NI LA SERIE INUYASHA, NI SUS PERSONAES ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE RUMIKO TAKAHASHI. ESTE FANFIC ESTÁ HECHO SIN FINES DE LUCRO.
EL DRAMA: I NEED A ROMANCE. SEASON 2. TAMPOCO ME PERTENECE, ÉSTA ES UNA ADAPTACIÓN DEL GUIÓN A OBRA LITERARIA. LA SERIE ES PROPIEDAD DE TvN.
"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO III
PROPOSICIÓN
I
Realmente se sentía realizada cuando los chicos de su banda hacían un buen trabajo. Si todos los días de la semana ellos se esforzaban de la misma manera, no había duda de que pronto llegarían al estrellado. Siguió la canción que ella misma había compuesto con sus labios, estaba feliz. ¡Al fin podría terminar ese disco!
El guitarrista había practicado, y la vocalista estaba dando todo de sí. Estaban actuando como una banda completa por primera vez desde que habían llegado al estudio. De repente, el bajista desafinó y toda la magia se esfumó.
Encendió el intercomunicador inmediatamente. —¡Alto! Les dije que practicaran ayer, ¿es que acaso estuvieron perdiendo el tiempo? —los miró acusadoramente a través del vidrio.
—Kagome, no seas tan dura con ellos; ni siquiera han almorzado… —intervino Jacken, su asistente.
Resopló. —Está bien. ¡Tomen treinta minutos de descanso!
Los muchachos salieron de la sala e intentaron pasar desapercibidos por la pelinegra, pero no lo lograron. —¡Ey, nada de comida! Si están demasiado llenos no pueden cantar.
—Pero yo soy el baterista —quiso zafarse uno de los chicos.
—¡Es peor para ti! Debes moverte con total libertad —los amenazó con mirada.— Sólo tomen algo de aire en el techo y vuelvan aquí dentro de treinta minutos —lo pensó mejor. Ella también necesitaba un descanso.— No, que sea una hora, ni un minuto más.
Los muchachos se alegraron, al parecer la Srta. Higurashi sí tenía algo de compasión dentro de su corazón, aunque fuese en un mínimo porcentaje. Se marcharon corriendo antes de que el monstruo cambiara de opinión.
Kagome disfrutó la forma en que le temían. Era mejor así, si se convertían en amigos entonces no se esforzarían lo suficiente. Miró a Jacken con reprobación, él era demasiado permisivo. —Jacken, me voy a comer.
El anciano la observó indignado. Los muchachos no tenían permiso de comer, pero ella perdía el tiempo llenando su estómago en la cafetería de la esquina todos los días. —¿Vas sola, y yo?
No hubo respuesta, ella ya se había marchado. No tenía ninguna intención de compartir su comida con él. Suspiró, después de todo, Kagome Higurashi era lo mejor que le había pasado a ese estudio.
Kagome subió las escaletas hasta la azotea para supervisar a los chicos. No podía dejar de notar que desde los treinta años se estaba volviendo realmente despiadada. Descubrió a los chicos saliendo del baño con las cremalleras abiertas, y los llamó con un gesto de su mano.
Si hubiera tenido quince años probablemente se hubiera sentido avergonzada de ver a los chicos así, pero a su edad, eso ya no le importaba ni siquiera un poco. Los chicos refunfuñaron. —¿Otra vez? ¡Estamos en el descanso, tenga compasión de nosotros!
—¡Ey, ¿qué es tan importante como para que salgan del baño así? Tengan modales, no están en sus casas! —los golpeó con su bolso de mano, y se marchó.
El papel de bruja estaba saliendo exitosamente, no es que le agradara de sobremanera hacerlo, pero la música requería disciplina por sobre todas las cosas. No era un juego de niños, y si ellos querían tener éxito debían crecer de inmediato.
