Capítulo XXVIII

Lo que es obvio

El silencio era lo único tangible en el ambiente, tan sólido y real que se podía sentir al tacto, agobiante y acusador.

- No es así - respondió él apresuradamente, negando con un gesto de cabeza exagerado - no lo estaba... Está - se corrigió en un carraspeó para luego repetir las mismas palabras con más firmeza y más convencido - no lo está

Pero la princesa conocía lo suficientemente bien las expresiones del otro como para ver más allá de las ambiguas palabras de Hiccup.

- No tienes que decir nada, tampoco es que deba ser de mi incumbencia - dijo ahora arrepentida de haber preguntado

- Y volvemos a tu hostilidad - farfulló

- Que no soy hostil - se defendió

- Y entonces qué se supone que es todo esto - apuntó Hiccup lo que solo provocó la reacción de Mérida, quien se levantó de un brinco molesta, alejándose de la cama y sus hermanos - ¿A dónde vas? - inquirió ahora

- ¿No es obvio? - se quejó - me alejo de ti - agregó luego en un susurro fuerte

- ¿Te estás alejando otra vez? - repitió negando con un gesto nuevamente, poniéndose en pie dispuesto a seguirla - Estás huyendo - le apuntó

- No estoy huyendo, solo me alejo - refutó

- Eso es huir - le corrigió tomándola por su muñeca con un suave agarre, Mérida volteo a darle frente - siempre huyes

- Yo no huyo - afirmó - es solo que aquí están mis hermanos - le recordó echando un leve vistazo sobre el hombro del otro

- Estoy más que seguro que no son capaces de escucharnos, aunque lo intenten - dijo para luego soltar un suspiro - ¿Qué es lo que te sucede? - preguntó en tono calmo, con genuino interés

- ¿No es obvio? - exclamó

- ¿Y qué es lo obvio? - indagó nuevamente, exasperado por las mismas respuestas - ¡Deja de hablar de lo obvio y solo dilo! - Mérida exhaló una queja ininteligible para luego soltar un suspiro furioso - ¿Qué es lo obvio? - presionó una vez más el vikingo

- No debería decírtelo si no eres capaz de verlo por ti mismo - respondió secamente

- Juro que a veces no te entiendo - murmuró rendido, desviando su mirada y pasando una de sus manos por su rostro mientras se tambaleaba a un costado dándole la espalda

- ¿Tu no me entiendes? ¿Tu? - negó con una sonrisa sarcástica - ¡Pero si tú eres el que se está declarando en un momento para al siguiente salir corriendo hacia los brazos de otra mujer!

- Si mal no recuerdo no tuve ni una respuesta por eso - se defendió - entonces porqué te molesta todo esto

- Porque no soy la segunda opción de nadie

- ¿Segunda opción? - negó con una suave sonrisa irónica asomándose - soy yo el que se siente como una segunda opción - musitó dándole un vistazo, Mérida se apoyó en el umbral cruzándose de brazos, entornó la mirada apretando los labios en un gesto roto

- No puedo creer que sientas eso cuando tú eres el que abre portales y vuela a otros lados buscando a su esposa desaparecida - negó incrédula

- ¡Y tú te ibas a casar! - exclamó elevando la voz por primera vez, agarró el puente de su nariz entre sus manos para luego buscar la calma en su interior - pensé que lo entenderías, tu mejor que nadie - dijo luego

- ¿Entender qué? - preguntó en un susurro, aún impactada por la reacción de Hiccup

- El deber

- ¿El deber? - repitió

- Soy un líder - le recordó - y Astrid siempre será parte de mi pueblo, no puedo seguir fallando a mi gente

- ¡Por favor! - exclamó poniendo los ojos en blanco - Eso es solo una excusa ridícula

- Oh, y qué excusa tienes tu respecto a Hans - inquirió con un gesto de incredulidad y dolor, Mérida solo guardó silencio - y por lo que entiendo ni siquiera soy una opción ¿Como puedes reclamarme siquiera?

- ¿Cómo puedo? ¿No lo ves? ¡Pero si es obvio! - exclamó ahora ella elevando la voz y tomando distancia, pero Hiccup no le dió oportunidad de apartarse, tomándola rápidamente por sus brazos

- ¿Y qué es lo obvio? - preguntó con voz queda - dime, qué es lo que no puedo ver

La mirada verde del líder vikingo vibraba anhelante de una respuesta, Mérida, perdida en ella, no tenía fuerzas para pensar, su corazón latía de prisa y en sus brazos quemaba el tacto de Hiccup, lo que la exponía más a lo que venía sintiendo por el todos esos años.

Pero ni una palabra de aquello salió por sus labios.

