Fuego.

Un calor que no podría ser descripto como soportable estaba a su alrededor.

Llamas.

Ardiendo y bailando, jugando por el entorno como si buscara burlarse de la persona la cual estaba en el centro, sin nada más que hacer que estar quieto, ver las llamas jugar y bailar, quemándolo todo, la sangre en el suelo se elevó en humo, el suelo mismo comenzó a alcanzar el rojo vivo, todo llegó al punto en el que parecía más el interior de una fragua, al rojo vivo en el momento de fundir mental.

Y en medio de todo eso había un niño con ambas manos en la cabeza, gritando en agonía, las llamas girando a su alrededor, juntándose en aquella silueta. A lo lejos cualquiera podría decir que era un niño, pero frente a las llamas no era nada más que un retazo de metal al rojo vivo en forma de niño, un cumulo de hierro gritando por auxilio mientras que estaba siendo unido por cada llama a su alrededor.

Desde arriba, en medio de aquella sala enorme en donde todo aquel evento se desarrolló. Un halo negro emergió, los bordes rojos brillantes se apagaron brevemente antes que el espacio en donde había estado la nada dentro del halo se llenara de una oscuridad que consumió toda luz, no hubo punto de fuga, todo lo que se mostró tras aquel hueco en el espacio quedó en opacado. El color de las llamas, que antes eran de un rojo brillante, al igual que el lugar iluminado en tonos rojos y naranjas, pasó a ser un monocromo donde el único color restante fue aquel halo rojo que se presentó en el aire.

Un sonido estruendoso, semejante a las olas chocar contra la costa, resonó con fuerza antes que un líquido hirviente de color negro cayera de aquel hueco en medio del halo, aquel líquido, goteo y cayó sobre la figura de acero malformada, un agujero se mostraba en la cabeza de la escultura deformada donde aquel líquido oscuro ingresó sin descanso, a pesar que no parecía ser posible de contener aquella cantidad de líquido en un recipiente tan pequeño, este nunca se derramó.

Al final, al pasar los minutos de llenado, el halo desapareció y el color volvió al mundo, la figura de acero en forma de niño ahora estaba inmóvil, quieta y sin sonido alguno, los segundos pasaron antes que un sonido de fractura llegara y una línea de ruptura saliera por debajo del ojo del niño de acero.

Al igual que un cascarón partirse, el acero que anteriormente estaba fundido en aquella forma maltrecha de un niño, ahora se alzó con una forma humanoide total, un joven, un niño más del montón. El vapor seguía saliendo, el calor de la sala no había bajado en lo absoluto hasta ahora, por lo cual el joven que estaba parado en medio de aquel cumulo de acero fundido se quedó quieto, de pie y mirando al frente.

Mirando hacia un punto el cual no había nada.

O al menos no debería haber visto nada.

―Nos está viendo ―una voz masculina sonó con interés. El sonido de una pluma fue lo único que se escuchó posterior a las palabras dadas por el hombre, pluma que comenzó a moverse para tomar apuntes de todo lo que estaba viendo.

―No se suponía que el ritual fuese tan…

― ¿Fuerte?

―No importa, rescatamos los registros antiguos, mencionaban distorsiones como estas, el verlas es aún más interesante, pero parece que no quedó nada de ello.

―La energía se ha ido.

―La mana que emerge del chico también es pobre.

― ¿No lo investigarás? ―la mujer quien estaba respondiendo al hombre que anotaba, generó que este último se quedara en silencio unos segundos evaluando las posibilidades.

―Ninguno de mis medidores se disparó, probablemente no fue mana lo que se volcó dentro del sujeto número cinco.

― ¿No fue mana?

―Barro, impureza, era como una contaminación, conforme pasaba de la puerta al sujeto número cinco, este perdió sus propiedades.

―Entonces es simplemente… ¿un desperdicio?

―Oh, para nada, no es un desperdicio, la corrupción que se presentó fue semejante a la que conocemos, entonces aprendimos que es posible que esta pierda su efecto, debería analizar al sujeto número cinco, no sabemos si es algo propio de su cuerpo.

― ¿Hablas del acero que se formó a su alrededor?

―Puede que tenga propiedades especiales.

―Bien, pero recuerda-.

―Lo sé, es uno de tus chicos, no lo haré nada, pero deberías estar agradecida, ¿Cuándo fue la última vez que la casa de la hoguera logró traer a alguien del exterior?

―Solo he tenido pequeños retrasos.

―Comenzaron a dudar de tus capacidades.

―Algo como eso no afecta a todo mi trabajo.

―Quizá no, pero las acciones que requieren una formación mayor deben darse por personas con esa misma capacidad ―el nombre sonrió de lado viendo al joven que estaba de pie, no hizo ningún movimiento a pesar de haber sido traído de la nada.

Lo que hizo que sintiera un breve escalofrío fue el hecho que, a pesar de todas las barreras, las capas protectoras y demás artilugios que deberían separar la visión que había desde el centro del altar de invocación hacia el punto en el que estaba él y la directora de aquel lugar.

Con todo eso presente el chico parado en medio de la forja estaba viéndolo directamente a los ojos como si estuvieran cara a cara.

Un monstruo había llegado, eso era fácil de decir para el hombre quien estaba atento como el chico comenzó a moverse para encontrar aquel collar de supresión en su cuello, cosa que hizo que cayera de rodillas al momento que una descarga le fue dada.

―Puede hacer que el collar se active ni bien fue invocado… ¿qué demonios trajiste? ―la mujer parecía relativamente preocupada de la vista que tenía en frente, en cuando al hombre que estaba parado a su lado, solo sonrió como si hubiera triunfado en algo.

―Traje el progreso, eso es todo lo que he hecho.

Presentó una proclamación en base a su fe en la pura ciencia.

Un nuevo miembro había caído en la casa de la hoguera después de mucho tiempo. Ella no comprendió del todo a que se referían los que hablaban con todo lo del "proyecto", tampoco es que le importase, solo debía sobrevivir, así fue desde que pudo tomar consciencia y así seguiría siendo; no hubo tiempo para relajarse de todas formas, no cuando la "competencia" sobre ser el rey siempre estuvo en auge, a pesar de las palabras amigables, no hubo nada de eso en el ambiente.

Decidió caminar, mirar a su alrededor y a pesar que no hubiera nadie que le dedicara unas palabras, ver los eventos que se asomaban ante ella. No fue algo que no pudiera controlar, no fue algo que dijera que no podía tener control al menos si era ella misma, podía decir que su único poder de libertad era la elección de no intervenir. Quizá esa fuese la forma en la que quiso decir que no era bienvenida y que estaba con eso, pero al final, no quedó nada para lamentar, incluso si intentara formar parte de cualquier grupo o acercarse a alguien.

¿Acaso no estaba ella destinada a jugar con los demás para tomar el trono?

