INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.
NOTA DE LA AUTORA:
Chicas, no me disculpo por la demora esta vez porque había decidido no actualizar hasta mi examen de grado el próximo viernes y estudiar como loca hasta ese día, pero el amor por los fics puede más que el amor por mi futuro (jajaja) así que aquí estoy... aún así les traigo un capítulo que si bien es MUY bueno, lo tuve que partir en dos porque era muy largo, y bueno... esta es la parte aburrida jajajaja
Como el título lo dice, "Cambio de Corazón" nos mostrará las razones de por qué Kagome decide intentar amar a otra persona... y cambiar su corazón. Chicas, intentaré traer la segunda parte de este capi pronto porque me muero! Deben saber qué pasará con Inuyasha y con Kagura!
Agradecimientos especiales a:
Moon Skin
Eme
Paovampire
Johan Taisho
Sesshomarusama
Elvi
Sasunaka doki
Bbbkid
Simy-chan
Andreina Sophia García
Nadeshiko Miko
Breen Martínez
Orkidea16
Taijiya Sango Figueroa
AliceSessh Taisho
Sery Taisho de Tetsuya
Andyantopia
Cecil Peirce
Jose Okanami
Blue de Taisho
Guerry
Marlene Vásquez
Zury Himura
JussandZuryHimura
Aschley
Y este capítulo va dedicado a mi queridísisisima Simy-chan :3
"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 13
CAMBIO DE CORAZÓN
PARTE I
I
Como si fuera una niña, Kagome Higurashi se sintió realmente asustada al entrar en el departamento de Inuyasha Taisho. Por primera vez sentía que había perdido todo y que estaba completamente sola. Había perdido a Sesshomaru, aunque nunca lo había tenido realmente. Ella misma había renunciado a la lucha y había ido con otro hombre, ya no podía regresar.
Se sintió claustrofóbica por un momento y quiso correr afuera desesperadamente y aclararlo todo. Quizás, si se arrepentía en ese momento aún podía echar marcha atrás…
Se soltó fácilmente del suave agarre del peliplata y gritó:
—¿Sabes lo que has hecho?
—Lo sé… —respondió él seriamente.
—¡Ese es el hombre que me gusta! —reclamó al borde de las lágrimas.
—Pero él te ha rechazado… ¿Te aferrarás a él a pesar de que no te ama? —preguntó indignado y mirándola acusadoramente—. ¿Podré regresar con él todavía? ¿Por qué me dejó, qué parte de mí no le gusta? Deja de pensar esas cosas y termínalo aquí. Usa esa energía para buscar a alguien más… aunque ese alguien no sea yo…
En su vida, Kagome nunca había visto a un hombre dar semejante muestra de cariño. ¿Acaso él era capaz de renunciar a la mujer que decía amar con tal de que ella fuera feliz? ¿Quién en el mundo podía decir eso en serio? Lo miró a los ojos y no pudo responder nada… no había mentira en ellos, Inuyasha decía la verdad.
Lo vio meterse a la cocina en silencio y comenzar a seleccionar frutas para el desayuno. A pesar de que él había dado una prueba de amor muy grande aquella mañana, lo único en que ella podía pensar era en que no podría volver con Sesshomaru. ¿Qué más podía hacer? El amor era así, malvado y cruel… y jamás apuntaba a donde ella realmente quería que disparara.
—No sé qué desayunas normalmente así que te preparé un jugo y unas tostadas… —comentó él mientras la invitaba a sentarse en el sillón y dejaba la bandeja a un lado.
Kagome recibió los cubiertos mientras se preguntaba si el peliplata aún estaba afuera del edificio esperando por ella. Si regresaba en ese momento… ¿podría fingir que nada había sucedido? Probablemente no, lo más seguro era que él estuviera contento de al fin haberse deshecho de ella. ¿Por qué tenía que amarlo de esa manera? ¿Por qué no podía amar a Inuyasha?
Lo miró comer incómodo mientras evitaba su escrutinio y admitió. —En este momento… solo puedo pensar en él.
