INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
NOTA DE LA AUTORA:
¡HOLA A TODAS Y TODOS! LAMENTO LA DEMORA, EN SERIO. ES QUE TUVE LA ENTREGA DE LAS CORRECCIONES DE MI TESIS Y BUENO, EN ESO ESTUVE. ESPERO PUEDAN PERDONARME. SÉ QUE ESTE CAPÍTULO HARÁ PROFUNDAMENTE FELIZ A ALGUNAS Y TREMENDAMENTE TRISTE A OTRAS, YA ME PREPARÉ PARA RECIBIR INSULTOS DE TODO TIPO.
ESTA SEMANA, AGRADEZCO SINCERAMENTE EL APOYO DE LAS SIGUIENTES PERSONAS, QUE SE HAN PREOCUPADO DE DEJARME UNO O VARIOS REVIEWS POR CAPÍTULO, LO CUAL ME HACE SALTAR EN UNA PATA DE FELICIDAD.
CECIL PIERCE
DANPERJAZ´ LIRIO
PAOVAMPIRE
CARITALUNA
MARIA
ELVI
JUSSANDZURYHIMURA
ZURYHIMURA
EL-AMOR
JOSE OKANAMI
MARLENE VÁSQUEZ
TAIJIYA SANGO FIGUEROA
JOHAN TAISHO
BREEN MARTÍNEZ
ORKIDEA16
NADESHIKO MIKO
SIMY-CHAN
DESIRENA
SASUNAKA DOKI
BBEKID
SESSHOMARUSAMA
Y A TODOS LOS GUEST!
¡MUCHAS GRACIAS!
*ESTE CAPÍTULO EN ESPECIAL ESTÁ DEDICADO A JUSSANDZURYHIMURA, QUERIDO AMIGO CON EL CUAL ESTOY EN DEUDA. ESPERO PUEDAS PERDONARME, ¡UN ABRAZO!
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.
"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 11
POR SIEMPRE SOLO
I
Kagome Higurashi no se iba a morir ni a desaparecer porque la séptima vez con Sesshomaru Taisho hubiera sido un fracaso, para variar. ¡No! Estaba recién comenzando, no había inquietud en su corazón. Todos sus temores y problemas se habían esfumado luego del viaje. Había vivido su vida demasiado tensa como para seguir en esa línea. Necesitaba relajarse, vivir los días de principio a fin sin enojarse y reflexionar sobre la belleza de los colores y los objetos.
Los perros jalaron fuertemente de las cadenas que los sujetaban en su matutino paseo por el parque y la hermosa chica de cabellos azabaches no tuvo más opción que correr tras ellos. Eso tampoco la estresaba, el ejercicio le venía muy bien a sus piernas y a su cutis. No había problemas.
—Todo es tan simple, Sesshomaru no me ama. Eso no significa que deje de ser una persona amable para los demás, ¿cierto? —preguntó a sus perros mientras descansaba en una banca en la orilla del camino.
¡No! Las cosas buenas de Kagome Higurashi no iban a desaparecer porque un hombre dijera no amarla. —Mis encantos no han desaparecido, ¿verdad Rin? Todavía hay un millón de cosas buenas e interesantes en mí… —preguntó a la morena un día mientras la ayudaba a organizar su oficina en el cine—. ¿Desaparecerá mi hermosura? No. ¿Desaparecerá mi juventud? No. Estoy sorprendida de lo inafectada que estoy porque Sesshomaru no me quiere.
—Kagome, te ves bien. Estás radiante, ¿sí? —sentenció su amiga intentando deshacerse de ella. La jornada laboral estaba por comenzar y no podía más con la desbordante energía de la chica.
—¡Hay tantas cosas que hacer! ¡Tantos niños hambrientos en este mundo! —dramatizó en la Sucursal de Sango, quien intentaba ordenar unos pedidos junto a un estresado Miroku—. ¿Me escuchan? —Golpeó la mesa varias veces—. No voy a aferrarme más a ese hombre bárbaro. Viviré una vida para la Humanidad.
—Es una buena idea… —opinó el pelinegro, y Sango lo fulminó con la mirada.
—Kagome, has eso. Es una buena forma de ocupar tu tiempo.
—¿Usan envases reciclables aquí? —interrogó a Inuyasha, dándole un termo que había sacado desde su casa.
—Por supuesto —sonrió él, expectante ante lo que la chica iba a responder.
—De ahora en adelante, usaré este termo para mi café para llevar, no quiero exterminar todos los árboles del planeta. Alguien debe preocuparse por la naturaleza en este país. ¡Tu cafetería debería hacer lo mismo!
