INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.


EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN LA SERIE KOREANA "I NEED A ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECES A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO.


NOTA DE LA AUTORA:

Chicas y chicos, aquí les traigo otra entrega de esta bonita historia de Kagome y Sesshomaru. Aún no está corregido, al igual que el capítulo pasado... es que no quiero hacerlos esperar más. Espero sus comentarios al final!

También agradezco sinceramente a:

Caritaluna

Andyantopia

Sery Taisho

MichMS

elianamz-bv

Orquidea16

Breen Martínez

Sasunaka Doki

Aiko

Y a todas las lectoras y lectores anónimos, y espero que pronto dejen de serlo.

Muchos abrazos y agradecimientos a ustedes!


"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"

¡NECESITO UN ROMANCE!

Claudia Gazziero

Cuando el ascensor se abrió, Kagome y Sesshomaru reconocieron a Sango, cariñosamente tomada de la mano con Miroku, su asistente y exnovio, al cual había dejado un mes antes de la boda con su actual marido.

¡No podía creerlo! ¡Miroku era el amante de Sango!

CAPÍTULO 6

I

—¿Y qué clase de amigas son ustedes? —Quiso saber la periodista, al ver a Kagome, Rin y Sango tan unidas y coordinadas para responder cada una de las preguntas.

Habían estado toda la mañana en una sesión de fotos, cortesía de Sango, quien era una estrella de la prensa rosa nacional. Esta vez la modelo presentaba a sus queridas amigas, con las cuales había compartido más de 15 años de su vida.

Fue una sorpresa que entre ellas, estuviera la reconocida compositora Kagome Higurashi, la cual había ganado numerosos premios gracias a las bandas sonoras de películas románticas. Sin duda, ese trío tenía mucho potencial.

—Hemos sido amigas desde hace mucho tiempo, desde que estábamos en la escuela secundaria —relató la castaña, sus ojos pardos brillaban con la luz de los focos profesionales, haciéndola ver como una diosa.

—Sí, fue unos días antes de las vacaciones, cuando estábamos en noveno grado. —Complementó tímidamente Rin. Aún no se hacía la idea de ser fotografiada en un set para salir en una revista. Aquello era lo más glamoroso que la había pasado en su vida.

La periodista pareció confundirse. —Entonces… ¿todas asistieron a la misma escuela?

—No, todas fuimos a primarias diferentes… pero más tarde estuvimos juntas en la secundaria. —Corrigió Kagome, intentando verse tan tranquila como Sango, a quién realmente se le daba el ser fotografiada.

De hecho, se habían vuelto amigas gracias a la intervención de un hombre. El primer recuerdo que la azabache tenía de Rin era haberla visto corriendo cuesta arriba y gritando como una endemoniada loca. Entonces, en su carrera, la tumbó junto con su guitarra. Ella huía de un pervertido loco que disfrutaba mostrándole sus partes íntimas a las jovencitas de primaria. ¡Con razón esa chica había corrido desde quién sabía donde!

—¡Es un pervertido! —lloró Rin, escondiéndose tras Kagome. No había otra opción, debía salvar a esa indefensa chica. Tomó aire para gritar a todos los vientos que había un exhibicionista en la calle, pero no fue necesario. Justo en el momento en que Kagome iba a salvar el día, una chica castaña llegó tras el sujeto y lo pateó en el trasero, empujándolo tres pasos hacia adelante.

—¡Qué cretino bastardo! ¿Pensabas que podrías escaparte de mí? —Rió una reluciente castaña, con el uniforme ajustado y una rudeza que sobresalía de lo normal.

Sí, Sango siempre había sido diferente a ellas, y aunque Kagome intentaba hacerse la ruda, e imitarla en cierto grado, debía admitir que su personalidad en cuanto a sentimentalidad era más parecida a la de Rin.

El sujeto aprovechó lo sorprendidas que estaban al ver a Sango y salió corriendo en busca de un lugar seguro.

—¡¿Van a dejar que se escape?! —Regañó la chica recién llegada—. ¡Atrápenlo!

No hubo otra opción que perseguirlo, con Sango a la delantera. Sin embargo, todo salió mal, pudieron alcanzarlo en un pasaje sin salida, sí; pero entonces, acorralado y a punto de morir, él tuvo la gran idea de darse vuelta y abrirse el abrigo.

Sí, estaba desnudo.

Entonces, cuando Kagome y Rin tenían los ojos tapados con las manos, Sango corrió hacia él y lo golpeó justo en la entrepierna. Lo tumbó de inmediato. El pervertido quedó fuera del juego de inmediato.

—¡Chicas, Mátenlo! —Ordenó Sango, y las chicas no tuvieron más remedio que obedecerla.

En la comisaría, recién pudieron entablar una conversación. Rin asistía a una escuela sólo para chicas, también Sango. De hecho, sólo Kagome tenía la suerte de asistir a la escuela con el chico que le gustaba: Sesshomaru Taisho.

