"Nuevo KaibaLand acuático es sensación en Ciudad Esmeralda", "Desastroso final en la boda más esperada del año", "Duelista Kei provoca furor con su sexy bañador". Estas eran algunas de las noticias que circulaban en los medios. Finalmente, el frío invierno se iba, y ahora venía la mejor época del año para muchos: la primavera. Los pájaros cantaban, el sol brillaba a lo alto, la brisa era fresca y los paisajes se adornaban con múltiples flores.
Era temprano; los rastros de la fría brisa del invierno se desvanecían con el pasar de las horas. La primavera se hacía presente. Las temperaturas comenzaban a subir, un clima ideal para la inauguración del parque acuático más esperado del año, televisado en todo el mundo. No había noticiero que no hablara de dicho estreno. Al menos, eso había logrado opacar un poco el desastre de la boda de Mai y Joey. Había pasado más de un mes desde aquel desastroso día. Serenity había estado bajo el cuidado de todos sus amigos. Aunque no era del agrado de Seto que Duke o Tristan cuidaran de ella, tenía que aceptarlo. Tras la inauguración del nuevo parque, había tenido muy poco tiempo, y ella necesitaba cuidados. Se había ofrecido varias veces a pagar personal más calificado, pero ella se había negado rotundamente.
Hoy era el turno de Tea, quien desde tempranas horas había llegado a la casa de los Wheeler. El sol brillaba en lo alto del cielo, así que abrió las ventanas para dejar pasar un poco de luz al dormitorio de la castaña, quien no tardó en dar un leve quejido al sentir que los rayos del sol invadían cada rincón de su habitación.
—Buenos días, Serenity —saludó entusiasta—. Hoy es un hermoso día de primavera.
—Otro hermoso día, y yo no podré disfrutarlo por tener este yeso —se quejó mientras se acomodaba para quedar sentada sobre la cama.
—Calma, Serenity, falta poco para que te quiten el yeso. Eso pasa rápido —animó a su amiga mientras encendía la televisión, llamando la atención de ambas.
—Seto, ¿cómo crees que ha estado la inauguración del KaibaLand en su primera semana? —preguntó una coqueta entrevistadora.
—Un total éxito. No nos esperábamos tantas personas, pero nos alegra saber que prefieren la calidad del mundo acuático Kaiba. Esperamos que todos se estén divirtiendo —respondió el famoso empresario Seto Kaiba.
—Estas fueron las palabras del presidente de la compañía KaibaCorp. Seguiremos llevando más informes en breve —terminó de decir la joven entrevistadora.
—Apaga la televisión, por favor —pidió la joven castaña, acomodándose para acostarse nuevamente en la cama.
—¿Qué pasa, Serenity? ¿No quieres ver a tu novio? —se burló Tea. Después del día de la boda, la relación que mantenían había quedado totalmente expuesta.
—No es mi novio; no sé qué es —aclaró, frustrada ante la situación.
—Él se ve muy interesado en ti, y tú en él —explicó su amiga—. ¿Qué pasa entre ustedes?
—Es que… —intentó, pero no pudo explicarlo—. Él es tan distante. Hace varias semanas que no hablamos. Sé que está ocupado, pero quisiera saber más de él.
—¿Por qué no le escribes o lo llamas? —preguntó Tea, sentándose al borde de la cama.
—Siempre soy yo. ¿Es tan difícil que me dedique un par de segundos escribiéndome un mensaje de toda su ocupada agenda? ¿O es que solo tiene tiempo para las rubias entrevistadoras? —Se acostó nuevamente, fijando su mirada en el techo.
Tea solo se burló de los celos de su amiga. Aunque no la entendiera, era la verdad. Hace varias semanas que no sabía nada de él. Entendía que su trabajo como CEO de una industria tan grande le ocuparía gran parte de su vida y tiempo, pero no podía desaparecer por semanas. Supuestamente la quería y estaba enamorado de ella, ¿no? Lo mínimo que podía hacer era preocuparse. Tuvo una contusión y estaba inmovilizada prácticamente; además, su último mensaje había sido muy frío.
Seto Kaiba - 22:30 Hace dos semanas
"Avísame si necesitas algo. Kaiba."
Ese mensaje le daba coraje. Ella necesitaba más que eso para poder creer que él la quería, necesitaba sentirse cerca de él, pero irónicamente se sentía más lejos que nunca. Quizás Tea tenía razón, eran cosas de ella. Joey también había estado muy distante, no sabía nada de Mai y, con su mamá de viaje, agradecía que Tea, Yugi, Tristan y Duke se tomaran la molestia de acompañarla. Quizás tendría que tomar siempre la iniciativa; así eran las cosas con Seto.
—Seto, ¿podrías poner atención? —reclamó uno de los socios al percatarse de que Seto estaba distraído—. Es una crisis para la empresa. La inversión que hicimos supera por un treinta por ciento las ganancias. Este KaibaLand fue pura pérdida.
