The Legend of Zelda: Ocarina of Time no me pertenece.
"Despedida"
Suspiró y miró metros adelante a quien menos deseaba ver, en esos momentos no se encontraba de humor.
—¡Hey, Link! ¡¿Qué fue lo que hiciste?! — la cólera y resentimiento en las palabras de Mido hicieron mella en Link, que se limitó a observar sus pequeños pies, sin saber muy bien qué decir o cómo explicarse, no creía poder compartir último mensaje del Árbol Deku. —¿El Gran Árbol Deku… acaso… murió? —un dedo acusador apuntó a Link, este simplemente miró a Mido a los ojos, deseando que observara que a él, a pesar de no ser un kokiri como los demás, también le dolía el fallecimiento del Árbol Deku.
—Mido…
—¡¿Cómo es posible que hayas dejado que algo así haya pasado?! ¡es tu culpa! —gritó Mido encolerizado y se fue corriendo sin permitirle a Link decir palabra alguna.
Link observó a Navi de reojo, esta a pesar de no tener rostro, infirió que probablemente lo miraba con pena. El hada se limitó a murmurarle que "continuara adelante".
Siguió el camino en dirección a la salida, una considerable cantidad de pares de ojos lo observaban, algunos con duda, otros con rencor, unos con miedo y los demás con desconcierto.
—Hey Link, ¿a dónde vas?, ¿es cierto que mataste al Árbol Deku? —le intervino un kokiri en su camino. Link se limitó a observarle con tristeza, no importaba que pensaban los demás, tiene una promesa que le hizo al Árbol Deku y deberá cumplirla. Es su deber.
—Iré al Castillo de Hyrule. —respondió con reserva, sin querer compartir más detalles. Un sentimiento incrustado en su corazón le hacía sospechar que las cosas sólo iban a ponerse peor.
—¿¡Al Castillo de Hyrule!? ¡estás loco!
Con valentía continúo su camino con mayor velocidad, no deseaba despedirse de nadie, volteó a ver su casa del árbol con los dibujos que talló con Saria en el tronco de este, los ojos se le llenaron de lágrimas y tragó el nudo de su garganta, no creía posible el hablar en ese estado, corrió en dirección a la salida empuñando su espada con toda la fuerza que sus infantiles dedos le permitían.
Pasando por el marco de piedra labrada el puente de madera se tambaleó con su peso, era la primera vez que salía del Bosque Kokiri, el aire que movía los árboles alrededor era fuerte e insistente, el cielo se encontraba nublado, las ranas croaban con fuerza, las aves graznaban, y los búhos ululaban sin parar, era como si todos los animales estuviesen lamentándose por la muerte del Gran Árbol Deku.
—Oh, así que te marchas…
Link reconoció aquella voz enseguida y volteó asustado, a pesar de ser su amiga, no estaba seguro de poder explicarle que había sucedido y lo que iba a suceder en un futuro, ni si quiera él lo entendía después de todo.
—Saria, yo…
—Ya lo sabía… sabía que ibas a abandonar el bosque tarde o temprano, Link. —Saria interrumpió a Link. A diferencia de los demás Kokiris, en sus palabras no había resentimiento ni incriminación, sino una simple y desbastadora neutralidad. —Después de todo, tú eres diferente a nosotros, diferente a mí, diferente a mis amigos. Pero, está bien, después de todo seremos amigos por siempre, ¿verdad?
Saria agarró la Ocarina de las Hadas en sus manos con fuerza, deseando plasmarle todo lo que sentía en esos momentos a esa simple Ocarina de madera, cerró y abrió los ojos, Link se sintió ligeramente intimidado por la confianza que su amiga siempre expresaba, era como si ella supiera cosas que él no, una vez Mido dijo que eran "conocimientos de chicas".
Miró sus grandes ojos azules y la sabiduría en ellos le calmó ligeramente, asintió con la cabeza y esta pareció relajarse ligeramente ofreciéndole de obsequio la Ocarina que ella mismo labró con sus manos. Link sabía que era un objeto muy querido por su amiga, pero ante el escenario de no saber si regresará algún día al Bosque Kokiri lo aceptó sin rechistar, el valor emocional en aquel instrumento le hacía llenarse de valor.
—Cuando uses mi Ocarina deseo que piensen en mi y vengas de regreso al Bosque, a visitarme. —dijo con timidez, Link guardó el Ocarina en su bolsillo, sin querer despedirse se fue, dejando atrás a Saria.
"Es mi deber" afirmó nuevamente el pequeño Link intentando reafirmar su nula confianza en sí mismo, en un intento de auto-engañarse y fingir inexistente calma, abandonaba a su hogar y sus amigos que desconocían lo que realmente sentía y pensaba, sin saber que deseaba con todo su corazón que todo aquello se tratase de una pesadilla de la que deseaba despertarse cuanto antes.
Permitió que una lágrima recorriera sus mejillas, Navi no dijo nada, después de todo, sólo se trataba de un niño que jugaba a ser héroe, sin comprender realmente hasta tiempo después, todo lo que implicaba la búsqueda de la paz y el orden.