Obviamente, jamás imaginaron que ese encuentro casual e inesperado las cnvertiría luego, en las mejores amigas.

—¿Sus nombres? —preguntó el oficial a cargo del caso.

—¡Rin Takani! —Se presentó la pelinegra.

"Rin Takani, 33 años. Es la más normal de las chicas. Estudió devotamente y entró en la compañía que soñó. Se desempeña como Secretaria Ejecutiva en una Empresa de Entretenimiento, construyendo constantemente su futuro".

—¡Soy Kagome Higurashi, de la Secundaria Mixta Kayeon!

"Kagome Higurashi, la compositora más bella e influyente de los últimos tiempos. Tiene una desafiante y espléndida vida".

—¡Soy Sango Takeda, de la Secundaria de Chicas Shinmin! —Se presentó finalmente la heroína del día.

"Sango Takeda, pasó de ser una modelo a una diseñadora de zapatos. Tiene una dulce vida matrimonial"

—Así que ya han pasado diecisiete años desde ese día. ¿Cuál es la clave para mantener una amistad tan larga?

—¡No tener secretos! —Se adelantó Rin—. Nos contamos todo, incluso las cosas más vergonzosas…

¡Maldición! Kagome aún no podía decirle a Rin lo que había visto la semana anterior. Ella era sumamente tradicionalista, jamás perdonaría que Sango engañara a Naraku y con el mismo Miroku, sobretodo porque ella misma lo había traicionado, casándose con su actual marido. Intentó disimular su incomodidad lo mejor que pudo.

—En realidad no podemos decirnos todo, pero nuestra amistad se ha mantenido en el tiempo gracias a que siempre estamos ahí para la otra; en toda clase de situaciones... —Reflexionó la castaña. Kagome estaba segura de que vivir con aquel cargo de conciencia no era nada fácil, incluso para su amiga.

—Incluso, si no podemos entendernos la una a la otra —Agregó Kagome—, siempre nos aceptamos tal cual somos.

Sango agradeció sin palabras a su amiga. Eso sólo podía significar que Kagome no estaba molesta. No la entendía, pero la apoyaba de todas formas; ella no la abandonaría.

—Ya veo. Voy a tomar sus fotografías ahora. Ya tengo sus titulares, pueden revisar la revista el día viernes. Estoy segura de que les gustará la entrevista —comentó la chica, y dio por finalizado el encuentro.

Entonces, desde el día viernes, las tres serían famosas; todo gracias a Sango. No era tan malo después de todo.

Estuvieron hasta la tarde posando para las fotografías. Cada una tenía un set diferente. El de Sango abundaba en zapatos femeninos del estilo más sofisticado, y el de Kagome relucía en instrumentos musicales.

El día viernes Rin se apresuró a comprar la revista. Ella, en comparación a sus amigas, tenía una vida mucho más normal y un trabajo común. La hojeó rápidamente hasta que llegó a las páginas dedicadas a su amistad. Pasó por las cuatro páginas de Sango y las tres que tenía Kagome, para llegar a la página final. —¡Mi historia es la más pequeña! —Se lamentó. Ocupaba sólo una plana final, aunque sus fotografías en un set cargado de osos de peluche y colores pasteles no estaban nada de mal.

Caminó leyendo el reportaje hasta el ascensor, pensando en si llamar a su madre para mostrárselo o no. Era probable que se hiperventilaran al ver su inesperada fama. Como iba leyendo concentradamente la revista, no se percató de que había un hombre bastante peculiar a su lado. Pero él sí lo hizo, de hecho no podía creer que fuera posible encontrarse justo con esa mujer. De hecho, no la había vuelto a ver desde aquel día en el Parque Nacional, después del espectáculo que había montado su estúpido novio.

Intentó llamar su atención y tocó su hombro con el dedo. —Disculpe…

Rin estaba absorta en sus pensamientos, así que volteó despreocupadamente para encontrarse de frente con el único hombre al cual le daba vergüenza mostrarle su cara.

—¡No puede ser! —Se sobresaltó, para luego cubrir su cara con la revista y salir caminando del ascensor en su piso. No podía permitir que él supiera que ella trabajaba ahí, sería el fin de la poca dignidad que le iba quedando.

Él se bajó también. —¿¡Por qué está siguiéndome?! —gritó, volteándose a penas.

—¿Usted trabaja aquí?

—Eres un extraño, no tengo por qué decirte eso. Si estás aquí ve una película y vete… —Cortó—. ¡No actúes como si me conocieras! Yo no te recuerdo en lo absoluto.

—¡Jefa, el nuevo director está aquí! —Le informó su asistente a penas entró en la oficina. Rin no tenía cabeza para conocer a un nuevo jefe, ya bastente tenía con haber visto al sujeto que había sido testigo de su humillación.

—¡Espera! Primero, debo tranquilizarme… —Rogó, complicada y nerviosa.

—¿Qué le sucedió?

—¡Acabo de ver a una persona que no quería ver! ¿Por qué el mundo es tan pequeño? —Quiso llorar.