Corrió hasta el café al que solía ir a desayunar, a almorzar y muchas veces a comer después del trabajo. Era muy acogedor y debía admitir que era su favorito. Debía admitir también que tenía mucha suerte de tener un lugar como ese cerca de su trabajo y medianamente cerca de su casa. La ventaja de vivir en una ciudad pequeña era que todo estaba cerca, se regañó mentalmente. De igual manera, muchas veces usaba el auto de Sesshomaru para ir hasta el estudio.
Entró en el local y descubrió que sucedía algo nuevo, no era como todos los días. Había muchas mujeres y estaban sentadas alrededor de una larga mesa en una clase de café. ¡La clase de café! Se había inscrito el día anterior en ella, no sabía por qué, sólo para tener algo que hacer durante el almuerzo. Esos chicos solían tomarse demasiado tiempo para comer y prefería invertir su tiempo en algo más interesante. De todas formas, Sesshomaru amaba el café, solía consumirlo a todas horas del día, y sobretodo cuando trabajaba en sus novelas. Sin duda, lo sorprendería con sus nuevas habilidades.
—¡Disculpen, llego tarde! —se anunció desde la entrada, y el maestro se volteó para mirarla. Era el sujeto del día anterior, el que era una versión mejorada, mucho más joven y más amable de Sesshomaru. ¡No pensó que eso pudiera existir, ni menos encontrarlo en ese lugar!
—Un momento… —estaba pasando por alto lo más importante. ¿Él trabajaba en ese lugar? ¡Con razón la conocía! Sin duda ella era la cliente estrella más fiel de todas. ¿Cómo es que nunca lo había notado? Con razón él le había dicho que la conocía muy bien.
Caminó solemnemente hasta el asiento vacío en la mesa y se sentó a escuchar la clase. Él no le prestó demasiada atención al principio.
—Entonces, de ese modo aprenderemos a preparar los tres tipos de café. ¿Alguien tiene alguna pregunta sobre el programa?
Kagome levantó la mano tímidamente. —Yo, ¿cuál es el programa? —el resto de las mujeres se volteó para verla desaprobatoriamente.
El día anterior había tenido una fallida e inesperada cita a ciegas con ese sujeto, recordó la forma en que él había jugado con ella, y luego se había burlado sin ningún pudor. Cuando le preguntó si se habían besado había respondido un sugerente "tal vez". Sólo eso había bastado para desatar la desgracia en Kagome.
—¿Nos besamos? ¿Cuándo fue? ¿Por cuánto tiempo? ¡Por qué dejamos de besarnos! —se desesperó Kagome. Quería saberlo todo, el olvidar a los hombres con los cuales había estado estaba comenzando a parecerle demasiado incómodo. Ahora dudaba de su memoria y de ella misma.
El tal Inuyasha rió y le explicó que no se habían besado y que nunca habían salido, ni siquiera una vez. Kagome se relajó en la silla, eso era realmente reconfortante. La posibilidad de que haya sido una zorra y no lo recordara desapareció de su mente.
—¿Entonces cómo me conoces?
—Probablemente mañana lo sabrás —sonrió él, y por más que Kagome le pidió que se lo dijera él no cedió. Ahora comprendía todo, él trabajaba en su café favorito. Probablemente le había visto la cara más de un millón de veces.
—Está bien, no me lo digas. Lo descubriré —murmuró indignada ante su misterio.
—Si no tenemos nada más que hablar… creo que deberías volver a tu mesa —sugirió amablemente el chico, indicando con su mirada a Hiten. El hombre la esperaba confundido y sin saber cómo reaccionar ante su actitud.
Kagome volteó y miró al hombre, que rebasaba los cincuenta años. —¡Oh cielos! Creo que debería… —le respondió incordiada, para volverse a sentar en su mesa. Inuyasha rió y volvió a tomar su libro. Esa Kagome Higurashi sí que era un chiste.
Así había acabado la peor cita a ciegas improvisada de la historia. Obviamente, Hiten no quiso volver a reunirse con ella. Lo único bueno de aquel asunto era que no había tenido ninguna clase de relación con ese tal Inuyasha, no estaba en condiciones de tener otro exnovio, con Sesshomaru le bastaba y le sobraba.
