INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.


EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.


NOTA DE LA AUTORA:

Esta vez les PROMETO que el capítulo reinvindica, espero sinceramente que les guste mucho. En otras noticias, me titulé de Publicista y estoy feliz, lo digo para compartir mi felicidad (que no es por ser por ser publicista, sino por no tener que estudiar más, jojoo)

Le agradezco REALMENTE a los que me dejaron REVIEWS a pesar de que el capi pasado fue un desastre, jajaja.

Taijiya Sango Figueroa

Hombre Cochino (?)

Orkidea16

Moon Skin

El que sae-sae (?)

Merry

Marlene Vásquez

Alice SesshTaisho

Sesshomarusama

Sasunaka doki

Yesse Hernández

Lauratona

Simy-chan

Desirena

Cecil Pierce

Breen Martínez

Y a los anons lindos :)

Queridas y queridos, si quieren conocerme, estaré feliz de recibirlos en mi facebook con el mismo nombre :) Un abrazo a todos y los amo, no lo olviden :3


"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que estaban enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"

¡NECESITO UN ROMANCE!

Claudia Gazziero

Estaba feliz, ella y Sesshomaru habían podido conversar y reír como antes sin reproches y sin salir lastimados con sus palabras. Hacía mucho tiempo que habían dejado de respetarse y de quererse, era imposible que hubieran podido tener una relación saludable luego de tanto dolor y con ese odio profundo que era a veces incluso más grande que el amor. Suspiró resignada y con una extraña sensación en el pecho porque sabía lo que había sucedido hacía unos minutos en el jardín: habían hablado como si hubiesen sido amigos toda la vida. De hecho, esa era la única forma en que sus personalidades funcionaban bien la una con la otra y sin hacerse daño.

Sí, era hora de cerrar el libro de la triste historia de amor entre ambos y buscar una lectura que pudiera apaciguar su corazón anhelante.

CAPÍTULO 14

CAMBIO DE CORAZÓN

PARTE II

I

—¿No creen que debemos ir a un bar para celebrar las cifras de este mes? —La secretaria de Rin era, a veces, muy persuasiva. Llevaba semanas buscando un motivo para salir de fiesta con Kohaku y se estaba volviendo demasiado evidente. Obviamente, la morena no quería ser el mal tercio en el grupo así que optó por declinar la oferta.

—En serio no puedo esta noche… —mintió. Además, siempre se incomodaba mucho con su Jefe, era difícil olvidar el día en que él había escuchado sobre su problema sexual en el parque. ¿Qué mujer no querría dejar eso atrás?

—¿Estás segura de que tienes planes? —inquirió el chico de ojos almendrados mientras la seguía. Pronto iban a llegar al hall y ella aún no se decidía a acompañarlos.

Entonces, tuvo que parar de golpe cuando Rin se detuvo al ver a ese sujeto parado en medio de la entrada.

—Tengo planes para hoy, tendrán que ir sin mí… —informó aclarándose la garganta y mirando a su novio con rabia.

—Oh, entonces creo que deberíamos dejarlo para otro día. No tiene sentido que vayamos nosotros solamente, no sería justo para Rin… —rio Kohaku disimuladamente y rascándose la cabeza como un púber.

Luego de convencer a la insistente chica de que lo dejaran para la siguiente vez, tomó su maletín y se encaminó a su casa desganado. Odiaba que Rin estuviera con un hombre como ese, ¿cómo podía soportar que él la tratara de esa manera? No tenía sentido, todas las mujeres tenían derecho a ser tratadas con sutileza y ella no era la excepción… aunque tuviera aquellos problemas.

Ella era muy extraña, se comportaba con él como si fuera una leona defensora de su honra, pero con ese tipo perdía la voz. Escuchó una voz alzada en la acera del frente y miró en seguida, ese timbre era demasiado reconocible. Su novio la estaba tironeando para que lo siguiera y ella no se defendía en lo absoluto.

Suspiró totalmente amargado por la situación y, a regañadientes, decidió seguirlos para verificar que todo estuviera bien. No era nada especial, era obvio que cualquier hombre se preocuparía en su lugar. No era tan común ver a las parejas pelear de esa forma en la vía pública, era demasiado evidente que ese hombre tenía un problema con la violencia física y verbal.

Al cabo de un rato Rin miró dentro de su bolsa —la cual, por cierto, había cargado durante toda la semana— y pareció cambiar de opinión, ya que empezó a seguirlo a voluntad e invitarlo a entrar en un café que estaba rebosado de gente.