—Solo ha pasado una semana —justificó Mokuba—. Hemos regalado muchas entradas por publicidad, además de estar en época de primavera, cuando mayormente las personas no quieren ir a parques acuáticos...
Serenity Wheeler - 11:36 Hoy
"Buen día, Seto. ¿Cómo estás?"
—¿Por qué sonríes, Seto? ¿Alguien entiende que esto es grave? —preguntó otro de los socios al notar la sonrisa que se formó tras ver su móvil. Seto solo frunció el ceño en respuesta.
—Concéntrese, señores —solicitó el socio que se encontraba exponiendo.
Seto Kaiba - 11:38 Hoy
"¿Necesitas algo?"
Serenity Wheeler - 11:39 Hoy
"Sí, verte."
—¿A dónde crees que vas, Seto? —preguntó otro socio al ver que Seto se levantaba de la mesa de reuniones.
—Mokuba está a cargo —ordenó mientras se acomodaba el chaleco.
—Seto, pero... —dijo Mokuba, quien jamás había estado en esa posición.
—Confío en ti. Lo harás bien —alentó en susurro, para luego desaparecer.
Seto Kaiba - 11:50 Hoy
"Envíame la dirección. Iré en cuanto pueda; ando ocupado."
Aunque era una perfecta excusa para salir de esa tonta reunión, admitía que deseaba verla más que a sus negocios, y eso es mucho decir. Honestamente, a veces los socios e inversionistas eran muy dramáticos. Se burlaba en silencio de su falta de experiencia en el negocio. Ahora que el KaibaLand acuático estaba en el mercado, el trabajo se había duplicado. Necesitaba un respiro, y Serenity era su perfecto escape.
Condujo velozmente hacia la casa de la castaña. Era un conjunto residencial muy cerca de los suburbios, por lo que no demoró mucho en llegar.
—Miren a quién me encuentro, a mi duelista amateur favorito —dijo sarcásticamente, bajando de su lujoso vehículo.
—Kaiba —respondió Joey, percatándose de la persona que lo sacó de sus pensamientos. No se había dado cuenta de que un auto se había estacionado frente a su casa—. Supongo que vienes por Serenity. Está arriba, pasa —indicó, desviando la mirada al horizonte. Seto frunció el ceño.
—¿Qué pasa, Wheeler? —preguntó, sentándose al lado de este—. Me sorprende que me veas y no me estés gritando.
—Métete en tus asuntos, Kaiba —respondió Joey, sin darle importancia. No tenía ánimos para pelear.
—¿Es por tu boda, no? —dijo Seto, deduciendo. Algo tenía que haberle pasado al rubio; así no era él—. ¿Por Mai? ¿Ya no están juntos?
—No es tu problema, Kaiba —giró la cabeza totalmente. No quería que justamente Seto lo viera en este estado; estaba destruido.
—¡No puedes ser una víctima, Wheeler! —se levantó de golpe, sorprendiendo a su archirrival—. No eres el neandertal que conozco. Tú no eres pesimista, no te rindes. Eres de esos que llamo brutos pero enérgicos...
—Kaiba, no opines si no sabes... —dijo Joey con firmeza. Las palabras del ojiazul lo estaban tocando—. Arruiné la boda con la mujer que más amo en el mundo. Hice que mi hermana se rompiera el tobillo y perdiera su trabajo... Arruiné mucho para las dos personas que más amo en el mundo, y todo por ser el neandertal que conoces —su mirada era transparente, reflejando mucho dolor y sufrimiento—. Tú no lo podrías entender.
—No seas tan duro contigo —pidió Seto, otra vez bajando el tono de voz—. El tobillo de Serenity va a mejorar. Va a caminar como antes. El trabajo no será problema, al menos no para ella. Ella estará bien y te seguirá amando y apoyando como siempre lo ha hecho —aseguró, colocando una mano en su hombro—. Al igual que Mai, ella te seguirá amando. Ustedes podrán tener mil bodas si quieren. Solo dale tiempo. Ella va a entender que su relación vale más que una tonta ceremonia; es una mujer inteligente.
—¿Eso crees? —volteó Joey, esforzándose por sentirse mejor.
—Es solo tiempo. En un par de meses se reirán de esto —aseguró Seto. Joey sonrió; sabía que él tenía razón.
—¿Por qué haces esto? ¿Por qué me animas? —preguntó Joey.
—No lo sé. Supongo que me gusta más que me grites y pelear —le sonrió Seto.
—Estúpido Kaiba —dijo Joey, casi con ganas de abrazarlo.
—Seto, Joey... —interrumpió Tea, saludando—. Serenity se quedó dormida. Ya me voy.
—¿No te puedes quedar unos minutos más con Serenity? —preguntó Joey—. Es que necesito ir con Mai.
—Lo siento... Tengo un recital —respondió Tea, pero fue interrumpida.
—Yo cuido de Serenity —afirmó Seto—. Ve con Mai, yo me encargo de Serenity —le sonrió de medio lado.
—Gracias, viejo —agradeció Joey y salió corriendo—. Te debo una... —se escuchó a lo lejos.
