeler —un arrogante Kaiba salió a la luz—. Finalmente despiertas mi interés en un duelo.
Joey estaba trazando su estrategia; pensó que tendría más ventaja sobre Seto. En su turno, solo coloca un monstruo boca abajo en modo de defensa.
—¿Solo eso? —se impresionó la pelicastaña. Había sido un turno bastante vago para Joey; algo estaba tramando.
En la jugada de Seto, ataca y destruye la carta boca abajo en defensa, la cual era el Dragón Bebé de Ojos Rojos. Con esto se activa su efecto de invocar a Gearfried, el Caballero de Acero de Ojos Rojos, y luego destruye al Dragón Negro de Ojos Rojos. Luego utiliza una carta de Entierro Insensato, enviando la última copia de El Dragón Blanco de Ojos Azules al cementerio y activa su carta mágica de Renace al Monstruo y revive al Dragón Blanco de Ojos Azules.
—Seto dejó a Joey con 3400 puntos de vida en este ataque —informó Duke.
—Seto empieza a mostrar ventaja; tiene sus más poderosos dragones en el campo —explicó Tristan.
—Pero parece que Joey lo tiene todo bajo control —deduce Duke al ver la tranquilidad de Joey.
Era el turno de Joey. Empieza activando la carta mágica Instinto Ojos Rojos, lo cual envía al cementerio una copia de Dragón Negro de Ojos Rojos. Utiliza una copia de Renace al Monstruo y revive a uno de sus Dragón Negro de Ojos Rojos caídos. Posteriormente, usa el efecto de su Caballero Gearfried de Ojos Rojos y equipa al Dragón Bebé de Ojos Rojos del cementerio a él, y activa su efecto de enviarlo al cementerio y revivir la otra copia del Dragón Negro de Ojos Rojos. Hace una invocación poderosa del Monstruo XYZ usando sus dragones como materiales, al Número 11: Gran Ojo, utiliza su efecto para robar uno de los Dragones Blancos de Ojos Azules de Kaiba. Utiliza el Dragón Blanco de Ojos Azules robado y ataca a uno de Kaiba para ser destruidos los dos. Coloca una carta más boca abajo y termina su turno.
—Buena jugada, Wheeler —estaba impresionado. Joey había logrado en solo un turno destruir dos de sus Dragones Ojos Azules—. Pero vas a necesitar más que eso para deshacerte de mis Ojos Azules. —La cara de Joey cambió; no se imaginó la jugada de Seto—. Recuerda, soy una leyenda del duelo.
Kaiba activa una de sus cartas boca abajo y utiliza el Grito Plateado, reviviendo uno de sus dragones caídos. Luego activa la carta mágica El Regreso de los Señores Dragón y revive la segunda copia destruida del Dragón Blanco de Ojos Azules. Finalmente recupera a sus tres dragones; están de vuelta en el duelo.
Activa la carta de Polimerización y une a los tres Dragones Blancos de Ojos Azules e invoca al legendario Dragón Ojos Azules Definitivo.
—Este duelo se terminó, Wheeler... —sonreía satisfecho. Le había costado más de lo que pensó.
Ataca con su Dragón Ojos Azules Definitivo al Número 11: Gran Ojo de Joey, pero este activa la carta trampa Cadena Demoníaca, seleccionando al Dragón de Kaiba para que este no pueda atacar.
—Joey, con esa carta detuvo lo inevitable —la ansiedad se adueñaba de Serenity. Era un juego sin igual; ambos tenían las mismas posibilidades de ganar y perder a la vez.
—Si no aceptas tu derrota, entonces la forzaré sobre ti, Wheeler —nuevamente, Kaiba tenía un as bajo la manga.
Activa en respuesta su magia rápida de De-fusión, separando al Dragón Ojos Azules Definitivo en tres Dragones Blancos de Ojos Azules, haciendo que el objetivo de la Cadena Demoníaca de Joey no tuviera efecto. Luego Kaiba declara ataque sobre el Gran Ojo y lo destruye, dejándolo en 3100 puntos de vida; luego su segundo dragón ataca a Gearfried, el Caballero de Acero, dejando a Joey en 1900 puntos de vida... Perfecto para que el último Dragón Blanco de Ojos Azules ataque directo a sus puntos de vida, eliminándolos completamente.
—Es imposible —Joey no podía creer que acababa de perder.
—Te lo dije, Wheeler. —Terminó de ordenar y guardar sus cartas—. Jamás se puede subestimar a un duelista que es considerado el mejor del mundo por muchos.
—Ríete todo lo que quieras. —Ya no le importaba; había sido humillado por el ser que más odiaba en el mundo.
—Siempre serás un duelista de segunda... —Este duelo había alimentado gran parte de su ego.
—Te voy a matar. —Se abalanzó nuevamente sobre el poseedor del ojiazul, tomándolo desprevenido.