No tuvo más opción que armarse paciencia y ocultar su rostro tras su maletín para sentarse en una mesa cercana. Ellos discutían pacientemente, él quería volver con ella y la perdonaba por su infidelidad.

¿Rin, infiel?

—Dímelo otra vez, ¿realmente dormiste con el sujeto que estaba al teléfono el otro día? —rogó él realmente afligido, casi parecía que sus sentimientos por la chica eran verdaderos.

—¿Por qué quieres que lo haga? —contestó la morena duramente—. Ya me he cansado de decírtelo…

—Es que no hay forma que una chica buena e inocente como tú tenga dos hombres… —insistió él.

—Pues dormí con él y contigo a la vez; de hecho, aún lo estoy viendo… y tenemos buen sexo.

—¿Buen sexo? —se exaltó Kohaku desde su mesa. Por primera vez, estuvo de acuerdo en algo con ese sujeto. Ella era demasiado inocente como para hacer ese tipo de cosas.

—¿Cómo puedes decir esas cosas en público? —chilló escandalizado Onigumo, mirando hacia todos lados. Todas las mesas observaban disimuladamente lo que estaba ocurriendo entre ellos. Odiaba ser el centro de atención.

—¡Tú me dijiste peores cosas a mí!

Touché, era cierto. Un punto para Rin Susuhara.

—Pero ahora estoy diciendo que podemos tener una buena relación, estoy dispuesto a perdonarte…

—No. Vamos a romper, Onigumo. No puedo seguir con esto… —dijo tranquilamente mientras ponía la pesada bolsa de papel encima de la mesa. Con el golpe, todos los presentes voltearon a ver. Rin tomó aire y se levantó para mirarlo desde toda su altura—. Este es mi regalo de despedida, querido.

—¿Estás segura de esto? No podrás arrepentirte después.

—Estoy segura. Adiós Onigumo. Fue muy difícil para mí gemir cuando no me divertía. —Kohaku escondió el rostro entre sus manos para ocultar la risa. Ella prosiguió y sacó de la bolsa una serie de libros y los golpeó contra la mesa—. Escogí los que tienen las mejores críticas, así que estudia mucho y aprende a complacer a las mujeres. ¡Adiós!

Cuando Onigumo vio los títulos de los libros y las imágenes de las portadas puso un grito en el cielo. El Kama—Sutra con ilustraciones era el más gordo de los volúmenes. EL Punto G de las mujeres, Cincuenta sombras de Grey, Trópico de Cáncer y Fanny Hill completaban la colección.

Cuando Rin salió flamante del café, Kohaku se levantó y se dio el gusto de llamar la atención de ese idiota y señalar el Kama—Sutra, para luego mostrarle su dedo gordo en señal de aprobación. No se quedó a escuchar las maldiciones que Onigumo tenía para él y para el mundo.

Era inútil negar que estaba contento, rin lo había humillado mucho peor de lo que él a ella y lo había hecho sola. Ese tipo merecía eso y mucho más, ya que era un patán con todas sus letras. Afuera, buscó a la morena y la siguió con todas sus fuerzas sin saber realmente por qué lo hacía.

—¿Eres un acosador? —preguntó ella al darse cuenta de su presencia—. ¿Por qué sigues escuchando mi vida amorosa?

—Estaba preocupado, ¿no puedo? Si terminaste con él de esa forma fantástica, ¿por qué no lo hiciste antes?

Ella alzó una ceja. —¿Estás interesado en mí?

Kohaku rio nerviosamente. —No, estaba preocupado.

—Te preocupas porque te gusto —rio con todos los dientes—. Estabas esperando que rompiera con él, ¿verdad? ¿Quieres salir conmigo?

—¡¿Estás loca?! —se atragantó el chico—. ¿Por qué querría salir con un trozo de madera y una gran roca?

Golpe bajo. Kohaku viajó directamente al tacho de la basura. Como Rin era una mujer empoderada de sí misma y con una gran personalidad, obtenida a base de la humillación de su exnovio Onigumo, se permitió burlarse de él también. —¿Quieres que te demuestre lo caliente que puedo ser esta noche? —susurró sensualmente jalándolo de la corbata.

El corazón del pelinegro se detuvo. Miró a la chica a escasos centímetros de distancia y se concentró en respirar otra vez. Iba a responderle cuando ella ensartó su taco aguja en su zapato y lo presionó con fuerza. —Creo que debería guardar todo este ardor para mí, ¿sabes? Los hombres, hoy en día, son unos idiotas —concluyó soltándolo y empujándolo hacia atrás.

