INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.

EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN LA SERIE KOREANA "I NEED A ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECES A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO.


"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba un romance con otro hombre!"

¡NECESITO UN ROMANCE!

Claudia Gazziero

CAPÍTULO IV

I

Cuando Kagome entró a la habitación, notó que Sesshomaru estaba muy avergonzado en la cama de dos plazas que tendrían que compartir aquella noche e incluso había creado una división con almohadas. Dejó su mochila con equipaje al lado de la puerta y lo miró burlona.

—¿Así que este viaje fue una farsa para seducirme, Sesshomaru? Debí habérmelo esperado de ti —comentó al borde de la risa.

—No es eso, ha sido sólo una coincidencia —explicó tímidamente el chico.— Separé la cama en dos partes para que no pienses mal de mí. Una mitad es para mí y la otra para ti. Te recomiendo no cruzar la línea, si lo haces no podré responder por mis acciones.

Kagome se burló de sus palabras. Sin duda le encantaba cuando Sesshomaru estaba avergonzado. Él tenía mucha personalidad y era superior intelectualmente a muchos hombres, pero cuando se trataba de la intimidad, realmente le costaba.

Decidió darle una mano, ella también había viajado hasta allá para eso. Se lanzó sobre la cama e hizo volar las almohadas que separaban ambas partes lejos. Entonces, se recostó cruzada, ocupando toda la superficie. —¿Y ahora que ya crucé la línea, qué harás conmigo?

—¿Qué insinúas, Kagome? Yo soy un hombre puro; no haría nada sin que tú estuvieses de acuerdo —se indignó fingidamente el peliplata.

Kagome se sentó en la cama y recostó la cabeza sobre su hombro. —No insinúo nada… Además, sabes que soy una durmiente salvaje. Cuando despierte puedo encontrarme a mí misma durmiendo sobre tu regazo —sugirió casualmente, mientras se abrazaba con fuerza a su pecho.

El chico la miró divertido. Últimamente, Kagome sugería mucho que quería tener un contacto más íntimo y al parecer, había llegado la hora. —¡No juegues! —la apartó de su cuerpo.— Me voy a bañar… —escapó. Estaba nervioso, otra vez.

Kagome lo observó marcharse. ¿Acaso había llegado la hora? No estaba lista para tener relaciones por primera vez. A pesar de que ella misma lo había insinuado bastantes veces, se sentía dudosa. Nunca había estado con un hombre, pero estaba segura de que quería que su primer (y ojalá último hombre) fuese Sesshomaru Taisho. Suspiró, no debía temer por nada. Sesshomaru Taisho iba a hacer que su primera vez fuese grandiosa, estaba segura de ello.

—Kagome, ¿me das mi cepillo de dientes de mi bolsa? —pidió el chico, volviendo a la habitación.

—¡Por supuesto! —exclamó Kagome, demasiado optimistamente. No quería arruinarlo mandándolo al demonio aquella noche tan importante. Se arrastró fuera de la cama y buscó entre el equipaje de Sesshomaru.

De repente, el rostro del muchacho palideció, y corrió hasta Kagome para quitarle la bols desesperadamente, pero fue demasiado tarde. Kagome ya había descubierto los preservativos.

—¿Es ésto lo que yo creo que es? Pensé que eras un hombre puro —se mofó, mientras se levantaba y corría lejos de Sesshomaru, levantando la caja de condones.

La cara del peliplata se enrojeció completamente. —¡Dámelos! —la siguió el chico.

—Eres un hombre muy astuto, Sesshomaru Taisho. Tenías todo listo de antemano.

—No seas así… —murmuró él, intentando no parecer afectado. Realmente estaba avergonzado. Todo se había arruinado.

Kagome dejó los preservativos y se abrazó a su espalda. —No te preocupes, pretenderé no saber sobre tus malas intenciones —lo animó Kagome.

Sesshomaru se volteó y la lanzó sobre la cama bruscamente. —Te dije que no me haría responsable por mis acciones si cruzabas la línea.

La pelinegra notó que, efectivamente estaba en el lado de Sesshomaru, iba a protestar por haberla empujado de esa manera, pero él se recostó sobre ella y la besó tiernamente. Con aquel gesto, ¿cómo podía enojarse con él?

Hubiera estado preparado o no, esa fue la mejor noche de su vida.

—Así que al final los usaste, y ésa fue nuestra primera noche juntos —terminó de explicar Kagome al peliplata. Había decidido ignorar las palaras de Sesshomaru y hacerle ver cómo él era el culpable de todo. Estaba cansada de que actuara como si ella aún le perteneciera. Si él le había enseñado el mundo del control de la natalidad, no podía reclamarle ahora que lo usara con otros hombres.