—No se preocupe por eso, el nuevo Gerente está llegando. Él viene de la oficina central… Hay un rumor que dice que él es muy malo. El año pasado se iba a casar, pero su novia lo dejó, ella era una abogada reconocida —cotorreó sin control la chica—. Luego, su ex y sus amigas fueron a su oficina y montaron un escándalo.

—Probablemente fue atrapado engañándola… —Intentó concentrarse la pelinegra.

La joven continuó. —Por eso, pidió que lo cambiaran de sucursal, así que esto es un descenso en su carrera profesional. Ya sabes, venir a una ciudad pequeña no es muy glorioso que digamos.

—¡¿Por qué viene aquí si está en descenso?! —Descargó su rabia. ¡Esa oficina no era para perdedores! De hecho había mucha gente que quería trabajar desesperadamente en ese lugar.

—Disculpe… —Se anunció el tipo del Parque Nacional.

—¡Debes estar loco! —Tartamudeó Rin—. ¿¡Por qué estás aquí!?

Lo arrastró hasta afuera, intentando que su asistente no percibiera que algo andaba mal.

—¡Espere! Señorita Rin… ¿por qué está actuando así?

—¡El nuevo Gerente está por llegar y usted está aquí siguiéndome! ¡Apresúrese y váyase! —Lo arrojó fuera. Luego, cerró la puerta de vidrio tras él.

—¡Jefa! Por eso le dije que viera el Archivo de Recursos humanos! —La llamó su asistente casi llorando.

Rin trató de guardar calma y se acercó educadamente hasta la chica, tomó la carpeta y acto seguido quiso que la tierra se la tragara, a ella, a su familia y a todas las generaciones venideras que llevaran su sangre.

Miró al sujeto, que seguía ahí, a través del vidrio. —¿Por qué se ven tan similares? —Dudó. No había ningún error. ¡Era él! La vida era totalmente injusta con ella. Cuando al fin su vida entraba en curso, siempre había algo que la devolvía a los cimientos. Maldijo en secreto al mundo y a Dios.

—¡Por favor, contrólese jefa! —Rogó la chica, igual de nerviosa.

Tragó saliva. Desde ese momento, debía actuar de manera profesional. Caminó instintivamente hasta la puerta y la abrió con cuidado.

—Por casualidad… ¿usted es esta persona? —Le mostró el archivo—. ¿Kohaku Nagano?

Él exhaló molesto y sin poder creer la bienvenida que había recibido. —Sí, soy yo —articuló duramente.

Rin soltó la carpeta con los documentos. No tenía más opción, lo había arruinado todo. —Buenos días, señor Nagano. —Saludó.

¡El sujeto que había sido víctima del fondo de su vida sexual no podía haber llegado a su empresa como Gerente! Tenía que decírselo a sus amigas.

Cuando volvió de hablar por teléfno con Kagome, quien la convenció de que no era adecuado suicidarse o renunciar por su causa, vio que su asistente estaba ayudando al nuevo Gerente a desempacar.

—Pero, ¿qué es este pedazo de madera? —preguntó la chica, al sacar de la caja un gran tronco.

"¡Tus orgasmos son tan rígidos como madera! ¡Eres un gran pedazo de madera!"

No podía más, aquello era una humillación. Prendió la computadora y en seguida empezó a escribir con fervor. Cuando terminó, la imprimió y fue hasta donde el tal Kohaku. A él no le gustó para nada…

—Señorita Rin… ¿Piensa que renunciando evitará la vergüenza? —preguntó él.

—¡No es una carta de renuncia!

Él la abrió con temor y empezó a leer en voz alta:

—Primero: Nunca revelaré lo que oí el 24 de Junio en el Parque Nacional. Segundo: nunca molestaré a Rin por lo que oí. Tercero: La palabras "orgasmo", "pedazo de madera" y "roca" no vendrán nunca a mis labios. Cuarto: Si no cumplo con estos requisitos, personalmente entregaré mi renuncia.

—¿Y? —le preguntó la pelinegra al ver que había leído las nuevas condiciones laborales por completo.

—¿Por qué tengo que renunciar yo? —inquirió confundido el nuevo Gerente.

—Por último, nosotros nos conocimos el día de hoy… nunca antes nos habíamos visto. —Lo ignoró por completo—. Firme y ponga su huella dactilar, por favor.

—¿Qué sucede si no lo hago?

—¡Las ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual), Esterilidad, Eyaculación Precoz, y la Impotencia caerán sobre ti! ¡Yo lo maldigo para que nunca sea capaz de salvarse de ninguna de esas! ¿Sabe lo que pasa cuando una mujer guarda rencor, verdad? —Sonrió malévolamente.

El hombre se atragantó con su propia saliva, completamente intimidado.

¡Bien! Lo había hecho bien. Ahora Rin era una mujer de temer.