—Entonces echamos café a gusto… —sintió la voz de su maestro y la excitante sensación de estar siendo observada. Lo miró y lo descubrió viéndola, mientras sonreía gentilmente. Seguramente seguía burlándose del papelón que había hecho el día anterior. No le importaba, después de todo estaba acostumbrada a ese nivel de vergüenza en su vida.
—Cuando viertan el café, deben esperar 30 segundos para luego continuar vertiéndolo… —enseñó Inuyasha, mientras revisaba las tazas de todas las chicas. Cuando llegó donde Kagome, puso su mano encima de la de ella, abrazándola con su cuerpo y musitó en su oído.— Esta es la forma correcta de verter el café… —sonrió. Kagome podía sentir su aliento tras su oreja, y eso la perturbó de sobremanera.
Habían pasado ya tres años desde que no tenía absolutamente ninguna insinuación por parte de un hombre. No podía decidir si se dejaba seducir o celebraba lo acontecido, lo cierto era que su corazón palpitó como si hubiera sido Sesshomaru el que le tocaba la mano.
—Despacio… —comentó Inuyasha, aún en su oreja y moviendo la mano de la chica en círculos para verter todo el contenido de la tetera. Kagome lo miró desconcertada. ¿Qué clase de juego estaba jugando? —¿Cómo fueron las cosas ayer, con ese hombre? —quiso saber el chico.
—Horrible. No había manera de que fueran bien, partiendo por el hecho de que tenía casi treinta años más que yo.
—Sin olvidar la parte en que llegaste tarde y estuviste coqueteando con otro hombre. Probablemente no hubieras sido una buena esposa para él —bromeó el peliplata.— ¡No te rindas! —la animó, mientras le daba unas palmadas en el hombro y se marchaba como si nada hubiese sucedido.
Kagome lo miró con reproche. ¿Qué se creía ese sujeto que jugaba con sus sensaciones y luego hacía como si nada? Sus miradas se encontraron y vio como Inuyasha volvía a reírse de ella. ¿Acaso tenía algo en la cara?
Efectivamente, Kagome tenía café pegado sobre sus labios, simulando un hermoso bigote. De repente, vio como los chicos de la banda entraban al café y pedían sándwiches. ¡Con lo que se había esforzado para que la obedecieran!
—¡Ey, vengan acá! —corrió tras ellos, dejando su café. Al verla los chicos se crisparon y corrieron por sus vidas. —Estos niños, ¡no conocen lo que es el miedo! —los persiguió hasta que estuvieron fuera del recinto y se dispuso a gritarles desde la puerta. —¡Nada de pan, ni de bebidas!
La puerta se cerró. —¡Les dije que no comieran! No tienen respeto por sus mayores… ¡Cuando vuelva estarán muertos todos! —masculló, mientras se volteaba sin perderlos de vista. Iba a entrar de regreso a la clase cuando su frente se estrelló a toda velocidad con la puerta. ¿En qué momento la había cerrado?
Las chicas de la clase rieron, e Inuyasha corrió en su ayuda.
—¡Maldición! —se quejó.
—¿Estás bien? —se preocupó el peliplata y le tendió un pañuelo. Kagome lo miró confundida. ¿Por qué le daba un pañuelo?
—Tienes café… en tu…
—¡Ah! ¿En serio? —se llevó la mano a su boca, intentado cubrir la mancha.
Inuyasha tomó el pañuelo y le limpió suavemente los labios. No podía creerlo. ¿En verdad él estaba tratando de seducirla? Era demasiado irreal, no estaba acostumbrada a que cosas como esa le ocurrieran, menos dos veces en un mismo día. Cerró los ojos y se dejó llevar por la placentera sensación de que un hombre la pretendiera.
Inuyasha se mofó. —Termina de limpiarlo tú misma.
Abrió los ojos de golpe y lo miró decepcionada. Tenía treinta años, la edad en que debías limpiarte tú misma había llegado. ¿Acaso moriría si tocaba su rostro? Se había hecho exámenes hace poco y estaba en completa salud. Terminó de limpiarse y le tendió el pañuelo de regreso.