Sesshomaru dejó de comer. —¿Estás loca? Nuestra primera noche juntos fue cuando estaba en el ejército. ¿Lo recuerdas? Incluso recuerdo el hombre del Hotel: Evergreen. —corrigió Sesshomaru, completamente enfadado de que ella no recordara algo como eso.

—¡Nuestra primera noche juntos fue cuando estábamos de vacaciones, el último año de escuela!

Sesshomaru rió. —Esa noche sólo nos tomamos de las manos y dormimos felizmente separados por almohadas. No lo repetiré una vez más…

—Escucha, Sesshomaru Taisho: sé que siempre debes tener la razón en todo, pero esto es sumamente importante para una mujer. ¿Crees que olvidaría mi primera vez?

—Tú no eres una mujer normal —solucionó el chico.

Kagome lo miró enfadada. —¡Comimos fideos al siguiente día!

El peliplata se acercó a su rostro y tocó su nariz de aquella perturbadora manera otra vez. —Jamás había escuchado sobre esos fideos en toda mi vida.

Y Kagome perdió. Su cuerpo volvió a remecerse completamente con ese simple gesto. Ni siquiera podía pedirle que no lo hiciera, porque él notaría en seguida que su nariz se había convertido en su nuevo punto G. ¡Si no encontraba un hombre pronto, iba a morir de exceso de deseo sexual!

El timbre sonó y el chico dejó la cocina para ver quién era por el citofono. Era Rin Susuhara y traía un rostro de los mil demonios. —¡Es Rin! —anunció Sesshomaru, en la puerta.

—¿Por qué estaría ella aquí? Dijo que iba a pasar la noche con Onigumo…

Sesshomaru la miró sin saber nada tampoco. Abrió la puerta y la chica entró devastada. Parecía que la hubiese atropellado un camión, ni siquiera se había arreglado para salir.

—Sesshomaru, hola… —saludó desganada.— ¿Me puedes traer un vaso de agua, por favor? —rogó. Kagome terminó de comer rápido y corrió al lado de su amiga.

—¿Qué pasó? —quiso saber la chica, preocupada.— Dijiste que ibas a invitar a Onigumo… ¿él no fue?

Se sentaron sobre el sillón y hablaron despacio para no ser escuchadas por Sesshomaru. —Él fue, pero se marchó en seguida… —explicó Rin, a punto de llorar.

—¡¿Se fue?! ¿Por qué? —exclamó Kagome. ¿Qué hombre tenía los cojones para dejar a Rin en ese estado?

Su amiga suspiró. —Una vez que terminó, se fue a su casa… —aclaró la también pelinegra y ambas se miraron a los ojos confundidas.

—¡Sesshomaru, ven aquí! ¡Quiero hacerte una pregunta! —llamó Rin al peliplata. El chico se acercó sigilosamente, temiendo sucumbir ante las incómodas preguntas femeninas y le tendió su vaso con agua a la dulce chica.

—Sólo conversen entre ustedes. Seguramente son cosas de mujeres… —articuló, mientras huía a su parte de la casa.

Ella ignoró el hecho de que el peliplata no quería escuchar. —¿Cuándo dormiste con Kagome por primera vez… ¿cómo se sintió? —lanzó Rin, sin medir las consecuencias. Kagome se quiso morir y Sesshomaru volteó, se sentó en el sillón de enfrente y la miró serio.

—Estaba feliz porque la amaba… —declaró de una vez, mirando a Kagome —la pelinegra sonrió triunfante.

—¿Verdad? —alborotó la chica.— ¿Qué tal tú?

Esta vez Kagome fue su víctima. Lo pensó dos veces y se fingió dudosa. —No sé… realmente no recuerdo —mintió, aún enojada porque Sesshomaru había confundido su primera vez con la segunda.

—Te gustó —recriminó Sesshomaru, mirándola acusadoramente.

—¿Me gustó? —continuó Kagome y disfrutó como Sesshomaru se molestaba.

—Les gustó, ¿no es así? ¡Estoy tan molesta! —se quejó la impertinente chica.

Kagome se desesperó. —Dinos de una vez por qué estás tan molesta…

—Porque no fue para nada divertido… nuestra primera vez juntos fue un verdadero desastre —Kagome y Sesshomaru se miraron preocupados de que él le hubiese hecho algo malo sin su consentimiento, pero acordaron escuchar toda la historia. Rin prosiguió con su relato.— Fue romántico al principio, porque me trajo flores…

—¿Introducción? —interrogó Kagome, rápidamente.

—Buena… —respondió la chica.

—¿Incremento de la acción?