Lo sabía, sabía que tras cada batalla para la elección del futuro rey, no volverían aquellos derrotados, aquellos heridos en misiones eran catalogados como "poco convincentes" para ser reyes, dejando que estos fuesen apartados del resto.

No entendió del todo porqué aquello se dio, solo sabía que "madre" como todos la llamaban, incluido ella, solicitaba los desafíos o despliegues para cada uno de los participantes para ir por el trono del rey, por lo tanto, jamás hubo un lado fijo por el cual velar o el cual debía suponer que tenía que centrarse.

Lo que ella pudo decir que era lo correcto no fue lo mismo para otros, no es que ella hubiera optado por ponerse en ese espectro, en algún punto quiso creer que podría llegar lejos, que podría estar al lado de los demás, que todo lo que había vivido hasta ahora había sido una prueba, algo de valor, algo que señalara su momento.

Su momento para que la pesadilla en la cual estaba condenada a vivir desapareciera de una vez por todas y no hubiera nada que la lastimara a pesar de todo.

Un sueño fue eso, intangible y sin forma, al crecer había escuchado que muchos lamentaban la perdida de sus sueños o que no podían vivir como lo habían hecho en pasado debido a que ahora estaban condenados a una realidad que no era la de ellos, a un mundo que no podían conocer o a una vida que no podían decir que era propia, nada de eso pudo sostenerse con el pasar del tiempo, algunos adultos comentaban a su alrededor que no importaba el esfuerzo, el final miserable de lo que alguna vez fue ese sueño con el que anhelaban de niños, no podía sostenerse.

¿Cuál era la diferencia entre un sueño y un cuento de hadas?

No pudo decir que hubiera algo semejante a una diferencia palpable. No había vivido mucho, no, decir que ella había vivido era una exageración o algo que podría considerarse como una fantasía, el sueño que había anhelado desde que abrió los ojos no fue nada del otro mundo, alguien a su lado, quizá padres o al menos un lugar al que pertenecer en todo lo que había estado pasando hasta ese momento.

Lamentable, al menos así fue como lo consideró, lamentable en cuanto a lo que vivió y lo que sintió, no solo quiso creer que aquel sueño del cual aún seguía aferrándose era posible, sino que también deseaba que nada de lo que estaba viviendo en aquel momento fuese la realidad o una contemplación absoluta de su yo presente a su yo futuro.

Quería creer que el tiempo le daría otra salida a pesar que no encontró nada más que la luz bajo un trono que estaba sujeto por hojas blancas y se mantenía a flote en un mar rojo que poco a poco degradó aquel trono.

Si ella se hundía con aquel trono, ¿quería algo de ella para poder recordar quien fue?, ¿o todas sus memorias y sueños se quedarían fuera por la luz que cegaba e impedía el sueño?

Alzó ambas manos y las miró, en estas sujetó con cuidado una pequeña flor, la había tomado de camino cuando estaba volviendo de una misión; ella no se había atrevido a tomarla sin más, no quiso tocarla con sus manos, más ahora frente a aquel árbol que siempre la acompaño, bajo la sombra que le permitió soñar, tocó aquella flor en manos y la miró, resplandeciente y contrastante en sus manos impregnadas de un negro que no parecía acorde a lo que uno esperaría de la piel humana, por mucho que fuese diferente a la vista, el tacto seguía siendo el mismo.

Ella quería creer que era la misma.

Hubo noticias que hicieron que los niños fueran a montones a cada momento debido a lo que se había anunciado, un nuevo participante para el concurso del rey. Habían varios castillos conectados, los participantes para candidato a rey estaban separados debido a que eran "especiales" por encima de la mayoría, no hubo mucha objeción, tampoco había llegado nadie que "Madre" dijera que estaba en condiciones de participar como candidato a Rey, por ello es que aquella noticia fue una completa sorpresa y algo que no podía simplemente ignorarse, ella deseaba ir, no es que no pudiera, pero si se presentaba allí estarían, las miradas y el rechazo, la misma cara que siempre veía de todos. ¿No fue por ello que le habían dicho que no debía mostrar sus expresiones?

No fue su culpa que no pudiera mostrar un rostro vario a comparación de lo que algunos podrían desear, tampoco que no pudiera estar al frente para que no pudieran verla, siendo que al final, solo sería la espalda que mostraría el rechazo que no podía tomarse como humildad, una muestra que ella era diferente, no solo fue el favoritismo de "Madre" lo que había causado que no hubiera nadie que deseara verla, si bien podía contar con aquella… chica, que no podría decir de momento si era su amiga o no, solo le quedó el mirar de lejos o ignorar.

Lo más sencillo fue el simplemente ignorar lo que se daría en unas horas, no había nada que pudiera hacer debido a la falta de preparación que ella había presentado, no fue interés, tampoco validación de nadie, terminarían hablando de ella una vez más, pero al final, ¿Quién era ella para molestarse?

Retraída y bajo el sueño que siempre estaba presente, caminó hasta el árbol que la acompañó hasta ahora, no podría decir que era un amigo o alguien conocido, pero al menos reconoció la sombra en la que siempre estuvo había estado desde que había llegado; esperó pacientemente, jugando con aquella flor que había llegado en sus manos, poco a poco, la flor que había traído marchitó y pasó a ser nada más que un residuo negro que no tenía forma, el viento no tardó en llevarse lo que había sido la flor que estaba en sus manos, el viento que había estado soplando desde un principio ahora estaba más fuerte de lo usual.

Una nueva sombra.

No la reconoció, no, quizá lo correcto era decir que no deseaba reconocer cual era la sombra que estaba asomándose frente a ella, sabía quién era, la persona que se acercaría a pesar de todo, pero no en signo de amabilidad o en muestra de simpatía.

Aquella sonrisa que mostró un interés que no podía leerse, una muestra de lo poco humano al intento de presentar un semblante que pareciera este. No fue hasta que estuvo en frente que pudo decir quién era.

― ¿Doctor?

La pregunta de la niña llegó al hombre quien soltó una leve risa. Una leve reverencia por parte del hombre antes de mirar a la niña que estaba bajo el árbol.

― ¿No deberías ir junto con los demás? ―la pregunta hizo que la niña mirara a otro lado sin ganas, la flor que había estado sosteniendo ya no estaba, incluso las cenizas se habían ido, ya no quedó signos de que alguna vez existió aquella flor.

―Madre dará el comunicado una vez que todo se haya calmado.

―Parece que su interés sigue siendo el mismo de siempre, ¿quisieras venir conmigo?

La pregunta fue obviamente un no para la niña, quizá ella fuese ajena a muchas cosas, pero una de las que no podía dejar pasar o ignorar fue como aquel hombre era el responsable que los demás niños no pudieran presentarse o fuesen los que no se mostraban una vez que habían resultado demasiado heridos en una misión. A pesar de todo, "Madre" había contado ese hecho específicamente a ella, como un incentivo para que se mantuviera a su lado.