La tarde caía rápidamente. El cielo se coloreó con tonos anaranjados. La tranquilidad reinaba; no se escuchaba ruido alrededor. Serenity aún no despertaba, por lo que Seto aprovechó para terminar algunos pendientes relacionados con la compañía. Los socios e inversionistas solían ser muy demandantes durante las primeras etapas de las atracciones. No era algo que lo inquietara; simplemente así era el negocio. Todos querían ver resultados rápidamente, pero nadie se encargaba de que esos resultados sucedieran. Su mente estaba concentrada en los informes de la reunión y en las ideas que surgieron, todas inútiles. Sin embargo, un ruido proveniente de la cama lo sacó de sus pensamientos.
—Al fin despiertas, bella durmiente. —Saludó, observando cómo sus pupilas se adaptaban a la luz.
—Seto. —Pronunció sorprendida, cuando finalmente logró identificar de dónde provenía la luz. —¿Qué haces aquí? Pensé que estabas ocupado. —Se acomodó en la cama para quedar totalmente sentada.
—Toma. —Extendió su brazo y le entregó una pastilla blanca, era su analgésico. Ella la recibió junto con un vaso de agua que este le entregó. —Tea me dijo que tenías que tomarte una.
—Gracias. —Se tomó la pastilla y colocó el vaso en su mesa de luz. —¿Dónde están Tea y Joey?
—Tea se fue a un recital y tu barbárico hermano se fue a buscar a Mai. —Explicó, sentándose al borde de la cama.
—¿Se arreglaron Mai y Joey? —Preguntó con ilusión en su mirada; una sonrisa de oreja a oreja apareció.
—No lo creo. —Contestó, observando cómo crecía la desilusión en el rostro de la castaña. —Lamento todo lo que pasó... —Ella lo miró extrañada. —Quizás si no hubiese ido, todo sería más normal por aquí.
—Seto, no te culpes por lo que pasó. —Le tomó la mano y le dedicó una sonrisa a medias. —Ellos van a estar bien, han pasado por muchas cosas.
—Serenity. —Se sentó al borde de la cama. —No me habías dicho que no tenías trabajo. Joey me contó...
—No te preocupes por eso. —Lo interrumpió. —Apenas me quiten el yeso, conseguiré otro.
—O... podrías dejar de ser tan necia y aceptar mi propuesta de trabajar para KaibaCorp. —Decía acariciando su mejilla; necesitaba sentir su suave piel.
—No quiero ser la que se acuesta con el jefe. —Respondió sintiendo cómo él se acercaba a ella, quedando muy cerca. —No se vería profesional.
—Sea como sea, igual te seguirás acostando con el jefe. —Sonrió arrogante, mientras le daba un beso.
—Te extrañé... —Se burló un poco de su arrogancia, para luego recibir otro beso. Tenía tanto tiempo soñando con besarlo de nuevo.
Ella correspondió el beso con la misma intensidad. Sus manos apresaron sus mejillas, profundizando más el beso. Él, por su parte, se movió delicadamente, posicionándose encima, teniendo mucho cuidado con su pie lastimado. Apoyó todo su peso en la rodilla y el codo derecho. Ella, poco a poco, fue acomodándose en la cama.
—¿Viniste a verme solamente para esto? —Preguntó ella, interrumpiendo el apasionante beso.
—¿Me querías ver no?, aquí estoy.— Respondió, le causaba gracia la inseguridad de ella.—Si quieres no te tenemos sexo y solo hablamos...—Intentó apartarse de encima, pero los brazos de ella se lo impidieron.
—Solo dime que no viniste solo a esto...—Exigió, clavando sus ojos de la mirada azul transparente que el castaño le brincaba.
—Vine por ti.—-Aclaró.
Ahora fue ella quien inició el beso, esta vez desesperado, lleno de lujuria y pasión. Necesitaba sus manos, sus besos, su cuerpo. Al parecer él a ella también. No sabía cuántas veces había soñado despierta con tenerlo otra vez en sus brazos, recibiendo sus caricias. Necesitaba a ese Seto, que nadie conoce.
Su boca marcaba un camino rojizo desde su cuello hasta el inicio de sus senos, agradeció que su pijama fuera tan escotada. Su otra mano se encargada del short de su pijama, deslizando la fina tira que mantenía ajustado la prenda de sus caderas. Alzó su mirada para apreciar el paisaje que la castaña le brindaba, sus mejillas sonrojadas, mi piel suave y blanca, todo su cuerpo, lo enloquecía, se moría por poseerla. Había hecho cosas que jamás pensó que haría solo para tenerla en sus brazos una vez más. Acarició su muslo, y se posó en su entrepierna, sintiendo como el cuerpo de ella reaccionaba ante tanto estímulo.