El peliplata extendió el brazo y cogió el cartel que estaba sobre su cabeza.
"Si tomas el café en tu propio termo, obtienes un 20% de descuento"
—Nuestra cafetería ha cuidado el medio ambiente desde que la abrimos, Kagome.
—¿¡En serio?! —chilló la chica sorprendida.
—¡Claro!
¡Oh, él era tan adorable!
Estaba bien, estaba bien, estaba bien, se repitió mientras limpiaba el jardín de las malas hierbas durante el fin de semana. Nada podía perturbar la paz en su corazón. El amor y las buenas intenciones se desbordaban en sus palabras y sus acciones, al fin estaba a punto de alcanzar el Nirvana.
Una pelota de goma golpeó su cabeza y la sacó de sus pensamientos. Eran Sesshomaru y Kagura Touma jugando paletas en el jardín, mientras los perros les hacían gracias. Observó al peliplata con rencor. ¿Cómo podía mejor de lo que ella estaba? Odiaba que no estuviera retorciéndose con el corazón roto en el infierno.
Además, ya la había reemplazado. Se ponía a jugar con Kagura los mismos juegos que practicaba con ella en el antejardín, para que todos los vecinos supieran sobre su muerte en vida. Él era como una hierba mala en su vida, arrancó con rabia todas las malezas que encontró cerca. —¡Hay que deshacerse de la mala hierba! —masculló por lo bajo, intentando reprimir sus ganas de asesinar a esos dos idiotas.
Bien, que de repente le entraran ganas de acabar con su masculinidad no significaba que estaba sufriendo por él, eso nunca. Ella había decidido que lucharía por su amor, y solo estaba dándole un tiempo para que él se preparara para el día en que ella volviera a conquistarlo en gloria y majestad. No podía pasarse la vida siendo una femme fatal, necesitaba vacaciones, era realmente agotador ser una mujer sensual y desbordante todo el tiempo.
El domingo, Kagome se despertó con fiebre y sintiendo que su cuerpo pesaba una tonelada. Intentó respirar hondo pero tenía la nariz tapada y escalofríos en la espalda. Suspiró resignada y tomó un pañuelo. Había estado segura de que estaba llevando las cosas bien, pero finalmente su propio cuerpo la había traicionado. El dolor en su corazón había tomado otra ruta para salir de su prisión, ya que ella se negaba a dejarlo salir abiertamente.
Estornudó, ¡qué molestia!
Afuera, Sesshomaru estaba preparando una sopa de pollo con verduras picadas, su receta maestra para la gripe. Tuvo que alejarse un momento de la comida para toser, también estaba enfermo.
—Kagome, ¿ya te despertaste? —grito desde la cocina de la chica, y al no obtener respuesta entró con el termómetro en la mano.
Al verlo entrar a su habitación, la azabache se escondió entre las sábanas. ¿Cómo sabía que había amanecido enferma? Lo odiaba por eso, por conocerla de todas las formas posibles y por saber cómo estaba sin siquiera preguntarle.
—¿Si estás despierta por qué no respondes? —Caminó desganado hasta el borde de la cama y la destapó—. Déjame ver… —ordenó poniéndole el aparato bajo el brazo.
—No quiero que andes gritando mi nombre por la casa. Si necesitas algo ven acá y dímelo… —protestó sin ganas de hacerlo. Toda aquella devoción por él iba convirtiéndose en odio con su indiferencia. Sentía que cada día lo odiaba más. Detestaba que él no la correspondiera y sobretodo, estar enamorada de él—. ¿Soy una persona que va cuando dices ven y se va cuando dices vete?
El timbre del termómetro sonó y Sesshomaru lo sacó de entre su pijama para ver los resultados: treinta y nueve con nueve, ardía en fiebre. —Tienes los mismos grados que yo…
Kagome lo ignoró, eso no era algo nuevo. Habían vivido juntos durante toda su vida, era normal que tuvieran las mismas enfermedades. Lamentaba decirlo, pero eran como hermanos.
—Levántate, hice sopa para nosotros… Comamos y vayamos al Hospital.
No, aunque intentara verlo como a su hermano no podía, para ella siempre iba a ser su novio, aunque hubieran roto interminables veces. Debía haber otra explicación para ese nivel de mimetización. —¿Por qué siempre nos enfermamos al mismo tiempo? Ni los perros pescan gripe a mitad del verano… —preguntó dándose por vencida mientras comía.
