INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.

EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN LA SERIE KOREANA "I NEED A ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECES A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO. AUNQUE LES RECOMIENDO LEER ESTE FIC, YA QUE TODO EL MACHISMO KOREANO HA SIDO SUPRIMIDO EN UN GRADO AMPLIO.


NOTA DE LA AUTORA:

¡HOLA! Sé que muchos ya saben por qué estuve desaparecida tanto tiempo, pero para los que no sepan lo repetiré: estoy en mi proyecto de título y me mordió un perro... En fin, estoy bien y sólo tendré una cicatriz pequeña en el rostro :)

He decidido que agradeceré personalmente el que lean esta historia, así que de corazón y disculpándome por la demora, les doy las gracias a:

Okanami José

Aiko

Lau05

Sery Taisho

Orkidea16

Bbkid

Andyantopia

Sasunaka Doki

Naty Ayui

Amaterasu97

DarkinocensDLT

MichMS

Simy-chan

Elizabeth5

Kavictori

Pame-cat

Kabika

Esilvana89

Aika Kuso

Sesshomarusama

Elianamz-Bv

Adomani

Y a todas las chicas anónimas que me leen.

Les cuento dos cosas, primero que he escrito un capítulo de larga duración para compensar la demora. Es decir, dos capítulos en 1! Este capítulo tiene 29 páginas y tardé tres tardes en escribirlo... nunca había demorado tanto, pero espero que valga la pena.

Y segundo, invitarlas a todas y todos a participar en mi pequeño grupo en facebook, en el cual reuno a las chicas que me leen para contarles de manera más cercana qué estoy escribiendo o en qué estoy... Bueno, al menos esa al principio, porque luego se transformó en un antro del amor a la serie, a las fotografías, a las conversaciones interesantes y todo eso, gracias a las chicas del grupo, a quienes he aprendido a conocer y a las cuales quiero mucho. Les dedico este capítulo a todas ellas, en especial a Breen Martínez.

Para participar sólo deben buscarme por Claudia Gazziero en facebook o ir hasta el link que está en mi perfil. Estaré encantada de conocerlas y conocerlos :) y estoy segura que las demás chicas también.

Muchos cariños y espero sus comentarios al final!


"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"

¡NECESITO UN ROMANCE!

Claudia Gazziero

—¿Quieres dormir en mi habitación a veces?

Kagome no supo qué responder. No se lo esperaba. Sesshomaru la abrazó fuertemente y susurró a centímetros de su boca. —No siempre tiene que ser mi habitación, puede ser la tuya a veces… ¿Qué dices?

CAPÍTULO V

LA SEXTA VEZ

I

Sesshomaru lanzó la bola justo en la cara de Kagome y su tan querido y extrañado peliplata estalló en risotadas. Hacía mucho tiempo que no compartía con él de aquella, y si tenía que ser sincera, le encantaba. La azabache se fingió molesta e intentó darle en la entrepierna con el balón, pero él lo evitó ágilmente.

Misteriosamente, las risas volvieron a la casa desde ese día y todo parecía lleno de color. La primavera estaba en todo su esplendor y Kagome Higurashi se sentía más llena de vida que nunca antes. ¿La razón? Había vuelto por Sesshomaru Taisho por sexta, y esperaba que fuera la última vez. Aunque no era una relación precisamente normal; y Kagome, secretamentente, esperaba que pronto pasaran a la siguiente fase.

A la mañana siguiente, después de la excitante propuesta de Sesshomaru Taisho, sobre dormir juntos y no dormir precisamente, Kagome se despertó somnolienta, cansada como no lo estaba hacía años y con temor de abrir los ojos. Si los abría y él no estaba, entonces para él no había significado nada. No estaba lista para ser la idiota de la película.

Se arrastró hasta el lado izquierdo de la cama, pero su cuerpo no apareció. —Sesshomaru, ¿estás del otro lado? —lo llamó, sensualmente.

Volteó y tocó con su mano el lado derecho de la cama, y al no sentir su calor… se arrastró y se arrastró, hasta que su cuerpo cayó y se estrelló contra el piso. Entonces, abrió los ojos y la magia desapareció.

—¡No está! —gritó, indignada—. ¡Sesshomaru no está!

—¿Y cómo no estarlo? Pensó que con lo que había sucedido, despertarían juntos y él le llevaría, incluso, el desayuno a la habitación. Pero no, había despertado sola y semidesnuda, sin Sesshomaru y sin dignidad. Intentó no llorar por eso, no estaba dispuesta a llorar por sexta vez con Sesshomaru Taisho.

Se regañó por ser tan negativa y le dio otra oportunidad, quizás él aún estaba preparando el desayuno. Abotonó la camisa de él que llevaba puesta y bajó a pies descalzos a buscarlo a la cocina. —Sesshomaru, ¿estás haciendo el desayuno?

Nada, no estaba. Tampoco estaba en su sala, en su estudio, ni en su baño. Se aferró a la posibilidad de que estuviera comprando el pastel de queso que era su favorito, pero pasó media hora y él no regresó.

Frustrada, decidió llamarlo por celular. Él tardó un rato en responder.

—¿Sesshomaru? —llamó—. Sí, desperté hace poco —respondió—. ¿¡En el cine!? ¿¡Por qué estás en el cine a esta hora!?

—Había una película que quería ver y salí temprano. De hecho, estaré todo el día afuera.

—¿Y yo?

—No te preocupes por mí, haz lo que tengas que hacer.

Y así, Kagome Higurashi fue rechazada por sexta vez.

—¡¿Cómo debo tomármelo?! —chilló la azabache a sus amigas, mientras disfrutaban de una deliciosa tarde de domingo en el parque—. Me gusta despertar y estrecharnos fuertemente por las mañanas… —se lamentó, al borde de las lágrimas.

—¿Cómo era antes? —preguntó Rin, y sólo eos bastó para que Kagome se trasladara automáticamente al pasado.

Se recordó a ella y a él, en la cama juntos, abrazados y estrechando sus cuerpos cálidamente.

—¡Miau! —maulló, para obtener su atención y despertarlo. Sesshomaru se negó a abrir los ojos—. ¡Miaaau! —repitió con más fuerza, y él intentó ocultar su sonrisa. Kagome lo descubrió, ya estaba despierto. Volvió a maullar y entonces él la aferró a su regazo como si no hubiera un mañana.

—¡No puedo creer que Sesshomaru haya hecho algo tan infantil! —exclamó Sango, rompiendo toda la fantasía—. Digo, se supone que él es maduro y serio.

—No siempre era así, yo conozco lados de él que tú no conoces y te puedo asegurar que él es un niño de todas formas… un niño dulce. Él nunca había hecho algo así.

—Así es como se siente despertar primero y ser dejado solo en la cama… —le informó Rin a su amiga—. Se siente realmente mal…

Sango las observó reprobatoriamente mientras hacía sentadillas para tonificar su grandilocuente figura. —Es porque no están saliendo, ustedes no son novios.

Kagome la miró confundida. —¿Qué quieres decir?

—Sólo fue una aventura de una noche. Te lo dije, es como jugar a la pelota… fue una noche de jugar a la pelota.

—¡No! Anoche se sintió como, si él se hubiera enamorado de mí completamente.

—Pero tú fuiste la que lo sugirió primero —acotó Sango y Rin asintió—. Entonces, él te rechazó.

—No lo entienden… su mirada era, como si realmente me amara —insistió la azabache.

—No, Kagome… Sesshomaru siempre mira así —rió la castaña.

—Incluso a mí, cuando digo algo y él sonríe, siento como si mi corazón se desbocara. Él causa ese efecto en todas, golpea la guardia baja de las mujeres… —agregó Rin.

—Es cierto —intervino Sango—. Probablemente pienses que por dormir juntos están saliendo, pero no es así. Si te deja sola, luego de haber tenido sexo por primera vez en tres años, es obvia cuál es su respuesta.

Kagome lo sabía de antemano, pero pensó que las chicas la alentarían a creer en la fantasía de que Sesshomaru la amaba de nuevo. No fue así, hasta ellas podían notar que entre ella y el peliplata no había nada más.

—Estoy de acuerdo —apoyó la pelinegra.

Sango se sentó en el banco para que Kagome le prestara toda su atención. —No puedes creer una sola palabra, sonrisa o promesa de un hombre. Las mujeres, conocemos el corazón de un hombre a través de sus acciones.

—Luego de una apasionada noche, él te dejó sola en la cama y fue a ver una película que podría haber ido a ver cualquier día. ¿Necesitas otras palabras? —criticó duramente, Rin.

Kagome bajó la cabeza. —Además, pensé que tú también querías sólo dormir con él. Dijiste que ya no lo amabas…

—Eso dije al principio, pero la verdad… creo que quiero más —dudó la azabache.

—¿Qué haremos entonces? —La apoyó Rin, intentando animarla, luego de sus regaños.

