INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE 2012", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.
NOTA DE LA AUTORA:
Solo puedo decir que... estoy agotada. Este capítulo tiene casi ocho mil palabras y, aunque he escrito capítulos más largos, no lo había hecho de una pura sentada. jajaja Así que si notan los errores, perdónenlos :c Ya mañana o en la noche le echaré una corrección. :3 Quería terminarlo pronto para poder subirlo, ya bastante les he hecho esperar.
Agradezco sinceramente por sus reviews a:
Beln
Akane Aome
JussandZury Himura
Zury Himura
Carol d´l Clam
GabiiSesshYue
Bbkid
Jenny
Mimimatt26
Nina Parker
Gabyuki
Sesshomarusama
AliceSessh Taisho
Emily Castro
Johan Taisho
Orkidea 16
Jose Okanami
María
Sery Taisho de Tetsuya
Kitty Taisho H.
Sasunaka Doki
Elvi
Marlene Vásquez
Taijiya Sango Figueroa
ía
Desirena
Breen Martínez
Cecil Pierce
Chuckylandia
Algunas han estado siguiendo este fic desde el principio, algunas se incorporaron después y muchas han llegado hace poco. Les doy la bienvenida a todas las que incorporaron en el último capítulo y les mando un abrazo. Espero que les guste este capi :)
No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que a los dieciocho ya estaban profundamente enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 15
¿CUÁNDO COMIENZA UNA RELACIÓN?
I
¿Cuándo comienza una relación en realidad?
Quizás a los cien días, o a los mil… pero ¿cómo puede una mujer saber cuándo es el día número uno? ¿Es cuando conoces a esa persona especial o cuando recibes una hermosa declaración de amor? ¿Y el primer beso? Cualquier persona pensaría: "es el primer beso, obviamente", pero antes de eso hay mucho mucho más.
Para Kagome Higurashi todo había comenzado la primera vez en que Inuyasha había removido algo en su corazón, algo pequeño y sin importancia alguna, pero había sentido un calor. Sí, ese calor que se propagaba en su pecho cuando estaba con él era el punto de partida.
Como fuera, ya estaba saliendo con Inuyasha Takahashi por alrededor de una semana cuando eso ocurrió, así que no importaba mucho. Sonrió, había sido una semana espectacular, aunque por la nueva canción no había podido verlo mucho. A veces, con suerte alcanzaba a verlo por las mañanas y luego del trabajo; ser una compositora famosa le absorbía demasiado tiempo.
¡Amaba pasear en bicicleta! Le encantaba descubrir su barrio de otra forma, ver los detalles de las casas y sentir la cálida brisa primaveral en su rostro. Desde ese día no había podido bajarse de su bicicleta para nada, la usaba para ir a todas partes y para encontrarse con él. Había algo de romance en todo eso y le encantaba sentirse como una chica de quince otra vez.
Ya en el café, se bajó de su nuevo transporte preferido y caminó sigilosamente. A través del vidrio, vio a Inuyasha de espaldas sentado en una de las mesas mientras bebía café y ordenaba la contabilidad. Podía apostar veinte dólares a que ella era lo más genial que le había pasado al chico en toda su vida. Sonrió en su interior ante el exceso de amor propio que se había apoderado de ella en esos días. Extrañaba mucho ser esa Kagome alucinante y energética que era más hermosa que el Sol de la mañana.
"¿No vas a venir a mostrarme tu cara hoy?"
Sonrió al ver el mensaje de texto y respondió:
"Estoy justo al frente de ti"
Lo vio buscarla con la mirada dentro del café, así que se apresuró a pegar su cuerpo al vidrio de la ventana y mofarse sin vergüenza alguna.
Él rio al descubrirla y le hizo señas para que entrara, pero ella le mostró su reloj y corrió a montarse de nuevo en la bicicleta. Estaba tarde otra vez y Jacken se pondría furioso. Se fue pedaleando mientras se despedía con una mano y manejaba torpemente con la otra.
—No puedo creer que haya venido literalmente a mostrarme su rostro —resopló Inuyasha decepcionado de no tener ni siquiera un dulce beso de buenos días en sus labios.
II
Por más que Kagome intentó encontrar el sentimiento en la joven artista que estaba interpretando su canción, no pudo. Ella cantaba hermoso, su voz era dulce y suave, pero no era adecuada para esa canción en particular.
—Espera —ordenó a su lado y la miró seriamente—. Lisa, aunque el ritmo es alentador la letra habla sobre una ruptura amorosa. ¿Entiendes? Hay mucho dolor, mucho sentimiento, arrepentimiento y reproche. Me gustaría que dejaras de cantarla a la ligera, ¿ok?
—Está bien —respondió la chica profesionalmente.
El celular de Kagome vibró y le hizo señales a Jacken para que le diera un segundo. Miró la pantalla y una sonrisa infantil se dibujó en su rostro.
"Un café será entregado en tu puerta en quince segundos".
—Lisa, ¿quieres tomar un café?
—Sería genial, gracias.
—Te mostraré algo de magia… —dijo sacándose los audífonos y caminando hacia la puerta—. Cuando cuente tres, un duende del café estará tras la puerta.
La chica sonrió, debía admitir que Kagome, a pesar de ser dura, era muy agradable.
—Uno… dos… ¡tres! —gritó mientras abría la puerta. Jacken roló los ojos.
El asistente de Inuyasha saludó tímidamente a todos con una mano y le entregó una bandeja para llevar con cuatro humeantes vasos.
—¡Oh, eres increíble!
—¿Lo ves? Soy bruja en mi tiempo libre, créeme. No se puede vivir solo de la música —dramatizó mientras se despedía del chico y se reunía con Lisa para compartir de su regalo.
