INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.
NOTA DE LA AUTORA:
Queridísimas y queridímos, antes de agradecer cada uno de sus reviews, debo advertirles que este fanfic es largo y complicado, ya que relata la historia de amor entre tres personajes complejos:
Kagome, una mujer normal, cargada de defectos y virtudes que busca el amor desesperadamente.
Sesshomaru, un hombre incapaz de expresar sus sentimientos.
Inuyasha, un hombre que es capaz de darlo todo por amor.
¿Por qué decidí adaptar esta historia?
Sencillamente porque me fascinó que los protagonistas no fuesen perfectos, que sufran el amor, que cometan errores y que los reparen y los vuelvan a cometer. Porque el amor así, las personas somos así. A veces idealizamos mucho el amor, sin darnos cuenta de que nos volvemos completamente imperfectos cuando amamos.
Muchas gracias por sus reviews a:
Sery Taisho de Tetsuya
JussandZuryHimura
Elizabeth05
Yuyina
Johan Tasho
Danper Jaz Lirio
Breen Martínez
Orkidea16
Sasunaka Doki
Simmy-chan
Desirena
Ejal
Taijiya Sango Figueroa
Y a todos los lectores anónimos!
Espero disfruten este capítulo tanto como yo. Este es mi cap. favorito de la serie.
"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 9
LA RESPUESTA DE SESSHOMARU
Sango habría de recordar ese condenado día para siempre, ¿y cómo no hacerlo? Ese día había dejado de ser la todopoderosa y siempre digna Sango Takeda para convertirse en algo… completamente diferente.
Al salir del Hotel con Miroku, sonrientes y tomados fervientemente de las manos, notaron que había algo extraño en el ambiente: un mal presentimiento, quizás; pero la vida no se basaba en impresiones y decidieron ignorarlo, o al menos lo intentaron hasta que notaron que un carro los seguía minuciosamente.
—Nos están siguiendo, Sango. ¿Quieres que me esconda?
La castaña tragó saliva complicada, intentando distender el ambiente. —¿Y dónde piensas esconderte? ¿En el maletero?
El la observó preocupado, no quería causarle problemas a la chica, ella no lo merecía; no era mala, sólo había tomado las decisiones equivocadas.
Entonces violentamente, ella volcó el auto hacia su izquierda y se cambió de pista; el carro de atrás hizo exactamente lo mismo. Ambos se miraron expectantes.
—¿Serán periodistas?
—No llevan cámaras. —La tranquilizó Miroku.
—¡¿Entonces qué?! —Se alteró ella, se podía ver el nerviosismo en sus ojos chocolate.
Naraku, no podía ser nadie más; los había descubierto. —Tenemos que huir… —Aumentó notablemente la velocidad a ciento treinta kilómetros por hora.
Luego de medio minuto y tras una bifurcación, el misterioso auto se perdió entre los otros carros. Sango suspiró aliviada y se volteó para mirar hacia atrás y celebrar su victoria, pero esta nunca llegó. Un cruce en el camino, una luz en rojo y un auto en su costado impidieron que pudiera librarse del escándalo.
Rin llegó horrorizada al hospital, corriendo a más velocidad de la que sus tacones permitían. Kagome ya había llegado y no sabía cómo explicarle a la morena lo que había sucedido: Sango había tenido un accidente, sí. Saliendo de una ciudad hotel, sí. Acompañada, sí. Con su marido, no…
—¿Qué hace Miroku aquí? —Bien, ya lo había descubierto. Sesshomaru, quien también había ido a comprobar el estado de Sango, observó a Kagome temiendo lo peor. Seguramente la tradicional chica se volvería loca.
Miroku tenía un brazo enyesado y vestía la cotidiana ropa de hospital, aunque sin duda Sango había tocado la peor parte: Una fractura en una de sus costillas y numerosos golpes y hematomas por todo el cuerpo, que la obligaban a usar un horrible e incómodo cuello ortopédico.
—Miroku, ¿por qué estás lastimado tú también? —interrogó la pelinegra sin hacer la conexión.
En ese momento, Sango salió de la oficina del doctor, caminando apenas y los alcanzó. Sesshomaru reaccionó de inmediato y la ayudó a sentarse al lado del joven. Rin los observó confundida, hasta que finalmente pareció comprender todo.
—¿Tuviste el accidente mientras estabas con Miroku?
Sango la observó y asintió con pesadumbre, cerrando los ojos.
—¡¿Es Miroku?! ¿La persona que quien eres infiel es Miroku? —exclamó, sin poder creerlo. Kagome se sintió incómoda, Rin volteó a verla y notó que ya lo sabía todo—. ¡Tú lo sabías!
—Sí, lo descubrí hace poco… —asintió la azabache.
—¿Cómo pudiste hacer algo como eso? ¡Dejaste a Miroku para casarte con Naraku!
Así era, Rin no era una exagerada. Kagome tampoco entendía cómo Miroku podía seguir queriendo a Sango después de lo que había hecho con él. Ella había roto el compromiso justo antes de la boda y como si eso fuera poco, también había escogido a otro hombre.
Miroku miró a la castaña y ella le indicó que estaba bien que se fuera. Necesitaba tener una conversación con sus amigas. Él se levantó apesadumbrado y caminó fuera de la vista de las chicas en compañís de Sesshomaru. Rin esperó que desapareciera para hablar.
—¡Dijiste que Miroku no era suficientemente bueno para ti! ¿Recuerdas cómo terminaste con él? ¡Lo trataste como basura!
—Rin, detente… Sango también se siente mal —acotó Kagome.
—¿Qué quieres que haga? —se quejó la castaña.
—¡Si quieres divertirte hazlo, pero no dañes a las personas!
—¿Estoy siendo infiel con tu novio, acaso? —se defendió Sango.
Rin se llevó la mano a la frente indignada. —Sango, Naraku tiene una aventura con otra mujer, sé que eso es difícil para ti y que necesitas desahogarte, pero… ¿has pensado las represalias que esto te traerá? El mundo no es bueno con las mujeres, la sociedad es machista y… ¡Tú eres famosa!
—¡Hey! ¿Las llamé para que me dieran un sermón? ¡Los amigos siempre deberían animarte y apoyarte en los momentos difíciles!