—Joey... —llamó Serenity, pero era tarde. Ya su hermano se encontraba encima de Seto.
El ojiazul intentó inmovilizarlo nuevamente, pero Joey cada vez se movía con más presión; era cuestión de tiempo para que un golpe lo alcanzara. Se defendió con un golpe en la parte baja de la mejilla, haciendo que el rubio sangrara por las encías y enfureciera aún más.
—Cálmate, Joey, por favor. Es tu boda; piensa en Mai. —Intentó detenerlo, pero la fuerza bruta hizo que cayera al suelo—. ¡Achús! —se quejó del dolor.
—¡SERENITY! —la llamó Seto. En un solo movimiento apartó a Joey, arrojándolo contra el suelo y corrió para ver el estado de la castaña—. ¿Estás bien?
—¡VEN Y PELEA COMO HOMBRE, KAIBA! —gritó, intentando abalanzarse otra vez sobre la espalda de este, pero fue detenido por Duke y Tristan—. ¡SUÉLTENME! —demandaba a gritos.
—¿Te lastimaste? —preguntó Seto, ignorando los gritos del rubio a sus espaldas. Serenity no respondía; su tez se emblanqueció, poco a poco su mirada se desvió y su cuerpo se convirtió en un peso gélido—. ¡Maldición! —exclamó. La cargó en sus brazos y salió corriendo a la limusina que lo esperaba afuera de la capilla.
—¿A DÓNDE VAS, COBARDE? —gritó Joey, aún siendo retenido por los jóvenes.
—Joey, ¿no te das cuenta de que golpeaste a Serenity? —intentó calmar Tristan. Joey inmediatamente dejó de hacer fuerza.
—¿Serenity, qué le pasó? —preguntó. En toda su euforia no se dio cuenta de que había golpeado a su hermana—. Cielos, ¿qué he hecho?
—No sabemos, bruto. Aparentemente se desmayó —decía en tono de reclamo Tea, quien reprobó totalmente las acciones de Joey.
—Seto se la llevó —respondió Mai, quien recién aparecía en escena tras escuchar el escándalo.
—¡ESE IMBÉCIL, ¿CÓMO SE ATREVE?! —gritaba otra vez, siendo retenido por Tristan y Duke—. ¡MALDITO, LO MATARÉ!
—¡JOEY, YA BASTA! —gritó la rubia—. ¿No te das cuenta? —preguntó con lágrimas en los ojos.
—Mai... —todo su enojo fue apaciguado. La mujer que más amaba en el mundo estaba frente a él; lucía hermosa como siempre la imaginó, solo que las lágrimas negras le dañaban el maquillaje.
—Serenity y Seto van a estar juntos si ellos lo deciden así. Ni tú, ni nadie lo puede evitar. Mucho menos a golpes. —Le habló muy seriamente, secándose las lágrimas y adoptando una expresión severa.
—Mai, es culpa de Seto. Él me provocó... yo... —se intentó excusar, pero fue interrumpido.
—Seto no arruinó nuestra boda, ni golpeó a tu hermana. —Aseguró—. Fuiste tú.
Fin de los recuerdos.
—Veo que la paciente ya despertó. —Habló un joven doctor, entrando en la habitación—. Y veo que estás muy acompañada. —Se burló al percatarse de la cantidad de personas que había en la habitación—. Bueno, señorita Wheeler, no te preocupes; solo tienes una pequeña contusión debido al golpe que recibiste. Probablemente te dolerá la cabeza por un par de semanas, pero con analgésicos todo estará bien.
—¿No le pasó nada por el golpe? —preguntó aliviado Joey.
—Eh, sí. —Respondió sarcásticamente—. Tiene una contusión, que podría no tener. —Regañó el doctor—. El tobillo no tuvo tanta suerte; tienes una fractura leve, sin embargo, al ser el tobillo es peligrosa. Te vamos a inmovilizar el pie por al menos dos meses...
Un teléfono comenzó a sonar en ese momento; era Mokuba, debía ser importante. Seto salió de la habitación para poder atender la llamada. Aparentemente todo estaba en orden, pero necesitaban de la presencia de Seto. Al menos Serenity estaba acompañada de su hermano y amigos; estaría bien sin él por algún tiempo.
—Está bien, Seto. Lo entiendo. —decía Serenity, sin que él dijera una palabra; sabía que se tenía que ir—. KaibaCorp te necesita.
—Wheeler, cuídala bien. —Le ordenó al rubio—. Solo tienes una misión; intenta hacerla bien esta vez.
—¡ESTÚPIDO KAIBA! —insultó, eufórico e irritado—. ¿Quién te crees que eres para darme órdenes?
—Joey, ya basta... —exigió Tea.
—Adiós, Serenity. —Se despidió, ignorando totalmente el alboroto de Joey al fondo. Le dio un beso en la frente y salió por las puertas de la habitación.