—Creo que te has dañado la frente —comentó con un toque de burla en su voz, y luego se marchó de regreso a su clase.
—No estoy avergonzaba en lo absoluto —murmuró la chica, tocándose la frente. Sin duda se haría un cardenal.— Estoy en la edad en que estar avergonzada es vergonzoso… esa edad ya pasó, hace treinta mil años, lamentó.
II
¿Crees que me dejará una marca? —murmuró Kagome, mientras comía golosinas sentada sobre la alfombra.
—No lo creo, no alcanzaste a cortarte —respondió Sesshomaru, sin dejar de leer su libro. Extendió la mano y Kagome puso una golosina en ella.
—Aún así… puede que quede marcado. Mi piel es sensible —insistió la chica.
Taisho no dijo nada. Kagome cambió de posición, mirándolo de frente. —¿Podrías preguntarme como me golpeé la frente, por favor?
—Probablemente chocaste con algo —explicó Sesshomaru.
Kagome suspiró. Probablemente, si se ponía pintura en la cara y se paseaba cien veces en frente de Sesshomaru él no lo notaría, nunca lo hacía. —Nunca seré capaz de obtener la atención de un hombre… —dramatizó.
—No lo sé, Kagome —murmuró Sesshomaru sin haberla escuchado. Sólo estaba respondiendo cosas al azar. ¡Su vida era tan patética!
Horas más tarde, el equipo favorito de Kagome y Sesshomaru estaba jugando la final del campeonato. Kagome era una fanática del fútbol y Sesshomaru no se quedaba atrás. Era la única cosa medianamente normal que lo volvía loco. Sus familias habían sido parte de la hinchada de esa selección desde hacía más de cuarenta años, lo llevaban en la sangre.
—¡Por favor, por favor! —rogó Kagome a la televisión, mientras agitaba los plumeros de papel de diario que ella misma había fabricado con los periódicos de Sesshomaru. No podía despegar la vista de la televisión, el equipo estaba a punto de marcar y… marcó.
—¡Gol! ¡Goool! —gritaron al unísono, y se levantaron disparados. De la alegría, Kagome saltó sobre Sesshomaru y este la cogió y la giró por los aires. El impulso duró sólo un segundo, se había dejado llevar por el juego, y por la costumbre de celebrar con él cada triunfo del equipo.
Pataleó para que Sesshomaru la soltara. Cuando la dejó en el piso la miró extrañado.
—Esto no está bien.
—¿Qué te pasa ahora? —inquirió el peliplata, ante el repentino cambio de la chica. Kagome tomó el control de la televisión y la apagó. —¡Espera, qué haces! No hemos visto la repetición.
—Esto no está bien, Sesshomaru —repitió.— Hace más de tres años que terminamos.
Taisho la miró con cara de nada. —¿Y eso qué?
—Me gustaría que no me abrazaras ni me besaras como si estuviéramos saliendo, por favor.
—¿Por qué tan de repente? Siempre hemos sido así.
—¿Aún no te das cuenta? Terminamos. Ahora sólo somos amigos.
—¿Quién decidió eso? Nunca he dicho que hemos terminado —musitó Sesshomaru con voz ronca.
—¡Pero qué…! —iba a terminar la frase pero él la lanzó sobre el sillón y tomó su mentón. Su adrenalina subió desde su entrepierna a su garganta.
—¿Por qué estás haciendo esto?
—¿Cómo puedo ser tu amigo? Si fueras un hombre, ¿estarías satisfecho con que una mujer así de sexy fuera tu amiga? —se acercó peligrosamente a ella y la besó. ¡Cuánto extrañaba esos besos!
—Soy realmente sexy, ¿no es así? —musitó sensualmente, mientras seguía su juego y le arrancaba la camisa. El beso se intensificó y Kagome no pudo más que perder todo tipo de noción. Hacía mucho tiempo que lo esperaba… realmente mucho tiempo. Demasiado, había sido una larga y terrible espera.
