INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.
NOTA DE LA AUTORA:
¡HOLA! Al fin alcanzamos los 300 reviews! No imaginan lo feliz que estoy, nunca había tenido tantos y sepan que los atesoro mucho. Cada uno es motivo de sobra para seguir escribiendo, es muy reconfortante recibirlos... sobretodo porque uno se siente terriblemente mal cuando se atrasa. Y ya saben que yo vivo retrasada :c Chicas, lamento ser tan lenta, pero estoy trabajando en ello, de verdad que sí. Espero comprendan... u.u un abrazo grande a todas y vamos a los agradecimeintos!
AGRADECIMIENTOS A:
Cecil Pierce
Simy-chan
Orkidea16
Lau
Victoria MacRae
Breen Martínez
Arovi
Anni
Honna-chan
Zury Himura
Akane Aome
Johan Taisho
María
Sasunaka Doki
Elvi
José Okanami
Marlene Vásquez
Kitty Taisho H
Paovampire
SesshomaruSama
Y a la estupenda Kagome de Taisho, quien dejó mi amado review número 300.
"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que a los dieciocho ya estaban profundamente enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 16
¿DE QUIÉN SERÁ MI CORAZÓN?
I
—Esta dirección es extraña, está en un barrio comercial… no creo que hayan muchos departamentos o casas por aquí… —comentó Rin, mirando una y otra vez el pequeño mapa que Sango les había dibujado en una servilleta.
Ese día, Kagome, Sesshomaru y Rin conocerían al fin la nueva casa de Sango Taijiya, y la verdad era que estaban muy curiosos por ver dónde se había mudado la castaña. Ella parecía en extremo contenta con su nueva residencia, aunque les había pedido que esperaran un poco para visitarla.
—Tampoco lo entiendo, no hay forma de que Sango haya comprado una casa. Seguramente está rentando un apartamento pequeño… —respondió Kagome pensativa. Todo ese misterio estaba acabando con su poca paciencia.
—Además nos pidió que lleváramos la pizza, en lugar de pedirla desde allá. Todo esto es muy raro… ¿no es así, Sesshomaru?
El peliplata, que conducía también un poco confundido, asintió. —A mí me mandó un mensaje diciendo que llevara vino… y copas —agregó, aumentando la confusión en las chicas del asiento trasero.
Quince minutos más tarde y luego de formular cientos de teorías sobre la nueva casa de la muchacha, estaban frente a una gran bodega ubicada en un barrio totalmente industrial. Era obvio que había un error con la dirección.
—Verifica otra vez, creo que estamos perdidos… —ordenó la azabache nerviosa. No sabía por qué, pero algo le olía realmente mal en todo ese asunto.
Sesshomaru tomó la servilleta de las manos de Rin y volvió a analizarla. —Es aquí, no hay ningún error.
Efectivamente, ese era el lugar. Sango, al sentir el motor del auto, corrió a abrir el gran portón. A Kagome y a la morena se le cayeron las mandíbulas al verla salir de ese lugar.
¿Sango estaba viviendo en una bodega?
Kagome tragó saliva complicada. Era imposible que su amiga estuviera durmiendo en ese lugar, ella siempre había aspirado a cosas más sofisticadas. Seguramente era una broma y solamente quería mostrarles su nueva colección. —Nos llamaste aquí para mostrarnos algo, ¿verdad? —preguntó dudosa.
—No, los invité a mi casa —corrigió Sango—. Esta es mi casa, Kagome… aquí vivo.
La azabache se sintió terriblemente por su amiga y por ese lugar. Quería hablar, pero un nudo se formó en su garganta. Sango estaba teniendo problemas económicos graves y ella no había estado ahí para ayudarla. Era una pésima amiga. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
No tuvo más opción que seguir a todos en silencio. La castaña había improvisado una mesa con una caja e incluso la había adornado con un mantel y servilletas de colores. Sesshomaru destapó la botella de vino y pronto todos se sentaron a su alrededor. Sango estaba contenta, no se veía ni un poco triste por su situación. ¿Cómo podía ser? Estaba viviendo en una bodega fría y sin ninguna clase de comodidad. Era obvio que estaba poseída por el espíritu de una monja y que había hecho votos de pobreza.
—¡Vamos! ¿No beberán? —preguntó la ex-modelo, realmente animada.
Kagome y Rin la observaron en silencio, sin poder comprenderla.