- Ya deberías saberlo - murmuró como única respuesta - no soy el reemplazo de nada - agregó

- ¿Puedes dejar de decir eso y responder? - pidió mientras suavizaba su agarre y recorría la zona del antebrazo con un suave gesto - porque para mí jamás podrías ser un reemplazo, cuando dije que te amo lo hice enserio, y seguro lo seguiré haciendo, te casarás o no - le aseguró

- Pero fuiste tras ella... - musitó adolorida, Hiccup suspiró exageradamente antes de responder

- ¿Sabes qué es lo único que podía pensar mientras iba en camino? - la princesa negó con un gesto - en cómo le diría a Astrid que ya no podría seguir cumpliendo la promesa que le hice en nuestra boda... En como funcionaría todo ahora después de tanto tiempo - le confesaba sin despegar sus ojos de los de ella - sobre todo no dejaba de pensar en ti y en lo mucho que deseo estar contigo todo el tiempo. Yo... - titubeó apagando su voz a la vez que el eco de las palabras de Elsa retumbaban en su cabeza

"Está confundida"

¿Lo estaba?

Entonces

¿Era lo correcto?

Pero Elsa se equivocaba, por una parte, Hiccup si la conocía, la conocía bastante bien desde un principio, años atrás le había interesado y había aprendido a reconocer varias expresiones de la platinada en el poco tiempo que habían compartido antes de que esta se congelará. Hiccup sabía que la hostilidad en las palabras de Elsa ocultaba una profunda preocupación por la estabilidad emocional de su amiga, y el siempre presente temor a lo desconocido que manifestaba. En el fondo el castaño sabía que la guardiana solo era una buena persona que no sabía expresar sus intenciones.

Y también tenía razon

Hiccup había tenido media década para procesar la ausencia de Astrid, en cambio Mérida solo había tenido un poco más de un día desde la anulación de su compromiso, para adaptarse a su nueva realidad, para procesar la verdad de quién iba a ser su futuro esposo.

De todas formas la princesa había manifestado que el infame principe le agradaba y aquello seguramente seguía fresco y latente. En eso Elsa sí tenía razón, Hiccup no debía perturbar así aún más el mundo de Mérida, no cuando parecía que la propia indecisión del vikingo había orillado a la colorina a llegar hasta esas instancias.

Él había provocado que la princesa corriera a los brazos de alguien más.

- Tu qué - le instó a continuar la colorina

Hiccup sopesó sus siguientes palabras ahogando sus impulsos, las ganas que tenía de abrazarla y hacerle entender que ella era a quien deseaba.

Pero solo negó una vez más con un gesto de cabeza, soltando su agarre y tomando distancia.

- ¿A dónde vas? - inquirió Mérida al ver cómo el otro la rodeaba y cruzaba el umbral - ¿Ahora tu huyes? - le reprochó

- Tenías razón, están tus hermanos - se excusó antes de perderse por los pasillos del castillo

Elsa había vuelto junto a Kristoff antes de que la noche callera, habían tardado un par de horas tal cual lo habían prometido a la reina de Arendelle, aunque lamentablemente no habían llegado con las respuestas que esperaban traer, eso no los desanimaban, buscando lo claro en lo oscuro habían destacado que nadie se había visto perturbado por la maldición que aquejaba a los demás reinos, los trolls no se habían visto alertados por ninguna magia extraña y en el bosque encantado volvía a perdurar la paz que se había visto interrumpida en la ausencia de su guardiana, incluso los sueños habían continuado durante las noches en la gente de la tribu del sol, lo que indicaba que Sandman debía haber pasado por las tierras del fiordo, todo aquello eran indicios que debían celebrar.

- Es perfecta - comentó Elsa desde el umbral de la habitación de su sobrina en un susurro hacia su hermana, Anna volteo suavemente lanzandole una mirada

- Lo es - aceptó agradecida, volviendo su mirada hasta su hija - no sabes cuánto me alegra que la conocieras - agregó con tono suave, genuinamente feliz por lo que significaba sus palabras

- A mi me alegra la oportunidad - aceptó entrando en la habitación

- ¿Conejo ya se fue? - preguntó la cobriza, Elsa asintió - ¿Cómo están las cosas por Corona?

- Todo bien, han escuchado sobre este mal del sueño, pero no se han visto afectados - informó tomando asiento en uno de los sillones del cuarto - han prohibido el ingreso de cualquier extraño, para evitar al responsable o los responsables de esto, Rapunzel piensa que es lo más seguro

- Dentro de todo no son malas noticias - comentó en un susurro desperezandose con cuidado - ¿Y Jack y los demás? - inquirió sentandose en la cama mientras le daba la espalda a su hija que dormía - ¿Conejo dijo algo sobre ellos? - Elsa negó

- Aún no sabe nada sobre ellos o Sandman - respondió sin rodeos - estaremos en contacto, Anna, apenas algo cambie nos lo haremos saber - le aseguró, la aludida tan solo se abrazo así misma

Conejo se había aparecido por Arendelle ya caída la noche, luego de acomodar y asegurar el bienestar de los reyes de corona en sus tierras, es que había decidido pisar con firmeza unas cuantas veces en el suelo hasta que un agujero se abrió en este, para luego desaparecer por aquel vórtice hasta llegar a los dominios de las tierras del fiordo, tal cual lo había dicho en Dunbroch.

Aunque la presencia del guardian no trajo consigo alguna respuesta de lo que estaba sucediendo.

E igual de rápido como había aparecido se había marchado.