Por más duro que fuese, Rin tenía razón. Kagome quería mucho a la joven y siempre estaría con ella, pero por más que se esforzaba no podía entender su forma de ser y de amar. —Está bien, vive tu vida como quieras… —resolvió—. Aunque te apoyaré de todas formas debes saber que no puedo entenderte, ¡por más que lo intento no puedo comprender por qué haces esto! ¡Ni yo ni Rin podemos entenderlo!
Sango no se perturbó ni un segundo. —¿Y tú crees que yo te entiendo, Kagome? Terminaste con Sesshomaru hace mucho tiempo, pero lloras como un bebé porque te gusta todavía… Y tú, Rin: ¡crees que el asunto con Onigumo es la cosa más importante del mundo y crees que todos pueden entender tu problema! Yo no quiero que evalúen mi comportamiento ni que me juzguen, sólo quiero que me apoyen. ¿Es tan difícil para ustedes?
—¿Cómo demonios quieres que te demos ánimos en esta situación? —renegó la azabache.
—Estoy preocupada porque estás herida y quiero que te recuperes, aún así no es correcto. ¡Las amigas te advierten cuando algo no lo es! Lo hacemos para protegerte…
—Pues bien, a mí lo único que me importa es ser feliz… y lo soy.
—¡Pero la forma está mal! —insistió Rin al borde de la lágrimas.
—¿Son jueces, acaso? ¡Paren de sermonearme!
Kagome se sentó a su lado y la miró a los ojos sinceramente. —Si te estás hundiendo en el barro, ¿crees que no te extendería mi mano, aunque tú no quisieras salvarte?
—¡Entonces sólo cállense y extiéndame sus manos!
Rin iba a replicar nuevamente cuando una montaña de periodistas entró corriendo por el pasillo, con cámaras en sus manos y micrófonos por doquier. La morena, instintivamente, se cruzó frente a Sango y la cubrió con su cuerpo para que no la fotografiaran en ese estado.
—¡Deténganse, no tomen fotografías!
Al percatarse del caos, Sesshomaru corrió hasta las chicas e intentó detener a los periodistas. Kagome observó su amplia espalda protectora y sonrió, el peliplata siempre estaba ahí para ella y sus amigas. Sonrió.
II
Durante la mañana del día siguiente Kagome no hizo nada productivo, más que componer una canción de amor dolorosa y melancólica. Estaba triste, Sango estaba teniendo problemas, Rin estaba teniendo problemas, ella estaba teniendo problemas. Ella estaba teniendo problemas otra vez con Sesshomaru, aunque no precisamente eran problemas…
Desde aquella noche todo había empezado nuevamente, podía sentir el apego y la ternura hacia ella cuando Sesshomaru le hablaba, cuando le sonreía y cuando la besaba. Estaba confundida otra vez, pero no triste. Era imposible estarlo si Sesshomaru le demostraba amor nuevamente.
Qué pasaría sí…
Esa frase rompiera mi corazón
Tal vez nos saludemos de nuevo riendo…
¿No lo crees?
—¿Crees que el climax debería ir luego de esta escena? —preguntó Kagura, sin percatarse de que Sesshomaru hacía rato que no le estaba prestando atención. El sonido de la nueva canción de Kagome podía escucharse desde el living de su casa y le gustaba. Era una buena canción, a pesar de que Kagome no podía cantar bien. Seguramente en voz de alguna cantante profesional sería un éxito, ella era muy talentosa. El ritmo era lento, suave y sonaba triste, muy triste—. ¿Sesshomaru? —llamó otra vez la chica.
—¡Shht! —señaló con el dedo, y se relajó en el sofá para escuchar la melodía.
Escuchar música, leer un libro
Ver películas, conocer gente… es divertido
Es curioso, pero aún estoy pensando en las cosas
Que debí hacer cuando me dejaste…
Tú no eres el que me estaba haciendo daño
En todas esas incontables veces.
Siempre fui yo, buscando tu luz.
—Me gustas, Sesshomaru…
Silencio.
El peliplata sólo atinó a bajar la cabeza. Kagome no se debilitó ante este gesto de rechazo. —Mientras más lo pienso, más me doy cuenta de que nunca ha habido un momento en el que no me gustes, ni siquiera una sola vez… —Lo observó directamente a los ojos—. Estoy cansada y es muy difícil para mí no saber nunca lo que sientes. Aún así me gustas… Debo estar loca, ¿no es así? —Dejó el licor sobre la mesa y lo observó profundamente.
Todo se había vuelto difícil después de esa confesión. Suspiró, el asunto con Sesshomaru era muy complicado, Sango tenía razón. Su débil canto se interrumpió cuando descubrió que Sesshomaru estaba en el umbral de su puerta, iba a detenerse pero él la animó para que continuara. Se sentó sobre una mesa cercana y la observó en silencio.
Todo lo que no te pude decir, por eso…
No creo que alguien más pueda entenderlo
Realmente extraño abrazarte
No hay otra persona
No hay otro lugar en este mundo
Donde pueda descansar mi corazón…
Kagome terminó de cantar y lo observó acusadoramente. —¿Por qué haces esto? Interrumpes mi trabajo.
—¿Por qué? La canción es buena, quería escucharla.
—¿Despertaste hace poco o simplemente no dormiste con lo de Sango?
—No dormí, no me gusta dormir poco así que preferí pasar de largo; además debo ir más tarde a la biblioteca. ¿Quieres ir conmigo? —Sonrió seductoramente—. Pasamos a desayunar algo delicioso…
—¿Debería ir? —rió.
Luego de dejar a Sesshomaru en la entrada y perderse entre los pasillos buscando un buen libro para llevarle a Sango al Hospital y ayudarla a ocupar la mente en otra cosa, finalmente decidió regresar por el peliplata. Lo encontró en la sección de Literatura, muy concentrado y revisando casi todos los libros. Los abría, leía la primera página, la contratapa y luego los dejaba. Él no se había percatado de su presencia, siempre se metía de lleno en el trabajo. Lo observó de perfil, era tan imponente, tan incomprensible, tan misterioso. Su corazón latió a mil por hora y se lamentó por ello. Lo amaba más de lo que había planeado amar a un hombre en toda su vida, y estaba perdida.
