INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.


EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.


NOTA DE LA AUTORA:

HOLA! Les cuento que ya terminé mi tesis y que he comenzado a escribir nuevamente, así que espero actualizar más seguido. En el capítulo pasado recibí muchos reviews! Estoy muy contento, las que escriben comprenderán esa alegría enfermiza de tener reviews, jajaja. Muchas gracias por hacerme inmensamente feliz, les dejo un precioso y triste capítulo. Les adelanto que Kagome no llorará, sería muy dramático! jajaja

Agradecimientos especiales a las siguientes personas, por darse el tiempo de dejarme sus palabras!

María

Nadeshiko Miko

Mona 3

Marlene Vásquez

Lirio

Taijiya Sango Figueroa

Breen Martínez

José Okanami

JussandZuryHimura

Zury Himura

Elizabeth05

Sasunaka Doki

Johan Taisho

Simy-chan

Sery Taisho de Tetsuya

Bbkid

ía

Desirena


"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"

¡NECESITO UN ROMANCE!

Claudia Gazziero

CAPÍTULO 10

UN SECRETO ENTRE NOSOTROS

I

—¿No van a salir hoy? —cuestionó Sesshomaru examinando cada movimiento de Rin y descubriendo que ella no sabía todavía lo que había sucedido esa mañana entre Kagome y él.

—No lo hemos decidido aún. Yo llevaré a Sango al doctor dentro del crucero.

—¿Y Kagome?

La morena levantó los hombros sin saber mucho sobre su amiga. Ella no se había aparecido ni para almorzar ese día y temía que algo hubiera sucedido con el peliplata. Sólo él podía poner a Kagome de esa manera. —Está en su habitación, no bajará esta tarde.

—Entiendo. Cuida que coma algo, ¿está bien? —habló, completamente imperturbable, y salió de la sala con una maleta pequeña.

Kagome, que había estado escuchando todo desde el pasillo, se atrevió a salir para sentarse con su amiga y comer algo sin muchas ganas.

—Sesshomaru acaba de irse…

La azabache no respondió, tampoco quiso mirarla a los ojos porque sabía que se quebraría si lo hacía. Se limitó a coger una fruta y morderla con inapetencia. Sango, que había estado dormida hasta tarde a causa del dolor de sus costillas, se sentó a la mesa junto a ellas.

—¡Santo cielo, me duelen mucho las costillas! —exclamó abrazándose a sí misma. Iba a continuar quejándose cuando advirtió un rostro demasiado cargado de pesar sobre la mesa: Kagome. La miró atentamente, temiendo lo peor—. ¿Kagome? ¿Pasó algo?

Ella tardó en responder. —¿Nos podemos bajar en el siguiente puerto?

—¿Por qué? —Quisieron saber ambas chicas.

—Algo pasó ustedes, ¿verdad? Él también estaba actuando raro… —reflexionó Rin.

—Fui completamente rechazada por Sesshomaru esta mañana muy temprano —admitió la chica, mirándolas por fin.

Sango quiso estallar de rabia, sabía que eso sucedería tarde o temprano. Sesshomaru era una persona a la cual jamás podría llegar a entender, y Kagome era demasiado sensible para él. Ella estaba perdiendo toda su energía a su lado. Necesitaban detenerse, antes de salir realmente lastimados. Pero, ¿cómo hacerle entender a Kagome? Suspiró, ¿por qué el amor tenía que ser tan complicado?

Necesitaban salir, pasear, y que Kagome despejara un poco su mente y su corazón, así que fueron de compras. Más tarde, a plena tarde y bajo la Luz del Sol, las tres se sentaron en un café a la orilla del mar. La azabache no había dicho mucho desde aquella frase, y ellas no habían querido profundizar en el tema, por temor a que ella aún no se hubiera repuesto.

Sin embargo, luego de un largo e incómodo silencio, su paciencia se acabó. —Entonces, ¿qué te dijo? —inquirió Sango, dispuesta a recabar cada detalle.

—Que no me quiere —solucionó Kagome, como si aquello fuera lo más normal del mundo.

—Entonces era cierto… sólo quería que fueran amigos con beneficio —murmuró Rin, apenada.