Si la oferta por parte de aquel hombre llegaba, eso significaba que no había nada más que la desgracia asomándose, sin importar como fuese o como lo intentara, no podía tomar la mano de aquella persona que se extendió con un tinte amable, quizá no fuese la más expresiva.

Pero no significó que no pudiera comprender aquellas emociones que los demás presentaban o que ella misma no lo sintiera. Simplemente había optado por otro punto, otra vista y otra resolución, algo que no fuese molesto para y para los demás, un llanto hacía que los adultos quisieran lastimarla más, y el silencio la dejaba en paz, entonces había optado por guardar.

―Agradezco su oferta más me temo que debo rechazar ―el doctor hizo un ligero gesto de decepción antes de caminar un par de pasos, para luego detenerse de repente y darse la vuelta para dejar unas últimas palabras a la joven.

―Te recomendaré como candidata, si hay algo que un rey debe poseer, es un caballero, ¿no lo crees?

La voz de aquel hombre y las palabras no fueron posibles de comprender para la niña quien estaba con la cabeza inclinada hacia un lado esperando que aquella persona siguiera. No hubo una respuesta más, solo una risa de fondo ante la aparente falta de entendimiento de la niña.

― ¡Peruer! ―un grito hizo que la joven se girara y viera a una niña alrededor de su edad, pelo rosa y una sonrisa enorme, vino corriendo hacia ella con un ánimo bastante palpable, lo que sea que vio en aquella convocatoria, debió ser realmente "genial" para hacer que aquella niña viniera sin más corriendo hacia su dirección.

― ¿Sucede algo? ― la pregunta sencilla hizo que la niña viera a su compañera, al final ambas estaban bajo aquel árbol, con Peruer bajo este esperando que contara lo que debería ser, incluso si la joven mostró unas ganas de hablar o una motivación para entablar una conversación y quizá una "amistad" no hubo nada de certeza, no hubo nada que pudiera asegurar que su vida estaba encaminada, al menos así lo vio Peruer, que sin importar que fuese, no podría encontrar a nadie en quien creer.

Una solicitud para reunirse. Peruer miró a su alrededor, a partir del tercer piso del castillo la calidad de los materiales y demás decoraciones eran más altas, el tercer piso ya era uno en el cual "madre" solía reunirse con los niños, o al menos donde la oficina de esta se encontraba. Peruer caminó alrededor del lugar, en el tercer piso, los adultos que usualmente no parecían existir daban muestra que aun el lugar estaba siendo regulado, mientras que los "candidatos a rey" estaban ocupados haciendo misiones, estos se quedaban en los pisos superiores a la espera de las ordenes que "madre" daría.

Al llegar a la puerta designada se encontró ya en la oficina a la llamada "Madre" sonriente, Peruer hizo una leve reverencia antes de entrar y sentarse en uno de los asientos disponibles frente al escritorio de "Madre".

―He escuchado que eres mejor que los demás niños para leer y escribir ―las palabras de "Madre" dejaron en desconcierto a Peruer, era un hecho, ella disfrutaba leer, pero al mismo tiempo, no fue algo que pudiera catalogarse para ella como un desarrollo grande.

―Solo intento dar mi mejor esfuerzo.

Una respuesta que había sido practicada, no fue Peruer quien había dado por primera vez aquellas palabras, si no que las había aprendido viendo a los demás, la forma de expresarse, hablar o como decir palabras puntuales había sido uno de sus puntos fuertes para que "Madre" le diera aquel favoritismo que muchos hablaban. Peruer no sintió que aquello fuese favoritismo, no con todo lo que había vivido hasta ahora.

―Bien, eso es bueno ―la sonrisa amable y dulce de "Madre" hizo que Peruer no supiera que hacer―, Doctore me ha mencionado que eres un firme candidato a Rey, es por eso que me gustaría que dieras… a relucir tu capacidad en otro enfoque, has estado cumpliendo misiones sin descanso, ¿no es así?

Era cierto. Peruer solo llegaba un par de días antes de tomar la próxima misión y seguir sin más, no pensando en lo que podría darse sin que este evento fuese una limitante de lo que pudiera darse. Aun así, no pensó que las palabras de aquel hombre, el doctor, no, Doctore, fueran ciertas en cuando dijo que la recomendaría, pero no parecía ser que la selección de reyes terminaría, entonces, ¿qué era lo que estaba pasando?

―Fue lo que solicitó, Madre.

Las palabras complacientes siempre fueron algo que motivó a Madre, Peruer lo sabía, que no importaba que pasase, siempre estaba aquel instante en que aquella mujer estaba de buen humor cuando se le daba aquella respuesta que era obvio que deseaba escuchar, incluso antes de llegar en aquel lugar, Peruer tenía una idea bastante adecuada de cómo debía tratar con las personas que tenían aquel estilo o personalidad.

―Bien, bien, es realmente genial que dediques tanto a Madre ―la mujer aplaudió y sonrió con alegría, a los ojos de todos podría parecer una mujer orgullosa de la que sería alguien que trataba como "hija".

― ¿Necesita que haga una misión especial?

―Algo por el estilo, tus calificaciones y aptitudes están por encima de lo que uno podría encontrar sin importar cuanto tiempo pase, creo que estás en una ventaja cuando se trata de los demás, así que espero que puedas ayudarme para guiar a un chico que no parece del todo convencido de que hacer hasta el momento.

Ante las palabras de Madre, Peruer pudo decir que se trataba de aquellas noticias del nuevo que estaba uniéndose a la competencia del Rey. Ya se había se había anunciado con anterioridad que no habría nuevos "participantes en el juego" por lo tanto fue una noticia realmente grande cuando un nuevo recién llegado entró sin más luego de un par años.

―Puedo… encargarme de lo que solicite madre… ―hubo una duda real a la hora de lo que debía darse por parte de Peruer, no entendía que era el objetivo final o porqué había un trono en el cual sentarse, ella solo pudo creer que estaba presentando a un nuevo candidato para que hubiera más moral que se había estado yendo en los últimos meses debido a la caída continua de los amigos que todos habían hecho.

Peruer jamás comprendió porque estaba todo destinado o porque todo estaba comprometido desde un instante, no le dio muchas vueltas a las cosas, pero en este instante no había algo que no podía obviar sin más y era el hecho que estaba centrada en aprender lo que la rodeaba, aquel lado curioso le había ganado un par de veces unas palmaditas en la cabeza por parte de aquel hombre, Doctore, por mucho que se presentara como un "amigo" hacia ella, Peruer tuvo aquel sentimiento que algo no estaba bien, que algo no era correcto en toda la interacción que estaba ante aquella persona, si bien parecía a simple vista que ir con aquel hombre amable era una ventaja únicamente, Peruer dudó, siempre que aquel hombre llegaba algún candidato se iba, o alguien que iba con él jamás volvía.

Le fue preferible quedarse del lado de madre quien al menos la dejaba con tal que cumpliera las misiones que se le encomendaba.