Mientras dormía, no podía dejar de jadear. Sesshomaru al fin la estaba besando y recorría su cuerpo con sus manos fuertes y grandes. Extrañaba también esas manos, y la forma en que la hacían llegar al cielo incluso antes del sexo.
Abrió los ojos violentamente y una fuerte luz la encegueció. —¡Es un sueño!
¡No había sido real! Se sentó en la cama. Gracias a Dios se había dado cuenta de que era un sueño antes de que llegara a la mejor parte; incluso había gemido. —¡Me estoy volviendo loca! —lloró sobre las mantas. Como si su corazón no extrañara a Sesshomaru, ahora su cuerpo la torturaba con esas fatídicas ensoñaciones. ¡No podía creer que a los treinta y tres tuviera sueños tan explícitos! No era una adolecente.— Mi vida se ha vuelto tan vulgar.
Saltó de la cama y se puso ropa deportiva. Necesitaba urgentemente quemar toda esa energía extra que le sobraba gracias a su inexistente vida sexual. Amarró sus zapatillas y trotó hasta la puerta de la casa. Eran las nueve de la mañana de un día sábado, probablemente Sesshomaru estaba durmiendo aún.
Abrió la puerta y notó que se había equivocado. Él estaba podando las plantas del jardín junto a los perros. Sobrerreaccionó al verlo y su cuerpo entero se erizó.
—¿A dónde vas?
—¡No es tu problema!
—¡Vamos nosotros también! —gritó Sesshomaru a los perros, mientras los soltaba y estos corrían tras la chica. Eran un macho y un hembra, exactamente iguales; los habían comprado para Navidad, cuando aún estaban juntos. Aunque ellos se habían separado años más tarde, los perros seguían amándose como si fuera el primer día de su relación. ¡Qué envidia le daban!
En el parque, Sesshomaru vio como Kagome corría de un lado a otro sin detenerse, se veía cansada, pero al parecer su fuerza mental era mucho más fuerte que sus músculos. Su energía era proporcional a su frustración sexual.
—¿No estás cansada? —le preguntó Sesshomaru, mientras saboreaba una paleta helada.
—¡Tengo que deshacerme de toda esta energía innecesaria!
—¿Por qué?
—No puedo dormir bien, tengo sueños extraños.
—¿Qué clase de sueños?
Sueños en donde lo besaba, y lo acariciaba, y luego se iban a la cama.
—Qué clase de sueños —repitió el peliplata, al notar que Kagome se había perdido en sus pensamientos otra vez.
—Un sueño en donde un hombre muy molesto se aferraba a mí.
—¿No será un hombre que te gusta?
—¡Por supuesto que no! Definitivamente es un hombre que no me gusta —alegó, mientras saltaba la cuerda.
—¿Entonces por qué apareció en tus sueños?
—¡No lo sé, pero no me gusta!
—¿Qué tipo de hombre es?
Kagome lo miró con rabia. —¡Uno muy malo, inconsciente, indiferente, insensible y egoísta! —gritó, para luego largarse a correr lejos de él. Sesshomaru se quedó de piedra. Comenzaba a dudar de la cordura de Kagome.
III
—Creo que he pasado un tiempo difícil porque no lo he hecho hace tiempo —se lamentó en un café nocturno con sus amigas.
—La noche sola es demasiado larga, ¿no es así? —exageró Kikyou, mientras se aferraba a su brazo en señal de apoyo.
—Así es. Además fue tan frustrante, despertar sola después de haber vivido aquello fue realmente… ¡Si es un sueño al menos debería ir hasta el final! —protestó Kagome.
Sango la miró divertida. —Creo que quieres volver con Sesshomaru, es por eso que tuviste esa clase de fantasía… —sugirió Kikyou.— Además, tu cuerpo tembló cuando él tocó tu nariz. ¿Aún así no quieres volver con él?
—¿Qué debería hacer?