—No lo sé… Sesshomaru no es así tampoco. Es frío, idiota, pero no un mujeriego. ¿Por qué le preguntaste? Hubiera sido mejor quedarse como amigos con derechos.

—¡Eso no está bien! Tenemos treinta y tres, ya no somos adolescentes —repuso la morena apasionadamente.

Kagome resopló. —Qué patético…

—Yo terminaré con Onigumo pronto, así que las tres estaremos disponibles. ¡Celebremos con la cabeza en alto! —brindó Rin.

—¿No me puedes consolar con otra cosa?

Sango intentó otra estrategia. —¿Quieres intercambiar tu vida conmigo?

Kagome rio. Sí, había cosas peores; era una idiota por no pensar en cuánto estaba sufriendo su amiga. —Lo siento, pero no tomaré tu oferta…

Las tres rieron. —Aún hay algo bueno en mi vida, Kagome…

—¿Qué es? —Quiso saber Rin.

—¡Que mi vida de casada al fin se terminó!

—Es cierto, ¡felicidades! —Brindaron las tres en la cubierta del barco.

Sí, definitivamente se sentía mejor. Si lo pensaba detenidamente, había sido bueno que Sesshomaru la rechazara, al menos sabía sus sentimientos verdaderos. La gran duda por fin había terminado, era libre de ser, de amar y de vivir.

Luego del café las tres fueron a dar un paseo por el crucero, recorriendo tiendas, salones y espacios abiertos; era tan grande que era imposible conocerlo todo, pero al menos lo intentarían. De repente, Sango se quedó pegada viendo los zapatos de una mujer que pasó junto a ellas.

—Esos… son mis tacones —jadeó. Las tres se voltearon a ver a la chica, era evidentemente anglosajona—. ¡Son los zapatos que hice el año pasado! Mis zapatos… están circulando por el mundo.

Kagome y Rin la animaron a que fuera con la muchacha. También estaban muy emocionadas, su amiga ponía mucho esfuerzo en ello, y probablemente, su trabajo podía ser la única cosa que les regresara a su antigua amiga.

La castaña corrió y llamó la atención de la rubia. —¿Excuse me? ¿Where are you from? (Disculpa, ¿de dónde eres?) —preguntó nerviosa.

—I am from New York. (Soy de Nueva York)

—Wow, nice shoes! (¡Qué increíbles zapatos!)

—Oh, thanks! My best friend sent them to my for my Birthday. She is from Asia.

(¡Oh, gracias! Mi mejor amiga me las envió para mi cumpleaños. Ella es de Asia)

Sango no pudo evitar decirselo. —I designed these shoes… (Yo diseñé esos zapatos…)

—Seriously? (¿En serio?) —exclamó la muchacha.

—Yeah, do you like them? (Así es, ¿te gustan?)

—Of course I do! When I wear them I feel sexy and attractive… (¡Por supuesto que sí! Cuando los uso me siento sexy y atractiva)

—All my desings project confidence and confort… (Todos mis diseños proyectan confianza y confort.)

—These are amazing shoes, you must be proud! (Son unos zapatos maravillosos, deberías estar orgullosa)

—Thanks you very much! Hope you enjoy your trip! (¡Muchísimas gracias! Espero que disfrutes tu viaje…)

La chica extranjera se despidió de un abrazo y Sango regresó con una evidente energía extra recorriendo sus venas. —¡Dice que debería estar orgullosa, creé buenos zapatos!

—¡Wooooow! —celebraron Kagome y Rin abrazándola fervientemente y saltando como quinceañeras—. ¡Tú cara se iluminó!

Sango extendió los brazos y las invitó a regresar, ya que comenzaba a anochecer. La muchacha tenía razón, había creado confianza, sus diseños eran para mujeres seguras de sí mismas. Se sentía sexy y atractiva, y quizás sólo necesitaba empezar otra vez. Nada era imposible en la vida, y estaba segura de que con la ayuda de sus amigas no tardaría mucho. Ellas tres siempre habían estado juntas en los momentos difíciles, sobre todo cuando alguien les rompía el corazón y volvía su vida color de hormiga.