Una mano traviesa termino el final de la camisa de este, que por suerte estaba un poco holgada, permitiendo introducir su mano por debajo de la misma y sentir directamente sus marcados abdominales. Él cerró los ojos disfrutando del contacto, había tenido varios sueños similares, pero la realidad superada las expectativas. Hábilmente logró retirar la estorbosa prenda. Le dedico una mirada a sus marcados brazos y a su abdomen, él sonrió de arrogancia, apreciaba ser contemplado por la dueño de sus deseos más impuros. La acercó más a él, ella solo se arqueo, pegando lo más que podía su cuerpo al de él, obligándolo a bajar más la cabeza hacia ella, haciendo que sus respiraciones se mezclaran.
—El Seto Kaiba, que nadie conoce.—Su tono era bajo, más que un reclamo, era un travieso comentario señalando la gran tensión sexual que tenía el momento.
—La seducción, es un juego de dos Serenity Wheeler.— Acercó más su boca, pero se detuvo a milímetros de la de ella. La situación lo divertía, tenerla entre sus brazos, mientras que unas manos juguetonas recorrían su torso, sus respiraciones y pulso se agitaban. Deseaba demasiado a esa mujer, se estaba volviendo loco por adueñarse de esos labios.
—Creo que voy perdiendo—Respondió reaccionando al roce de sus varoniles manos sobre su cuerpo, enterrando sus uñas a su espalda.
—Admito que me encanta ganar.—Dijo con mucha honra—Pero contigo, perdí en este juego hace mucho tiempo."
Sin más por decir, comenzó un beso lleno de mucha pasión, fue mucho el tiempo que estuvo sin esos besos que ahora necesitaba más de ella para saciarse. Su castaña como lo enloquecía, jamás pensó que se comportaria así con una mujer, pero como Mokuba me decía, siempre hay una primera vez para todo. Desea tenerla así por siempre, la deseaba tanto.
Pero..
El ruido de la puerta de la entrada deshizo su lujuriosa escena.
—Debe ser mi hermano.—Lo empujo rápidamente, acomodando su pijama.
—Maldición Wheeler, no podías tardar un poco más.—Maldecía mentalmente al rubio, mientras se acomodaba rápidamente para que no se notara su erección.
—JOEY. —Llamó Serenity.
—Hermanita... —Un rubio muy derrotado abrió la puerta de la habitación. —Se fue... —Dijo entre sollozos.
—¿Qué?, ¿Quién?
—MAI SE FUE. Soy un idiota. —Se lanzó a llorar.
—¿A dónde se fue? —Preguntó serio el joven castaño.
—No lo sé... La perdí, sé que la perdí. La busqué en todos lados, no está. Ella se fue, la perdí, soy un idiota. —Lloraba desconsoladamente.
Joey se recostó en la cama, y la castaña lo abrazó de inmediato. Le dolía ver a su hermano así, le dolía que su amiga desapareciera de esa manera. Sabía que Mai estaba igual o peor que él. No había palabras que consolaran al rubio en ese momento, solo pudo acompañarlo en silencio, hasta que finalmente se quedó dormido.
—Seto, ayúdame con Joey. Necesito un poco de aire. —Pidió, Joey pesaba mucho y ella tenía muy poca movilidad.
—Claro. —Sin problema, apartó a Joey y lo dejó a un lado de la cama. Luego ayudó a Serenity a llegar hasta el patio.
—Gracias por venir, Seto. —Agradeció, sentándose en la banca despacio. —Me hace bien verte de vez en cuando, sé que es tarde y quizás tienes cosas que hacer.
—No me tengo que ir aún... —Se sentó a su lado.
—Sé que pusiste el teléfono en silencio. Te han estado llamando toda la noche.
—Serenity... —La llamó. —Deja de hacerte la fuerte. —La abrazó contra su pecho. —Sé que quieres llorar, que toda esta situación te tiene muy triste.
Las lágrimas no pudieron contenerse. Seto tenía razón, solo interpretaba el papel de la fuerte porque no quería empeorar la situación. Joey necesitaba alguien que lo apoyara y ella debía ser ese alguien.
Él, por otro lado, no podía evitar sentir un poco de culpa. Desde un principio sabía que ir a esa boda no era buena idea, pero es que con Serenity no podía pensar claramente; solo actuaba por impulsos. Odiaba tenerla llorando en sus brazos, sin que pudiera hacer nada. Lo odiaba, como aquella primera vez en su oficina, cuando salió el reportaje sobre ella. Era tan frágil, su mayor deseo era cuidarla, pero no podía evitarle ese sufrimiento, solo podía verla llorar.
—Seto, gracias. —Dijo entre sollozos, aferrándose más a él. —Te amo.
—Serenity... —Pronunció en voz baja, asombrado por la confesión.
Quería decirle "yo también te amo", quería besarla, quería pedirle que se mudara con él, que la quería ver todos los días de su vida, que se casaran, que hasta había considerado la idea de tener hijos con ella. Pero no podía, su garganta no emitió sonido alguno. Solo la abrazó y se quedó inmóvil, no sabía cuánto tiempo había estado ahí, no tenía noción del tiempo, hasta que un sonido nuevamente lo sacó de sus pensamientos.
—Wheeler. —Mencionó al ver la silueta del rubio atravesar la puerta.