- Bueno, por lo menos todo está bien por allá - comentó mientras le lanzaba una mirada cargada de preocupación hasta su hija - de todas formas, pienso quedarme la noche junto a Elsa - agregó refiriéndose a la pequeña - no deseo encontrarme con una sorpresa a la mañana

- Tranquila Anna, solucionaremos esto - trató de consolarla la mayor acercándose hasta la cobriza e incandose hasta su altura, agarrando sus manos entre las propias paralelamente - jamás dejaría que algo te pasará a ti y a los demás, lo prometo - le aseguró a lo que Anna solo suspiró con parsimonia

- Yo... Lo sé, lo sé hermana. Tu has dado todo por nosotros, incluso hasta tu propia existencia. - respondió Anna soltando una de las manos de su hermana para acariciar con suavidad la mejilla de esta - Lamento tanto las cosas que te reproché esta tarde - se disculpo con voz trémula

- No tienes que disculparte por querer cuidar a tu familia, Anna - le repitió con la misma amabilidad con la cual lo había dicho en primer lugar

- Gracias por darme esta oportunidad - le sonrió con nostalgia abrazándola - te extrañé tanto todos estos años - murmuró junto al cabello de la otra

- No tienes nada que agradecer, siempre cuidaré de ti - respondió correspondiendo el abrazo

Porque, para la reina de Arendelle, aún todo era increíble, si bien desde el regreso de su hermana mayor es que todo se había puesto de cabezas, no disminuía ni un apice la indescriptible alegría que le daba volver a verla, solo era un mal trago que debían pasar, un precio justo a su parecer.

Anna podía aguantar el miedo, sabía cómo hacerlo.

- Bueno, suficiente - susurró rompiendo el contacto con suavidad y secándose con sus palmas algunas de las lágrimas que se le habían escapado - no quiero que Elsa despierte y me vea llorar - comentó entre una suave risa, la platinada asintió de acuerdo - hablemos de algo más - propuso volviéndose a acomodar en la cama e invitando a Elsa, la mayor, a sentarse junto a ella

- Cuéntame qué más ha pasado en estos años - le pidió la mayor acomodando su cabeza en el hombro de su hermana - seguramente hay un millón de cosas que me he perdido y aún no me he enterado - argumentó la guardiana - por ejemplo, ahora eres madre Anna, siento que hace tan solo unas semanas le grité a Kristoff por mancillarte - rememoró divertida

- ¿Mancillarme? Oh, vamos, Elsa - rió a carcajadas - estamos casados ¿Qué crees que sucede después de una boda? - se burló con ironía, la mayor solo sonreía disimulando su incomodidad ante la insinuante pregunta - ¿Y le recriminaste? - continuó aún sin parar de reir - ¿Por qué es que me perdí eso? - le reprochó ahora

- No, no no, ahora estamos hablando de lo que yo me he perdido, después será tu turno - negó junto a una tenue sonrisa tratando de mantener el tema - en serio quiero saber cómo fueron estos años, hermana - agregó luego

Anna sonrió ampliamente dándole una ligera mirada a la platinada, para luego soltar con genuina alegría todas las anécdotas y momentos que venían a su cabeza, desde el nacimiento de la princesa hasta la última noche de juego hace varios días atrás, la reina de Arendelle intentaba no escatimar en detalles, ni en historias, ni en momentos, ni en personajes, todos sus amigos eran bienvenidos a su relato y más de algún nombre se repetía por los recuerdos, la mayor solo trataba de no perder su atención de las palabras.

Pero un nombre la obligaba a vagar por sus propios pensamientos

Y sentimientos.

¿Por qué siempre era él quien se repetía?

- Veo que Jack ha pasado mucho tiempo con ustedes - comentó derrepente la platinada, interrumpiendo sin querer otras de las historias que Anna contaba - ¿Siempre es así? - preguntó genuinamente curiosa, ensanchando más aún la sonrisa de la menor

- Oh, ni te imaginas, desde que nació Elsa ha venido cada semana, ella lo quiere mucho - comentó risueña

- ¿Cada semana? - inquirió incrédula, procurando ocultar su impresión - ¿Estás segura, Anna, no estarás exagerando?

- Bueno, quizás faltó unas cuantas veces, no mucho la verdad, a Jack le encanta participar en las noches de juego - se defendió con inocencia, aún muy lejos de entender o ver el interés de Elsa por aquello - tienes que verlo, hacen un equipo genial con Elsa, aunque no sé cómo quedarán las parejas ahora que has vuelto - murmuraba para si misma

- Espera - la detuvo mientras se erguía en su lugar - ¿Qué es lo que estás planeando?