Sango la miró fijamente e incluso la intimidó. —Lo que importa ahora, es lo que tú quieres… tú tienes el control ahora, no dejes que él lleve la delantera. Siempre lo has seguido a todas partes, es hora de que él te siga a ti.

Rin la observó sintiéndose culpable. Las palabras posmodernas de la castaña también habían cavado hondo en su mente. —No creo que sea tan fácil como tú lo dices, San —tragó saliva—. Anoche Onigumo, compró inesperadamente un espejo…

Kagome se burló de ella y el denso ambiente desapareció. Efectivamente, a Rin no le gustaban esas cosas, ella era inocente de veras, aunque todos creían que era sólo una actuación. ¿Cómo es que Onigumo no podía darse cuenta de aquello?

El pelinegro instaló el espejo en el techo, justo sobre la cama de dos plazas de Rin, y acto seguido, la lanzó sobre la cama para devorarla a besos. Probablemente, no era el primer hombre que tenía la fantasía de ser visto en el acto sexual, pero era el primero para Rin.

—Dame el último, querida —pidió, señalando el perno que quedaba para culminar la instalación. Rin lo tomó avergonzada y se lo extendió, pero en el momento en que Onigumo lo tomó, se arrepintió. No quería dárselo, se sentía realmente humillada. ¡Qué creía que era su casa, un motel? ¿Qué diría su madre cuando fuese de visita?

Forcejearon unos segundos hasta que Onigumo, finalmente, le arrebató la pieza y el gran espejo rojo estuvo instalado.

—Cariño, mira… —la invitó, más tarde mientras la besaba, y trataba inútilmente se posicionarse sobre ella. Rin volteó el rostro. ¡No quería ver! Moría de vergüenza—. ¡Mira, Rin! —Insistió el pelinegro—. Parece como si estuviéramos grabando una película.

—¡¿Pueden imaginar lo vergonzoso que fue hacerlo así?! —se lamentó por fin con sus amigas, luego de relatarles todo lo que había sucedido la noche anterior.

—¿Por qué? Me gusta cómo se ven las personas cuando se besan —se rió Sango, como siempre tomando a la ligera todos los problemas de sus amigas. ¡Ella era tan liberal!

Rin contestó, al borde de las lágrimas. —No podía concentrarme, y no fue nada apasionado. Fue como si fuéramos animales.

—¿Por qué no lo rechazaste? No sabía que aunque la primera vez fue horrorosa le habías dado otra oportunidad —se quejó la azabache, molesta.

Rin la miró intimidada. —Porque es la persona que me gusta, y él quería hacerlo.

—¿No se supone que tú también le gustas a él? Debería ser más considerado —se molestó Sango.

—¡Dile que te complazca un poco, no puedes vivir así! —la animó Kagome.

—El me complace siempre, cuando vamos al cine o a cenar, me deja escoger las películas y la comida. Siempre compra todo lo que me gusta, así que debo comprometerme con esto también…

—Entonces comprométete con cosas que sean fáciles para ti, esa es la ventaja de comprometerse —acotó la castaña.

—¡Sólo dile la verdad, Rin! Onigumo no es tu tipo —exigió la azabache, aún molesta.

Rin suspiró, la verdad era que aunque Onigumo no le gustara en la cama, en todo lo demás era un novio excelente. —¿Cómo puedo decirle algo así sin herirlo?

—Esa forma está en un montón de películas de Disney… sólo díselo, no hay forma de hacerlo sin que salga herido —concluyó Sango, pero Rin no estuvo conforme con la respuesta. Además estaba el factor más importante. ¿Dónde encontraría otro novio? Tenía treinta y tres años y era sólo una empleada ordinaria, sin talento y sin mucha belleza. Esa era, probablemente, su última oportunidad.

Al finalizar la rutina de ejercicios, que más bien había terminado en una conversación amorosa, Kagome regresó a casa aún pensando en Sesshomaru y su apasionada noche juntos que finalmente no había acabado en nada. Era ya la hora del almuerzo, y no tenía hambre, estaba desganada, y ¿cómo no estarlo? El hombre al cual le había dedicado toda su vida no la amaba. No había otra verdad que esa, y había tardado mucho en descubrirlo. Pensó que durmiendo con él, él se daría cuenta de que estaba perdiendo tiempo valioso sin ella, pero eso no ocurrió. Ahora estaba sola, tal y como se había sentido hacía tres años. ¿¡Por qué tenía que ser tan condenadamente insistente!? Sesshomaru no la amaba… Sesshomaru no la amaba.

¿A dónde quería llegar con todo eso? A veces, no entendía su propio corazón, aunque fuese de ella. Se detuvo frente a su casa, en medio de la calle y observó. Ahí tenía una vida con Sesshomaru, pero no la vida que quería. Él lo había dicho claramente hacía tres años: "No tengo la intención de casarme. Nunca lo he pensado, ni siquiera una sola vez. Pensé que estabas de acuerdo." No pensaba diferente ahora, era el mismo Sesshomaru Taisho de hacía tres años. No habían avanzado nada, aquellos tres años de dolor habían sido tiempo muerto y ahora estaba en la misma situación: sufriendo por él y anhelándolo profundamente.

Un auto le tocó la bocina y se detuvo a su lado. Era él, ya había llegado a casa. No se movió, no tenía ganas de nada. Sesshomaru se bajó del carro con unos paquetes y se acercó a ella.

—¿Fuiste a hacer ejericio?

Kagome lo observó con reproche, pero decidió no decir nada aún. —Sí, con las chicas…

—Entremos… —se lanzó Sesshomaru, tomándola de la mano para ingresar, pero Kagome se soltó violentamente y entró sola.

Debía actuar normal, como si su presencia no le afectara nada. —¿Disfrutaste la película?

El peliplata estaba realmente alegre, caminó hacia adentro en un ritmo frenético, parecía acelerado. —¡Claro que la disfruté!

Adentro, desenvolvió los paquetes y le dio una caja de Sushi a Kagome, se sentaron en el sillón para comer un almuerzo instantáneo. Kagome, que lo conocía hacía más de treinta años, no entendía qué sucedía. Ese hombre siempre había sido así, nunca sabía qué estaba pasando por su cabeza.

—¿Te gusta el sushi, cierto? Tan pronto como la película terminó, me levanté para ir por él, y ya sabes cuánto odio a los que se van sin ver los créditos finales.

Si la había abandonado por la mañana… ¿Por qué se comportaba tan cariñoso y atento? —Dijiste que tenías mucho que hacer y que no volverías en todo el día —acusó, molesta.

—¿Lo dije? —se rió Sesshomaru, como no lo hacía nunca.

Ese hombre la estaba confundiendo otra vez, no podía dejar que eso ocurriera. Él no la amaba, recordó. No lo había dicho ni una sola vez la noche anterior.

—Pedí que le pusiera salmón, porque sé que es tu sabor favorito —le tendió los cubiertos para que comiera.

Si había algo de lo que Kagome Higurashi estaba segura, era de que no quería volver a ser seducida por ese hombre nunca más.

—¿Por qué fuiste a ver una película tan temprano? —Inquirió.

Sesshomaru bajó los cubiertos y bajó la cabeza. Siempre hacía eso cuando mentía. —Hice una reserva con anticipación.

—No debiste verla hoy —reprochó la azabache.

Sesshomaru por fin la miró a los ojos. —¿Por qué estás molesta?

No podía mentirle a ese sujeto. Si ella sabía cuando él mentía, era obvio que él también sabía cuando ella estaba mintiendo. Decidió tirarse al abismo. —¿En qué clase de relación estamos ahora?

Sesshomaru comenzó a comer, restándole importancia. —¿Es necesario aclarar eso? No tengo pensado que este tipo de relación, se convierta en otro tipo de relación después.

Es decir, no había significado nada.

—Pero si tú no estás de acuerdo, dime qué clase de relación quieres que tengamos… ¿Vas a estar de acuerdo con la relación que yo quiera que tengamos?

¡Nunca le daría el derecho de decidir sobre aquella relación! Esta vez, Kagome Higurashi iría al frente y no detrás, llorando y sangrando del corazón. —Quiero algo simple y descomplicado —articuló firmemente, mientras cruzaba la pierna.

Sesshomaru rió. —¿Y qué clase de relación es esa?

—Amigos sexuales.

¡Kagome Higurashi era la mejor! Había salido del paso con dignidad. Aguantó la respiración, expectante ante la respuesta del peliplata.

—Bien… entonces, así quedamos. Si eso es lo que quieres… —respondió él como si nada.

Kagome se enfureció. —Estás hablando como si tú no hubieras querido algo más.

—También quería eso… Así que gracias por proponerlo primero.

No podía creer su descaro. ¿Cómo era posible que hubiera amado a ese hombre hasta la locura? Era un verdadero idiota, no le permitiría jamás que volviera a lastimarla. —Ya que empezamos a hablar de esto… hagámoslo más detallado.

—Está bien, ¿qué quieres?