― ¡Excelente!, sabía que podía contar contigo, me gustaría que los demás fuesen tan… obedientes como tú ―Madre dio un leve suspiro como si estuviera cansada, todas las acciones parecían simples o nobles, algo que podría verse con estilo y refinamiento a simple vista con los gestos que daba aquella mujer.

Era esa misma elegancia y ternura expresada de forma física que causó que Peruer sintiera un rechazo inalterable por parte de aquella mujer que se hacía llamar la madre de todos en aquel lugar.

― ¡Peruer! ―una entrante al momento en que terminó de bajar las escaleras del tercer piso hizo que Peruer se girase para ver quien se acercaba con tanta prisa, incluso si no la hubiera visto, sabría quién era debido a que era la única persona que se acercaba a ella sin importarle mucho la situación.

―Clervie… ―Peruer se giró al ver a la joven que llegó corriendo hasta donde se encontraba. Clervie, quien sonrió al momento de estar frente a Peruer se detuvo cuando esta llegó al suelo tras bajar por completo las escaleras.

―Escuché que madre te había convocado tras la llegada del doctor ―Clervie quien tenía un vestido simple color blanco, facilitó el ver que se había tropezado en su camino hasta el edificio principal. Peruer examinó a la joven en silencio, como ella estaba con las manos reposando en las rodillas, sin aliento tras haber corrido por quien sabía cuánto, y ahora, mostrando una sonrisa tonta al verla de nuevo.

―Fue una solicitud… ―Peruer extendió una guía que había recibido de la directora. Clervie no dudó en tomarla sin más y observar que había en las indicaciones, el desconcierto fue más que evidente por parte de la joven de cabello rosa cuando leyó la lista de lo necesario para su "misión".

― ¿No es todo lo que usamos cuando llegamos al hogar? ―Clervie se refirió a la lista que tenía en mano, era una lista de libros de texto básicos. No comprendió, Clervie sabía que Peruer era sobresaliente en la lectura y escritura, por lo cual, no entendió por qué madre le había dado algo que no tenía significado real para alguien que era sobresaliente.

―Lo es, madre me dio la tarea de ayudar al recién llegado.

Ante las palabras de Peruer, Clervie abrió los ojos en sorpresa y sonrió enormemente.

― ¡Eso es genial! ―una respuesta alegre vino por parte de la joven de pelo rosa quien había comenzado a caminar al lado de Peruer para acompañarla, irían a la biblioteca del hogar, por lo cual no estarían yendo lejos aún.

Ninguno de los candidatos a rey tenía permitido el acercarse a la cámara donde el recién llegado había entrado, al parecer no sería un participante real, o al menos eso fue lo que escuchó Clervie, en todo caso, la joven no se desanimó, al contrario.

Estaba feliz que en un futuro podría hacerse amigo de alguien quien no necesitaría ser castigado por fallar en alguna misión.

Un lugar más lúgubre de lo que pensó que podría ser. Peruer examinó lo que la rodeaba, los pasillos más descuidados y no había candelabros o algún medio de iluminación que no fuesen las luces de las ventas que estaban en la parte superior de cada muro. Aquella zona del castillo era la parte donde iban a parar los "niños malos", para ser castigados. Peruer jamás había terminado en aquel lugar, por lo cual no supo que decir de la condición en la que estaba aquella sala, solo podía suponer coas, sin llegar a anda, no comprendió jamás del todo la situación real de la casa de la hoguera o el juego del rey.

Ella solo sabía que debía quedar de pie al final para que madre le diera el título.

¿No fue aquella la finalización en todas las historias que madre leía?

Peruer llegó a la última puerta, la indicada por madre para que ingresara. Observó su ropa brevemente y los libros que tenía en mano, se detuvo un instante frente a la puerta y tuvo un mal presentimiento, fue algo similar a cuando iba a una misión realmente peligrosa, algo que sintió rara vez, aun así, cuando estaba presente fue instinto que le decía que ese no era el camino que debía tomar.

Ese instinto le gritó que no entrara en aquella habitación.

Dudó por unos segundos antes de dar un paso al frente, se aseguró que el cuchillo que llevaba en su muslo bajo su falda estuviera presente, palpando brevemente el cuchillo en su costado dio un leve suspiro antes de dar un paso al frente y mover la mano para girar la perilla de la puerta. El sonido metálico fue mucho más fuerte de lo que Peruer anticipó, el peso de la puerta era bastante grande a pesar que en el exterior parecía una puerta más ornamentada que se ajustaba al estado de la mansión.

Detrás de la puerta que había dado una apariencia ornamentada ahora se encontró con un lado posterior recubierto con acero, no, fue al revés, el acero estaba recubierto en el exterior para que no pareciera la misma sala consumida por el metal, en ese momento cuando se dio cuenta de donde estaba parada es que supo porque todos los tenían miedo de dar un paso dentro de la sala de corrección en donde se encontraba ahora el recién llegado.

Una hilera de celdas, eso fue lo que vio cuando comenzó a caminar, poco a poco, al avanzar notó como había una escalera al fondo del lugar, y al saber que no había nadie a su alrededor es que supo que su objetivo se encontraba en la parte profunda del lugar. Poco a poco al descender sintió como la opresión del lugar hacía que no fuese fácil el respirar, a cada paso que daba hacia el interior del lugar el aire se hacía más pesado, más difícil de respirar, insoportable al punto de no poder estar bien solo con la normalidad de respirar. No fue la primera vez que Peruer experimentaba algo así, pero fue la primera vez que lo hacía conforme iba acercándose a un objetivo que sus instintos le gritaban que no debía ir.

No lo supo, pero abrazó de forma inconsciente los libros que llevaba en mano, acercándolos a su pecho mientras que bajaba al último escalón y llegaba por fin al suelo y veía celdas nuevamente, diferentes a las anteriores de la parte superior, no supo cuantos metros había descendido a través de las escaleras, no fue un corto trayecto, probablemente había varios metros antes si quiera de que un mínimo de luz se filtrara en aquel lugar. Peruer caminó, buscó la celda que debería estar abierta, la única del lugar a palabras de Madre, fue allí que lo vio, los barrotes doblados dentro de la celda, con la puerta pesada de metal abierta y una figura en la esquina del fondo de la celda.

La luz era escasa, casi no podía distinguir nada, se le había dado una lámpara e indicado que la prendiera únicamente cuando estuviera frente a la puerta correspondiente y a la persona correcta. Peruer lo supo, aquella figura era la que venía a buscar, fue ahí que al momento en que se sentó en la silla de madera, que parecía demasiado limpia para ser parte del lugar, que decidió bajar la lámpara y prenderla, iluminando la sala.

La figura fue visible, y un niño se asomó en lo que había sido aquella mancha en la habitación. Cadenas y grilletes junto con un collar grueso de metal estaban presentes; Peruer reconoció aquellos collares como los destinados al castigo o cuando en una misión se solicitaba al objetivo vivo. Ahí en la celda, con la piel pálida y el pelo rojo, un niño con cadenas y grilletes estaba sentado viéndola a los ojos, ojos color bronce que no parecían brillar a pesar de la lámpara iluminando de manera próxima.

