Cuando entró a la enorme caverna, solo la luz de la luna iluminaba el lugar, era mucha luz, pero no era suficiente, así que sacó el desiluminador que el director Dumbledore había heredado a Ron y lo abrió dejando salir muchas bolas de fuego que encendieron varias antorchas que los domadores habían colocado mientras Draco lo perseguía, iluminando así la caverna.
Un dragón soñoliento ya instalado en su nido, bufó molesto por la luz, pero estaba muy cansado como para molestarse en perseguir al domador.
-Vaya que huevos… -dijo Harry- me tienes casi muerto de agotamiento y tú ya vas a dormir ¿no?
Comenzó a volar en círculos alrededor de él, haciendo que el dragón lanzara una que otra ráfaga de fuego que Harry esquivaba por los pelos, entonces sacó algo de su bolsillo… aquello que había hecho antes de irse de la casa de los Malfoy.
-Bueno… -musitó ignorando la vocecita en su cabeza que le gritaba que lo que estaba a punto de hacer era una locura- aquí vamos…- y pasando una pierna por la escoba se sentó de lado para luego caer justo encima del dragón.
Fue una caída de unos cinco metros, suficientemente fuerte para que doliera, pero no para lastimarlo, el dragón se irguió al sentir al domador en su cuello y éste se aferró a veinte uñas sujetándose con una mano de las crestas del cuello mientras que con la otra activaba lo que había llevado consigo.
Una enorme brida de cuero creció al instante rodeando la cabeza del dragón permitiendo ya que Harry lo montara y se sujetara con fuerza; esta vez Draco si se levantó y extendió las alas, furioso de nuevo por aquel impertinente que se le había montado en el lomo.
- ¡Cristo de mi cabecera! -exclamó Charlie con las manos en la cabeza al ver salir de la cueva a un dragón con un domador en el lomo como si fuera un jinete.
- ¡Por el pito de Merlín! -dijo a su vez Candance a su lado y con las manos en la boca.
-Ese tipo está loco -completó Baxter con un silbido de admiración.
El cabello de Harry danzaba con la fuerza del viento mientras se sujetaba de las bridas y apretaba con fuerza las piernas para no salir volando, pues el dragón hacía lo posible por quitárselo de encima y aunque era una acción titánica permanecer ahí sin ser tumbado, sabía que, si hubiera hecho eso primero, con un dragón fresco y ciego de ira, ya hubiese ido a encontrarse con sus progenitores.
Pasó un par de horas así, volando a una altura y velocidad increíble, pero permaneciendo ahí, incluso llegó a disfrutar por unos momentos de la vasta vista del valle iluminado solo por la luna, pero sabía que cualquier descuido podría costarle la vida, ya no había ningún domador que lo apoyara.
Pero también el agotamiento ya le estaba pasando factura a pesar de las pociones revitalizantes y solo cerró los ojos con fuerza deseando que ya terminara todo, entonces el dragón cambio de rumbo y se dirigió de nuevo al nido.
- ¡Ahí vienen! -gritó un domador.
El dragón pasó volando y entró a la caverna, aterrizó en el suelo y comenzó a lanzar bramidos sin dejar de sacudirse.
- ¡Vamos Draco, entra en razón, no eres una bestia, eres un ser humano!
La única respuesta fue un furioso bramido de fuego que se estrelló en la pared.
- ¡Draco, recuerda tu nombre, eres Draco Malfoy!
El dragón extendía las alas y sacudía la cabeza lanzando mordiscos a los lados como si pudiera alcanzar a Harry.
- ¡Draco debes recordar!... ¡Draco!
Pero era inútil, Draco ni siquiera entendía esas palabras, mucho menos el significado, así que metió la mano en su morral de cuero y sacó un huevo azul del tamaño de uno de avestruz y lo estrello en la gran cabeza.
Pronto un aroma inundó el aire llegado hasta la nariz del dragón, era un aroma fresco, con tintes de tabaco… era una granada de olor hecha con la colonia que usaba Lucius.