Todos sus sentimientos se habían abierto hacia él con un simple beso, y por más que pretendía que no era así, se engañaba a sí misma. ¿Cómo no estar confundida, si a veces sentía que él podía hacerla tocar las nubes con las manos y otras la hacía caer desde el cielo hasta lo más profundo del infierno?
Recordó que él había maullado la mañana siguiente después de la confesión, tal y como ella solía hacerlo cuando estaban en una relación seria y llena de amor. ¿Esa era su respuesta? No lo sabía, pero podía sentirlo a través de las acciones del peliplata. Era imposible que él no la quisiera, se había comportado amable y dulce desde ese día. Él había aceptado sus sentimientos…
Y así, la séptima vez con Sesshomaru Taisho había comenzado, una vez en la que no había palabras de amor porque sencillamente ya no eran necesarias.
—Es un hombre que nunca ha sido capaz de decir "te amo". Yo misma escuché las palabras "te quiero" sólo dos veces en mi vida. Una vez fue durante nuestro primer beso, y la otra fue un día que estaba borracho —comentó Kagome despreocupadamente sobre la cama de Sango en el Hospital. Luego de la biblioteca, había dirigido el auto de Sesshomaru hasta su amiga. Ya no estaban peleadas.
—Recuerdo esa vez, dijiste que no te gustaba que fuera así y que era sumamente incómodo… —rememoró Sango, intentando no moverse demasiado.
La luz blanca de la mañana inundaba toda la sobria habitación. Rin no se había aparecido en toda la mañana, al parecer aún estaba enojada.
—Tú siempre dices que entendemos el corazón de un hombre a través de sus acciones, no de su palabra.
—Sí, pero para la mayoría las palabras son más importantes que las acciones… Es más, con Sesshomaru no puedes saberlo ni por palabras ni por acciones… —replicó la castaña, no quería que su amiga saliera lastimada otra vez y por el mismo hombre de siempre—. ¡Ay, me duele! —se quejó, y se llevó la mano a la cabeza.
Kagome descubrió que Rin había abierto la puerta para espiar y ver si todo estaba bien. —¿Me esperas un momento? —se adelantó y corrió fuera de la sala. Sango la observó sin entender.
—¿Viniste? ¿Ya no estás enojada? —preguntó a la morena.
—Pensé que debíamos resolver este problema antes del viaje, además… creo que fui demasiado dura con ella.
Kagome la apartó hacia un lado y le habló en el oído. —Escucha, Rin… no le digas a Sango que lo sientes, ¿está bien?
—¿Por qué?
La azabache sonrió, le demostraría a Sango que tenía razón. Jaló a la chica hasta adentro y se sentó sobre la cama igual que antes. —Rin empacó el almuerzo para ti… —anunció.
La pelinegra, avergonzada, le extendió un paquete. Sango sonrió. —¿Puedes creer que la tacaña de Kagome sólo me trajo un café?
Rin rio y abrió los recipientes con comida que había preparado. —¡Se ve delicioso! —chillaron ambas al unísono.
—¿Qué hay de Miroku? —habló tímidamente la pelinegra, mientras se sentaba al lado de Sango y la ayudaba a comer.
—Él está mejor que yo… salió a una reunión con unos inversionistas.
—Sango, ¿te das cuenta? Rin no te ha pedido disculpas, pero tú sabes que está arrepentida. Lo has sabido porque te trajo el almuerzo.
Obviamente, la morena no entendió. —¿De qué estás hablando?
La castaña no pudo más que carcajear, su amiga tenía razón. Las palabras no habían sido necesarias para volver a ser amigas con Rin.
—De mí y de Sesshomaru. Le demuestro que nuestro amor está más allá de lo verbal.
—¿Qué, empezaron a salir otra vez?
—Sí… —suspiró la azabache tímidamente.
Sango lo reprobó. —¿No te vas a detener? Vas a ser lastimada otra vez por ese hombre si sigues actuando de esa manera —advirtió.
Kagome le restó importancia con la mano y le robó una pieza de Sushi del recipiente. Rin suspiró, y prefirió cambiar de tema antes de que Kagome y Sango comenzaran a discutir nuevamente.
—¿Estarás bien para el viaje? —preguntó a la castaña.
—En realidad no es tan grave, no le den tanta importancia. Sólo debo tener cuidado con mis costillas ya, saben… no hacer movimientos bruscos ni tener sexo violento —bromeó. Rin enrojeció al instante, provocando las burlas de sus amigas.
Ella tartamudeó. —No es eso, es que…
—¡Hey! Sango no estaría mal aunque el cielo se cayera sobre ella… —exageró Kagome, robándose otra pieza de sushi.
—Supongo que no lo han visto todavía… —habló temerosa, entonces abrió su cartera y les mostró el periódico de ese día.
En la portada había una fotografía de Sango con un hombre misterioso que no se alcanzaba a distinguir y el titular hablaba sobre la infidelidad de una de las parejas más emblemáticas del país.
—Según el informe de policía, Sango Takeda estaba en el asiento del conductor, mientras que el hombre misterioso estaba en el del copiloto. En el Hospital y en la Estación de Policía se niegan a revelar la identidad del pasajero desconocido, por lo que las sospechas e intrigas sobre esta pareja van en aumento… —Leyó Kagura en el sofá de Sesshomaru—. ¿Quién es? Kagome es amiga de Sango Takeda y fuiste al Hospital ayer. ¿Pudiste descubrirlo?
En casa, el peliplata no parecía interesado, aunque podía adivinar que Kagome y sus amigas tendrían momentos muy difíciles gracias a la impertinencia de Sango.
—Debido a este accidente, el rumor sobre los problemas matrimoniales de la pareja se están discutiendo en línea. El locutor radial y televisivo Naraku Nomura terminó su programa en vivo esta mañana sin dar ninguna entrevista sobre el adulterio de su esposa —terminó de decir la periodista en la TV, estaba afuera de ese mismo hospital.
Sango apagó el aparato furiosa. Rin quiso ayudarla, sin darse cuenta de que eso no era necesario. Ella estaba enojada, sí, pero eso no la haría caer, ¡antes muerta! —Kagome, ¿viniste en carro?
—Así es… en el auto de Sesshomaru.