—No estuvo mal…

—¿Crisis? —Sesshomaru observó a Kagome indignado. ¿Desde cuándo las fases del sexo tenían nombre? Realmente esa chica tenía un metalenguaje con sus amigas. Además de eso, ¿cuál era la crisis? ¿Acaso había crisis en una relación sexual?

—¡Desde ahí se empezó a poner aburrido! Y cuándo recién se empezaba a poner algo caliente, él sólo… —los chicos la miraron ansiosos.— ¡Él sólo terminó! Estuvo vacío, completamente vacío, no sentí absolutamente nada… ¡Nunca me había pasado esto con alguien!

—Tampoco es como si tuvieras tantas experiencias… —agregó Sesshomaru, sin tacto, mientras intentaba recordar cuántos novios había tenido Rin.

—Estoy tan decepcionada… todo lo demás va bien, excepto lo sexual. Él me quiere, me acepta como soy y además es un doctor. ¿Cuándo encontraré un partido como ese? ¿Cómo es posible que no haya resultado? ¿Qué opinas tú, Sesshomaru? Como hombre, debes tener algo que decir…

El peliplata se sorprendió y demoró en pensar una respuesta para la chica, que a fin de cuentas, también era su amiga. —No lo sé, creo que si eso no va bien, entonces lo demás no es tan profundo. ¿No es así? —buscó apoyo en Kagome.

La azabache asintió con la cabeza. —Eso es cierto

Ella y Sesshomaru siempre se habían llevado realmente bien en ese sentido. Sesshomaru besaba realmente bien. Vio cómo bebía de su lata de cerveza, y su manzana de Adán subía y bajaba por su cuello largo y blanco. La boca se le hizo agua. Él se llevó la mano a la oreja y se acomodó el cabello. Sus manos eran tan seductoras, recordaba muy bien cómo sus manos la hacían retorcerse de placer. Llegaba demasiado a menudo al climax, Sesshomaru era un gran amante. No podía dejar de mirarlo, lo deseaba. Aunque tratara de evitarlo, aún lo quería en su cama y en su vida, de una manera completamente distinta a la que vivían en ese momento.

—¿Vas a seguir mirando mi cara? —la interrumpió Sesshomaru.

—¿¡Acaso no puedo mirar donde se me dé la gana!? —explotó Kagome, molesta por su fantasía rota. Bebió de su cerveza también.

Rin seguía lamentándose. —Él se quedó recostado cerca de una hora y luego se fue. Dijo que tenía un vuelo importante en la mañana. ¿Cómo es que no me dijo de ese viaje? Además, no es cualquier cosa, ¡es nuestra primera noche! Al menos debería haberse quedado conmigo a desayunar ¿No es cierto?

Kagome y Sesshoamru volvieron a asentir. Ahora Rin decía cosas que tenían sentido, lo más normal era quedarse con la persona amada hasta la mañana siguiente.

—Tal vez se fue porque notó que no lo disfrutaste… —se aventuró la azabache.

—Eso lastimaría el orgullo de un hombre —consintió el peliplata.

Rin exhaló. —Lo más probable es que él ni siquiera sepa que no lo disfruté.

Kagome puso el grito en el cielo. —¡¿Acaso tú fingiste que te gustó?!

—¡¿Las mujeres pueden fingir?! —exclamó confundido Sesshomaru.

Rin la miró avergonzada, dándole a entender que sí lo había hecho. —¿¡Estás loca!? —se indignó Kagome.

—¿Es posible que finjan un orgasmo? —exigió saber el peliplata.

—Es posible para las mujeres… a veces —respondió tímidamente Rin.

Sesshomaru escrutó a Kagome fieramente.

—¡Nunca fingí! —aclaró la azabache.— Siempre me gustó, ¿contento?

—¿Realmente no fingiste?

—¡Dije que no!

De igual manera, Sesshomaru no sabía si creerle o no. Ya había sido suficiente con las fases del sexo y ahora descubría que las mujeres fingían disfrutar el amor. Kagome observó cómo su eterno enamorado se debatía mentalmente entre si creerle o no. ¿Cómo podía dudar de sus orgasmos? Habían sido siempre tan… intensos. Era imposible fingir la sensación de sentir a Sesshomaru adentrándose en sus entrañas. Le levantó el dedo pulgar y sonrió picaronamente. Sólo entonces, Sesshomaru se quedó tranquilo.

Rin siguió lamentándose toda la noche, pero como buena amiga que era, Kagome escuchó todas sus penas de amor. No iba a ser la primera mujer en encontrar a un hombre bueno para nada, y tampoco la última.