De repente, la sonrisa se borró del rostro de Kagome con sólo ver a Sesshomaru Taisho aparecer frente a las tres. —Tengo que comprar un perfume, ¿me acompañas, Rin? —mintió Sango. Kagome necesitaba decirle unas cuantas verdades al peliplata, y hacerlo bajo el ocaso era bastante simbólico. Esperaba que su amiga supiera qué hacer. Así, ambas se perdieron en los corredores del barco.

En la cubierta, Kagome se revolvió incómoda, intentando que su cabello no volara por los aires a causa del viento nocturno que comenzaba a soplar. Luego de unos segundos de incómodo silencio y de dedicarle una mirada completamente indescriptible, Sesshomaru se atrevió a romper el hielo. —¿Comiste bien?

—¿Quién se preocupa por quién? Preocúpate de ti mismo, Taisho. No necesito que te preocupes por mí luego de haberme rechazado… Ni siquiera te das cuenta de lo que te pierdes, idiota.

Qué mujer más franca, pensó Sesshomaru. —¿Qué es lo que me pierdo? —rio sin una pizca de ironía.

Kagome quiso empujarlo al agua. ¿Cómo podía ser fingir que nada había pasado? Detestaba verlo siempre tan tranquilo. —Te vas a arrepentir, Sesshomaru Taisho.

—Me gusta que tengas confianza en ti misma…

—No te burles, si lo haces otra vez te mataré. —sentenció. Al irse, lo golpeó con el hombro y caminó erguida hasta el corredor.

Sí, cuando él se diera cuenta de que acababa de perderse a la única mujer que lo amaba sinceramente incluso siendo un idiota, se arrepentiría. Entonces, sería demasiado tarde. Ella no estaría cuando él regresara lloriqueando a sus pies.

Sesshomaru rió durante largos segundos. Le encantaba verla enojada, y era bastante gracioso cuando ella lo amenazaba. Miró su reloj y se dio cuenta de que ya estaban tarde para el baile de aquella noche, el cual era una tradición a bordo. Al menos, por una noche, quería relajarse y dejar de pensar en su complicada relación con Kagome, y disfrutar de su vida con ella. Una vida que no necesitaba llevar calificativos.

II

Kagome, Rin y Sango caminaron hasta el gran comedor como tres mujeres solteras, sensuales y hambrientas de sexo y poder; totalmente dispuestas a destacar en el crucero por su belleza y sencillez. Sango y Rin vestían un entallado vestido negro y largo, que destacaba sus figuras a la perfección; mientras Kagome vestía en su despecho, un sexy vestido rojo brillante y ceñido al cuerpo, y que exageraba todos sus atributos y la hacía verse mucho más mujer de lo que a la luz parecía.

Sin embargo, a pesar de verse como una diosa de la pasión, se sentía como una esclava del desamor. Sesshomaru iba tras ellas, vestido en ese masculino frac negro, y Kagome se repetía una y otra vez que no debía voltear atrás. Hacerlo era como retroceder, y ella quería avanzar, necesitaba dejarlo y mantenerlo atrás.

Durante la velada, Kagome intentó no pensar en lo que había sucedido a penas esa mañana, aunque se preguntaba una y otra vez en qué momento todo había cambiado, por qué él había dejado de quererla, y por qué lo ansiaba aunque supiera que ya no podía tenerlo más. No podía dejar de pensar en eso, lo pensaba una vez, dos, tres y luego lo repasaba la misma cantidad de veces. Lo hacía mientras cenaba, mientras bailaba con otros hombres y mientras lo veía a él, silenciosa y solitariamente sentado en una de las mesas con su libreta negra y su pluma escribiendo poesía. ¡Odiaba cuando le daba por escribir versos! Se ensimismaba y luego ya no había espacio para ella. Bien, tampoco es que hubiera habido mucho tiempo para ella en la vida de Sesshomaru antes.