Aunque en esa relación no había amor, sí había muchas risas… y eso era algo que su vida pedía a gritos. Ella jamás había sido una persona amargada, pero con los años se había vuelto sin querer en una mujer que no reía. Inuyasha le devolvía, al menos, algo de la Kagome que había sido hacía muchos años atrás.
—¿Estará bien una relación así?
No lo amaba y de eso no había duda alguna. Le gusta, lo quería, lo admiraba, pero no lo amaba. El amor no nacía de una semana a la otra como si fuera sencillo, tampoco llegaba con un beso. Para ella, era y siempre había sido más complejo, era la exageración del gustar, del querer y del admirar; una exultación tan grande de esos sentimientos que no cabía en corazón alguno… eso era el amor.
—¿Quieres café? —le preguntó a Sesshomaru con un ramo de flores rojas en sus manos. Iba a la cocina en busca de un jarrón de agua cuando se lo topó de frente. Hacía días que no lo veía y no hablaban mucho de nada, era como si él sospechara que ella ya no le pertenecía.
—No, gracias. Tomaré leche después —respondió él extrañamente animado—. ¿Quieres sembrar un árbol en el jardín?
La azabache alzó una ceja. —¿Un árbol para qué?
—Esas flores de marchitarán pronto y estarás triste, un árbol no…
Aunque no estaba segura de que fuera así, Kagome podía apostar a que aquello era un desafío. Las flores de Inuyasha se marchitarían, su árbol no. Qué concluyente.
—No creo que se marchiten, les haré taxidermia para que vivan quinientos años y acompañen a los hijos de mis hijos de mis hijos —cerró el tema.
Él sonrió ante aquella respuesta y la miró regresar a su cuarto con un florero lleno de agua y cantando una cursi canción de amor. Al parecer, le estaba yendo bien con ese chico Inuyasha.
¿Qué podía decir él?
Kagome puso las flores en la mesita de noche y ser recostó sobre la cama para verlas detenidamente. Cada vez que veía a Sesshomaru no podía compararlo con Inuyasha. En esa nueva relación no había noches llenas de nostalgia y lágrimas tan saladas y extensas como el mismísimo mar. ¿Podría eso convertirse en amor? Quería que así fuera, quería amarlo, quería estar con él por siempre.
Otro mensaje llegó a su celular:
"Te extraño".
Suspiró complicada e intentó pensar en una respuesta sincera. Quería decirle que lo extrañaba también, pero tampoco quería mentir. No lo extrañaba, estaba bien sola. Otro mensaje irrumpió en la habitación:
"Estás pensando una respuesta, ¿verdad? Si es así, entonces solo dime que me extrañas también".
Palabras que no eran sinceras… ¿Estaba bien decírselas?
"Te extraño también".
Era difícil escribir cosas que no sentía y mandárselas como una declaración de amor verdadero, pero tenía la esperanza que luego de decirlo varias veces comenzarían a volverse ciertas.
"¿Quieres que vaya por ti? Podríamos escuchar música en mi casa…".
Miró su celular largamente y sonrió. Si quería amar a Inuyasha, pondría todo de su parte para que ese sentimiento saliera de su cabeza y se grabara en su corazón con tinta indeleble.
¿Cuán difícil podía ser? Ya sabía cómo hacerlo, había amado toda su vida.
III
Como una niña pequeña, corrió hacia la escalera para alcanzar la colección de vinilos del chico. Adoraba su casa, la decoración era masculina y olía a madera, además estaba él. Inuyasha era como un sueño, incluyendo departamento, trabajo y carisma, todo de él le parecía abrumador. Estaba viniendo un cuento de hadas y quería que durara para siempre, estaba harta de arruinarlo todo.
—¿Qué disco quieres escuchar? Quiero que esta relación sea democrática, así que te dejaré escoger esta vez —dijo desde el último escalón, mirando hacia atrás y casi perdiendo el equilibrio.
Él reaccionó enseguida. —¡Hey, cuidado! Será mejor que bajes, yo buscaré uno que nos guste a ambos. Te sorprenderé con mis gustos musicales…
Kagome lo miró subirse a la escalera y tomarla de la cintura. Lo miró a los ojos cuando su rostro estuvo a solo unos centímetros y plasmó un dulce e inocente beso en sus labios. —Tienes un montón de discos raros, ¿trabajas en el mercado negro?
—Puede ser… pero insisto en que deberías bajar. Eres algo propensa a los accidentes —bromeó él solo para ver la cara de la azabache.
—¡No voy a lastimarme!
—Entonces te ayudaré… —solucionó el ambarino, recorriendo la colección con sus dedos—. Los primeros son de la década de los sesenta, luego viene los de los setenta, ochenta, noventa y así…
Kagome lo observó en silencio; a su lado y a tan poca distancia podía admirar su perfil en su totalidad. ¿Era posible que a los treinta y tres años su corazón se emocionara como si fuera una adolescente? Porque, al parecer, eso le estaba sucediendo…
—¿Cuál es tu favorito? —preguntó en un hilo de voz.
—Tengo tres favoritos, Kag. El primero es la banda sonora de "Le lecon Particuliere" —comentó al momento que tomaba uno de la vitrina y se lo enseñaba a escasa distancia.
Era el disco que se habían disputado en la tienda, aquella vez en que lo había invitado a cenar a un restaurante que costaba una fortuna —¿Por qué te gusta ese? —sonrió.
—Me ayudó a comer con la chica que me gusta.
—Qué suerte tuviste… seguro que era muy hermosa.
—Algunos dicen que sí, otros aún lo están discutiendo…
Iba a protestar, pero él le enseñó otro. —Mi segundo favorito es este: el OST de "Eyes Full of Sun"
Inuyasha sabía las reglas de la seducción a la perfección, era un jugador… de eso no había duda. —¿Por qué te gusta ese? —fingió no darse cuenta de que ese era el disco que habían escuchado cuando pasó la noche en su casa.