Peruer vio al joven, probablemente de su edad, abrir la boca, pero no comprendió en lo absoluto lo que dijo, no había nada que pudiera decir que era interpretativo en las palabras dadas por el joven. la joven giró la cabeza a un lado en confusión y luego vio los libros que tenía en mano, llegando a la realización del porqué su madre le había entregado aquellos libros, fue para poder lograr comunicarse con el joven, pero el idioma hablado, no parecía uno que fuese de la zona. Había escuchado hablar a los habitantes de Inazuma hablar en el pasado, y sonaba bastante similar, podía entender un poco del idioma de Inazuma, pero esto no era lo que esperó, había palabras iguales, pero la variedad hacía que fuese imposible entender al completo lo que decía.

Las palabras dadas sin pensar, la actitud distante y la falta de agresividad no fueron lo que Peruer esperó al momento en que aquel joven se pusiera de pie y caminara hasta la parte más próxima de los barrotes, solo en aquel momento, Peruer observó a la figura que estaba ahora en frente, esperó un poco antes de volver a hablar y luego intentar comunicarse.

Palabras sin sentido con algunas que podría decir que eran traducibles, Peruer miró los libros en su regazo y encontró que estaban referentes a la cultura de Inazuma a diferencia de la habitual del lugar. Conforme el joven se acercó hacia el frente Peruer sintió la tensión de hacer algo o simplemente dejar que se acerara como había previsto. El sonido de las cadenas hizo eco en todo el lugar conforme el joven daba un paso hasta llegar a la parte en donde estaba en frente, cuando el joven extendió una mano hacia el frente, fue cuando Peruer notó la pared invisible que había estado entre las rejas dobladas y la persona frente a él, seguridad incluso más de lo que había visto.

Una barrera casi invisible se erguía entre ella y el joven encerrado, como una muestra que a pesar de que a simple vista nada los separaba, aún quedaba aquel tramo que no podía cruzarse.

―…

Palabras inentendibles salieron nuevamente de la boca del niño, parecía intentar decir algo, pero Peruer no reconoció lo que iba a decir, tampoco era que le importara mucho, al menos fue así hasta que el niño señaló su pierna izquierda en donde había dejado aquel cuchillo en caso de necesitarla. El que aquella persona pudiera señalarla sin más era la prueba que había algo más allá de la simple mirada que podía dar.

No hubo mucho que pudiera reconocer que aquel joven decía, pero entre las palabras que captó fue "cuchillo", que coincidía con lo que sabía del idioma de Inazuma. Palabras cruzadas y sin entender mucho lo que decía, Peruer probó algo.

― ¿Entiendes lo que digo? ―ante la pregunta el silencio llegó por parte del chico, la expresión de este denotó que había escuchado algo nuevo, fue fácil decir por el ligero movimiento de ojos y luego el ceño fruncido.

Era obvio que no entendía el idioma en lo absoluto Peruer buscó entre los libros que había traído, y el que tenía el título en el idioma de Inazuma se presentó y lo mostró en una página al azar hacia el chico. Le tomó unos segundos antes de dar una respuesta, pero fueron inentendibles para Peruer quien solo captó unas pocas palabras de las dadas por parte de la persona, era obvio que no conocía la lengua común en Teyvat, lo más notable era como no podía leer el lenguaje que había sido de uso para todos sin importar el lugar, incluso el idioma de Inazuma que usó parecía uno demasiado cerrado para ser simplemente de un lugar aislado.

¿Por qué madre le había dado una tarea que era obvia de necesidad de una persona la cual pudiera comprender perfectamente algo que ella desconocía?, ¿era esta una prueba para adaptarse y poder ir a espiar en otro país?

― "Cuchillo" ―volvió a repetirse del chico haciendo que Peruer se girase y quisiera saber por qué solicitaba aquello, y más importante, porque sabía que poseía un cuchillo oculta. Por supuesto, Peruer no accedió a mostrar el cuchillo y mucho menos a confirmar que la poseía, pero el ver como el joven frunció el ceñó y estiró la mano para llamar a algo que no estaba en la habitación―. "Espada".

Fue la segunda palabra que Peruer entendió que el joven decía. Después de que mostró signos de comprender lo que quería decir, Peruer escuchó únicamente la palabra "espada", como si fuese una oración, en bucle y sin detenerse, diciendo lo mismo, mirándola fijamente a los ojos. Un loco, alguien que no parecía comprender nada más que la misma palabra que decía sin descanso.

¿Una prueba de paciencia quizá?, Peruer no comprendió lo que estaba pasando frente a ella.

La rutina de ir todos los días para Peruer eventualmente se hizo pesada, ya habían pasado dos meses desde que comenzó el intento de "civilizar" a "Espada" como ella había nombrado al joven. El primer mes no había sido algo divertido de tomar, no cuando lo único que aquel chico decía era la misma palabra, espada, a pesar de que no hubo avance, a Peruer le pareció extraño que Madre no había mostrado descontento. Al pasar el segundo mes gradualmente el vocabulario del chico se expandió, comenzó a aprender, usando la palabra "espada" de referencia, logró hacer que entendiera de forma vaga lo que se refería al idioma general en Teyvat. La misión de Peruer fue enseñarle dos idiomas clave a "Espada", que era el idioma general de Teyvat y el de Snezhnaya, todo lo necesario para unirse eventualmente a la competencia.

Peruer creyó que esa persona sería parte de la competencia. ¿Por qué otra razón madre habría traído a alguien así en el edificio principal?, no había otra razón.

Poco después de aquel pensamiento fue que el cambio comenzó con madre. Peruer notó aquello cuando en la hora del cuento, en vez de contar la historia del rey simplemente introdujo un nuevo personaje al cual aspirar.

"El caballero" fue introducido unas semanas después de la llegada del nuevo integrante para el edificio principal. En aquel momento Peruer no comprendió del todo lo que quería decir aquel cuento, siendo que no inspiró a nadie a ser un caballero, el mensaje final no era, ¿despreciarlos?

El nombre del caballero fue algo que permaneció como una constante que no se podía quitar por muy a pesar de no hubiera sido una figura relevante hasta ahora. El caballero y aquel que servía al rey, se dijo que el concurso para caballero ya había finalizado, por lo cual los candidatos a reyes no podían bajar a ser caballeros, el único ganar y merecedor de ese título actualmente estaba bajo la tutela de unos de los candidatos a rey más prominentes que había en la organización. Peruer fue quien se encargó de poner todo en su lugar, de hacer que todo fuese acorde las situaciones adecuadas, de que no hubiera nada que pudiera llamar como "molesto" para el próximo rey cuando el caballero deba ponerse de su lado. Los libros de texto que Peruer había estado leyendo a aquel niño encerrado en la cámara de corrección era todo con respecto a un solo cuento o al menos, por mucho que los cuentos variaran, siempre iban a un final particular.