—¿Harán los trámites del alta por mí, verdad?
Kagome ayudó a Sango a escapar y la llevó hasta su lujosa casa en el barrio adinerado de la ciudad. Era una mansión moderna, tanto que para entrar había que insertar una clave, la cual obviamente no funcionó. El bastardo de Naraku se había encargado de dejarla completamente en la calle, ¿qué era lo que quería? Probablemente él aún no había jugado todas sus cartas y quedaba mucho por descubrir.
—¿No puedes sólo llamar al cerrajero? —propuso Kagome, restándole importancia.
—No puedo, el rumor crecerá…
No tuvo más opción que llevarla a su casa, al menos ahí podría estar tranquila y descansar de la estresante situación.
Mientras tanto, Rin estaba teniendo problemas con Onigumo otra vez, pero no quiso hacer un escándalo dándole una patada en el trasero frente a todos porque estaban en la cafetería del cine, y sus colegas empezarían a comentar sobre ello. Decidió escuchar todas las sandeces que tenía que decir.
—Con la situación de Sango, no creo que sea bueno que seas su amiga… ¿Qué vas a hacer al respecto?
—Sango es inocente, fue ahí por trabajo. Todo es un mal entendido, es porque es famosa, por eso especulan sobre ella.
—¿Quién creerá que fue ahí por trabajo? ¡Es una ciudad motel! Creo que es mejor dejar de ver a Sango. Sólo dile a mi madre que la entrevista fue esporádica y que no son grandes amigas, sino conocidas.
—Sango ha sido mi amiga por más de veinte años —declaró segura de sí misma. Si le daban a elegir entre Onigumo y Sango, ¡mil veces escogía a Sango!
—Rin… —insistió él—. El fin de semana es el cumpleaños de mi madre… Como no eres una mujer acomodada le mostré la revista para que te aprobara. Pero ahora ella quiere morir, ¡no estoy seguro de que te acepte como su nuera!
Antes de que terminara de hablar, golpeó la mesa intentando imponer su voluntad. No podía creerlo, ¿Cómo había estado enamorada durante seis meses de ese sujeto? Era un verdadero idiota, necesitaba botarlo cuanto antes.
Iba de regreso a su oficina cuando divisó al Gerente de la Sucursal, el Sr. Kohaku. Molesta, decidió recordarle que estaría ausente una semana.
—Señor Kohaku, ¿sabe que me voy de vacaciones a partir de mañana?
—¿Cómo puede seguir saliendo con ese hombre? —preguntó él, sin dejar de caminar y sin voltear en absoluto.
—¿Qué? —Se detuvo Rin, y lo obligó a darle la cara.
—No salga con él, es un tipo que no vale la pena. Será miserable por el resto de su vida…
Rin no daba crédito a lo que sus oídos escuchaban. ¿Él se estaba metiendo en su vida privada otra vez? Debía mantener la distancia, oh sí. No le gustaba para nada que ese sujeto insistiera en preocuparse por ella. —Es usted realmente muy curioso, pero le informo que mi vida personal es sólo de mi incumbencia. —Le dio la espalda y caminó hacia el ascensor.
—Entonces no lo deje venir hasta acá, ni responda sus llamadas en horario de oficina. Si sigue siendo amable con él seguirá viniendo aquí.
—¿Por qué le importa mi vida amorosa?
—Es porque estoy preocupado… sólo eso.
—Para su información, puedo cuidar de mí misma —dijo esto al tiempo que su tacón se doblaba hacia la derecha y su cuerpo iniciaba una rápida carrera hasta el piso.
Caída que por cierto, fue detenida cual cliché por el Gerente. La tomó por la cintura y la ayudó a enderezar su frágil contextura. Rin lo observó sin poder atinar a decir algo.
—Sólo digo que no debería volver a verse con él, es todo —tartamudeó el hombre, observando su rostro a corta distancia.
La morena recuperó la compostura y caminó el resto del trayecto hasta el elevador con el corazón sobresaltado.
¿Qué había sido eso?
II
Sango volvió a marcar el teléfono de Naraku sin obtener respuesta. El maldito estaba fuera del área de cobertura, seguramente se había deshecho de su teléfono celular.
Gruñó desesperada y lanzó el aparato al sofá. Sesshomaru la ayudó a sentarse para que se relajara, estaba demasiado agitada.
—Toma ésto y relájate… —aconsejó Kagome, dándole un café humeante. Se sentó en el sofá del frente y la observó. Nunca había visto a su amiga en ese estado de desesperación.
—Es que es muy raro… El día del accidente alguien me seguía y luego los periodistas se precipitaron al Hospital, como si lo hubieran sabido de antemano.
—¿Estás segura de que Naraku no sabía sobre ti y Miroku? —Kagome y Sango lo miraron nerviosas.
La aludida bajó el rostro. —Parece que sí lo sabía…
—¡Dijiste que nunca lo descubriría! ¡Te advertí que tuvieras cuidado! —se desesperó la azabache, no podía creer que Naraku hubiera sido capaz de semejante calamidad. Él no parecía ese tipo de hombre… Sesshomaru le hizo un gesto para que bajara las revoluciones de su voz.
—¿Cuándo es la próxima vez que sale al aire? Iré a encontrarme con él —determinó el peliplata.
—A hacer qué…
—Sólo él puede detener la siguiente publicación.
Kagome lo pensó también. —Además él también sale perjudicado con todo esto… Vamos Sango, deja que Sesshomaru hable con él, sino tú serás la más perjudicada.
No estaba segura. La castaña, investida con numerosos vendajes y una incómoda prótesis suspiró. No quería involucrar a sus amigos en sus problemas, ya ella misma había sido lo suficientemente dañada, no quería causarles problemas.
Rin entró sin saber cómo evitar la situación, los periodistas comenzaban a amontonarse fuera de la casa, ¿cómo habían descubierto que Sango estaba ahí? Corrió hasta la casa la puerta de su amiga.
—¡Los periodistas están afuera! —vociferó cerrando la puerta tras de sí.
—¿Cómo descubrieron que estábamos aquí? —pregunto la azabache, confundida.
La morena se sentó al lado de Kagome y empatizó con Sango. Sesshomaru intervino. —Dijeron en la revista que han sido las mejores amigas por más de veinte años, es natural que hubieran encontrado la casa de Kagome, ya que ella también es conocida en el medio de la música.
