INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.

EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN LA SERIE KOREANA "I NEED A ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECES A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO.


NOTA DE LA AUTORA:

Hola! Muchas gracias todos sus reviews! Faltan poquitos para los cien! Me disculpo por no haber publicado antes, pero estaba en blanco... Suele suceder u.u Aunque el próximo capítulo es uno de mis capítulos favoritos! :3 Espero lo disfruten. Muchos abrazos a todos y agradecimientos especiales a:

Sery Taisho de Tetsuya

JussandZuryHimura

Kavictori

Johan Taisho

MichMS

Zury Himura

Sesshomarusama

Orkidea16

Sasunaka Doki

Yuyina

Bbkid

Danper´jaz Lirio

Breen Martínez

Andiantopia

Y a todos los lectores anónimos y GUEST.

Muchas Gracias!


INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.

EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN LA SERIE KOREANA "I NEED A ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECES A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO.

"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"

¡NECESITO UN ROMANCE!

Claudia Gazziero

CAPÍTULO 8

CELOS

I

Sesshomaru Taisho merecía ganar un novel por su actitud completamente pura y moralmente correcta. A las cuatro de la mañana, mientras revisaba unos manuscritos y se dormía a intervalos, decidió irse por fin a dormir. Se levantó pesadamente de la silla y vio que Kagura Touma se había dormido en el sillón y, como vestía una falda mini súper corta, pudo ver sus piernas contorneadas en todo su esplendor. Tragó saliva nervioso y finalmente decidió cubrirla con una manta para que no se resfriara. Esa fue la primera acción de esa noche que merecía ser galardonada, cualquiera en su lugar se habría quedado disfrutando del espectáculo.

Subió hasta su habitación y luego de quitarse la camisa, se lanzó sobre la cama y se cubrió hasta el cuello. Estaba tan cansado, pero tan cansado que a penas se percató de que unos pasos torpes subieron por la escalera y se detuvieron en su puerta. Escuchó el chirrido de la misma y se sentó en la cama asustado. Kagome no solía llegar en mitad de la noche hasta su habitación a menos que estuviera sedienta de sexo, pero eso hacía años que no pasaba.

Cuando la luz se prendió pudo ver a Kagura nuevamente, mientras se quitaba la camiseta y la falda y las lanzaba por la habitación sin destino aparente. ¿Qué demonios, estaba tratando de seducirlo? No, de hecho habría sido una muy mala seducción, porque tenía los ojos cerrados y podía ver un hilillo de saliva cayendo de su boca. ¡Estaba sonámbula! Nunca había visto algo como eso. Ella se sacó el sostén y Sesshomaru escondió su rostro en las sábanas antes de poder ver algo. Bien, nunca había estado en una situación tal, y no era muy cómodo, de hecho, era lo más incómodo que le había pasado en la vida, desde que Kagome lo había golpeado en público hacía tres años.

Sintió como ella se cubría del otro lado y se volteaba para seguir durmiendo plácidamente. ¡Qué mujer más extraña! Pensó, mientras se salía de la cama en puntillas y bajaba por la escalera para dormir en el sofá. Estaba seguro de que si Kagome lo sorprendía durmiendo con la chica imaginaría lo peor, y luego lo culparía y lo llamaría acosador sexual, entre otros degradantes calificativos. Si había algo a lo que Sesshomaru Taisho realmente temía más que a la muerte, era a los celos de Kagome Higurashi.

A la mañana siguiente, cuando regresó del mercado con un desayuno para tres medianamente decente, lo primero que sintió fue el control remoto del televisor sobre su cara. Buscó con la mirada hasta que la descubrió en el sillón, con los ojos llorosos y enfadada, muy enfadada.

—¡Animal! —gritó.

Sí, lo había descubierto y seguramente había pensado lo peor.

—Si es sonámbula… entonces no debería recordar nada de lo sucedido anoche —pensó Kagome en voz alta, mientras él se tomaba un café en el jardín. Ella apenas se tragaba la maravillosa explicación que le había dado.

—No lo sé, nunca había visto a alguien sonámbulo antes…

Estaban en eso cuando la aludida salió al jardín; llevaba su ropa recién lavada goteando entre las manos.

—¿Durmieron bien? —preguntó ella, desinteresada. ¡Era una golfa! La muy desgraciada había dormido con Sesshomaru, se sintió morir.

—Preguntale si recuerda… —susurró el peliplata.

Bien, de todos modos no tenía nada que perder. Sesshomaru no era suyo aunque quisiera que así fuera. —Sí, ¿y tú?

Ella sonrió, con toda su juventud siendo emanada por sus poros. —Sí. Señor Sesshomaru… ¿es posible que usted me haya llevado hasta su habitación anoche?

Kagome y Sesshomaru se observaron sin comprender. Finalmente él aprovechó la ocasión para limpiar su nombre. —¡Por supuesto que no! Tú caminaste con tus dos pies hasta mi cama y te quitaste la ropa! La próxima vez que invadas mi cuarto estarás fuera. Espero que lo recuerdes…

La azabache quiso reir. ¡Disfrutaba tanto cuando Sesshomaru rechazaba a otras mujeres! Miró la escena con maldad en sus ojos.

—Realmente no lo recuerdo… —insistió la menor.

—Escucha, cuando quieras dormir hazlo en el sofá. Es tan simple como eso.

—Tampoco es como si hubiera dormido con usted. No es tan grave… —farfulló ella, mientras se retiraba a colgar su ropa en los cordeles.

Estaba celebrando felizmente el rechazo de la chica, cuando su rostro cayó al piso. Siguió la mirada de Sesshomaru y descubrió que estaba embobado mirando las bragas de la chica. Una bomba atómica explotó en su interior.

—¡Hey! ¿Qué estas mirando?

—Nada, ¿por qué?

—Tu cara fue hasta allá… ¿es la primera vez que ves ropa interior de una mujer? —gruñó.

—El pasto ha crecido mucho, creo que debería cortarlo esta semana. ¿Viste esos dientes de león?

—¡No juegues conmigo! Estabas mirando su ropa interior…

—¿Cuándo miré?

—¡Yo lo vi! ¿Vas a seguir mintiendo? Vi como tus ojos se detuvieron en sus bragas.

—¡Está bien! ¡Las ví!

—¿Qué estabas pensando cuando las viste? Tus ojos estaban medio cerrados…

—En que Kagura no necesita usar almohadillas en sus sostenes…

¡Maldito cretino! Sí que se las pagaría. ¿Cómo se atrevía a compararlas así? Se cubrió el busto con las manos, mientras él escapaba de la escena sin ningún remordimiento. ¿Por qué demonios tenía que ser tan poco voluptuosa? ¿Era un castigo por no cumplir las leyes del Señor?

