Capítulo VII

Noticias

- ¿Por qué la miras tanto? - le preguntó - si mal no recuerdo dijiste que estabas loco por las morenas - le recordó

- Y lo estoy - se defendió - eres la única rubia a la cual amo - le dijo besando su frente

Rapunzel estaba junto a su esposo e hija en una de las terrazas de su palacio, ambos estaban sentados en una de las bancas de piedra del lugar, Rapunzel observaba a Mérida y Runa a la distancia, mientras Eugene cargaba a su hija entre sus brazos.

- ¿No te agrada? - le preguntó

- Si me agrada, es muy divertida y más civilizada que Mérida - comentó haciéndola reír

- ¿Entonces?

- No lo sé, me resulta familiar

- ¿Sigues con eso? Llevas años diciendolo, si se conocieran Runa ya lo hubiese dicho, ella no te ha visto antes - negó - quizás solo se parezca a una vieja conquista tuya - le picó

- ¿Vieja conquista? Yo no sé lo que es eso - se desentendió

- Mh, yo creo que lo sabes muy bien - comentó divertida, fingiendo estar molesta

- Podrías no hablar de tus celos frente a nuestra hija - le preguntó mientras tapaba con una de sus manos la cabecita de esta - no quiero que mortifique a mi futuro yerno con estas preguntas

- ¿De qué celos me estás hablando? - se carcajeo - nadie está celoso aquí

Un cómodo silencio se coló entre ambos, disfrutaban de las tardes junto al otro, desde el nacimiento de su hija y los nervios por la inminente amenaza no habían podido pasar el suficiente tiempo en familia.

- Así que, una boda ¿Verdad?

- Eugene - le gritó entre susurros - no digas nada sobre esto con ella cerca de nosotros - le reprendió

- Han pasado cinco días, ya debería empezar a asumir lo que pasará

- No está lista

- ¿Y cuándo lo estará? ¿El día de la boda?

- Ya hablamos de esto, es un venado, no podemos espantar a la dulce venado

- Esa mujer es un oso salvaje, no un indefenso venado

- ¡Eugene! - le reprendió nuevamente - no es un oso, tan solo es algo brusca

- Salvaje - le corrigió

- Oso o venado, no podemos llegar y apuntarla

- No somos cazadores - negó divertido

- Pero pensara que lo somos si empezamos a bombardearla con preguntas

- ¡Disparemos algunas balas! - exclamó en voz baja - no va a morir por unas cuantas preguntas

- Ahora tu hablas sobre la muerte frente a nuestra hija - le reclamó tapando los oidos de la bebé

- No entiende nada - negó esbozando una amplia sonrisa - solo lo dije para que admitieras tus celos - agregó soltando una risa por lo bajo, luego dijo en un tono más serio - ¿No sabes nada más?

- Solo lo que te he contado, no ha querido decirnos nada más. Runa dice que es un buen hombre, muy respetuoso. También dice que irán a visitar su reino, al parecer a Mérida no le desagrada del todo pasar tiempo con él

- Pero ella ama a Hiccup ¿Le dijiste que él también la ama y que ella lo ama también? ¡No pueden negar eso! - preguntó entre cerrando los ojos, escrutando cualquier reacción que su esposa pudiera manifestar

- No puedo decírlo yo, no me corresponde - se defendió - es algo que ellos deben resolver

- No me agrada todo esto - murmuró molesto

- A mí tampoco me agrada - admitió

- Quisiera hacer algo más

- Yo también

Los días habían pasado desde la llegada de Mérida y Runa en el reino de Corona, habían ido a ayudar a Rapunzel e Eugene con la nueva bebé, ambas con experiencias en el tema, la primera con sus hermanos en su infancia, y la segunda cuidando a los niños del pueblo, eso les habia alivianado bastante la carga a los reyes que llevaban poco menos de un mes en esa nueva etapa de sus vidas. Pero con el pasar de los días y la renuencia de la princesa en decir algo más sobre su compromiso, los reyes de Corona habían comenzado a intuir que esta buscaba evitar a toda costa cualquier cosa que le recordara sus decisiones y responsabilidades, para Mérida era más fácil resolver la vida de los demás.

Un pequeño escape de su realidad.