—¿No puedes vivir con Miroku? Él siempre ha querido vivir contigo… —masculló Kagome, intentando comprender por qué lo hacía.
—Por mi parte, compré algo de pollo. ¿Quieres, Rin? —evadió totalmente la chica, ofreciéndole alitas a todos.
Kagome resopló molesta ante la evasiva. No lo aprobaba de ninguna forma, no le gustaba ver a su mejor amiga en esas condiciones.
Rin suspiró avergonzada y negó con la cabeza. —He decidido no comer pollo por un tiempo…
Sango carcajeó. —¡Ah, verdad que eres bejetariana!
La azabache y el peliplata se observaron sin entender de qué hablaban las otras dos. ¡Todos estaban locos en esa mesa! ¿Por qué nadie se ocupaba de las cosas importantes? Bien, si nadie detenía a Sango tendría que hacerlo ella misma.
—¿Realmente piensas vivir aquí? —gruñó.
—¡Por supuesto!
—¿Por qué no vienes a vivir con Kagome? Sería genial que alguien le hiciera compañía, ya sabes que está medio loca… —agregó Sesshomaru.
—No puedo, necesito vivir aquí…
—¿Por qué? —inquirió la azabache violentamente.
—¿Estás castigándote por tus errores? —indagó el peliplata, de repente.
¿Por qué Sesshomaru Taisho y Sango Taijiya se entendían tan bien? Estaba celosa, pero no por él, sino de ella. Quería ser una buena amiga para la castaña, pero le era difícil comprender sus razones.
—Así es, quiero arrepentirme en este lugar. No lo entenderían, necesito de la pobreza…
—Si quieres arrepentirte no deberías haberte casado con Naraku, en primer lugar… —comentó Kagome mordazmente—. ¿Por qué te arrepientes tanto de algo que ya pasó?
Sesshomaru le dedicó una mirada fulminante. Odiaba cuando él encendía la alerta de su incomprensión, aunque agradecía que alguien le avisara sinceramente cuando estaba siendo demasiado dura. Tal vez era hora de intentar ponerse en los zapatos de su amiga.
—Estoy arrepintiéndome por casarme por un hombre por dinero. ¿No creen que merezco ser castigada por eso? Si nadie me castiga debo hacerlo yo misma… —solucionó Taijiya, otra vez sin un atisbo de lástima en sus palabras. Parecía muy decidida, era difícil imaginar que mintiera.
—¿Es realmente necesario? Hay otras formas de castigarte por lo que pasó… recuperando las oportunidades que tuviste, por ejemplo —aconsejó el peliplata.
Si había algo que Kagome Higurashi detestaba, era que él siempre se llevara el crédito por las cosas que le correspondían a ella, como la mejor amiga de la chica; y eso no tenía nada que ver con el odio profundo que le tenía. Bueno, quizás sí, un poco. No quería que él se inmiscuyera en temas que nada tenían que ver con él, sobretodo si lo hacía de esa forma tan comprensiva y genial. Casi parecía que él era el psicólogo de las tres y eso no podía ser. ¡Sesshomaru no estaba capacitado para dar consejos a nadie!
—No sé cómo inventas palabras tan hermosas… —parloteó disgustada—. deberías aplicarlas en tu propia vida.
—Soy un escritor, Kagome. Las palabras son mi especialidad.
—Dejen de pelear —los reprendió Rin—. Hablemos de lo que nos interesa de verdad. Sango… ¿tienes donde bañarte? ¿Estás durmiendo cómodamente?
—Sí, si vas por esa esquina encuentras un baño bastante grande —respondió la castaña, ignorando a todos menos a la morena y sirviéndose otro trozo de pizza.
—Sango —insistió la azabache—. No hagas esto, no podré dormir esta noche sabiendo que estás pasando frío en este lugar. Ven a vivir conmigo, ¿sí?
—Si te ibas a preocupar tanto no los habría invitado. Solo quiero que me entiendan y me apoyen, eso hacen los amigos. Quiero que vean cómo estoy viviendo para que celebren junto a mí cuando vuelva a levantarme en gloria y majestad desde las cenizas. ¿Entienden? Es un proceso que tengo que vivir, el éxito será más dulce cuando recuerde este lugar.