Siempre habían sido así, desde pequeños, si uno se enfermaba el otro también. Habían compartido todo, incluyendo los virus que afectaban a su salud. Cuando estaban enfermos, la madre de Sesshomaru preparaba sopa de pollo con verduras para los dos, cuando ella se marchó, él la preparaba para ella con el mismo sabor. Lo escrutó pensativa.
—Vivimos en un ambiente similar, tenemos hábitos alimenticios y estilos de vida parecidos. Además estuvimos en el mismo crucero hace poco. Olvídate de eso, es normal.
No, no era normal. Era el destino.
—¿No puedes aceptarlo simplemente sin buscar un millón de razones? Nuestra relación no es ordinaria, es porque estamos conectados por el hilo rojo del destino[1], lo sabes?
—Apúrate y come para que podamos ir al Hospital —sentenció él cerrando el tema, como siempre. Era un maestro de la evasión de los temas importantes.
—¡Lo que digo es que hay algo inexplicable en nuestra relación! ¿No te das cuenta? —insistió mientras tosía.
Él bajó el rostro y comió su sopa sin mirarla. No quería discutir otra vez con ella sobre el mismo asunto. No más…
—¿No lo ves?
No, por supuesto que él no lo veía.
II
—Empecé a sentirme mal anoche… —recordó el peliplata.
—Mi cabeza ha estado latiendo del dolor… —agregó Kagome.
—Me sofoco, casi no puedo respirar… —se quejó Sesshomaru.
—No pude dormir porque sentía que mi cuerpo estaba siendo golpeado como el de Jesucristo —dramatizó la azabache. El peliplata la observó por el rabillo del ojo.
—¿Me muestran sus gargantas, por favor? —pidió el doctor de cabecera de ambos, mientras tomaba dos palillos y estudiaba sus gargantas.
—Sus gargantas se ve exactamente iguales también, tienen amigdalitis aguda. Les pondremos un medicamento y podrán irse a casa, ¿está bien?
—Sí, doctor —respondieron a la vez.
Una enfermera los llevó hasta unas camillas y les ordenó recostarse. Puso el medicamento en el suero y les pidió que esperaran hasta que terminara de inyectarse vía intravenosa. Entonces, cerró la blanca cortina que los separaba y se marchó. Kagome esperó a que ella se fuera para sentarse sobre la cama y abrir intempestivamente la ligera cortina. —Sesshomaru, ¿duermes?
Él no abrió los ojos. —Estoy despierto…
—Tengo algo que preguntarte —dijo secretamente, inclinándose para estar más cerca de su oído, aunque fuese en vano.
Él la miró y se apoyó sobre su hombro derecho para escucharla mejor. —¿Qué es?
—¿Por qué te gusté al principio?
—¿Qué vas a hacer si sabes eso ahora?
—Tengo que saberlo… —Tragó saliva nerviosa.
Él lo pensó unos instantes. —Me gustaste porque eras inteligente, bonita y estar contigo era divertido. ¿Satisfecha?
—¿Me dejaste entonces porque ahora soy tonta, fea y aburrida? Soy inteligente, linda y divertida ahora también.
—Estás enferma ahora, Kag. ¿Por qué no duermes? Mañana hablaremos de eso, ¿está bien?
—¿Realmente crees que estamos enfermos por un virus? —se indignó—. Es algo psicológico. Nuestros corazones están dolidos, y nuestros cuerpos duelen junto a ellos.
Sesshomaru rió. —Kagome, siempre te pones así cuando un hombre te deja, aunque no sea yo. A mí no me pasa lo mismo que a ti…
—Lo que pasa es que tu mente no se da cuenta, pero tu cuerpo sí. Sufre tanto, Sessh… Tu cuerpo sabe cuánto me amas.
—Voy a dormir —solucionó él de repente, tapándose hasta las orejas.
—No crees que sea así ahora, pero cuando te des cuenta… yo podría estar enamorada de otro hombre, ¿sabes? Imagíname besando, abrazando y durmiendo con otro hombre… Si no puedes cierra tus ojos y piensa en ello. ¿No sientes como si tu corazón se estuviera pudriendo?
—Esta no es la primera vez que terminamos, ¿por qué estás actuando así? —preguntó él sin verla.
—¿Crees que no me dolió la quinta y la sexta vez? —El peliplata volteó la cabeza para verla a los ojos—. Estoy sufriendo mucho ahora, mi cuerpo y mi corazón sangran en forma de amigdalitis aguda.
—Cierra los ojos y trata de dormir, por favor. Estarás bien cuando él medicamento termine…
Suspiró otra vez, resignada. Sesshomaru Taisho era el hombre más difícil sobre el planeta. Cerró la cortina de mala gana y se recostó a esperar, no podía dormir. Estaba decepcionada, cada día que pasaba descubría con pesar que jamás podría hacer cambiar de parecer al peliplata, aunque lo intentara una y otra vez. Aun así, no podía parar de intentarlo con todas sus fuerzas.