Acto seguido, se volteó e inició una digna caminata hasta la parada de autobús. Su actuación habría resultado mucho más creíble si hubiera tenido un auto descapotable esperándola, pero bueno… no se podía todo en la vida. Al menos ya no tenía que soportar al imbécil malnacido y estúpido de Onigumo.

¡Soltera otra vez!

Guau.

II

Kagome se revolcó en la cama con el teléfono en la oreja y suspiró. —Es que no lo entiendes… él es tan guapo y bueno. Si no estuviera en ese café ya habría salvado al mundo —exageró mientras recordaba los ojos del ambarino. Él era su nuevo pretendiente, tenía que presumirlo con las chicas.

—Y yo que pensé que amaba a Onigumo —exhaló Rin mirando el techo—. Ahora que he terminado con él me siento demasiado feliz. ¿Es normal?

—Es porque no lo amabas tanto… ustedes son tan sencillas, estoy celosa —admitió la azabache. ¿Por qué no podía ser un poco con Rin o un poco como Sango? Eso habría solucionado muchos problemas en su vida.

—Sango está en el teléfono, pregunta si están hablando entre ustedes… —interrumpió Sesshomaru. Kagome lo ignoró monumentalmente y agregó a Sango a la llamada. Una hora más tarde estaba en harapos en la oficina de la castaña y escuchando una extraña presentación sobre la nueva línea de calzado que pronto saldría al mercado.

¿Por qué? No tenía idea, solo sabía que Rin y Sesshomaru también habían sido convocados y estaban a su lado esperando que su amiga les dijera el porqué de esa reunión.

Miroku y ella habían un buen equipo, se complementaban fantásticamente y la colección era linda. ¿Acaso Sango quería que le dieran ánimos?

—Entonces, luego de ver la excelente colección que lanzaremos este verano… ¿no les dan ganas de invertir? —terminó la castaña con una sonrisa.

Silencio.

—¿Qué? —se atragantó Kagome con su propia saliva en una muestra de desconcierto total.

—Invertir en nuestra compañía… es una buena idea, ¿no creen? —respondió Miroku con la sonrisa embustera que había aprendido de su amiga Taijiya—. Nuestro único problema es el dinero, pero con su ayuda podremos alcanzar los objetivos planificados.

Rin miró a la azabache y Kagome la miró a ella.

—No tengo ningún interés en los negocios —sentenció Sesshomaru de repente.

—Yo tampoco —dijeron ambas chicas a la vez, aprovechando la negativa del peliplata.

No era muy buena idea para quedar mal con Sango, pero Kagome tenía sus motivos. Tragó saliva y miró a todos expectante, no le gustaba para nada el denso ambiente que se cernía sobre la oficina, menos cuando le negaba dinero a su mejor amiga.

Rin fue a primera en hablar. —Me gustaría ayudar, pero no sé ni siquiera lo que significa ser socio…

—¿No pueden invertir en mí sin saberlo? Hemos sido amigas desde la secundaria… Ustedes conocen mi situación, soy una adúltera, la zorra más famosa del país. ¿Quién invertiría en mí más que mis amigos?

—Ustedes saben más que nadie todo lo que hemos trabajado para construir esta empresa desde los cimientos, realmente estamos recurriendo a ustedes porque no tenemos a quien más pedirle ayuda —explicó Miroku, abrazando a Sango por los hombros y mirándolos directamente a los ojos.

—¿Puede ser una pequeña cantidad? —musitó la morena de repente, pero solo eso bastó para que la castaña saltara de alegría.

Kagome la miró desconcertada. —¿De verdad vas a hacerlo?

Ella sonrió sinceramente y asintió. —Creo que puedo arreglarme y darle algunos ahorros…

—¿Cuánto necesitan? —preguntó Sesshomaru intempestivamente son otra sonrisa, casi tan honesta como la de Rin.

¿Estaban locos? Cuando la azabache alzó la vista descubrió que todos estaban esperando su respuesta ansiosamente, incluso el peliplata. —No lo haré… No me miren así, no ayudaré en lo absoluto.

Nada. Ellos seguían insistiendo con sus caras de corderos degollados. —Bien, supongamos que me asalta una enfermedad terminal. ¿Quién se hará cargo de mí? La salud es carísima en este país y estoy completamente sola. Yo tengo que pagar mi propio tratamiento y mi carroza fúnebre. En otras palabras, si no tengo dinero me toca morir. ¿Quieren que muera?

—¿Acaso crees que dejaría que murieras sin recibir tratamiento? —se burló Sesshomaru a su lado.