- ¿Planeando? - rió nuevamente - ¿Ahora quien exagera? - negó con un gesto dedicándole una mirada condescendiente - Solo hablo de las noches de juego

- Si, eso lo sé - asintió para luego negar rápidamente contrariada - Pero por qué Jack tendría que seguir viniendo

- ¿Y por qué no podría? - contrarrestó Anna escrutandola con la mirada

- Porque... Es que... - titubeó insegura, desviando sus celestes ojos rehuyendo los azules intensos de la reina

- ¿Lo estás evitando, hermana? - preguntó ahora con tono sugerente, alzando una de sus cejas, Elsa solo negó con la cabeza con ímpetu

- No, claro que no - reafirmó

- ¿Por qué lo estás evitando? - indagó ahora rebosante de curiosidad

- Que no lo estoy evitando - repitió manteniendo la compostura, estirando sus manos sobre las faldas de su vestido buscando alizar los pliegues y arrugas que se formaban

- Claro que lo estás evitando - afirmó Anna aguantando una leve risa - hoy ni siquiera querías hablar sobre él

- Eso fue porque las cosas que tú y Kristoff mencionaban no iban al tema - se defendió

- Y sigues evitando - resolvió encogiéndose de hombros en un gesto burlón - igual que está tarde

- ¿Estás tomándome atención?

- Ahora que lo pienso, tampoco querías que nos acompañara de vuelta al reino - continuó hilando por si misma - y estabas muy a la defensiva, más de lo habitual - murmuraba - ¿Por qué?

- No estaba a la defensiva

- Si, justo así - la apuntó Anna - ¿Pasó algo entre ustedes? - preguntó detallando cada milímetro de su rostro con la mirada - pasó algo entre ustedes - repitió ahora con seguridad, poco a poco Elsa sentía su rostro prender sin disimulo alguno

- No, no ha pasado nada entre nosotros - negó una vez más - ya te lo dije, deben buscar a Sandman, no es nada personal

- Y de nuevo te sonrojas - acotó con travesura, Elsa se levantó de su lugar y caminó con rapidez hasta una de las ventanas de la habitación mientras acariciaba sus mejillas con sus manos heladas - y te vuelves a ocultar - sonrió burlesca Anna

- Es porque estás diciendo cosas impropias - se defendió en un quejido

- ¿Cosas impropias? - se carcajeo con suavidad - no somos unas niñas Elsa, estoy bromeando, actúas como si Jack se te hubiese declarado

Y la sola mención hundió a la platinada nuevamente en el momento en que aquello había pasado. Por un instante Elsa había dejado la calida habitación de su sobrina para estar en la frialdad del glaciar frente a Jack y su sonrisa traviesa, y junto a ellos las mariposas volvían a revolotear.

- ¿Elsa? - la llamo la cobriza aún sentada sobre la orilla de la cama - ¿Elsa? - la llamó una vez más - ¿Por qué tan callada, hermana?

Y aunque no hubo respuesta no faltó nada más, habían muchas razones, aunque ninguna lo suficientemente buena como para explicar, quizás la complicidad entre las hermanas o el mismo silencio inquieto de la mayor, quizás tan solo una unión de las señales previas o la seguridad que solía mostrar el aludido guardian, fuera lo que fuese, la realidad era que Anna ya tenía una noción de lo que pasaba.

O eso esperaba

- ¡Se te declaró! - exclamó asombrada

- ¡Oh, no, no, no! - exclamó volteandose y enfatizando con sus manos, sin contar lo que realmente revelaba su expresión

- ¡Es por eso que lo estás evitando! - continuó sin prestarle atención

- ¡Anna, escúchame, por favor! - le pidió susurrando lo más fuerte posible

- ¡Por fin te lo dijo! - celebró uniendo sus manos

- Anna, en serio ¿Podrías escucharme? - le pidió en una suave súplica

- ¿Cómo te lo dijo? - preguntó ahora con una enorme sonrisa en los labios - ¿Que le dijiste? ¿Se besaron?

- Ya basta, Anna, no grites, podrías despertarla, alguien podría escuchar - la reprendió aún avergonzada, sin saber cómo seguir negando

De todas formas Anna no le creería

- Oh, cálmate, nadie despertará y nadie nos escuchará - dijo quitándole importancia con un gesto de mano - y dime ¿Le correspondiste?

- ¡Por supuesto que no! - respondió en un respingón

- ¿Qué? - inquirió decepcionada - ¿Cómo no?

- Porque no siento lo mismo - negó rápidamente

- ¿Qué no sientes lo mismo? Puff, Elsa - dijo con burla, ahogando una enorme carcajada - ya dime, qué le dijiste - la instó con una sonrisa tomando una de las muchas almohadas de la cama, abrazándola emocionada

Elsa pareció pensar la pregunta, sus mejillas se enrojecieron con mayor fuerza mientras recordaba las expresiones del guardian, su seguridad y la leve burla que se asomaba en sus palabras, su escencia, luego negó con un gesto de cabeza, tratando de disipar el recuerdo y con ello las sensaciones y cosquillas que la agobiaban.

- Nada - dijo al fin - no dije nada

- ¿Cómo que nada? - preguntó desencajada, luego frunció el entrecejo y repitió algo más molesta - ¿Cómo que nada?