—¡La respuesta es obvia: sólo duerme con él! —respondió Sango, como si eso fuese lo más normal del mundo.
—¿¡Qué!? —chillaron Kagome y Kikyou a la vez.
—Sólo dile como te sientes.
—¿Y cómo… me siento? –temió preguntar.
—¡Lo extrañas tanto que sueñas con él todas las noches! —se burló Kikyou.
—Kagome —murmuró Sango, poniéndose seria.— A los hombres les asusta cuando las mujeres son así de directas, y ser erótica no te conviene, menos con Sesshomaru. Sólo díselo como si estuvieras bromeando: "Ven a dormir en mi habitación a veces", con indiferencia y frialdad. ¿Qué tal suena?
Kagome miró a Kikyou y puso su voz más sexual. —Ven a dormir a mi habitación a veces… —bromeó, mientras acariciaba el hombro de su amiga.
—¡Oh! Pareces una chica fácil… —le respondió la pelinegra. Sango no pudo evitar reír.
—Chicas, si lo piensan detenidamente, no es diferente a los deportes.
—¿Los deportes?
—Seducirlo es como atrapar. ¡Piensa en ello como el arte de atrapar y sólo hazlo! ¿Quieres dormir conmigo? ¿Quieres jugar fútbol conmigo? Sólo así, casualmente.
—¿Kagome? —musitó Kikyou, llamándola del brazo, pero ella ya se había marchado al mundo de las ensoñaciones.
En la cabeza de Kagome sólo estaba Sesshomaru. Kagome entraba a su habitación seductoramente y le decía: "Mi cuerpo está muy adolorido ¿Quieres ayudarme en mi habitación?", y Sesshomaru se levantaba para darle el mejor sexo de su vida.
—¡Di algo que tenga sentido! —protestó, cuando despertó de su fantasía.
—¿Qué es lo que no tiene sentido? Sexo es sólo sexo.
—Pero compartes sentimientos —agregó Kikyou.
—¡Es cierto! Compartes amor y es un ritual puro.
—¿Qué tiene de puro? —se quejó Sango.
—Lo planteas como si fuéramos animales.
—¡Es porque somos animales! También tenemos derecho a hacerlo como animales.
—Quiero hacerlo mientras soy amada —enfatizó.
—…con sentimientos —agregó Kikyou, y con Kagome estuvieron de acuerdo.
—¡Es por eso que no tienen suficiente sexo! —se burló la castaña.
—Aunque no lo creas, soy una experta en el arte de empujar y tirar.
—Oh, así que eres una profesional… —se mofó Sango.— ¿Cómo lo haces?
Kikyou cruzó las piernas. —Lo llamo el método de los tres pasos. Cuando nos despedimos él me besa una vez y yo lo rechazo, él insiste y yo lo rechazo nuevamente. Cuando un hombre es rechazado dos veces se vuelve molesto, si eso sucede, debes botarlo en seguida… pero si insiste cordialmente, entonces eres tú quien lo sugiere.
—El problema es que siempre se dan cuenta… —agregó Kagome.
—Si tienes ese método fantástico, ¿por qué no te acuestas con tu novio Onigumo?
—Eso es un problema diferente… no soy una mujer fácil de conseguir. A diferencia de ustedes, que son: una modelo famosa, casada con un importante periodista, y una compositora exitosa, yo sólo trabajo en la administración de un cine. Tengo que tener al menos, un poco de valor, y ya que mi especialidad no es ser guapa o sexy, la pureza y la inocencia son mis puntos fuertes. ¡Ese es mi concepto!
Sango volvió a burlarse de ella. —¿Sabes cuando los hombres buscan a una mujer inocente? ¡Cuando están cansados de mirar a las mujeres seductoras! Osea, poco antes de llegar a la tumba.
—Creo que tiene razón… —concluyó Kagome. Kikyou estaba de cierta manera, atascada buscando al hombre ideal, no era muy diferente a ella. Sin embargo, su visión de las relaciones era totalmente machista, se esmeraba mucho en parecer una mujer habilidosa en todo lo que tuviera que ver con la casa, incluso pretendía ser buena cocinera. Compraba comida y la llevaba al consultorio de Onigumo diciendo que ella misma la había preparado.