Aúnque su viaje hasta tierras lejanas estaba a pocos días de iniciar, ignorarlo era lo que necesitaba hacer en ese momento. Pero contrario a lo que Mérida deseaba, su mente no era más que un lío de problemas y en su corazón dolía cada decisión que había tomado hasta ese momento, incluso las que no había tomado. Mérida no deseaba casarse, no quería perder su libertad, tampoco le urgía ser reina, pero si debía hacerlo anhelaba que fuera junto a Hiccup.

Pero ella no era la dueña de su libertad.

Y la vida había comenzado a avanzar más rápido de lo que ella esperaba, el tiempo había comenzado a afectar a los demás, tenía deberes y responsabilidades y nadie más podía hacer las cosas por ella, su madre comenzó a presionar, su padre ya no era el mismo, los clanes estaban cambiando, el mundo se estaba expandiendo y ya nada era como años atrás, cuando podía salir a cabalgar junto al viento hasta lo alto de las montañas. Hans le daba estabilidad, la rescataba de todos esos problemas que estaban en su camino y le ayudaba a olvidar. De todas formas, a quien ella realmente amaba, amaba a alguien más.

- ¿Se divierten ahí sentados? - les gritó Mérida, estaba cansada de tanto pensar

- ¿Y tú te diviertes ahí parada? - le devolvió Eugene

- Estoy admirando la vista, es recreativo - le instruyó, pero el silencio fue la primera respuesta

- ¿Quién te hizo esto? - le preguntó escéptico, desconociendo a la colorina. Mérida rodó los ojos

- Las costumbres se pegan - rió Runa

- Espero que lo digas porque estás mirando el reino conmigo - le apuntó Mérida

- No pensé en nada más ¿Tu si?

- Oh, guarden silencio - se quejó antes de darles la espalda nuevamente

- ¡Vamos, Mer, no fue en serio! - exclamó Rapunzel sonriente - No te enojes

- ¿Quieren ir a cabalgar? - preguntó volteando nuevamente a verlo - hace mucho no lo hago

- La verdad me gustaría descansar - respondió Rapunzel, Mérida tan solo se volteo nuevamente - Mer - le llamo sin obtener respuesta - no seas terca

- ¿Por qué no van solas? - les alentó Flynn llamando nuevamente la atención de Mérida - Supongo que no esperan que yo vaya con ustedes - les sonrió

- ¿Es en serio? - preguntó emocionada

- ¿No les molesta? - preguntó la rubia

- Claro que no, Runa, pueden salir a recorrer el bosque alrededor del reino, hay un pequeño río cerca de aquí - le alentó Rapunzel - Así nosotros podemos descansar junto a la bebé, la verdad es que no nos deja dormir por las noches - confesó dejando escapar una leve risa

- Vengan, las llevo a los establos - les ofreció Eugene entregándo a Holly a su madre - tengo en mente el caballo ideal para esto - negó con una enorme sonrisa en el rostro poniéndose en pie

Los tres entraron al palacio para descender hasta los establos, Eugene les iba explicando mientras tanto los caballos que les iba a prestar, Mérida trataba de tomarle atención, pero su mente estaba repartida en otros asuntos más importantes, evitando que escuchará algo más que un zumbido. En cambio Runa tomaba total atención sobre quienes eran Maximus y Alfa, los caballos que iban a montar.

- Bien, como ven este de aquí es Maximus, un galán ¿Eh? - dijo apuntando hacia el caballo blanco mientras se apoyaba en la puerta del establo - y ese otro es Alfa - apuntó a uno azabache - todo un campeón - sonrió mientras los observaba - son unas amigas muchachos, ya las conocen

- ¿Permitiras que montemos sus caballos? - le preguntó Mérida incrédula

- Bueno, hace un momento pensaba que era una buena idea, ahora me haces dudar - comentó en plan de broma - Estarán bien, quienes me preocupan son ustedes - negó sonriendo

- No sabes con quién hablas, aprendí a cabalgar antes de gatear - le espetó haciéndolo a un lado para entrar, Flynn rodó los ojos

- Eres desagradable, pero seguramente le agradaras - masculló entre dientes

Mérida se acercó cautelosamente hasta Maximus al mismo tiempo que Runa la imitaba con Alfa, en pocos minutos ya se habían afianzando y preparaban a los equinos para montar.

