INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN LA SERIE KOREANA "I NEED A ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECES A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO.
NOTA DE LA AUTORA
Me apresuré con el capítulo, ¿eh? Disculpen que sea tan cortito, decidí dividirlo en dos :)
Le agradezco mucho a:
Lirio
Orkidea16
Rainy Moon
MichMS
Esilvana89
Yuyina
Andyantopia
Breen Martínez
Simy-chan
Sasunaka-doki
y a mi novio Maximiliano.
¡Espero disfruten este capítulo!
"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 7
I
En definitiva, Kagome no era la única que estaba deseando un romance desesperadamente con el hombre de sus sueños. Rin también sentía que con Oniguno no estaba alcanzando la felicidad.
—¿Por qué no me respondes el teléfono? —Insistió el hombre, había incordiado a la pelinegra de voz suave y personalidad gentil durante toda la semana. Necesitaba recuperarla de cualquier forma, ya habían llegado demasiado lejos como para desistir.
Ella bajó la cabeza y no le respondió nada. Quería llorar, al ver su cara, lo único que venía a su mente eran aquellas ofensas que él le había arrojado deliberadamente.
—¡Estoy tratando llevarnos bien! ¿De verdad crees que yo diría todo eso para lastimarte? Rin, realmente me gustas… Por eso estoy tratando que coincidamos en el nivel básico.
—Pusiste un espejo en mi habitación… ¿Eso es el nivel básico para ti?
—Sólo quiero disfrutar de mi vida sexual como un hombre afortunado. —Suspiró, Rin era realmente difícil de convencer—. Además, dijiste que me amas.
—Sí, te amo… te amo mucho. ¡Te amo más de lo que debería amarte! —Explotó por fin su compañera.
—Entonces, ¿por qué no respondes el teléfono?
Aquel era el momento, debía decírselo. —También tengo algo que me tiene insatisfecha…
Él la observó sin poder creerlo.
—¡Es tan aburrido hacerlo contigo! ¡Eres tan tan tan tan deficiente en el amor! —Quiso gritar Rin, en su cara y humillarlo públicamente, pero no pudo. Ella no era ese tipo de mujer. Preferiría morir antes que actuar como una muchacha normal. Maldijo en secreto a su madre por haberla criado de esa manera. Debía encontrar otra forma para expresar cómo se sentía—. En realidad… me gusta más cuando estamos abrazados. Mucho más que cuando dormimos juntos. El amor psicológico es también importante, ¿lo sabes?
Él permanecía incrédulo. —Para mí a interacción física es más importante. —Cortó y entonces Rin estuvo segura de que Onigumo, además de no amarla lo suficiente, jamás podría entregarle lo que ella necesitaba.
Mientras tanto, Kagome había salido a media mañana en busca de un café, con la excusa de ver a Inuyasha de nuevo. Luego de pensarlo toda la noche, había llegado a la misma conclusión que Rin: él no podía hacerla feliz, y no porque él no fuera capaz, sino porque simplemente, no estaba interesado.
Pidió su café, pero Inuyasha no estaba por ningún lado. Se sintió realmente sola, además de no tener un hombre como pareja, tampoco tenía suerte a la hora de encontrar a algún candidato.
—¿El Gerente no está, cierto? —Preguntó decepcionada al empleado, con su humeante café entre las manos.
—¡Estoy aquí! ¿Necesitas algo? —gritó el peliplata, desde atrás de unas flores. Estaba acomodando la decoración.
Kagome volteó, sintiéndose esperanzada. —¿Puedo ir hoy a escuchar música?
Él, luego de pensarlo un momento, asintió. La verdad era que no quería lanzarse a los brazos de otro hombre, no era ese su estilo; más bien necesitaba un amigo, y ¿qué mejor que un chico con los mismos intereses musicales que ella?
Puso su disco favorito dentro del tocadiscos y se lanzó sobre el sillón. Inuyasha la observó risueño mientras se quitaba el saco y lo colgaba en una silla.
