Capítulo XXX
Al punto de inicio
Hiccup tardó más de lo necesario en salir de los aposentos del rey, dejando a Mérida junto a su padre en el interior, se había quedado unos minutos ahí parado esperando alguna palabra más, alguna señal o guiño, algo más allá que el tan solo necesitar a Anna, pero Mérida, como si nunca hubiese pasado nada, guardó silencio y volvió su mirada a las hileras finas de polvo oscuro que caían de los ojos del rey, el seño fruncido en este y los quejidos que escapaban de vez en cuando de sus labios resecos, como si estuviese hipnotizada con eso, ella no diría nada más e Hiccup no tenía el valor suficiente para sacar el tema a relucir o preguntar cómo estaba la princesa con ello, ni siquiera él sabía cómo se sentia él mismo al respecto, aún necesitaba respuestas de otra persona, respuestas tan importantes que desplazaban la emoción y la alegría de haber encontrado a Astrid, o ella a él, más bien.
Y aún la amaba
O lo que parecía ser una especie de amor incondicional, un sentimiento exclusivo para la rubia, una mezcla de nostalgia y recuerdos cargados de momentos. Aun habían muchas cosas de las que tratar, años perdidos, charlas cortadas, noches en velas y preguntas sin respuestas. Las palabras quedaban cortas.
Y una hija
¿Cómo?
¿Era de eso lo que quería hablar aquel día antes de desaparecer?
La sensación de perdida que había sentido en aquel momento, el día en que perdió el rastro de su esposa, volvió a manifestarse, está vez más agobiante, haciéndolo sentir más culpable por estar ahí frente a sus ojos durante todos esos años.
¿A cuántos más le había fallado?
- ¿A dónde vas? - preguntó la rubia junto a la reina una vez lo vieron volver por el pasillo con expresión sería
- A Arendelle - respondió a secas - Necesitamos a Anna - agregó esperando despejar las dudas que pudieran surgir con eso, pensando en la manera de poder hablar a solas con quien era su esposa
- ¿Y Mérida? ¿Cómo está Fergus? - preguntó la reina muy angustiada para averiguarlo por si misma - Ese polvo... ¿Qué es? - titubeó asustada
- Está bien, su magestad está bien - la calmó Hiccup - son pesadillas, ya las habiamos visto antes, años atrás - le explicó - Anna podrá con ellas, eso pensamos - Elinor asentía después de cada palabra, indicando que el castaño poseía toda su atención - Mérida está con él
- Iré con ellos - informó la reina rápidamente siguiendo con el camino hasta sus aposentos, perdiéndose entre los pasillos y el silencio
- También iré con ellas - dijo Astrid preparada para seguir a la reina, siendo frenada por Hiccup
- Astrid - la llamó con la voz cortada tomando su mano, la aludida volteo a darle frente
- Hiccup - dijo ella con la voz estrangulada, demasiado abrumada por todo lo que estaba pasando, con demasiado miedo como para hablar en primer lugar
El castaño no sabía cómo comenzar, las palabras se le atoraban en la garganta y los conceptos eran un enredo en su cabeza, en su pecho sentía el ardor de un sin fin de emociones que convergían en un solo lugar, cada una más abrumadora que la anterior. Incapaz de pensar en nada más, Hiccup no pudo más que soltar lo que más resonaba en su interior.
- ¿Una hija? - por primera vez desde que la rubia había abierto la puerta pudo ver que en la mirada del otro solo había dolor, un indescriptible dolor - ¿Puedes explicar eso?
- Yo... - titubeó no muy segura de nada, aún ignorante de cuánto de lo que recordaba era cierto o una pesadilla - aún es confuso...
- ¿Confuso? Entonces ¿No es cierto? - preguntó pasando su mano por sus cabellos en un gesto de exasperación - ¿O es en serio, Astrid? ¿Dónde está ella ahora? - preguntó entre una mezcla de temor y furia, aún sin ser capaz de procesar como se sentía o lo que estaba sucediendo, aún así, a pesar de lo alterado que estaba, no elevó la voz
- ¡No lo sé! - exclamó ella en un susurro - ¡Todo es un caos! - enfatizó con sus manos abarcando todo el espacio, incluyendo a ella misma
- ¿Todo es un caos? - repitió - ¡Y seguirá siendo un caos! - exclamó él - ¡Cómo es que no sabes dónde está!