- ¿No te robaras a mi caballo? - le interrogó una vez estuvieron lista para salir

- ¿Por quién me tomas? Tu eres el de los antecedentes - replicó, Eugene negó

- Reconozco a los de mi clase, colega - Mérida rodó los ojos ante tal afirmación

- No en esta vida - murmuró antes de ponerse a marchar

- Nos vemos luego - se despidió Runa antes de seguirla

- ¡No se vayan a perder! - exclamó Eugene mientras se alejaban

Los cascos contra los adoquines resonaban en los oidos de la colorina devolviéndole algo de paz, la sangre volvía a correr por sus venas haciéndola sentir viva, en unos instantes había dejado a la gente y el pueblo atrás, había cruzado las puertas y el puente hasta llegar más allá de los árboles del lugar, el viento chocaba en su rostro y alborotaba sus cabellos, aún así no podía parar de sonreír y carcajear. Se sentía libre.

- ¡Hey, espérame! - le gritaba Runa metros más atrás, sus cabellos levemente ondulados golpeaban su rostro mientras trataba he llamar la atención de la otra - ¡Mérida!

- ¡Alto, bonito! - detuvo a Maximus jalando su correa con suavidad - ¿Qué sucede, no puedes seguirme el paso? - gritó hacia Runa mientras sonreía agitada, como si ella misma hubiese corrido esa distancia - ¡Quiero llegar al río!

- Y lo haremos - respondió una vez se detuvo a su lado - solo no a la velocidad de la luz - bromeó soltando una risa

- Extrañaba cabalgar así - admitió - es casi perfecto

- ¿Casi perfecto? - preguntó analizando las palabras de la otra - tienes razón - concordó - faltan las flechas

- Por eso mismo eres mi amiga - celebró

- Somos amigas porque soy la única persona que te soporta y seguramente es porque soy la única que lleva menos años conviviendo contigo - se mofó

- Hans también me soporta - se defendió

- Eso argumenta mi punto - negó con la cabeza soltando una carcajada

- Vamos al río - dijo aguantando reír junto a su Runa, pero poco a poco se fue contagiando hasta romper en risas

- Te agrada este Hans - dijo una vez las risas se calmaron, la colorina dejó de reír para observarla con prudencia

- Me hace sentir bien - admitió - no tengo que esperar a saber qué es lo que siente, él me lo hace saber - le confío

- Y ¿Tu le has hecho saber lo que sientes? - preguntó con suavidad a lo que Mérida calló

- Podríamos volver a buscar los arcos y algunas flechas, aún no se pone el sol, tenemos tiempo - dijo una vez pensó las palabras de su amiga, preparándose junto con Maximus para volver

- Yo iré por ellos - la detuvo Runa

- ¿Qué? - le preguntó haciéndose la que no había entendido

- Que te quedes aquí y yo los iré a buscar - le aclaró - te hace falta algo de esto, aún es de día, no pasa nada

- ¿Puedo ir hasta el río? - le sonrió

- No te alejes tanto

- No lo haré, eres increíble - le agradeció antes de volver a cabalgar

Runa la observó marcharse mientras negaba con la cabeza sonriente, le encantaba el espíritu libre de Mérida, la había visto apagarse y opacarse durante esos meses y sentía que por primera vez ella volvía a encontrarse una vez más. Miró hacia el cielo poniendo sus manos frente a su rostro, calculando con sus dedos el tiempo que le quedaba antes del atardecer, una vez se aseguró de que fuese suficiente comenzó a marchar devuelta al castillo.

Mérida, en cambio, continuó su camino hacia el rio, disfrutando cada segundo en que se sentía flotar por el viento, cerró sus ojos un instante para sentir la brisa helada chocar contra sus mejillas y entrar hasta sus pulmones, luego se detuvo al escuchar el sonido del agua llevar las piedras junto a la corriente.

- ¿Qué haces aquí? - le sonrió una vez lo vio al otro lado del río, Maximus se removía incómodo en su lugar mientras esta trataba de calmarlo

- Pensé que habíamos quedado en vernos aquí hace unas semanas atrás - le dijo extrañado, sin perder su característica sonrisa

-¿Cuando llegaste? - preguntó ahora sin parar de sonreír mientras se bajaba del caballo sin dejar de acariciarlo

- Recién. Te vi cabalgar desde ahí arriba - admitió apuntando hacia el cielo - Chimuelo te extrañaba

- ¿Si? Yo también lo extrañe - respondió alzando la voz - crucen el río ¿Qué esperan?