- ¿Y qué se supone que dijera? - preguntó retóricamente, pero Anna no lo supo identificar

- No lo sé, hermana, decirle lo que sientes, corresponderle, algo más que "nada" - repuso molesta, a toda velocidad con la misma ímpetu con la cual Elsa le había reclamado a Mérida en su momento

Elsa guardó silencio avergonzada, aún con el rostro caliente, mientras tanto Anna se acomodaba nuevamente junto a su hija. No quería continuar, el tan solo mencionar al guardian la dejaba muda e intentar hilar una idea se le hacía difícil, responder a tantas preguntas era una tortura.

- Pero es que yo no siento lo mismo - repitió buscando zanjar el tema

- Puff - escupió una vez más - ¿Qué no siento lo mismo? Por favor, Elsa, se te nota a millas de distancia - enfatizó con un gesto exagerado de manos, exasperada por la negación de su hermana - hace años también se te notaba, no sé cómo fue que no me dí cuenta, era tan obvio - comentaba poniéndose en pie sin dejar de mover sus manos como si fueran parte de sus palabras - ¡Si pasaban juntos todo el tiempo!

- ¡Eso es absurdo! - se defendió

- ¡Pero mírate, tu eres absurda! - le apuntó - te gusta - negó entre risas - realmente te gusta

- Sigue siendo absurdo - dijo por último antes de buscar salir de la habitación

Aunque ya estaban afuera esperándolas...

- ¿Por qué tanto grito? Despertarán a Elsa - les reprochó Kristoff desde el umbral - ¿Sucedió algo? - repuso luego de notar las expresiones de las demás

- ¡Jack al fin se le declaró a Elsa! - apuntó Anna sin tapujos, la aludida solo pudo voltear a fulminarla con la mirada antes de responder

- ¡Anna!

Los tres guardianes habían sobrevolado por varias horas buscando por el lado dormido del mundo algún rastro del pequeño hombrecillo dorado, pero, contrario a sus esfuerzos, solo pudieron encontrar los rastros de su paso brillante y ensoñador por aquellas tierras, los niños del mundo permanecían plácidamente durmiendo en sus camas sin rastros de pesadillas que ahuyentar y con muchos sueños a los cuales aferrarse, en definitiva Sandy había pasado por aquellos lados.

- No lo entiendo, no veo a Meme por ni una parte - murmuró hada lo suficientemente alto para ser escuchada

- Pero por aquí debe de estar - acotó Norte sin dejar de mirar hacia los tejados de las casas bajo ellos - el rastro de sus arenas y sueños pasan por aquí - agregó apuntando hacia los techos

- Ahí, Norte - indico Jack con su dedo hacia la distancia

- ¿Dónde, Jacky, dónde? - inquirió siguiendo la dirección de su dedo sin encontrar lo que esperaba - no veo nada - musitó entornando la mirada

- Tus luces, Norte, ¿Esas no son tus luces? - dijo ahora sin despegar la vista de ellas, Thoot se asomó a su lado para verlas de igual manera

- Oh, si lo son - dijo ahora hada

- Quizás se me quedaron prendidas cuando fuimos para el polo... No es relevante - farfulló volviendo su vista sobre los tejados

- ¿Estás seguro? - insistió el guardian de los sueños - Quizás sea algo importante - Nicholas solo negó con un gesto brusco de cabeza

- Jack, solo son unas luces ¿Importa ahora?

- No, supongo que no... - respondió encogiéndose de hombros - ¿Dónde vamos ahora?

- Al palacio de los sueños - respondió el viejo guardian mientras tomaba las riendas del trineo en sus toscas manos

- Ya era hora - soltó en un tenue reproche, acomodándose en los asientos del trineo - ¿Por qué es que no habíamos ido antes? - preguntó fingiendo demencia

- No te hagas el tonto, tu y tus travesuras están vetadas en casi todos los sitios que conozco - comentó santa sin despegar sus ojos del camino

- No saben valorar la diversión - farfulló en voz baja, Norte negó con otro gesto de cabeza mientras se preparaba para lanzar una esfera al aire, dispuesto a utilizar la última carta bajo su manga para encontrar al guardian de los sueños

El palacio de los sueños no era un palacio tal cual como lo describían, tampoco era un sitio tan facil de llegar, rodeado de un basto océano e ilusiones que protegían la abstracta fortaleza, ajeno a la realidad del mundo, existiendo en su propio limbo, imposible de llegar si no era a través de la magia, la esperanza o la ilusión, creciendo y manteniéndose de estás, de los sueños de los niños y los deseos sin cumplir de las estrellas fugaces.

Un recuerdo de la vida anterior del hombrecillo.