II

Sango se levantó cerca de las seis de la mañana para prepararse para su juego de golf con el ministro de economía y su esposa. Si ganaba su aprobación, ella y su marido serían parte de la elite política del país. Obviamente para eso, sólo necesitaba ser muy hermosa, muy educada y perder el juego. No podía pagar su cortesía haciendo caer sus egos de esa manera: debía respetarlos en todo el sentido de la palabra.

—¿Tienen confianza para entrar en el mundo de la política? —les preguntó finalmente el ministro.

—Todavía me falta, pero trabajaré muy duro para ser una persona digna para este país —respondió Sango, servilmente.

El anciano hombre y su esposa de mediana edad rieron. —Mi esposa está asistiendo a una academia de política —agregó Naraku.

Aquello les gustó de sobremanera a los políticos, siempre era bueno encontrar nuevos aliados en aquel mundo, y Naraku parecía un hombre que era capaz de todo por entrar.

Más tarde, Sango se deleitó con los masajes que le brindó su esposo en agradecimiento por su perfecta actuación.

—¿Quieres que te prepare la tina? —se ofreció Naraku, estaba tan contento de que todo hubiese ido bien ese día, que era capaz de hacerlo todo por Sango.

—No, espera… ¿Conoces al presidente de SHOEZ&CLOTHES?

—Sí, aún lo veo a veces. Era uno de mis maestros en la Universidad.

Sango se regocijó de alegría. —¿Podrías llamarlo?

—¿Para qué?

—Le envié una propuesta de mi empresa, pero ellos dijeron que todo el presupuesto para este año estaba tomado…

—… y quieres que interceda por ti, ¿no es así?

—Sí —admitió Sango, sugerentemente.

Naraku comprendió todo. —Ya encontraba extraño que te hubieras portado increíble hoy, no das puntada sin hilo… —comentó roncamente el pelinegro.

Sango rió. —Serías más estupendo si arreglaras una cena para nosotros.

—¡Zorra! —vociferó Naraku. Su esposa sin duda, luchaba por ir un paso delante de él.— ¿Quieres una copa de vino? —invitó.

—La merecemos, cariño —se burló Sango. Su farsa de matrimonio le traería muchas ventajas económicas. Había hecho una buena elección, no tenía que sufrir con los altos y bajos del amor. Aquello era una horrorosa cursilería para ella, y no estaba dispuesta a vivirla otra vez.

Kagome también había madrugado. Nuevamente había salido temprano para quemar las energías de sobra que tenía, y que su cuerpo insistía en traducir en fantasías sexuales. ¡Por Dios! ¿Cuántos años tenía? Ya no era una adolescente, ni mucho menos virgen.

Su falta de satisfacción crecía a medida que pasaba el tiempo. Se descubrió odiando a todas las parejas felices del parque, besándose mientras iban al trabajo, como si estuviesen enamorados. ¡El amor no existía! Si su amor con Sesshomaru, que era el más fuerte de todos había muerto, entonces ningún amor existía en realidad. Se alejó mientras saltaba la cuerda de todos esos sujetos y mujeres románticas de primavera, le daba nauseas con solo mirarlos. Los perros corrieron tras ella.

Era una mentira que el deseo sexual de las mujeres es más débil que el de los hombres. No entendía cómo había mujeres en el mundo que se simulaban tener dolor de cabeza para no hacerlo, si era lo más sano y rico de la vida. Aquella era una verdad que había descubierto gracias a su frustrada vida sexual: Las mujeres desean amor sexual tanto más de lo que desean el amor mental.

Entró a casa corriendo y buscando a Sesshomaru para proponérselo de nuevo.

—¿Sesshomaru, quieres hacer el amor a veces? ¿Quieres dormir conmigo? ¿Estás tan desesperado como yo? ¿También estás enloqueciendo? ¡Créeme, estoy a punto de morir! Mi cuerpo necesita tu cuerpo, se extrañan como si se pertenecieran… —murmuró, imaginando todo tipo de diálogos con el peliplata.

Todo iba bien hasta que descubrió unos zapatos de tacón rojos esparcidos por la sala de Sesshomaru. Miró alrededor pero no había nadie. ¿Estaba con alguien? Bueno, si lo estaba probablemente estaban discutiendo alguna película o algo así. Cruzó la frontera con su casa y se metió a su refrigerador, sacó un yogurt y lo vertió junto con cereal en un platillo. Los minutos pasaron y de repente Kagome cayó en cuenta de que no había visto sus preservativos en el refrigerador, y habían zapatos de mujer en la sala de Sesshomaru…

¡No podía ser! ¡Cómo era posible que trajera una mujer a casa y usara sus condones! ¿Acaso no había respeto en el mundo para las ex? ¡Sesshomaru estaba cayendo en el vicio y la desvergüenza! Dio zancadas hasta su parte de la casa y subió la escalera furiosa en busca de esa mujerzuela barata que seguramente era mucho más fea que ella. ¡Podía soportarlo todo menos eso!