Una vez Mérida pudo calmar a Maximus es que pudo acercarse al par que la esperaba un poco más allá, dándole la distancia necesaria a ella con el nervioso animal.

- Tranquilo, bonito, son amigos - lo acariciaba - solo es Hiccup - le recordó en un susurró - y él es Chimuelo

Maximus relinchó con suavidad, soltando más aire que sonido, luego se alejó con paso calmo hasta la orilla del río para bebér algo de agua.

- ¿Impactado? - preguntó Hiccup una vez que Mérida se acercó

- Si, no es fácil para él ver una lagartija gigante volar sobre un dragon, sin ofender - bromeó - Oh, hola Chimuelo

- Si, no extrañe eso - negó sonriendo

- Ah, eso quiere decir que extrañaste algo

- Eh... Yo... - titubeó - en realidad vine a otra cosa - admitió, Mérida lo observó con curiosidad

Hiccup había pensado bastante en ello, lo había hecho durante días, durante semanas, meses y más, y se había frenado, durante bastante tiempo lo había hecho, preso de la culpa y la lealtad, una lealtad que jamás había quebrantado y jamás lo haría.

Astrid ya se había ido.

El vikingo inhaló con profundidad, estaba nervioso, esperanzado, todo era más difícil de lo que podía recordar, volvía a sentirse como un prepuber hormonal una vez más.

- ¿Si? ¿Y a qué vinieron por aquí? ¿Sigues buscando a tu esposa? - preguntó tratando de mantener la misma expresión

- Si, no, digo si... - respondió confundido mientras negaba rapidamente - ¿Qué me está pasando? - susurró para si mismo

- ¿Entonces que te trae por acá? - preguntó una vez más

- Llévame a las cataratas de fuego - le pidió repentinamente, sucumbiendo ante las ansias

- ¿Qué? - preguntó atónita - ¿Quieres que te lleve hasta allá?

- Si, llévame a escalar a Crone's Tooth, llegaremos en un instante si usamos la esfera - le ofreció, Mérida rió incrédula

- ¿Quieres ir ahora? ¿Estás bromeando? - negó entre risas

- Si, vamos ahora ¿Qué te detiene? - le sonrió invitando a aceptar

- ¿Qué me detiene? Tengo a Maximus a mi cargo y Runa debe estar por volver - le informó, Hiccup miró tras ella al mencionado animal, luego volvió a centrarse en los celestes irises de la princesa - no puedo desaparecer sin más

- Dejales una nota, él se ve inteligente, seguro sabra volver con ella - propuso como solución apuntando con un gesto de cabeza hacia Maximus

Mérida negó divertida, aún no sabía porqué pero Hiccup la hacia sentirse en los aires cada vez que le hablaba, a su lado no necesitaba volar, ya se sentía en los cielos.

La colorina reía a sus espaldas mientras surcaban por los cielos, le gustaba cuando viajaba junto al castaño hasta sus tierras, no deseaba hacerlo con nadie más. Aspiro con profundidad el aroma que desprendía el cabello de este, podía sentir la mezcla de sudor y humo llenando sus narices, un aroma que nunca pensó amar.

- ¿Qué es eso? - le preguntó Hiccup haciéndola reaccionar

Mérida miró sobre el hombro del jinete notando la flota de barcos refinados arribando en el muelle de su reino. Ahogó una mueca antes de responder.

- Son familiares - mintió sin pensar

- ¿Esperas que me lo crea? - contrarrestó entre risas - esos barcos parecen de papel, ni remotamente son de tu familia. Anda, ya dime ¿Es Heinz? Va en serio ese príncipe

- Solo déjame en la torre y vete - murmuró contra su espalda, demasiado despacio para ser escuchada

- ¿Qué dijiste? - le preguntó - no te escucho, habla más fuerte

- Que me dejen en la torre y se vayan - repitió alzando la voz sobre el viento

- ¿Me estás echando? - dramatizó mientras Chimuelo comenzaba a descender sobre la torre - Justo cuando quería conocer tu mágica cascada - Mérida rodó los ojos

- Por favor, no dramatices, no es mi culpa que no la conozcas - se defendió mientras este se bajaba del dragón