—Espera un momento —amenazó la azabache, y corrió a su estudio para buscar una grabadora. La encendió rápidamente para grabar todo lo que acordaran aquella tarde. Probó si estaba grabando y comenzó—: Dormiremos juntos una vez por semana. En mi cuarto una vez cada tres semanas y en tu cuarto dos veces cada cuatro semanas…

Sesshomaru reprobó todas sus palabras. —Eso no puede decirse así, tan mecánicamente. Vamos a hacerlo cuando queramos.

—¿Cuándo queramos hacerlo? —dudó la azabache.

—Vamos a poner un código. Cuando tú quieras, pones esos tacones altos que te regaló Sango en la entrada.

—¿Qué harás cuando tú quieras hacerlo?

Sesshomaru señaló un adorno que tenía desde la infancia. Eran dos gatos sentados sobre una banca de madera y si los acercabas, podías ver cómo se besaban. Encajaban perfectamente el uno con el otro. —Voy a pegar los gatos así como están ahora…

Kagome lo pensó un momento, pero finalmente cedió. —Bien, hagámoslo así entonces.

—Espera —intervino Sesshomaru—. Es necesario hacer algo para cuando nos estemos negando.

Kagome aplaudió y separó sus manos, en señal de que él debía separar a los gatos cuando no quisiera un encuentro.

—Y tus zapatos deberán estar cruzados —agregó, cruzando los brazos también.

La azabache sonrió triunfadora. —Rechazar es nuestro derecho, así que no salgamos heridos…

—¿No sería mejor si además tenemos una relación de respeto con el otro?

—Bien, entonces sólo una vez por semana… —concluyó Kagome, lista para marcharse a su casa.

—¿De qué estás hablando? Si lo queremos podemos hacerlo hasta diez veces en una misma noche —criticó el peliplata.

—Sabes muy bien que eso es imposible— aseguró, inclemente Kagome—. Para tu habladuría.

—¿Debería probarte esta misma noche que no es habladuría? —propuso él, con voz ronca.

Pero Kagome no cedió. —Coopera con el control de la Natalidad.

—¡¿Cuándo no lo he hecho?! ¿He cometido algún error alguna vez? Debes estar agradecida de que nunca he fallado con este servicio.

—¡¿Qué clase de servicio me estás dando?! —exclamó indignada la chica. ¿Cómo podía humillarla de esa forma?

—Dime si está faltando alguna cosa.

No dejaría que el hecho de que él lo viera como una transacción comercial la afectara. Esta vez, sería él el que saldría lastimado. Y cuando estuviera rogando por ella, ella no volvería a él.

—Tus besos en las rodillas no son buenos, no siento nada con ellos —reprochó, a modo de venganza.

—No sientes nada con ellos, sin embargo, gimes como una loca —agredió en contra.

—Rechazo tu tono sarcástico completamente… —lo ignoró Kagome.

—Kagome, te hablaré de la forma en que tú me hablas, así que sé un poco más amable… —ordenó el peliplata.

—Tocar mi mano, poner tu mano sobre mi hombro, y abrazarme fuera de la cama está prohibido —impuso también.

Sesshomaru se inclinó hacia ella, usando todo su encanto. ¿Qué hay de besarse?

Quería sus besos, no podía negarse, pero no podía decírselo. —No me interesa si no lo haces —declaró por fin.

—Lo haré, porque me gusta besarte… —murmuró.

Lo ignoró. —"Limpia la casa", "duerme en la noche y trabaja en el día", "comamos a tiempo", y todos tus regaños perfeccionistas están absolutamente prohibidos. Si pongo los calcetines sobre la lavadora o debajo del sofá y fermentan es mi problema. También están prohibidas las reprimendas o dar consejos sobre el ambiente. No actúes como un sabelotodo, sólo eres un año mayor que yo. Lo que haga o a quién conozca es asunto mío. No te metas en mi vida privada tampoco —exhaló por fin, cansada de tanto poner requisitos.

—Está bien —asintió Sesshomaru, pensativo—. De todas formas, nosotros sólo somos compañeros sexuales.

—Y recuerda que si alguno de nosotros consigue un amante, esta relación de acaba de inmediato —advirtió Kagome, seriamente.

—La relación debe ser justa, así que si consigo una novia no puedes hacer berrinches —sentenció él, y así, la inusual sexta vez entre Sesshomaru y Kagome comenzó. Una relación sin amor y sin ataduras, como la gente moderna lo hacía.

Dejó el tema y tomó los cubiertos para comenzar a comer, pero Sesshomaru le arrebató la comida y la lanzó sobre la mesa sin mirarla. ¡¿Por qué demonios tenía que ser tan odioso?!

Al atardecer, y luego de un acalorado baño, Kagome se había puesto de acuerdo don Sango y Rin para ir a hacerse la manicura. Iban a ir antes, pero habían quedado sudadas son el ejercicio de la mañana, y la azabache aprovechó esta ocasión, para escapar un rato del lado de Sesshomaru. Además debía contarles lo que había sucedido en un vómito verbal infinito.

O al menos, eso planeaba hacer, si no fuera por que de tanto pensar en la noche anterior, recordó su primera vez con Sesshomaru. Había sido tan especial, él la tomó de los brazos, luego de que ella le reclamara sobre los preservativos que él había escondido en su maleta, y la puso suavemente sobre la cama.

—Dije que si pasabas la línea, no me haría responsable por mis acciones —murmuró, y Kagome descubrió un mundo nuevo en Sesshomaru. El que siempre había sido dulce y bromista, ahora se comportaba como un hombre frente a sus ojos.

Sintió que su corazón explotaría, era como un volcán a punto de hacer erupción, el Big Bang dentro de su pecho y todo lo demás. Era la primera vez que sus latidos iban así de fuerte y así de intensos. Entonces, él la besó, lento y suave, y lento y suave. Jamás lo olvidaría.

—¡Pero mírenme ahora! Le dije que a Sesshomaru que fuésemos compañeros de sexo solamente. Completamente sin vergüenza… —se lamentó junto a sus amigas.

—Es porque ya han pasado más de diez años desde que están juntos, sea en una relación o no. Obviamente tienen más confianza.

Kagome asintió. Era cierto, aunque habían cosas que jamás hablaban, como el matrimonio. —¿No estás triste de que hayamos cambiado de esta manera y nos hayamos puesto así?

—No podemos pretender ser inocentes ahora, Kagome. A estas alturas de la vida, lo que me avergüenza es ser inocente.

—Algunas veces, los hombres dicen chistes obscenos. Aún cuando no los entienda, ellos creen que si no lo sé a mi edad, estoy pretendiendo ser inocente… —agregó Rin, desconcertada de su propia personalidad.

Kagome rió. —Yo digo chistes a veces y después lo lamento.

—La verdad es que, no sé cómo se siente un orgasmo —lanzó de repente Rin, y Sango y Kagome la miraron confundidas. Ella continuó—: Nunca me he sentido excitada hasta ese punto todavía, pero sé que Onigumo no puede hacerlo. ¡Me siento tan triste por eso!

—¿Triste por qué? —exigió saber, Sango.

—¿Cómo que por qué? Porque me gusta, pero mi cuerpo no puede ser satisfecho por él.

Sango se burló. —¡Si te gusta, entonces deberías tener un orgasmo incluso sujetando su mano!

—Hubo un tiempo en que también creí que eso sucedería, pero nunca pasó.

—¿Qué pasa con ustedes? ¡Rin debería votar a ese sujeto y descubrir si puede tener orgasmo con otros hombres! —opinó Kagome, con la voz demasiado alta.

Rin se escandalizó. —¡No puedo! —chilló despacio—. Cuando lo hice por primera vez estaba tan avergonzada. Al día siguiente miré a mi mamá y no pude si quiera verla a los ojos… Me sentía triste y avergonzada. Nunca podré andar por la vida acostándome con todos los hombres que se crucen por mi camino.

Kagome suspiró. —Es cierto, yo también me sentí de esa forma.

Cuando despertó esa mañana, junto a Sesshomaru Taisho por primera vez, sintió que él era un hombre totalmente nuevo y diferente. Aunque había mirado su cara toda su vida, desde que tenía memoria, él era hombre completamente desconocido para ella.

Pensó: "su cara era así, su nariz tenía esta forma" Aunque se veía como un extraño, también le parecía realmente encantador. Entonces quería descubrir a ese nuevo Sesshomaru en todas sus facetas.

Por alguna razón, estaba triste también. Miró su rostro en el espejo del baño y sintió como que de la noche a la mañana se hubiera vuelto un adulto. No podía explicar cómo era aquel sentimiento. De pronto, quería ver a su madre muerta y disculparse con ella, y temía ser regañada por su abuela. Desde esa noche, todo había cambiado para Kagome.

—¡Creo que están exagerando mucho! —exclamó Sango, y rompió el hermoso momento que Kagome estaba rememorando.

—Entonces, ¿cómo fue para ti? —Quiso saber Rin, ansiosa.