Se sentía incómoda, muy incómoda de que hubiera otra mujer en la casa, y sobretodo si era una chica más joven que ocupaba su lugar en absolutamente todo. Tampoco había habido "amigos sexuales" desde que ella había llegado. Todo iba de mal en peor, probablemente el día en que perdería a Sesshomaru para siempre estaba muy cerca.

Al otro día, hubía algo más esperándola para que se molestara. Cuando se levantó esa mañana descubrió una nota en el refrigerador que decía. "Fuimos a correr"

¿Fuimos? ¿Quiénes, nosotros? Kagome y Seshomaru eran los únicos para los cuales la palabra "nosotros" era válida. ¿Quién se creía esa mujer? Cerró el refrigerador violentamente y dio zancadas hasta afuera.

—¡Esos estúpidos! —chilló.

Afuera estaba lloviendo. Casi pudo sentir como un aura malévola la invadió. Estaba tan, pero tan contenta de que la lluvia hubiera arruinado sus planes que no pensó en ningún momento en que se enfermarían.

—¡Muahahahaha! —carcajeó a los cuatro vientos mientras alzaba sus brazos en la entrada de la casa. Su risa pudo escucharse hasta en dos cuadras de distancia—. ¡Mójate en la lluvia y deja de ser un idiota, Sesshomaru Taisho!

Muy lejos de ahí, el peliplata y la chica corrían despreocupados, sin importarles mucho que la lluvia los empapara.

—Es agradable la lluvia, ¿no es así? —comentó ella, mientras abría los brazos para sentirla en todo su esplendor.

—Sí, no es tan malo como pensaba…

—¿Qué no es tan malo? ¡Admite que en verdad te gusta! —exigió ella mientras giraba bajo el agua.

—Tienes razón, me gusta…

Continuaron riendo y trotando, hasta que Kagura decidió meterse en una casa. Alguien estaba tocando el piano y lo arrastró para que pudieran oir la música.

Iba a detenerla pero ella lo impidio. —¡Shht! El sonido del piano…

Se protegió en el cobertizo y cerró los ojos para escuchar la música. La canción clásica era tranquila y estaba siendo perfectamente interpretada. Kagura empezó a reir.

—¿Por qué te ríes?

—Cuando fui sacada a patadas de su casa, pasé por aquí y la misma canción estaba siendo tocada. Me senté aquí durante unas horas y lloré.

—¿Mientras me echabas maldiciones?

—Sí, pensaba: ¿Qué tan genial se cree que es? Me las pagará…

Sesshomaru le asestó un golpe en el brazo a modo de castigo.

—¿Era esta misma canción?

—Así es… —En ese momento, el músico adentro de la casa erró—. El pianista no debe practicar mucho porque ese día hubo el mismo error… justo en esta parte.

La música comenzó de nuevo, era una canción mucho más alegre. Sesshomaru aprovechó para empujar a Kagura fuera del cobertizo. Ella se volteó riendo, y no se hizo problema alguno. De hecho, comenzó a bailar al son de la música, mientras la ropa se le pegaba completamente al cuerpo y sus senos de marcaban groseramente.

Era una chica despreocupada y le gustaba así. Con ella tenía una relación que nunca jamás podría tener con Kagome Higurashi, y eso era agradable. Las cosas eran mucho menos complicadas de esa forma. Además, debía admitir que se veía terriblemente sexy de ese modo.

Ella caminó hasta él y lo tomó de las manos para que bailara junto a ella, pero se negó. Tampoco era para tanto, no porque disfrutara su compañía iba a cambiar totalmente su forma de ser. Ella se rindió y salió corriendo y contorneándose por la calle, para seguir con la carrera hasta la casa. La siguió atentamente, sin explicarse cómo podía ser tan diferente a Kagome.

Cuando llegaron a la casa, la azabache estaba en la entrada esperándolos con una extraña expresión en el rostro.

—¿Ya desayunaste? —se preocupó, mientras se sacudía el agua del impermeable.

—Sí, sólo algunas tostadas. La lluvia les arruinó el paseo… ¿Al menos encontraron algún lugar para refugiarse?

—Salimos cuando estaba lloviendo… —aclaró Kagura.

Los ojos de Kagome echaron chispas, pero fingió no entender. —¿Quieres decir que sabían que estaba lloviendo y aún así decidieron ir?

—¡Sí, es genial correr bajo la lluvia! —Miró a Sesshomaru con complicidad.

—Es cierto, iba a traerte con nosotros pero estabas durmiendo. Además detestas estar bajo la lluvia…

—Kagome, será divertido… ¡Vamos juntos la próxima vez! Sesshomaru también decía que no le gustaba, pero finalmente lo disfrutó mucho.

¿En qué momento ella había dejado de tratarlos con el debido respeto? Oh sí, seguramente mientras corría bajo la lluvia con la ropa pegada en el cuerpo. Decidió ignorarlo para no parecer la mala de la película.

—¿Ya desayunaron?

—En niguna parte reciben a la gente mojada… ¿Aún quedan tostadas? —preguntó Sesshomaru, aún riéndose.

A Kagome se le pusieron los pelos de punta. ¿Desde cuando reía libremente? Se metió en la casa sin decir una palabra y cerró la puerta en su cara.

Se sentó en el sillón completamente perdida y sin saber qué hacer. Lo único en lo que podía opensar era en que estaba perdiendo territorio cada vez más, y que había sido su culpa, por sugerir primero que fueran sólo amigos sexuales. Él abrió la puerta divisoria y le lanzó una bola de ropa sucia y mojada.

—¿Te toca lavar, no es así? —Acto seguido, desapareció.

Sesshomaru Taisho acababa de desatar toda su ira. Lanzó la ropa al piso con rabia. Había hecho todo eso para no salir lastimada nuevamente y resultaba que salía lastimada de todas formas. Se levantó desganada y fue hasta la sala de lavado, metió la ropa en la lavadora sin fijarse realmente en lo que hacía. No podía quejarse, no tenía ningún derecho a estar celosa, no eran más que vecinos, incluso lo de ser "amigos sexuales" se había acabado. Cuando se dio cuenta, había metido toda la caja de detergente dentro de la lavadora, y la espuma empezaba a levantar la tapa de la máquina.

—¡Oh, por Dios! ¿Qué hice ahora? —lloró para sí misma.

Mas tarde y luego de limpiar el desastre, esperó a que Sesshomaru terminara de ducharse. Había preparado las famosas tostadas y estaba orgullosa de haber decidido que no le importaba para nada la presencia de esa chica, ni su relación con el peliplata.

—Siéntate, ya calenté la leche… —ordenó a la joven, que había llegado primero, con una toalla en la cabeza.

—Gracias —sonrió ella—. ¡Es tan genial tener leche caliente!