- Me gusta este lugar - susurró Jack sin despegar los ojos de las olas que chocaban contra los navíos dorados naufragados por las cosas de la isla

- Es un sitio tranquilo - comentó la hada de los dientes que se había asomado sobre el hombro del otro con un ligero vuelo

- ¿Estás bromeando? - inquirió el guardian de la diversión sin despegar sus ojos del oleaje - es un hermoso lugar, seguramente a Elsa le gustará - agregó mientras imaginaba la expresión de la aludida, recordando como solía ensanchar sus ojos ante lo que le emocionaba

- No faltará mucho para que venga, bueno, si es que ahora quiere ser una de nosotros... - murmuró algo molesta hada, Jack desvío su mirada del paisaje para echarle un vistazo a su amiga

- Elsa si es una de nosotros - le corrigió el guardian frunciendo levemente el entrecejo

- Pero sabes a lo que me refiero, no quiere serlo - murmuró desviando la mirada

- Ella lo será - interrumpió Norte - ya hablamos sobre eso - agregó buscando calmar los ánimos

- ¿Ves? Solo fue un momento de duda, todos los tenemos - comentó Jack volviendo su vista al paisaje - debemos tener más cuidado de lo que decimos frente a ella - musitó luego apoyándose sobre sus brazos que descansaban en el borde del trineo, Thoot solo apretó los labios en una fina línea

- ¿A qué te refieres? - preguntó sin ganas, disimulando el rencor que volvía a crecer dentro de su estómago

- Ya sabes, Elsa aún siente que no la vemos como una de nosotros, y bueno, escuchando como hablamos no puedo dejar de pensar que tiene algo de razón... - respondió ensimismado, hada rodó los ojos con disimulo

- Eso es porque no piensan antes de hablar - agregó Norte, quien escuchaba toda la conversación desde su lugar, descendiendo el trineo hacia la isla de arenas doradas - se olvidan que Elsa es nueva en todo esto, la mayoría de nosotros lleva siglos paseando por el mundo, pero ella es un espíritu nuevo, de seguro aún no entiende como funciona todo esto - y nuevamente Thootianna rodaba una vez más sus ojos

- Seguramente su alteza no esta acostumbrada al trato del mundo con ella - farfulló malhumorada hundiéndose en su lugar, pasando su actitud desapercibida para todos los demás

- Jo, eso es muy relevante, no podemos olvidar su origen noble, eso debe haber limitado bastante su interacción con los demás - aceptó Norte mientras aterrizaba el trineo en la arena, luego acaricio su barba pensativo para agregar antes de bajar del trineo - y aún no sabemos que le sucedió los años en que estuvo congelada en el Ahtohallan, debe sentirse bastante aislada

El silencio se hizo presente una vez más, las últimas palabras de Norte solo habían acomodado aún más la culpa que había comenzado a nacer en Jack una vez se dió cuenta de lo hiriente que fueron sus palabras en Dunbroch, al igual que acrecentaron los sentimientos hostiles de hada hacia la nueva guardiana, quien no entendía porque tanta consideración hacia la espíritu del bosque.

No era justo

Aunque ellos no estaba en su control

- ¿Desde cuándo hay tantas palmeras aquí? - dijo Jack una vez que todos bajaron del trineo - Meme hizo muchos cambios desde la última vez que vine - agregó mientras pasaba su vista por el lugar

- Tienes razón... - concordó Norte echando un vistazo - han cambiado muchas cosas - murmuró extrañado

Porque aunque Sandman era el guardian de los sueños, la antigua estrella fugaz se mantenía casi impoluta desde su destrucción, siendo la arena dorada de su magia lo único etéreo de aquel lugar, limpio, plano, un lienzo en blanco, uno que ya no lo estaba.

Una mirada cómplice los invadió a los tres, quienes compartían sus dudas y temores a través de estás.

Los tres guardianes se adentraron a la espesura del trópico que se levantaba frente sus ojos, erguido por arena dorada llenas de sueños y deseos, sus hojas se movían con suavidad cada vez que las hacían a un lado, botando pequeñas hileras de arena clara como si fuera polvo de hada en suspención, como si la gravedad le afectará de otra forma desconocida. El tramo no fue muy largo para llegar a su interior, dónde una pequeña laguna cristalina marcaba el centro del lugar, tras las aguas quietas de la isla un campo enorme de flores doradas eran acariciadas por la brisa cálida del océano, moviendo sus pétalos brillantes como si de una danza se tratase. No basto más que ese vistazo para que Norte perdiera la fuerza de sus piernas, cayendo secamente de rodillas en la arena suave de la isla.

- ¡Norte! - exclamó hada volando hasta su lado - ¿Estás bien?

Pero de sus labios no salieron ni una palabra y en su boca se quedaban las palabras sin articular.

- Oye ¿Todo bien? - inquirió ahora Jack llegando a su lado de igual manera, Norte desvío sus ojos azules hasta donde esté, quien pudo notar el pavor en ellos - ¿Norte? - dijo con más seriedad buscando la respuesta de aquella mirada, pero hada supo darla antes que él guardian

- Esas son... Son flores del sol... - musitó abrumada, Jack desvío su mirada hasta más allá de las aguas notando por fin porqué tanto desconcierto

Entendiendo quien era la culpable de todo aquello

Norte, Jack y Thootianna volvieron al trineo tan rápido como un rayo, debían ir al polo, debían pasar a Arendelle, viajar a Corona, volver a Dunbroch. Les faltaba el tiempo, le faltaban guardianes y les faltaban esferas, y con la poca información que poseían no podían darse más que una insípida idea de que era lo que aquejaba y amenazaba el equilibrio del mundo, algo incluso más tenebroso que Pitch Black.