—Seto, es muy tarde. —Le recordó la hora. —Yo me encargo de Serenity.
—No. —Negó, cargó el cuerpo de la joven totalmente entregado a Morfeo.
La depositó en su cama, la arropó, acomodó un par de cabellos y salió de la habitación para encontrarse con Joey, que tenía la mirada perdida. Aunque no lo admitiera, verlo de esta manera no le gustaba. Quería ver al rústico Joey de siempre, que no hubiese dudado en amenazar de muerte solo por estar en el cuarto de su hermana.
—Son las 3 de la mañana, Kaiba. —Dijo el mayor de los Wheeler. —Quédate a dormir, es peligroso que manejes a esta hora.
—Me sé cuidar solo, Wheeler. —Respondió orgullosamente, pero no recibió respuesta por parte del rubio. —No te preocupes, igual tengo pendientes por hacer.
—Odio verla sufrir y no poder hacer nada. —Sonrió débilmente.
—Yo también... —Se confesó. —Pero encontraremos a Mai, todo se solucionará.
—¿Cómo encontrar a quien quiere desaparecer?
—Solo hará el reto más emocionante. —Le dedicó una última mirada.
—Gracias, Kaiba. Por cuidar de mi hermana. —Dijo sinceramente, el castaño se sorprendió pero le dedicó una sonrisa.
Después de más de dos meses de espera, finalmente llegó el día en que le quitarían el yeso a la menor de los Wheeler. Aunque estaba feliz, aún recordaba que Seto no le había correspondido. Nuevamente estaba resignada, quizás debía aceptar que el amor de Seto era así, a medias. ¿Debía esperar por él? Hace un mes que no tenía idea de qué hacía o dónde estaba. Esto no era amor, no, era obsesión por parte de ella.
"Hola, hoy me quitan el yeso." —Enviar.
Inútil mensaje, mejor lo borraría, ¿para qué avisarle? Solo recibiría una respuesta fría por parte de él que la haría sentir peor. ¿De verdad le importa? Ella hubiese dejado todo lo que tenía que hacer para estar con él un día como hoy. Definitivamente esto no era amor. Él no le correspondía, no como ella quería. ¿Para qué seguir esperando? Solo lograba hacerse daño.
—Serenity... —Se escuchó a lo largo de todo el hospital. —Serenity.
—Kat... Katsuro. —Pronunció finalmente al reconocer al poseedor de esa voz. Dio un par de pasos, aún recordaba que la había forzado para que lo besara.
—¿Todo bien, Serenity? —Preguntó Tristan, observando cómo se incomodaba ante la presencia del pelinegro.
—¿Me permitirías un momento? —Consultó, al ver la posición defensiva que había tomado el acompañante de ella.
—Sí, claro... —Respondió, era un hospital. —No te preocupes, Tristan, es un conocido.
—Estaré en la máquina de golosinas, si me necesitas. —Se retiró, no sin antes observar al hombre con el que estaba dejando a su amiga.
—Serenity... —Se sentó al lado de ella. —Yo te he querido llamar, sé que las cosas se pusieron un poco raras aquella noche que coincidimos en aquel bar. Yo solo quiero aclarar...
Flash back
El día había sido muy estresante; tuvo muchos problemas con la distribución de los nuevos decks en el mercado, ya que varias de las cartas estaban prohibidas. Esto representaba una gran pérdida para su empresa. No es que le preocupara el dinero, simplemente no quería perder la confianza de sus principales clientes. Necesitaba pensar mejor las cosas, pero para eso ya habría tiempo mañana. Necesitaba tomar un respiro, así que fue por unos tragos a su bar favorito.
—Me das tres margaritas... —Pedía una rubia al bartender.
—Mai Valentinne. —La reconoció enseguida; mucho se hablaba de ella en las noticias. —Felicitaciones por tu boda.
—Oh... Gracias. —Agradeció, muy extrañada.
—Disculpa que no me presente. —Seguramente ella no sabía ni quién era. —Soy Katsuro, trabajo con tu prometido Joey, y soy conocido de tu cuñada Serenity.
—Ah, MUCHAS GRACIAS. —Gritó y lo abrazó. —Serenity está aquí, ¿por qué no vienes al grupo y la saludas? —Jaló por el brazo.
—Señorita, sus margaritas... —Recordó el bartender.
—Sí, sí. ¿Me ayudas, Katsu? —Tomó dos copas y se dirigió a donde estaban minutos atrás. Él tomó su trago y la otra copa y la siguió.
—TEA... ¿Dónde está Serenity? —Llamaba la atención de la castaña a gritos, ya que la música estaba muy alta.
—Fue a llamar a Seto. —Mai no entendía bien lo que esta le decía. —Está en el baño. —Respondió casi con mímicas.
Mai corrió al baño y fue a buscarla. Poco pudo percatarse de lo que hacía la ojiavellana. La tomó por el brazo y prácticamente la arrastró hasta donde estaban. Serenity no reconoció de inmediato a Katsuro, estaba sumida en una burbuja de pensamientos, demasiado distraída como para percatarse de quién la rodeaba.