—Supuse que tendrías frío luego de correr así…

—Kagome —habló despacio ella—. ¿Cómo es que tú y Sesshomaru terminaron viviendo de esta forma?

No supo si decirle la verdad, luego recordó que no le importaba la chica, así que decidió decirsela de todas formas. —Ah.. su mamá era amiga de mi mamá. Ambas construyeron esta casa para vivir juntas luego de perder a sus esposos. Ahora Sesshomaru y yo somos los únicos que quedamos. Su madre y su hermana se mudaron al campo… y mi mamá falleció. ¿Por qué preguntas?

—Tengo mucha curiosidad sobre Sesshomaru… ¿Qué tipo de hombre es? ¿Qué le gusta? ¿Qué no? Y sobretodo… ¿Qué tipo de mujer le gusta? —Kagome la observó adivinando lo peor—. ¿Sabes si tiene novia o está saliendo con alguien?

—No lo sé… —murmuró.

Ella se sonrojó. —Creo que me gusta.

—¡Sólo lo conoces desde hace unos días!

—Pero él parece ser un hombre muy maduro… Un hombre que va muy delante de mí, y al que me dan ganas de seguir, ya sabes, el ideal antiguo de una relación amorosa. Creo que es muy inteligente y también… muy sexy.

—¡Espera! Quizás soy muy entrometida si te digo esto porque recién te conozco, pero… Sesshomaru no es un buen hombre. ¡Nunca! Lo conozco desde los últimos treinta años y créeme, sé lo que te digo. Es totalmente un mal amante.

—¿Qué parte de él es mala?

—Sé que crees que es guapo, que su cabello no tiene igual y esas cosas, pero eso pronto desaparecerá. Él ya está viejo… y su humor es terrible. La sensualidad de un hombre no viene de su apariecia, sino de su corazón, y Sesshomaru no tiene uno. Dudo mucho que tenga algún tipo de sensibilidad…

—Pero él parece ser muy sentimental…

—¡No te engañes! Si decides creer eso tu vida acabará justo aquí.

Kagura iba a protestar cuando Sesshomaru apareció y se sentó junto a Kagome. Bien, al menos se sentaba aún junto a ella, celebró la azabache con una sonrisa triunfadora.

—Sesshomaru, te ves genial con bata —coqueteó sin pudores.

—¿Sólo me veo genial con bata? —bromeó el peliplata. Su ego era una cosa asquerosa, pero nunca le había molestado realmente. Claro, hasta ese momento.

—Ya está listo, calenté la leche para ti también —sonrió la pelinegra, mientras le servía. Kagome no lo podía creer, ¿cómo podía mentir así? ¡Había sido ella la que había calentado la condenada leche! Había subestimado a la chica, no lo volvería a hacer.

—Ayúdame… —rogó Kagura, mientras Sesshomaru estaba con la atención en algo más.

¡Nunca, prefería morir antes que ayudar al enemigo! —Yo hice eso…

—¿Qué?

—Yo calenté la leche. ¿Por qué estas mintiendo? —encaró a Kagura—. Eres muy extraña…

Se levantó de la mesa y desapareció. No quería saber nada más de esos dos, ambos eran unos estúpidos.

Sesshomaru miró a la chica y se disculpó. —No la escuches, ella es más extraña…

II

—¿Soy mezquina?

—Sí —respondieron al unísono Sango y Rin, mirándola atentamente. No podían creer que Kagome estuviera teniendo esos problemas a su edad.

—¿Soy malvada?

—Sí.

—Brujas horribles…

Sango rió ante el apodo. Sí, ella sin duda era una bruja y le gustaba serlo.

—Kagome, nos encontramos para hablar de las vacaciones… Enfócate.

—¿Por qué no llevas a Sesshomaru contigo? —Quizo saber Sango.

—Chicas, viajar en un crucero no es importante en este momento. Si me marcho perderé la guerra. ¡Ella es tan audaz y honesta! Me ganará en un segundo…

—¿No decías ayer que era una chica inocente? —se rió la castaña.

—…pero curvilínea —agregó Rin—. Y si es curvilínea…

—¿Lo ven? Ella me vence en todo, su piel es más tersa y joven. Es bonita, voluptuosa y su personalidad es mejor que la mía. —Cuando lo dijo sintió que era tan cierto que resultaba espeluznante.

—Sólo dile que también te gusta Sesshomaru —solucionó Rin.

—¿No sabes en qué clase de relación estamos? Somos amigos sexuales y los amigos sexuales no se aman.

—Entonces dile la verdad… —se burló la castaña—. Soy su amante, duermo con él cuando tú no estás…

—¿Lo ven? Todo esto es porque no nos casamos. Si estuviéramos casados… ¿creen que ella atentaría contra nuestro matrimonio? ¡Por supuesto que no! —lloró Kagome fingidamente.

—¿Crees que las mujeres jóvenes se mantienen alejadas de los hombres casados? Kagome, estás muy lejos de ser una mujer audaz.

Para demostrárselos, Sango andaba de casualidad con una revista miscelánea en la que había un reportaje sobre los hombres casados que mantenían amantes. Le dio la revista a las chicas, justo en la página del artículo.

—El número de hombres casados que han sido arrebatados por mujeres solteras en sus veinte años… —Leyó Kagome en voz alta.

Rin se exaltó. —¿¡Cómo pueden hacer algo así!?

Kagome suspiró. —Me encantaría poder hacerles una petición formal a las mujeres de veinte años… ¡Dejen a los hombres de treinta para nosotras! Ellas también van a envejecer algún día.

Sango rió estrepitosamente y Rin la observó seria. —He estado pensando sobre eso y creo que el gobierno debería controlarlo.

—¿Qué es lo que puede hacer el gobierno? —Volvió a reir la castaña.

Rin bromeó. —Tienen que cambiar la Constitución, ¿qué otra cosa? Las mujeres en sus veinte sólo pueden salir con hombres en sus veinte, y lo mismo con los hombres y mujeres de más de treinta años. ¡Debería ser una ley!

—Es una buena ley —rió Kagome—. Si algún político presenta ese proyecto yo votaría por él.

—Los hombres de treinta no pueden intercambiar miradas con las mujeres de veinte y viceversa. De hecho, son separados por ciudades y viven en diferentes sociedades.

Sango decidió intervenir la fantasiosa plática. —Entonces los hombres estarán desesperados por encontrarse con mujeres más jóvenes.

Kagome se molestó. —Habrá una reja de alambre entre ambas ciudades, custodiada por el ejército.

—Ellos encontrarán una forma de escaparse… —previó la castaña de ojos pardos. Rin se molestó, realmente le gustaba esa idea.