Y nada era igual que como fue con Estoico y Valka
- ¡Y donde estabas tu! - se defendió evidentemente ofendida - ¡Dónde estuviste todos estos años en que no estuve a tu lado! - agregó algo más alterada que instantes atrás
- ¡Buscándote, estuve todo este tiempo buscándote! ¿Tu, dónde estuviste todos estos años? ¿Estuviste aquí todo este tiempo? - le recriminó - ¿No volviste a Berk?
No había reconciliación, no estaba la confianza, se perdían la aceptación entre el miedo y la furia.
- ¡No lo entiendes, no es como crees! - se defendió
- Yo... No tengo tiempo para esto - suspiró agotado, pasando su palma por su rostro - tengo... Tengo que ir por Anna - se excusó antes de emprender marcha nuevamente
- ¿Eso es más importante que tú hija? - le reprochó a sus espaldas
- ¿Es en serio? - Hiccup giró sobre sus talones dándole frente nuevamente, acercándose con rapidez, la furia que antes estaba en su rostro se había disipado dejando el temor estar en él - Astrid ¿Es real? - preguntó en un sincero ruego
- No lo sé - murmuró - pero aunque no lo sea, si existe la posibilidad... ¿No deberíamos hacer lo que sea por ella?
Y aunque para Astrid el mundo ya había perdido su sentido y forma, dentro de ella solo había una persona que le daba seguridad.
Aunque ella sintiera que él pensara que era la culpable de todo
- Ven conmigo - le pidió Hiccup
- ¿Qué? - preguntó levantando la mirada
- No quiero dejar que desaparezcas una vez más - le respondió mientras tomaba su mano para guiarla por el camino hasta la torre entre un silencio abrumador
Camino que seguramente ella conocía mejor que él
En la cima de la torre Chimuelo los esperaba. El furia nocturna había estado inquieto, quien a penas al ver a Astrid e Hiccup cruzar la gruesa puerta de madera, se abalanzó sobre ella votandola al suelo y olfateandola con detención, sus ojos pasaron de ser dos rendijas a ser dos esferas profundas, su expresión severa y amenazante cambio a una de ternura, luego comenzó a lamerla en el rostro, Astrid respondía entre risas e intentos de zafarse del agarre del dragon.
- Hey, amigo, tranquilo - rió Hiccup aliviado
- ¡Chimuelo! - exclamó Astrid cuando por fin pudo escapar de sus garras dándole un cálido abrazo, cesando la hiperactividad del dragón - soy yo, Astrid - le susurró acariciandolo - también te extrañé
- No fue el único que te extrañó - susurró Hiccup preparándose para montar en Chimuelo - todos los hicimos
- Hiccup... - musitó siguiéndolo con la mirada, él le estiró su mano ofreciéndole ayuda
Astrid seguía atrapada en un limbo de ideas y recuerdos, eran como piezas de diferentes rompecabezas y ella no podía diferenciar donde iba cada una o a cual pertenecían, en un momento su mente era un lienzo en blanco, desprovisto de colores y formas, ahora habían tantos que se perdían como manchas en un cuadro desordenado, eso no afectaba la nueva imagen que había creado, aún era capaz de recordar a la perfección todo lo que había sucedido después de ser encontrada en el bosque, la acogida, el apoyo, la protección, la amistad, los días con Hubert, Harris y Hamish, las tardes con la reina Elinor, las historias del rey Fergus y la relación fraternal que había construido con Mérida, las cosas que esta sentía y le había confiado, ahora todo aquello le dolía más de lo que la podía acoger, estaba dejando de ser su hogar y al mismo tiempo Berk tampoco lo era, ya no se sentía igual.
Y por otra parte, Astrid también tenía que lidiar con otras realidades más, ahora ya no era aquella joven perdida en el bosque, lo había estado, lo había sido, pero también fué alguien incluso antes de ello, y ahora al fin ya era ese alguien nuevamente, alguien que jamás esperó ser; una amiga, una hija, una líde, una esposa, aunque su esposo amara a alguien más.
¿Debían de hablar sobre ello?
Pero habían otras cosas más de las cuales tratar, otras personas que buscar, lugares donde volver, noticias las cuales dar.