—Hola, Serenity. —Saludó, acercándose a ella con su copa. —Mai te pidió esta margarita. —Ella hizo una mueca de asco, a esta altura ya estaba bastante mareada.
—Hola, Katsuro, no gracias, ya bebí lo suficiente. —Se agarraba la cabeza. —Creo que me iré a sentar un rato. —Caminó torpemente hacia una de las sillas de la barra, escoltada por el apuesto hombre.
—¿Cuánto has tomado? —Preguntó, sentándose junto a ella. —Hey, cantinero, un vaso de agua, por favor. —Pidió.
—Gracias. —Agradeció al recibir el vaso, necesitaba con urgencia que su cerebro volviera a oxigenarse.
—Así que... ¿Hablabas con Seto? —Necesitaba preguntar, solo por curiosidad. —¿Ustedes ya son algo?
—Sí, claro, si "algo" significará nada. —Contestó tras beberse el vaso de agua.
La plática continuó, aunque parecía más un interrogatorio. Katsuro seguía intrigado por la mujer que había logrado cautivar a Seto Kaiba. Es decir, lo conocía desde hace años, y sabía lo cuidadoso que era Seto con sus "relaciones". Siempre se rumoraba, pero jamás había pasado algo tan evidente como con la chica. Finalmente, ella le terminó por contar que Seto no quería hablarle ni saber de ella, recordando las palabras minutos después de bajar del Kaibaround.
—No entiendo qué hice mal. —Decía, mientras varias lágrimas caían. —Se supone que todo iba bien entre nosotros, Seto me descalificó solo por mi tonto hermano... Ahora simplemente no me quiere ver. —Lloraba desconsoladamente.
—Vamos, ánimo, Serenity. —Intentaba alegrarla, no le gustaba que una mujer como ella llorara por un patán como Kaiba.
—Soy una distracción para él. —Se repetía constantemente. —Él no me quiere cerca... Yo no sé en qué momento pasó, pero me enamoré de él, aun sabiendo que quizás no era mutuo. Pero por un momento, llegué a pensar que sí.
—Yo creo que sí. Él te quiere, solo que es Kaiba, ya sabes cómo es. —Decía sinceramente, sabía que él la quería, claro que lo hacía.
—¿En serio crees? —Su mirada se llenó de ilusión, miró fijamente a los ojos de Katsuro, secándose un par de escurridizas lágrimas.
—Si no lo hiciera, sería un idiota. —Respondió con una sonrisa.
—Gracias, Katsuro. —Lo abrazó, él sabía cómo tratar a una mujer. Una última lágrima rodó por su mejilla.
—Deja de llorar. —Pidió tiernamente. —Arriba ese ánimo, vamos a bailar.
—No, gracias, pero no. Mejor buscare a Mai y Tea, creo que ya me debo ir. —Algo de razón entraba en ella.
—Vamos, viniste a pasarla bien. —Argumentaba. —No a estar llorando por Kaiba, es un idiota por no estar aquí contigo hoy. Además, no viniste aquí para no bailar. —Tenía toda la razón, Seto seguro dormía en su cómoda y lujosa cama mientras ella lloraba en un bar. Qué patética.
—Es verdad, vine a pasarla bien. —Afirmó. —Bailemos.
No puso resistencia, tenía que divertirse hoy, no andar lloriqueando por Seto. Ya bastaba de eso. Mai trajo una ronda de tequilas, bebieron y bailaron al ritmo de la música. No lloraría por Seto, al menos hoy no. Ya estuvo mucho tiempo deprimida, finalmente lograba superarlo. Su numerito de celos y sus grandiosos besos no serían suficientes para hacerla babear otra vez, no señor.
—Guapo, ¿nos buscas la siguiente ronda de tequilas? —La rubia se dirigió al hombre atractivo. Él, encantado, fue a buscarles la siguiente ronda. Había logrado su objetivo: librarse del estrés del trabajo y estaba en la compañía de tres hermosas mujeres.
—Serenity, si tú no lo quieres, me lo quedo yo. —Advertía Mai, en broma.
—Sí, es muy guapo. —Agregaba Tea.
—¿Ustedes creen? —Preguntó insegura. Katsuro era atractivo, pero no era Seto.
—Te reto a que lo beses. —Reto Mai.
—No, no. Si Seto se entera... —Se negó, además no quería besarlo.
—Supera a Seto. Él ni siquiera te ha llamado después de una semana. —Regañaba la rubia, honestamente tampoco le agradaba la idea del ojiazul con la ojiavellana. —Es hora de olvidarlo, y puedes comenzar por ese apuesto galán que no te ha dejado de ver toda la noche.
—¿Qué es lo peor que puede pasar? —Preguntó Tea.
Era como tener a dos diablitos en cada hombro. Tenían toda la razón, no tenía que "respetar" a Seto, no eran nada, además seguro Kaiba besaba a otras, ellos no tenían exclusividad. Katsuro era muy apuesto. Aparte, era solo un reto, solo uno, ya había perdido su dignidad llamando al ojiazul. Caminó a pasos dudosos pero firmes hacia él, y cuando este se dio la vuelta, ella lo besó.