- ¿Qué quieres decir? - preguntó frunciendo levemente el entrecejo

- Que siempre te vas, nunca pasas más de cinco minutos en este lugar - le reprochó mientras este le ayudaba a descender - siempre tienes una excusa para irte - agregó mientras se acomodaba su vestido

- ¿Ahora quien dramatiza? Si mal no recuerdo tu me estabas echando hace un momento - se defendió

- Yo no estoy dramatizando, apenas conoces a mis padres - le señaló - Yo conozco a tu madre, conozco a los de Rapunzel y tú también, vas a Arendelle y te paseas por Corona, pero no eres capaz de quedarte aqui ni un minuto más de lo necesario

- ¿Y me puedo quedar ahora? - le preguntó con seriedad, Mérida guardó silencio, luego negó antes de responder

- Ahora no - negó mirando hacia el suelo

- Está bien... - respondió siendo interrumpidos por Mérida antes de decir algo más

- Me voy a casar - admitió en un hilillo de voz

Hiccup se quedó en silencio, no hizo nada más que observarla con detalle, buscando alguna mueca en su rostro que delatara alguna broma, pero está nunca llegó. Inhaló con profundidad una vez sus pulmones le recordaron que debía respirar.

- ¿Qué? - preguntó incrédulo

- Me voy a casar - repitió nuevamente levantando su mirada, encontrandose con los verdes del otro - me lo propuso y acepté

- ¿Te vas a casar? - repitió aún escéptico

- Seguramente por eso está aquí, debe estar viendo los detalles de la boda - le explicó

- ¿Cuando? ¿Cuando va a hacer?

- En un mes más - admitió, luego desvío la mirada adolorida

- ¿Te hace feliz?

Mérida volvió la mirada hacia él abruptamente ante la pregunta, luego la bajó hasta observar sus pies. El silencio duró unos segundos, más Hiccup sintió que fue la eternidad.

- Tienes que irte Hiccup, y yo debo de entrar - respondió únicamente - nos vemos luego - murmuró alejándose hasta la puerta de la torre, antes de entrar le dedicó una ultima mirada - espero que lleguen bien a casa - les deseó desapareciendo por el portal

Hiccup se quedó quieto en su sitio por unos minutos, hasta sentir a Chimuelo empujarlo suavemente con su cabeza buscando llamar su atención, el jinete suspiró sonoramente para luego acariciar su frente.

- No salió como esperábamos, amigo - respondió en un susurró para luego montar sobre él - volvamos a casa

Mientras tanto, en Arendelle, el anochecer se cernía sobre el pueblo cubriendo cada rincón de este, sus habitantes permanecían en sus casas, disfrutando la frescura de las noches de verano, las calles estaban levemente pobladas y en el castillo las almas aún estaban despiertas, en el salon de juegos estaba Anna, Kristoff, la pequeña Elsa, Jack y Sven, jugando uno de los tradicionales juegos familiares. El reno sostenía la canasta con varios papelitos doblados en los cuales habían diferentes acciones y palabras para realizar, el marcador estaba reñido, los reyes iban perdiendo con 7 puntos contra los 8 puntos de la princesa y el guardian, un último juego lo decidiría todo.

- Bien, ahora es mi turno de adivinar - sonrió Anna eufórica mientras empujaba a su esposo para ponerlo en pie - date prisa Kristoff

- ¿Estás segura, Anna? Es el último juego, podrías hacerlo tu - le sugirió

- ¿Bromeas? Los he hecho todos yo, ahora es tu turno - le dijo mientras se levantaba de su lugar para ponerse frente de él y lo alaba de las manos

- ¿Qué pasa Kristoff? ¿Por qué no quieres dejar que Anna adivine? - preguntó Jack divertido

- Si, papá, ¿Porqué mamá no puede adivinar? - le preguntó Elsa

- ¡No se pongan en contra mia! - les reprochó - Bien, yo lo haré - suspiró para luego ponerse en pie

- Yo veré el tiempo - dijo Elsa tomando el reloj de arena de la mesa, preparada para iniciarlo - tu dime, papi

Kristoff se acercó hasta a Sven para sacar un papel de la canasta, lo abrió rápidamente y luego suspiró.