Kagome no pudo evitar fantasear, de repente se imaginó a Sesshomaru y a Kagura besándose en el borde de la reja divisoria, ambos vestidos con harapos y sedientos de amor.

—Si lo prohiben les dará más curiosidad. Además el amor es algo que no se puede detener… —Escuchó a Sango.

Volvió a la escena del peliplata con Kagura y sintió un profundo odio. —Entonces los castigaremos estrictamente…

—¿Cómo? —Quisieron saber las chicas.

—¡La pena de muerte! Todos deben ser ejecutados.

Entonces, disparó sin dudar a Kagura Touma por la espalda. Luego sacudió su uniforme militar y rió por la hazaña. La chica cayó de inmediato y Sesshomaru comenzó a gritar su nombre.

—¡Kagura, no mueras! ¡Kagura! —bramaba patéticamente.

—¿Quieres venir conmigo? —invitó Kagome, sensualmente.

—No quiero, odio a las mujeres mayores —respondió él, sin ceder ante su encanto.

—¿Lo odias más que a la muerte?

—Sí.

Entonces le disparó también. Sopló su arma y se marchó sin sentir remordimiento. Todos los hombres enamorados de chicas más jóvenes y hermosas debían perecer. Esa era la ley de la vida.

—Odio a todas las mujeres jóvenes y más lindas que yo… —admitió frente a las chicas, por fin.

—Yo también… —aceptó la tierna pelinegra.

—Entonces vayamos de vacaciones a la Antártida. Allá hay una población de doscientos cincuenta hombres por cada mujer. Seguro que allá alguien las quiere.

Kagome bebió de su copa. ¿Por qué Sango siempre se burlaba de su dolor? ¡Era una mujer de veinte encubierta!

Al regresar a casa se tropezó con los zapatos rojos diseñados por su amiga. No había usado esas zapatos desde que Kagura había llegado. Ya ni siquiera dormían juntos ni se besaban. Miró hacia la casa de Sesshomaru y vio a los gatitos separados, él tampoco buscaba algún encuentro sexual con ella. Al parecer, se había acabado.

Fue hasta la sala de Sesshomaru y se encontró con él y Kagura haciendo gimnasia e imitando a una mujer de la TV. ¿Desde cuando Sesshomaru hacía esas cosas? Y además, ¿por qué no trabajaban en el guión en lugar de perder el tiempo?

Vio a la chica, vestía una ajustada malla roja y se movía energéticamente al ritmo del programa televisivo. La odió profundamente, ya no podía negarlo más. La odiaba a ella, no al resto de las mujeres de veinte años. Ellas no tenían la culpa de que Kagura fuera una ramera.

Dejó el sobre con los papeles del viaje al lado del sofá. Sesshomaru volteó y le sonrió. —¿Qué es eso?

—Me encontré con Sango y Rin por lo de las vacaciones de este año…

—Oh… Ya vuelvo —anunció a la joven y la siguió hasta su parte de la casa—. ¿Por qué no me llevas este año, Kagome?

—Dijeron que debes enviar una copia de tu pasaporte a la agencia si quieres ir… —explicó, mientras se dirigía a su habitación.

Iba a esconderse de él, pero decidió encararlo y así evitar las horas inundadas en lágrimas que seguramente la esperaban en la habitación. Caminó de regreso y se plantó frente a él. —¿Te diviertes cuando estás con Kagura?

—¿Qué?

—Es obvio que te diviertes con ella, se nota desde cuarenta kilómetros a la redonda… —bufó con rencor en sus palabras.

—¿Por qué, no puedo divertirme? Ella es divertida.

—Te ves como un idiota.

—¿Estás celosa? —sonrió de medio lado.

—¡Oh, ha regresado el hombre más egocéntrico del mundo, hace tiempo que no lo veía! ¿Crees que soy la misma Kagome Higurashi del pasado? No tengo ningún tipo de sentimiento por ti.

—No está bien que estés celosa, Kagome. Es muy agotador para ambos…

—No lo estoy.

—No he hecho nada para que malentiendas, y no lo haré en el futuro. Sólo estoy disfrutando de su presencia. Además no creo que me canse de ella, es bastante normal… —se mofó, mientras regresaba con la joven.

Kagome se quedó con las palabras en la boca. Al menos eso había servido para no estar triste, prefería mil veces estar furiosa. Era oficial, Sesshomaru y Kagura estaban en algún tipo de relación de la cual estaba escéptica. ¿Debía dejarlo así? No lo sabía. Lo mejor era esperar a ver qué pasaba.

Rin estaba en una situación parecida, aunque bastante incómoda. Onigumo la había llevado por fin a un motel, y ella obviamente, estaba muy incómoda. No había sido educada para frecuentar esos lugares, antes prefería ir al infierno en traje de baño.

—¿Por qué vinimos aquí? ¿Qué hay de malo en la casa? —Una pareja pasó afuera del auto y la pelinegra se cubrió de inmediato la cara.

—Tratemos una vez… ¿está bien? —la animó él, empezando a molestarse.

—No quiero hacerlo aquí, vamos a casa… ¿sí? —rogó.

Él la observó decepcionado. —Sabes que tienes un montón de problemas, ¿cierto?

—¿Y de quién crees que es la culpa?

—Yo no tenía ningún problema con otras mujeres…

—Entonces hazlo con esas mujeres, porque yo me voy. —Abrió la puerta del carro y salió furiosa del estacionamiento. Iba muy decidida, pero afuera había muchas personas caminando por la calle y no podía dejar que la vieran saliendo de ese lugar tranquilamente. Exhaló complicada, tendría que regresar.

—Si te molesta tanto vamos a casa, te llevaré… —habló él cuando ella se metió de nuevo en el automóvil.

—No, espera… No te importa lo que yo quiero, nunca te ha importado. Para ti, tus sentimientos son lo único importante. Dices que me amas pero jamás tomas encuenta mis deseos.

Él la observó interesado. —Es porque tú nunca dices nada… —solucionó.

Rin suspiró y finalmente se decidió a decirle la verdad. —Para mí también es aburrido hacerlo contigo.

—¿Por qué me estás diciendo esto ahora? —se indignó él.

Rin continuó, estaba harta de Onigumo. —Yo tampoco he tenido problemas con otros hombres…

—Dijiste que no habías tenido muchas experiencias antes…

—Piénsalo bien, Onigumo. ¿De quién es el problema ahora? Te demostraré que el problema no es mío. Así que prepárate y vamos… —Acto seguido, se bajó del carro y caminó hasta el recinto. Onigumo se quedó con la palabra en la boca—. ¿Qué, no vas a salir? —Golpeó la ventanilla desde afuera.

Diez minutos más tarde estaba desesperada. No sabía qué hacer, ¿cómo podría demostrarle a Onigumo que ella era una verdadera bomba sexual? No podía, ¡por Dios que no! Llamó a Sango, ella sabría qué hacer.