Sango, suspiró cansada. —¡Te dije que fue hace mucho tiempo atrás! Él era un chico que siempre andaba tras de mí, me dijo que lo hiciéramos y lo hicimos. Entonces dejó de molestarme. Así, sin ningún significado ni sentimiento. Entonces me di cuenta: ¡Ah, no es nada especial! Eso es todo.

Kagome la miró confundida. No sabía si tenerle pena a su amiga o celebrar su falta de innecesarios sentimientos. —¿De verdad no sentiste nada?

—¡La primera vez es la primera vez! —Vociferó Sango, harta del tema—. ¿Tú recuerdas la primera vez que bebiste Coca—cola?

Kagome y Rin negaron con la cabeza. Sango continuó—: No hay necesidad de recordarlo como si fuera algo especial. La primera vez no tiene ningún significado especial, excepto por el hecho de que es la primera.

—¿No te sientes triste? No volverás a ser así de inocente otra vez —insistió Kagome, pensativa.

—Sólo cambiamos, eso es todo. Seguiremos cambiando también en el futuro, son etapas que debemos superar.

—Espera —la cortó Rin—. ¿Cuánto más debo cambiar para ser feliz con Onigumo, después de recibir un regalo extraño?

—¿Recibiste un regalo? —se alegró Kagome. ¡Cuánto amaba las sorpresas!

—¿Tienes secas las uñas? —preguntó Rin a Sango, para que ella no lo manchara con pintura. La castaña asintió, y Rin le tendió una caja de regalo muy sofisticada.

Sango alucinó cuando lo vio, era ropa interior sexy. La sacó, sin ninguna vergüenza de la caja y se la mostró a Kagome. Ambas rieron de Rin, ¡ya entendían por qué estaba de muerte!

—Esta caja fue enviada a mi oficina hoy, ¿entienden? A mi oficina —recalcó.

—Es una marca realmente cara, Rin.

—El problema no es el dinero, Kag —explicó la pelinegra.

Sango extendió la ropa nuevamente. —No es de cuero, ni tampoco son esposas. ¿Por qué tanto escándalo?

Rin se molestó. —No puedo usar ese tipo de ropa interior, aunque muera.

Sango se mofó. —Usarla es mucho mejor que morir.

—No, imaginen si muero mientras uso esa ropa. Imagina la conmoción que tendría mi mamá cuando confirme mi cadáver. Ella de desmayará, no porque morí, sino por la ropa que traía puesta durante mi muerte.

Kagome rió a carcajadas. —¡Te preocupas por cosas demasiado extrañas!

—De cualquier manera, ¡no puedo seguir así! —exclamó Rin, harta de su horrorosa vida. Un mensaje llegó a su celular: "Veámonos esta noche"

Las chicas la miraron expectantes. —¿Era Onigumo?

Rin suspiró. —Sí, quiere verme esta noche. ¡Quiere verme todas las noches!

—¡Sólo díselo! —exclamaron ambas al unísono.

No era tan fácil, Rin nunca había tenido mucha personalidad. —Le mandaré un mensaje… "Esta noche estaré ocupada. Veámonos mañana en el Parque Nacional" —leyó en voz alta, para que Kagome y Sango estuvieran enteradas de que al día siguiente, le diría a Onigumo sobre su falta de habilidad en el sexo.

La tarde propuesta, Rin y Onigumo viajaron al Parque Nacional para compartir con la naturaleza, tener una cita romántica, y decirse unas cuantas verdades. Obviamente, ella no usó la ropa interior que él le había regalado. Gracias a eso, pudo relajarse durante el día y disfrutar de su cita. Recorrieron los caminos, las tiendas, y se sacaron muchas fotografías. Todo iba de maravilla, hasta que el lugar indicado para las revelaciones estuvo justo frente a sus ojos.

—¿Nos sentamos aquí? —lo invitó Rin, dispuesta a decirle todo a Onigumo.

—¡Claro! ¿Quieres que vaya por bebidas? —se ofreció el pelinegro.

—No, no te preocupes… —evadió Rin—. ¿Sabes…?

—¿Dime?

—No, no es nada…

Iba a decirlo todo pero un hombre llegó a sentarse en la banca de enfrente. Rin no era de las que hablaban de sexo en público, así que vio su oportunidad por perdida, aunque al parecer, Onigumo no lo hizo.

—¿Sabes, Rin? Me gustas mucho…

Rin rió tímidamente. —¡Tan de repente! ¿Por qué?

—Creo que eres muy amable y fuerte, y serías buena para criar niños; incluso estoy pensando en casarme contigo.

Rn no pudo articular nada. Nunca le habían propuesto matrimonio y realmente no se lo esperaba. Intentó disimular, no quería casarse con él.

—¿Sabes que yo no soy un doctor promedio, verdad? Soy de la más alta clase. Muchos amigos de la Universidad han abierto sus clínicas con apoyo de sus familias, pero yo lo he hecho solo. No he necesitado la ayuda de nadie para llegar a la cima. Aún así, estoy pensando en casarme contigo…

¿A qué se refería con eso? ¿Estaba comparando? No podía ser posible.

—Estoy bien con que seas una mujer ordinaria, y con que no vengas de ninguna familia importante. Aún así… hay algo que me falta en esta relación.

Rin lo observó taciturna, casi sospechando de qué iba todo aquello. Él continuó—: ¿Entiendes? Aunque soy del nivel más alto, hay algo que me hace sentir del nivel más bajo…

—¿Qué es? —Temió preguntar.

—¡Sexo! —articuló rápidamente, y el corazón de Rin se detuvo. El hombre, que escuchaba música en el asiento de enfrente saltó de su lugar—. ¡Dormir juntos es la cosa más importante para los humanos!

—La cosa más importantes para los humanos es la comida —tartamudeó Rin, desesperada, y vigilando que nadie los escuchase—. ¡Vamos a hablar en casa, por favor! —rogó, señalando al sujeto del otro asiento.

Onigumo lo miró, cantando con su Mp3, seguramente no escuchaba nada. —Él no puede escucharnos, Rin. Además, ponte en mis zapatos. ¿No crees que me siento ofendido? Lo tengo todo, menos eso. Soy miserable durante la noche. ¿Tú no tienes mucha experiencia con los hombres, verdad?

Efectivamente, Onigumo era el tercer hombre con el que Rin lo había hecho, y no era el mejor de ellos. —No es cierto… —negó.

—Aunque hayas tenido alguno, yo soy el segundo o tercero, ¿verdad? —Rin bajó la cabeza. Él había adivinado—. ¡Dime directamente, es muy importante para nuestra relación!

—¿Tengo que decirte eso? —murmuró Rin, al borde de las lágrimas.

—¡Sólo dilo con naturalidad, no puedes ser siempre tan tímida! Me gusta que seas inocente, pero creo que estás actuando demasiado… Además, tu habilidad no mejora aún cuando lo hacemos una y otra vez!

Rin intentó de encontrar su dignidad. —¿Acabaste de hablar?

—¡No entiendo cómo es que no has mejorado! Eres tan rígida como un panel de madera! ¡Cómo una roca, una gran ROCA!

Entonces, Rin se dio cuenta de que la relación con Onigumo había acabado, y de la forma más cruel. Se levantó dignamente y corrió donde el sujeto de enfrente, le arrebató la lata de bebida y se la arrojó directamente. La bola dio completamente en el blanco y su oponente no la atajó, el juego había terminado.

—¡Qué te pasa! ¡¿Siempre has sido una mujer tan ignorante?! —masculló Onigumo, enrabiado, pero Rin sólo se marchó sin voltear atrás.

El joven que estaba mirándolos, mientras fingía escuchar música quedó congelado. ¿Cómo era posible que un hombre dijera aquellas palabras a una mujer? Sobretodo a una mujer hermosa como aquella; lo que hacía no tenía nombre. Iba a ir tras ella para decirle que ese hombre que tenía por novio estaba completamente equivocado, pero ella desapareció entre los jardines.

Rin no pudo evitar llorar, nunca había sido humillada de esa manera y menos por un hombre. Se detuvo cerca de la parada de autobuses para comprar el refresco que le había robado a ese hombre, por si lo veía antes de marcharse, pero sólo apareció Onigumo en su camino, disculpándose e intentando componer la relación.

—Discúlpame, cariño, ¿sí? Se me fue la mano… —admitió él, pero Rin no tenía ganas de oírlo.

—Vamos a hablar mañana, hoy no tengo ganas de saber nada de ti —respondió la pelinegra, intentando recuperar la dignidad que él mismo le había arrebatado.

Él lo pensó un momento y decidió darle tiempo a la chica. —Está bien, pero mañana pasaré por ti para que conversemos…

Rin evitó mirarlo, no tenía la más mínima intención de volver a verlo. —Discutámoslo mañana —sentenció con voz áspera, y entonces él no tuvo más opción que marcharse. Ella no hacía contacto visual con él, estaba claro que estaba enojadísima. Sólo se marchó y sin decir adiós.