—Trajo de regreso a esa chica…
—¿Qué hay del tercero?
—El tercero será el que escuchemos hoy…
—Entonces lo escogeré para ti —decidió mientras rebuscaba por toda la repisa—. ¿Qué te parece este?
—Me encanta.
—Bien.
Al bajar, Inuyasha la tomó de las pantorrillas y le dio vueltas por toda la sala. No pudo evitar reír ante la frescura y vitalidad de ese gesto. Eran amigos, antes que cualquier cosa eran buenos amigos, y eso era espectacular.
—¡Bájame! —chilló entre carcajadas.
Él obedeció. —Prométeme que nunca más subirás ahí sola, ¿está bien?
—¿Por qué? No me pasará nada…
—¿Bromeas? Eres la mujer que golpea su cabeza con la puerta una puerta de vidrio nada peligrosa… —recordó, dándole palmadas en la parte superior de la cabeza como si fuera una niña pequeña—. Saca tus propias conclusiones.
Era curiosa la forma en que el bulling que le hacía el chico, en lugar de molestarla, le gustaba. Sentía su corazón agitarse, oh sí… Amaba cuando su corazón se agitaba de esa forma.
¿Era amor?
¿Estaba sintiendo amor al fin?
Inuyasha puso el disco y la música se tomó la sala con sus notas mayores y menores. Kagome, tímidamente, fue hasta él y lo abrazó por la espalda, quería sentirlo cerca, quería que él entrara en su corazón. —¿Por qué te gusta la música? —preguntó luego de un rato.
—¿Por qué me gusta…?
—Sí.
—Él cerró los ojos. —Cuando la escucho me transporto a otro mundo…
—¡Me pasa lo mismo! —exclamó separándose y posicionándose a su lado para verlo mejor. Aprovechó de robar su café también, olía de maravilla—. De hecho, por eso empecé a tocar instrumentos… quería componer mi propio mundo y compartirlo con las personas que amo.
—También me ayuda a olvidar…
—O a recordar, cuando escuchemos esta canción en el futuro recordaremos este momento.
En la noche, Kagome se juntó con sus amigas en la casa de Rin para tener una sesión de belleza femenina en grupo. Se aplicaron máscaras de palta, huevo y un sinfín de mezclas que encontraron en Internet; luego se recostaron en la cama a esperar y se miraron en el espejo que estaba osadamente instalado en el techo. Entonces, Kagome no pudo evitar recordar la canción… y a Inuyasha.
—A pesar de que siento mariposas cuando estoy con Inuyasha, cuando nos separamos no siento nada. ¿Debería sentir tristeza? ¿Debería querer verlo otra vez?
—Este espejo es realmente útil, Rin. No lo quites nunca —la ignoró Sango mientras admiraba su propia belleza proyectada en el techo.
—Estoy diciendo que no siento nada cuando me separo de él, chicas —insistió—. ¿Es un problema?
—Pues, deberías desear quedarte con él aunque sean cinco minutos más… —suspiró la morena—. ¿Y tú, Sango… qué piensas?
—Me gusta estar sola cuando estoy sola y juntos cuando estamos juntos.
Kagome rezongó ante la inútil respuesta de la castaña. —Él me gusta, pero siento como si algo nos faltara…
—¿Será que tu vínculo con Sesshomaru es demasiado fuerte? Es normal que te cueste volver a amar… además solo llevan una semana —comentó Rin, acomodándose la mascarilla —que comenzaba a derretirse—.
—No sé… ayer vimos el álbum de Inuyasha: fotos de cuando tenía tres años, navidades, cumpleaños…
Recordó aquel íntimo momento con una sonrisa. Él se parecía a su padre, aunque su rostro denotaba mucha tristeza.
—¿Dónde es esta foto? —le preguntó mientras estaban recostados en el sofá. Él sonreía con un gran balde junto a un árbol que atravesaba el otoño.
—En el orfanato, luego de que mi padre me dejara allí.
—Eras realmente pequeño… —dijo tristemente, intentando no sentir lástima por ese pequeño niño de la fotografía. Eran tan diferente al Inuyasha dulce que tenía en frente… ¿Qué había pasado?
—Siempre fui el más pequeño de la clase…
—Y eras lindo en primaria —aseguró, cambiando el tema a uno más alentador—. ¿Puede quedarme con esta foto?
Él solo asintió y Kagome no pudo dejar de preguntarse: ¿Por qué había pedido esa foto? ¿Realmente la quería?
—Estoy sorprendido de que te guste esa foto… —comentó él luego de un rato.
—¿Por qué?
—Espera un segundo —dijo después de levantarse para ir a buscar algo. Al cabo de unos minutos llego con un sobre lleno de fotografías y se las dio.
Kagome reconoció el árbol del orfanato, aunque en ese momento estaba más grande, macizo y frondoso. —¡Es el mismo árbol! —exclamó.
—Sí, es mi árbol.
Kagome lo miró a los ojos, ya que el tono de su voz le pareció extraño. Luego él comenzó a relatar una triste historia de soledad y desamor que le pareció realmente emotiva: —Me llevaron al orfanato en segundo de primaria, todos habían llegado desde pequeños y eran muy unidos. Como yo era más grande, simplemente quedé fuera, no hubo forma de que encajara… —admitió—. Cuando terminaban las clases, iba a leer bajo la sombra de ese árbol… devoré decenas de libros en ese lugar.
La azabache no pudo decir nada, sentía que en cualquier momento algo realmente triste sucedería. Sintió miedo y compasión por él, no quería que a ese dulce niño de la foto le sucediera algo malo. ¿Era alguna clase de instinto protector? Él continuó: —Una vez hubo una gran sequía… y al verlo por las noticias pensé que mi árbol moriría.