Este beso era muy parecido a esos que daba de niña con su primer novio. Era emocionante al principio, pero vacío al final. Intentó con todas sus fuerzas, pero era imposible, no le gustaba tanto... Mientras lo besaba, no dejaba de pensar en que quería que ese fuera Seto.
—Disculpa... Yo no soy así. —Se arrepintió. No entendía por qué se había dejado convencer, ni le gustaba tanto. —Me tengo que ir. —Intentó huir de escena, pero él apretó su brazo.
—No te vayas. —Pidió, tomándola de la cintura. —Esto es algo que he querido desde siempre.
—Por favor, Katsuro, suéltame. —Pedía, no estaba cómoda. —No te debí besar, soy una tonta.
—No, no... —La besó nuevamente, solo que esta vez ella hizo resistencia, pero él tenía más fuerza. —Yo sé que puedo hacer que olvides a Seto, viniste a pasarla bien, ¿no? Pues yo puedo hacer que la pases muy bien. —Susurraba coquetamente en el oído, logrando erizar la piel de la joven.
—Katsuro... Basta. —Decía débilmente. El alcohol hacía su efecto, no tenía fuerzas. Él besaba su cuello.
—Por favor... Suéltame. —Intentó nuevamente, pero fue en vano.
—¡TE DIJO QUE LA SUELTES! —Le escuchó un grito desde lejos.
Fin flash back.
—No recordaba eso —dijo la castaña, muy avergonzada. Recién recordaba que Tea y Mai la habían retado—. Lo siento, yo... no debí.
—No. Yo soy quien lo siente —la interrumpió—. No tenía que forzarte, tú no querías. Me pasé un poco con los tragos. Lo siento mucho, estoy muy apenado y no había encontrado la oportunidad para decírtelo. ¿Me perdonas?
—Por supuesto que sí —afirmó—. Estábamos ebrios, fue culpa de ambos.
—¿Estamos bien? —respiró aliviado; toda esa situación le había pesado todo este tiempo.
—Claro que sí —lo abrazó, y este le correspondió.
—Serenity... —la llamó severamente.
—Seto —respondió sorprendida—. ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías ocupado.
—Joey me contó que hoy te quitaban el yeso —respondió—. Me dijo que te gustaría que estuviera aquí...
—Sí, sí. No sabía que ibas a venir —estaba muy feliz de haber arreglado las cosas con Katsuro y, finalmente, de ver a Seto.
—Yo me iré —interrumpió Katsuro—. Serenity, un placer haberte visto otra vez —se despidió de la castaña con un abrazo—. Seto, cuídala. Estás con una gran mujer —se dirigió al ojiazul seriamente.
—Katsuro —nombró en señal de despedida. Después de que este salió de la escena, fijó sus ojos y cruzó sus brazos.
—Me alegra verte —dijo muy intimidada; sabía que estaba molesto. Katsuro siempre lo había molestado—. Vamos, quita esa cara.
—No puede ser que me descuido y te encuentro abrazada con el mismo que te obligó a besarlo —reprochó—. ¿Tú no aprendes que esos hombres no quieren nada bueno contigo? Ese hombre es un asqueroso, pervertido...
—Seto, basta —lo detuvo; no podía dejar que hablara así de él—. Hay algo que no te he contado...
—¿Qué, Serenity? Porque, según veo, hay muchas cosas de las que no me he enterado —reclamó—. ¿Cómo puede ser que no sepa que hoy te quitan el yeso? Joey tuvo que decírmelo —su mirada no era de enojo, era de decepción.
—No puedes culparme —se defendió. No era posible que le reclamara esas cosas, cuando era él quien siempre ponía una barrera entre los dos—. Tú siempre estás ocupado. ¿Te parece justo que en tres meses solo te haya visto dos veces, y una de esas veces es hoy?
—Estoy ocupado trabajando, Serenity. No ando abrazando a personas —dijo con tono severo.
—Yo lo sé. Por eso nunca te he reclamado —dijo finalmente—. Me gustaría que estuvieras más tiempo conmigo, pero sé que estás ocupado con la empresa. Por eso nunca te he exigido nada.
—Quisiera que me digas las cosas que quieres. Las cosas que debo saber —bajó el tono y se sentó a su lado—. No soy adivino; contigo soy un poco torpe e inseguro, algo que no he sido nunca en mi vida.
—Seto, yo... —un nudo en su garganta apareció; era la segunda vez que él se abría así con ella.
—Por favor, Serenity —suplicó—. Dime lo que deba saber.
—Yo... —dudó entre decir la verdad o no. Pero él estaba siendo totalmente sincero con ella; era lo justo—. Yo fui quien besó a Katsuro en el bar aquella noche.
—¿Qué? ¿Tú hiciste qué? —se levantó alterado—. ¿Cómo que tú lo besaste? Me dijiste que había sido él.