La pelinegra suspiró. Era obvio que había un problema en aquella relación, sólo que no había imaginado que ella era la culpable. A su modo de ver, era Onigumo quien no sabía el arte de amar, pero si él lo decía como un hombre, entonces estaba claro de que ella también era deficiente. —¡Por qué me tiene que pasar esto a mí! —se lamentó.

En ese momento, el sujeto del refresco pasó junto a ella y la miró fijamente. No atinó a otra cosa que a extenderle la botella de bebida sin mirarlo. Estaba realmente avergonzada. Él sabía que ella era una mujer frígida*, incluso sin haberse acostado con ella. ¿Qué podía ser peor?

El sujeto, de cabello corto y mediana edad, la recibió sin decirle nada. Sabía que ella estaba lo suficientemente avergonzaba como para disculparse por haberlo robado. Tomó aquello como una disculpa y vio cómo el autobús de ella llegó y ella entró en él, cabizbaja y llorando como una niña.

No pasaron diez segundos desde que el autobús partió, para que se diera cuenta de que estaba en sus manos devolverle la dignidad y la autoestima a una mujer humillada. Corrió tras el autobús, intentando alcanzarla, pero este no se detuvo. Aún así, no se rindió y luego de medio kilómetro, el chofer paró. Buscó la ventana de la chica y golpeó fuerte para atraer su atención.

—¡Señorita Rin! —gritó desde afuera del bus, y ella se escandalizó. Intentó abrir la ventana pero no pudo, estaba sellada, así que sólo lo miró expectante—. Escúcheme con atención —sobremoduló para que ella lo oyera a través del vidrio. Continuó—: Lo siento mucho, pero yo escuché todo hace un rato… y debe saber que el imbécil de su novio está muy equivocado.

No podía creer que él lo supiera todo. ¡¿Cuánto más tenía que ser lastimada ese día?! Lloró aún más.

—Usted es muy linda y sexy, y no creo que sea un trozo de madera ni mucho menos una gran roca. Yo creo que usted es la mujer más sexy que he visto. No llore por es ese idiota; hace poco, a mí también me rompieron el corazón, pero intento ser fuerte y no llorar por esa mujer. No deje que ese hombre ponga lágrimas en su rostro —terminó jadeante y acelerado por la carrera. Rin estaba estática y emocionada. Al parecer no todo había sido tan malo. Su autoestima subió considerablemente, arregló su cabello y secó las lágrimas de su cara. Cuando el autobús partió, Rin estaba segura de que no era una mujer deficiente en el amor.

Sonrió.

II

Aunque Kagome Higurashi estaba devastada por dentro, por el hecho de no ser nada más que un buen polvo para Sesshomaru Taisho, jamás dejaría que eso afectara su trabajo. De hecho, estaba utilizando toda esa nostalgia para hacer la canción más triste y sentimental de la historia de su país, y su asistente temía que se apasionara demasiado.

Su celular sonó en medio de la grabación, y ella no tuvo ningún respeto con su trabajo y contestó. El chico que tocaba con su guitarra dentro de la sala la miró molesto.

—¿Hola? ¡No puedo creerlo! ¡Voy para allá enseguida, sólo espérame! No se lo des a nadie más, ¿me oíste? ¡Estoy allá en cinco minutos! —y cortó. Myouga la observó reprobatoriamente otra vez. ¿Iba a dejarlo solo?

—Myouga, querido… me marcho por hoy. ¡Despídeme de todos! —vociferó, mientras tomaba sus cosas y se hacía humo.

—¡No puedo creerlo! —exclamó el anciano, indignado. Esa chica lo iba a enloquecer, y de una forma muy fea.

¿Y cómo no dejar todo? Si el álbum del Director Musical Francis Lai había llegado a la tienda. Nada era más importante que eso, incluso había hecho una reservación y le había dado dinero al vendedor para que la llamara a penas estuviera ahí.

Corrió a la tienda y entró emocionada, pero no divisó al chico entre los pasillos. Se acercó a otro de los funcionarios temiendo lo peor. —Disculpa, tu Jefe no guardó un Disco OSTpara Kagome Higurashi?

—Déjeme ver —le respondió cordialmente el chico. Revisó unos papeles y la miró asustado—. No hay nada aquí. No tenemos ningún disco OSTpara usted.

—Pero tu compañero llamó hace diez minutos y dijo que ya había llegado… —insistió.

Entonces, el disco que tanto había esperado estuvo frente a sus ojos, y en manos de otra persona. ¡Otra persona! Ella misma había sobornado a toda la tienda para ser la única dueña de ese condenado disco.

—Llevo este, ¿cuánto es? —preguntó el hombre, y la miró sonriendo triunfante ante su cara de frustración.

Era ese tal Inuyasha, el del café, el que era como Sesshomaru pero más amable. Aunque ahora, que se llevaba su disco favorito y esperado, no le parecía tan amable. Le arrebató el disco de las manos y lo miró rogando compasión. Él no le prestó atención y sólo le entregó el dinero al vendedor.

Cuando la transacción estuvo hecha, el joven funcionario la miró confundido y esperando que soltara el disco para que el cliente pudiera irse. ¡No lo permitiría!

—He estado esperando este disco demasiado tiempo… ¿No me lo podrías dar? —sonrió con todos sus dientes.

Él se burló. —Entonces, trata de explicar por qué debería…

—Bueno, el Jefe me llamó primero para decirme que esto había llegado, y vine lo más rápido que pude; pero mientras yo corría para acá, tú lo tomaste y lo compraste. ¡Realmente necesito esto para el trabajo!

Él observó el cielo inflexible, pero Kagome no se rendía fácilmente. —¡Ah! Esto salió en CD también, ¿por qué no compras esa versión?

—Kagome Higurashi, eres una verdadera estafadora. No todas las canciones que sale en este disco están en el CD. En la versión en CD faltan justo las canciones que me gustan. ¿Sabías eso y trataste de engañarme? —acusó, mientras le sacaba el disco de las manos y salía triunfante de la tienda. El vendedor no pudo evitar la risa.

Kagome lo miró molesta. —¿Es que no soy lo suficientemente atractiva? —le preguntó al chico.

—¿Por qué lo pregunta? —se interesó el muchacho.

Kagome se apoyó en el mesón. —Usualmente, si una mujer así de linda te ruega desesperada, ¿no cederías ante sus caprichos?

—Usted es linda, pero no actuó linda… más bien eso dio miedo —admitió él, y Kagome lo fulminó con la mirada.

Si no había actuado linda, entonces debía esforzarse más. Corrió hasta la calle y miró para ambos lados en busca de Inuyasha. Divisó su espalda a su lado derecho y corrió tras él.

—¿Qué pasó? ¿Tienes algo más que decir? —preguntó el peliplata, intentando aguantar la risa.

—Vas a tomar café, ¿cierto? ¡Vamos juntos! —sonrió a su lado—. ¡Vamos en la misma dirección!

—Yo voy a comer… —mintió, y cambió su rumbo a la dirección opuesta, devolviéndose.

—¡Oh! Eso es genial. Yo voy a comer también… Comamos juntos, yo invito —lo animó, siguiéndolo con su sonrisa más hermosa.

Él se detuvo y la miró. ¡Perfecto! Había funcionado. —¿Hacemos eso entonces? Vamos…

Caminó junto a él intentando encontrar un tema que tuvieran en común que no fuera el disco, y luego de un rato, él cedió a conversar con ella. Entraron a un restaurant carísimo y él se sentó cómodamente.

—Quiero el plato A —ordenó al garzón, mientras se sacaba la chaqueta.

—Entonces, yo quiero lo mismo… —agregó, pero cuando vio los precios quiso morir. ¡Con el valor de ese palto podía comer durante un año! Él era un patán supergrosero que se había aprovechado de su invitación. ¿Quién era el estafador entonces?

—Yo estoy un poco llena, ¿debería sólo comer una ensalada? —comentó, intentado parecer tranquila.

—Entonces queremos dos platos A —ordenó finalmente el peliplata, ignorando completamente su opinión. La quijada de Kagome pudo haber llegado hasta la mesa.

—Pero yo quería una ensalada… —se quejó, rompiendo el encanto.

—Yo te invito… no quiero perder mi disco, a causa de tu invitación.

—No es sólo por el disco que te invité —mintió.

—No lo creo. Sólo dime… ¿por qué lo necesitas tanto? Esta vez debes decirme la verdad, no trates de engañarme —invitó, mientras ponía el disco sobre la mesa.

Kagome lo observó embobada. ¡Cuánto quería ese disco! —Tú dijiste que no estaban todas la canciones en el CD, y eso era cierto, de alguna manera… —se excusó—. Bien, hay seis canciones que no están en el CD y yo necesito dos de ellas. No para la película que estoy haciendo ahora, pero sé que definitivamente las necesitaré —sonrió. Él pareció interesarse, así que dramatizó más—: Yo quería ser directora musical por este compositor. Realmente a mi madre le encantaba esa película, pero yo recuerdo más su banda sonora que el film mismo…

—A mi padre también le encantaban los OST, de hecho tengo una gran colección en casa —sonrió triunfante.