Abrió la cortina nuevamente.
—Sesshomaru…
—Qué.
—¿Realmente te gustaba en ese entonces? —preguntó en un hilo de voz. Si la había amado antes, ¿por qué no podía amarla ese día? No tenía sentido—. Antes de que tu hermana se enfermara, nos casamos frente a la arboleda. Lo hicimos bromeando, pero hasta intercambiamos anillos. Tú querías casarte conmigo en ese entonces, ¿por qué ya no?
—¿Por qué nunca puedes dejarme solo? ¿Qué tengo que hacer para que cierres la boca? —se levantó él enojadísimo y harto de las preguntas de la chica.
—Estoy preguntando porque quiero saber por qué cambiaste de opinión. Estoy tratando de no odiarte…
—Sólo ódiame, es lo mejor que puedes hacer por mí y por ti. —Acto seguido, cerró la cortina y se acostó de espaldas a Kagome.
Iba a abrir de nuevo la cortina y reclamarle el hecho de que siempre se alterara al preguntarle sobre eso, pero su celular sonó. Era un mensaje de Sango: "¡Voy a divorciarme hoy!" Casi podía ir su voz de felicidad a través de las palabras.
¡Genial! Era una conversación grupal entre ella, Rin, Sango y ¿Sesshomaru? en Whatzapp. ¿Qué hacía él en una plática con sus amigas?
—¡Felicidades, hay que celebrar! —llegó una respuesta de Rin.
—¡Felicidades! Hazlo con valentía. Tú puedes, lo sé. —Fue la respuesta del peliplata.
Kagome miró la cortina, intentando reprimir sus ganas de lanzarse sobre él y rasguñarle la cara. —¿Desde cuándo terminar con alguien es motivo de celebración? —escribió enrabiada—. Sango, ¿desde cuándo te has vuelto tan vulgar? Rin, ¿por qué finges que eres atrevida? Y Sesshomaru… —Abrió la cortina con cizaña—. ¿Felicidades? ¿¡Felicidades!? ¿Es algo que un hombre honorable diría en estos momentos? Eres un inhumano, estoy herida de muerte porque has terminado conmigo. Siento como que me han disparado en el corazón con una bazuca de largo alcance, ¡ni siquiera puedo respirar normalmente, veo todo negro y me siento enferma; aún así tú llegas y dices eso… ¿¡Cómo puedes!?
Él la observó confundido. —Se lo decía a Sango… —explicó temeroso.
Bien, había sido una tonta. Cerró la cortina sin mirarlo y se recostó en la cama con ganas de llorar, pero sin permitirse derramar una lágrima. Tomó su celular sin energía y escribió: "Lamento haberme exaltado, aunque creo que terminar una relación no es algo por lo que deban felicitarte. De hecho, es algo por lo que deberías ser consolado. Sango, sé fuerte y vive bien. Seré buena contigo, seré la buena amiga que necesitas. Te quiero".
Sango rio desde el otro lado del teléfono, mientras esperaba su turno en el Juzgado. Kagome siempre era demasiado impulsiva, pero al final, siempre resultaba ser una buena persona. Le mandó un corazón como respuesta.
—Número de caso 5367, por favor entre —se escuchó a la recepcionista llamar. Naraku, quien leía el diario tranquilamente sentado en una silla, se levantó apesadumbrado y caminó hasta el salón. Sango lo siguió molesta, mientras acomodaba su peluca negra. No quería que la reconocieran como la mujer promiscua que todos pensaban que era.
—Señorita Sango Taijiya y Naraku, ¿ambos dieron su consentimiento sin presiones en este divorcio? —exigió saber el juez, mirándolos a mabos detenidamente. ¡Eran Sango y Naraku, la pareja más polémica del país! Debía contárselo a su esposa cuando terminara el caso.
—Sí —respondió la castaña con voz segura y sin titubear.
Al no escuchar el consentimiento de su actual esposo por no mucho tiempo más, Sango de giró molesta y lo encaró. —¡Oye, no hay cámaras aquí! Deja de actuar y acabemos con esto ya. No soporto seguir llevando tu apellido de poca clase.
—¿Les doy más tiempo? —ofreció el anciano, al ver cómo las lágrimas empapaban el rostro del periodista. Naraku parecía estar siendo obligado a entregarle el divorcio a la modelo. No podía permitirlo.