—¿Qué debo usar para seducir a Onigumo? —preguntó histérica, escondida entre las mantas—. ¿Me quito la ropa ahora o después? Y la luz… ¿la dejo prendida o apagada?

—Sólo concentrate en ti misma… —Intentó relajarla Sango, desde su oficina.

—¿Qué?

—Deja de lado las preocupaciones y concéntrate en el momento… Deja que fluya.

—Debo vivir el momento, bien… —Cortó la llamada, respiró profundo y bajó el nivel de la Luz. Entonces se atrevió a salir de las mantas y a mirarse en el gran espejo del frente. Lanzó algunos besos e hizo unas poses sexyes, pero nada del otro mundo. Iba a quitarse la ropa cuando escuchó la voz de la anciana Kaede.

—¡Rin Susuhara! ¿¡Qué se supone que estás haciendo así!?

Se cubrió nuevamente y pasó desapercibido el hecho de que era su imaginación.

—¿La maestra Kaede? —preguntó Kagome, intentando contener la risa.

—Sí… —Lamentó Rin, recordando cómo esa anciana mujer las regañaba por todo en secundaria.

Recordó su voz pastosa y desagradable. —Rin, ¿viniste sin sostén a la escuela?

—Me lo quité porque hacía mucho calor… —Además del hecho de que sus senos aún no se desarrollaban —y de que no lo harían en varios años.

—Quítate. Véamos señorita Kagome Higurashi. ¿Por qué su falda es tan corta?

—Mis piernas son cortas…

—Quítese… —Entonces llegó hasta Sango… La pobre Sango, la que más había sufrido a causa de esa anciana—. ¡Mire ese desastre de cabello! ¿Por qué su pecho sobresale tanto otra vez?

—Siempre ha sido grande, ¿qué puedo hacer?

—¡Esta chica! —gritó, golpeándola en el trasero con su vara.

—¿No debería usar las palabras, por qué siempre me golpea?

—De repente —continuó Lin con la historia—: oí la voz de la anciana Kaede y sentí que me había convertido en una prostituta indecente. Pensé, ¿qué demonios estoy haciendo aquí?

—¿Entonces? —Quiso saber Kagome. Sango sólo se reía.

—Salí corriendo antes de que Onigumo saliera del baño… Chicas, debe ser cierto que el problema no es de él sino mío. ¿Qué puedo hacer? Siempre he tenido dificultad para concentrarme… en ese momento. Es como si alguien me observara, y cuando al fin logro sentirme caliente, vuelvo a sentirme observada…

—¿No puedes ser sincera con Onigumo y luego intentar si pueden solucionarlo juntos?

—Ya es demasiado tarde —intervino por fin la castaña—. Los hombres no saben de sexo cuando son jóvenes. Hombres y mujeres experimentan juntos hasta aprender. Ahora que Onigumo ya ha pasado por esa etapa, no se conformará con comenzar a experimentar de nuevo.

Kagome la golpeó con su brazo disimuladamente para que tuviera más tacto, ya que Rin comenzaba a perderse en sus pensamientos nuevamente. Sango prosiguió. —Ya deberías haber descubierto lo que tu cuerpo quiere.

—Entonces… ¿qué debo hacer según tú?

—Juega un poco… experimenta.

Rin la observó sin comprender. Kagome decidió cortar la situación. —Rin, no la escuches. No es como si Sango viviera su vida decentemente tampoco… No tienes ningún derecho a dar consejos, Sango.

No protestó, era cierto.

III

Kagome trató por décima vez de componer una melodía de diez segundos completa y no pudo. Si algo había aprendido en la música, era que si vives como un cobarde, tu música resulta ser un desastre también. Se dio por vencida y se recostó en el sofá.

De pronto, el celular sonó. Era la alarma, lo tomó desganadamente y leyó: "clase de café". Bien, ¿debía ir, o debía seguir sintiéndose como una idiota? Lo pensó otra vez.

—Los corazones son los más fáciles… —Escuchó una masculina y conocida voz en su espalda, luego de que al fin lograra dibujar un corazón de espuma sobre el café, aunque bastante deforme.

—Es porque mi corazón está hecho un lío… por eso aún no me sale bien —respondió a Inuyasha, sin mirarlo.

—¿Deberíamos tratar de nuevo? —Tomó la mano de Kagome y empezó a moverla suavemente. ¡Odiaba cuando hacía eso! Se sentía tan… vulnerable—. Luego pones la leche y revuelves despacio… ¡Ahí está!

Kagome lo miró desde su altura y le sonrió. Le agradaba, ese chico le agradaba mucho. —¿Lo hago de nuevo?

—¿Qué causó que tu corazón sea un desastre? —Quiso saber él, apoyándose en la mesa con una sola mano y mirándola de costado.

—Ya sabes, problemas de amor.

—Ven a verme cuando termine la clase, ¿sí?

—¿Por qué? —Levantó el rostro y descubrió que ya se había ido. Miró su café y pudo ver unos corazones horripilantemente deformes. Bien, ese no era precisamente su talento especial.

Cuando la clase terminó, Inuyasha volvió junto a ella para ver si había logrado hacer decente sobre el café, y efectivamente Kagome estaba a punto de lograrlo. Le quitó la vara y le dio unos detalles finales. —Soy el que arregló tu corazón, ¿viste? —La azabache lo observó tímidamente y sintiéndose una idiota—. ¡Buen trabajo a todas! —Felicitó Inuyasha, mientras todas las chicas tomaban sus carteras y se disponían a salir del café.

Cuando no quedaba nadie, Kagome caminó hasta él y se sentó en una de las sillas. —¿Por qué yo? ¿Necesitas algo?

—¿Quieres ir a algún lugar conmigo mañana? —La observó espectante, con esos espléndidos ojos ámbar. Oh sí, Inuyasha era tanto o más hermoso que Sesshomaru Taisho.

—¿A dónde?

Él se encogió de hombros y sonrió.

—¡A un orfanato! ¿Qué harían en un orfanato? —Pegó un grito Sesshomaru desde la cocina. ¿Por qué un hombre invitaba a Kagome a un lugar como ese?

—Sí, dijo que jugaremos con los niños. Será sólo un día —explicó Kagome, mientras esperaba que Sesshomaru le sirviera la comida.

—¿Cuándo te volviste tan cercana a ese tipo? —Volteó a verla desconfiado.

—Siempre tomamos café juntos… —Evitó decir que había ido a su casa también. Sesshomaru no era nadie para regañarla, pero seguramente lo haría y no tenía ganas de escuchar.

—Él tiene un motivo oculto. Te está invitando a una cita. ¿Cómo es que eres tan ingenua? —acusó, mientras se sentaba frente a ella y le daba un café con unas galletitas.