- Bien, ahora princesa - le avisó a su hija

Elsa giró el reloj poniéndolo sobre la mesa, la arena empezó a caer lentamente dando inicio al tiempo, Anna puso toda su atención en su esposo, preparada para responder cualquier pequeña idea que cruzara por su mente, mientras el rubio comenzó a levantar sus manos sobre su cabeza y a bajarlas una a cada lado de su cuerpo creando un arco, haciendo pequeños gestos con su rostro ante las respuestas incorrectas de su esposa.

- ¡Sol, circulo, arco, puente! - decía con rapidez mientras el otro negaba, a su lado Jack y Elsa reían descaradamente - ¡Estadio, pelota, gol! - Kristoff comenzó a imitar una falsa lluvia falsa - ¡Fuego, nieve, lluvia de pelotas! - exclamó poniéndose en pie

- ¡Tiempo! - exclamó Jack entre carcajadas

- ¿Lluvia de pelotas? - inquirió Kristoff hacia Anna, está se encogió de hombros

- ¡No se me ocurrió nada más! - se defendió - ¿Que se supone que era?

- Un arcoiris, mamá - respondió Elsa saltando hasta donde ella, Anna la tomó en sus brazos

- ¿Un arcoiris? ¿Cómo se supone que supiera eso?

- Bien, nuevamente Elsa y yo somos los ganadores - sonrió Jack poniendo sus brazos tras su cabeza - somos el equipo de ensueño - presumió chocando el puño con la pequeña

- Juguemos una más - pidió con un leve puchero

- No princesa, ya es muy tarde y debes de dormir - le dijo su padre tomándola de los brazos de Anna

- Vamos, papi, un juego más, por favor - rogó pestañando con rapidez

- Si, papi, un juego más - repitió Jack acercándo su cabeza junto a la de Elsa , Kristoff negó conteniendo una sonrisa

- Por más que me guste ser derrotado por ustedes, ya es muy tarde y está pequeñita tiene que ir a soñar

- Oh, vamos, Kristoff. Hagamos una ronda de chicos contra chicas, seguramente ganaremos

Kristoff pareció sopesar la propuesta de Jack, para después negar una vez más.

- Por más que me gustaría ser el ganador contra mi esposa, ya es muy tarde y lo más sano para mí matrimonio es que está doncella se vaya a dormir - respondió mientras se alejaba junto a su hija en sus brazos, haciendo como si ella pudiera volar - Despídete Elsa

- Buenas noches mami, buenas noches tío Jack - canturreo entre risas agitando su mano - hasta mañana - dijo antes de que salieran por la puerta seguidos por Sven

- Buenas noches - dijeron Anna y Jack al unisono

- Tu hija es maravillosa - le dijo Jack una vez a solas

- Lo sé, es gracias a mis genes - dijo con una enorme sonrisa orgullosa

- Si - alargó la palabra - como digas

- Pensé que no vendrías hoy - comentó Anna mientras recogía los papeles del suelo

- No me perdería una noche de viernes con ustedes por nada - respondió agachándose junto a ella para ayudarla

- Pero faltaste los dos últimos viernes - murmuró sin querer presionarlo, Jack suspiró

- Lo lamento, estuve algo ocupado con los guardianes, ya sabes, buscando la tonta planta - se escusó

- ¿Si? ¿Cómo van con eso? ¿La encontraron, ya no hay amenaza? - preguntó ansiosa mientras recogía el último pedazo de papel

- No - negó sentándose en el suelo, posando uno de sus brazos sobre su rodilla levantada - pero quédate tranquila, está todo bajo control - trató de calmarla

- ¿Estás seguro Jack? - inquirió acomodándose en el suelo

- Si, Emily Jane ya no necesita que la busquemos - le aseguró - te dije que era volátil - le sonrió cálidamente

- Gracias - le dijo con sinceridad - temía por Elsa - admitió - no soportaría perderla como a su tía, no a mí Elsa - confesó afligida

- Tranquila Anna, nunca dejaríamos que nada les pasara, no lo permitiría - le aseguró

- Eso me recuerda - interrumpió mientras se ponía en pie - tengo unas cartas que entregarte, son tres, una por cada viernes que no estuviste, incluído hoy - comentó acercándose hasta un escritorio

- Hoy si vine - le recordó

- Pero los últimos dos no - sonrió entregandoselas, Jack las miró duditativo para luego cogerlas y guardarlas en el bolsillo de su sudadera - ¿Sucede algo? - le preguntó preocupada