—¡Mentira! —chilló Kagome, como una niña.

Él sonrió. —¿Quieres ver?

Sólo eso basto para que Kagome Higurashi decidiera ir a la casa de un sujeto que apenas conocía. Ya no era una chiquilla, era una mujer adulta que sabía muy bien utilizar su encanto femenino. No es que fuera a pasar la noche con él, sólo se harían amigos y él le regalaría el disco por su propia voluntad. Aquel era un OST my antiguo que había sido restaurado en edición limitada, y en su ciudad había sólo uno: ese.

La casa de Inuyasha era una verdadera oda a la masculinidad y al estilo. Él sabía muy bien como engatusar a una mujer también. En ese mismo momento estaban jugando el juego de atrapar juntos, sólo que él no sabía que sería atrapado por Kagome Higurashi, antes que ella por él.

—Vamos a ver… Francis Lai, Francis Lai… —buscó en su colección, que estaba en un estante muy arriba y para la cual había que subirse a una escalera. Su casa parecía una verdadera librería. Él era un comelibros.

Kagome recorrió la casa y se detuvo en otro mueble lleno de discos y en un hermoso y antiguo tocadiscos. Sintió envidia sana por ese sujeto ricachón.

—Aquí está… —la llamó él, bajándose de la escalera—. Toda la colección de OST de Francis Lai —se la dio. Kagome la recibió maravillada. Aquello era mejor que una droga.

—Tienes muchos discos raros, ¿cómo los recopilaste todos? —preguntó, despreocupada, mientras barajaba las obras de su compositor favorito.

Él tomó uno y lo puso sobre el tocadiscos, acomodó todas las piezas y una singular música francesa empezó a sonar. Kagome se sentó en el sillón para disfrutar de la melodía.

—Son de mi padre… él los juntaba desde siempre.

—Tu padre murió, ¿cierto? Mi madre también… —comentó cabizbaja, al parecer, la música estaba calando en lo profundo de su corazón y aflojando su lengua. Rió—. Aunque nunca tuve un padre, y mi madre falleció cuando tenía dieciocho años.

Lo miró, y él pareció incomodarse. Luego de un rato por fin habló. —La verdad, cuando era niño no los veía como algo preciado, y los fui vendiendo a lo alrgo del tiempo. Cuando él murió, entonces decidí que los recuperaría todos. Es por eso que ese disco… —señaló el disco en manos de Kagome—. También es importante para mí.

—Entonces, gracias a tu padre, ese OST nunca vendrá a mí —concluyó Kagome.

Él se sentó también la observó relajado. —A cambio, puedes venir a escucharlo cuando quieras. Incluso puedes venir cuando yo no esté… —invitó.

—¡¿En serio?! —se emocionó la azabache. Hacía mucho tiempo que un hombre no era realmente educado con ella. No estaba acostumbrada a tanta gentileza.

Más tarde, en su casa, le contó todo a Sesshomaru, pero él la ignoró como siempre. Lavaba los platos y sólo asentía cuando ella insistía.

—Sesshomaru, ¿no extrañas a veces a tu padre o a tu hermana? —preguntó, recordando la nostalgia con que Inuyasha había hablado de su difunto padre.

—Si hablo de ese tipo de cosas me vuelvo débil —respondió indiferente—. Además, no quiero hablar de eso contigo.

Él había vuelto a ser el mismo de siempre. Lo miró molesta. —Es por eso que eres un idiota, los hombres deberían hablar de temas sensitivos también.

—¿Qué es lo bueno de compartir ese tipo de historias? —quiso saber el peliplata.

—Si sólo lo guardas todo en tu corazón se vuelve duro. Si lo compartes, entonces la carga se hace menos pesada… ¿No te sientes solo a veces?

Ella sí se sentía sola. A decir verdad, con Sesshomaru Taisho siempre se había sentido sola. Él negó con a cabeza y la observó sin comprender lo que le estaba planteando.

—¡Es por eso que soy una persona solitaria a tu lado! —se lamentó. ¿Sabes qué? Tu corazón está hecho de hielo —recriminó, a momento en que el timbre de su casa sonaba. Ambos miraron hacia la puerta.

—¿Esperas a alguien? —preguntó Kagome, y él volvió a negar. ¿¡Acaso había perdido el habla?! No entendía cómo había derrochado su juventud a su lado.

Se levantó cansada y fue hasta el intercomunicador. Era una chica de unos veinticinco años, y al parecer, venía bastante molesta.

—¿Es esta la casa del escritor Sesshomaru Taisho? —exigió saber.

—Así es… ¿para qué lo necesitas? —preguntó confundida. Si Sesshomaru andaba rompiendo corazones jóvenes jamás se lo perdonaría.

—Estoy aquí para decirle unas cuantas verdades… —Eso sonó amenazante, quería verlo.

—Entra, él está en la casa de al Derecha —invitó, y corrió donde Sesshomaru para ver su cara.

—Sessh, es una persona desconocida y le abrí la puerta… —admitió riéndose.

—¿Quién es? —preguntó.

—No sé… es una mujer —se burló Kagome.

—¿Y viene a mi casa sin si quiera contactarme? —rugió molesto. Kagome salió de la habitación a atender a la muchacha. Ella lo esperaba en la sala, parecía triste y traía unos cuántos papeles en sus brazos, a los que se aferraba con su vida.

—¡Hola! Sólo siéntate, él vendrá pronto… cuando se vista —inventó, para ganar tiempo; pero al ver que él no se aparecía fue a buscarlo—. ¡Sesshomaru, ve a ver! La chica está sentada en tu sillón —empujó, arrastrándolo hasta la sala.

Sesshomaru no ocultó su cara de molestia. —¿A qué has venido entonces? —interrogó cuando estuvo frente a ella.

—Yo soy… la escritora Kagura Touma —se presentó ella, pero Sesshomaru no reconoció su nombre. —¿No me reconoces?

—En realidad no… —confesó, mientras tomaba de su café.

—Yo soy quien escribió el borrador del guión que usted está escribiendo ahora.

—Ah… ¿Y bueno?

—¿Está bien cambiar mi novela de misterio a una película romántica? —inquirió al borde de las lágrimas.

Sesshomaru nunca había sido un fanático de las mujeres llorando. —Para eso debes hablar con la casa productora, yo no tengo nada que ver.

—No… —se negó ella—. Como soy escritora también, quise preguntarle directamente a usted. ¿Qué tiene de malo mi escrito?

El peliplata dejó la taza sobre la mesa, y Kagome, quien espiaba tras la puerta, se sobresaltó. —No tiene ninguna viabilidad comercial. Lo que escribiste no es para nada rentable.

Ella se enfureció y perdió la paciencia. —¿Es un productor o un inversionista? Pensé que era un escritor también.

—¿Cuál era tu nombre? —exigió él.

La chica retrocedió ante su duro tono de voz. —Kagura Touma…

—Kagura Touma, yo soy un veterano que ha trabajado en el medio durante más de diez años…

—¡Si es un veterano entonces actúe como tal! Esta historia ganó el concurso, ya se ha probado a sí misma… ¡pero usted llega y la arruina sin ningún cuidado! ¡Es basura ahora!

—¿Dijiste basura? —se molestó el peliplata, a punto de desatar toda su ira.

—¡Lo dije! ¡Es basura!

—Tú ya recibiste el premio, no tienes ni voz ni voto en esto.

—Usted no sabe todo lo que me esforcé para escribir esta historia. ¡La he reescrito veintiocho veces! ¿Cómo puedes hacerle esto a otro escritor?

Sesshomaru se inclinó para mostrarle quien mandaba. —¿Eres demasiado inocente o eres estúpida? Deja de mostrar que eres una novata. Tú no eres mi co—escritora, no tengo por qué escucharte. Yo sólo recibí el guión de la casa productora y le hice los cambios pertinentes… Entonces, ¿cuál es el problema?

—¡El sistema es el problema!

—¡Entonces vaya a la productora y discútalo allá! —gritó Sesshomaru.

Obviamente, esa joven no sabía cómo era Sesshomaru cuando estaba molesto, o su orgullo era herido de esa forma. Ella era demasiado joven como para vivir la vida de Kagome, aunque fuese sólo durante una noche. Corrió donde la chica y la tomó del brazo para que se fuera. —Es mejor que te vayas… —la invitó, y la arrastró hasta la puerta.

—¡Tú no eres nadie! —gritó ella—. ¡Si ya llevas diez años, no entiendo por qué no has cambiado el sistema, gran veterano de la basura!

—Espera —detuvo a Kagome, y se dirigió a la chica—. Si no quieres que nadie le cambie una sola letra a tu escrito, entonces escribe algo que nadie pueda osar editar. A mí jamás me han editado una sola frase de mis guiones. Llamaré a la policía —advirtió.

Kagome se apresuró en desaparecer a la muchacha de la vista de Sesshomaru, antes de que la situación se pudiera más horrible.