—Cierra la boca —lo golpeó Kagome en la mejilla—. Tú me dejaste porque no te gusto, deberías dejarme morir…

—¿El dinero es más importante que yo? ¡Yo te daría incluso mi hígado si lo necesitaras! —agregó Sango.

Entonces, toda la bruma de negatividad que expelía de Kagome desapareció para dar la bienvenida a una sonrisa infantil. —¿En verdad me darías tu hígado? —preguntó emocionada—. Es lo más lindo que me han dicho en toda mi vida…

—¿Comprarás el hígado de Sango con dinero? —se burló rin, también a su lado.

—No, pero Sango me quiere tanto que me daría su propio hígado… ¿No es maravillosa? —rió Kagome y Sesshoamru roló los ojos.

¿Cómo podía dejarse convencer con el argumento más irreal de todos? Kagome había nacido para ser embaucada, lamentablemente. —No te dará su hígado, Kagome. Es una forma de…

—Asno… —lo interrumpió Kagome. El peliplata guardó silencio ante ese nuevo apelativo.

—Solo dale algo de dinero, es tu amiga… —resopló.

—Está bien, pero quiero tu hígado —sentenció la chica.

Cuando dejaron a Sango y a Miroku, quienes estaban infinitamente agradecidos con ellos, con Dios y con el sistema capitalista, fueron inmediatamente a revisar las cuentas para ver cuánto podían darle a la castaña. Esperaban tener suficiente dinero para poder solucionar los problemas de la chica, o la compañía de iría a la bancarota antes de lo esperado.

—¿Por qué eres tan millonaria? —inquirió Sesshomaru sorprendido por la cantidad que Kagome tenía en su libreta de ahorros.

—He ahorrado este dinero desde que era una novata. Además tú le envías dinero a tu madre y hermana en el campo, yo guardo los excedentes para mí. También tengo la herencia de mi madre.

—¿Le darás todo? Realmente es mucho dinero…

—Lo daré todo… —suspiró la chica con una triste sonrisa. No era que no quisiera ayudar a Sango antes, solo le asustaba no estar preparada para los eventos de la vida. Aunque Sesshomaru estaba a su lado, tenía demasiado presente que la soledad era la protagonista de cada uno de sus días.

—¿Por qué finges que eres mala cuando ibas a darles todo?

—No sé. Es un dinero con mucho valor para mí, quería hacer una gran boda para cuando nos casáramos… pero eso ya no sucederá.

Él la observó incómodo y Kagome se sintió un poco mejor. Aquello era una minivenganza por los días de dolor que le había causado. Él no iba a morir por una pequeña recriminación diaria sobre lo que no había sido, ¿o sí?

—Escucha, Sesshomaru Taisho. Es genial que Sango me dé su hígado… pero ella no tiene mi mismo grupo sanguíneo. ¿Sabes lo que quiero decir con eso? —No esperó a que él respondiera—. Quiero decir que, cuando necesite ir a ese transplante, quiero que me dones el hígado y uno de tus riñones, por si las moscas, los míos pueden comenzar a fallar en cualquier momento y los tuyos se ven bien.

Sí. Ellos, además de vivir juntos y haber crecido como hermanos, eran el mismo grupo de sangre. Quizás eso explicaba el hecho de que agarraran los mismos virus y se atrajeran de esa forma endemoniada.

—Te daré todo lo que necesites, Kag… —sonrió él y la chica le devolvió la sonrisa.

Era eso, una sonrisa de amigos, un cumplido, un gesto de cariño, nada más.

Era lindo no discutir. —Es bueno ser amigos… —comentó antes de marcharse a su casa por el umbral que dividía ambas propiedades.

Sesshomaru la observó. Sí, era bueno… demasiado bueno.

Cuando iba a subir a su habitación, se dio cuenta de que Kagura se había quedado dormida en su sofá y dirigió su puño hasta su rostro, en un movimiento violento, pero sin tocarla. Detestaba que se tomara la atribución de entrar también a su casa, sin su permiso. Ella no tenía nada que ver con su vida, menos le correspondía entrar a su casa.

No quiso hacer un escándalo por eso y la dejó dormir, se acostó en su cama y leyó un libro sin muchas ganas. Cuando se aburrió y decidió —por fin— apagar la luz, una figura entró por su puerta sin invitación y comenzó a sacarse la ropa.