Llegó a la habitación de Sesshomaru y no pudo evitar detenerse a escuchar los gemidos de esa mujer. ¡Eran grotescos y fabulosos! ¿Acaso Sesshomaru había mejorado su técnica? Al parecer, ella lo estaba disfrutando mucho. Se detuvo, no podía irrumpir así en su habitación. Ella no era nada de Sesshomaru, sólo su amiga, no tenía el derecho de entrometerse en su vida. Ya no era más su novia…

Iba a irse cuando bajó Sesshomaru con sólo una toalla cubriendo su cuerpo mojado y secándose el cabello. —¿Qué haces? —inquirió el peliplateado.

Kagome dio un salto del susto.

—¿Por qué estás parada con esa cara de tristeza frente a mi habitación? —le preguntó, mientras se refregaba el cabello. Todo su olor entró por los sentidos de Kagome. Hacía tanto tiempo que no sentía su fragancia fresca y húmeda. Inhaló hasta que sus pulmones estuvieron llenos, para guardar su recuerdo durante otros tres años.

—¿Kagome, perdiste la cabeza? ¿Por qué no la pones en su lugar de una vez? —la molestó, al ver que nuevamente la había perdido en sus ensoñaciones.

—¡Déjame! ¡Tienes una mujer ahí, y usaste mis condones con ella!

Sesshomaru la escuchó con desaprobación, ¿cuándo dejaría de ser tan impetuosa? Abrió la puerta de un empujón y una sensual canción se tomó el pasillo. Era una de esas cantantes indie que más que cantar gemían. Kagome lo miró desconcertada. No había ninguna chica en ningún sector de la alcoba.

—Pero... ¿y esos zapatos en la sala?

—Son los zapatos que te regaló Sango… de su nueva colección.

Un balde de agua fría cayó sobre la cabeza de Kagome. —¡Ah! Esos zapatos… —rió nerviosa.— ¡Son míos!

Sesshomaru pasó a su lado y bajó, caminó rápidamente hasta la cocina de Kagome y sacó de su cajón la famosa y polémica caja de preservativos. —Los guardaste aquí luego de que discutiéramos ayer, ¿recuerdas?

—Sí, ahora recuerdo —murmuró tímidamente.

—Creo que de igual forma, deberías sacarlo de la cocina y llevarlo a tu cuarto, para que cuando estés con el fabuloso hombre que encontrarás en la cita a ciegas, lo tengas a mano —sugirió molesto, y se marchó a su habitación, llevándose todo su cabello mojado y su cuerpo semidesnudo.

Últimamente, no hacía más que alejar a Sesshomaru de sí misma.

III

—¡Puedes creerlo, quise morir! ¿Por qué me he convertido en esta clase de mujer? —masculló Kagome en el asiento del copiloto, junto a Sango. Las tres se iban a reunir a cenar en un gran restaurant, lo merecían por la nueva colección de Sango que pronto se lanzaría. Al parecer, Sango había conseguido el financiamiento de una gran empresa de calzado y retail, su trabajo muy pronto estaría en todas las galerías del país.

—Ahora eres una celópata declarada. Eso te pasa por no atreverte a decirle a Sesshomaru lo que piensas. Si hubieran dormido juntos, sin ningún compromiso ahora no tendrías sueños eróticos por las noches. Tú siempre estás tratando de interpretar a tu cuerpo con tu cerebro… debes ser más animal, las sensaciones no se pueden explicar a través de las emociones.

Sango, sin duda, era una mujer admirable. Sabía manejar el amor de la mejor forma, era una diosa de las relaciones, su matrimonio exitoso era una prueba de ello.

—¿Y Rin? —preguntó Kagome, mirando la hora.

—Me mandó un mensaje, dijo que estará en la entrada en cinco minutos.

—¿Le crees? —murmuraron al unísono y luego rieron a carcajadas. ¡Rin siempre llegaba retrasada!

Sango estacionó el auto y Kagome se bajó rápidamente, siempre se mareaba un poco con la velocidad con la que conducía la castaña. Sango cerró su auto y se detuvo a mirar el carro que estaba justo a su lado: era el auto de Naraku, probablemente estaba cenando con su amante en ese lugar. Vio como su amiga se alejaba en dirección a la puerta del recinto y entró en pánico. ¡Ella lo descubriría todo! Y considerando lo impetuosa que era Kagome, seguramente haría un escándalo que no estaba en condiciones de explicar.