—¡No! —gritó Sango nerviosa ante la posibilidad de que el inútil de Naraku lo arruinara todo. Para cerciorarse de que no fuera así se lanzó sobre él y lo golpeó en la cabeza con su cartera. —¡Hey, ¿quieres el divorcio o no? ¡No pretenderás que me quede a tu lado por un millón de años, ¿o sí?! —continuó asestándole rodillazos ante la reprobatoria mirada del juez.
—Estoy de acuerdo con el divorcio… —concedió Naraku entre penosos murmullos.
¡Al fin! Menudo idiota, gracias al cielo ya no estaba desposada con él. Luego de eso, firmaron los documentos y Sango volvió a tener su apellido, Taijiya. Él se marchó sin ni siquiera despedirse, era un miserable.
Luego de dos años de matrimonio, Sango no había logrado transformarse en la clase de persona barata que Naraku necesitaba para sus propósitos, por lo que habían fracasado en su misión. Ella era una persona honorable, aunque fuese una mujer infiel. En la gran escalinata de los Tribunales de Justicia, le dio alcance y llamó su atención. —Deberías decirme lo que sientes antes de irte, Naraku.
Él se volteó y la miró con desconfianza.
—No tengo anda grabándote —afirmó mostrándole la cartera y el escote—. ¿Me desnudo para ti? —Naraku carcajeó irónicamente—. Si te disculpas sinceramente creo que podría perdonarte…
—No lamento nada de lo que pasó, Sango. No puedo disculparme contigo, el mundo es una selva en donde los fuertes cazan a los débiles. Tú fuiste el eslabón débil, yo solo actué por instinto.
—¿Crees que puedes pisotearme de la forma en que lo hiciste en razón a tu derecho a la sobrevivencia?
—Uno de los dos debía sobrevivir. ¿Crees que te salvaría antes de morir?
—Eres más vil de lo que pensé, Naraku —escupió su nombre con desprecio—. No puedo decir que disfruté siendo tu esposa, pero sí puedo darte las gracias. Gracias por divorciarte de mí, estaba comenzando a preocuparme. No hubiera soportado vivir toda mi vida a tu lado y convertirme lentamente en ti. ¿Quieres apostar sobre quién es el más beneficiado con este divorcio?
—¿Por qué apostaría contigo? Estás sumergida en el lodo, dudo que puedas volver a salir de ahí. Recuerda que eres una adúltera en un país tradicional y machista, eso no se perdona a ninguna mujer.
—Puedo ser una perra, pero soy una perra de carácter noble gracias a ti. Mantuve mi boca cerrada y guardé el secreto sobre tu personalidad mezquina y malvada durante nuestro matrimonio, en otras palabras, protegí tu trasero de la ruina. Mientras más te conocía más me daba cuenta de que no quería ser como tú. Gracias Naraku, gracias a ti soy una persona noble. La vida aún es larga y el mundo no es tan simple como crees que es, en cualquier momento pisarás tu propia cola y te caerás, estoy segura de eso.
—No estés tan segura, querida. Tú también eres una mentirosa: dijiste que amabas a ese bastardo y no es cierto. Tú eres incapaz de amar.
Le costó mucho reprimir la risa, pero finalmente lo logró. Puso la cara más triste que pudo y gesticuló una cara llena de dolor. Bajó los escalones que los separaban y se puso frente a él, mirándolo directamente a los ojos. —Tienes razón, Naraku —dramatizó al estilo Kagome Higurashi—. Perdóname por no poder amarte. Lo siento de veras…
Él la escrutó confundido.
—Estoy siendo sincera, mi amor. Recuerda mis palabras. —Dicho esto, sacó los lentes de Sol de la cartera y se los puso con estilo. —El Sol está realmente brillante hoy. ¡Muévanse todos, una mujer divorciada va a pasar! —gritó. Todos los hombres en traje que pasaban cerca tuvieron que detenerse a mirar qué sucedía.
¡Menuda mujer!
Sango caminó orgullosamente fuera de la Corte y llegó a su estudio, sin esperarse la sorpresa que le tenían los altos ejecutivos de su empresa. Cuando llegó, las tres mujeres a cargo de los departamentos más importantes para la Gestión Empresarial le entregaron su carta de renuncia, apelando a que la compañía quebraría luego de que a fundadora fuera catalogada como la perra del país. Aunque Miroku, Gerente de Marketing trató de detenerlas, ellas se marcharon de todos modos, incluso amenazaron con denunciarlos si sus Honorarios no eran cancelados a tiempo.