¿Sesshomaru? Su corazón latió desbocado. Prendió la Luz antes de que se arrojara sobre ella y se decepcionó de sobremanera. Era Kagura Touma. Estaba sonámbula y semidesnuda, había subido sola y se arrancaba la ropa prenda por prenda. Se levantó espantada y saltó fuera de la cama. Entonces la observó meterse bajo la colcha y dormir plácidamente.

¡Qué chica más rara! Además de ser insoportable, era condenadamente sonámbula. Bien, al menos la historia de Sesshomaru ese día —cuando la había encontrado sin ropa en su cama— había sido verdad. Ella realmente tenía un problema —además de su cara fea—.

Analizó sus posibilidades que básicamente consistían en ir por Sesshomaru a su cuarto y exigirle que la hiciera desaparecer de su cama, o ir a dormir con los perros en una pequeña caseta de madera bajo el frío de la noche.

Sesshomaru, ven a mi habitación un segundo… —irrumpió en su cuarto con pijama.

Él estaba trabajando aún. —¿Por qué? —preguntó volteándose con un lápiz en la boca. Cuando trabajaba se le iba la sensualidad, por Dios.

Llévate a tu amiga contigo… —¿Por qué más él tendría que ir a su cuarto? Estúpido… ya no eran amigos con derechos.

Hey, Kagura… ¿Kag? —la llamó él suavemente a orillas de la cama de la azabache.

Kagome se enfureció. Solo ella era la dueña de ese apelativo. Él no tenía el derecho de llamar "Kag" a otra mujer. Entonces, un odio que hacía poco había menguado volvió con fuerza y más fuerza.

La odiaba a ella porque estaba enamorada de él y lo odiaba a él por permitirlo, pero por sobretodas las cosas, lo odiaba a él por ser quien era y ser como era, y en ese odio, todo el dolor por la separación definitiva luchó por salir.

No, no estaba preparada para verlo tomar en sus brazos a Kagura y llevarla hasta su cuarto, semidesnuda y totalmente dispuesta para él.

La destapó con furia para que se resfriara, pero luego se sintió mal por ella y su amor. Ambas tenían mucho en común. Estaban enamoradas de un hombre malo y sin sentimientos. Si ella decidía seguir en la pelea, le esperaba un futuro agotador. Desechó la opción de ir por Sesshomaru a su cuarto y la volvió a cubrir protectoramente, para luego subir la escalera de mala gana hasta el estudio —la idea de ir con los perros era un poco dramática— y sentarse frente al teclado.

Frustración. Frustración. Frustración, no podía sentir otra cosa. Jugueteó con las teclas del piano durante largo rato hasta que una aguda melodía tomó forma. Al rato agregó los acordes menores, convirtiéndola en una triste tonada de desamor.

Kagura Touma. Kagura Touma. ¿Por qué tenía que vivir con la mujer que le había robado el amor en la misma casa? No quería verla todos los días, pero tampoco quería dejar su hogar. Ese era su lugar en el mundo, no había otro para ella.

Recordó la discusión que habían tenido al llegar del crucero:

Si algún día se te ocurre salir con Kagura Touma los mataré a los dos y viviré en cadena perpetua. —Como siempre, él no hizo más que reprimir una carcajada, haciendo que el corazón de Kagome se encogiera del miedo otra vez. La herida aún estaba abierta—. ¿Te estás riendo? ¿Te acabas de reír, Sesshomaru?

¿Qué razón hay para que no pueda salir con Kagura? Nosotros ya terminamos. Dormimos juntos porque así lo queríamos y dejamos de hacerlo porque lo acordamos —solucionó mientras tomaba su propia medicina y bebía agua de una botella—. Estoy en todo mi derecho ético y moral de ver a otras personas.

Antes que la ley, los derechos humanos, morales y éticos viene la conciencia.

No existe la conciencia buena o mala en el amor. Voy a hacer lo que yo quiera, si salgo con Kagura Touma o no es asunto mío, acéptalo.

Bien, lo aceptaba. También aceptaba a la estúpida sonámbula. ¡Todo le daba igual a esa altura de la vida! ¿Por qué era tan difícil desligarse de él? Entonces, recordó las palabras de cierto chico de ojos dulces y ámbares.

"Todos los amores empiezan y terminan sin ninguna razón, Kagome"

Solo eso bastó para que comenzara a crear la letra más triste de todas sus letras, para la melodía más foránea que alguna vez había compuesto.

En realidad yo fui la primera en cambiar.

Lo hice porque ya tú no me llenabas,

estaba cansada de soportar todo yo sola…

Y así, cada estrofa relató lo dura que había sido su vida mientras cargaba ese sentimiento no correspondido que dolía más que mil puñaladas.