Un rey que se alzaba por encima de todos, un rey que terminó como punto más alto al cual admirar, y a su lado, aquel que había sido recomendado por parte del pueblo para que fuese parte del reinado, no como un rey o alguien que estuviera relacionado de forma directa con la realeza. Se habló de ello, de la llegada de un caballero manchado por el fuego y el barro, del cual con el barro que llevaba consigo lo quemó hasta que se convirtió en una espada; y al momento en que se convirtió en una espada, el rey la tomó para alzarse por encima de todos y quedar como el vencedor absoluto de la competencia.

La figura del caballero había inspirado a muchos querer tomar el rol de este, el nuevo rol había abierto la oportunidad para quienes no codiciaban el título del rey pudieran seguir asistiendo en el edificio general y sin abandonar sus actividades, todo aquello con el objetivo de volverse el "arma" del rey el cual estaba destinado a estar por encima de todo. Eventualmente Peruer también creyó en que la posibilidad de ser una espada no era mala, la figura del caballero parecía ser algo entretenida y con buena visión, pero conforme pasó el primer mes cualquiera podía verlo.

Quien deseaba convertirse en un caballero caía de forma mucho más rápida que aquellos quienes habían estado siguiendo el camino para ser el rey.

En ese tiempo Peruer se había centrado exclusivamente a enseñarle la comunicación básica al joven que estaba encerrado en aquel lugar, hasta ahora no había dado ninguna respuesta, no escuchó nada de lo que este quería decir, solo se limitó a enseñarle sin más, sin siquiera saber si aquella persona realmente estaba comprendiendo lo que decía. Peruer había recurrido a madre un par de veces para una guía, pero esta como siempre, le sonrió de forma dulce y le comentó que debía simplemente seguir con el avance programado.

En una de las ocasiones, Peruer había hecho aquella pregunta en frente a los candidatos, parecían temer algo, cada momento en que "Madre" sonreía de cierta forma parecían retroceder brevemente, pero sin moverse bruscamente, Peruer notó aquello, como el miedo implantado en los presentes era algo que no podía hacer que actuasen de la forma usual, cualquier risa o cualquier palabra en busca de afecta se había vuelto cada vez más escasa, hasta el día de hoy.

Donde al momento de ver a "Madre" en vez de buscarla los candidatos tenían miedo de lo que podría pasar.

El tiempo pasó sin que pudiera hacer mucho progreso como había previsto. Peruer estaba segura, aquel chico que estaba en aquella prisión, podía entenderla en este punto, pero cuando llegaba madre para la revisión, nunca demostró que hubiera una reciprocidad en el entendimiento, Peruer pensó que eventualmente su castigo llegaría por no completar la tarea que madre le había encomendado, pero no hubo algo por el estilo, de un día para el otro, la felicitó y le comentó que había hecho un buen trabajo.

Peruer evaluó la situación, supuso que madre se dio cuenta del entendimiento por parte del chico, a pesar de todo, no hubo nada como una palabra por parte de este, incluso cuando Peruer encontraba al chico después de las "evaluaciones" por parte de madre, no pudo decir que hubiera algo así como una respuesta real.

Hoy fue la evaluación final, Peruer al entrar en la celda de siempre se encontró con quien había estado compartiendo los últimos seis meses.

―Si hubieras hablado madre no te hubiera castigado.

Un razonamiento simple, Peruer jamás comprendió porque había rebelión o deserción entre los candidatos, constantemente escuchaba las quejas y lamentos de Clervie, pero jamás pudo ponerse en el lugar de ella, desde que recordaba ella estaba velando por sí misma, así que pasar tiempo a querer encontrar una solución para otros parecía algo demasiado lejano.

― ¿Cambiaría algo? ―la pregunta del chico quien caminó hacia el frente hasta quedarse bajo la ligera luz que proyectaba la lámpara que Peruer traía consigo cada vez que entraba en aquella celda.

―Al menos no te castigarían.

― ¿Es preocupación lo que escucho? ―una burla más, Peruer rodó los ojos y volvió a mirar su libro, ella se había arrepentido de haberle enseñado a comunicarse a quien estaba a su lado, si bien aun quedaban algunas palabras rotas, no significaba que no pudiera comunicarse como ahora.

―A este paso no participarás de la competencia y te quedarás encerrado, o peor, madre te desechará.

― ¿Sigues llamando a Crucabena de esa forma? ―la pregunta con burla hizo que Peruer frunza el ceño.

―No le agrada que la llamen directora.

―Incluso eso es bastante alto para alguien como ella.

―No pareces tener una buena visión de ella.

― ¿La tienes tú? ―la pregunta del chico llegó con un silencio por parte de la joven quien desvió la mirada de su libro―, sigues viniendo aquí, a pesar de que ya no estás bajo las ordenes de ella para enseñar.

―Es un lugar tranquilo.

― ¿O quizá estas mejor con alguien que no participa en la competencia? ―Peruer esta vez no respondió a la provocación y se puso de pie, guardó sus cosas y se alejó para salir del lugar.

―Madre te desechará si sigues así.

―No lo hará ―la voz firme del chico hizo que Peruer ladeara la cabeza en confusión.

― ¿Por qué estás seguro de tu vida?

―Hoy respondes más de lo usual, ¿quizá es preocupación por alguien con quien puedes hablar a menudo?, no te preocupes, puedes gritar y enojarte conmigo si quieres, ella no me desechará, no con todo lo que invirtió para traerme aquí.

La mano de Peruer se detuvo antes de tomar la palanca de la puerta y miró de reojo al chico de pelo rojo en la prisión.

― ¿Eres alguien especial?

Ante aquella pregunta el chico frunció el ceño y miró al suelo.

―Eso creo.

― ¿Eso crees? ―la joven volvió a girarse para ver como el chico parecía molesto, casi al borde de la ira.

―Sé que no debería estar aquí.

―Muchos dicen eso.

―Pero no sé quien soy… nombre, historia, todo, no hay nada, abrí los ojos y lo primero que recibí fue un propósito, no un nombre.

― ¿Un propósito?

―Correcto, un susurro, algo que me grita, algo que me llama, pero no puedo responder, no, no quiero responder, ¿por qué?, esa voz, es dulce, me grita algo que no entiendo y al mismo tiempo una palabra que recuerdo.

"¿No estaba simplemente loco?" El pensamiento de lo que parecía el chico llegó a la mente de Peruer viendo como no había la misma presentación que había esperado con anterioridad.

―Solo son delirios, le diré a madre de esto, no eres el primero que habla así después de una misión, así que-.

―Matar.

―…

―Me grita que mate, hay alguien que no debería estar aquí, alguien que no debería existir, pero no recuerdo, no recuerdo nada, una historia, una espada, solo puedo recordar una espada oxidada, ¿dónde?, ¿dónde esta esa arma que me grita que la sostenga?