Kagome la miró a los ojos y resopló, completamente abatida. El razonamiento de la chica tenía lógica y ella lucía muy segura de lo que hacía. Quizás tenía razón en todo eso y lo mejor que podía hacer como amiga era apoyarla. —Está bien… —refunfuñó.
—No se lo digan a Miroku, es un secreto entre nosotros. ¿Puedo contar con ustedes?
Rin miró a la azabache asustada, pero Kagome la tranquilizó de inmediato. Lo mejor era dejar que la castaña tomara sus propias decisiones. Ellas solo podían mirar desde afuera y estar ahí para abrazarla por si las cosas salían mal.
—Guardaremos el secreto —asintió la morocha.
—¡Hagamos un brindis entonces! —celebró Sango, alzando las copas que había llevado el peliplata y bebiendo sin moderación alguna—. ¡Hoy es un día para recordar! ¡Es el comienzo de una nueva era!
Aunque el resto de la reunión transcurrió con normalidad, la muchacha de cabello azabache no pudo dejar de sentirse triste por su amiga. Sabía que dejarla en ese lugar era lo mejor que podía hacer por ella, pero eso no impedía que se sintiera completamente inhumana por hacerlo. No le gustaba ver a la castaña fingiendo felicidad, advertía que ella estaba sufriendo mucho y quería hacer mucho más por ella. Sin embargo, Sango no era de las que lloraban y ella lo tenía muy claro. Lo más adecuado en esa incómoda situación era ignorar las lágrimas y celebrar todas juntas cuando ella cumpliera sus nuevas metas. Además, no podía estar triste en su cita con Inuyasha.
Miró el reloj para comprobar la hora nuevamente, no llevaba retraso. Sesshomaru la observó por el espejo retrovisor mientras conducía de regreso a casa. La chica parecía muy interesada en la cita que tendría con ese sujeto.
—Kagome, antes de que vayas con Inuyasha podrías pasar por mi oficina, dejaste ropa en la última pijamada —mencionó Rin despreocupadamente.
—Está bien, aún tengo tiempo —sonrió la azabache.
Sesshomaru las observó charlar todo el camino. Desde que Kagome salía con el chico OST, su rostro se había vuelto más brillante. Casi parecía una adolescente otra vez y eso le molestaba un poco. No estaba celoso, pero era desagradable verla saltar y correr por la casa como yegua de un año enamorada. La chica había superado esa etapa hacía mucho tiempo y no le gustaba que volviera atrás de esa forma.
—¿Podrías dejarnos en el cine? De todas formas dijiste que irías al cine más tarde, con Kagura. ¿Recuerdas? —preguntó la azabache alegremente.
Sí, la Kagome de siempre habría nombrado a Kagura Touma con verdadero asco en sus palabras, no así… tan feliz. Esa no era su vecina de siempre, era una impostora.
—Está bien —masculló mientras sacaba su celular para avisarle a la joven que se reunieran en el recinto—, estaba retrasado para la película —mintió.
En el cine no hubo mucho por charlar. Kagome subió de inmediato a la oficina de Rin y él se quedó en la cafetería esperando por Kagura. Rin no era muy conversadora, por lo que no había podido escuchar mucho de la relación de la azabache con el tal Inuyasha Takahashi, pero todo apuntaba a que estaban saliendo de verdad y a que era serio.
Rio, Kagome nunca se tomaba a nadie con formalidad. Seguramente solo estaba jugando con ese chico, así como había jugado con todos los hombres además de él. Era imposible que ella hubiera reparado su corazón tan rápido, ella no era de las que daban vuelta la página y fingían que nada había sucedido.
—Ten, está limpia. Pensaba ir después del trabajo a dejártela, pero aproveché que pasábamos por aquí —sonrió la morena, dándole una bolsa de papel con las prendas dobladas y planchadas.
—Gracias, prometo no olvidar nada la próxima vez —se disculpó—. Realmente creo que hay algo malo con mi memoria. No puedo creer que me esté olvidando hasta de Sesshomaru —bromeó.
Rin rio estrepitosamente. —Debe ser porque tu corazón se está volviendo anciano…
—¿Tú crees? —se carcajeó también. Era agradable poder decir esas cosas sin sentir lástima por sí misma. Al parecer, estaba superándose.
—Señorita Rin, ¿está lista la sala seis? —interrumpió Kohaku, quien subía la escalera leyendo concentradamente unas planillas.