Astrid se subió tras Hiccup aferrándose con fuerza a Chimuelo, aún cohibida sin saber cómo actuar, el furia nocturna tomó un ligero impulso antes de elevarse sobre los cielos, alejándose levemente del castillo, el castaño lanzó sin demora la esfera que Norte le había confiado años atrás abriendo un portal entre algunas nubes escualidas, Astrid jadeó sorprendida, rodeando a Hiccup por la cintura y ocultándose tras su espalda, a lo que el jinete respondió posando su mano sobre el agarre de la rubia buscando transmitirle tranquilidad.
- ¿Eso son los portales? - preguntó asombrada una vez lo cruzaron, en sus ojos aún permanecía el reflejo tornasol del brillo del vértice. Hiccup asintió en respuesta
- Son asombrosos - respondió alzando la voz sobre el aire que los envolvía - como todo lo que está pasando - agregó, luego suspiró tan fuerte que incluso estando en los cielos Astrid lo pudo escuchar - Astrid, perdón por la manera en la que reaccioné hace rato - se disculpó arrepentido de su actuar - he estado por años buscándote, cuando todo este tiempo estuviste aquí, a una esfera de nieve de distancia... - se detuvo tomando una ligera pausa, luego solo dijo - Me tomó desprevenido
- Yo entiendo - respondió aún contra su espalda, elevando la voz lo suficiente como para ser escuchada - quiero contarte todo, pero...
- ... No hay tiempo - completó Hiccup descendiendo hasta los jardines del palacio de Arendelle
Los primeros en recibir a los recién llegados fueron Kristoff y Elsa, quienes habían bajado inmediatamente luego de verlos llegar desde el balcón, aún así la pequeña Elsa junto a Olaf les habían ganado por poco, quienes ya rodeaban a Chimuelo, el cual los entretenía mientras estos intentaban subir en él.
- Hiccup, Runa - los llamó Elsa al acercarse lo suficiente para ser escuchada - ¿Pasó algo en Dunbroch? ¿Dónde está Mérida? - interrogó inmediatamente mientras buscaba a la aludida con la mirada
- Ella está bien, no quiso separarse de su padre - respondió el vikingo buscando creer en tal motivo de igual forma - necesitamos a Anna, es Fergus, tiene pesadillas
- Anna está en su oficina - dijo Kristoff - iré por ella - informó antes de partir de vuelta al palacio sin oportunidad de hacerlos pasar a este
Apenas el rubio se alejó por el jardin fue que Elsa empezó a sentir el pánico volver, similar al que sentía antes de caer congelada años atrás, la guardiana podía recordaba a Anna disipar las tinieblas con tanta facilidad como con la que creía en la bondad del mundo, expuesta a las represalias de Pitch y sus sombras. Los ojos de la platinada se desviaron instintivamente hasta la zona del piso adoquinado en dónde años atrás había quedado la marca de aquella batalla en dónde casi pierde a su hermana, pero se encontraba muy lejos para poder divisar si continuaba en su lugar aquella mancha, y aunque el tiempo la hubiese borrado, la imagen siempre permanecería en las memorias de la guardiana, como una cicatriz imborrable en su psiquis.
- ¿Tu crees que ahora funcione? - preguntó hacia Hiccup disimulando su temor, este asintió en respuesta
- Eran pesadillas, caían de los ojos del rey como un polvo oscuro, igual que años atrás en nosotros... En ti
- ¿Polvo oscuro? ¿Desde cuando? ¿Dónde está Mérida? - repitió Elsa nuevamente a falta de una mejor respuesta
- Hace menos de una hora, Mérida no quiso separarse de su padre, ella está bien Elsa - repitió buscando calmar la angustia de la otra
- Entiendo, gracias Hiccup, por cuidar de ella, a ambos - suspiró más segura, luego desvío su atención a la compañera del jinete - Runa, tanto tiempo sin verte, lamento que sea en estás circunstancias
Y solo bastaron algunas palabras para tensar el ambiente, Hiccup deseaba con todas sus fuerzas corregir a la guardiana, hacerle saber quién era la rubia en realidad, que todos lo supieran que su búsqueda había terminado, pero ¿Cómo repercutiría en los demás? ¿Si quiera era correcto?
No existía una respuesta clara para ello
Fuera cual fuese la respuesta la realidad era que por más que Hiccup deseara en ese momento revelar la verdad, Astrid no lo permitiría, adelantándose a este y respondiendo sin dejar en evidencia lo que realmente ocurría entre ellos, lo quebrada que estaba la relación que ambos tenían con la colorina.