Él levantó el rostro y sonrió tristemente. —Piensa en él todo lo que quieras… No tengo la intención de interferir en tus pensamientos.
—Creo que él malinterpretó todo…
Un largo silencio pasó entre ellos, hasta que finalmente Inuyasha lo rompió dando un aplauso y sonrió. —¿Qué tal si dejas de pensar en él y comienzas de nuevo? No tiene caso pensar en él, puesto que cuando él se dé cuenta de lo que ha perdido, tú ya estarás perdidamente enamorada de mí —bromeó.
Kagome frunció el ceño. —¿Estás seguro?
—Cien por ciento seguro…
—¿Dónde venden ese tipo de certeza? Yo también quiero una…
—Pues… si abrieras tu corazón te darías cuenta de que soy un tipo bastante bueno.
Sí, por supuesto que lo era, incluso podía meter las manos al fuego por eso, pero no era suficiente. ¿Por qué Inuyasha no había aparecido antes en su vida? —¿Por qué te gusto? Lo dices a menudo, pero no puedo entenderlo… ¿Desde cuándo?
—No estoy seguro… el amor no comienza cuando dices: "¡En sus marcas, listos… ya!
—Dices que me amas porque no me conoces…
Él se inclinó hacia ella y comenzó a hablar suavemente. —Tu temperamento es fuerte y eres insegura. También eres honesta al punto de ser imprudente y tu cara no es tan bonita… —rio al ver la expresión de la chica—. ¡Y crees ser más inteligente de lo que realmente eres! Además prácticamente tienes Alzheimer porque eres extremadamente olvidadiza y… ¿hay algo que no sepa de ti?
—Me dejaron por todas las cosas que has dicho… ¿por qué te gusta una mujer que no tiene confianza en sí misma?
Esperó por su respuesta tan impacientemente que no se percató de que él tomó ligeramente su mano. —Todos los amores empiezan sin ninguna razón, Kagome… Me gustas sin ninguna razón, yo solo me enamoré de ti un día.
Aunque sus palabras eran extremadamente hermosas, Kagome volvió a pensar en el hombre que le había quitado el sueño durante años y se odio profundamente por eso. Inuyasha estaba en lo cierto, no había una razón para amar a Sesshomaru Taisho de esa forma, solo lo amaba y ya. Había pasado un día y luego no había podido dar marcha atrás, ellos estaban predestinados a estar juntos.
Recordó una salida al parque hacía muchos años, cuando aún era feliz a su lado y sonrió. —Estoy contenta, ¿tú no? —le había preguntado al peliplata mientras miraban las nubes recostados en una manta sobre el tibio pasto de abril.
Él había tomado su mano y la había besado en silencio, pero eso a Kagome no le había parecido suficiente. —Estás feliz, completamente feliz… ¿cierto? —insistió sin saber que esa sería la tónica de su relación durante los años que les quedaban juntos. Luego se dio vuelta y se recostó sobre él, mirándolo a los ojos.
—¿Por qué tienes que decirlo con palabras? —dijo por fin.
—Solo dilo, Sesshomaru… —protestó entre risas. Él se volteó y se apoyó sobre su codo para verla mejor.
—¿Serás más feliz si lo digo con palabras?
—Sí, los sentimientos se hacen más grandes cuando se dicen… —relató con la energía de una adolescente enamorada—. Además estuviste toda la semana en tu taller y no me has dicho que me extrañaste, aunque yo te lo dije a penas regresaste…
Él sonrió y le acarició el cabello, sin perder el contacto de su mirada chocolate. Kagome se acostó de nuevo y miró al cielo. —¿Por qué no lo dices?
—Me gusta cuando no se dice… Es mejor cuando se guarda adentro.
—¿Cómo puede ser mejor?
—Yo creo que si los sentimientos no se dicen se hacen más grandes…
—Es una excusa para tu falta de honestidad.