Kagome iba a protestar cuando el celular de Sango sonó. Ella miró dubitativa a todos y finalmente decidió contestar, era Naraku Nomura. Las chicas le dieron ánimos silenciosamente y con gestos exagerados.
—¿Sí? Soy yo… —contestó fríamente.
—¿Soy yo? ¿Cómo es que puedes ser tan altanera después de todo lo que ha pasado?
—Sólo dime qué es lo que estás planeando…
—¿Por qué tengo que decírtelo? Ya no eres mi esposa.
—¿Cómo que no? Aún estamos casados.
—Yo ya encontré mi propio camino en la vida, te recomiendo que hagas lo mismo. Nos vemos en el Tribunal.
Sango no supo qué responder, no podía creerlo. Se sintió una idiota por haber creído en ese hombre y pensar que sacaría algún provecho de él. Iba a lanzarle unos improperios cuando él cortó la llamada.
—¿¡Qué dijo?! —se abalanzaron Kagome y Rin, ansiosas.
Sesshomaru prendió el televisor sospechando que algo andaba mal. Esa llamada era muy extraña. Buscó el canal de prensa y entonces lo encontró. Los periodistas corrían tras Naraku, quien lloraba silenciosamente en pantalla.
—¿Es verdad que su esposa fue infiel con otro hombre? ¿Su esposa tenía un novio desde hacía tiempo? —interrogaban persistentemente.
Naraku se secó las lágrimas con un pañuelo y finalmente habló. —No vuelvan a decir esas cosas de mi esposa, ella no es esa clase de mujer.
Kagome, Rin y Sango se miraron sin comprender. Él continuó. —Ella amaba a ese hombre sinceramente…
Ahí estaba, confirmando todo de una manera patética, en la cual él quedaba como una víctima inocente.
—¡Ese bastardo, está loco! —exclamó Kagome indignada.
—La palabra adulterio es muy fuerte para mí. Estoy muy herido, cualquier hombre lo estaría al enterarse que su esposa ama a otro hombre.
—¿Es cierto que ella confesó que lo engañaba directamente? ¿Va a demandarla? —siguieron los periodistas.
Naraku exhaló dificultosamente, realmente se veía lastimero. —No, no podría hacerle ninguna clase de daño. Yo… aún la amo demasiado. —Acto seguido, comenzó a llorar en el estudio. Sango rasguñó el sofá con las uñas de tanto coraje—. Le deseo a Sango y a ese hombre un futuro feliz, sinceramente. Eso es todo.
—¡Bastardo malnacido! —chillaron Rin y Kag al mismo tiempo, completamente sincronizadas.
—¿Acaso fuiste la única engañada? ¡Él también te engañaba! ¿Cómo puede hacer eso? —continuó Kagome.
—Kagome, cálmate… —aconsejó Sesshomaru, mientras sonaba el timbre de la casa de la azabache. No era bueno entrar en pánico en un momento como ese, en el cual todo podía malinterpretarse. La dignidad de Sango estaba en juego, y en una sociedad machista y conservadora, era un asunto muy importante.
—Son los periodistas, tenemos que salir de aquí… —informó el peliplata, levantándose del sillón y marchándose a su habitación en busca de sus documentos para conducir.
Kagome salió de la casa cubriendo a Sango con un sombrero enorme y unas bufandas de invierno. La ayudó a caminar hasta afuera, evitando a los periodistas que estaban dispuestos a hacer lo que fuera por conseguir el testimonio de la modelo y se plantó en medio de la calle.
Entonces, una periodista enloquecida, jaló del sombrero de la chica y descubrió que todo había sido un engaño. ¡No era Sango, era su mejor amiga Rin Susuhara!
—Lo siento… —se disculpó la morena tímidamente.
Kagome carcajeó. ¡Sí, lo habían logrado! Sesshomaru ya iba media cuadra adelante en el auto junto a Sango, y los periodistas corrían desesperados tras el carro. Seguramente los perdería en poco tiempo y pasaría por ellas en un café cercano.
—Eso fue fácil, ¿no lo crees? —se burló la azabache.
Unas horas más tarde, iban los cuatro en el auto sin saber a dónde ir. No sabían si buscar un Hotel o si regresar por fin a casa, ya que seguramente los periodistas seguían plantados en la puerta esperando que regresaran.
—¿Qué haremos? ¿Deberíamos cancelar el viaje? Debemos abordar mañana, quizás no sea buena idea ir… —pensó Rin en voz alta.
—Creo que deberíamos ir de todos modos. Es la mejor forma de desaparecer y ganar tiempo hasta que el escándalo acabe. ¿Qué opinan? —sugirió Kagome—. ¡Ah, los pasaportes!
—Rin, ¿dónde está tu pasaporte? —interrogó el peliplata.
—En casa, también tengo todo empacado.
—¿Sango?
—En la oficina, gracias al Cielo.
Bien, irse de viaje sería sencillo. Lo mejor era dormir en un Hotel y abordar al día siguiente por la mañana. De repente, el característico tono del celular de la morena empezó a sonar.
—¡¿Qué hago?! ¡Es Onigumo!
Kagome, quien estaba en la parte trasera junto a ella la ignoró. —¿Qué quieres que haga? Es tu novio…
—Está furioso porque soy amiga de Sango…
Sango, en el asiento del copiloto bajó el rostro. No podía creer que la gente fuera tan severa en esos asuntos. Después de todo era su vida.
—Dame el teléfono… —ordenó Sesshomaru, mientras conducía tranquilamente al centro de la ciudad.
Rin se lo dio temerosa y Sesshomaru habló tranquilamente. —¿Hola? ¿Cómo que quien soy? Soy yo, el amante de Rin. Escuché que dijiste que hacerlo con ella es aburrido. Yo creo que es excelente, ¿por qué para ti no?
Sango rió y las chicas tuvieron que sostener sus mandíbulas de la impresión. ¡Sesshomaru estaba loco! Continuó. —Si te aburres es porque eres malo en ello, así que te daré un consejo sólo por lástima: Deja de ver pornografía y lee más, seguramente aprendas cómo complacer a una mujer.