Cuando Sango vio vacía la compañía que tanto le había costado construir, y no pudo seguir aparentando que estaba bien. Ella era una humana, y sobretodo una mujer, una mujer que amaba demasiado. —No puedo hacer todo sola, ¿sabes? —lloró en el hombro de Miroku—. Si tan sólo ellas hubieran esperado unos meses para… Yo las iba a compensar de alguna forma. De verdad iba a hacerlo…
—Tranquila, yo todavía estoy aquí…
III
En la tarde, Kagome se tomó los medicamentos para terminar de combatir con ese virus salvaje que le había arruinado el fin de semana. Como estaba convaleciente aún, su casa estaba desordenada y ella misma lucía como un verdadero estropajo, pero le daba igual. Después de todo, ya no tenía ante quien lucir como una bomba sexual.
—¡En esta parte tienen que besarse! —gritó Kagura desde el living de Sesshomaru. Como la puerta entre ambas casas estaba medio abierta, Kagome se hundió en el sillón hasta que su cabeza casi no fue perceptible y observó. Espiar no era de señoritas, pero jamás se cansaba de ver a esa mujer coquetear hasta el cansancio, era como un teatro para ella. El mismo espectáculo que ella estaba haciendo en ese momento, pero en nivel uno.
—Un beso en esta escena sería fuera de lugar. Están en una sala de reuniones, el ambiente no es romántico —repuso el peliplata seriamente. Cuando se trata de sus películas, él lograba que siempre todo saliera perfecto—. Es blanco, hay sillas rígidas y una gran distancia entre ellos. Kagura puso cara de niña mimada, denotando que no le agradaba para nada la decisión de Sesshomaru.
Kagome rió. Si quería meterse en el asunto de Sesshomaru Taisho y permanecer ahí, realmente necesitaba paciencia, ¡mucha paciencia! Bien, ella tampoco tenía mucha, pero de algún modo había sobrevivido en la batalla por el corazón de Sesshomaru por más de quince años y había estado cerca de tenerlo varias veces.
—¿Qué tal si la reunión sucede en un lugar como este? —sugirió la chica con voz ronca. Kagome se incorporó en el sillón para oír mejor lo que decían, tenía un mal presentimiento.
Entonces, Kagura se levantó de su silla y se posicionó sobre Sesshomaru, con un brazo alrededor de su cuello y a sólo unos centímetros de su rostro. —Creo que si están así de cerca podrían besarse, ¿no? No sería nada complicado —musitó demasiado sensualmente.
Iba a matarla, decidió la azabache. ¡Por Dios que iba a acabar con esa chiquilla atrevida! Quiso correr en ese preciso momento y arrancarle todo ese pelo negro inmundo, pero se detuvo. Antes tenía que ver qué hacía el peliplata ante la invasión. Si él correspondía…
Sesshomaru levantó la mano y plantó su dedo índice en la frente de la chica, ejerciendo presión para alejarla de él. —Kagura, siéntate lejos de mí. ¿Entendiste?
—¡Sí! Bien hecho, maldito de cabello plateado —celebró Kagome desde el sofá—. Todavía tenía una oportunidad. Kagura Touma estaba fuera de batalla, él no estaba interesado en ella.
—Sesshomaru, ¿de verdad no quisiste besarme en ese momento? —insistió la chica sonriente—. Si la mujer se levanta de esa forma y besa al hombre como casi nos besamos, creo que podía ser un buen beso.
El peliplata rio. Lo que menos necesitaba en su vida era otra mujer persistente, con Kagome había tenido suficiente. —Estás muy fea como para ser besada —sentenció levantándose y caminando hasta la casa de Kagome.
Al ver que el idiota de Taisho se dirigía a su casa, la azabache se posicionó y fingió que leía un libro muy interesada.
—¿Tomaste la medicina? —preguntó sentándose frente a ella.
—Si algún día se te ocurre salir con Kagura Touma los mataré a los dos y viviré en cadena perpetua. —Como siempre, él no hizo más que reprimir una carcajada, haciendo que el corazón de Kagome se encogiera del miedo otra vez. La herida aún estaba abierta—. ¿Te estás riendo? ¿Te acabas de reír, Sesshomaru?
—¿Qué razón hay para que no pueda salir con Kagura? Nosotros ya terminamos. Dormimos juntos porque así lo queríamos y dejamos de hacerlo porque lo acordamos —solucionó mientras tomaba su propia medicina y bebía agua de una botella—. Estoy en todo mi derecho ético y moral de ver a otras personas.
—Antes que la ley, los derechos humanos, morales y éticos viene la conciencia.