—No es así, es trabajo voluntario.

—Ese tipo está interesado en ti.

—No, el dijo que tuvo suerte con una mujer de la que está muy enamorado…

Lamentó decir eso. Sesshomaru Taisho estaba celoso, trataba de ocultarlo, pero ella lo conocía mejor que él mismo. ¡Estaba celoso! Quizás había un poco de esperanza en todo aquello. —¿Te molesta?

—Por supuesto que no, ve si quieres… —dijo esto sin mirarla.

Kagome suspiró. —Mientras más lo pienso, más creo que está interesado en mí. Dijo que soy bonita…

—¿En voz alta?

—Sí.

El peliplata la observó unos segundos minuciosamente. —Cuando te miro detenidamente creo que a veces eres bonita.

—No, el estaba totalmente flechado por mí. Inuyasha Takahashi debe haber visto algo en mi rostro.

—¿Cuándo vio algo como eso? —Comenzó a enfadarse.

—Mi aura irradia belleza y alegría por todos los poros de mi piel. En algún momento debe haberlo visto. Soy un imán andate, todos los hombres se pegan a mi encanto.

Él rió. —Oye, Sesshomaru. —Él levantó la vista del café—. Una burbuja de mocos acaba de salir de tu nariz.

Él la ignoró. —Da lo mejor de ti… —la animó a regañadientes.

—Si me vas a felicitar hazlo de una manera agradable, no así…

—No actúes como si estuviéramos saliendo…

—¿Que hago? —Se enfureció.

—Te gustaba y luego me odiabas; halabas de mí y luego me empujabas lejos. Siempre yendo y viniendo…

—¿Alguna vez pretendiste ir y venir cuando quería que fueras y vinieras?

—Claro que no, siempre era pura habladuría… Nadie puede igualar tu personalidad voluble… Cuando creía que estabas caliente te volvías fría, y al revés.

Si estás molesto porque saldré con el chico OST entonces sólo dilo… —murmuró, arrugando la nariz. Siempre lo hacía cuando quería causar daño en la otra persona y creía que lo estaba logrando.

—Eso no me molesta para nada… Anda si quieres, nada podría importarme menos en este mundo —Dicho esto, se levantó de la mesa y se marchó.

—¡Por supuesto que iré!

Sí que iría, Inuyasha era mejor, ¡mucho mejor!

Al día siguiente bañó y exfolió su piel. No había ido a una cita con otro hombre (bueno, a una verdadera cita, no una cita a ciegas) desde hacía siglos. Se puso un vestido ligero y corto que no parecía demasiado ostentoso para una primera cita.

Kagura Touma no andaba por la casa, seguramente tenía días libres. Lo que fuera, no le importaba para nada, ahora su vida estaba comenzando de nuevo con otro hombre. Sesshomaru era parte del pasado, ¡al fin! ¿Cuántos años se había demorado en decidirlo?

—¿Estás yendo con el chico OST a la cita? —Escuchó su desagradable voz.

—Así es, ¿cómo me veo? —Dio una vuelta, el vuelo del vestido se levantó y Sesshomaru miró sus piernas molesto.

—Creo que es demasiado… elegante.

—¿Y cuál es el problema de eso?

—Creerá que quieres casarlo en la primera cita. Ponte uno menos serio.

—¿Crees que debería ser más natural? —Lo pensó un poco, quizás sólo debía llevar yeans o un vestido menos ostentoso.

—Espérame… ire con Kagura al cine y te llevaré.

¿Por qué iba a tener una cita con Kagura? ¿Cómo podía ponerse tan estúpido estando celoso? Quizás siempre lo había sido, y ella por estar enamorada como una tonta jamás se había percatado. Era bueno ver a Sesshomaru como lo que realmente era, un imbécil.

Salió de la casa con un vestido más ligero que el anterior y se subió al auto.

—¿Te cambiaste de nuevo?

—Sólo algo menos formal, dijiste que el otro era muy ostentoso… ¿Crees que ahora es más natural? —sonrió.

Él se puso el cinturón y la ignoró unos minutos. —¿Te pusiste perfume?

—Es un perfume que me regalaste cuando fuimos a la avant premiere de tu primera película, ¿recuerdas?

—Creo que se malogró el perfume… Debe estar caducado. —Abrió todas las ventanas del carro para que se ventilara.

—¡Sesshomaru, se despeinará mi cabello! —protestó la azabache.

—Silencio, mi cabeza me está matando…

—¿Por qué no puedes cooperar? —rezongó enfadada, mientras bajaba el espejo del copiloto para arreglarse nuevamente.

—¿Por qué te esfuerzas tanto en verte bien?

—¿Qué? Es una cita… No querrás que vaya toda desaliñada. —Comenzaba a odiarlo.

—No recuerdo que hayas puesto tanto esfuerzo en verte bien cuando estabas conmigo.

—¿Cómo que no? Hacía un masaje facial cada noche… ahora mi rostro es un desastre.

Sesshomaru detuvo el auto a mitad de la calle y se volteó molesto.

—¿¡Por qué?! ¿Estás repentinamente celoso justo ahora? ¿Piensas que es un desperdicio darme a otros? ¿Está bien que te comportes así justo cuando voy a reiniciar mi vida? Sé un caballero y si estás celoso dilo abiertamente. No tienes por qué tratarme así… —Se arregló el cabello por última vez—. Oye, ¿quieres que no vaya?

—Kagome, ya llegamos. Vete.

Eso no había sido lo más digno que había hecho en su vida, pero estaba acostumbrada. Miró hacia fuera y vio que efectivamente ya habían llegado a la esquina donde estaba ubicado el café de Inuyasha.

—Recuerda que iremos a ver una película en la noche. ¿Irás con nosotros?

Obvio, Sesshomaru Taisho no estaría celoso de ella, antes loco. Él no era ese tipo de hombre, un hombre que se apasionaba por su mujer. Se bajó del auto groseramente y caminó hasta el auto de Inuyasha, quien la esperaba pacientemente. —No lo sé, Sesshomaru. Quizás…

Al verla, él salió y la ayudó con su guitarra y sus cosas. ¡Era tan masculino y caballero! ¿Por qué demonios no lo había conocido antes?

Sesshomaru lo observó indignado desde su carro. El muy idiota era igual a él, ¿por qué Kagome era tan poco original para escoger a los hombres?

La azabache se sentó en el auto de Inuyasha por primera vez y leyó un mensaje que le llegó al momento. Era Sesshomaru: "Ese hombre parece un buen tipo, da lo mejor de ti"

—¿Qué es? —preguntó el peliplata.

—Nada, sólo un mensaje —sonrió. Intentaría de todo para que Inuyasha la amara como quería ser amada.