Kagome omitió una carcajada y él rió. —Bien, no es como si un árbol muriera fácilmente, pero iba en primaria y creí que eso pasaría. Entonces le llevé agua todos los días en un gran balde metálico. Todos los días, balde tras balde, hasta que la sequía se fue. Fue ahí cuando me di cuenta…
—¿De qué? —Quiso saber la chica.
—Del amor… —dijo en un susurro—. Un día, al final del invierno, supe que eso era amor.
—¿Y qué es el amor? —preguntó ansiosa.
—Estar siempre preocupado, querer hacer siempre algo por esa persona y ser feliz cuando lo logras.
Kagome guardó silencio. ¿Qué podía decir? Luego de todos esos años, Inuyasha terminaba por aclarar una pregunta que siempre la había confundido. Si así era el amor, ¿había amado a Sesshomaru? ¿Había amado a alguien alguna vez? Se enterneció al mirarlo a los ojos, Inuyasha sí amaba. Él era de los hombres que amaban de verdad.
—Eras un niño amable y cariñoso, Inuyasha —comentó tomando de su mano.
Él sonrió de esa exquisita forma patentada solo por él y se inclinó para acomodar sus desordenados cabellos tras su oreja.
En ese momento, un pensamiento certero se apoderó de ella: si hubiera estado en ese momento, lo habría abrazado fuertemente hasta que sus miedos se disiparan. Lo habría ayudado a regar el árbol y lo habría alentado.
—¿No es eso amor? —preguntó indignada luego de relatarles toda la historia a las chicas. Salió del cálido mundo de los recuerdos de Inuyasha y miró a sus amigas en busca de una respuesta. Estaban dormidas. ¡Malditas zorras! No se los perdonaría—. ¡No puedo creerlo, siempre se pierden las historias en donde soy una buena persona!
—¡Muévanse! —gritó mientras se acomodaba para dormir en la esquina de la cama.
IV
—¡Kagura, espera! —exclamó Sesshomaru ante la irrupción de una sonámbula Kagura Touma que se desvestía en su camino hasta su cama, pero ella no lo escuchó. De hecho, continuó sacándose la ropa hasta quedar en brassiers y se tumbó a su lado. Luego lo abrazó posesivamente.
El peliplata se sentó en la cama frustrado y, luego de un segundo, le lanzó la manta. Tendría que dormir en el sillón. ¿Hasta qué punto llegaba el sonambulismo de Kagura? Esperaba no tener que dormir en el sofá todos los días, su espalda no se lo agradecía. —Esta casa es una desgracia… —refunfuñó mientras se cubría con su chaqueta—. Todas las mujeres que pisan este lugar están locas.
Un mensaje vibró en su celular, lo cogió a regañadientes y miró la pantalla. Era Rin Susuhara.
"Sesshomaru, Kagome dormirá en mi casa".
Una sonrisa adornó su malhumorado semblante. Era obvio que era ella desde el celular de Rin. La morena era demasiado tímida para escribirle descaradamente a las tres de la mañana. —Linda, Kagome… —rio.
"Dile a Kagome que dormiré en su cuarto. Kagura se tomó el mío"
—Maldita Kagura… —refunfuñó la azabache con el celular de su amiga en sus manos mientras se cubría totalmente—. ¿Acaso no tiene casa?
Sesshomaru Taisho caminó cansinamente hasta la cama de la chica para poder, al fin, descansar. Cuando se recostó, un dulce olor a rosas llegó hasta su nariz. Se volteó para prender la luz y entonces lo vio: era el ramo de flores que le había obsequiado el chico LP a Kagome, y que ella andaba paseando por toda la casa con una sonrisa de oreja a oreja y una melodía de amor en sus labios.
Lo observó con rencor y recordó sus palabras:
"[…] les haré taxidermia para que vivan quinientos años y acompañen a los hijos de mis hijos de mis hijos"
Harto de toda esa cursilería, se levantó y llevó las flores hasta el baño para colgarlas boca abajo en la pared. No sabía qué relación tenía Kagome con ese chico, pero no le agradaba verla saltando y corriendo como si tuviera cinco años, otra vez.
A la mañana siguiente, Kagome, Sango y Rin comenzaron su día mirándose en el sensual espejo de Rin y haciendo ejercicios matutinos para conservar la silueta.
—No puedo creer que me haya encariñado con este espejo. Al principio me pareció descabellado, pero ahora me gusta —comentó Rin mientras se encrespaba las pestañas.
—Es porque te has vuelto desvergonzada —bromeó Kagome, aún sin ganas de levantarse.
—Es lo único bueno que te dejó Onigumo, ¿sabes? —aseguró las castaña, sin poder dejar de admirarse—. De hecho, desde que tienes el espejo la sensualidad se escapa por tus poros…
—No sabía que era tan sensual… —dudó la morena.
—No eres más sensual que yo, pero sí… eres sensual —rio Kagome.
V
Cuando la azabache regresó a su casa, lo primero que notó fue la ausencia del su ramo de flores, por lo que caminó sigilosamente por toda su habitación hasta que lo encontró en el baño, colgado de forma suicida. —Maldito Sesshomaru, no conoce el romanticismo de una relación saludable… —masculló.
Inmediatamante, emprendió una furibunda marcha hasta la cocina e interrumpió su desayuno: —¿Por qué asesinaste a mis flores?
—No las asesiné, solo las colgué para que respiraran.
¡Mentira!
—Eres un hombre lamentable. No entiendo cómo un hombre como tú puede escribir novelas de amor. ¡No sabes nada de nada!
Kagura lo observó también y llegó a la misma conclusión. ¿Por qué le había arrebatado las flores a la chica? Eso era infantil y estúpido, no tenía sentido. ¿Estaba celoso? No, él era demasiado egocéntrico para estar celoso por Kagome.