Draco se quedó quieto, con las fosas nasales hinchándose captando el aroma… Harry sabía que, para traerlo de regreso, las palabras de poco servirían; lo que realmente necesitaba era activar sus recuerdos, usar sus sentidos a su favor… hacerlo regresar.
-Vamos Draco, vamos…
Draco dio unos pasos, sin dejar de olfatear, pero luego lanzó un fuerte bramido y pareció recordar al domador que llevaba en el lomo y de nuevo comenzó a sacudírselo.
- ¡Mierda!... -con dificultad sacó otro huevo y lo rompió de nuevo en la cabeza del dragón, pero el aroma de Lucius parecía no ser suficiente- ¡Tu padre te ama Draco, te está esperando!
El dragón pareció enfurecer aun más de repente y comenzó a lanzar fuego a diestra y siniestra sin apuntar a nada exactamente, pronto la cueva se calentó y Harry comenzó a sentir mucho calor, pero intuyó que el sentimiento que representaba ese aroma era demasiado nostálgico para Draco.
- ¡Vamos Draco, no temas recordar, regresa!
Pero parecía que lo que en realidad pretendía el dragón, era borrar el aroma con su fuego y al poco rato lo logró… rocas derretidas, troncos quemados… y del aroma de Lucius no quedaba nada.
Pero lejos de desanimarlo, eso animó a Harry, pues era una señal de que los sentidos del dragón aún estaban conectados con los de Draco.
-Pequeño cobarde… -masculló con la frente perlada de sudor- pero todavía no acabo contigo.
Metió la mano en su morral y sacó otro huevo, esta vez de color rosa e hizo lo mismo que con los otros; esta vez, el aroma del perfume de Narcisa comenzó a sobresalir por entre el humo de los troncos quemados… de nuevo el dragón se quedó quieto al percibir el aroma, pero esta vez no comenzó a lanzar fuego, lo que hizo fue comenzar a gemir.
Harry se sorprendió, nunca había oído a un dragón hacer eso, pero esos gemidos eran realmente dolorosos, Draco sacudía su cabeza y de pronto comenzó a estrellarla contra las paredes de la caverna.
- ¡No!... ¡no, no espera!...
Afuera solo podían oír los golpes que retumbaban en las cercanías, el humo salir, lo fuertes bramidos… pero no tenían idea de lo que pasaba dentro de la caverna y no podían ver nada pues solo era accesible por medio de una escoba.
-Dios mío… -susurró Narcisa cubriendo su rostro con las manos.
Lucius solo la abrazó mientras miraba la luna, faltaban solo unas horas para el amanecer y el tiempo pasaba rápido o al menos eso le parecía.
La sangre no tardó en brotar de la cabeza del dragón y Harry estaba asustado, temía que Draco se lastimara de gravedad, así que metió la mano y sacó otro huevo, pero esta vez no se lo estrelló en la cabeza, este huevo funcionaba diferente; lo lanzó con fuerza hacia arriba, sacó su varita y con un hechizo lo hizo permanecer en el aire, entonces se abrió y usando un mecanismo igual al huevo dorado del torneo de los tres magos, el huevo comenzó a sonar… y lo que el huevo dejó oír fue la suave voz de Narcisa cantando una canción de cuna.
El dragón se quedó quieto, como si lo hubieran congelado.
-Eso es Draco… es tu mamá… la madre que espera que regreses… la madre que te ama sobre todas las cosas, la que te cuida, la que escucha…
El dragón caminó lento, con las alas abatidas y la cabeza gacha.
-Draco, escucha mi voz Draco, tú puedes entenderme, tú puedes… -un fuerte bramido lo hizo aferrarse de nuevo con fuerza, pero esta vez no pudo sujetarse bien y cayó al suelo; quedó un poco aturdido por el golpe, pero en cuestión de segundos se recuperó y se alejó para no ser aplastado por las patas, sin embargo, esta vez ya no hubo golpes ni fuego; el dragón volvió a quedarse quieto mientras la canción de cuna se repetía una y otra vez.