—En ese caso, vámonos…

Kagome lo observó de reojo, era tan dulce. Inuyasha Takahashi sin duda era una buena persona, además era servicial, amigable, respetuoso y muy, muy muy atractivo. ¿Cómo podía un hombre así existir? Al fin la vida le estaba pagando justamente por todo lo que la había hecho sufrir a causa de ese estúpido de Taisho.

Los niños eran adorables, hacía mucho tiempo que Kagome no tenía contacto con niños tan pequeños. Tenían entre ocho y tres años y le recordaban lo mucho que quería ser madre algún día. Se llevó bien con ellos de inmediato, tanto que luego de unos minutos ya estaba tocando en su guitarra canciones infantiles.

Recordó los acordes de una de sus melodías favoritas y la interpretó con su mullida voz. Sí, Kagome Higurashi era una compositora, por talento y decepción. Talento porque tenía de sobra para la música, decepción porque cantaba como los mil demonios. De no ser por eso seguramente habría sido una estrella pop, sensual y millonaria, pero debía conformarse con escribir canciones para otras personas. Sí, la vida había sido muy injusta con ella, jamás le daba lo que deseaba.

Inuyasha, que había estado tomando fotos durante la canción, observó la melancolía en los ojos de Kagome. Recordaba que ella siempre decía durante las clases que no podía cantar y pedía la ayuda de los alumnos. Aún así estaba cantando para los chicos, se sintió feliz por eso. Ella lo estaba disfrutando a pesar de que los niños estaban sufriendo un poco con su poco talentosa voz.

Además, ¿qué importaba? Era hermosa de todas formas, sencilla, libre y graciosa. Ninguna mujer podía igualarla. Tomó fotografías de su rostro, de ella cantando, de ella riendo y de ella abrazando a los chicos. Quería tenerlas todas de recuerdo.

Kagome terminó la canción e Inuyasha fue el único en aplaudir. Los niños la escrutaron sin saber qué decir. —¿Por qué eres una pésima cantante? —Inquirió una de las niñas.

Ella rió. —¡Oye, me estas avergonzando! Soy una excelente cantante. ¿Quieres que te cante otra canción?

—¡Inuyasha canta mejor!

El aludido caminó tímidamente hasta Kagome y le pidió la guitarra con la mirada. Al sentarse, empezó a cantar una melodía agitada y todos los chicos comenzaron a seguirlo con las palmas. Kagome tomó fotografías de todos, era muy dulce estar así con ellos, nunca había vivido algo tal.

Más tarde jugaron fútbol y ayudaron con los quehaceres del lugar.

—¿Cuándo comenzaste a venir aquí? —preguntó Kagome, mientras colgaban la ropa sucia del lugar.

—Viví aquí cuando era joven, al menos unos años.

—¿Por qué?

—Ya sabes… cuando mi padre falleció mi madre se volvió a casar y me envió aquí.

Kagome detuvo su labor para seguirlo. —¿Y después?

—Viví con mi tío un tiempo… cuando el tema de la herencia se resolvió.

—¿Te adoptaron y te criaron por dinero?

—Creo que sí… —afirmó él, sin ni un poco de tristeza en la voz.

—¿Cómo puedes contar una historia triste sin estar triste?

—Entonces ¿debería estar triste por algo que está en el pasado?

Eso tenía sentido, mucho sentido, si era sincera. —Nunca actuaste como un niño, ¿verdad?

—Ni siquiera una vez…

—Te diré algo en honor a nuestra amistad. Si estás triste puedes apoyarte en las personas que están cerca de ti. Todos vivimos en el mismo universo…

Inuyasha la observó con ternura. Ella era más maravillosa de lo que creía ser.

Ella volteó molesta, de repente y lo soprendió. —¿Por qué los hombres no comparten los momentos duros con otras personas?

Él lo pensó un momento. —No creo que sea porque soy hombre… Es porque soy experto en Taekwondo, un cinturón negro. ¿Cómo puede un cinturón negro andar sollozando por ahí? —rió.

—Realmente me disgustan los hombres que no lloran…

—¿Por qué te molestan?

—¡Deberían llorar cuando las cosas son difíciles! Es una forma de compartir el dolor, así se hace más pequeño y te vuelve más cercano a las personas. —reflexionó la azabache muy intensamente—. Siempre insisten en encerrarse en una cueva. ¡Es tan frustrante para las mujeres que esperan afuera! Hay que soportar las penas juntos…

Él la escrutó interesado. Sabía que no estaba hablando con él, faltaba mucho para obtener el corazón de esa mujer. —¿De qué hombre estás hablando?

Ella se sorprendió. —No es nada… —Se volteó—. De todos modos no vayas a actuar nunca así.

IV

—¿Por qué Kagome no viene? —preguntó Kagura, mirando hacia la entrada. La película estaba a punto de empezar.

—Debe estar disfrutando mucho su cita.

—¿Fue a una cita?

La azabache llegó cuando la publicidad estaba terminando. Los buscó con la mirada y al llegar no tuvo más opción que sentarse al lado de Kagura. Ella se volteó despacio y susurró. —Kag, estoy ocupando tu lugar…

Obviamente se refería al asiento, aunque a Kagome le pareció que insinuaba algo más. De todos modos no le importaba—. Esto es tuyo… —Le dio un paquete de palomitas de maiz—. Kagome… Cuando estemos cenando, ¿te importaría no quedarte? Voy a declararme a Sesshomaru esta noche.

—¡Silencio! —susurró más fuerte Sesshomaru, la película había comenzado.

Kagome tragó saliva tensamente, el ambiente se había vuelto pesado. Estaba entre la espada y la pared, es decir, tenía sólo dos opciones. Una era optar por su nueva vida con Inuyasha y dejar que Kagura se declarara a Sesshomaru, o impedirlo a toda costa y continuar siendo infeliz con él e insistir hasta la muerte por un poco de amor.

—Sesshomaru, ¡vamos a comer algo delicioso! —Invitó Kagura apenas salieron del cine.

Kagome aún no había tomado una decisión. Vio como Kagura se arrimó al brazo del peliplata. —¿Qué quieres comer? —le preguntó Sesshomaru, y Kagura le insinuó con gestos y miradas que era el momento de irse.

Dudó. Sintió cómo su transpiración caía por su frente. —Vamos a un lugar en el que se pueda comer y beber.

Optaba por Inuyasha, pero jamás le dejaría Sesshomaru a esa chiquilla; de eso no había duda alguna.

Kagura la acusó con la mirada y Kagome le dio la espalda. Minutos más tarde se metieron a un bar poco decoroso y Kagura estaba muy molesta. La azabache había arruinado su cita, ¿por qué lo hacía?

—¿Tienes algún problema conmigo? —exigió saber, al notar que ella la miraba furiosa.