En ese momento, Kagome no había podido predecir que Sesshomaru permanecería inmutable en su opinión durante toda su vida. Jamás había escuchado un te amo sincero de sus labios, pero Inuyasha lo decía casualmente como si fuera lo más sencillo del mundo. Él era honesto, tan honesto que le incomodaba…
—Bien… —concluyó—. No me disgustas, es todo lo que puedo decir sobre ti. Quiero creer cuando dices que te gusto, pero es difícil… Sería bonito si me gustaras también, ¿sabes? Seríamos condenadamente felices…
—¿Cuál es el problema entonces? —rio él.
—¿Qué pasaría si te dijera que jamás rompo en serio con ese hombre? Nosotros ya hemos roto muchas veces antes, y también hemos salido con otras personas durante nuestras rupturas… A pesar de que he salido con otros hombres siempre regreso a él.
Recordó con risa las veces en que Sesshomaru lo había intentado con otras chicas, las cuales generalmente resultaban ser unas idiotas sin cerebro. Siempre hacía con ellas todo lo que ambos hacían juntos, sin lograr interesarse de verdad. A ella le había pasado exactamente lo mismo con otros chicos.
—¿Por qué me estás diciendo eso?
—No quiero darte falsas esperanzas…
—¿Por qué rompiste con esos hombres?
Luego de un momento decidió decirle la verdad. —Todos ellos eran copias de mi relación con él. Me sentía enamorada y luego ya no… de una u otra forma, siempre volvía a enamorarme de Sesshomaru. Al final, decidíamos volver a intentarlo juntos otra vez…
Su celular vibró y lo tomó para leer a Sesshomaru recordándole que ese día le tocaba la limpieza. Resopló frustrada y miró a Inuyasha, quien la observaba como si ella fuera lo más hermoso en el mundo entero. ¡Qué irónica era la vida!
—Creo que tu relación con ese hombre ha terminado definitivamente, Kagome…
Asintió de mala gana. —Sí, creo que sí, lo más probable es que no regresemos.
Él sonrió descarada y muy sensualmente, tanto que algo de movió en el corazón de la azabache. —Dijiste que no te gusta dar falsas esperanzas… ¿cierto?
—Sí, lo detesto. No soy una chica de veinte años, pero mi corazón actúa como si así fuera. No conozco mis sentimientos, así que no puedo aceptar los tuyos… No quiero que te lastimes por mi culpa.
—¿Y si te dijera que puedes ir y venir?
Kagome sintió su corazón paralizarse un segundo. —¿Qué significa eso?
—Puedes venir a mi lado y marcharte cuando lo desees. Ven cuando quieras venir y márchate cuando te quieras ir, es sencillo. Puedes jugar conmigo si así lo quieres, tomar mi corazón y hacer lo que quieras con él, no me importa.
La azabache bajó el rostro avergonzada. ¿Qué clase de ofrecimiento era ese? ¿Cómo podía Inuyasha quererla de ese modo?
Él continuó. —No te sientas mal. No hay una forma correcta de amar, puedo gustarte y luego ya no… y luego gustarte otra vez, ¿quién lo sabe? Si estás tratando de hacer lo correcto deberías renunciar a todo y salvar al mundo, no buscar un novio.
Con sus ojos dorados y su cabello blanco y largo, Inuyasha era exactamente igual a Sesshomaru, pero al escuchar su voz podía asegurar que era la persona más distinta a él que podía haber en el mundo. Era dulce, sencillo, tierno y la amaba… la amaba de verdad.
—Dijiste que no te disgustaba… —lo escuchó susurrar—, entonces podemos empezar desde ahí. Si crees que necesitas regresar con ese hombre eres libre de hacerlo, pero sé que no lo harás porque en ese entonces ya estarás enamorada de mí.
De repente, se sintió realmente incómoda y sofocada en el extraño ambiente del departamento de Inuyasha. No estaba acostumbrada a que un hombre le dijera esas palabras, le resultaba sorprendente que un hombre pudiera tratar tan bien a una mujer. ¿Era así como se sentían todas las mujeres con sus parejas? Era demasiado… sofocante. —Tengo que irme…
Él suspiró apesadumbrado y se levantó del sofá en dirección a la entrada. —Te esperaré abajo, te llevaré.