II

Kagome quedó pensando en lo que estaba sufriendo su amiga en el trabajo, y en lo que sufriría en el futuro. Considerando que aún no sabía lo de Sango, seguramente venían días negros para Rin. Se lamentó por ella y se prometió acompañarla en los momentos duros. Después de todo, aquella era una de las claves de su amistad.

Además, en ese momento Kagome Higurashi estaba en condiciones de apoyar a sus amigas en todo lo que pudiera, ya que su vida corría sin problemas. Su sexta vez con Sesshomaru Taisho iba de maravilla. No pudo evitar transportarse hasta aquellos momentos desbordantes de pasión.

Sesshomaru abrió violentamente la puerta de su estudio y murmuró con voz extremadamente masculina. —Señorita, ¿dónde le gustaría?

¿Quién podía decirle que no a un Sesshomaru completamente excitado y sin camisa?

Se besaron hasta que los músculos de todo su cuerpo quedaron extasiados y regados de pasión. A ella también le encantaba besarlo, sus labios eran como miel, y ella era completamente adicta a ellos.

—No he tenido suficiente todavía, vamos a besarnos más. —Lo detuvo, justo en el momento en que él quería pasar a la siguiente fase del ritual. Lo tomó de las mejillas y lo besó con fervor, obligándolo a caer en el sofá. Ella era una mujer moderna, que gustaba compartir el poder.

Esos días habían sido espléndidos, besándose y más en el sillón, en la cama de Kagome, en la cama de Sesshomaru, en la cocina, en el estudio, en la sala, sobre la mesa, en a ducha y ¡en el jardín! Era como una droga, no podía dejar de desear ser poseída por Sesshomaru y su cuerpo, Sesshomaru y su fogosidad, Sesshomaru y su talento especial para hacerla gritar hasta el cansancio.

—¡Sesshomaru! —lo llamó otro día mientras él podaba las plantas. Le mostró sus zapatos, señal de que estaba dispuesta a hacer el amor.

Los perros la miraron, y luego a Sesshomaru, que dejaba caer las tijeras para adentrarse en la casa con Kagome a cuestas. Al fin las cosas volvían a la normalidad.

En la ducha era otro cuento, sus cuerpos desnudos bajo la tibia agua de la regadera, la espuma cubriendo sus cuerpos y la suavidad de su piel. El vapor de agua que inundaba el baño no era precisamente por el agua hirviendo, sino por el calor y la transpiración formada por la pasión de sus movimientos.

Durante esas semanas, se habían vuelto más y más apasionados, mucho más de lo que habían sido antes de terminar por quinta vez. Es que se extrañaban de sobremanera, y sus cuerpos se necesitaban como necesitaban de agua para vivir. No sabían cómo habían durado tres años sin caer en la tentación del sexo libre y sin compromiso. Sin duda, era la mejor idea que se les había ocurrido.

—¿Te vas otra vez? —preguntó indignado Jacken, luego de que Kagome recibiera un mensaje en su celular y empezara a guardar sus cosas.

—¡Sólo por una hora! —Rió la azabache. El mensaje era una fotografía de los dos gatos juntos, señal de que Sesshomaru quería fundirse con ella en un encuentro—. No, que sean dos…

También salieron de viaje mucho más de lo que lo hacían antes. En la soledad del bosque, o de la playa, y bajo la protección de la camioneta, desataron su pasión libremente y sin pudores. Sus ropas volaban siempre fuera del carro, y los zapatos se perdían entre tanta algarabía.

Pero no sólo el sexo volvió a nacer entre ellos, también la amistad, el cariño y el amor. Una tarde, en un verde parque eólico en las afueras de la ciudad, mientras disfrutaban de un pequeño picnic, Kagome descubrió que le estaba empezando a gustar ese hombre nuevamente. Bueno, quizás siempre le había gustado y siempre le gustaría, pero estaba volviéndose tan intenso y enfermizo como antes.

Sesshomaru la tomó de las manos ese día.

—Tendré que hacer una nueva regla… —comentó Kagome, temiendo que esa sensación creciera aún más—. Tocar mi piel fuera de la cama está TOTALMENTE prohibido, ya lo habíamos conversado.

—¿Y qué? ¿No te gusta? —Se levantó él y se inclinó para verla sólo a unos centímetros de distancia. Entonces la besó y la recostó para besarla aún más.

No había caso de que no confundiera las cosas si él ignoraba todas las reglas y la conquistaba más y más.

Tuvo que confesárselo a sus amigas, para que ellas la apoyaran. De noche, en un restaurant, no tuvo más opción que admitir que estaba completamente enamorada de Sesshomaru Taisho por sexta vez.

—¿Por qué estás dudando? ¿Morirás si se lo confiesas? —Animó Rin, ella quería que Kagome se lo dijera al susodicho.

—No puedo, ustedes se olvidan que Sesshomaru y yo sólo somos amigos sexuales. —Lamentó Kagome.

—Es una relación demasiado moderna… —Solucionó la pelinegra.