—Bueno, yo no diría que es un problema propiamente tal…

—Deberías estar feliz, eres joven, bonita y tienes la vida por delante… —argumentó ella, apelando al hecho de haberle arruinado la declaración.

—¿Algo pasó entre las dos? —interrogó confundido el peliplata.

Kagome siguió charlando con Kagura en voz demasiado alta, mientras bebía más de la cuenta. —Es incómodo estar así, si tienes algún problema creo que es mejor que lo digas aquí y ahora…

—No es nada… —refunfuñó la chica.

—Entonces es mejor que te vayas… con tu amado Sesshomaru, quien es más genial que el cielo y las estrellas, tenemos algo importante de que hablar… una conversación a fondo, ya sabes…

Su largo cabello negro brillaba de color rojo con las bajas luces del lugar, dándole un aura siniestra. Al parecer para la azabache, la historia terminaría ese mismo día.

—¿Estás de acuerdo con Kagome? ¿Quiéres que me vaya? —se dirigió a Sesshomaru.

—Sí, vete por favor… —habló seriamente. Algo le pasaba a la joven, y al parecer, era importante—. Y vete a tu casa, mañana puedes llegar tarde también.

—Está bien…

Kagome la vio desaparecer molesta y con ganas de golpearla. Miró a Sesshomaru. —Creo que en verdad te gustan las mujeres obedientes… Le dijiste que se fuera y se fue, estoy sorprendida. Si hubiera sido yo, esperaría a que me dieras una buena razón para irme, y aún así no lo habría hecho. ¿Estoy en lo correcto?

—¿Qué sucede entre tú y Kagura? —Quiso saber, mientras le llenaba la copa otra vez.

—Nada, sólo estoy actuando como una mujer celosa, porque odio que esa chica te guste. ¿Por qué?

Kagome merecía un premio por ser la mujer más directa del mundo. Tardó un poco en ubicarse nuevamente. —¿Qué, no puedo estar celosa? ¿Soy mala si siento celos? —continuó ella. Los tragos se le comenzaban a ir a la cabeza. Kagome nunca hacía eso, seguramente estaba mal—. Yo no creo que los celos sean malos, es más… para mí son la confesión más honesta del mundo. Tú eres el raro por no saber lo que son los celos.

Sesshomaru la observó sin saber qué decir realmente. No quería discutir, pero Kagome quería hacerlo. Un mesero apareció y les puso una parrillada para tres sobre la mesa. Kagome se apresuró a comer para evitar un desastre estando borracha, pero una gota de aceite salpicó en su cara. —¡Maldición!

Cuando lo intentó de nuevo, otra gota de aceite salpicó a su ojo izquierdo. —¿Lo ves? Hasta las parrilladas se burlan de mí —murmuró, al borde de las lágrimas.

Sesshomaru sintió pena, como no sentía hacía mucho tiempo. Lamentaba dañarla así, pero no podía corresponderle. Ella estaba mejor sin él. ¿Por qué no podía entenderlo?

—Espera, no te friegues el ojo. Te ayudaré… —Tomó una servillera y se inclinó para ver qué tal.

Kagome lo apartó y lo observó molesta. —Terminemos esta relación… —Lanzó de repente. Sesshomaru se sorprendió y sintió de pronto un vacío enorme en su interior, temió lo peor.

Luego de unos segundos ella continuó. —Paremos, si no es amor lo que me das entonces no lo quiero. Me refiero a esta relación de amigos sexuales, paremosla, me hace mal –suspiró nerviosa-. Quiero algo más, no estoy satisfecha y siempre querré más que esto. Además no me gusta ver a una persistente chica revoloteando a tu alrededor… sabiendo que sabes que ella te quiere. Me odio por sentir celos de Kagura, pero esa es la forma que mis sentimientos usan para decirtelo: Me gustas, Sesshomaru…

Silencio.

El peliplata sólo atinó a bajar la cabeza. Kagome no se debilitó ante eso. —Mientras más lo pienso, más me doy cuenta de que nunca no me has gustado, ni siquiera una sola vez… —Lo observó directamente a los ojos—. Estoy cansada y es muy dificil para mí no saber nunca lo que sientes. Aún así me gustas… Debo estar loca, ¿no es así? –Dejó el licor sobre la mesa y lo observó profundamente.

Él bebió de su copa y volvió a bajar el rostro. Kagome lo observó con sus intensos y tristes ojos chocolate, sin ánimo de llorar por eso. —Puedes rechazarme si quieres… Odio la falsedad.

Aunque sus palabras eran fuertes, y las decía sin dudar, estaba devastada. Sí, él podía rechazarla, ella podía no llorar frente suyo, y también podía aparentar que no le importaba en lo absoluto, pero la verdad era que estaba muriendo por dentro. Hacía muchos años que lo estaba y queria parar. Ya no lo soportaba más, necesitaba deshacerse de toda esa porquería.

Cuando la noche cayó sobre ellos, Sesshomaru arrimó los gatos de la mesa y esperó que Kagome saliera de su habitación. Ella, al verlos, lo escrutó confundida. ¿Por qué? ¡¿Por qué?! Él la observó seriamente.

—Esta noche… ¿quieres una última vez?

No respondió. Quería, sí… hacer el amor por última vez. Sí existía la diferencia entre sexo y amor, y Sesshomaru lo sabía, siempre lo había sabido. Tomó su rostro suavemente, depositó un suave beso en la comisura de sus labios y se quedó ahí, sintiendo su tacto, sintiendo su calor y el delicioso olor del perfume de la avant premiere sobre su cuerpo.

Esa noche, Kagome no tendría que rogar por amor.

A la mañana siguiente, no quiso abrir los ojos, temía que Sesshomaru no estuviera ahí. Estiró la mano asustada hacia su lado pero encontró sólo la cama vacía. —Otra vez la cama vacía… —suspiró. Se sentó lentamente y lo buscó con la mirada por todo el cuarto, no estaba. No quiso cubrir su desnudez, así era como se sentía.

Sola y desnuda en una habitación vacía.

Entonces, él empujó la puerta con el pié y entró con una bandeja entre sus manos. Kagome tragó saliva expectante, ¿qué estaba haciendo? No estaba preparada para eso… ¿Era esa su respuesta?

Miau…

Él se sentó en la cama y sonrió. Kagome intentó cubrirse pero él lo impidió, miró sus ojos avellana y volvió a tomar su cara de esa manera tan implicante.

La besó.

A Kagome le gustó ese beso.

Le gustó más que su primer beso.

Le gustó más que las palabras: "Te amo".

CONTINUARÁ…


¿Y? ¿Merezco review? ¿O merezco la muerte? ¿Qué opinan?


Publicación: 03/02/2014

Corrección: 04/02/2014