- Es madre naturaleza - dijo Norte una vez cruzaron el portal hacia el polo

- Pensé que eran amigos... - murmuró hada - ¿Por qué Meme?

- No sabemos si lo tiene - dijo Jack - ¿Tu sabías algo? - le pregunto a Norte, quien solo se encogió de hombros

- Quizás volvió una vez o dos al taller después de lo de las flores - reveló aún pensativo, maniobrando con rapidez la nave - no imaginé que realmente haría algo

- ¿Que no lo imaginaste? - le reprochó Jack molesto - ¿No fueron ustedes los que me advirtieron de ella?

- No me refiero a eso - se quejó mientras giraba con brusquedad en el aire - ¡Agarrense! - exclamó a la par que entraban por una estrecha abertura en la nieve - Madre naturaleza nunca mencionó a Meme - agregó nuevamente alzando la voz sobre el ruido del trineo contra el hielo y el eco de los muros

- ¡Pero estaban sus estúpidas flores en su guarida! - respondió el guardian de la diversión - no creo que sea una simple coincidencia ¿Porque no nos dijiste antes?

- Basta Jack, tenemos que descubrir que está sucediendo, no discutir por ello - le cortó hada

- Hada tiene razón, Jacky, no sacamos nada ahora discutir por eso - concordó Norte mientras bajaba del trineo - necesitan esferas - agregó luego, los demás lo invitaron siguiendo sus pasos con la misma rapidez

- ¿Nos darás esferas? - preguntó Jack - ¿Me darás una a mi?

- Claro que sí, necesitamos todas las esferas posibles - dijo ahora - no podemos perder tiempo

- Entonces ¿Qué es lo que está pasando? - continuo preguntando mientras cruzaban los pasillos del taller, ignorando y sorteando a los yetis que aparecían por el camino

Norte sopesó en su cabeza alguna buena respuesta, pero no encontraba más que la fría verdad, no podía decirle a Jack en esos momentos que la implacable madre naturaleza buscaba reprender al travieso guardian, menos que su objetivo era la inocente reina de las nieves, eso desviaría el foco del guardian, quien ya era poseía una atención bastante volátil, además no tenía ni una idea de que tenía que ver el guardian de los sueños en el asunto, y necesitaban encontrar a Meme, sin él nuevamente los sueños e ilusiones de los niños se verían perturbada por las pesadillas, pesadillas débiles que se alimentarían de la ausencia del guardian de los sueños, que crecerían con rapidez trayendo con sigo otro problema más, apagando las luces amarillas y rojas que debían cuidar, trayendo consigo al mundo el temor, la oscuridad y la desesperanza. Y aunque Emily Jane no era una aliada del señor de las pesadillas, tampoco era una aliada de los guardianes.

- No tengo idea - mintió antes de entrar al salón del mundo, sin darle una oportunidad a Jack de continuar con sus preguntas

Y aunque el guardian de la diversión hubiese querido, tampoco pudo continuar con las preguntas que planeaba lanzar, en su boca quedó la palabra y frente a los tres pares de ojos un pequeño y dorado hombrecito los miraba confundido y risueño.

- ¿Meme? - preguntaron los tres al unisono, el aludido agitó su cabeza asintiendo

Sandman observó a sus compañeros con expresiones de asombro sin entender que sucedía, habían tardado bastante y aún no entendían porque no estaban en el taller en primer lugar, asique cruzó los brazos sobre su pecho algo molesto, gesticuló una mueca y dejó salir su arena junto a su enojo.

- ¡Nosotros somos los de las preguntas! - lo interrumpió Jack - ¡Te buscamos por todos lados!

Meme solo ladeó su cabeza confundido.

- Pensamos que te había pasado algo malo - dijo ahora hada acercándose hasta el guardian para abrazarlo - ¿Dónde estabas?

Sandy volvió a analizar a sus compañeros, no entendía que sucedía, apenas él vio las luces en el cielo es que había volado hasta el taller de santa, pero nadie estaba para recibirlo.

- ¿De qué estás hablando, Meme? - dijo ahora Norte - llevamos días buscándote

¿Cuanto tiempo había pasado?

La mañana había llegado a Dunbroch una vez más sin novedad, los aldeanos dormidos por la maldición continuaban en su sueño eterno, al igual que el rey y los príncipes, quienes permanecían recluidos en sus alcobas al pendiente de la poca servidumbre que quedaba en pie y la restante familia real, aún sin una señal de cuando todo iba a acabar.

Mérida había pasado la noche junto a sus hermanos, había improvisado una cama en el piso con algunas mantas, un pequeño refugio en el lugar que había pasado los últimos días casi sin descanso, temerosa de despertar y que ellos no lo hicieran jamás, o que en su defecto ella tampoco lo hiciera. Nada la alejaba de ese incandescente temor.

- ¿Mérida? - escuchó que la llamaban tras la puerta que había permanecido cerrada desde la noche previa, cuando Hiccup se había marchado hasta otra parte del castillo

Pero no era su voz la que resonó a través de la ventanilla del portal.

- ¿Runa? - respondió Mérida acercándose al umbral y abriendo la puerta - ¿Dónde estabas? Ni te imaginas lo que hicieron los Lords está vez...