Esa noche, Kikyou había invitado a Onigumo a su casa por primera vez, por lo que cuando se despidieron compró todo tipo de exquisiteces para el paladar. Lamentablemente, él llegó mucho antes de lo previsto con un ramo de flores y descubrió su pequeño secreto: no era una buena ama de casa.
Él no le tomó importancia y se ofreció a ayudarla. Poco después intentó cobrar lo que había hecho por ella en la cocina. La arrastró hasta la habitación y la tumbó en la cama. Kikyou usó su método de los tres pasos, pero no funcionó. Él se apoderó de su cuerpo y no la dejó siquiera llegar al paso número uno. No tenía conciencia alguna de lo que era hacer el amor. A pesar de que llevaba cinco meses con él, Kikyou no pudo excitarse momento alguno. Él era demasiado egoísta, y sólo le interesaba satisfacer sus propios deseos. Cuando terminó, Kikyou descubrió con pesar que sufría de frigidez: era incapaz de disfrutar el sexo con un hombre. ¿Desde cuándo sucedía aquello?
IV
—Entonces, ¿Sango diseñó estos zapatos? —comentó Sesshomaru, mientras observaba un hermoso par que le había sido regalado a Kagome.
Kagome estaba lavando los platos, habían cenado hacía poco, luego de volver del bar con las muchachas. —Sí, tiene mucho talento, ¿no es así?
—Lo tiene, ¿te dijo cuándo es el lanzamiento?
—Me lo dijo, pero lo olvidé; creo que es muy pronto. Mañana la llamaré para preguntarle —solucionó, estaba concentrada en la cocina.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudar? —se ofreció Sesshomaru cortésmente, como solía ser él. Se levantó de la silla y caminó hasta Kagome, que fregaba los platos con el cabello suelto. Tomó una coleta de un cajón y lo amarró con ella.
La pelinegra se estremeció con el toque de sus dedos sobre su cuello. Sintió que cada cabello tocado por él era un punto erógeno de su cuerpo, ¡como si no le bastara con su nariz!
—Es porque he estado sin un hombre por mucho tiempo… —quiso convencerse Kagome, mientras intentaba frustradamente de no mirar la espalda ancha de Sesshomaru.
—¿Sólo tengo que lavar ésto? —preguntó Sesshomaru, tomando unos cebollines.
No le respondió. No podía dejar de mirarlo.
—Miras mucho mi cara durante estos días. ¿Tienes algo que decirme? —comentó el peliplata, descubriendo su escrutinio.
Kagome se sonrojó: el momento había llegado. Era todo o nada, no perdía nada con arriesgarse. —No, nada.
Se acobardó. ¡Siempre había sido una condenada cobarde! ¿Qué tan difícil podía ser decirle a Sesshomaru que lo quería en su cama?
—¿Te pasa algo?
Tomó aire y se lanzó. —Sesshomaru… ¿Quieres dormir en mi habitación a veces?
Silencio. —¿Por qué dejaría mi habitación e iría a la tuya?
Sango se había equivocado. O Sesshomaru no se había dado cuenta, o la había rechazado rotundamente. No sabía cuál de las dos opciones era peor.
—¿Hay cóctel de camarones en tu refrigerador?
—Sí, y también almejas… —respondió de mala gana, mientras continuaba cocinando.
—¿Qué es ésto? —llamó su atención Sesshomaru, con el paquete de preservativos que había escondido en su refrigerador.
Kagome corrió hasta él y se los arrebató de las manos. —¡Respeta mi privacidad! —reprendió, mientras cerraba el refrigerador violentamente.
Sesshomaru la siguió de regreso al lavabo. —¿Para qué necesitas eso?
—Es medicina de emergencia —explicó Kagome: medicina para no tener bebés ni contraer enfermedades.