—Lo sé... Es que Tea y Mai me retaron a besarlo. Yo estaba muy ebria. No me acordaba de nada de esa noche, pero hoy él me lo recordó... Y creo que debes saberlo —habló rápido; estaba muy nerviosa. Había sido lo correcto decirle. Ahora todo dependía de su decisión.
—¿Estabas ebria? —preguntó—. ¿Esa es tu excusa? Te besas con Katsuro porque estabas ebria y pretendes que yo esté bien con eso —se rió cínicamente; esto debía ser un chiste—. ¿Ahora me tengo que preocupar cada vez que vayas a un lugar y bebas porque te besarás con gente y luego pretenderás que yo no me enoje?
—¿Por qué te enojas? Tú y yo no somos novios, ni exclusivos —aclaró; estaba siendo atacada. Ella no iba a lugares nocturnos a embriagarse y besarse con gente—. Honestamente, tampoco sé lo que somos ahora.
El silencio se adueñó de la habitación. Seto estaba herido, claro que lo estaba. Pero más que su orgullo, era su temor a perderla lo que lo abrumaba. Nunca fue bueno en esto de las relaciones; tampoco le importó mucho serlo. Ahora quería hacer las cosas bien, pero todo le estaba saliendo tan mal. Quizás esto no era para él; quizás debía rendirse y aceptar la idea de que la descendencia Kaiba sería por parte de Mokuba.
—Serenity, ¿todo bien? —irrumpió en la habitación un joven alto—. Seto, no te vi llegar.
—¿Qué haces aquí? —preguntó el ojiazul.
—Qué maleducado eres, Kaiba —reclamó con una vena a punto de explotar en su frente—. Después dices que el neandertal soy yo, y tú eres el que no sabe modales.
—Tristan —llamó la atención la joven. Ya la cabeza comenzaba a dolerle, y los gritos de Tristan no ayudaban—. Le pedí que me acompañara; nadie más podía —le aclaró a Seto.
—Debí imaginarlo —una mueca de dolor se dibujó en su rostro.
—¿Todo está bien? —preguntó Tristan. No había que ser un genio para saber que algo ocurría.
—Señorita Wheeler —llamó la enfermera, quien entraba a la habitación—. Todo está listo; por favor, pase por aquí —la mujer la llevó hacia la puerta.
—Aquí te espero, Serenity —recordó Tristan.
—No, claro que no —mencionó el ojiazul, viendo cómo la chica y la enfermera salían de la habitación—. Gracias por cuidar de Serenity. De ahora en adelante, me haré cargo.
—¿Estás seguro? ¿No tienes que hacer nada en tu compañía? —preguntó dudoso—. Yo no tengo problema en acompañarla, de verdad.
Vio cómo Seto se iba por la misma puerta que la joven.
—Estúpido Kaiba, no me dejes hablando solo.
—De verdad, Tristan. Gracias por todo. Ahora me encargo yo —dijo sin voltear a mirarlo; solo se despidió con un saludo con su mano derecha.
—Las radiografías estaban bien. El doctor dijo que hasta podía comenzar a hacer ejercicio y usar zapatos altos... —la castaña no dejaba de hablar. En el fondo, solo quería llenar el vacío que Seto dejaba—. Hey... ¿aún estás molesto?
—No —respondió con calma; había estado escuchándola todo el camino.
—¿Por qué no me hablas? —preguntó. Temía su respuesta, pero su indiferencia la estaba matando—. Sé que estás en tu derecho de molestarte, pero no soy de esas que se embriagan y besan hombres. Ese día me sentía mal porque no me habías escrito en una semana.
—Entonces, es mi culpa —dedujo rápidamente.
—No, no es tu culpa. Es mía, soy una tonta y no debí aceptar ese reto —sentía tanto miedo de lo que él pudiera decir; podía ser tan hiriente cuando quería.
—Aún recuerdo el día en que te vi; hablabas con Mokuba detrás de la tarima para hacer las presentaciones —sonrió ante el recuerdo—. Me acordaba perfectamente de tu cara, pero no sabía de dónde. Estuve gran parte del día intentando recordarlo, y finalmente lo hice. Eras la hermanita de Wheeler que me retó en mi torneo por la salud de Bakura.
—Seto... —sonrió. No recordaba que le había alzado la voz ese día.
—Algo en mí estaba ansioso ese día. Me aseguré de que Mokuba te invitara al baile. No sé por qué lo hice —confesó—. Esa noche te vi; estabas hermosa, como siempre... Y justo hablabas con él.
—Seto... Él no significa nada para mí —intentaba contener sus torpes lágrimas; la frialdad de él era muy hiriente.
—Supe que él sería un problema desde entonces —pronunció casi sin expresión.
—Yo no sé qué decir —desvió la mirada hacia la vía; ya estaban muy cerca de su casa.
—Ya dijiste todo lo que tenía que saber. No digas más —estacionó el auto frente a la casa de la joven—. También tengo que contarte algo...
—¿Qué?
—He estado rastreando a Mai...