—¡¿Cómo te atreves a entrometerte?! —rugió Sesshomaru, cuando Kagome entró de regreso, pero él no la intimidaba. Ya no…

—¡¿Cómo puedes ser tan insensible?! ¡Ella es sólo una jovencita! ¿Por qué no puedes ser más amable con las personas?

—¿¡De qué lado estás ahora!? —gritó, levantándose de la silla.

—¡No estoy del lado de nadie!

Entonces él se levantó y se encerró en su habitación dando un gran portazo. —¡Sesshomaru! —gritó la azabache, pero como siempre él no salió de su cuarto.

Sesshomaru Taisho tenía la mala costumbre de cerrarse ante sus problemas. ¿Y cómo lo hacía? Encerrándose literalmente en su habitación como si fuera un niño pequeño e indefenso. Lo conocía muy bien, eso ya le había pasado innumerables veces en el pasado. A esas alturas de la vida, estaba acostumbrada a los inesperados berrinches del peliplata, aún así… los detestaba profundamente.

—¡Abre la puerta, Sesshomaru! ¡¿Por qué demonios siempre tienes que desquitar toda tu frustración conmigo?! —exigió saber desde afuera y golpeando con sus nudillos la dura madera. ¿Qué había pasado con su relación de amigos sexuales? Probablemente, estaba también en peligro. No lo permitiría, no estaba preparada para dejarlo aún. Corrigió su forma de tratarlo.

—¿Sessh, me abrirás la puerta? Estoy preocupada… en serio. Puedes creerme esta vez —murmuró dulcemente.

Sesshomaru se sentó en su escritorio y la escuchó fanfarronear desde afuera. Nada era diferente a la última vez… no quería a Kagome cargando con sus propios problemas. Ella no tenía nada que ver con su vida.

—¡Estaré esperando en la sala! —anunció la pelinegra, intentando ocultar lo fastidiada que estaba. Él la conocía lo suficientemente bien como para saber que todo era una actuación.

Kagome, también frustrada y harta de la situación, se lanzó sobre el sofá del peliplata, con las piernas abiertas y los brazos extendidos, como una muchacha de mala reputación. —Seguro que esta vez durará tres días.

Entonces, se le vino a la cabeza la segunda vez que cortaron su relación. Había sido por ese extraño y detestable hábito de Sesshomaru de negarse a compartir su vida con ella. Ahora que estaba así de nuevo, no sabía cómo había regresado con él por tercera vez. A causa de eso, estaba sumergida en una complicada sexta vez con el único hombre importante de su vida.

—¿Por qué estás faltando a clases? ¿Por qué no respondes mis mensajes? ¿Hice algo malo otra vez? ¿Dónde estás? ¡¿Por qué te ocultas de mí?! —exigió al teléfono, pero Sesshomaru no respondía. Tenía el buzón de voz activado desde hacía dos días.

Al resto de sus amigas no les pasaba aquello. Sus novios no desaparecían de la faz de la tierra de un día para otro. Aquello sólo le sucedía a ella, y probablemente era porque las demás no tenían un novio tan insensible como Sesshomaru. ¿Acaso no se daba cuenta de que estaba preocupada de que le hubiera sucedido algo malo? ¿Cómo podía dejarla en ese estado?

—¿Estás vivo? Si estás vivo llámame cuanto antes… estoy muy preocupada, Sesshomaru —rogó nuevamente al buzón—. Por favor, sólo llámame. ¿Sí? —repetía una y otra vez sin una respuesta.

Cuando la noche llegó, Kagome ya había perdido la paciencia. —¡Hey, tú… bastardo de mierda! ¿No me vas a responder? ¡Tu celular está apagado aunque llame una y otra vez! ¡Te he llamado todo el día desde hace dos días! ¡¿Cómo puedes hacerme esto a mí?! —lloró.

—El teléfono al cual está llamando se encuentra apagado o fuera del área de servicio —escuchó durante horas. Terminó de comer, ansiosa y con ganas de arrebatarle la existencia a todo el mundo.

—¡Hey, Sesshomaru! ¿¡Por qué eres así? ¿No te gusto? ¿Quieres terminar? Si no te gusto entonces sólo dímelo —lloró al teléfono. Ya no tenía dignidad ni amor propio por su persona. Aquella sensación de incertidumbre la tenía devastada—. Si quieres desaparecer entonces hazlo después de terminar…

Luego de cuestionar a la madre de Sesshomaru toda la tarde del día siguiente, pudo descubrir donde estaba alojándose. Él se había ido fuera de la ciudad sin decirle nada, y Kagome no se lo perdonaría. Tomó el primer tren que encontró y llegó hasta aquella región. Lo encontró en una pequeña pensión a orillas del mar.

—Exactamente… ¿qué soy para ti? —preguntó sin rodeos, luego de obligarlo a salir del recinto—. ¿Sabes lo preocupada que estaba por ti? ¡Pensé que habías tenido un accidente, que te secuestraron o que moriste en alguna parte! ¿Me contactará hoy? ¿Volverá mañana?

—¿Cómo descubriste donde estaba? —preguntó él por fin, sin mirarla a los ojos.

Kagome no lo escuchó. —¡No es mi culpa que la producción de tu película fuera cancelada! Dime, ¿es mi culpa?

—¿Sabes acaso cuanto esfuerzo le puse y todo lo que esperé? —rugió él, pero a Kagome nunca le había intimidado.

—Entonces, ¿es mi culpa? ¿Fui yo quien hice que la cancelaran? ¡Sólo debiste habérmelo dicho!

—Si te hubiera dicho que me iba, ¿habrías estado de acuerdo? —inquirió serio—. Nunca me habrías dejado quedarme aquí durante un año escribiendo.

—¿No puedes escribirlo en casa?

—Vete… —le pidió él, con cara de pocker, sin demostrar ninguna emoción en sus palabras.

Le dolía, le dolía profundamente que él desistiera de ella como si se tratase de cualquier baratija. —Está bien… me iré.

—Escucha, si escribo toda la historia y luego regreso a la ciudad…

—¡No me importa! —interrumpió la azabache—. Ya no te veré más…

Él la ignoró. —Vete, es tarde… —la tomó del brazo para acompañarla a la estación.

—¡Estoy diciendo que ya no te veré más! —se zafó Kagome.

—¡Kagome, déjame solo alguna vez! ¡Necesito tiempo para estar solo! —se exhaltó él.

—¿¡Acaso te hiervo o te interrogo en casa!? ¡¿Por qué dices que te molesto?!

—¡No es eso! ¡Aquí puedo escribir y terminar la obra sin distracciones!

Kagome lo miró sin entender. No quería escuchar nada, sólo lo quería de regreso en casa y en su vida. —Busca tus cosas y sal… —ordenó.

Sesshomaru suspiró complicado.

—Voy a decirlo sólo una vez más. Recoge tus cosas y sal inmediatamente. —Él no se movió—. ¿Es por tu hermana Kanna? El trabajo es sólo tu excusa…

—Vete —se enfadó el peliplata.

—¿No puedes apoyarte en mí aunque sea por una sola vez? Estoy aquí para ti… Piensa en mí también… ¿Cómo puedo regresar sola después de haber venido por ti? Sólo volvamos… Regresemos juntos, ¿sí?

—Ten cuidado en el camino… —se despidió Sesshomaru, ignorándola completamente y dejándola atrás, sola y llorando como un bebé.

—¡Si no recoges tus cosas y sales en diez minutos realmente terminaremos! —amenazó duramente, buscando todo su coraje. Él se detuvo durante unos momentos, pero finalmente siguió su marcha y entró en la casona. —¡Realmente terminaremos y serás un extraño para mí! ¿Soy una extraña para ti entonces? ¡También eres un extraño para mí! —siguió gritando desde afuera y descargando toda su frustración entre lágrimas y lamentos.

Esa noche, aunque lo esperó hasta que el último tren con destino a su ciudad se fue, él no apareció. Con el corazón roto y los ojos inundados en lágrimas, esperó hasta el otro día para partir sola de regreso a su casa.

Él tardó un año en regresar a casa.

En ese entonces, Kagome pensó que aquella era una prueba ferviente de que él no la amaba en lo absoluto, pero luego de haber sido su novia durante más de diez años, sabía que su puerta cerrada sólo era una cueva para protegerse de los depredadores. Él había entrado en aquella cueva nuevamente, y probablemente estaría unas semanas hibernando. Por eso, dibujó un oso durmiendo en una hoja de papel y la pegó en su puerta con la cita: "Cuidado, oso hibernando".

Tres días más tarde, él abrió la ventana de su habitación sonriente. Kagome lo observó desde su ventana, la cual estaba justo enfrente de la suya, separadas sólo por un patio interior en donde tendían la ropa mojada.

Ese hombre seguía sin apoyarse en ella, y sin necesitar su ayuda para nada, pero aquello no le dolía más. Ella ya lo sabía, y lo había superado desde la segunda vez que rompieron. Tampoco esperaba otra cosa de Sesshomaru Taisho, había aprendido a amarlo justo y como era. Además, él era sólo su compañero de sexo.