- A mi me alegra que este de vuelta, su alteza - correspondió con rapidez sin darle la oportunidad al castaño de corregir su nombre
- Gracias por ser el apoyo de Mérida durante todo este tiempo en que no estuve, ella me ha hablado mucho sobre ti - le agradeció Elsa con sinceridad ahondando en la culpa que había nacido en Astrid momentos atrás en el castillo de Dunbroch
Y otra vez el silencio se hizo presente, por poco tiempo, fue el suficiente como para incomodar a los vikingos, Elsa los escaneó con recelo, aunque nada más salió de sus labios, Anna y Kristoff ya habían llegado hasta donde ellos y el viaje de vuelta a las tierras del clan Dunbroch no se hizo esperar.
Conejo llevaba tan solo un par de días en Corona y ya sentía que la locura sucumbía en él como si al cruzar el portal hacia el reino en realidad hubiese caído en la madriguera del conejo, ni siquiera su pequeño escape a Arendelle le había conferido el suficiente consuelo, con cada segundo que pasaba en Corona no dejaba de escuchar sobre los nervios y temores de Rapunzel al igual que la histeria y preocupación de Eugene que lo sumergían en un suplicio insoportable, incluso peor que soportar a cierto guardián, a pesar de la tranquilidad y normalidad en las tierras por la rápida prevención de los antiguos reyes, los nuevos monarcas no soportaban la presión de las circunstancias, mantener un reino aislado del mundo era más difícil de lo que suponía, en especial con una recién nacida.
Y luego se agregó una preocupación más, la llegada de los demás guardianes, o la mayoría de ellos.
Santa Claus, la hada de los dientes y Sandman habían llegado hasta el reino a través de un portal en búsqueda del conejo de pascuas, y aunque el grupo de recien llegados traía consigo la ventaja de Meme ante las pesadillas, tambien acarriaban junto a ello una serie de dudas respecto a lo que en realidad pasaba, aun no tenian claro si todo aquello de la maldicion del sueño era obra y gracia de el regreso de Pitch Black o si era alguna nueva amenaza.
Y eso no ayudaba con los nervios de la reina de Corona, ni la histeria del rey.
- ¡Encontraron a Meme! - exclamó la rubia una vez ingresó el grupo al salón principal del palacio, en su rostro prevalecia una expresion de alivio - ¿Donde estaba? - preguntó aun con su sonrisa de alivio en el rostro
- Eso es una muy larga historia, su Majestad - respondió Norte afable, aún ignorante de la real respuesta, como los demás guardianes
- ¿Y Jack? - preguntó ahora Eugene - ¿Dónde está Jack? - agregó luego de pasear su mirada por todos
- Esa es una historia aun más larga que contar - dijo ahora el viejo guardián sin borar la tenue sonrisa de su rostro, buscando trasmitir la calma que parecia hacer falta en los reyes
- Tks - chasqueó la lengua Conejo - no es de relevancia donde esté ese mocoso, seguramente está en Arendelle - comentó acertando
- Precisamente, Aster - aceptó Norte con un gesto de cabezaa lo que Conejo rodó los ojos
- ¿Sucede algo en Arendelle?- inquirió ahora la reina, volviendo en ella la ansiedad que habia sentido durante todos esos dias, mas Norte intentó calmarla aún sin borrar la suave sonrisa que llevaba consigo desde que habían llegado al reino
- Nada sucede en Arendelle, solo es Jack siendo Jack - interrumpió la hada en un pequeño berrinche pasando desapercibida para los demas. Rapunzel en cambio solto un suave suspiro más recompuesta
- Han pasado tantas cosas malas que no puedo pensar en otra cosa que el desastre - comentó despues de soltar un sonoro suspiro - me alegro que por lo menos ahora contemos con Sandman... ¿Ya fueron por Dunbroch? - inquirió ahora con curiosidad, Norte negó con un gesto
Aun asi la respuesta no menguaron las esperanzas de la reina de Corona, quien ya podía sentir como la angustia y los temores se disipaban con la presencia del guardian de los sueños.