—¡Kagome, vamos a otro lugar! —le gritó, antes de que entrara.

—¿Por qué?

—¡Sólo llama a Rin para que salga! Está muy lleno aquí, busquemos algo mejor.

—Tú misma dijiste que aquí era perfecto… no entiendo.

Adentro, Naraku cenaba y bebía del mejor vino junto con su amante, y Rin, con su cartera entre las manos, los veía sorprendida. No podía tolerar que él estuviese engañando a su amiga, quien era la mejor esposa que había visto sobre el planeta. El repugnante sujeto la notó y la saludó cordialmente con la mano.

—¿Quién es, amor? —preguntó con un acento extraño la muchacha.

—Una de las mejores amigas de mi esposa, no es nada grave; no creo que haga algo, es tímida —aseguró el pelinegro, mientras recibía un mensaje de Sango: "Kagome y Rin están en el mismo lugar que tú"

Efectivamente, Rin se alejó demasiado incordiada como para montar un escándalo, pero en la entrada se topó de frente con Kagome.

—Kag, vamos a otro restaurant, ¿sí?

Kagome nunca había sido una estúpida. ¿Qué era lo que se traían esas dos? —¡No, descubriré qué es lo que pasa! —decidió, y entró furiosamente al restaurant. En una mesa al fondo, descubrió a Naraku abrazado con otra mujer, ¡una amante, no podía ser! Dio violentas zancadas hasta ellos y los saludó vulgarmente.

—Naraku, veo que estás bien acompañado…

—Por supuesto, Kagome. Te presento a mi prima Kanna, acaba de llegar de Francia.

—¿Tu prima?

—Sí. Saluda con confianza, Kanna —sonrió.

—¡Buenas noches! —musitó la chica, rubia como el Sol.

Pero Kagome no le respondió. Se fue del restaurant con Rin corriendo tras de sí. Afuera, Sango las esperaba sonriente. —¿Dónde deberíamos ir? ¡Acabo de pensar un lugar genial!

—Vamos a mi casa, Sesshomaru cocinará para nosotras, tenemos algo de qué conversar.

—Está bien, vamos… —asintió Sango tragando su propia saliva y temiendo lo peor, Kagome tomó el volante y condujo enojadísima hasta su casa. No hablaron en todo el camino, en los veinte años de amistad que llevaban, la castaña no había visto a su amiga tan molesta como en ese momento.

IV

—Realmente siempre las traes a casa… —suspiró resignado Sesshomaru, al ver que Kagome lo había hecho otra vez. Siempre que venían sus amigas, era él quien terminaba sirviendo y lavando los trastes sucios, además de ser el garzón oficial.

—No lo planeé, resultó así… —se excusó. Estaba desganada y parecía molesta. ¿Qué le había pasado para que llegara así de triste?

En fin, sabía que si le preguntaba ella explotaría y empezaría a decir cosas sin sentido. Decidió evitarlo y salió a la terraza a servir té a las chicas.

—¿No creen que son demasiado viejas como para pelear entre ustedes? —las reprendió el peliplata, mientras llenaba las tazas.— Será mejor que hagan las paces luego y lancen chistes aburridos como siempre.

—De hecho, yo lanzaré el primero: ¿cuántas patas tiene…?

—No es necesario —interrumpió la azabache, mientras se sentaba en la terraza junto a las chicas.— No puedo creer que estén bromeando. Es decir, hay un límite para ser indiferente…

Rin decidió apoyar a Kagome. —Es cierto, Sango. Tu esposo te estaba engañando con otra mujer…

La castaña rió. —¡Es su prima!

—¿Primos besándose y tocándose entre sí? ¿Crees que esto es LA CASA DEL INCESTO?*

—no quería mencionar esto, pero en internet hay unas fotos de tu marido comprando en un mall de Paris y abrazado a otra chica.

—Nosotros somos diferentes a ustedes. Hay rumores sobre nosotros cada día, es el precio de la fama —se excusó la castaña, muy segura de sí misma.

—No creo que tu esposo haya ido a Francia sólo para pasearse con su prima… —agregó Rin, dubitativa.

—¡Yo también salgo con otros hombres, así como él sale con otras mujeres! —lanzó por fin la bomba. A Rin se le cayó la boca de la sorpresa, era de suponer, con lo anticuada que podía llegar a ser, pero creyó que Kagome lo comprendería.

Sin embargo, la azabache estaba indignada. La miraba enojada y con resentimiento. No sería fácil ganar su perdón. Continuó, era mejor acabar con eso de una vez. — ¿Por qué necesitaría pastillas anticonceptivas? No he dormido en él en dos años, es normal que salgamos con otras personas.