- Nada, solo no tenía planeado ir hoy para allá - admitió poniéndose en pie

- ¿No? Pero si vas todos los viernes... ¿No le has llevado mis cartas? - preguntó ahora un poco molesta

- Si le llevo tus cartas, Anna - se defendió divertido - solo pensaba no ir está semana - dijo encogiéndose de hombros

- ¿Qué dices? ¿Desde cuándo que no vas? - inquirió

Jack guardó silencio, en su cabeza solo podía recordar la última vez que había estado en el Ahtohallan, casi una semana atrás, el mismo día que hombre de la luna le había mostrado la imagen de Pitch Black, el mismo dia en que había besado a hada. Volver hasta el glaciar solo le recordaba lo que había hecho, lo mal que estaba y que no había podido hablar con su amiga hacia casi una semana.

- Fui hace cinco/seis dias - admitió - tranquila, sigue todo igual, ya te lo había dicho, no permitiré que nada les pase - le aseguró nuevamente posando sus manos en los hombros de Anna

- ¿Todo está bien?

- Si Anna, todo está bien. Voy a ir al Ahtohallan a dejar las cartas y asegurarme que todo está bien, volveré en un par de horas, quédate tranquila

- Está bien - suspiró con tranquilidad - gracias Jack

Después de despedirse Jack salió a paso lento del castillo, casi siempre prefería usar las ventanas, pero está vez utilizó la puerta, decidido en alargar el tiempo, evitando tener que llegar al lugar que consideraba su hogar.

Jack salió del palacio emprendiendo camino hacia los jardines en la parte de atrás del palacio, no había nadie a fuera, pero deseaba estar tranquilo antes de partir hasta el glaciar. Apenas dió vuelta por la esquina del castillo pudo ver ao hada de los dientes esperándolo en la parte de atrás.

- ¿Thoothiana? - preguntó confundido

- Jack - le respondió con suavidad y nerviosismo

- ¿Qué haces aquí?

- Me has evitado durante cinco días, sabía que hoy estarías aquí - admitió avergonzada - necesitó hablar contigo

Jack guardó silencio, imposibilitado de decir algo más. Su estómago se sentía pesado y su garganta apretada, una sensación de nauseas se apoderó de él orillandolo a callar.

- Yo... Es que... - titubeó nervioso - he estado ocupado estos días - se excusó

- ¿Es que ya no quieres hablar conmigo? - le preguntó angustiada, Jack negó rápidamente

- No, hada, no es eso - la consoló mientras se acercaba a ella rápidamente - no pienses eso - le susurró mientras tomaba una de sus mejillas con su mano - solo es que ya no sé cómo hablar contigo ahora

- No quiero perder tu amistad, Jack, no quiero perderte - confesó dejando escapar algunas lágrimas, Jack las limpiaba con sus pulgares cada vez que rodaban por los pomulos de esta

- Nunca dejaría de ser tu amigo, eres mi mejor amiga - le calmó

Thoothiana levantó la mirada hacia los irises azules del guardian, los observó por un instante para luego deshacerse del agarre de este con suavidad, alejándose hasta la orilla del jardín mientras se abrazaba a si misma, estaba adolorida, avergonzada y quebrada, se sentía humillada, buscando a quien no le correspondía, quien ni siquiera había sido capaz de decirle una palabra desde hacia días atrás. Frente de ella el océano oscuro estaba en calma, los barcos se veían en reposo ilumados en medio de la espesura de la noche.

- Tu también eres mi mejor amigo, eso jamás cambiará, pero también te amo y nuestro beso no fue solo un beso para mi, Jack, y necesito saber que fue para ti - dijo con la voz quebrada, Jack se acercó a ella lentamente hasta quedar a su lado

- Aún no sé que sentí con ese beso - admitió, Thoothiana no desvío su mirada del mar

- Lo arruiné todo, ¿No? - musitó

- No, Thoot, no arruinaste nada - le aseguró

- ¿Ya no hablaremos? - inquirió con temor

- Jamás podría dejarte de hablar - le dijo con calidez, Thoot levantó la mirada - Me agradas Thoothiana - le confesó con cariño

- Te amo Jack - susurró con ternura, luego tomó la mano de Jack con temor, pero lejos de lo que pensaba este le correspondió apretándola con suavidad, para luego sonreírle con confianza