—Iré al cine esta tarde, ¿recuerdas? ¿Irás conmigo? —dijo, ignorándola totalmente.
—No tengo ganas, Kagura puede ir contigo… —miró a la chica insistentemente—. ¿Verdad?
—La verdad es que también quería ir a ver esa película…
—Le dije al productor Park que iría contigo. Luego le consigo una entrada a Kagura.
—En serio, vayan ustedes dos. Yo tengo una cita con el chico LP —celebró casi cantando. De alguna manera, admitía que quería ver su rostro al saber que ella estaba saliendo con alguien más y así devolverle un poco del dolor que él le había causado en el pasado. Era una mujer siniestra, pero podía vivir así sin ir al infierno—. ¡Me voy! Disfruten la película y coman palomitas de maíz —se despidió desapareciendo rápidamente por la puerta de salida.
Sesshomaru miró a Kagura y ella a él. La chica alzó una ceja.
—Si quieres puedes venir conmigo —sentenció él, metiéndose una gran cucharada de sopa a la boca.
—¡Hoy te mostraré mi cara durante todo todo el día! —alardeó al llegar al café y cubriéndole los ojos con las manos. Puso énfasis en la palabra "todo" para poder ver su sonrisa de alegría. Como esperaba, Inuyasha le mostró todos sus dientes automáticamente y se volteó en la silla para poder mirarla.
—Qué bueno, ya estaba extrañando tus tropezones…
Bien, ella no se tropezaba a menudo, pero sí… había ocasiones en que el piso no le avisaba sobre los desniveles. ¡Qué mal gusto de su parte!
—Es porque siempre estás en este café… Si salieras al mundo exterior podrías verme más —contraatacó.
—Este café necesita de mi presencia. ¿Quién más que yo podría atraer a tantas mujeres guapas?
Kagome frunció el ceño. —Ah… mujeres guapas —arrastró las palabras—, ¿como yo…? Déjame decirte que somos edición limitada.
—Quiero dos granizados Ka-go-me, por favor… —pidió una mujer en una mesa aledaña. A la azabache se le deformó el rostro cuando vio un gran cartel con su nombre tras la caja.
—¿Qué-es-eso? —tartamudeó.
—¿Eso? —dudó Inuyasha—. Es el nuevo menú veraniego Ka-go-me, ha sido todo un éxito. Dijiste que no te gustaba el antiguo granizado, así que le hice las modificaciones que me pediste…
—Creo que podría morir de vergüenza ahora mismo y tú serás el culpable. Nunca pensé que mi muerte iba a ser así —lloró de mentiritas mientras intentaba ocultar un sonrojo. ¡Odiaba cuando su cara ardía! Estaba segura de que parecía un tomate.
—No puedo creer que las personas como tú se sonrojen… ¡Eres tan bonita así!
¡Maldito! Se cubrió el rostro con las manos. ¿Por qué tenía que vivir esa clase de humillaciones? Siempre había pensado que su legado al mundo sería algo mejor que un granizado de frutas. —No digas esas cosas, hombre ruín.
Él intentó sacarle las manos para poder ver esa expresión nuevamente. —No te cubras el rostro, ¡dijiste que me mostrarías tu cara todo el día!
Kagome rio y lo miró por fin a los ojos, su mirada brillaba casi en una lágrima. No, aquella frase no había pasado desapercibida para ella.
¡Eres tan bonita así!
Bonita. ¡Bonita! ¡Ella era bonita! ¿Desde cuándo que alguien no se lo decía? Bonita, bonita, bonita, bonita. ¡Ella era bonita! ¡Ah, qué belleza! ¿Cómo podía enojarse por el vergonzoso granizado Ka-go-me? Seguramente era el granizado más bonito que había pisado esa cafetería.
—Hey, despierta… —la llamó él para sacarla de sus ensoñaciones—. ¿Quieres ir a ver mi árbol? Mañana es quince y habrá Luna llena.
—Está bien, ¿debería llevar un balde más grande que mi propio cuerpo? —bromeó, aludiendo a la fotografía que él le había mostrado el día anterior.
—Cualquier balde estaría bien para una mujer pequeña como tú…
Oh, venganza.
Menos mal que el asistente de Inuyasha llegó con dos hermosos granizados Ka-go-me, sino el ambarino no habría salido con autoestima de esa discusión.
Sí, ella podía ser muy mala si se lo proponía… y si él se lo permitía.
VI
Esa mañana, Rin, Kohaku y la entrometida secretaria habían salido a un restaurant para probar los menús que servirían en la próxima reunión de negocios. La morena estaba un poco incómoda, ya que no quería que su asistente notara que ella y el chico habían tenido muchos encuentros no profesionales durante los últimos días, ya que era demasiado chismosa. No quería crear un malentendido innecesario, además él había dejado muy en claro que no estaba interesado en una gran roca como ella. Debía cuidar cada palabra que saliera de su boca.
—Como ven, este restaurant es famoso por la fusión de estilos culinarios. Por un lado, podemos disfrutar de todo el sabor de la comida Thai, y la elegancia de la comida japonesa —dijo la chica al probar la comida.
Kohaku la siguió. —A mí me parece agradable, la ambientación es perfecta para una cena de negocios y reuniones sociales importantes.
—Además los restaurantes de carnes son demasiado desorganizados y tienen un olor muy fuerte —agregó la secretaria—. ¿Qué opina, señorita?
Rin siguió mirando la carta. —Pues, hay muchas alternativas… creo que este lugar es adecuado.
En ese momento, una hermosa tonada en violín comenzó en la mesa de al lado. ¡Era una serenata, qué romántico! Rin no pudo evitar quedarse mirando la escena, ¡cuánto desearía ser esa mujer! No podía verle el rostro, ya que los músicos le daban la espalda, pero estaba segura de que estaba muy emocionada. ¿Y cómo no estarlo con semejante muestra de amor?