—¡Estás loca! ¡Cómo es que no nos dijiste nada!

—¡Silencio! —Ordenó Sesshomaru, y Kagome detuvo su reprimenda de la sorpresa.— Dejémosla que explique.

Sango tomó aire y se decidió a contarles la verdad. —Fue tres meses después de que nos casamos… él tenía otra mujer. Si cuento todas las mujeres que ha tenido no me alcanzarían los dedos de las manos ni de los pies.

—Siento decir esto, pero eso no es una excusa. Que él lo haga no significa que tú debes ser igual… —opinó Rin.

—Entonces… si Naraku hace a Sango miserable, ella debería quedarse miserable también? —intervino Sesshomaru.— Ella tiene derecho a ser feliz.

—¿Y teniendo aventuras para vengarse la hace feliz? —se opuso Kagome.

—¡Es mucho mejor que pudrirse por dentro estando al lado de Naraku! —solucionó el peliplata.

Kagome rabió indignada. —¿Y si tu esposa hiciera eso tú también lo harías?

—¿Y si tu esposo es un imbécil como Naraku?

—¡¿Por qué están peleando de nuevo?! —alegó Rin, desconcertada.— Paren de una vez.

Sango les robó la palabra. —Sesshomaru tiene razón. ¿Debería sólo llorar porque Naraku no me hace feliz?

—Entonces divórciate —propuso Rin.

—¡Lo haré! —exclamó la castaña.

—¡Cuándo cuándo, cuándo! —exigió Kagome, alzando la voz y golpeando la mesa. Realmente estaba afectada, no quería ver a su amiga así. Sango nunca había sido una mujer que se dejaba engañar. No era la misma Sango que conocía.

—Cuando haya lanzado mi colección. Entonces me separaré de él para siempre, ya lo conversamos…

—¿El sabe que tienes otro hombre? —se preocupó la pelinegra.

—Ni siquiera en sueños él podría descubrirlo… Nunca me encontrará.

Kagome no estaba satisfecha con que su amiga de veinte años la hubiera traicionado de esa forma. No se lo merecía, había sido honesta con Sango siempre, y le había contado hasta la última cosa sobre sí misma. Era injusto descubrir que tu mejor amiga te ha mentido durante cinco años. No lo aprobaba, sólo la perdonaría cuando estuviera divorciada de Naraku, antes nunca. El adulterio no había sido nunca una opción para Kagome Higurashi. De repente, Sango se convirtió en una persona lejana, que no conocía y le resultaba totalmente desconocida. Estaba en una dimensión a la que Kagome no podía acceder.

Entonces, ¿cuánto sabía sobre Sango? Era un misterio. Esa era la pregunta que vagaba por su mente aún después de que las chicas se fueron a sus casas. No podía dejar de pensar en eso y sentirse traicionada. Era cierto que ella no era la más virtuosa de las mujeres, pero siempre iba con la verdad por delante, de hecho eso mismo se había convertido en su mayor defecto.

Sesshomaru interrumpió sus pensamientos y la invitó a una copa.

—¿Limpiaste todo? —quiso saber, antes de beber.

—Sabes que detesto que dejen todo sucio —reprendió, sin poder enojarse con ella.

Kagome se levantó de su sofá y siguió a Sesshomaru hasta su casa. —¿Crees que fui muy dura con Sango?

—Sí, muy dura… ¿Por qué acorralar a alguien que no quiere hablar sobre su vida?

La azabache reflexionó por fin… siempre él la hacía volver a sus cabales. —Tienes razón, ¿qué pasa con mi temperamento?

—No lo sé, pero creo que deberías disculparte con ella mañana.

—Estuve pensando y quizás me enojé porque descubrí una nueva Sango en ella. Es decir, ella siempre ha tenido un montón de hombres, y nunca ha engañado a ninguno de ellos… estoy sorprendida, eso es todo.

Sesshomaru asintió y le restó importancia. Bebió su vino y Kagome entendió que no quería hablar más sobre el tema. Además eran las dos de la mañana, tampoco tenía cabeza para eso.

Encendió el radio del peliplata y sintonizó por casualidad una de sus canciones favoritas. —¡Oh! Esta canción, ¡Por Dios! —celebró, mientras mecía su cuerpo al ritmo de la música con una copa de vino entre las manos.

Sesshomaru sonrió y la observó con cariño. —No es que haya algo malo contigo, es sólo que debes pensar un poco más en los sentimientos de los demás…

—¿Tengo que escuchar eso de ti, Sesshomaru; la persona que sólo se preocupa por sus propios sentimientos?

El chico sonrió. —Kagome, recuerda que para ti tu vida es la cosa más importante en el mundo, y por supuesto tus sentimientos también.