—Ok.
El viaje hasta su casa transcurrió en total silencio. No quería responderle a Inuyasha, necesitaba pensar. Si era cierto que tenía su permiso para intentarlo, necesitaba analizarlo y descubrir si realmente quería probar suerte con él. No había nada escrito, por primera vez Kagome estaba pisando un terreno que no conocía y eso la inquietaba de sobremanera.
—Gracias… —sonrió melancólicamente antes de bajarse del auto.
—Te llamaré. —Ante el silencio de Kagome, el ambarino insistió—: Contestarás mis llamadas, ¿verdad?
—Está bien… —susurró tímidamente, evitando mirarlo a los ojos.
—Bien, nos vemos mañana…
—Adiós, Inuyasha —musitó sin ganas y cerró la puerta del carro, para caminar con paso decidido hasta su casa.
En el mundo había dos tipos de mujeres… las que miraban atrás y las que no. Una vez adentro, corrió la cortina disimuladamente y lo observó marcharse. Sí, Kagome era de esas mujeres que volteaban hacia atrás, aunque pretendieran ser de las que no.
Inuyasha, antes de irse, miró las placas que estaban frente a la casa y descubrió que ellos no vivían juntos sino en casas independientes, lo cual facilitaba un poco su batalla. Esperaba que, al menos, kagome pudiera tener un poco de intimidad en su casa para llorar hasta la última gota de despecho en su interior y poder renacer.
II
—Los empleados dijeron que si no recibían su cheque a fin de mes pondrían una demanda en contra de la compañía… —confirmó Miroku mientras revisaba su correo electrónico.
—¿Otra demanda? ¡Dios, no puedo con esto! —exclamó Sango sintiéndose disminuida y arruinada.
—Podemos llegar a un acuerdo con ellos antes de que la justicia interceda.
—No lo creo, ellos me odian… ¿Cuánto les debemos en total?
Miroku se levantó para enseñarle una cifra en los documentos que estaban sobre la mesa y Sango no pudo evitar mirarlo de cerca. —¿Tú estás bien? Estoy hablando de tu sueldo…
—No te preocupes por mí —sonrió él con confianza—, soy un hombre precavido.
Sango lo miró alistar su maletín de cuero negro y suspiró. El piso aún se le movía cuando él estaba cerca suyo, si eso no era amor que alguien le dijera qué demonios era. —Voy a la fábrica tengo que resolver algo sobre unos cheques porque ellos solo quieren efectivo…
—Espera… —lo tomó del brazo y lo detuvo—. Dame un abrazo y luego vas, es una orden.
—No estés triste… sé que la situación es difícil, pero tú eres genial… saldrás adelante como siempre.
—No estoy triste… —admitió la castaña bajando la vista—. Te tengo a ti…
A pesar de que Sango era una mujer de gran fortaleza, era también una mujer que miraba atrás en los momentos difíciles. Luego de Miroku Asakura se hubo ido, tomó su celular y llamó al único número que no debía marcar, el de Naraku.
—Dame la contraseña de la puerta… —exigió—. Necesito sacar mis cosas…
Una hora más tarde estaba con unos empleados saqueando todo el departamento de su exmarido. No podía permitir que él le quitara todo lo que ella había invertido en ese matrimonio, sobretodo cuando estaba a punto de ir a la quiebra. Revisó la caja fuerte y descubrió que él le había cambiado la clave otra vez, así que lo llamó y con tono prepotente exigió la clave.
—¿Qué vas a hacer si la abres? Adentro no hay nada tuyo… —respondió Naraku con su usual tono de superioridad.
—Por supuesto que sí, quiero de regreso el anillo de mi abuela fallecida en Nagasaki, ¿no lo recuerdas?
—No existe tal joya, Sango… no me tomes por idiota. Si tocas la caja fuerte yo…
—Tu qué —interrumpió la castaña—. ¿Llamarás a los medios? ¡Oh, Dios mío! Soy una adultera, ¿lo recuerdas? No tengo nada que temer. Me la llevaré, te aviso para que no llores después, adiós.