Recordó el primer beso y lo hermoso que había sido junto a esa verde enredadera del callejón. Su dulce lengua invadiendo por primera vez su boca y la complicidad de ese inocente gesto. Después de ese beso todo había cambiado, ya no había barreras entre ambos, solo había amor… un amor que se fue disipando e hiriendo de muerte año tras año hasta finalmente desaparecer. Ya no amaba a Sesshomaru, solo extrañaba el calor y la viveza de ese sentimiento casto y sencillo. Era duro y triste tener el corazón vacío, quería llenarlo de alegrías, de anhelos y de amores, pero tenía miedo de fracasar otra vez.

No quería a otro Sesshomau Taisho en su vida, no quería amar de esa forma nunca más. No se permitiría volver a sufrir por un hombre hasta acabar consigo misma.

¿Cuántas veces se había humillado hasta el infinito? Incluso había arriesgado su propia vida en la piscina del crucero en busca de una respuesta, solo para escuchar la verdad de la forma más cruda posible.

"No me gustas porque siempre actúas de esta manera".

¿Cuántas veces había ofrecido su corazón en bandeja? Lo había hecho desde hacía más de quince años y siempre había obtenido la misma respuesta. Recordó cuando era solo una adolescente rogándole a su novio que se apoyara en ella en los momentos difíciles y siendo rechazada totalmente.

"¿Por qué no puedes apoyarte en mí aunque sea una sola vez? ¿No puedes llorar en mi hombro cuando lo necesites?"

¿Cuántas veces había declarado su amor? Era una cifra tan grande que ni siquiera había llevado la cuenta, pero estaba segura de que eran muchas, muchas veces.

"Me gustas, Sesshomaru… mientras más lo pienso, más me doy cuenta de que nunca no me has gustado, ni siquiera una sola vez…"

Oh, Dios. Había sido tan profundamente tonta que se avergonzaba de sí misma… aunque, si lo pensaba bien, había algo de belleza en toda esa agonía.

Sí, había amado de verdad, había amado mucho más de lo que amaría cualquier persona en su lugar, había amado más de lo que se amaba a ella misma y había amado hasta perderlo y perderse completamente.

¿Quién más podía amar tanto sabiendo que no debía hacerlo?

Kagome Higurashi, solo ella.

Bien, no era el motivo más genial para enorgullecerse de sí misma, pero el dolor era tan seductor para el arte que no podía negar que era hermoso. ¿Era masoquista?

En esos pensamientos, la canción terminó de componerse. Agotada y con muchísima sed, bajó a buscar un poco de hielo. El hielo era tan refrescante cuando el corazón estaba roto que se había convertido en un vicio.

Se extrañó de que su celular estuviera al lado del refrigerador. No recordaba haberlo olvidado antes de irse a dormir, pero luego se reprendió, ya que ese era el verdadero significado de olvidar algo. Lo cogió y miró la pantalla sin energía, tenía un mensaje de Inuyasha Takahashi. Apoyó la espalda en el gran electrodoméstico y escribió sin pensárselo dos veces:

"¿Estás despierto? Acabo de recibir tu mensaje".

En su casa y a pesar de que eran las dos de la madrugada, Inuyasha todavía estaba en pie ordenando sus fotografías. Tenía algunas de Kagome, el día en que había ido al orfanato, pero intentaba no mirarlas demasiado. Cuando sonó el mensaje de Kagome sonrió ansioso y la llamó de regreso.

—¿Por qué no estás dormida? Mañana trabajas, ¿no?

—Estaba adelantando una canción… —comentó mientras mordía otro cubo de hielo.

—¿Qué suena?

—Estoy masticando hielo… quería algo de helado pero no había.

—¿Debería llevarte un poco de helado de mi café?

—¿Ahora? La cafetería está cerrada a esta hora.

—No, no. Está abierta, estoy allá en este momento. Aún no hemos cerrado.

—¿Es en serio? —rio Kagome, era obvio que mentía. Había dicho "allá".

Inuyasha se puso la chaqueta y corrió fuera del edificio para llegar hasta la cafetería. —Tuve que limpiar algunas cosas y todavía no termino…

—Mmm… pero no me gusta el helado de tu cafetería, ¿qué podemos hacer?

Él se detuvo. —¿Qué? ¿Por qué?

—Es muy dulce… y también sé que corriste hasta allá.

—¿Cómo lo sabes?

—¿Cómo podría no saber? Tu respiración está agitada —se burló la azabache.