― ¿Estás bien? ―la pregunta de Peruer fue a modo de interrogante para ella no para el chico, si hubiera sido hace unos meses ella se hubiera girado sin darle muchas vueltas a lo que pasaba con aquella persona, pero ahora, después de haberse familiarizado con una voz que no sea la de Crucabena y Clervie, dudó, dudó de su voto antes de llegar en aquel lugar.

―Un desierto y un árbol, trozos de madera con una espada oxidada, gritando queriendo venganza, mata, mata, mata… ―la última frase parecía empezar a repetirse en bucle y conforme pasaba cada vez perdía fuerzas hasta que fue un susurro inaudible. Poco después, Peruer observó como el chico que había estado murmurando hasta hace poco se levantó y se puso frente a la barrera.

Un golpe fuerte, no era la fuerza que un niño tendría, marcas brillaron en el brazo del joven quien extendió el brazo, golpeando aquella barrera, pero no hubo algo así como abolladura o ruptura en la barrera. La sangre en el puño del chico fue lo que salpicó aquella barrera transparente y una visión diferente a la del joven que se burlaba llegó a los ojos de Peruer.

―Tenga una misión, un propósito, pero no sé bajo que acción debo moverme, dime, chica del cuchillo, ¿qué debo hacer?

―Los pasillos están cada vez más silenciosos.

Peruer se giró para ver a la persona que había comentado aquello a su lado, era Clervie, quien la estaba acompañando mientras que caminaba dentro del castillo. La mención de aquello para Peruer fue bastante repentina, más viniendo de aquella joven, habían pasado alrededor de dos años desde que ella había estado circulando más por el interior del castillo, a lo cual podía decir que la mención de Clervie era cierta, el silencio ahora estaba más presente, el comedor era mucho más silencioso, aquellos grupos que antes estaban por todos lados esparcidos ahora estaban separados o ausentes en su totalidad.

No hubo respuestas por parte de Peruer ante el reclamo de Clervie, el silencio extendido, incomodó a la joven de pelo rosa que acompañaba a quien podía decir que era su "amiga", tampoco es que Clervie hubiera esperado una respuesta en primer lugar, nunca hubo algo como eso antes, fue una relación que se extendió en un lado, pero Peruer no podía decir que le disgustaba el tiempo que pasaba con la joven a su lado.

Hubo dos personas que habían sido una constante en su vida en los últimos años, Clervie fue una de ellas y aquel chico, decidió simplemente llamarlo "espada" debido a que fue la única palabra que conocía desde que había llegado en aquel lugar. Al momento de darle aquel nombre, creyó que habría alguna especie de burla o algo parecido del joven, pero no hubo nada, silencio, algo que ella había entendido como la aprobación por parte de aquel chico.

―Deberías hablar con madre ―Al momento que la celda se cerró tras ella, Peruer comentó aquello viendo como una vez más, el chico estaba cubierto de sangre y heridas que estaban siendo cerradas solamente por vendas improvisadas que tenía, ropa rasgada y sin desinfectar. Peruer no pudo mantener la mirada, era obvio, conocía que podría pasar con heridas tratadas tan descuidadamente.

― ¿Por qué debería perder mi tiempo con una mujer con carácter tan malo? ―una vez más, a pesar de todo, la negativa de dirigirle la palabra a madre se mostró por parte de aquella persona y Peruer no supo que hacer.

―Los candidatos a caballeros serán llamados dentro de dos semanas.

―Oh, ¿me dejarán ver la luz?

―Madre mencionó sobre simplemente descartarte…

Hubo un silencio ante aquella última declaración de Peruer, un rostro casi inexpresivo, pero al mismo tiempo, había un tono en la voz de la chica que podría interpretarse como la naciente de la duda que parecía asomarse con el paso del tiempo.

―Creí que escucharía eso de Clervie, no de ti, al menos, antes en su caso ―un comentario dirigido para herir, Peruer podía decirlo, al menos ella, quien conocía al chico encerrado bajo el castillo―, tampoco es que tenga emoción para mirar un cielo falso en una cúpula creada para simularlo.

―Es una cúpula transparente lo que rodea el castillo.

Silencio. El chico levantó la cabeza y miró desconcertado a la chica que había cerrado su libro y lo miraba fijamente. Fue casi cómico la reacción de espera de aquella chica que parecía perder por completo el rostro inexpresivo de siempre.

― ¿Eso fue una broma? ―no hubo risa, pero si una sonrisa por parte del chico de pelo rojo―, bien, creo que puedo trabajar con eso, podría hablar con "madre" si lo deseas.

Los ojos de Peruer parecían haberse iluminado al momento en que aquellas palabras salieron por parte de la boca del chico.

― ¿De verdad? ―había una vivez que el chico no había visto hasta ahora por parte de Peruer, pero no pudo decir nada más, suspiró antes de ponerse de pie y caminar hasta estar frente a la chica que lo miraba expectante.

―Pero antes, quiero que me escuches.

"¿Una petición?" Peruer no pudo evitar preguntarse internamente, si bien constantemente la molestaba para que le trajera una espada, no hubo algo así como una petición real hasta ahora.

― ¿Qué sucede?

― ¿Puedes controlar tu poder? ―una pregunta que dejó a Peruer en blanco. No era como si pudiera usar aquel poder, pero no lo conocía como una "habilidad" si no como una maldición constante. Ella quiso decir que no, pero sabía que, si hacía algo como eso, probablemente no obtendría la reacción positiva por parte del chico, y eso solo conduciría a una sola cosa.

Que madre lo descarte.

―Yo… ―hubo un silencio antes de ver sus manos, Peruer siempre consideró la maldición, pero jamás en su forma de emplearla, sabía que aquella maldición siempre le había dado la ventaja cuando creía todo estaba perdido.

―Deberías estar feliz de tener una bendición así en vez de intentar luchar tan desesperadamente.

― ¿Una bendición? ―Peruer preguntó extrañada, ella jamás había pensando en algo como eso como una bendición. Siempre había sido algo que la marginó o la relegó, e incluso si Clervie se mostró tan a favor de ella, jamás había nombrado su condición como una bendición―, tú…

―Es lo que es, que tu cuerpo incluso pueda seguir al ritmo a lo que late dentro tuyo, ¿no es esa la señal de la bendición?

―Bendiciones, no son ninguna bendición ―fue una forma más que expresiva de mostrar lo que realmente sentía Peruer.

―Tu cuerpo está adaptado para tomar algo que ni siquiera un erudito podría pensar en asimilar ―como si quisiera que ella dimensionara la grandeza de lo que acababa decir, el chico extendió los brazos y mostró su cuerpo descubierto en la parte de arriba hacia Peruer quien iba a preguntar hasta que vio las mismas marcas verdes una vez, aquellas marcas que se iban juntando desde el punto de los dedos hasta el torso y la cabeza, incluso podía decir que había un circulo brillante en el ojo de este.