—Y usted, señorita. ¿Cuándo se casa? Está saliendo con un gran doctor, debería amarrarlo pronto.
—Rompimos —señaló al mismo tiempo en que Kohaku informaba que habían terminado. Los tres se miraron confundidos.
—¿Usted ya lo sabía, director? —preguntó la asistente confundida.
Gracias a todos los dioses, en ese momento la serenata acabó y los músicos se retiraron, dejando al descubierto a los novios. Grande fue la sorpresa de Rin al ver a su primer novio sentado junto a una exuberante mujer.
¡No podía ser!
Desesperada, tomó la carta para cubrir su rostro, pero Kohaku no se lo permitió. A parecer, él también necesitaba esconderse de algo. En un segundo, los dos estaban intentando meter sus cabezas tras el libro como si de ello dependieran sus vidas.
¡¿Qué estaba sucediendo?!
Rin intentó respirar profundo y levantó el rostro por encima de la página.
Yuki Kunomasu, había estado tan enamorada de él que hasta le había entregado su virginidad. Él era un hombre gentil, noble y de corazón puro, casi podía sentir su corazón palpitando agitado al verlo nuevamente. ¿Por qué quería casarse con esa mujer que parecía casi de plástico? ¿En qué momento había perdido a Yuki? Y además… esa mujer parecía tener algún relación con Kohaku. ¿Por qué él querría esconderse de ella también?
—¿Quieres casarte conmigo, Yuki? —dijo la chica por fin. A la morena casi se le cayó el rostro. ¡Ella se lo estaba proponiendo, no al revés! Ya entendía por qué él la había dejado, le gustaban las mujeres con más personalidad y con diez tallas más de busto. ¡Qué crueldad!
Lo escrutó largamente por encima del papel hasta que él por fin se desidió a dar una respuesta: —Samatha, estoy muy enamorado de ti… nunca pensé que me enamoraría así de alguien, pero me gustaría esperar. Ya sabes mis circunstancias familiares, no puedo tomar esta clase de decisiones tan rápidamente.
—Idiota… —masculló Kohaku, sacando su cabeza desde la otra página—. No sabe qué clase de mujer está rechazando.
—Puedes venir a mi casa, nos arreglaremos… confía en mí —insistió la tal Samantha. Se veía muy enamorada de él, tanto como lo había estado ella hacía más de una década.
—No, Sam… todos están en contra. Les demostraré que soy un hombre digno de ti, entonces yo mismo te pediré en matrimonio.
—¿Por qué no cree en él? Él dice la verdad, sé que podrá lograrlo… —susurró Rin tristemente.
—¡¿Qué pasa con ustedes?! —chilló la asistente sin comprender nada. ¿Por qué esos dos se comportaban de una forma tan extraña?
La joven pareja, ante el grito impertinente de la mesa aledaña, posó su molesto escrutinio sobre ellos. Habían sido descubiertos, aunque ambos fingieron no reconocer a nadie. ¡Qué dolorosa ironía del destino! Siempre había pensado que tendría un glamoroso reencuentro con Yuki, pero para él solo era un ex sin importancia.
¡Estúpidos hombres!
—Lo siento… pero tengo que irme urgentemente, muy urgentemente… creo que estoy sintiéndome mal. Tengo nauseas, y mareos, e indigestión y fiebre. ¡Mucha fiebre! Me voy, cuídense. ¡Los quiero! —exclamó sin sentido mientras tomaba sus cosas y salía corriendo de ese lugar.
Kohaku, al verse sin el menú, tomo sus cosas y la siguió, dejando a la antipática asistente sola y confundida en la mesa. Se encontró a Rin a mitad de la cuadra, caminando despacio y con un rostro de tristeza que muy bien podía ser caricaturizado. Ya entendía, ella también había amado a ese hombre.
—Es una chica muy buena… —comentó, dándole alcance.
—No creo que sea más buena que ese hombre
—¿Cómo lo conoce?
—¿Cómo la conoce?
La respuesta a esas interrogantes ameritaba que fueran a un lugar más tranquilo a llorar sus penas de amor y a intentar comprender por qué esos dos habían terminado enamorándose. Entraron a un bar sin nombre que encontraron en el camino y pidieron dos botellas de cerveza, una para cada uno. Rin se tomó la suya en menos de diez minutos.
—Hace tiempo, fue a leer mi suerte con mis amigas y me dijeron que mi destino era terrible. Ahora que he visto a Yuki con esa mujer y esos dos grandes senos, entiendo por qué me lo decían. Nunca tendré a otro hombre tan bueno como Yuki, él era especial…
—Es un alivio que ese hombre sea tan bueno como tú dices… De verdad espero que Samatha pueda cambiar a su lado y convertirse en una buena mujer.
—Yo solía ser una buena mujer y no sirvió de nada. De hecho, a medida que me fue volviendo mala, mi sangre cambió del Grupo A al AB.
Kohaku alzó una ceja, sin comprender absolutamente nada. ¿Estaba bromeando?
No, no estaba bromeando. Cuando Rin Susuhara se emborrachaba podía decir las cosas más absurdas del planeta como si fueran lo más lógico y obvio del mundo. Ella continuó: —Desde que soy AB que me siento un poco extraña…
—¿Eso tiene sentido? —preguntó el chico, sin saber cómo reaccionar.
El color de la cara de Rin no cambiaba en lo absoluto, y su voz seguía pareciendo normal. N había ningún indicio de que pudiera estar borracha. ¿Entonces por qué?
—¿Crees que soy una mujer estúpida, verdad? No es mi culpa que mi grupo de sangre cambiara…
—No lo sé, prefiero que me lo digas tú…
La morena la ignoró, tomó una alita de pollo con las manos y comenzó a comerla sin educación alguna. —Mmm, está delicioso.