—Entonces… ¿no quieres? —dramatizó Inuyasha.

—¡Por supuesto que sí! Pero ponle frutos secos, muchos frutos secos…

—Ok. Espérame en el parque en diez minutos.

Como si todo lo que había escrito hubiese quedado atrás de improviso, se sintió realmente fresca y renovada. Casi podía afirmar que tenía quince años de nuevo y tendría su primera cita de madrugada en un parque.

Era emocionante.

Inuyasha era tan gentil, a pesar de que ella se había tardado más de veinte, él había preparado el helado y viajado hasta allá en ocho —o al menos eso había dicho, no tenía cómo comprobarlo—. En fin, eso no era lo importante, lo realmente fantástico era que un hombre había corrido con helado al parque solo porque a ella se le apetecía, y eso que ni siquiera estaba embarazada.

Alguien había sacado a Inuyasha de un cuento de hadas, no podía haber otra explicación —aunque se lo agradecía de sobremanera, esos dones no podían ser relegados solamente al mundo mágico—.

—Gracias, Inuyasha. Créeme que voy a disfrutar cada bocado —confesó mientras recibía un gran vaso de helado repleto de frutos secos y salsa de chocolate amargo—. Esta salsa fue una buena idea, felicidades.

—Sabía que te gustaría… —respondió él con voz tímida.

Kagome se regocijó en su interior. Él era tan noble, no había otra palabra que pudiera describirlo a plenitud. En el siglo XXI, no había muchos hombres que tuvieran esa virtud.

—Me gusta… —declaró ambiguamente, mientras lo miraba a los ojos. Luego cambió el tema—: ¿Por qué hay solo una cuchara?

Él enrojeció. —Bien… ¿por qué hay solo una? Piénsalo.

—¿No te gustan los frutos secos?

Inuyasha la observó desconcertado.

—Dios, está bueno… Deberías hacer un poco para ti la próxima vez.

—¿No vas a detenerte a pensar por qué hay solo una cuchara? Ya sabes… podrías darme un bocado. —Dicho esto, abrió la boca para que le diera una cucharada. Kagome lo observó y lo amó. ¿Por qué?

Sacó entonces un bocado enorme e hizo un ademán para dárselo. Él se agachó a su altura para poder recibirla, pero cuando estaba a punto de llegar a su boca cambió de idea y se la comió. Inuyasha era divertido, pero ella no era una chica fácil, además eso estaba demasiado delicioso.

—Eres malvada, ¿lo sabías? —carcajeó él, mirándola acusadoramente.

—Puedo ser buena a veces… —jadeó mientras le ofrecía una cucharada a buena voluntad. Sin pensarlo dos veces, él la aceptó.

—¿Quieres más?

Él tenía la sonrisa tatuada. —No… estoy bien por ahora. Creo que incluso podría morir en paz.

—¿Te intoxicaste con azúcar o algo así? Es extraño que a un hombre le gusten las cosas románticas…

—¿Qué tiene de malo? —rio él.

—Dentro de poco andaremos en bicicleta en la madrugada, como esa pareja de ahí… —dijo señalando a una pareja de enamorados en bicicleta a lo lejos.

Inuyasha los miró atentamente y luego a Kagome, quien los observaba con añoranza.

¿Qué podía hacer él para quitarle ese semblante de tristeza?

III

A la mañana siguiente, Kagome Higurashi estaba demasiado agotada como para trabajar, así que llamó a Jacken por teléfono y, luego de escuchar sus berrinches durante unos minutos, le informó que trabajaría desde la casa y le mandaría todo por e—mail.

Gracias a eso, pudo perder el tiempo hasta tarde en su cama y dedicarle todos sus pensamientos a cierto chico de ojos dorados y cabello platinado que no era Sesshomaru, gracias a todos los Dioses. Inuyasha era… no tenía ganas de describirlo, pero le gustaba.

Si ella hubiera tenido la opción real de escoger de quién quería enamorarse, habría escogido a Inuyasha, aunque hubiese tenido que buscarlo por todo el mundo hasta encontrarlo. Quería amar a alguien como él, recibir sus atenciones y ser bien tratada. Él era especial, mágico y maravilloso, tan fenomenal que a veces ella misma creía que estaba soñando.

Claro, era como Sesshomaru pero más amable. ¡Alguien así tenía que ser producto de su imaginación! Pero Taisho también lo había visto, así que eso no era posible, gracias a Dios. Además, el hecho de que él estuviera enamorado de ella tampoco era un sueño, era real, tan real como sus ganas de corresponderle.