—Está todo listo…
El pelinegro alzó la vista y se encontró de lleno con Kagome. La observó un segundo y luego la reconoció. —Es su amiga de la revista, ¿verdad? Leí el artículo sobre Sango Taijiya, antes de que…
—¡Sí! Es un gusto conocerlo al fin —exclamó la azabache dándole la mano exageradamente.
Rin sintió su rostro hervir cuando Kagome la miró con complicidad y alzó su dedo pulgar en señal de aprobación, dedo que el señor Kohaku percibió con total facilidad.
—Kagome estaba por irse —agregó nerviosa, intentando disimular la vergüenza—. Te llevaré a la salida, Kag —articuló mecánicamente en un intento desesperado por desaparecer de ese lugar. Necesitaba huir de la vergüenza que le había causado aquella mujer que decía ser su amiga.
—Okay —se despidió el chico, casi atragantándose con las palabras—. Fue un placer conocerla, señorita Higurashi.
—El gusto ha sido mío —sonrió ella maliciosamente.
La morena tuvo que, prácticamente, arrastrarla escalera abajo para llevarla a un lugar seguro. Kagome lucía fascinada con el chico, casi parecía que lo quería para ella. —¡Es adorable! —concluyó una vez llegaron al primer piso—. Es perfecto para ti, Rin. ¡Debes ir por él, me encanta!
—No, ¿estás loca? Él no significa nada para mí —tartamudeó—. Es más, creo que es retrasado.
—¿Qué? A mí me pareció bastante normal… —repuso Kagome—. ¿Segura que no te gusta?
La morena enrojeció. —¿Por qué diría que no me gusta cuando me gusta? Sería tonto de mi parte…
Lo que decía Rin tenía sentido, aunque tenía que admitir que ella lo hacía continuamente; de hecho, lo estaba haciendo en ese preciso momento, mientras fingía no mirar a Sesshomaru y a Kagura Touma por encima del hombro de su amiga. Seguramente el film estaba por comenzar, ya que caminaban animosamente a la sala seis.
¿Por qué se veían tan amigables el uno con el otro?
Un presentimiento oscuro se tomó su corazón. ¿Era que Sesshomaru había aprovechado que ella salía con otro para meterse con Kagura Touma? No podía ser, ella había sido lo suficientemente clara al decir que podía estar con cualquier mujerzuela, menos con ella. ¡Ella no! No podía hacerle eso, no a la chica con la que había compartido la última década de su vida.
—Kagome… ¿estás bien? —la examinó Rin, sin entender por qué su amiga había viajado a otro mundo de repente. Entonces, siguió su mirada y se encontró de lleno con el peliplata, quien abrazaba cómodamente a esa chica por los hombros. —Oh, no… ¿estás bien? —volvió a preguntar.
—No lo sé —admitió la chica de ojos almendrados, sin poder dejar de mirar la escena.
De alguna manera, la morena sintió lástima por ella y por él, por el amor que se tenían y por los errores que habían cometido. —Tengo que irme, prométeme que estarás bien…
—Lo prometo —sonrió la chica apesadumbrada, recibiendo el abrazo de su amiga y recargándose sobre su hombro.
¿Por qué de repente quería llorar?
Caminó pesadamente hasta la salida, pero algo no le permitió irse. Era esa adolescente inmadura y estúpida que llevaba dentro de sí, esa niña que se negaba a crecer y a buscar un nuevo amor, esa niñata que estaba eternamente enamorada de Sesshomaru Taisho.
Sin poder controlarse, volteó y miró fijamente hacia la sala seis. Necesitaba confirmar que lo había olvidado por última vez. No podía irse con Inuyasha si dudaba de esa forma. Miró su reloj y su corazón latió fuertemente; estaba cinco minutos tarde para reunirse con él en la cafetería. Probablemente, él ya había llegado y la estaba esperando mientras leía un libro y pensaba las cosas hermosas que le diría ese día.
¿Debía ir con Inuyasha?
No, tenía que confirmarlo otra vez. Sin pensarlo una vez más, corrió para alcanzar a su amiga. Necesitaba una entrada para esa película urgentemente.
—Es una sala VIP, no hay más entradas —afirmó la morena, afligida.
—Por favor, siempre hay alguien que cancela o que no asiste. Tienes que conseguirme un asiento cerca de ellos —rogó en un hilo de voz.