Bailó más de cinco piezas con un alemán, que hablaba grave y ronco en su oreja, inentendible, al igual que él. Mientras sus pies se movían al ritmo de un elegante vals, y su cuerpo giraba y danzaba en brazos de otro chico europeo, sus ojos siguieron sin poder despegarse de esa libreta negra que tanta curiosidad y miedo le causaba. ¿Qué escribía? ¿Por qué siempre que peleaban se ponía a escribir ahí? Tragó saliva con terror, negándose ante la posibilidad de que en esa libreta estuvieran enumerados todos sus defectos, y todas las peleas que habían tenido en el pasado. Luego de la última riña, seguramente él algo nuevo que plasmar en el papel sobre ella: su sofocante afán por llevarlo al límite una y otra vez, su incapacidad para esperar y su necesidad eterna y exasperante de escuchar los sentimientos traducidos a palabras de amor.

Mal nacido.

Por alguna razón, pensó en Inuyasha y en lo que él había dicho sobre el amor. Recordó a Inuyasha y a la mujer que le había enseñado a ese dulce peliplata a llegar hasta el final siempre. Él quería llegar hasta el final con esa mujer, aunque decía no tener posibilidades. Era persistente y estaba segura de que lograría que aquella chica se interesara en él. Ellos tendrían un final feliz, no había duda de eso.

Pero, ¿era ese el final para ella y Sesshomaru?

¿Cómo podían terminar así, después de todos años y una vida viviendo juntos?

Nunca podrían ser sólo compañeros de casa, era una locura. Hubiera esperado al menos una sencilla y simple amistad con el hombre al que había dedicado y regalado toda su juventud. No podía conformarse, muy a su pesar, ese no era el final que Kagome Higurashi quería.

El final con Sesshomaru llegaría cuando ella así lo decidiera, no antes, no después. Cuando ella quisiera.

Suspiró con temor ante su nueva resolución. No podía rendirse tan fácilmente, al menos no después de haberlo esperado durante quince años. Si no había futuro para ella y él, entonces quería estar segura de dejarlo atrás y comenzar de nuevo, y en ese momento no lo estaba.

Sesshomaru sabía que ella lo estaba mirando en cada vuelta, pero no podía corresponder a su mirada. Ella no lo necesitaba, ella merecía un hombre mejor que él, un hombre que pudiera amarla y darle todo lo que quería. No hab+ia verdad más dolorosa e hiriente que esa para él. Con un nudo en la garganta, escribió sin corregir en su libreta. No había rimas, no había poesías. La tristeza sonaba mal en todas partes, era imposible adornarla con palabras condescendientes.

Hoy me empujaste de nuevo hasta el límite.

Odio que lo hagas, no sé qué hacer para que dejes de hacerlo.

Aún así, me encanta la pasión en tus palabras,

Y ese sentimiento eterno y profundo que me profesas.

¿Cómo puedo rechazarte así?

¿Cómo explicarte que no puedo?

¿Cómo decirte que lamento herirte?

Siento que el verdadero final nos caerá encima muy pronto

Y cuando ese momento llegue…

¿Me comprenderás? ¿Me odiarás?

¿Qué pasará con nosotros?

¿Qué demonios pasará conmigo sin ti?

—¿Quieres bailar? —lo invitó la chica de ojos avellana, tendiéndole la mano. Sesshomaru la observó desde su altura, pocas veces veía a Kagome desde esa perspectiva, y se veía realmente hermosa, sobretodo envestida en ese hilarante vestido rojo. Dejó la pluma sobre la mesa, cerró la libreta y la guardó en su saco, sin embargo, rechazó su invitación.

Bailar no era una buena idea para ellos.

Kagome esperó largos segundos a que él se levantara y saliera a la pista con ella, dándose por enterada de su rechazo. Aun así, dejo su invitación abierta, podía ser una mujer muy persistente si se lo proponía. Ella saldría vencedora en esa lucha de sentimientos omitidos, ya había tomado una decisión, aunque a él no le gustara. Estaba dolida, sí. Triste, decepcionada, herida, pero todavía lo amaba, y luchar contra eso significaba lastimarse aún más.

Kagome Higurashi estaba enamorada de él, y no había nada que pudiera menguar ese sentimiento en su corazón, ni siquiera sus palabras mordaces sobre el desamor y sobre el fin. El sentimiento estaba ahí, era fuerte, abrumador y se había mantenido ahí durante toda su vida, consumiéndola. No podía decirle que se fuera de la noche a la mañana, él había demostrado ignorar cada una de sus peticiones sobre olvidarlo y empezar otra vez.