—No, es demasiado clásico. Tener citas fue un concepto desarrollado en Europa en el Siglo XIX, no existía antes de eso…

—Entonces, ¿qué hacía la gente antes de eso?

Sango se mofó de la inocencia de las chicas. —Ellos sólo dormían juntos, y no precisamente dormían. Además, sin contar a los humanos, ¿hay algún otro animal que tenga citas?

—Probablemente las tienen, es sólo que no sabemos al respecto. —Intento argumentar la pelinegra, tímidamente.

—He oído que los Leones no se aparean con su pareja si esta está enferma… —Murmuró Kagome.

—Es porque las Leonas son más fuertes. Si ellos lo intentan pueden ser atacados hasta morir.

—Entonces, ¿estás diciendo que tenemos que atrapar a los hombres a través del sexo? —Se quejó la azabache con su amiga. Ella era demasiado desvergonzada para ella.

Sango se inclinó para parecer mucho más amenazante. —No, es a través del instinto, y la noche fue creada para ti. Es tu oportunidad, atrápalo en la noche.

—¿Cómo?

—¡Es sencillo! —rió Sango nuevamente—. Si eres la mujer más apasionada del mundo, él nunca querrá dejarte ir con otro hombre.

Kagome ya era la mujer más apasionada que Sesshomaru pudiera encontrar sobre la faz del planeta, y eso se debía a que para ella nunca había sido realmente sexo. Siempre lo entregaba todo, lo que tenía con él era realmente amor. Quizás el tenía sexo con ella, pero ella definitivamente le hacía el amor.

—¿Cuál es el problema de que te guste de nuevo? —Intervino Rin. Para ella el amor era sólo romanticismo.

La azabache suspiró y sus ojos almendrados se humedecieron un poco. —El problema es que aunque lo ame, nada cambiará. El nunca se casará conmigo, aunque no me importa mucho el matrimonio… Siento que el tiempo para formar una familia se está acabando.

—Realmente no entiendo mucho eso de Sesshomaru… —Reveló Sango, comprendiendo cómo se sentía su amiga. ¡Ya tenían treinta y tres años! Técnicamente quedaban sólo siete años para tener hijos, y ninguna los tenía. De hecho, eran unas completas perdedoras a la hora de atrapar a un hombre.

—Lo siento, Sango… Es genial lo que dices: besarlo es bueno, dormir con él es bueno. ¡Por Dios que es bueno!, pero hay algo que falta… No hay futuro en nuestra relación, yo podría quedarme siendo su amiga sexual para siempre…

—Quizás Sesshomaru sí piensa en casarse contigo, sólo que no lo dice abiertamente. —Animó Rin.

No era sí. —Hace tres años también pensé que eso sucedía. Cuando terminamos seguí insistiendo e intenté persuadirlo, porque no podía creer que él no me quería como su mujer. Al final, terminamos por eso…

—No seas infeliz, Kagome. Preocúpate por el presente y no por el futuro que aún no llega. —Aconsejó Sango. Su amiga necesitaba ver la vida de una forma más sencilla. No todo era amor para una mujer, también habían otras cosas—. Si quieres hacer una canción, la haces; si quieres dormir con él, entonces duermes…

—¡Estoy diciendo que quiero más! —Se alteró Kagome al ver que Sango no podía entender su corazón.

Ella respondió altanera. —¿De verdad quieres casarte? ¡Mírame a mí!

Kagome bajó la cabeza para no mostrar su debilidad. —Quiero tener hijos que se parezcan a Sesshomaru, y criarlos junto a el. —Admitió, no era fácil hacerlo—. Además, mi abuela sigue preguntándome por qué no tengo familia… Aunque sea un poco anticuado, quiero hacer una bonita familia en una linda casa.

—Yo te entiendo, Kag… También estoy empezando a preocuparme más y más porque no encuentro a nadie para casarme. —La apoyó Rin.

—Tampoco es como si estuvieran perdiendo el tiempo. Kagome, tú lo estás pasando bien también… —comentó Sango, aludiendo a las largas sesiones de sexo que mantenía con el peliplata.

—Dices todo eso, pero continúas… —Iba a decir que continuaba sola y engañando a su marido con el hombre que de verdad amaba, pero Rin estaba presente.

—¿Por qué te detienes? —Instó Rin a terminar la frase.

—No es nada…

—Entonces iré al baño, ¿me disculpan? —Kagome y Sango asintieron con la cabeza mientras se miraban intensamente. Entonces la azabache la acorraló.

—¿Por qué no se lo has dicho?

—Ya le dije que estaba engañando a Naraku. —Recitó desafiante la castaña.

—Pero Rin no lo cree, ella cree que es una mentira. Yo tampoco lo creí hasta que te vi en el motel… —Admitió Kagome. Sabía que su amiga era diferente a ella, pero no podía entenderla. ¿Por qué simplemente no se casaba con Miroku? Ella lo amaba, estaba segura de eso, probablemente siempre lo había amado. Y Miroku también la quería, a pesar de haber sido dejado por otro hombre un mes antes de su boda, y aunque Sango se hubiera casado de inmediato con otro hombre, uno mucho más rico y famoso.