—¡Espera, Sango! ¡Maldición! —Aunque le habría encantado quedarse a escuchar los improperios de Naraku, lo más recomendable era desaparecer de ahí cuánto antes, así que le pidió a los empleados que cargaran la caja y desapareció en menos de diez minutos.
III
Kagome odiaba su día de limpieza más que a cualquier cosa en el mundo. ¿Por qué Sesshomaru no podía entender que no se le daban los cuidados de la casa? Además, si habían terminado no tenía por qué seguir obedeciendo a esa estúpida tabla de deberes. Pasó el trapeador de mala gana por toda la casa y susurró una triste canción de amor, mientras escondía toda la basura debajo del sofá de Sesshomaru.
Estaba celebrando su ocurrencia cuando él llegó y la descubrió. Molesto, corrió el sillón y la obligó a hacerlo bien.
—¿Por qué no le dices a Kagura que limpie tu casa? Es más… ¿por qué no le dices que limpie ambas casas?
—Ella está colgando tu ropa limpia…
—Tú ganas, idiota… pero no por mucho tiempo —jadeó mientras pasaba el artefacto por encima de sus pies, ensuciándole los zapatos sin ningún pudor. Ese día no quería verlo, ya se había complicado demasiado la situación y no quería saber nada de nadie, ¡mucho menos de los hombres!
—Trae tu libro de cuentas… —ordenó él con voz de pocos amigos.
—¿Por qué?
—Debemos organizar el dinero, no lo hemos hecho este mes… —solucionó el peliplata mientras subía a su habitación pisando por donde ella ya había limpiado.
Si había algo que Kagome odiaba en la vida, era que pisaran su piso reluciente y aún húmedo. ¡Odiaba que quedara con huellas! ¿Cómo podía ser tan inconsciente? ¡Qué bueno que había terminado con él, no tenía absolutamente nada bueno!
—Oh, Kagome… ¡Eres libre de él, libre de amar! —celebró mientras volvía a limpiar el lugar en donde él había pisado con rabia.
Bien, quizás era un poco bipolar, pero es que era imposible no serlo con Sesshomaru Taisho. Lo amaba, sí… pero no sabía por qué. ¡Solo lo amaba y ya! En cambio, podía dar numerosas razones del porqué de su odio hacia él, empezando por su estúpido carácter.
¿Estaba loca?
Más tarde, se sentó junto a él en su cuarto para revisar el dichoso libro de cuentas y a esperar que él la regalara otros diez minutos, ya que no había anotado nada en él desde hacía meses. Estaba en eso cuando vio encima de la mesa las malditas rocas de Kagura Touma, las cuales tenían escrito con borrador blanco los nombres de ambos y un corazón. ¡Santo cielo!
—Kagome, ni siquiera tienes los recibos de la Luz y el Agua… ¿estás segura de que pagaste?
—¿Crees que tengo ánimo para ordenar un libro de cuentas?
—¿Por qué no puedes?
—Me han roto el corazón… es obvio. ¿Acaso tú tendrías ganas de usar una calculadora cuando tu corazón sangra?
—¿Eres la única que fue abandonada? Yo también fui abandonado…
—Es diferente… tú me abandonaste primero.
—¿Crees que la persona que abandona primero no se lastima?
¡Qué ironía! ¿cómo podía mentir tan descaradamente? Lo odiaba… —¿Estás lastimado, Sesshomaru? —se burló—. Es tan conmovedor…
Él bajó el rostro y se metió de nuevo en las cuentas. —Bien, es imposible que estés lastimado. Hoy en la mañana me viste salir de la casa de otro hombre y no hiciste nada… luego me haces revisar el libro de cuentas. Tú no estás herido…
—Solo trae los recibos…
—No los traeré. ¡No voy a hacer nada que tú me digas! Estoy harta de ser una mujer sumisa.
—No piso sumisión de tu parte, solo pido respeto.