No importaba si el mundo la juzgaba, o si sus amigas no la comprendían. Para ella no era perderlo todo por un hombre, sino intentarlo todo por él, y agotar hasta el último recurso. Sólo cuando no quedaran más opciones ella se daría por vencida, completamente sin arrepentimientos. Las palabras "podría haberlo intentado aquella vez" jamás saldrían de su boca mientras pudiera evitarlo.

Además, Sesshomaru no tenía una mujer, ni tampoco planes para marcharse y hacer una vida lejos de ella. Él estaba libre, siempre había estado disponible para ella, y a pesar de no estar juntos, el jamás había llevado a otra mujer.

Sesshomaru bajó el rostro, lamentando el tener que rechazarla una vez más, pero para su alivio un pequeño niño norteamericano tomó la mano de la chica y se la llevó de regreso a la pista. Bailaron cuanta pieza pudieron, saltaron y jugaron felices. Ella reía y reía junto a sus amigas, se veía hermosa junto a ese chiquillo. Sin duda ella sería la madre más divertida y caótica del mundo entero.

Sí, Kagome lo descubriría pronto. ¿Qué debía hacer cuando ese momento llegara? Se levantó apesadumbrado y caminó hasta la cubierta. Todo estaba oscuro y nadie se asomaba alrededor; todo el barco estaba disfrutando del baile, incluso ella.

¿Por qué él no podía?

Entonces, cuando una masa de gente elegantísima subió y los fuegos artificiales comenzaron a explotar en el cielo, alumbraron la platea con extraños colores y destellos, Kagome apareció frente a él. Parecía una diosa vestida así entre el gentío. Iba a protestar y alegar que quería estar solo, pero ella lo obligó a guardar silencio, dominante, abrumadora y radiante como a él le gustaba.

—Te toco… —susurró acariciando su mejilla. Sesshomaru se sobresaltó con el tacto suave y cálido de su mano. La miró eternamente, ella prosiguió—. Cojo tu mano… —dijo al momento que entrelazaba sus dedos con los de él y finalmente guardó silencio.

Un extenso e incómodo silencio.

—Me voy —continuó finalmente, soltando su mano y alejándose—. Regreso… —Dio un paso hacia él y lo observó llanamente a los ojos—. Salgo de tu vida. Te enseño. Te miro. Te siento…

Sonrió. Sesshomaru no pudo decir nada. Kagome continuó—. Me enojo, bailo, canto, río… Te odio, te quiero. —Suspiró—. Te quiero muchísimo.

Nada.

—Realmente te quiero mucho. Me lastimo… te lastimo —aceptó, poniéndose de puntillas y besándolo en el acto, un beso triste y no correspondido—. Te beso… y me acuesto contigo. Te hago el amor una y otra vez.

—Kagome, yo…

—Dentro de todas las cosas que mencioné, ¿hay alguna que no te guste?

—No es eso…

—Te daré otra oportunidad, Sesshomaru.

—Kagome, no lo hagas.

Ella lo ignoró. —¿Crees que podríamos tomar caminos distintos a esta altura de la vida y ser extraños para siempre? Incluso si discutimos una y otra vez, todos los días, creo que debería encontrar el verdadero amor contigo. Quiero encontrarlo contigo… —enfatizó—. He tomado la decisión de vivir el verdadero amor contigo, no importa cuánto me tarde.

—¿Nunca te detendrás, verdad? —Sonrió tristemente el peliplata—. Incluso cuando todo anuncia que ha llegado el final, tú sigues adelante.

—Sí, yo soy ese tipo de persona: una persona que sigue adelante hasta que decide que es el final. No puedo evitarlo, incluso si lo detestas. Así soy yo, tengo que ir hasta mi final contigo, sin importar dónde esté ni cuánto me cueste.

Él asintió. —Hazlo como prefieras. Tú no eres yo, ni tienes que ser yo… Yo escojo esta vida, y tú escoges la tuya.

Entonces, se retiró.