—¿Por qué pones esa canción tan triste? —Murmuró el peliplata, intentando averiguar por qué la azabache lucía como si estuviera apagada y sin baterías.
—Me siento deprimida y me odio a mí misma… —Admitió, sin pudores. No quería ser un personaje con Inuyasha, era suficiente con ser ella misma. Además, no estaba buscando algo más con el chico—. Sería muy bueno si encontrara el amor pronto…
—¿Estás saliendo con alguien y te rompieron el corazón? —preguntó él, mientras le servía un vaso con jugo de naranja.
La canción acabó y dio lugar a la siguiente. Kagome cerró los ojos y maldijo en silencio. Todo le recordaba a Sesshomaru, sobretodo si la canción que sonaba pertenecía a una de sus primeras películas.
Recordó el momento de su primer beso, joven y fresca, corriendo por la colina. Él alcanzándola y acorralándola entre las enredaderas, ella aceptando su amor y dejando que él tomara sus labios por vez primera.
¿Qué hubiese pasado si no lo hubiera permitido? Deseó regresar atrás y apartarlo de su lado. Así, no habría perdido su juventud rogando por el amor de un hombre que jamás la amaría más de lo que se amaba a sí mismo.
¿Cómo sería la vida entonces?
—¿En qué estás pensando? —Volvió a preguntar Inuyasha, en el sillón de al lado y mirándola fijamente.
—En el destino… pienso que quizás, estamos predestinados a otras personas, y que por mucho que luchemos y huyamos de ella, finalmente la encontraremos otra vez.
—Para saberlo entonces debes llegar hasta el final, si en el final de la historia te la encuentras, entonces era tu destino. —Él la miró fijamente y dejó el café sobre la mesa de centro.
—¿Qué significa eso? No lo entiendo…
—Por ejemplo, un día asistí a una academia…
Kagome lo miró sin comprender. —¿Qué tipo de academia?
Él rió. No era un hombre de muchos detalles. —Una academia, ya sabes… donde aprendí esto y aquello. Conocí a una mujer allí, ella era la maestra.
La azabache se interesó en la historia. —¿Era bonita?
Él la miró profundamente a los ojos y se inclinó para verla más. —No era extremadamente bonita, pero era linda. No era demasiado voluptuosa, ni tampoco muy alta. Era más bien pequeña, no era muy seductora que digamos.
—¿Por qué me miras así? ¿No soy seductora tampoco?
Inuyasha la ignoró. —De todos modos… esa fue la primera vez. Sin embargo, cinco años después la volví a encontrar y fue una coincidencia. —Rió, no era un encuentro muy glorioso—. Ella estaba dormida en el café, con la cabeza completamente vuelta hacia atrás, la boca abierta y cayéndose para todas partes.
—Aún así, debes haber estado muy feliz.
—¡Ella incluso roncó! No podía creer que esa chica y la linda profesora fuesen la misma persona. Dudé, mi memoria no es tan buena, aunque es un poco mejor que la tuya. —Se burló, Kagome fingió molestarse—. Pero no te preocupes, hay mujeres que no recuerdan ni siquiera a los hombres que han besado.
Obviamente se refería a ella y a su encuentro en el Hotel, pero lo ignoró y reprimió las ganas de darle una patada con el tacón de su zapato. Él continuó su historia—: Entonces, lo único que quería es que esa mujer extraña no apareciera nunca más, pero insistía en volver una y otra vez. Un día, ella decidió inscribirse en la clase de café, llenando una solicitud.
—¿Sabes el nombre de esa mujer?
Inuyasha rió. —Es un nombre inusual…
La azabache también lo hizo y más fuerte. —¡Ningún nombre puede ser tan inusual como el mío: Kagome! Es una ronda al estilo japonés… Pero dime, ¿cómo se reveló el destino entonces?