—Tú y tu esposo son una pareja falsa, ¿no es cierto? ¿Cuánto tiempo más creen que pueden seguir engañando a la gente? Ustedes son personas públicas, tienen suerte de no haber sido descubiertos…

—¡Eso no importa! Mientras Naraku no sepa que mi amante es Miroku, no habrá problemas.

Kagome resongó. Quería a su amiga y por eso mismo quería ayudarla. —Es tu vida, sé que no tengo ningún derecho a intervenirla… pero me asusta que vayas a salir lastimada.

Sango la miró seriamente y por un segundo pudo confiar en sus palabras. —¿Quién soy yo? Soy Sango Takeda, no lo olvides.

Ella sonreía fácilmente, pero también necesitaba ver la vida como Kagome y Rin lo hacían. Para las mujeres la vida no era fácil en ninguna parte del mundo. La sociedad era machista y pronto Sango descubriría lo peor del ser humano. Sólo esperaba que esa fortaleza que mostraba, la acompañara durante todo su viaje.

De hecho, ya le estaba comenzando a ir mal. Durante esa semana varios inversionistas habían cancelado sus inversiones en su compañía de zapatos. Todos ellos le habían dicho que le pidiera a Naraku que metiera dinero en la empresa de su esposa. Lo que ellos no sabían, o tal vez sí, era que su esposo no lo haría. Su matrimonio era un trato, no un negocio, y Naraku no le tenía la estima suficiente como para ayudarla a surgir.

Aún así decidió intentarlo. Lo esperó con un vestido de fiesta y una botella de vino esa misma noche. Cuando él entró, ella lo invitó a servirse un vino demasiado seductoramente, debía conseguir algo de su dinero al menos; al fin y al cabo, era su esposa.

—¿Abriremos un vino Burdeos en una copa de Borgoña? —Corrigió él.

Sango rió por su idiotez. —¡Oh! Disculpa…

—Ve por las copas correctas… —Sango se levantó de inmediato, como una obediente esposa del siglo anterior, y puso las copas correctas sobre la mesa—. ¿Te reuniste con el presidente de la compañía que te dije?

—¿Cómo lo supiste?

—Él me lo dijo. ¿Tan mal está tu compañía?

Sango suspiró como una niña. —Sí, ¿invertirás en mí, cierto?

Él rió irónicamente. —Creo que eso será un poco difícil…

Sango no lo tomó realmente mal. —Entonces préstame algo.

—Nos prometimos antes de casarnos que jamás hablaríamos de dinero, ¿recuerdas? Cada uno con sus negocios…

—Es por eso que cuando compramos esta casa invertí mis ahorros…

—Por eso eres la co—propietaria… Tu dinero sigue siendo tuyo.

En definitiva, ningún peso saldría de su bolsillo para apoyarla. Él no le daría dinero ni tampoco permitiría que lo consiguiera de otra forma. La idea de hipotecar la casa estaba anulada también, no podía haber rumores de que Sango, la supermodelo necesitaba dinero como una pobre mujer desamparada, si estaba casada con Naraku. ¡Él era un miserable!

—¿Está bueno el vino? —Indagó, intentando controlar su frustración. Él asintió—. Cuando me siento y te veo así… actuando como si fueras el mejor esposo y el más elegante me da nauseas. ¡Deja de actuar! ¿Qué es eso de las copas de vino? La verdad es que no sabes ni siquiera cuál copa pertenece a qué trago. ¿No es cierto? La primera copa que preparé era para Burdeos, alta y amplia para que la fragancia del vino quede por más tiempo en la copa. Esta no es la copa para Burdeos, idiota.

Jaque mate, tomó de su copa delicadamente y lo miró con desprecio. Él sólo pudo llamarla perra y arrojar su copa llena hasta la pared.

Aunque Sango no lo admitiría jamás, la verdad era que estaba sufriendo. Sí, se sentía sola y desamparada junto a un esposo que además de ser una mentira, era un maldito. Un par de lágrimas se permitieron caer por sus mejillas.

Entonces, Naraku abrió la puerta de su habitación y la descubrió llorando en el sofá. —Te advierto que no trates de volar tan alto, o tu caída será más dolorosa… Ya sé que estás aprovechando que te engaño para hacer de las tuyas, por eso es que lo permitiste sin hacer melodramas… Escucha, Sango. Eres bastante inteligente, pero estás lejos de alcanzarme.

No podía ser que él supiera lo de Miroku, quizás sólo estaba molesto de que tratara de conseguir provecho económico con su relación. Trató de mentalizarse para no dar ningún paso en falso. Naraku no era un hombre cualquiera, él no tenía compasión, y tampoco dudaría al momento de destruirla.

Podía sentir que una tormenta muy grande se aproximaba, y oró para salir ilesa de aquella masacre.