—¿Has respetado tú mis sentimientos? Siempre los has pisoteado ¡y todavía exiges que sea buena contigo! Estoy harta, conoce a una mujer decente y vive felizmente con ella el resto de tu miserable vida.
—Por eso no me gustas, porque no eres decente… Una mujer no habla de ese modo y sabe amar por sobre todas las cosas.
—¡Oh, entiendo! Quieres a una mujer joven que te diga que sí a todo y luego hable mal de ti a tus espaldas. ¡Definitivamente te mereces a esa mujer! —rio malévolamente.
—No me interesa que hable mal de mí, mientras hable menos que tú está bien. Eres entrometida y hablas demasiado.
—Lo soy, pero al menos no tengo gusanos en la boca como esas mujeres…
—No te preocupes, masticaré sus gusanos porque es la mujer que amo.
—Has eso entonces, infeliz —masculló la azabache.
Él se indignó. —¿Por qué soy un infeliz?
—Me lastimaste, eres un infeliz; ese es mi estándar… —explicó ella.
—Piensa de forma racional, no emocional…
—¡Oh, tú eres tan racional! Pues bien, piensa racionalmente… ¿Dónde vas a encontrar una mujer como yo? No existen muchas mujeres así, Sesshomaru.
—Así es… no todas las mujeres creen que son la más maravillosa de todas. Sigue pensando eso y sé feliz. Yo buscaré a una mujer más joven, amable, comprensiva y la haré feliz. ¿Contenta?
—¿Quién es más joven y amable, Kagura Touma? —se escandalizó la azabache.
¡Oh, sí… claro que ella era más joven y amable, pero era más aburrida que Buda. Sesshomaru era un idiota, había caído con la primera falda que había entrado en esa casa. Bien, no le importaba, incluso había hecho esa escena solo para molestarlo.
Ya no podía hacer nada más por ella y él; aunque le reclamara eternamente sobre su desaire él no cambiaría de opinión y ella tampoco. Estaba cansada, esa estúpida pelea se lo había confirmado. Discutir con Sesshomaru era como su deporte favorito, además le ayudaba a quemar toda esa pasión inservible que sentía por él.
Se preguntó realmente qué pasaría si él iniciara una relación con Sesshomaru. ¿Qué sentiría? Una parte de sí se entumeció ante la idea, pero otra se sintió aliviada. Si el peliplata tuviera una mujer, habría una razón poderosa para dejarlo ir, pero como no tenía una… ella insistía en ocupar esa vacante.
¿Por qué era tan complicado, maldita sea?
Abajo, Kagura Touma dejó caer por accidente un reproductor de mp3 que estaba escondido detrás de un cuadro mientras sacudía los muebles. Lo cogió de inmediato y celebró su suerte, se puso los audífonos y buscó alguna radio para escuchar mientras aseaba el lugar, pero lo que escuchó fue otra cosa.
—Dormiremos juntos una vez por semana. En mi cuarto una vez cada tres semanas y en tu cuarto dos veces cada cuatro semanas… —Era la voz de Kagome.
—Eso no puede decirse así, tan mecánicamente. Vamos a hacerlo cuando queramos —le respondía Sesshomaru.
—¿Cuándo queramos hacerlo?
—Vamos a poner un código. Cuando tú quieras, pones esos tacones altos que te regaló Sango en la entrada.
—¿Qué harás cuando tú quieras hacerlo?
—Voy a pegar los gatos así como están ahora…
—Bien, hagámoslo así entonces.
—Espera… Es necesario hacer algo para cuando nos estemos negando.
Se escuchó un aplauso y una risa coartada. —Y tus zapatos deberán estar cruzados… —dijo Sesshomaru.
—Rechazar es nuestro derecho, así que, por favor, no salgamos heridos…
—¿No sería mejor si además tenemos una relación de respeto con el otro?
—Bien, entonces sólo una vez por semana…
—¿De qué estás hablando? Si lo queremos podemos hacerlo hasta diez veces en una misma noche.
—Sabes muy bien que eso es imposible…
—¿Debería probarte esta misma noche que no es habladuría?