—Nos encontramos por casualidad en un lugar diferente, y luego otra vez, y otra vez. Entonces me di cuenta que el destino estaba intercediendo por nosotros…
—¿Ese es el destino para ti? ¿Qué hay de llegar hasta el final?
—Aún no llega, por ahora sólo la observo y creo que es de lo más interesante. Realmente me intriga esa mujer…
Kagome lo observó seria. —Aunque no hayas llegado hasta el final, el destino la indica como tu mujer. ¡No la pierdas estúpidamente y asegúrate de atraparla! No importa si no tiene una cara bonita, de hecho… la gente no cree que sea bonita cuando me mira por primera vez, pero mientras más miran mi cara, más bonita les parece. Sucede lo mismo con el cuerpo de las mujeres, aunque con ropa no se vean muy atractivas.
Inuyasha estaba absorto, nunca había visto a una mujer como esa, tan despreocupada y perdida. Aunque fuese mucho mayor que él, ella era como una niña en el cuerpo de una mujer, y eso, sin dudarlo ni un segundo, le atraía demasiado.
Efectivamente, aquella mujer era Kagome Higurashi, la había visto por vez primera en sus clases de guitarra. Ella parecía tan joven y sin embargo, tocaba la guitarra de una manera tan extremadamente sensible que no pudo evitar pensar en ella durante las noches. Luego de que el curso acabó, no volvió a verla durante cinco años.
Entonces, una fría mañana de invierno, ella estaba ahí. Dormía como si la noche no hubiera llegado hacía siglos para ella, y no tenía ninguna preocupación por su aspecto desgarbado y la forma poco femenina en que permanecía. Así, volvió a aparecer cada mañana, siempre pidiendo un café y durmiéndose antes de que llegara para luego tomárselo completamente helado. Incluso sus empleados se sentían incómodos con su presencia, pero no había ninguna manera de evitar que ella fuera hasta allá cada día.
Un día, mientras revisaba las solicitudes para la clase de café, se encontró con su ficha. Decía claramente "Kagome Higurashi", se sintió nervioso al instante.
—¿Cuándo vino esta mujer? —Le preguntó a su empleado.
—¿Te refieres a la chica roncona? —Él lo regañó con la mirada al instante—. Vino ayer en la tarde, cuando ya te habías ido.
Luego de eso, la había visto en la cita a ciegas, y luego en la disquería, y luego la tenía sentada justo enfrente suyo. Si aquello no era el destino, entonces nada más podía serlo.
—¿Tocas guitarra? —preguntó de repente Kagome, devolviendo a Inuyasha al mundo real. Ella, sin ningún permiso, se levantó y tomó el estuche de la guitarra, la sacó y probó su afinación—. Está bien afinada, ¿tocas a menudo?
—No mucho… la verdad. —Admitió él, estaba seguro que en otro tiempo, ella lo habría regañado por eso.
—Dame tu mano…
—¿Por qué mi mano?
Ella levantó la mirada y se jactó de ella misma. —Soy una compositora famosa, si veo tu mano lo sabré de inmediato. —Dicho esto, extendió su brazo y tomó su mano para analizarla—. Tienes callosidades, creo que tocas más de lo que dices…
Inuyasha apartó su mano, tímidamente. —¿Siempre tocas las manos de los hombres así?
Ella lo ignoró completamente otra vez, lo cual al parecer, era su especialidad. —Entonces Inuyasha… tus pasatiempos son: tocar la guitarra, usar herramientas, escuchar música, tomar fotos y ¿leer libros? —Se aventuró la azabache al analizar su casa. Tenía muchos libros, también muchas fotografías que parecían haber sido tomadas por él mismo, además de la colección de discos de su padre y la guitarra. Lo de las herramientas lo había inventado, pero él era un hombre, probablemente también las usaba…
—Puedo decir que sí, todas esas son mis aficiones… —dijo, y se cambió de sillón para sentarse justo al lado de la chica.