El rostro de un dragón no era precisamente expresivo, pero esos ojos dorados reflejaban lo suficiente y Harry pudo ver el conflicto en ellos… reflejaban dolor, pero al mismo tiempo anhelo…
- ¡Tú quieres regresar, vamos Draco, regresa!
El dragón miró a Harry y este temió ser rostizado pues estaba a solo unos cuantos metros de distancia sin ninguna roca en la cual ocultarse, pero también confiaba en la evidente lucha interna que se estaba llevando a cabo dentro del dragón.
- ¡Tus padres te aman y puedes ayudar a mucha gente!... ¡regresa y lo verás!
Draco permaneció quieto unos largos minutos, mirando hacia el huevo, entonces abrió el hocico y con una ráfaga de fuego lo destruyó.
Harry quedó congelado y descorazonado, pero lo que hizo Draco a continuación lo confundió más.
- ¿Qué sucede? -susurró al verlo mirar la caverna de arriba abajo y comenzar a caminar torpemente, como si de pronto hubiese olvidado como hacerlo- ¡Por Dios, si!... ¡Draco, Draco mírame!
Como un pájaro salvaje reacciona en una jaula, así el dragón plateado comenzó a aletear y a provocar polvareda en la caverna.
- ¡Draco tranquilo, todo estará bien!
Pero el dragón no reaccionaba, seguía aleteando y caminando como enloquecido, por lo que Harry tuvo que correr y cuando se hubo alejado a una distancia prudente, metió la mano en su morral y sacó el ultimo huevo… un huevo de color rojo.
-Muy bien… aquí vamos… -con su varita acercó el huevo lo más que pudo al dragón y lo hizo estallar; al instante la caverna comenzó a llenarse de otro aroma nuevamente, pero esta vez de Harry; él reconoció su loción al instante, era un toque de musgo de roble, lavanda y cedro… se quedó expectante a ver que sucedía, vio al dragón levantar la cabeza y luego detener su locura poco a poco hasta quedarse quieto, fue entonces que Harry gritó:
- ¡Draco! –y el dragón volteó.
Comenzó a acercarse levantando las manos mientras el polvo a su alrededor comenzaba a asentarse.
- ¡Draco mírame!... ¡estoy aquí, soy Harry!
El dragón permanecía quieto, espeluznantemente quieto, aun así, Harry fue acercándose poco a poco hasta quedar a unos cinco metros frente a él.
- ¡Todo está bien! -pero entonces el dragón se agito de nuevo- ¡Tranquilo, tranquilo!... todo estará bien -continuó levantando las manos y dando unos pasos hacia adelante- no te asustes… ya te tengo, ya te tengo…
Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho y su frente escurría de sudor al tener tan cerca al dragón, que lo miraba fijamente.
-Estoy aquí… Draco estoy aquí y ya te tengo…
Entonces el dragón ladeó la cabeza como un enorme gato y soltó un gruñido que desprendió unas volutas de hum que lo hizo toser, pero después de recomponerse, se atrevió a acercarse más, extender la mano y finalmente tocar la mandíbula.
Se maravilló al poder ver tan de cerca un dragón, pues no era lo mismo cuidarlos en la reserva, que tener a uno que lo miraba fijamente a un palmo de distancia sin que ya estuviese abriendo el hocico para comérselo o rostizarlo… sintió la piel dura y escamosa y entonces sonrió.
-Eres hermoso…
Los ojos dorados no lo perdían de vista, sus fosas nasales ensanchándose captando su olor… entonces las pupilas elípticas se dilataron y lanzó un bufido… movió la cabeza mirando hacia arriba y hacia los lados, como reconociendo todo.
-Ya todo está bien, no tengas miedo Draco, yo estoy aquí…
Draco ladeó la cabeza y le dio un empujón que lo mando al suelo.
- ¡Oye!...