- Aún no vamos a Dunbroch - respondió la Hada de los dientes para completar el gesto de Santa - pensamos en venir por Conejo antes y ver cómo andaban las cosas por aquí - agregó en un tono consolador, buscando mantener a la reina de Corona en calma
- Oh, muchas gracias - sonrió Rapunzel mientras mecía a Holly que estaba entre sus brazos - aunque debo decir que Conejo es un gran guardian, nos ha procurado bien estos días, aunque ya debe estar harto de nuestras charlas - comentó risueña con una suave risa
- No lo defiendas, preciosa, es un cascarrabias - se quejó Eugene
- ¡Conejo! - le reprendió hada
- Ay, por favor, ni un santo los aguanta - se defendió el aludido
- ¡Lo ven! - continuó Eugene extendiendo sus palmas - cascarrabias
- Eso es lo de menos, lo importante es que estuvo aquí - lo defendió Rapunzel
Y así comenzó el drama, entre las quejas del rey y el guardian de las esperanzas, aunque mucho no duró la animada charla, Norte, quien permanecía con una expresión contrariada en el rostro interrumpió antes de que las cosas escalarán más, incapaz de guardar más tiempo las apariencias
- Hay algo más... - dijo este acaparando la atención de todos los presentes, un silencio sordo se interpuso entre el grupo
- ¿Qué es lo que pasa Norte? - preguntó Conejo - ¿Por qué tanto misterio? - apuntó con expresión sería
Pero Nicholas no dijo nada ante la mirada inquisitiva de los demás guardianes, quienes no podían anticipar a qué se refería Santa Claus.
- Desde que madre naturaleza se presentó ante nosotros en el polo por su flor magica es que no he dejado de buscar... - comenzó como introducción
- ¿Madre naturaleza? - repitió la reina de Corona mientras su ansiedad volvía a acrecentarse - ... Pensé que ya no había más problemas con ella
- Oh, y no los hay - mintió deliberadamente procurando calmar a la rubia, dispuesto a continuar con su relato - ella no quiso que continuaremos con la búsqueda, es solo que yo no me pude detener - agregó
- No entiendo - interrumpió Eugene - ¿Entonces qué tiene que ver ella aquí? - formuló junto a un gesto protector hacia su hija y esposa, Norte tan solo negó con un movimiento de cabeza
- Ella no tiene nada que ver en esto, eso espero - murmuró por último antes de continuar con lo que realmente quería decir - aún así quise continuar con la búsqueda por mi mismo, lo que me llevo a varios sitios peculiares por la región, y uno en especial llamó mi atención
- ¿Llamó tu atención? - interrumpió ahora Aster aún con el entrecejo fruncido - ¿De qué clase de sitio estamos hablando? - continuó poniendo en palabras los pensamientos de los demás
- Es un pequeño lugar, creo que tiene que ver con ambos - resolvió con rapidez mirando con sus grandes ojos a los dos reyes
- ¿Un lugar? - preguntó Eugene
- Si, un lugar... hace unos días encontré un... ¿Cómo es que se dice? - murmuró para si mismo chasqueando la lengua - ¡Ah, si! Una torre
- ¿Hace unos días? - inquirió ahora Conejo - no mencionaste nada sobre eso - le recriminó frunciendo el entrecejo
- ¿También tengo que darte explicaciones? - le pregunto Norte a Bunny en un tono molesto - ustedes dos se parecen más de lo que creen - murmuró luego negando con la cabeza, Conejo solo cruzó los brazos con una mueca aún más severa en el rostro
- No, ni lo pienses, Conejo - le advirtió hada interponiendose entre ambos, Aster, quien ya estaba preparado para responder, tan solo cerró su boca aún más molesto - no es momento para sus pláticas animadas, ¿Qué está pasando? ¿De qué torre estás hablando? - preguntó ahora hacia Nicholas
- Oh, por supuesto, la torre - recordó el viejo guardian dejando caer su puño en su mano - era una pequeña torre oculta entre la malesa de un bosque algo no muy lejos de aquí - recordó como una introducción
- Una torre... - repitió Eugene - no muy lejos de aquí... - continuó mirando disimuladamente hasta donde Rapunzel
- ¿Que clase de torre? - inquirio ahora la rubia disimulando su expresion
- Ya saben, una torre - continuo Norte como si nada - era algo alta y con una puerta bastante particular... mas bien es como si no tuviera... - musito por ultimo algo confundido - en fin, no es tan importante la torre en si, si no mas bien lo que encontre en ella
- ¿Que encontraste en ella, Norte? - interrogo ahora conejo con poca paciencia, sin dejar de zapatiar su pie en el suelo con el entrecejo fruncido y los brazos cruzazdos sobre su pecho - ¿Que estas ocultando? - agrego con tono severo
Norte tan solo guardo silencio, fue por un momento, no más que unos segundos, los cuales para todos eran compatible con la eternidad, luego empezo a registrar sus ropas en busca de alguna respuesta, como si todo lo que tenia que explicar fuera entendible con la presentacion de tan solo un objeto, y a pesar del escepticismo de los demas guardianes e incluso los reyes, Norte termino desplegando unos cuantos papeles amarillentos, en ellos se podia vislumbrar dos rostros muy similares entre si, casi identicos a pesar de sus evidente diferencias, ambos tenian rasgos marcados y narices prominentes, uno llevaba un parche oscuro en el ojo ademas de unas cuantas cicatrices, sus apellidos se leían bajo la imagen "hermanos Stabbington", luego, tras estos dos panfletos, apareció uno más, en él se podia ver a un joven Flynn Ryder mal dibujado, con una enorme nariz como al igual que su sonrisa, Eugene fruncio el ceño molesto para luego exclamar.