—Entonces te gustan las cosas que puedes hacer tú mismo… —Él asintió—. ¡Lo sabía! Por eso tienes un mal carácter, eres exigente y reservado, por eso no tienes muchos amigos…
—¿Cuántos años tienes? —Se interesó de repente el peliplata.
Kagome paró su cháchara y lo pensó un momento. Odiaba sentirse una anciana. —Tengo treinta y tres, pero la gente no cree que los tenga. Aún así, creo que soy mayor que tú, asi que me debes respeto.
—¿De qué hablas? También tengo treinta y tres. —Mintió, la verdad era que ella tenía razón. Él sólo tenía veintiocho años, y no era nada más que un joven ex alumno enamorado de su joven maestra de guitarra, y jugando a ser adulto.
Ella sonrió cálidamente. —Entonces creo que podemos ser amigos oficialmente.
—¿Por qué no podríamos? ¿Hay una regla de edad que nos lo impida?
—No, pero ¿qué pasará si la gente te ve en la calle con una mujer madura tan hermosa como yo? Pensarán que estamos en una relación, y no será bueno para mi imagen.
—Dejemos que piensen lo que quieran, ¿está bien?
Así, se selló la amistad entre Kagome Higurashi e Inuyasha.
II
Sesshomaru había salido temprano esa mañana para una reunión con la casa productora sobre la realización de su próxima película. Se vistió formalmente y se encaminó desde el auto hasta el edificio. En la entrada, estaba aquella chica, Kagura Touma. Intentó pasar a su lado sin detenerse por cortesías, pero no fue posible. Ella se abalanzó sobre él llena de preguntas.
—¿Sabes lo feliz que estaba luego de escribir ese guión? —Sesshomaru la ignoró y siguió caminando con ella tras de sí—. Sabes lo que se siente, porque eres un escritor también…
Se detuvo, no toleraría que una muchacha principiante con una historia poco viable le dijera esas palabras. —¿Qué quieres que haga? No puedo hacer nada por ti.
—Pudiste haber tenido respeto con mi trabajo como autora. Pero, ¿qué hiciste? Cortaste, pegaste y editaste sin cuidado alguno. ¿Tienes idea de lo mucho que trabajé en cada letra? Estoy segura de que lo sabes, también lo debiste haberlo vivido en el pasado.
Y así como ella apareció juzgándolo por su trabajo, desapareció.
Uno de los productores se acercó a él. —Ella vino ayer también, preguntando si podía devolver el premio y llevarse el guión. Es una chica demasiado terca…
No lo era. Efectivamente, Sesshomaru sabía cómo se sentía la chica. Lo había vivido en su juventud hasta el cansancio, a causa de su inexperiencia. No había sido fácil llegar hasta donde él había llegado. Esa chica necesitaba fuerza y carácter para poder sobrevivir si quería abrirse paso en el mundo cinematográfico.
Si ella quería tener una película, entonces necesitaba comenzar a ser y a pensar un poco como Sesshomaru Taisho, aunque eso no fuese del todo bueno.
De pronto, comenzó a correr en la dirección por la cual había desaparecido la chica. Ella tenía razón, había olvidado el talento por sobre la rentabilidad. El guión de la chica era bueno, merecía otra oportunidad.
Kagome Higurashi había dormido toda la tarde. No habían hecho mucho en el estudio luego de regresar de la casa de Inuyasha. Los muchachos seguían cantando sin el corazón y ella comenzaba a preguntarse si realmente había sido dura con ellos. Quizás, sólo les faltaba talento y estaban dando el cien por ciento. Si así era, entonces no había mucho más que ella pudiera hacer.
Bajó las escaleras somnolienta hasta su sillón. No tenía ganas de hacer nada, esa noche se conformaría con ver las idioteces de la TV abierta, o al menos eso pensó hasta que escuchó la voz de una mujer, y provenía de la casa de Sesshomaru Taisho.