Luego comenzó a caminar a su nido y ante la azorada mirada de Harry lanzó un fuerte bramido que cimbró las paredes asustando al domador, pues el dragón comenzó a aletear y a dar tumbos como si estuviera herido.
Harry se levantó de prisa sin poder acercarse a riesgo de ser aplastado.
- ¡Draco!
Con un último bramido que pareció de dolor, se desplomó encima de su nido, lo que hizo a Harry correr hacia ahí y ante sus ojos, el dragón pareció comenzar a encogerse, a replegarse sobre sí mismo mientras desprendía un calor abrazador que lo hizo sudar y alejarse un poco, al cabo de unos minutos un chico desnudo e inconsciente fue lo que quedó.
Con una gran sonrisa Harry se apresuró a bajar al nido, pero cuando llegó a Draco, su piel ardiente lo detuvo por un instante.
- ¡Uff quemas!
Pronto lo tuvo entre sus brazos, intentando despertarlo.
-Draco, Draco abre los ojos…
Y Draco lo hizo dejando ver que sus ojos aun no eran grises sino dorados… aún conservaba sus ojos de dragón.
-Todo está bien -susurró Harry sonriendo.
Recargado en el pecho del auror, Draco también sonrió y extendió su mano tocándole la mejilla, todo iba pintando muy bien hasta que esa mano llegó hasta el cabello de Harry y la cerró con fuerza.
- ¡Ah!
En un movimiento totalmente inesperado, Draco se enderezó y puso a Harry de espaldas al suelo, se le montó encima y le inmovilizó las manos sujetándoselas a cada lado de la cabeza, no decía nada, solo lo miraba.
- ¡Hey!... ¿Qué sucede? -preguntó Harry sin luchar.
Pero Draco no respondía, solo lo miraba, luego acercó su rostro al de Harry para luego ir a su cuello, pero no hacía nada, era somo si solo lo olfateara, incluso olfateo su pecho y su cabello para luego volver a mirarlo a la cara.
Harry estaba fascinado, las pupilas elípticas de Draco se ensanchaban y adelgazaban en cuestión de un segundo haciendo imposible intuir siquiera que estaba sintiendo, así que simplemente lo dejó hacer; entonces Draco soltó sus manos, pero solo para tomar su cazadora por las solapas y abrirla de un golpe reventando los botones rasgando en el proceso su camiseta también.
- ¿¡Qué dem…?! -exclamó, pero no pudo terminar la frase, pues la boca de Draco chocó con la suya.
Fue un beso salvaje que le obligó a abrir la boca, pero la sorpresa solo le duró un momento antes de que empezara a disfrutar ese beso; cuando Draco se separó Harry sintió los labios doloridos, pero colocando sus manos en los muslos del rubio que reposaban a sus costados, se dio el chance de recorrerlos de arriba abajo.
Draco sonrió, seguía sin hablar y Harry estaba intrigado, pero entonces las manos de Draco se fueron a su pantalón donde comenzaron a batallar con su cinturón queriendo romperlo como había hecho con su cazadora.
- ¡Hey, hey, espera! -dijo esta vez Harry tomándole las muñecas- ¿Qué buscas con todo esto, porque no me hablas?
Draco frunció el ceño, al perecer no por la pregunta sino por verse interrumpido, así que se soltó y retomó su misión de romper el pantalón de Harry, quien volvió a intentar detenerlo provocando todo esto un manoteo entre los dos.
Las pupilas doradas se hicieron casi una rendija mientras fruncía el ceño de nuevo, pero Harry no se amedrentó en lo más mínimo, así que cuando Draco volvió a intentar romperle el pantalón Harry comenzó a reír.
-Así que quieres jugar rudo ¿eh? -y en un movimiento brusco, tomó a Draco de los brazos arrojándolo al suelo invirtiendo posiciones haciendo que Draco lo mirara sorprendido- pero se te olvida una cosa.
Draco forcejó intentando liberar sus muñecas del fuerte agarre mientras Harry apretaba más diciendo:
-Aquí el domador soy yo.