―Tú cuerpo… ―podía sentir el calor elevarse incluso desde donde estaba, el cuerpo de un niño que había estado en el suelo ahora el significado de la actuación y el trabajo, una luz que mostró como consumía el propio brillo del joven a cambio de una solidez.

―Puedo asegurarte que la bendición que pasa por tu cuerpo es algo que deseas comprender en vez de rechazar, es por eso que te lo pediré, hablaré con madre, seguiré el juego, pero a cambio, escúchame cuando se trata de tú cuerpo, las marcas y acciones, no solo podrían llevar a tu vida a la ruina, si no a un futuro en donde el mayor número posible de personas caigan en la locura, dime, Peruer, ¿aceptarías este contrato?

El silencio se extendió ante aquellas palabras, y sin preguntar demasiado o mediar, sobre que era lo posible de accionar en aquella situación. El resultado marcado estaba cambiado ante las palabras del chico, Peruer que no había pensando en el pasado

Una bendición.

Jamás pensó en su condición como un regalo, siempre siendo el elemento principal de su desagracia, quería enojarse, después de mucho tiempo, Peruer sintió ira al momento en que compraron aquella maldición con una bendición, pero ahora viendo la demostración por parte del cuerpo del chico lo entendió.

Su habilidad no la quemó y desfiguró para dejarla en un estado inservible, fue lo contrario, fue una habilidad que le brindó la capacidad de ir más allá de sus límites, y ahora, alguien con una situación similar mostró el manejo que tenía sobre su posición con algo similar a lo que ella poseía.

Incluso si no lo comprendía del todo, podía sentirlo, las líneas agresivas a lo largo del cuerpo del chico que eran diferentes a la extensión de ella, cuando la magia o los residuos de esta clamaron presencia, no eran nada más que una facilitación para su uso, al menos para ella, en el caso del chico ante ella no podía decir lo mismo…

Un paso en falso y la energía que siempre había sido amigable con ella parecía que podía entrar en el cuerpo del chico y volarlo en el primer descuido.

―Ahora espero que me creas sobre esto, quiero lo mejor para ti, como para mí, sí cosas, cosas que no debería, hay historias, historias que no conozco en persona, pero siento que son profundamente algo de mi ser, incluso si no sé quien soy, puedo ayudarte a ascender al rey, es lo que querías, ¿no?, que me convierta en tu candidato a caballero, espera hasta que recupéreme mi memoria, hasta ese día, te serviré con tanta energía y capacidad como mi cuerpo pueda dar, esta eso bien para usted, ¿señorita Peruer?

―Acepto… ―el compromiso se dio entre ambos en silencio. Peruer quien estaba viendo su mano se acercó al joven y se puso frente a ella, en la rejilla en donde se le pasaba los alimentos, allí metió su mano y observó el desconcierto del chico.

― ¿Qué es esto?

―Una promesa ―el comentario de Peruer fue inocente, extendiendo su dedo meñique hacia el frente y a las esperas de la respuesta del chico con la mirada desconcertada.

― ¿Quieres que haga una promesa con el meñique?

―Clervie dijo que sería una promesa inquebrantable.

Un suave susurro semejante a una risa salió por parte del chico antes de acercarse y hacer el gesto, poniendo el meñique alrededor del de Peruer en un juramente infantil, pero al momento en que vio como aquellos ojos muertos de la joven brillaron con real emoción, no pudo hacer una burla ante eso.

Tampoco supo que fue lo que prometió Peruer para que ella comenzara a sonreír tan dulcemente antes de ella misma ponerse un anillo que al parecer había tenido antes de haber comenzado todo esto.

― ¿De dónde quitaste esto?

―Había leído que una promesa importante entre un hombre y una mujer debe ser con anillos que representen a juego lo que son.

―Peruer eso es-.

Antes que pudiera seguir la mano de la chica había puesto un anillo en el dedo del chico. Como si esperase algo después de eso, Peruer miró al chico expectante. Pero este se rindió, aceptó y dijo que sí, a sabiendas que esto era bajo una mera promesa infantil que no tenía el peso real como si fuera otra con la capacidad de razonar correctamente lo que hacía. Al chico tampoco le importó, sentía que pasaba más tiempo con aquella mujer de pelo blanco y toques negros, podría recuperar una parte de su ser, eso le pasó, con su visita, pudo recuperar su cuerpo, y si pasaba más tiempo con ella podría decirlo, que era su nombre, porque solo recordaba tres palabras antes de caer en aquel lugar.

Espada. Refiriéndose a lo que debía ejercer, como debía moverse, pero, aun así, hubo una incomodidad.

Matar a algún objetivo.

Y la tercera palabra que no había mencionado hasta ahora fue la que utilizó aquella mujer para gritarle en modo de despedida, la voz impregnada de sentimientos ante un título en vez de un nombre, al mismo tiempo.

Se sintió como un reconocimiento.

De momento él lo dejaría pasar, si al pasar tiempo con Peruer podría saber quien era Archer, entonces no tenía objeciones para ser quien era ahora, no tenía objeciones para no tomar su mano o hacerla sonreír, porque después de todo.

¿No es lo único que quedó grabado en su mente aquello?

La misión absoluta de hacer al menos el mundo que él considere… que deberían ser felices.

Ah pasado mucho tiempo, demasiado, esto es una comisión que se irá extendiendo en varios capítulos, trabajaré en estay en las actualizaciones, más sencillo que dedicar mi todo en cada fragmento que no sé si estará a la altura de la conexión, pero al menos con esto puedo tomar notas y varias acciones para el gusto general.

Que puedo decir, estuve más que enfermo por mucho tiempo, llegué al punto de decir "que más si desaparezco de una, no sí podré mantener mi ritmo", pero no pasó, estoy aquí y decidido a volver a escribir como debe ser, forzándome hasta lo máximo posible.

Les doy las gracias, realmente, gracias, por el apoyo, el apoyo es una las cosas que ayudan mucho a que se pueda mantener la constancia, eso debido a que es una de las pocas fuentes de ánimo que tengo, y no es nada. Solo pido que entiendan algo.

Mi sentido del humor es pesado, muy denso, pero tengo mis límites, además si hay gente que le desagrada lo que hago, me habla y listo, me dice que es lo que pasa y ya, no veo punto de hacer drama por nada.

Ya volviendo a lo que pasó, incluso ahora, estoy enfermo, me levanté y no te imaginas lo que es para mí, desde el incidente que tuve el año pasado no he podido volver a tener un rendimiento real, así que, entiendan por favor, no abandono nada, simplemente también soy un humano. Si me dedicara exclusivamente de esto no tendría problemas, pero como soy lo que soy bueno.

Esta historia se irá libertando semanalmente, se dividirá en tres volúmenes, este sería una parte del volumen, así que espero su apoyo.

Realmente agradezco si pueden comentar, recomendar o seguir y dejar estrellas a la historia, todo lo que la haga sobre saltar, eso es todo.

Gracias por todo y perdón por desaparecer.

Rey de Picas fuera.