Se levantó de un tirón y caminó despacio hasta la puerta corredera que dividía ambas salas. La abrió lentamente y asomó su curioso ojo por el pequeño espacio. No había nadie, ¿dónde estaba la chica? ¿En su habitación?
Su corazón dio un vuelvo desbordado y sus pies se movieron en grandes zancadas hasta el cuarto del peliplata. Entonces la vio, ahí estaba. Era la chica que había ido la otra noche a la casa, alegando que Sesshomaru había destrozado su guión. Tragó saliva, ella era mucho más joven que ella, y seguramente más hermosa, voluptuosa y sensual. Hablaba y reía con sus espectaculares labios rojos.
Él nunca había llevado a otra mujer a la casa. ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué en ese momento cuando ella había vuelto a amarlo?
—Poniendo esta mesa a tu lado me siento como una alumna con su maestro… —Rió ella, jovialmente, mientras se sentaba a su lado y abría su laptop.
No sabía si interferir o no, no tenía el derecho. Seguramente se molestaría con ella, tenía las manos atadas, además no tenía la fuerza. No quería lidiar con una mujer, ya tenía treinta y tres años, estaba cansada de luchar por amor.
—¿Qué es ese bolso? Espero que no hayas traído ropa, yo no trabajo en la noche a menos que sea sumamente necesario. —Advirtió él, concentrándose en su trabajo.
—¡Somos co—escritores! De ahora en adelante no sólo dormiré aquí, sino que comeré y viviré aquí.
—Sólo ve a tu casa…
—¡Tienes tantas habitaciones vacías! Me quedaré… no seas tan duro. No molestaré en nada.
No podía creerlo. ¿Por qué tenía que tener una co—escritora? Él nunca lo había necesitado para nada. Era realmente talentoso por sí solo. Además, ¿por qué tenía que ser una chica tan guapa? Ella volteó a mirarla de repente, y la descubrió apoyada en el umbral de la puerta queriendo morir.
—¡Oh! Buenas Noches. —Saludó nerviosa y se levantó de la silla para ir a su encuentro—. Mi nombre es Kagura Touma, ya nos habíamos conocido antes. Disculpa si fui muy ruda la vez anterior, prometo que no molestaré de ahora en adelante. —Sonrió y le tendió la mano.
No supo si estrecharla o no, pero ella se adelantó a su decisión y se la estrechó de todas formas. Sin duda, ella tenía una gran personalidad, la suficiente como para atraer a un hombre solitario como Sesshomaru.
—Explícame cómo ocurrió esto. —Exigió al peliplata más tarde, mientras cenaban. La chica estaba arriba ordenando las cosas.
—No pude dejarla afuera, recordé los viejos tiempos.
—Entonces, ¿en verdad serán co—escritores?
Él asintió, sin tomarle mucha importancia al asunto. —Ella se ve diferente a la última noche. Es linda…
—Es cierto, desde que acordamos trabajar juntos, no paró de hablarme y contarme historias… —Agrego él, como si eso no significara nada. Por supuesto que significaba algo. Significaba que su tiempo había acabado—. Cuando llegamos a casa corrió por todos lados como una niña. Es sólo una niña… —musitó, bajando la cabeza.
—Tu cara se sonrojó. —Acusó Kagome.
—Eso no es cierto, nunca me he sonrojado. Ni siquiera una sola vez. Además, ¿qué insinúas? Ella sólo tiene veinticinco años…
—A los hombres les gustan las mujeres más jóvenes. —Sintió su corazón latir desmesuradamente y su voz temblar.
—Sólo me gustan las mujeres de mi edad. Una mujer que creció viendo las mismas cosas que yo y con los mismos sentimientos.
¡Había una mujer como esa justo enfrente suyo! Lo que sucedía era que él no quería verlo. Un momento, ¿acaso se refería a ella? Sonrió picaronamente.
—Además. —Continuó él—. Ella es una chica fresca y joven que corrió a instalarse en nuestra casa sin nuestro permiso.