—No existe la conciencia buena o mala en el amor. Voy a hacer lo que yo quiera, si salgo con Kagura Touma o no es asunto mío, acéptalo.
Oh, sí. Lo odiaba mucho. Por primera vez en los quince malditos y odiosos años que llevaba con él, Kagome Higurashi decidió callar y escuchar qué otras porquerías le diría el peliplata. Estaba comenzando a hartarse de él y de su estupidez.
Él prosiguió: —Dijiste que me darías una oportunidad, ¿verdad? La rechazaré. No esperes por mí, nunca volveré a ti —Kagome abrió los ojos sin poder creer lo que escuchaba—. No soy una persona que toma decisiones fácilmente y lo sabes. Tampoco cambio mi forma de pensar sin una razón aparente, yo jamás me arrepiento. Mi decisión de no regresar contigo es algo que decidí hace ya mucho…
De repente, todo ese amor obsesivo, persistente e intenso, se volvió odio en la misma cantidad. Mucho, mucho odio, un odio que no podía con ella, que necesitaba salir al igual que el amor que había sentido hasta hacía solo unos segundos por él.
—Supongo que te sientes muy bien ahora que me lo has dicho. Para ti es fácil romper y olvidar, luego de la séptima vez ya no debe afectarte nada. Veo que romper conmigo no significa nada para ti…
—Correcto. Vive tu vida a gusto, eres libre de rehacer tu vida.
Bien, si ese era un amor que debía terminar en ese momento, ella misma le pondría fin.
¡Suficiente!
Sonrió mordazmente y extendió delicadamente su brazo hasta alcanzar su pierna. —Sesshomaru, llevo puesta una ropa interior muy sexy, ¿quieres verla? —ronroneó mientras subía la mano hasta…
Él la cogió con una expresión indeterminable y la corrió. —Que no deberías decir esas cosas…
—Apuesto a que te estás muriendo de curiosidad por tocarme y ver qué me puse.
—¿Hay algo en tu closet que no haya visto? No me interesa —dijo duramente.
—Me puse algo nuevo, es rojo. ¿Te lo muestro?
—Sesshomaru, ¿quieres un…? —irrumpió Kagura en la habitación con un café, Kagome volvió a su posición original y se bajó el vestido.
—Está bien, si no quieres no importa —lamentó tristemente.
El peliplata ignoró a la chica. Tomó el brazo de Kagome y la jaló hacia él. —Sígueme. Entonces, salió de la casa dando grandes zancadas con ella a rastras. Cuando finalmente se detuvo, Kagome descubrió que estaban en una cancha de fútbol abandonada que quedaba atrás de la casa. El viento levantaba la tierra y le daba a Sesshomaru un aire nefasto. Estaba enojado, muy enojado.
Pero ella también lo estaba, tan enojada que podía asegurar que ese día correría sangre. Se lamentó internamente por ser tan liviana como para que él la cogiera de esa forma y la arrastrara por todo el vecindario.
Cuando finalmente él la soltó y se dio la vuelta, Kagome lo miró imperturbablemente, recorriéndolo de pies a cabeza. Sesshomaru, ese hombre que había vivido con ella toda la vida, el dueño de ese cabello plateado que ella tanto había amado y un color de ojos tan extraño que sólo había visto otros iguales una vez. Alto, fuerte y recio, siempre daba la impresión de que la protegería ante cualquier adversidad, pero a final de cuentas, jamás lo había hecho. No la había protegido de sí mismo, y en ese amor enfermizo y mortal, se había transformado en una mujer vieja, triste y solitaria. Miró los harapos que portaba, la ropa vieja y gastada que usaba como si fuera el fin del mundo y ya no hubiera más que hacer. No, esa no era la Kagome Higurashi que ella quería ser.
Ese día, su amor con Sesshomaru acabaría para siempre.
—¿Por qué me propones dormir contigo si sabes que no quiero? —exigió él de repente, alzando la voz.
—¿Si no querías por qué dormiste conmigo entonces? ¿Acaso yo era la única que quería?
—Bien, todavía te quería un poco. También tenía la esperanza de que solucionáramos las cosas —admitió enrabiado—, pero ahora estoy tan harto de ti que me da escalofríos.
—Sólo falta que digas que soy ridícula por amarte incondicionalmente, aunque seas un imbécil.
—Sí, eres ridícula. ¿Aún no entiendes por qué necesitamos terminar esto? ¡Míranos! Estamos gritando en medio de una cancha de fútbol, llegamos al final.
—¿El 100% de las peleas es por mi culpa? ¡Siempre me culpas a mí por todas nuestras discusiones! ¡Ahora dirás que yo tengo la culpa de que lleguemos al límite!