- ¡Esa no es mi nariz!- se quejó - ¿Por qué es que siempre la hacen así de grande? - continuó
- ¿Los conoces? - preguntó hada asomada sobre los hombros de los demás para poder ver las imágenes
- ¿Si los conozco? - repitió ahora - claro que los conozco, son Sideburns y Patchy, viejos colegas... Bueno, cuando la vida no me sonreía como ahora, ahí lo eran... - se corrigió luego
- Pero esos carteles son bastante viejos... ¿Qué sucede con ellos, Norte? ¿Qué hicieron? - preguntó Rapunzel extrañada
- Esperaba que ustedes supieran... - respondió sin despegar su mirada de los amarillentos panfletos
Desde que su madre había ido por ella, Mérida no se había alejado de su padre, había sorteado durante todos esos días ir a verle, entre excusas baratas y el refugio que significaba sus hermanos, aún dormidos y sin un pronto despertar, le causaba menos terror aquella imagen que la del viejo rey tan expuesto y débil, lejos de lo que solía ser su padre, ahora era en el único lugar en donde quería estar, aún Fergus la hacia sentir segura y protegida bajo su presencia, a pesar de todo lo demás.
La colorina bajó su mirada hacia sus manos, aún permanecían agarrotadas en unos puños sobre su regazo, bajo de ellas el papel blanco e inmaculado se arrugaba con el peso y la presión. Sin perder tiempo la dobló en dos perfectas partes antes de guardarla entre sus ropas, su expresión era neutra lejos de todas emoción que invadía su interior.
¿Qué es lo que debía hacer ahora?
Mérida negó con un gesto brusco esperando que con ello los pensamientos volasen, anhelante de la ignorancia de hace minutos atrás, ahora era un conflicto real, uno tan ineludible como transitable.
- Esto es un caos - interrumpió la reina, su madre, entrando en la habitación y cerrando la puerta tras de si, Mérida solo reaccionó pegando un respingón - los Lords... Esos niños no entienden palabras - se corrigió en un tono ofuscado - hablan de venganza y de guerra, pero no tienen idea de dónde ir - continuo mientras se paseaba molesta por el lugar
- Ya habían dicho eso en la reunión - comentó la menor desanimada, volviendo a acomodarse en la silla a un lado de la cama - lo continuarán repitiendo, no los tomes en serio - suspiró resignada, desviando nuevamente su atención a Fergus
- ¡Mérida! - la llamó Elinor con tono severo - están juntando a nuestros hombres en este momento, ¡Los pocos que quedan en pie! - exclamó
- Eso es ridículo ¿Y contra quién o qué piensan pelear? - inquirió con una risa escéptica
- Ellos creen que son los invasores del norte, están decididos en ir contra ellos, no podemos entrar en guerra de nuevo, ni siquiera están seguros de todo lo que está pasando ¡Es una locura! - negó acercándose a la cama sin dejar de mirar los párpados de su esposo - solo los dioses saben qué es lo que sucede realmente - suspiró por último
Mérida guardó silencio, sin despegar la mirada de su madre entendió lo que sin palabras esta decía con su mirada; el temor, la inseguridad, Elinor necesitaba respuestas que su hija no le podía dar.