Toda la magia se fue. —Es por eso que la trajiste para acá, ¡porque es tan fresca y joven!
Él dejó la comida. —Estás malinterpretando las cosas, Kagome. —Acto seguido, se rascó la oreja.
¡Mentía! ¡Su maldito hábito de rascarse la oreja al mentir lo delataba! El mundo se detuvo en ese pequeño gesto.
—Sólo se buena con ella, no es desagradable del todo… —Le pidió por fin, mientras lavaba los platos.
—Sólo si dejas de hablar de ella por un momento. Además, ¿por qué tendría que ser buena con ella?
—Ella va a vivir aquí, ¿sabías que eres muy exigente con las personas?
¿Ella era exigente con las personas? ¿Sesshomaru le estaba diciendo eso? ¡Él era exigente con las personas! ¡Ni siquiera ella, que había vivido toda la condenada vida soportándolo había logrado entrar a su corazón! ¿Y entonces venía esa chica más voluptuosa y fresca a arruinar el trabajo que había hecho durante años, intentando conquistarlo? Debía ser una mala broma del destino.
—Ni siquiera es natural traerla a casa, ella se portó mal la primera vez. —Argumentó Kagome, dejando los platos y tomándose la plática en serio—. Ni siquiera sabes qué tipo de mujer es y además, yo también vivo aquí.
Entonces, cayó en cuenta de que estaba volviendo a caer al piso, teniendo celos de una chica que sólo había visto dos veces y que no conocía. Se odiaba por eso, odiaba su inseguridad, y la forma en la que estaba volviéndose a enamorar de ese hombre y odiaba mucho más no ser capaz de decírselo abiertamente.
Detestaba también el hecho de haberse obsesionado con el matrimonio y haber llevado la relación hasta el abismo. Quizás si no hubiera insistido tanto, ella y Sesshomaru aún estarían juntos como una verdadera familia. Odiaba a la Kagome Higurashi que se había vuelto codiciosa y quería más y más de ese hombre.
Se arrancó los guantes de las manos y los lanzó sobre los platos aún sucios.
—¡Hey! ¿Dónde vas tan de repente? —La llamó él para que regresara.
No lo escuchó, y en su camino tropezó con la pata de la silla, cayendo al piso de inmediato. —¡Ay! —Gritó de dolor.
Sesshomaru corrió hasta ella y tomó su pie para revisarlo, mientras Kagome aún apretaba los ojos del dolor. —Por eso siempre te digo que pongas la silla atrás luego de comer.
—¡No me toques! —Repelió la chica.
—Déjame ver… —Insistió, tomando nuevamente el pie de Kagome.
—¡Te dije que no me tocaras! —Él se sentó el piso y la miró absorto. ¿Por qué de pronto Kagome se había vuelto de esa manera? No lo entendía—. ¡Estoy bien! ¡Te dije que estaba bien! —Repitió ella al borde de las lágrimas.
Se sentía tan impotente, luchando sola en contra de ese sentimiento que odiaba y cobijándose sólo con la soledad. Entonces, no pudo reprimirlo más y la angustia comenzó a salir por su garganta en forma de llanto, un desmesurado llanto que inundó toda la casa.
—No estoy bien… —Admitió luego de un rato. Sesshomaru la miraba confundido, ella no solía ser de esa manera. La Kagome que conocía era fuerte y ruda, no lloraba cuando se caía—. ¡Me duele! ¡Me duele tanto! —Chilló para sí misma.
No le dolía el pie, sino el corazón. Estaba cansada, tan cansada de todo eso… Llevó sus manos a su rostro, intentando evitar que él la viera derrotada. Aunque no importaba mucho, aunque ella estuviera muriendo, él nunca se daría por aludido.
Sesshomaru jamás entraría en cuenta de que la estaba destruyendo. ¿Qué tan difícil podía ser corresponderle? ¿Acaso odiaba tanto la idea de amarla?