Esperaba que, a esa edad, no fuera demasiado tarde para amar.

Pensó en eso toda la mañana, mientras se bañaba, mientras hacía su cuarto y mientras preparaba su desayuno. El beso estaba también presente en su memoria. Un beso casto, sencillo y dulce, proveniente de unos labios que sabían decir "te amo", "me gustas", "me gustas mucho".

¿Es demasiado tarde para amar? Volvió a preguntarse.

¿Es demasiado tarde?

Sonrió.

La foto de una bicicleta en su celular llamó su atención. Lo tomó para mirar el mensaje del ambarino y su boca se curvó todavía más.

"¿Te gusta esta bicicleta?"

"Está linda"

"Esa bicicleta estará en tu casa en cinco minutos. Pedalea cuando vengas a mí".

—"Ya tengo una bicicleta…" —Iba a escribir cuando Kagura salió de su habitación bostezando.

—Kagome, ¿por qué estaba en tu cuarto?

—Porque eres sonámbula… —contestó tranquilamente, sin rencores.

—¿Dónde dormiste tú?

—Te abracé toda la noche —bromeó—. ¿Por qué?

Ella puso mala cara, pero a Kagome ya no le desagradaba.

—Kagura, ¿quieres esa bicicleta? —dijo apuntando una vieja máquina colgada en la pared del patio interior.

—¿No la usarás más?

—Solo te la regalo.

—¿Por qué? Tú nunca actúas gentilmente conmigo. Tengo miedo —dijo seriamente la chica.

—Te regalo mi bicicleta en señal de paz. Úsala y olvida todo lo demás, ¿de acuerdo?

Ella no respondió, pero a Kagome tampoco le importó, ya que el timbre anunció la llegada de su nueva bicicleta —con canastito—. Salió corriendo al instante y desapareció de la sala como una niña pequeña.

—¡Muchas gracias! —exclamó al verla—. Es realmente linda… —le comentó al chico, él era como la mano derecha de Inuyasha en el café y siempre rondaba por ahí.

—De nada, espero que la conduzca.

—¿E Inuyasha?

—Está en el mercado de flores…

—Ya veo… —suspiró la azabache.

—Nos vemos entonces… —se despidió el muchacho.

Kagome se quedó en la entrada admirando cada detalle de su regalo, sin darse cuenta de que Sesshomaru venía llegando.

—¿Una bicicleta? —preguntó de buen ánimo.

—Sí, ahora soy una mujer deportiva.

—Ya tienes una…

—Se la di a Kagura. Deberías salir con ella a dar una vuelta…

—¿No vas a entrar? Compré helado… —la invitó con una sonrisa, mostrándole la bolsa que traía.

—No, come con Kagura… yo tengo que ir a un lugar.

—¿A dónde?

—No tienes que saber todo lo que hago, ¿o sí? —sonrió ella.

Y así, escribió un corto mensaje avisando que iba hacia el café y montó su bicicleta. Desde ese día, pedalearía para ir hasta Inuyasha. Esa era su decisión, estaba segura. Quería hacerlo con todas sus fuerzas.

Recorrió las calles con una nueva perspectiva y sintió el aire fresco sobre su cara. Ese día dejaría atrás a la antigua Kagome y le daría la bienvenida a la nueva, a la Kagome que era cuando estaba con Inuyasha.

No tuvo que llegar hasta el café para encontrarlo, se topó con su auto a mitad de la avenida y él se bajó enseguida a saludarla.

—¿Te gustó?

—Sí, de verdad me gusta.

Él curvó la boca en una sonrisa infinita y Kagome se lanzó de precipicio sin pensarlo más. —Inuyasha… Estoy confiando en ti mi corazón. Ayúdame a cambiarlo y haz que me gustes. Te estoy dando una oportunidad…

El ambarino quedó boquiabierto, tuvo que voltearse para poder gritar de alegría con toda su energía. Kagome rio ante su espontaneidad. Le gustaba, ¡Dios, lo quería!

Entonces, lo vio entrar en el auto y sacar una caja enorme llena de flores de todos los colores y ponerlas frente suyo. —Será mejor que te prepares, Kagome… porque tu corazón podría explotar de amor.

No, con Inuyasha no era demasiado tarde para amar.

CONTINUARÁ…


¿AHORA SÍ? Espero que sí, jajaja. Espero sus comentarios. Les dije que este capítulo era mejor que el anterior :3 Un abrazo! Y escríbanme T.T Me alimento de eso, jajaja


Publicación: 19/05/2014

Corrección 1: Aún no ._.