—Todo el mundo tiene derecho a vivir su vida como quiera, no me regañes por eso —protestó, mientras se sentaba en la alfombra a beber.

—En la vida hay buenos y malos momentos, cuando todo está bien entonces está bien que te preocupes por tus propios sentimientos, pero cuando tus amigos tienen problemas debes ponerte en el lugar de ellos y ayudarlos. Sango está sufriendo mucho también. Debes empatizar con ella… eres realmente mala sintiendo empatía por las personas, ¿lo sabías, verdad? —se burló Sesshomaru, sin maldad alguna.

Kagome lo miró durante todo el tiempo que habló. Ese hombre debía ser la cosa más extraña y distante que conocía, a veces cariñoso, a veces servicial, a veces frío y siempre inalcanzable. La enloquecía de todas las formas posibles, era una masoquista del amor, y eso le gustaba. La razón por la que había terminado cinco veces con él y regresado después era porque le gustaba aquello de ese sujeto.

—Gracias, Sesshomaru —lo interrumpió mientras saboreaba su vino tinto.

—¿Por qué?

—No lo sé, puedo tener el menor grado de empatía en el mundo, pero no soy tímida dando las gracias —sonrió sinceramente.

Sesshomaru no pudo evitar hacerlo también. —Tienes razón, al fin encontramos algo bueno en ti —Kagome rió demasiado contenta, y eso le llamó la atención.— ¿Por qué estás riendo?

—Es que de repente me gustas mucho, Sesshomaru —admitió Kagome, como si no significara nada.

Un silencio se tomó la sala, hasta que finalmente Sesshomaru lo rompió incomodo. —Me pongo débil cuando las mujeres me declaran su amor…

Kagome bebió vino seductoramente y lo incitó. —Lo sé muy bien, por eso lo digo.

Otra de sus canciones favoritas sonó en la radio, sólo que esta vez era mucho más pegajosa. Kagome se levantó de inmediato y empezó a bailar en medio de la sala, con la copa casi vacía entre sus dedos.

Sesshomaru estaba embelesado, le gustaba esa faceta de Kagome, cuando era sencilla y propositiva, cuando insinuaba que aún lo amaba y cuando lo miraba de aquella manera tan seductora. Se levantó ágilmente y le subió el volumen a la música. La azabache gritó de la emoción y empezó a moverse sin sentido.

—Kagome, haces música y no tienes ningún sentido del ritmo… —reclamó riendo el peliplata.

Ella lo ignoró y siguió bailando de esa forma. —Aunque el baile no coincida con la canción, me gusta. Hoy merezco que me traten bien…

Sesshomaru se sintió ligero, el efecto de la bebida estaba adentrándose en su cuerpo. Se dejó llevar por la música y la simpatía de Kagome. Pocas veces podían compartir de esa manera. Era como volver diez años en el pasado, a los mejores tiempos de su relación.

Cuando llegas a los treinta años, las mujeres llegan a un punto en que se conocen bien y saben lo que le apasiona a los hombres. Estaba segura, en ese momento Sesshomaru debía estar pensando en lo adorable que era… bailando de esa manera, y bromeando por doquier. Cuando se tiene una relación por largo tiempo, se sabe lo que hay que hacer para volver al pasado…

Le arrebató la copa a Sesshomaru y lo invitó a seguirla. Sus pasos eran torpes y parecían menguados por el alcohol. Había bebido mucho más que sólo aquella copa, todo estaba a su favor. —¡Baila conmigo! —lo alentó.

Estuvieron moviéndose durante unos minutos hasta que la canción terminó, en su lugar, una mucho más lenta comenzó. El momento había llegado…

—Sesshomaru… —llamó con voz dulce.

—¿Sí?

Silencio. —Nada…

Sesshomaru se detuvo y la escrutó profundamente.

—Kagome… —la tomó de la mano para que dejara de bailar. Ella lo miró y entonces él ya no pudo reprimirse más. La jaló hacia su cuerpo y lo dijo.

—¿Quieres dormir en mi habitación a veces?

Kagome no supo qué responder. No se lo esperaba. Sesshomaru la abrazó fuertemente y susurró a centímetros de su boca. —No siempre tiene que ser mi habitación, puede ser la tuya a veces… ¿Qué dices?

CONTINUARÁ…

*OBRA INCESTUOSA DE ANAÍS NIN.


¿REVIEWS? MUCHAS GRACIAS POR LEER! LES RECUERDO QUE LA ACTUALIZACIÓN DE ESTE FIC ES SEMANALMENTE. :3 CARIÑOS!


ACTUALIZADO: 02/11/2013

CORRECCIÓN 1: 14/11/013