Sintió cómo él la cargaba en sus brazos y la llevaba hasta el sillón. No valía nada, apenas podía mantener la dignidad frente a él. No era más que una carga. Él corrió hasta el botiquín y llegó con un ungüento para la hinchazón, tomó su pie y lo masajeó suavemente hasta que la crema se esparció totalmente. No podía dejar de llorar, menos cuando él se preocupaba tanto por ella.
Quería escapar de él, ya no soportaba más eso. No podía vivir con él sin ser correspondida, ya no podía hacerse más daño.
—¿Estás segura de que te duele? No parece hinchado. —Observó el peliplata, luego de un rato.
—No está hinchado. Ni siquiera me duele. —Admitió Kagome. Ya nada le importaba en realidad. El llanto se había ido.
—Intenta caminar, ¿puedes? —Insistió.
Kagome lo miró furiosa. —He dicho que estoy bien.
—Algo está mal, ¿verdad? —Se aventuró por fin Sesshomaru—. ¿Por qué tu cambio de actitud tan repentino?
—¿No he sido siempre así?
—Algo te sucede… —Acusó, y le hizo un gesto para que hablara.
—Nunca te diré, aunque me mires de esa forma…
—¿Por qué?
—Nunca dejaría que me lastimaras de nuevo… —Le arrebató la crema y comenzó a aplicársela en todo el tobillo. Sesshomaru la escrutó confundido.
Sesshomaru era la clase de hombre que no se daba cuenta de lo que podía provocar en una mujer. Y por sobretodas las cosas, era la clase de hombre que no se daba cuenta de lo que provocaba en Kagome Higurashi, a pesar de conocerla desde siempre y de haberla besado más de mil billones de veces. Él jamás entraría en cuenta sobre lo que significaban las palabras "no quiero que me lastimes mas". Ser escritor no le servía para nada. Era realmente malo entendiendo a las mujeres.
Él era un hombre que no preguntaba de nuevo para poder entender y que jamás se había aferrado a ella cada vez que ella había decidido romper. Él siempre había sido esa clase de hombre, tampoco era como que Kagome no lo conociera de antemano.
Mientras ella más se acercaba, él la apartaba un poco más. A pesar de los años, su corazón seguía yendo hacia ese hombre. Ella y Sesshomaru estaban condenados a vivir una vida sin amor.
Al otro día, Kagome se levantó cansina. Había pasado la mayor parte de la noche en vela. Su corazón ya no podía más, necesitaba respirar y ocupar su energía en otras cosas. Se puso ropa gastada y empezó a limpiar su habitación, aún así la desazón que sentía en su corazón no se fue, y tuvo que continuar limpiando a casa entera y cuando acabó, comenzó por la casa del peliplata. Sabía que aunque limpiara el planeta entero, esa sensación no se iría. No era la casa lo que quería limpiar, sino su corazón. Quería deshacerse de esos sentimientos que la torturaban lo antes posible.
Cuando llegó con la aspiradora, vislumbró las piernas de una mujer asomándose por la cama de Sesshomaru, estaba cubierta de los muslos para arriba. En puntillas, caminó hasta la cama rogando porque hubiese otra explicación para eso, así que tomó la sábana y descubrió a la muchacha.
Era Kagura Touma.
En la cama de Sesshomaru.
Con ropa ligera.
Por la mañana.
Casi pudo sentir como música ambiental de tragedia la acompañaba escaleras abajo. Su corazón golpeteaba violentamente su pecho y las palabras, que se amontonaban por su garganta se negaban a salir. Se sentó en el sillón, afirmando su cabeza y sin saber qué hacer.
Había acabado.
Después de todo, sólo habían sido amigos sexuales. No sólo la sexta vez había terminado por completo, también un amor que se había mantenido vivo durante más de quince años.
¿Eso era todo?
¿Cómo podía un amor tan grande acabar de esa manera?
CONTINUARÁ…
¿REVIEWS?
10/01/2014