III

Cuando el crucero terminó, Sesshomaru tenía un mal sabor en la boca que no le permitía sentirse satisfecho. Tomó todas las fotos gratuitas de Kagome que encontró en el salón de despedida y se retiró, evitando mirarlas demasiado y escondiéndolas entre sus ropas. Kagome y las chicas estaban en el salón principal esperándolo.

Una llamada de Kagura le anunció que había salido en todos los diarios que Sango estaba en un crucero con sus amigas, y que la prensa había repletado el puerto. De hecho, estaban transmitiendo en vivo mientras esperaban el arribo de la castaña. —¿Quieres que esperemos unas horas? —preguntó al llegar junto a ellas. Por sus caras, podía apreciar que ya se habían enterado.

Sango negó con la cabeza y tragó saliva. Lucía muy ansiosa. —No, ha llegado el momento… —comentó—. Rin, dame tus zapatos.

—El médico dijo que no llevaras tacones durante seis semanas, ¡ejercen presión en tus costillas! —se alarmó Kagome, tomando su mano apasionadamente.

Sango intercambió sus zapatos con los de Rin y miró a su amiga burlonamente. —Necesito ponerme en pie con la cabeza alta, para eso necesito tacones —respondió. Kagome comprendió al instante que Sango estaba lista para matar. ¡Al fin había regresado la Sango de siempre!

—Está bien, ¡tú puedes! —chillaron Rin y Kagome emocionadas, mientras el peliplata las observaba en silencio, esbozando una sencilla sonrisa.

Se bajaron del Costa Victoria y en seguida los periodistas y camarógrafos corrieron hacia ellos. Sango desfiló por el puerto como una modelo de pasarela hasta que le dieron alcance, llenándola de preguntas absurdas.

—Señora Sango, ¿es cierto lo de su infidelidad? —preguntó una voz masculina.

La exuberante castaña se quitó los lentes de Sol y ajustó su sombrero. —Sí, es cierto.

Todos se callaron un breve instante, pero luego prosiguieron. —¿Fue su matrimonio miserable? ¿Por qué lo hizo? Ambos parecían felices juntos —lanzaban sin control.

—Naraku fue un buen esposo, este es mi error.

Kagome y Rin no podían creer lo que escuchaban. ¿Cómo era posible que Sango admitiera toda la culpa sola? Es decir, estaba muy bien que se levantara con la frente erguida, pero no desde tan hondo.

Las preguntas continuaron. —¿Está usted enamorada de otro hombre?

La castaña suspiró incordiada, y cuando levantó la vista para negarlo descubrió a Miroku a la distancia; esperaba por ella, sin atreverse a alcanzarla por temor a perjudicarla. Él era un hombre que era capaz de sacrificar todo por ella, accediendo incluso al anonimato… un hombre de verdad. —Sí, y lo amo muchísimo.

—¿Cómo puede tener tanta personalidad? Estoy celosa… —rio Rin, a modo de cómplices.

—Es por los tacones… —solucionó la azabache, completamente feliz por su amiga.

La versión de Sango salió en todos los periódicos, y a pesar de que la sociedad la llamó despectivamente como "la perra", ella no se sintió en lo absoluto, aludiendo a que el mundo no estaba preparado para la mujer moderna. ¡Cuánto deseaba parecerse un poco más a Sango!

IV

Al día siguiente, Kagome levantó la mochila de Kagura para limpiar y tres piedras cayeron al suelo. Iba a recogerlas cuando ella se acercó corriendo y las cogió con una evidente sonrisa en su cara. Algo en la cabeza de Kagome hizo click, ¡esas eran las piedras que Kagura le había pedido a Sesshomaru!

—Gracias Sesshomaru… —repitió la chica, coqueteando descaradamente al recién llegado. Sesshomaru se metió las manos en los bolsillos y se recargó sobre la pared, despreocupado totalmente.

—¿Cuándo las recogiste? —inquirió molesta Kagome, odiaba la idea de que Sesshomaru hubiera pensado en Kagura durante el crucero, después de todo lo que había sucedido.

—Cuando estuve en el crucero, ¿dónde más? —confirmó sus sospechas el peliplata.