—Coopera con el control de la Natalidad.
Kagura tragó saliva y puso pausó el archivo. Sí, no había forma de que no se estuvieran refiriendo a una relación sexual. Kagome y Sesshomaru se acostaban en una relación sin compromisos, por eso ella la odiaba y… Sesshomaru la rechazaba una y otra vez.
¿Por qué no se había dado cuenta? No era solo sexo lo que ellos tenían, también estaban enamorados… Veía el amor en los ojos de Kagome y también en los de él. Él la amaba, estaba segura. Cerró los ojos y continuó escuchando:
—¡¿Cuándo no lo he hecho?! ¿He cometido algún error alguna vez? Debes estar agradecida de que nunca he fallado con este servicio.
—¡¿Qué clase de servicio me estás dando?!
—Dime si está faltando alguna cosa.
—Tus besos en las rodillas no son buenos, no siento nada con ellos.
—No sientes nada con ellos, sin embargo, gimes como una loca.
—Rechazo tu tono sarcástico completamente…
—Kagome, te hablaré de la forma en que tú me hablas, así que sé un poco más amable…
—Tocar mi mano, poner tu mano sobre mi hombro, y abrazarme fuera de la cama está prohibido…
—¿Qué hay de besarse?
—No me interesa si no lo haces.
—Lo haré, porque me gusta besarte…
No podía escuchar más, no necesitaba saber más… Ya todo había sido dicho, en esa casa no había espacio para ella.
—¡Kagura Touma no! —escuchó desde la habitación de Sesshomaru. Kagome estaba gritando—. ¡Ya te dije que los mataré a ambos y viviré en cadena perpetua!
—Eres tan inmadura… —desaprobó Sesshomaru frustrado, en el cuarto.
—Si sales con ella voy a pensar que esa es la razón por la cual me abandonaste…
Él se limitó a mirarla con cara de pocker y cambió el tema monumentalmente. —¿Puedes traer tus recibos?
—No, búscalos en mi gaveta del maquillaje si tanto los necesitas.
Sesshomaru se levantó con violencia y fue hasta la habitación de la azabache para ordenar el maldito libro. Kagome se quedó en el escritorio jugando con las rocas, mirándolas una y otra vez y odiando la existencia de Kagura con todas sus fuerzas.
Podía renunciar a él, podía aceptar a otra mujer, podía incluso aprobar la relación de ambos, pero no a ella. Si Sesshomaru la había dejado por esa chica no podría sobrevivir. Tenía miedo de que ya hubiera pasado algo entre ellos y frente a su nariz. No lo soportaría… no estaba preparada.
—¿Por qué soy tan inmadura? —resopló, mientras tomaba las piedras y corría hasta la ventana de la sala para lanzarlas fuera.
Sacudió sus manos sintiéndose poderosa y rio desmesuradamente. ¡Al fin ya no tendría que ver esas tontas rocas!
—¿Qué estás haciendo? —la sorprendió Kagura, caminando hasta ella—. Lo que acabas de tirar… ¿son las piedras que me dio Sesshomaru?
No al contacto visual, volteó a ver a otro lado y caminó en la dirección opuesta, ignorando el hecho de que esa joven y audaz chica quería golpearla. Estaba a punto de escapar con éxito cuando ella se interpuso en su camino desafiante. —Explica por qué hiciste eso.
—Solo tienes las boletas de la Luz, Kagome… —entró Sesshomaru.
¡En horabuena! Al menos Sesshomaru servía para sacarla de una situación incómoda, ya se le hacía raro que el peliplata no sirviera para nada. —¿Dónde estaban? —se interesó falsamente.
Pero Kagura no era una mujer fácil, la jaló del brazo y la obligó a voltearse. —No cambies el tema. ¡Tiraste mis rocas afuera!
El ambarino miró a ambas confundido. —¿De qué estás hablando?
Kagome miró a otro lado, no quería quedar como una sicópata celosa, debía pensar una excusa. —Kagura, luego lo hablamos… ¿está bien? —susurró despacio.