—La luz del Sol es muy buena, ¿cierto? —saludó, animada, mientras bebía un jugo de frutas asomada en su ventana.

—Tienes razón… es buena —sonrió él.

—¿Hibernaste mucho? —preguntó con gracia.

—¿Qué? —El aún no había visto el cartel en su puerta.

—No es nada —mintió.

Sesshomaru observó a su alrededor. Su cabello brillaba con la luz del Sol, y lo hacía parecer un chico albino de Noruega. —¿No es esa mi ropa sucia?

—Así es —respondió Kagome triunfante—. Estaba soleado, así que aproveché…

—Ocacionalmente haces cosas buenas, ¿no Kag?

—Me gusta cuando lo admites —rió Kagome.

Al fin había terminado.

III

Sesshomaru había amanecido ese día de exuberante buen ánimo. Preparó el auto y le pidió a Kagome que vistiera casual. La llevó a un hibernadero a buscar hermosas flores para la casa. A Sesshomaru siempre le había gustado el olor de la hierba y las flores en casa, pero hacía tiempo que no dedicaba tiempo a ello.

—Me gusta esta fragancia, ¿te gusta? —preguntó.

Kagome apretó las pequeñas flores con sus manos y las olió. —¡Es buena! ¡Llevemos esta, Sessh!

Sesshomaru tomó entonces su mano y la olió también. Kagome quedó de piedra. —Es buena, llevémosla —dijo, sin soltar su mano y cambiando de dirección.

—¿Por qué eres así? —lo detuvo la azabache—. Decidimos no agarrarnos de las manos, ¿recuerdas? —Y se soltó.

Sesshomaru la ignoró, corrió tras ella y puso su brazo alrededor de sus hombros. Kagome volvió a detenerse. —Sesshomaru, está prohibido tocarse.

El peliplata volvió a tomar suavemente su mano. —Sólo sostenla… —ordenó, para seguir caminando por el invernadero.

Kagome no estaba molesta en realidad, aceptó ese gesto de confianza y cariño, que era muy extraño en él. Decidió disfrutar el momento, sin detenerse a pensar en lo que sucedería luego. Al parecer, su relación de amigos sexuales había regresado junto con el buen ánimo de Sesshomaru.

Lo pasaron de maravilla, Kagome incluso se comió alguna de las hojas de algunas plantas para descubrir nuevos sabores. El día soleado los acompañó todo el día, y al atardecer, se subieron al auto para regresar. Aunque no se habían besado en todo el día, se sentía como que su relación de pareja había regresado y para quedarse.

—Todo lo que compramos huele bien, ¿verdad? —se alegró Kagome, al ver todas las plantas que había cargado en el carro.

—¿Quién es la que dice que huelen bien pero jamás les echa agua? —acusó con humor el peliplata, sin mirarla.

—Las quejas están prohibidas, además también sostuviste mi mano. Hoy rompiste varias reglas, Sesshomaru.

Iban en el quinto kilómetro de la costanera cuando divisaron un motel que habían visitado la segunda vez que hicieron el amor.

—¡Sesshomaru, mira! —gritó Kagome, de repente.

El peliplata bajó la velocidad. —¿Es ese motel?

—Así parece… —sonrió ella, a modo de cómplices.

—¿Deberíamos ir de nuevo? —sugirió Sesshomaru, mirándola seductoramente.

—¿Deberíamos? —aceptó Kagome, sin decirlo. Le encantaba el curso que había tomado aquel día, su cuerpo ya extrañaba al peliplata. Cada fibra de su ser lo pedía día y noche.

Estacionaron el automóvil y entraron apresurados, aún sin tocarse. Todo había cambiado dentro, incluso se pagaba a través de una máquina y no presencialmente.

—¡Qué moderno! ¿Deberíamos probar?

—¿Deberíamos? —repitió Sesshomaru, y metió su tarjeta de crédito dentro de la máquina.

—¡Habitación #702! —exclamó Kagome emocionada—. Aún lo recuerdo…

La llave de la habitación salió por una pequeña cajuela. —¡Woa! —se sorprendió Kagome, nuevamente. Ese día había obtenido muchas sorpresas, tantas, que su alma de niña estaba volviendo a tomarse su cuerpo.

Aunque su alma de mujer estaba a punto de ser despertada. Arriba, Sesshomaru la cogió de las manos y la invitó a entrar a la habitación, que había sido testigo de la segunda vez que se amaron. La llevó a asomarse por la ventana, justo como aquella vez hacía quince años y divisaron el hermoso paisaje de la costanera. Entonces, sin ningún reparo ni petición de por medio, tomó sus labios y la besó sin detenerse a preguntar si ella lo disfrutaba o no.

Él lo sabía. Para ella sus labios eran el manjar más delicioso de los manjares, y su sabor favorito en el mundo. Aunque había besado otros labios, jamás había olvidado cuánto añoraba sentir ese sabor siempre y cada día. Se arrastraron hasta la cama y Kagome se quitó la mitad superior de su ropa.

A Sesshomaru siempre le había gustado de sobremanera ver a Kagome en aquella faceta. Le gustaba su delgadez, y lo liviana que podía llegar a ser. La tomó entre sus brazos y la llevó hasta la pared nuevamente, sin quejarse de su peso. La azabache enredó sus piernas alrededor de su cintura y le arrebató una mano para que la tocara justo en los senos. Amaba cómo él sabía cada uno de sus puntos débiles y utilizaba esa información a su favor, para hacer que ella desistiera de toda la cordura que cabía dentro de su cabeza.

Sus senos eran pequeños, pero Kagome nunca había necesitado grandes senos para seducir a un hombre. Ella valía lo que valía gracias a su personalidad, le encantaba su voz y su forma de ser, sobretodo la forma que tenía de demostrar su placer, y cuando lo estaba disfrutando. Ella lo disfrutaba siempre, era como fuego vivo dentro de la cama, y por eso la añoraba de esa forma enfermiza y obsesiva.

Había logrado vivir tres años sin el calor y la fogosidad de su cuerpo y finalmente había cedido. Ella lo había logrado y ahora la tenía en sus brazos otra vez, moviéndose al vaivén de sus caderas y recibiendo todas las embestidas que le daba a través de su ropa.

La besó con más intensidad, y más rápidamente que nunca, ya no soportaba más, quería adentrarse en sus caderas cuanto antes, pero ella era una experta en el arte de volverlo loco y aunque se entregaba a voluntad, también retrasaba el momento una y otra vez. Esa espera era lo que lo hacía desear a Kagome Higurashi con toda la fuerza que tenía su voluntad.

Acarició su cabeza y su cabello violentamente, mientras besaba el cuello que ella le ofrecía, mientras se elongaba hacia atrás, y la lanzó sobre la cama. El momento había llegado, se quitó los pantalones rápidamente, y cuando iba a quitarse la ropa interior ella lo detuvo.

—¡Espera! —gritó sofocada, desnuda y sobre la cama—. Ya sabes que me gusta hacerlo a mí —rió, mientras se sentaba en el borde y le bajaba la ultima prenda.

Era cierto, la chica de su libro no estaba inspirada en ninguna otra mujer más que en Kagome Higurashi, y su loca manía por bajar los calzoncillos de los hombres y tomar la iniciativa en el momento crucial.

Entonces, ella se levantó y lo empujó directamente al colchón. Esa era su oportunidad y él era su hombre. Le enseñaría con todas las letras lo que era una mujer de verdad, para que no tuviera ganas de andar buscando otras chicas. Ella era la única en la vida de el peliplata, y de eso no dejaría lugar a dudas.

Se subió a horcajadas sobre él e hizo contacto con su sexo en el lugar exacto de su excitación, entonces empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo en un ritmo frenético y excitante, mientras sus senos bailaban al son de sus caderas.

Ella era una buena chica, pero con él, ella era otra, y siempre diferente. A veces sumisa, a veces romántica, a veces exigente y otras, era una ninfómana de aquellas. En esa ocasión, Kagome era una mujer sexy que gustaba de seducir a su hombre hasta la locura, y Sesshomaru Taisho, por Dios que lo estaba disfrutando.

Cuando la pasión se acabó por completo, tomaron sus ropas y salieron de la habitación tomados de la mano y burlándose de lo que habían hecho otra vez, de lo débil que era la carne y lo mucho que disfrutaban ser unos desvergonzados.

Cuando el ascensor se abrió, Kagome y Sesshomaru reconocieron a Sango, cariñosamente tomada de la mano con Miroku, su asistente y exnovio, al cual había dejado un mes antes de la boda con su actual marido.

¡No podía creerlo! ¡Miroku era el amante de Sango!

CONTINUARÁ…


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ACTUALIZACIÓN: 12/12/2013

CORRECCIÓN 1: (no lo he corregido, está en bruto, por lo que me disculpo si puse mal alguno de los personajes secundarios, la verdad, con tantos fics se me olvidan DX