Kagura alzó las manos y se las mostró a Kagome, presumiendo evidentemente en su cara. Eran tres brillantes y pulidas piedras. La azabache miró al peliplata molesta y tomó una. —Me quedaré con esta, ¿está bien?

Sesshomaru sonrió al verla irse como una niña pequeña que sabía que había hecho una travesura. Kagura le pegó un codazo en las costillas al descubrirlo riéndose demasiado extasiado al ver a la otra chica. ¿Por qué permitía que esa mujer hiciera y deshiciera a su antojo? Quiso chillar de rabia, estaba comenzando a odiar a Kagome, esa mujer siempre estaba entre ella y el peliplata.

—Debí tomarlas todas… —susurró la azabache en el cuarto de lavado, sentada en el piso y apretando los comandos con los pies. Si bien había decidido que lucharía por Sesshomaru, estaba molesta consigo misma porque se le había olvidado un pequeño detalle:

Kagura Touma.

V

Cuando las vacaciones se acabaron y la vida laboral regresó a la normalidad, Kagome decidió parar en el café de Inuyasha para saludarlo de mañana; hacía más de una semana que no lo había visto y extrañaba sus pláticas. Arregló su cabello al verse desordenada en el reflejo del vidrio y abrió la puerta aunque estaba cerrado.

—¿De verdad está cerrado? Acabo de entrar y no tuve que formar nada…

Inuyasha estaba limpiando el mostrador muy concentrado y de espaldas. Tenía una buena espalda, ancha y masculina. Él se volteó radiante y fue hasta ella con evidentes ganas de abrazarla, pero Kagome se sentó en una mesa antes de que él llegara, así que decidió sentarse frente suyo. —Acabamos de abrir. Viniste a esta hora porque sabías que el primer cliente del día no paga, ¿verdad?

—Oh, no me gustaría ser una carga para ti, Inuyasha… —dramatizó la chica, extendiendo sensualmente un billete al lado de sus labios—. Quiero un cappuccino extra dulce, extra extra dulce —exageró aún con esa voz.

Inuyasha tomo el billete, intentando no quedarse en sus labios y la observó extrañado. —¿Por qué tan dulce? ¿Estás estresada por algo?

—Quizás…

Él se inclinó hacia atrás y se burló de ella. —¿No fuiste tú la que dijo que había que apoyarse en los demás en los momentos difíciles?

—Bien —resolvió ella enérgicamente—. Acabo de romper con un hombre… —lanzó sin ninguna pizca de tristeza—. Me confesé con él, pero me rechazó y ahora siento que me arrancan el corazón del pecho. Es en serio…

Inuyasha no dijo nada, sólo continuó mirándola pensativo. Si bien le creía a la chica, le resultaba extraño escuchar esas palabras sin una gota de congoja. Esa mujer era increíble, ¿cómo podía ser tan buena actriz? Sonrió de medio lado, seductoramente.

—¿Por qué te ríes? ¿Mi dramática vida es un chiste?

—Me río porque ahora puedes venir libremente a mí.

Kagome lo escrutó sin comprender.

—Yo… soy cinturón negro, ¿recuerdas? Así que no quiero que me consueles si sale mal… pero tú me gustas mucho.

¿Había escuchado bien? Kagome no pudo procesarlo al instante. ¡Hacía siglos que nadie le declaraba su amor! Era una locura, ¿desde cuándo ella era una mujer que enamoraba a los hombres? Había olvidado la época en que su encanto funcionaba de verdad. —¿Por qué te gusto? —preguntó sin creerlo.

Él lo pensó un momento, pero luego pareció rendirse. —No existe una verdadera razón… Es sólo porque tú eres Kagome Higurashi.

Ok, él iba en serio, sus ojos dorados profundos y dilatados lo delataban. ¡Mierda! ¿Era en serio? —Por casualidad, esa mujer misteriosa cuyo destino está unido al tuyo… ¿soy yo?

—Sí —admitió Inuyasha satisfecho, mientras se inclinaba hacia ella y cogía su mano encima de la mesa—. Eres tú…

CONTINUARÁ…


Les recomiendo no matarme hasta que la historia termine. Espero sus reviews!


Publicación: 07/03/2014