III

Kagome despertó por la mañana con los primeros rayos del Sol y con el corazón en la mano, volteó para ver si Sesshomaru estaba junto a ella. Cuando vio su cara dormida plácidamente su corazón se regocijó de alegría, pero también se llenó de dudas y temores. Al fin había logrado que él se quedara con ella en la cama, pero estaba segura de que no significaba nada para él. Él podía besarla, tomar su cuerpo, su corazón y su vida, pero no amarla; y eso sólo provocaba que sus sentimientos se volvieran más y más peligrosos, al punto de poder destruirla por vez final.

Kagome Higurashi no soportaría perderlo por sexta vez. Se recostó sobre su pecho y lo tocó, lo abrazó y lo acarició. Lo quería tanto, lo amaba por sobre todas las cosas. Ella había nacido para amar a ese hombre durante toda su vida, así se explicaba el hecho de que sentía que la existencia se le iba si no estaba con él. No podía negarlo o tratar de evitarlo, lo que más quería en la vida era a esa hombre profesándole amor eterno. De hecho, se había conformado toda la vida con pequeñas migajas y sin haber oído nunca un "te amo" sincero y profundo en la voz de Sesshomaru Taisho.

Pasó su dedo por su nariz y delineó todo el contorno de su rostro. No, no quería a ese hombre para tener sexo, y ya le estaba doliendo de sobremanera. El paso del tiempo sólo lograba hacerlo más y más evidente. De hecho, de la única forma en que podía cumplir sus sueños, era durmiendo y soñando con que él la acariciaba también y además de declararle su amor, se lo demostraba con sus acciones y palabras. Siguiendo sus ensoñaciones, se durmió. Quizás cuando despertara, él estuviera enamorado de ella.

Sesshomaru dejó de sentir movimiento en la cama y se volteó para mirar a la azabache. Tocó su nariz y delineó también el contorno de su cara. Al ver que ella no despertaba, intentó llamar su atención de la manera más dulce posible, es decir, justo como ella solía hacerlo.

—¡Miau! —maulló—. ¡Miaaaau! —Volvió a entonar sin poder dejar de adorarla. Era tan hermosa… tan hermosa que lo torturaba el hecho de no poder amarla—. Despierta, ya es de mañana…

—Quita el sueño de mis ojos. —Rió Kagome, negándose a despertar. Sesshomaru acarició sus párpados y sacudió toda pizca de cansancio de ellos—. Y besos, muchos besos…

Y la besó. Suave y ligeramente, sin transformarlo en un beso apasionado. Sólo era amor saliendo a través de sus labios y siendo depositado en sus mejillas, en sus ojos de almendra y en su cuello.

Entonces abrió los ojos, miró el blanco techo vacío y suspiro. Quería amor por sobre todas las cosas, pero no quería rogar por él.

Sesshomaru aún estaba dormido a su lado.

Se sentó violentamente y arrancó las mantas. —¡Levántate!

El peliplata despertó y la luz del día lo encegueció durante unos momentos.

—¿Por qué estás durmiendo en mi habitación?

—Bebí alcohol anoche… y luego, ya sabes.

No cedería. —¡No me gusta la gente que se sube a mi cama sin mi permiso!

—No sé qué pasó. ¿Vamos por algo de comida para la resaca? —Invitó.

Cualquier cosa era mejor que continuar con él desnudo sobre su cama, ya lo había decidido, no mendigaría el amor de Sesshomaru nunca más. Ella también merecía una oportunidad para ser una mujer de verdad.

En el restaurant, Sesshomaru pidió sopa de mariscos para reponerse del mal de alcoholes, pero la mujer intentó husmear en su vida al verlo tan guapo y desinteresado con su acompañante.

—¿Es su novia? —preguntó, mirando a Kagome desaprobatoriamente. Era cierto, sí estaba un poco despeinada, pero eso no la convertía en una chica fea.

—¡Sí, lo es! —concedió él, al momento en que Kagome gritaba: ¡No lo soy!

La anciana los vio como bichos raros y se marchó sin hacer preguntas. El peliplata la miró un poco molesto.

—Si alguien pregunta solo dile que estamos saliendo…

Kagome lo observó con odio y fuego en su mirada. —¿Por qué debo ser cómplice de tu mentira?

-Ella quiere emparejarme con su hija desde hace tiempo… -Sostuvo él, sin prestarle más atención que a su comida

-¿Por qué a ti? ¿Hay algo bueno en tu persona? –Se burló Kagome. ¿¡Cómo era posible que aquella mujer lo quisiera de yerno?! Su madre seguramente estaba lamentándose desde el cielo por haber tenido una hija enamorada de ese imbécil.

-Sólo mírame. Soy apuesto y tengo dinero. También soy reconocido por mi trabajo y estoy en edad de casarme.

¡La ponía de los nervios! -¿¡Por qué no te casas con ella de una vez?!

Él habló por lo bajo. –No me gusta la suegra, es una jugadora… Sólo dile que eres mi novia y se cansará de acosarme.