—Es cierto, no es tu culpa. Es culpa de ambos. Es porque no congeniamos, nunca funcionamos bien como pareja ni nunca lo haremos.
—¡La razón por la que hemos peleado toda la vida es porque eres deshonesto y cobarde! —rugió Kagome indignada. Era cierto lo que decía, no era producto de su rabia. Ella tenía razón.
—Sí, estoy harto de sentir que soy una mala persona por tu causa. Quiero ser un buen hombre, ¿sabes?
—Tú no quieres ser un buen hombre, Sesshomaru. —ironizó—. ¡Quieres a una mujer que te diga que eres un buen hombre! Eso es inmaduro y sucio, como siempre has sido.
—Lo sé, me lo recuerdas cada cinco minutos…
—¡Bien, qué bueno que lo sepas! Eso me tranquiliza, no se puede ser un idiota desconsiderado toda la vida sin darse cuenta… —rugió alzando los brazos.
Un destello brilló en los ojos del peliplata. Había tocado fondo. —¡¿Sucio, inmaduro, idiota, desconsiderado, cobarde?! ¡Siempre me menosprecias como que tú fueras una mujer excepcional! —habló casi gritando—. ¡Se me olvidaba que tú eres tan atractiva, honesta y perfecta! ¡Estás mal, tu temperamento está mal!
—¡¿Y el tuyo?! —chilló la azabache a punto de colapsar y empujándolo hacia atrás con empujones—. ¿Por qué crees que las mujeres que están contigo terminan locas? ¡Por que no puedes decir te amo o lo siento apropiadamente! ¡Siempre lastimas a las personas y piensas solo en tus sentimientos! —rugió, asestándole un golpe final.
—¡No puedo creerlo! —exhaló llevándose una mano a la cabeza, su paciencia había terminado. Kagome aprovechó que él se dio por vencido para hablar, quería que la escuchara de una vez por todas. Decía decírselo para poder vivir sin arrepentimientos.
—¿Alguna vez te pusiste a pensar por qué te decía todo el tiempo que quería terminar? Lo hacía porque te quería, ¡te quería mucho y tú ni te dabas cuenta! Nunca hacías nada al respecto. Por más que intentaba acercarme a ti, tú siempre me alejabas… ¡Mientras más cerca estaba de ti más distancia ponías entre nosotros!
—¿Lo ves? ¡No tiene caso que sigamos discutiendo lo mismo!
—Así es, esto se termina aquí, Sesshomaru —sentenció la azabache mirándolo a los ojos sin una gota de arrepentimiento, jamás en su vida había estado tan segura de algo.
Dio media vuelta y se encaminó hasta la casa mirando sus pies. No podía creer lo liviana que se sentía, era como si un gran peso hubiera desaparecido de su espalda, el peso del desamor de Sesshomaru. No se había dado cuenta de lo acostumbrada que estaba a vivir con eso, suspiró.
Una vieja y seca rama llamo su atención en el camino y tuvo una idea. La tomó con determinación y se volteó para ver nuevamente al hombre que había amado una vida entera. —¡Sesshomaru Taisho, ve este palo cuidadosamente! —llamó su atención. Él estaba en medio de la cancha de pie, solo y mirando hacia la nada. Entonces, comenzó a trazar un gran círculo alrededor de él, sin acercarse demasiado. Incluso se tomó el tiempo de hacerlo lentamente y con cizaña y de mirarlo mientras marcaba la circunferencia.
Primero su rostro delgado y masculino, luego sus hombros anchos y su espalda casi cubierta por esa gran cabellera. Perdió el contacto visual de él por unos segundos hasta que volvió del otro lado y cerró el círculo, dando un paso fuera de él y quedándose ahí.
Entonces, lanzó la rama lejos y se plantó frente a él. Ese día, él la escucharía. —Tú siempre me has sacado fuera de este círculo y cada vez que lo hacías yo trataba de estar llegar a ti, aferrándome con todas mis fuerzas a tu amor y esperando a que algún día me dejaras entrar. Era muy duro vivir así, ¿sabes? Pero ya fue suficiente. Eres libre de mí, Sesshomaru. Ahora siempre estarás solo en ese círculo.
Dicho esto, se marchó sin mirar atrás.
Los minutos pasaron y Sesshomaru miró a su alrededor incordiado y sin saber qué hacer. —No importa, Kagome no debe saberlo hasta el final… —se repitió en un susurro, buscando tener la fuerza para hacer cumplir su palabra.
CONTINUARÁ…
Publicación: 02/04/2014
Corrección: EN BRUTO