Oh sí, en diez minutos nadie podría detener a Rin y a su borrachera.
—En realidad… soy vegetariana —dijo mientras saboreada el pollo—. Ve—ge—ta—ria—na.
—Ah… vegetariana, entiendo —susurró Kohaku sin creer lo que veía.
—Debes pronunciarlo bien… es Begetariana, no Vegetariana —comentó haciendo extraños gestos con la boca.
—¿Los vegetarianos también comen pollo?
Rin miró la pequeña extremidad en sus manos y guardó silencio, atónita. —¡Oh, por Dios! —susurró de un momento a otro—. ¡Oh, por Dios! ¡No puede ser! —lloró desconsoladamente—. Además de este muslo hay un cuello, y otro muslo, y todo el abdomen.
Desde ese momento, nadie podía detener a Rin Susuhara. Ya había cruzado la línea entre la cordura y la locura, y lo peor era que parecía tan normal como cualquier otra persona. Kohaku Takeda la observó absorto buscar todos los pedazos de pollo que estaban sobre la fuente.
—¿Dónde está la cabeza? ¡Lo han decapitado!
—Es necesario decapitarlos para poder comerlos, Rin… —tartamudeó confundido el chico, atento a las miradas de las demás personas.
—Oh, no… es como en la novela de Gray, "Los pollos van a morir a Perú". ¡Qué triste!
—Son los pájaros… los pájaros van a morir a Perú, no los pollos.
La morena lo observó atentamente, pero él no pude descifrar en qué estaba pensando. Entonces, ella comenzó a poner todas las piezas de pollo sobre una servilleta extendida. —¡No es justo que tengan una muerte tan lamentable! Hay que enterrarlos, tú y yo tenemos que darles una santa sepultura… Encontraré sus cabezas para que puedan descansar en paz y vivir la vida eterna.
Dicho esto, tomó el paquete en sus manos y salió corriendo del lugar.
¿Qué rayos estaba sucediendo? Se preguntó Kohaku sin comprender nada, y salió tras ella para verificar que nada le sucediese.
—¡Señor, ¿usted sabe cómo llegar a Peru?! —asedió la chica a un hombre que iba pasando. La noche comenzaba a caer sobre ellos y la morena no pensaba tranquilizarse. ¿Estaba borracha? ¡¿Cómo podía estar borracha y caminar perfectamente?! ¡No había nada malo en ella, a excepción de las cosas que decía!
—Lo siento… discúlpela, no pasa nada —se disculpó con el señor una vez la alcanzó y logró persuadirla para que caminaran hasta su casa—. Rin, ¿siempre actúas así luego de beber?
—No estoy borracha, ni siquiera he bebido. ¿Me has visto beber? Cuando me emborracho suelo perder a mis bebés, así que he decidido dejarlo.
A Kohaku se le cayó la mandíbula. ¿Qué… bebés?
No tuvo tiempo de reponerse del shock, la había perdido otra vez. Ella había desaparecido de su lado como si fuera un fantasma. ¿Dónde se había ido? —¡Demonios! —gruñó mientras corría por la Avenida en su busca.
Rin Susuhara hizo un pequeño agujero en el césped con sus dedos y enterró a la pobre ave desprovista de su cabeza. Realmente esperaba que su alma descansara en paz, no quería que el espíritu de ese pollo rondara el mundo en busca de su cabeza, eso sería muy injusto para él, que nada había hecho para merecer la muerte. Luego se recostó a su lado para darle unas merecidas oraciones y se durmió.
Kohaku la encontró a la orilla del río descansando sobre la hierba. Hacía frío y comenzaba a caer el sereno, era obvio que ella se enfermaría. ¿Debía tomarla y llevarla a su casa? ¿A qué casa debía llevarla en primer lugar? Dios, ¿por qué había dejado que se emborrachara?
—Rin, ¿me estás haciendo pagar por llamarte "gran roca"? —preguntó mientras se sentaba a su lado y suspiraba. Había perdido la cuenta de cuántas horas había corrido en su busca, estaba cansado.
Un alegre ringtone sonó en la cartera de la chica. Tímidamente, abrió el bolso para sacar el celular. Seguramente, sus hijos estaban muy preocupados por ella en casa. ¿Cómo había podido ser tan tonto? Por eso ella se había aferrado a ese doctor con todas sus fuerzas, necesitaba el dinero para poder mantener a su familia. En ese país, la situación era muy dura para las madres solteras.
Gracias a Dios no eran sus hijos ni la niñera, era Sango Taijiya (la perra del país, como la llamaba la prensa), eran amigas desde la secundaria.
—¿Quién es? —preguntó la castaña confundida.
—Soy Kohaku Takeda, el Jefe de Rin.
—¡Oh, he oído hablar mucho de usted! Es un gusto conocerlo, pero… ¿dónde está Rin?
—Está durmiendo, digo… está bien que duerma a esta hora: es casi medianoche, el problema es el lugar… —Entonces, le relató todo lo que había sucedido esa tarde.
Sango sonrió con gracia. ¡Hacía tiempo que Rin no hacía un número de aquellos! Deseó haberlo visto con sus propios ojos, pero decidió confiar en ese hombre y encargarle el cuidado de su amiga. Sospechaba que había, entre ella y él, algo más que una relación laboral. ¿Por qué sino ella se había emborrachado? —¿Estará bien si no voy a buscarla? Probablemente sí, no sonaba como un mal tipo…
Se tranquilizó a sí misma luego de haberle dado la dirección de la casa de su amiga a un extraño y siguió con su labor. Tenía cientos de cajas por ordenar y ya estaba cansada. Desde que Naraku la había traicionado, su empresa había pasado por los momento más difíciles de su historia; aunque gracias a sus amigos había podido solventar los gastos y mirar con mejor cara el futuro. Aún así, había perdido su apartamento y todas sus cosas… en ese momento, no le quedaba más opción que instalarse con las pocas cosas que le quedaban en la bodega de sus zapatos.