¡Finalmente Rin se había deshecho de ese sujeto de una forma digna!
—¡Ohhh! —chillaron emocionadas las tres. Sesshomaru sí que sabía cómo defender a una chica. ¡Era tan guay!
A la mañana siguiente, llegaron dos horas antes al puerto para abordar el crucero Costa Victoria, que les daría un recorrido por todas las playas de Asia. Se reunieron con Kagura, quien se había encargado de buscar sus pasaportes y empacar la ropa de ambos a regañadientes. Ella les entregó las maletas curiosa, intentando averiguar más información sobre la supermodelo Sango Takeda, pero el peliplata no le dijo ni una palabra sobre ello.
—No olvides que debes alimentar a los perros… —repitió Sesshomaru—, y regar el jardín.
Kagome no cabía en felicidad. Se iría de vacaciones con sus amigas, pero por sobretodo se iba en un crucero con Sesshomaru, y Kagura no. No pudo más que mostrarse amable y ocultar la lástima por la no correspondida muchacha. —Gracias Kagura… —sonrió. Ella la observó dudosa, sin saber si creer en sus palabras, después de todo, ella había arruinado su declaración de amor.
—¿Hay algo que quieras? Lo traeré para ti, lo que sea —ofreció el peliplata, ante la absorta mirada de Kagome.
Ella lo pensó un poco y terminó pidiendo rocas. —¿Rocas? —murmuró confundido él.
—Así es, rocas. Las rocas no cambian ni desaparecen con el tiempo, todo lo demás sí, así que quiero que pienses en mí y escojas una roca que me guste.
¡No podía creerlo! ¿Por qué era tan amable con la chiquilla? Decidió que eso no le afectaría, así que la vio mover la boca y gesticular sin escuchar ninguna palabra de lo que decía.
—De acuerdo.
Y así, las vacaciones de Kagome, Sango y Rin comenzaron, aunque iban acompañadas de Sesshomaru, quien finalmente había logrado colarse en el viaje. De todas formas, lo agradecían sinceramente, ya que la situación con Sango era difícil, y si había alguien que podía protegerlas de las acusadoras miradas de las personas, ese era Sesshomaru Taisho.
El primer día recorrieron un total de tres destinos turísticos, deteniéndose a descansar sobre la arena. Ya en alta mar, la noche comenzaba llena de sorpresas. Sesshomaru terminó de arreglarse para la cena de esa noche, la cual era en los grandes comedores junto con toda la tripulación. Bajó hasta el camarote de las chicas y las encontró sobre el sofá, realmente complicadas.
—¿Nos vamos?
Sango dudó. —No es que no quiera salir, Sessh… es que no puedo.
Él exhaló largamente y se dirigió a Kagome y a Rin. —¿Quieren ir ustedes primero? Tengo algo que hablar con Sango.
—Ve tu solo, nosotras nos quedaremos con Sango —se opuso Kagome.
—No podemos dejarla sola… —explicó la morena.
—Vayan ustedes primero, yo la llevaré…
—¡No queremos! —exclamaron ambas, abrazándose a Sango como niñas pequeñas.
—Está bien… —suspiró él, y se sentó en el sofá de al lado—. Sango, te daré diez minutos para que digas todo lo que quieres decir. Luego de eso, saldremos de esta habitación pase lo que pase.
Sango no dijo nada.
—¿Te sientes molesta u ofendida? —inquirió él.
Ella negó con la cabeza. —No, estoy molesta conmigo misma por haber perdido la oportunidad de salir bien de ese matrimonio. Tampoco me siento ofendida, yo pensaba hacerle a Naraku lo mismo que él me hizo, sólo que él lo descubrió y usó mi propio plan en mi contra. Esa es la verdad…
—Naraku Nomura es basura, si hubieras actuado primero serías basura también —solucionó el peliplata tranquilamente—. Sabemos que tú no eres basura, ¿no es asi?
Kagome y Rin asintieron con una sonrisa. Sango se sintió más tranquila. —Si lo hubiera hecho… ustedes no me habrían perdonado jamás, ¿verdad?
—¡Claro que no! —respondió Kagome.
—Además sabíamos que no lo harías… —concilió Rin.
—¡Lo iba a hacer! —lloró Sango por primera vez en sus veinte años de amistad—. ¡Lo odiaba tanto que incluso lo hubiera matado!
Las chicas la observaron consternadas, no se habían dado cuenta de que su amiga era tan infeliz, a pesar de que siempre lucía como nueva.
—Él ya está en la ruina, sólo que no lo sabe… —intervino Sesshomaru—. Sólo piensa que es un miserable y olvídalo.
—¿Cómo podré poner mi cabeza en alto? Soy la ramera del país. ¿Creen que algún día podré levantarme otra vez?
—¡Por supuesto! —la animó la morena a su lado.
Kagome se aferró a su brazo. —Salvajemente, como siempre.
—Aunque será difícil, tus seres queridos y la compañía de zapatos sufrirán y te lastimarán hasta el cansancio; pero no es imposible, menos para ti. Definitivamente te levantarás en gloria y majestad otra vez —habló el peliplata.
Kagome y Rin se levantaron y la jalaron de las manos. —¡Vamos a comer! —invitó Kagome.
Sango se levantó pesadamente, aún le dolía el cuello sin la prótesis. Sesshomaru la ayudó a mantenerse y tomó su brazo en señal de apoyo. De repente, Kagome sintió un escalofrío, se detuvo en la puerta de salida y volteó hacia atrás. Rin desapareció entre los corredores.
—Sesshomaru, te creeré y saldré afuera sin dudas —agradeció la castaña a su manera.
—Muy bien, eso es lo que debes hacer.
Sango sonrió tímidamente, él también causaba estragos en ella.
—¿Ves? Te ves hermosa cuando sonríes. —Entonces, acarició su mejilla y sonrió también.
Sí, también se conocían desde hacía más de veinte años y había sido un participe indirecto de todas las historias de amor fallidas de las tres. Sin embargo, algo dolió en el corazón de Kagome. No es que tuviera celos de Sango, era sólo que había notado que Sesshomaru actuaba así con todas las mujeres.
Él no tenía sentimientos especiales por ella, sólo era su forma de ser.