—¿No estás avergonzada de que los haya encontrado en tu refrigerador?
Kagome dejó lo que estaba haciendo y lo encaró. —¿Por qué debería estar avergonzada? Todo esto es por tú culpa.
—¿Acaso yo fallé alguna vez? Siempre me preocupé por el control de la natalidad. No había motivo para que tú lo hicieras.
—¡Es ridículo! Tú fuiste quien me presentó el mundo del control de la natalidad.
Recordó la primera vez que ambos habían comprado preservativos. Estaban en el mercado y entonces ella corrió hasta la caja y dejó un sin número de objetos para que Sesshomaru los pagara. Cuando Sesshomaru vio los preservativos la miró indignado. En esa época, todavía era vergonzoso comprar esa clase de cosas. Kagome se burló de él desde su escondite fuera del supermercado.
—No los necesitas —sentenció Sesshomaru con voz dura.
—¡Claro que sí! Soy una mujer.
—No eres una mujer normal. Punto final.
—Que tú no me quieras no significa que no puedo ser de otro —Sesshomaru dejó también lo que estaba haciendo y la fulminó con la mirada. Luego se sentó en la mesa a comer y la ignoró completamente.
¿Qué le sucedía? ¿Acaso tenía celos? Había pasado ya el tiempo pertinente para tenerlos. Ahora Kagome Higurashi estaba decidida a vivir la vida, y a encontrar a su hombre ideal en una cita a ciegas. ¿Quién sabía? Quizás, después de todo ya lo había encontrado. Recordó al tal Inuyasha, y cómo había hecho una perfecta técnica de tira y afloja con ella el día anterior, durante la clase de café.
No podía esperar toda la vida a Sesshomaru Taisho, su belleza no duraría mucho tiempo más. Debía aprovechar el tiempo al límite, y si Sesshomaru la había rechazado, estaba segura de que Inuyasha aceptaría gustoso pasar la noche con ella.
CONTINUARÁ…
NOTA DE LA AUTORA:
¡DISCULPEN LA HORRIBLE TARDANZA. LA VERDAD ES QUE TUVE MUCHOS TRABAJOS QUE HACER EL FIN DE SEMANA Y RECIÉN HOY PUDE EMPEZAR A ESCRIBIR. LAMENTO HABERME COMPROMETIDO PARA EL DOMINGO. PROMETO ORGANIZAR BIEN MI TIEMPO, PARA TENER UN CAPÍTULO POR SEMANA.
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, EN LO PERSONAL A MI ME ENCANTA EL PERSONAJE DE SANGO, ES QUE EN ESTE FANFIC LOS PAPELES ESTÁN INVERTIDOS: SANGO ES COMO MIROKU, Y MIROKU ES COMO SANGO. ESPERO QUE NO LES DISGUSTE. A MI ME GUSTA VER A SANGO EN UNA FACETA MÁS LIBERAL :B
CON RESPECTO A KAGOME, PUES LA TENSIÓN SEXUAL VA EN AUMENTO. LES RECUERDO QUE NO EST´´A DEFINIDO CON QUIÉN SE QUEDA KAGOME, ASÍ QUE TODO PUEDE SER.
LES CUENTO QUE EL 27 DE ESTE MES ES MI CUMPLEAÑOS Y AMO LOS CUMPLEAÑOS, ASÍ QUE PROBABLEMENTE LES ESCRIBA ALGO ESPECIAL PARA ESE DÍA. QUIZÁS UN LEMON, O UN ONE-SHOT. SERÁ UN AUTOREGALO :B
FINALMENTE, LOS INVITO A AGREGARME A FACEBOOK / CLAUDIAOMITESUSOTROSNOMBRES
ESTARÉ ENCANTADA DE ACEPTARLOS Y CONOCERLOS
UN ABRAZO! Y NOS LEEMOS LA PRÓXIMA SEMANA!
ESCRITO: 14/10/2013
CORRECCIÓN 1: 15/10/2013
GRACIAS DE ANTEMANO POR SUS REVIEWS!