¿En qué momento había caído tan bajo? ¿Era un castigo de Dios?
Rin despertó con la vibración de la alarma de su celular y descubrió que ya era de mañana. Miró el gran espejo en el techo y supo que estaba en su habitación, luego algo le olió mal.
¿Por qué estaba en su cuarto? Lo último que recordaba era…
Un pesado bostezo se escuchó a su lado, se sentó sobre la cama de un salto y miró hacia abajo. ¡Kohaku estaba durmiendo sobre la alfombra! —¡¿Kohaku, qué haces aquí?! —gritó olvidándose de las formalidades.
—¿Estás despierta? —preguntó él, sentándose también y mirándola fijamente.
—¿¡Por qué estás durmiendo en mi casa?!
Él rio, y Rin se cubrió con la sábana hasta el cuello. —Tuve que cargarla desde el parque hasta acá. ¿Recuerda lo que sucedió ayer?
Rin tenía vagas imágenes de ella y unas piezas de pollo, pero no lograba recordar todo lo que había pasado la noche anterior. Un oscuro presentimiento se instaló en su pecho. ¿Podía ser acaso que… lo había hecho de nuevo?
Rogó al Cielo que no, no soportaría ver la cara de ese hombre nuevamente. ¿¡Por qué nadie la había detenido?!
—Lo siento… lo hice pasar un mal rato, ¿verdad?
—No, fue bueno enterarme de que era begetariana… —comentó en un bostezo.
—De verdad lo siento…
—Olvidémoslo, de todos modos sí fue algo adorable —sonrió él.
Rin sonrió también. Nunca habría imaginado que sus espectáculos de borracha pudieran llegar a ser adorables. Eso, sin duda, era muy adorable.
Él continuó: —Este cuarto es muy misterioso, ¿qué hay con ese espejo de allá? —preguntó señalando el techo.
Rin sintió el mundo venirse sobre ella. —Lo uso para mirarme cuando hago ejercicio por las mañanas… —mintió mientras comenzaba a estirar los brazos nerviosa.
—Pero el ángulo cuadra exacto con la cama… ¿hace ejercicio en la cama?
Rin se levantó de improviso y comenzó a saltar sobre las mantas. —¡Sí, hago sentadillas, y flexiones y todo tipo de ejercicios sobre ella!
—Tomando en cuenta lo que pasó ayer, no me sorprendería si me dijera que también nada sobre ella… —murmuró Kohaku confundido.
VII
Esa mañana, Sango irrumpió secretamente en el pequeño departamento de Miroku para prepararle el desayuno (y usar la ducha). Se sentía en deuda con él, era el único que seguía con ella en la empresa pese a todas las adversidades. No olvidaba el hecho de que ella misma lo había traicionado para irse con un hombre con más poder, dinero e influencias. ¿En qué había estado pensando para dejar a un hombre como ese? Podía sentir la devoción que él le tenía y el amor con el que la miraba a casa instante.
—¿Sango? ¿Qué haces aquí? —preguntó él al descubrirla. Aún estaba en pijama y se veía muy masculino recién despertado.
—Vine a darte una sorpresa… —mintió la castaña—, y ahora tu refrigerador está lleno y tienes un delicioso desayuno esperándote.
El chico se sentó sobre la mesa y probó con cuidado el pudín que ella había cocinado. Sango rio, tantos años y el aún desconfiaba de sus habilidades culinarias. Era genial ver como después de tanto seguían siendo los mismos.
—Ha pasado mucho desde la última vez que hiciste algo así por mí… —susurró tristemente luego de un rato.
—Es porque ya pasó la tormenta, ahora lo haré seguido. Te cuidaré y te amaré más de lo que lo hacía antes…
—Me siento conmovido de escuchar eso… —respondió él dubitativo. Era difícil creer en sus palabras, siempre tenía miedo de que ella emprendiera su camino nuevamente y dejándolo atrás.
—Puedes creer en mis palabras, ahora soy una mujer rehabilitada… —agregó la castaña, deseando con todas sus fuerzas de que esas palabras fueran tan ciertas como los sentimientos que tenía por él en ese momento.
—¿Crees que este departamento sea muy pequeño para los dos? —preguntó él, cambiando de tema—. Creo que esta vez sí podríamos vivir juntos…
—No quiero… —admitió Sango sin medir las consecuencias de sus palabras. Un extenso silencio se formó entre ambos y tuvo miedo de levantar la mirada y verlo a los ojos—. Lo siento, Miroku… Encontré una casa y me estoy mudando recién. Ya firmé el contrato por seis meses y no puedo renunciar ahora —mintió.
—No importa, sabes que siempre he esperado por ti, pero ya no quiero esperar más. No quiero seguir perdiendo el tiempo, quiero que estemos juntos. Ve a vivir aquí, ¿sí?
—No porque vivamos juntos significará que nos amamos más. Yo te amo y estoy segura de eso, no tengo que ponerlo a prueba para saberlo…
—Piénsalo, ¿está bien?
Sango sonrió conmovido. —Lo prometo.
¿En qué planeta había encontrado a ese hombre? No lo sabía, y le dolía en demasía mentirle diciendo que tenía un lugar donde dormir, pero era necesario que viviera las consecuencias de sus acciones para que aprendiera a valorar el amor de esa persona.
Sango Taijiya tenía varias culpas que pagar en su vida… y el adulterio era la menos importante de ellas.
CONTINUARÁ…
Espero sus reviews! Tal y como hacen algunas colegas, le daré una sorpresita al review número 300!
Publicación: 30/06/2014
Corrección: No todavía.