Pero una vez abierta la puerta Mérida ya no esperaba una respuesta, la rubia la observaba consternada, bajo sus ojos hinchados por el llanto descansaban dos marcas enormes y oscuras que delataban su falta de sueño, sus cabellos eran una maraña de nudos sin sus características trenzas, sus labios estaban resecos y mordidos, como si ella misma se hubiese hecho aquellas fisuras que los atravesaban.

- ¡Santo cielos! ¿Qué sucedió? - dijo ahora tomándola entre sus brazos en un suave abrazo - ¿Estás bien? - preguntó preocupada

- ¿Por qué estabas encerrada? - respondió desviando la pregunta

- Oh, no es nada - negó con un gesto haciéndola pasar con un suave tirón y sentarla en la silla que ella misma solía usar - no tiene importancia, dime qué te sucede - la instó aún con preocupación en sus ojos mientras volvía a cerrar la puerta

Runa guardó silencio, no sabía cómo comenzar, aún todo era un lío en su cabeza y no todos sus recuerdos estaban en su sitio, algunas cosas parecían fantásticas y otras simplemente no tenían sentido, habían sentimientos confusos y relaciones aún latentes ¿Como podía comenzar siquiera?

- ¿Fue Sideburns? - intento adivinar la colorina, pero la rubia negó, sin querer ni sentir sus ojos se llenaron de lágrimas que buscaban salir, ni siquiera había podido pensar en él - ¡Oh, Runa! - exclamó afligida mientras iba por un pañuelo sobre la mesa de noche

- Ese no es mi nombre - respondió la rubia sin levantar la mirada del suelo, Mérida volteo con calma para entender que estaba sucediendo

- Tus memorias - susurró volviendo dónde su amiga - recuperaste tus memorias - sintetizó incandose frente la rubia quien solo asintió - ¿Cómo te llamas? - preguntó ahora en un susurro - Dímelo, quiero saber cómo llamarte ahora - le sonrió con confianza

A Mérida no le importaba quien era realmente la rubia, fuese Runa o cualquiera otra, para la princesa siempre sería su amiga, la chica que encontró en el bosque asustada, la misma que cuido a sus hermanos y a sus padres, con quién compartió todos esos años, la misma que la apoyó cuando Elsa se fue, cuando no funcionó con Hiccup y con Hans, ahora era ella quien debía estar ahí para la otra.

- Yo... - titubeó - estoy casada

- ¿Estás casada? - repitió incrédula

- Y creo que tengo una hija... - agregó mientras pestañaba con rapidez, tratando de aguantar las lágrimas que buscaban salir

- ¿Una hija? - repitió ahora - ¿Dónde está ella?

- ¡No lo sé! - respondió - todo es tan confuso aún - murmuró con la voz quebrada - estaba oscuro y el tiempo pasaba con mucha rapidez - comentaba herraticamente - a veces estaba despierta y otras veces dormida, los sueños eran pesadillas y mi vida se deformaba, de pronto ella nació y tratamos de huir... Por los dioses... - escupió abrazándose así misma

- ¿Sigue ahí atrapada? - musitó abrumada, Runa negaba con un gesto repetitivo, mas no podía decir nada más

- Ella... No lo sé... - titubeó nuevamente tratando de recordar, más todo era un revoltijo de ideas desordenadas

Pero ni una palabra más dió lugar en boca de ambas, nuevamente la puerta era golpeada avisando la llegada de alguien más, Mérida apretó los labios, sabía quién era, y aunque deseaba poder verlo o contarle a su amiga lo que sucedía, no era momento para hablar sobre ella.

- Diablos - masculló en voz baja echando un vistazo hacia la puerta - deja, se irá en cualquier momento - le susurró a la otra

- Mérida - la llamó Hiccup - sé que estás ahí - dijo luego al no tener respuesta - no me iré hasta que respondas - agregó

- No hay nadie - alzó la voz la aludida

- Muy graciosa - respondió - ¿Por qué estás encerrada? - preguntó luego

Mérida rodó los ojos, miró hacia Runa, pero contrario a lo que esperaba está permanecía con una expresión de pánico en el rostro, como si un fantasma hubiese atravesado la estancia, un mal presentimiento se acomodo en la princesa, quien no imaginaba lo que iba a pasar por muy claro que fuese.

La rubia se levantó de su lugar ignorando todo a su alrededor, el lugar, las personas y las cosas, en tres zancadas llegó hasta el umbral, sus manos temblaban y en su pecho crecía un calor tan agobiante como la angustia que sentía desde el día anterior, abrió la puerta sin preámbulo quedando en completo silencio, al igual que el resto, el mundo y el sentido.

- Astrid... - murmuró Hiccup con los ojos abiertos hasta más no poder, incapaz de pensar o articular algo más

Y las cosas tomaban lugar, la fantasía, los lugares, los dragones y sus viajes, los portales que se abrían y cerraban, los espacios vacíos y sus respuestas, mientras lo demás desaparecía de su espacio y lugar.

- Ese es mi nombre