—No, Sesshomaru… ella botó por la ventana las piedras que me trajiste de tu viaje.
El peliplata avanzó y se puso entre ambas antes de que llegaran a los golpes, con Kagome todo era posible, de hecho, sabía que ella moría de ganas de insultar a la chica. —¿Es cierto, Kagome?
—Sabes que soy inmadura y mala… las tiré porque ella no me agrada —se defendió, descubriendo que podía justificar todo lo que hacía por su inmadurez.
—¿Por qué lo hiciste? Quiero saberlo, Kagome —insistió la chica molesta.
—Oye, no le preguntes eso… sabes que ella es rara.
—Sí, de hecho estoy muy arrepentida. Iré a buscarlas enseguida… —fingió demencia y salió corriendo directo al patio.
¿Por qué Kagura Touma estaba tan enojada con ella? Es decir, la odiaba en secreto, pero ella no tenía razones para estar tan molesta por algo tan pequeño. ¿Acaso se había dado cuenta de que ella y Sesshomaru habían tenido algo en el pasado? Rio triunfante, eso era bueno. ¡Ella necesitaba saber quién mandaba en esa casa! Aunque buscar las piedras en el jardín no lo demostraba en lo absoluto, ¿por qué se había ofrecido en primer lugar?
—¿Quieres un helado? —invitó el peliplata sentándose en la terraza con dos paletas.
A regañadientes se levantó y caminó hasta él para sentarse a su lado. —¿Crees que soy patética? No sé por qué soy así… —bufó derrotada. Ni siquiera tenía a otra persona con quien charlar que no fuera él—. ¿Por qué lancé las piedras? No puedo reprimir mis impulsos.
Sesshomaru rio y se acomodó frente a ella. —Kagome… ¿sabías que no hay necesidad de que me cuentes todo lo que pasa por tu mente, cierto? —se burló. Por un segundo, pareció como si fueran amigos de nuevo y le dolió.
—¿Por qué no puedo decirlo? ¿Parezco una loca? Mírame, ¿luzco como una enferma mental?
Él carcajeó de nuevo, que lo hiciera dos veces en el mismo minuto era extraño. La alerta se activó en el corazón de Kagome, peligro… peligro. Entonces, Sesshomaru levantó el brazo y tocó su nariz de esa forma.
—¡No toques mi nariz! —chilló cubriéndosela con ambas manos—. No me toques, has como si tuviera lepra.
Él lo hizo de nuevo y Kagome saltó molesta, se alejó medio metro de él y continuó comiendo su helado enojada. Podría haberlo tirado, pero era su maldito sabor favorito… y él lo sabía.
¿Quién amó más y quién amó menos durante la relación? Se preguntó Sesshomaru mirándola de reojo. Luego de un rato ella se levantó y corrió a recoger las piedras que había divisado a lo lejos y bailó una ridícula canción junto a los perros. Sí, la persona que podía sonreír primero tras la ruptura era la que había amado menos. Por eso, se obligó a sonreír amablemente para ella.
Eso era lo mejor.
—No pierdas tus piedras de nuevo, Kagura… —bromeó Kagome mientras se las daba.
Ella las aceptó gustosa. —Quiero preguntarte algo…
—No. Cualquier cosa que estés imaginando ya ha terminado —aclaró, dándole en silencio la aprobación para que fuera por él.
Estaba feliz, ella y Sesshomaru habían podido conversar y reír como antes sin reproches y sin salir lastimados con sus palabras. Hacía mucho tiempo que habían dejado de respetarse y de quererse, era imposible que hubieran podido tener una relación saludable luego de tanto dolor y con ese odio profundo que era a veces incluso más grande que el amor. Era hora de cerrar el libro de la historia de ambos, dejar todo atrás y comenzar de nuevo como amigos.
Entonces, descubrió que nunca lo había amado más de lo que lo había odiado.
CONTINUARÁ…
NO ME ODIEN, LES JURO QUE SE PONDRÁ BUENO! JAJAJAJA
Publicación: 07/05/2014
Corrección: Pendiente.