Aquella expresión en sus ojos era la misma que usaba para mirarla a ella. Seguramente, si ella hubiera sido Sango en ese momento, habría malinterpretado sus sentimientos otra vez.
Oh, Dios…
Se apresuró para alcanzar a Rin antes de que ambos notaran su presencia.
—Se ven muy lindos juntos… —admitió la morena desde la mesa, en los comedores. Kagome jugueteó con un tenedor, ignorando a la chica. Seguramente Sesshomaru necesitaba a una mujer decidida y ruda como Sango, no a una chiquilla llorona como ella.
Cuando llegaron, entablaron una conversación simple y amena, recordando viejas anécdotas de la escuela. Sesshomaru estaba elegantísimo, Kagome lo observó de reojo durante toda la comida, pensando en la posibilidad de que ella y Sango estuvieran intercambiadas. Seguramente su amiga sabría lidiar con el carácter abrumador de Sesshomaru y lo tendría bajo control. Sí, Sango y Sesshomaru hacían una buena pareja, se complementaban exquisitamente. Dejó esas ideas fuera, Sango nunca le haría algo como eso, no después de haber amado al peliplata durante prácticamente toda su vida.
—No le creas nada a Sesshomaru, es un escritor… tiene mucha imaginación, siempre cuenta las historias exageradamente —se burló, restándole créditos al hombre a su lado.
—Sesshomaru… —expresó Sango despacio—. Creo que la gente sigue mirándome.
—¿Quién?
Kagome escuchó la determinación en su voz. Sin duda le encantaba comportarse como un superhéroe masculino, ultrasensual y magnánimo.
—A las nueve en punto…
Sesshomaru volteó en esa dirección y se encontró con una pareja de ancianos que miraban reiterativamente hacia ellos. Se levantó sin pensarlo y caminó hasta ellos. Antes de llegar, escuchó un conocido acento francés, por lo que cambió su estrategia.
—Excusez—moi, vous savez que la femme là—bas? (Disculpen, ¿conocen a esa mujer de allá?
Ellos negaron con la cabeza. —Nous n'avons jamais vu cette femme. (No, jamás la hemos visto)
—Désolé, je pense que j'ai confondu avec un autre ersonne (Disculpen, creo que los confundí con otra persona)
—Nous n'avons regardé parce que nous croyons que c'est une belle femme (Sólo mirábamos porque creemos que es una hermosa mujer).
—Bien, bon appétit (Bien, disfruten su comida).
De regreso, negó con la cabeza y Sango se tranquilizó. Ellos ni siquiera la conocían, de hecho, eran de un país muy lejano: Francia.
—¿Ves? No es lo que pensabas… —comentó el peliplata, sentándose nuevamente—. ¿Hay alguien más que te esté molestando?
Sango negó con un gesto aliviado.
—Comamos entonces —invitó a todas.
Si, si Kagome hubiera sido Sango ya se habría enamorado de él tres veces durante esa cena. Todo lo que hacía era tan especial para ella, seguramente habría creído que él la amaba desbordantemente. ¿Cómo había sido tan tonta? No se había percatado de eso durante todos esos años de amistad. Recordó que las chicas se lo habían advertido una tarde mientras hacían ejercicio en el parque… que él era sumamente seductor y que si no fuera el hombre de Kagome, ya se habrían abalanzado sobre él. Retuvo el aire un momento.
Si la persona que había escrito esa canción de amor, hubiera sido Rin. ¿Habría pasado lo mismo?
Si la persona que lo había acompañado a la biblioteca hubiera sido Sango. ¿Habría pasado lo mismo?
Si la persona a la cual le propuso pasar la noche juntos, hubiera sido otra mujer. ¿Habría pasado lo mismo?
Ese día se levantó temprano y sin poder sacarse de la cabeza ese pensamiento. Ella no era especial para Sesshomaru, era sólo alguien más. Lamentablemente, era la persona que tenía que convivir con su encanto y seducción todos los días, era imposible no caer ante él. Se sentó largo rato en el cine del crucero sin prestarle atención a la película, completamente sola.
Sesshomaru no había respondido a su confesión. Él había callado como siempre. ¿Era eso un rechazo? ¿Era un rechazo de veras? ¿Otra vez? Sintió su corazón temblar del miedo. Sus amigas afirmaban que Sesshomaru era especial, que su mirada era enloquecedora y que habían estado enamoradas de él también alguna vez.
Él no se había comportado de manera especial con ella.
Cuando la noche cayó sobre ellos, Sesshomaru arrimó los gatos de la mesa y esperó que Kagome saliera de su habitación. Ella, al verlos, lo escrutó confundida. ¿Por qué? ¡¿Por qué?! Él la observó seriamente.
—Esta noche… ¿quieres que la pasemos juntos?
No respondió. Quería, sí… hacer el amor por última vez. Sí existía la diferencia entre sexo y amor, y Sesshomaru lo sabía, siempre lo había sabido. Tomó su rostro suavemente, depositó un suave beso en la comisura de sus labios y se quedó ahí, sintiendo su tacto, sintiendo su calor y el delicioso olor del perfume de la avant premiere sobre su cuerpo.
¿¡Cómo se había podido engañar durante tanto tiempo!? No existía la frase Te amo porque no existía amor alguno. No era que Sesshomaru no expresara sus sentimientos, era sólo que no tenía sentimientos especiales por ella. Esa era su respuesta, la respuesta que tanto había esperado por tener y aún así no podía conformarse.
Debía haber otra.
Tenía que preguntarle a Sesshomaru. Debía saber si él la amaba o no, y debía ser en ese preciso momento. No podía soportarlo más.
Se levantó ágilmente y corrió hasta la habitación del peliplata, pero él no respondió. Luego de unos minutos esperando, Rin salió de la habitación de enfrente.
—¿Sabes a donde fue Sesshomaru?
—Dijo que iba a la piscina…
No había tiempo que perder, intentó llegar a la piscina sin correr como una desesperada y lo encontró nadando, completamente solo. Agradeció en silencio que los turistas no tuvieran ganas de nadar a esa hora.
Se sentó en la orilla, esperando que él regresara por ese lado e intentando encontrar las palabras correctas para preguntárselo. Al final, no las encontró, y él habló primero.