-¿Estás loco? Si se extiende el rumor no seré capaz de encontrar un novio nunca…

-Si no puedes encontrar novio encuentra una novia.

Lo mataría, estaba segura de algún día de esos Sesshomaru aparecería muerto sobre su cama, y cortado en miles de miserables pedacitos quemados y envenenados y llenos de estiércol. -¿No puedes decir, aunque sean palabras vacías, "si no encuentras un novio entonces elígeme", al menos?

-¿Si no encuentras un novio me elegirías?

-¡¿Estás loco?!

Kagome nunca había sido buena ocultando sus sentimientos, y Sesshomaru lo sabía. No era que él evitara hablar de su relación y sobre el amor, era que él no la amaba. Aunque tratara de lanzar bromas una y otra vez escondiendo sus sentimientos, la verdad era que nunca funcionaría. Las indirectas no iban con él, no estaba interesado.

-Sesshomaru, actúa como si me amaras… -lanzó repentinamente, en la sala mientras veían televisión. No había mucho que hacer un domingo por la tarde.

El canal musical estaba pasando a Lasse Lindh, con la canción "Fix yout Heart", y al parecer el efecto de la música indie, estaba causando efecto sobre su cuerpo y su corazón.

-¿Cómo se hace eso? –Bostezo el peliplata.

Kagome rió, él debía ganar un premio por romper su corazón de manera monumental.

-Es amoroso y cálido, como el primer amor… Tu sabes, cuando los hombres quieren atraer a las mujeres ellos las miran de una forma especial, brillante y romántica.

-¿Por qué tan repentinamente?

Lo ignoró, su negatividad no la afectaba ya. -¿Sabes que eres realmente bueno mirando a las mujeres de esa forma?

-Por supuesto… -Él dejó la lata de refresco que estaba bebiendo y se sentó de medio lado para mirarla. Entonces Kagome se acomodó en dirección a él, directamente a él.

-Inténtalo… mírame así.

Estaba avergonzado, rió nervioso. No sabía cómo hacerlo, porque obviamente, no la amaba. Pero no le importaba, quería ver esa mirada por última vez, antes de darse por vencida.

Entonces vio la mirada, ahí estaba: reluciente y seductora. -¡Oh, mujeriego! ¿Cómo lo hiciste tan rápido?

Funcionaba, la mirada funcionaba. El único problema era que no era real. Se lamentó por ser así de patética y haber llegado hasta el punto de mendigar su amor aunque no quería hacerlo. Unas lágrimas traviesas amenazaron con salir de sus ojos. No podía llorar frente a él.

-¿Estás llorando?

-¡No! –Sobrereaccionó, y volteó a otro lado-. Es sólo que cuando vi eso… se sintió como si aún estuviéramos enamorados.

-Lo sé… -Él sonrió-. Volvimos a los viejos tiempos, ¿no? –Dicho esto, se recostó en sus piernas sin previo aviso, y dejándola muy confundida.

¿Por qué hacía eso? ¿Cómo no podía darse cuenta de que ella lo amaba? ¿Por qué no paraba de jugar con su corazón de esa forma?

Definitivamente había perdido toda la dignidad, rogando por una mirada amorosa y por palabras bonitas. En ese punto, ella era capaz de dar lo que fuera por escucharlo declarar sus sentimientos. Nunca sabría qué pensaba él, pero si de algo estaba segura, era de que ella no iría hasta él más.

No volvería a hacerlo, aquella había sido la última vez que tocaba fondo en busca de su amor. Necesitaba recomponerse y olvidar aquello. Si algún día sucedía algo con Sesshomaru, sería porque él querría.

-No iré hasta ti hasta que tú vengas a mí primero –susurró despacio.

-¿Qué?

-¡Vete a tu casa! –Ordenó, y lo empujó de sus piernas…

-¿Por qué! ¡Aún queda bebida de sobra! –Le recordó. Habían decidido esperar el partido de fútbol juntos. Esa noche jugaban la final del campeonato.

-¡Vete! ¡Que te vayas! ¡Márchate a tu casa! ¿Por qué sigues viniendo aquí? –gritó, frustrada y enojada a la vez.

-¡Estas actuando como una loca! –Acusó.

-¡Soy una loca! ¡Lo soy, así que sal! ¡Sal de aquí!

-¡Qué locura! –Se levantó del sofá y la observó molesto y sin saber qué más decir.- ¡No te perdonaré fácilmente, Kagome!

-¡Estoy aquí! ¿¡Qué puedes hacerme!? ¡Sólo desaparece de una buena vez!

Él obedeció, no le quedaba otra opción más que hacerlo, y Kagome no pudo más que entrar en su habitación y llorar hasta acabar con toda esa angustia que se acumulaba en su garganta con cada beso, con cada caricia, y cada vez que le hacía el amor como si fueran verdaderos amantes.

CONTINUARÁ…


¿REVIEWS?


28/12/2013