- Hiccup debe estar por volver con Anna, estoy segura que ella podrá resolver esto está vez - dijo en tono suave, buscando dar algo de consuelo y sosiego a su madre - con papá de vuelta podremos frenar todo esto
- ¿De verdad lo crees? - musitó
- Sé que será así - mintió
Y como si de una invocación se tratara, no bastaron más que un par de minutos para que la puerta de la habitación se abriera con brusquedad, revelando tras de ella la imagen de Anna tan agitada como preocupada, Mérida y Elinor se tensaron inmediatamente ante la presencia de la otra, luego la menor se levantó de su lugar dándole todo el espacio que la recién llegada necesitaba.
- Hiccup me contó todo - dijo Anna olvidando hasta saludar, en su interior sentía como todo su ser palpitaba con fuerza, presa de la presión - ¿Están seguras? - preguntó ingresando a la habitación - la última vez no funcionó - les recordó con temor
- ¿Qué no funcionó, mamá? - preguntó la pequeña princesa desde el portal, llamando inmediatamente la atención de las presentes
- ¿Elsa? - preguntó Elinor algo incrédula de ver a la pequeña
- ¡Oh, hola Elsa! - exclamó Mérida acercándose hasta la princesa y tomándola entre sus brazos - ¿Qué haces aquí? - preguntó en tono agudo e infantil, para luego mirar hacia Anna y repetir - ¿Qué hace aquí? - le recriminó en un susurro
- Tia Mer, puedo escucharte - reprochó la princesa cruzando sus brazos
- Lo lamento princesa - se disculpó apenada, luego volvió su mirada a la recién llegada - Anna... - siseó inquieta
- No pensaba alejarme de ella - se excusó sin dar mayor explicación, para después dirigirse a su hija - mamá hará magia, florecilla - le sonrió no muy convencida - eso espero... - murmuró luego
Pero un grito por el pasillo las interrumpió antes de empezar nada.
- ¡Elsa! - se escuchaba por el pasillo, la pequeña solo soltó una risa traviesa y se refugió entre los cabellos de la colorina
Tras el portal se asomaron Hiccup, Astrid y Elsa, quien se veía más agitada que los otros dos.
- Lo lamento, Anna, es más veloz de lo que imaginé - jadeó Elsa - aunque es igual de impetuosa que tú - agregó frunciendo el entrecejo - irrumpir hasta aquí sin aviso... - murmuró mal humorada
- ¡Tia Elsa, mamá dice que hará magia! - canturreo la princesa de Arendelle - Lo harás, ¿Verdad? - preguntó ahora hacia su madre
- Claro que sí, algún truco intentaremos - sonrió Anna
La reina de Arendelle tomó a su hija entre sus brazos para luego depositarla en el suelo y tomar su manos, ambas se acercaron hasta el rey dormido, quien ya no poseía el semblante neutro y relajado de hace horas atrás, ahora su entrecejo se fruncía y sus labios componían una mueca, por sus sienes caía el polvillo oscuro hasta rebotar en la cama y luego disiparse en el ambiente hasta desaparecer. Sin preámbulo Anna acercó sus dedos hasta donde estás rozando sus yemas con la oscuridad, poco a poco está fue cediendo, esfumandoce y retrocediendo ante el brillo del tacto, los colores opacos sucumbieron ante la luz que cubrió al rey iluminando tenuemente su alrededor, Mérida sonrió inquieta y ansiosa, Elinor ahogó un jadeó, en ellas las esperanzas se comenzaban a acrecentar; mientras en Elsa solo crecía nuevamente el temor, a pesar de lo que le había dicho Yelena, las cosas no se estaban dando como esperaba y una vez más sentía que el ciclo se repetía, Anna volvía a exponerse.
Y no estaba tan lejos de la realidad
La oscuridad desapareció entre un destello brillante y claro, y lo que había sido un polvillo tetrico y lúgubre, ahora eran arenas doradas dispersas en la atmósfera como si la gravedad no les afectará, dejando una sensación de alivios en los presentes que desaparecía tan rápido como había llegado, el silencio sordo se quebró y en su lugar un grito gutural llenó el ambiente, el tiempo avanzó de golpe y la realidad los golpeó sin aviso.
Las pesadillas se volvían realidad.