—¿Dónde está tu traje de baño? ¿No viniste a nadar?
—No, escuché que estabas aquí y…
Sesshomaru sonrió de medio lado, de una forma en que sólo él podía hacerlo, y la jalo de los muslos para sumergirla completamente en el agua. —Entonces báñate así…
—¡Hey! —chilló Kagome empapada y le lanzó agua en la cara.
Sesshomaru rió y la contraatacó más rudamente. La azabache no pudo más que cubrir sus ojos y esperar a que él terminara de mojarla. No podía jugar con él y disfrutarlo, no cuando acababa de descubrir la verdad.
Se salió de la piscina y caminó hasta la toalla de Sesshomaru goteando por todas partes. Sesshomaru notó que algo andaba mal con ella, así que la siguió para interrogarla. —¿Qué sucede? Desde ayer que estás así…
Kagome se preguntó entonces si ese era el momento para detenerse y no perder a Sesshomaru para siempre, pero por alguna razón decidió continuar. Ella jamás daba vuelta atrás. —No me respondiste… —largó—. Te dije que me enamoré una vez más de ti. ¿No me vas a responder? —Lo miró directamente a sus imperturbables ojos dorados. Por más que lo intentaba no podía adivinar qué estaba pensando él, aunque lo escrutara intensamente y le sostuviera la mirada hasta más no poder. ¿Por qué tenía que ser así?
Él no dijo nada, sólo se limitó a observarla.
—¿Por cuánto tiempo más vas a ser un cobarde? Siempre mantienes tu boca cerrada y me haces sentir sola. ¿Quieres que siga malentendiendo tus sentimientos por toda la eternidad?
Él bajó la mirada y tragó en seco.
Bien, no iba a responder. —Si no dices nada es porque es un rechazo, ¿no es así? Me estás rechazando…
Silencio.
—Te dije que estaba bien si me rechazabas, que prefería eso a tu silencio. ¿No puedes ser claro conmigo? No quiero malinterpretar las cosas y sentirme sola de todas formas.
Él volvió a mirarla sin abrir la boca.
—Sigues callado… —acusó Kagome—. ¿Sabes cuánto pueden aguantar la respiración los seres humanos? Pueden hacerlo por treinta y cinco segundos… pero yo puedo por cuarenta y cinco.
Él la observó sin comprender. Kagome caminó hasta la orilla de la piscina y se volteó a mirarlo más seria que nunca en toda su vida. —Voy a dar un clavado y no saldré del agua hasta que tengas una respuesta para mí…
Así sin más, se lanzó al agua.
No era cierto, podía estar en el agua sin respirar durante un minuto y a veces más, se había familiarizado con el metrónomo gracias a su profesión de compositora musical. Nadó hasta el otro lado y contó silenciosamente, intentando no llorar.
Cincuenta
Cincuenta y uno
Cincuenta y dos
Cincuenta y tres
Cincuenta y cuatro
Cincuenta y cinco
Se empezaba a quedar sin aliento… Cerró los ojos esperando lo peor, no quería salir y descubrir que Sesshomaru no la quería más. Iba a quedarse ahí para siempre cuando la falta de aire la obligó a emerger en contra su voluntad.
Su instinto de sobrevivencia fue más fuerte que las ganas de morir.
Caminó dificultosamente por el piso de arcilla y tomó el brazo de Sesshomaru, quien daba zancadas hasta la salida furioso. Iba a detenerlo cuando él se soltó de su agarre violentamente y volteó a verla con la expresión más colérica que había visto en su rostro en treinta y tres años.
—¡Por eso no te quiero! ¡Porque siempre actúas de esa forma! ¡¿Tienes que llegar siempre hasta el final?!
Kagome se quedó completamente de piedra, sin mover ni un sólo musculo de su cuerpo y sin poder entender lo que él decía.
—¡Si no digo nada entonces déjalo así! —continuó él, con voz áspera y exaltado, muy exaltado.
—Es porque eres indeciso, ¡porque me confundes y porque necesito saber!
—¡Es la primera vez desde que nací que me siento de esta forma! ¿Por qué no te respondo? ¡Porque puede que me equivoque, porque puede que te lastime! ¡Es porque no me gusta que salgas herida!
—¡Si salgo herida es mi problema! ¡Yo escojo la forma en la que vivo mi vida!
—Y también actúas como si fueras la mujer más genial del mundo, odio esa actitud… ¡Eres la mujer más difícil de entender en el mundo!
—¿Has conocido a todas las mujeres del mundo? —retó Kagome, levantando los talones para estar a su altura.
—¡¿Por qué tienes que hacer esto?! ¡¿Por qué tienes que empujarme siempre hasta el límite?!
—¡Es porque lo piensas demasiado! ¡¿Acaso no conoces tus propios sentimientos?! ¡¿Esto es algo que se pueda solucionar pensando?! ¡Los sentimientos no se piensan!
—Si sigues actuando de esta manera no tengo más opción que decírtelo: Yo no tengo pensado que regresemos.
Kagome sintió el tiempo y el espacio detenerse. Él lo decía seguro, él no dudaba, él no la quería.
—Yo no quiero regresar, lo decidí en el momento exacto en que saltaste al agua. ¡No volveremos! ¡Se acabaron los sentimientos entre nosotros!
Tic
Tac
Tic
Tac
Sintió el reloj de Sesshomaru en su chaqueta. —Bastardo… —musitó Kagome sin poder pensar una respuesta mejor.
Y lo volvería a decir una y otra vez luego de que él le diera la espalda y se marchara. Las lágrimas comenzaron a caer desoladamente por sus mejillas. No era verdad, no podía decir que era un bastardo sólo porque no la amaba. No corresponder a alguien era lo más normal del mundo y además había sido ella la que había movido el mar y el cielo en busca de esas palabras.
—¡Bastardo malo!
Quería ser amada como una mujer, pero no podía decirle eso; no podía seguir rogando, no quería seguir rogando. Esos eran sus verdaderos sentimientos. Levantó el rostro y miró a su alrededor con dignidad.
Al fin se había terminado.
CONTINUARÁ…
¿Y? ¡Al fin supimos los sentimientos de Sesshomaru! Ámenme, odienme, yo las(los) amo.
Publicación: 19/01/2014