Rin exhaló amargamente. ¿Qué era menos malo? ¿Ayudarla a espiar a Sesshomaru o pedirle que lo olvidara? No podía hacerle eso al corazón de su amiga. Si ella lo necesitaba entonces la ayudaría, aunque tuviera que hacerlo mil veces más. —Hay dos asientos, pero están tres filas más adelante que ellos… no podrás ver nada.
—No necesito ver, Rin.
No, no era necesario. Si se trataba de amor, las mujeres tenían ojos en la espalda y detrás de las orejas. Sentada, con el corazón en la mano y el celular en la otra, apagó el aparato y cerró los ojos para poder mirar hacia atrás con claridad.
Las mujeres veían con el corazón. Si algo estaba pasando en ese condenado momento entre Kagura y Sesshomaru, ella lo sabría.
En la película que había frente suyo, Kagome solo podía verlos tomados de la mano, riendo y cuchicheando, abrazándose y besándose. ¿Era su imaginación o era lo que estaba pasando a sus espaldas?
No importaba lo que fuera, no le afectaba. Era un alivio que al fin él hubiera encontrado el amor, aunque eso le partiera el alma en dos pedazos que se repelían. Intentó sobreponerse, pero no pudo hacerlo. Por alguna razón, le estaba doliendo mucho más de lo que se había permitido.
No había superado la prueba, aún le importaba Sesshomaru Taisho.
El amor cálido y lleno de pasión que algún día había habido entre ambos se había enfriado al punto que le martillaba el pecho como una daga metálica llena de resentimientos. Así, en una soledad hermética y un ardor lacerante, la película terminó. Las personas se levantaron de sus asientos y caminaron despreocupadamente a la salida. Kagome, que había vivido toda su vida con Sesshomaru, sabía que él no se levantaría hasta el final de los créditos. Él odiaba a las personas que se iban sin verlos y ella no podía mostrarse ante él en esas condiciones.
Mientras esperaba expectante a que ambos salieran, Rin se sentó a su lado sin decir nada. Tampoco necesitaba que alguien le dedicara palabras reconfortantes en esa situación, la sola presencia de su amiga la calmaba. —¿Me puedes abrazar? —balbuceó desconsolada.
La morena sonrió acongojada y abrió sus brazos. Kagome entró en ellos y se recostó sobre su hombro otra vez, intentando no llorar. Entonces, recordó otra vez las palabras que ese hombre le había dedicado el día del funeral de su madre:
"Estoy aquí, no te dejaré sola"
Finalmente, él había roto su promesa. Él estaba con Kagura Touma. Él la había olvidado.
Por más que caminó al salir del cine, no pudo encontrar paz. Estaba dolida otra vez, había retrocedido en una tarde todo lo que había avanzado con Inuyasha. Su amor por el chico no era real, no lo amaba. Era imposible amar a otro después de haber amado tanto a Sesshomaru Taisho.
¿Por qué sus sentimientos tenían que ser tan injustos? Si su vida hubiese sido una novela de amor y desamor, ella misma se habría odiado por ser incapaz de olvidar a ese hombre. Ella era el personaje con menos dignidad en ese libro, el más penoso y el más triste. No entendía cómo podía querer de esa forma a un hombre que la había dejado por otra y al que ella misma había abandonado por no corresponderle.
¿Por qué era así? ¡Cuánto se odiaba a sí misma! No entendía cómo Inuyasha podía estar enamorado de ella. El nombre del ambarino retumbó con fuerza en su cabeza. ¿Qué haría con Inuyasha? ¿Qué haría con ese chico que, seguramente, aún la esperaba en la cafetería de al lado del parque para comenzar una cita que nunca se había llevado a cabo?
—¡Maldición! —gruñó mientras corría con todas sus fuerzas por el césped. No podía hacerle eso a Inuyasha, él no lo merecía, tenía que llegar a él.
Con los tacones en la mano y el corazón desbocado, llegó al café. Inuyasha estaba adentro leyendo un libro, tal y como lo había imaginado. Lo miró a la distancia y a través de la vitrina, sintiendo una profunda lástima por él. No era su culpa por enamorarse de una mujer que no valía la pena, era de ella por permitirlo.
Todo eso era su responsabilidad.
El joven cerró el libro y pidió la cuenta, dando una última ojeada a su alrededor en su busca. Kagome volteó antes de que él pudiera verla, no tenía cara para enfrentarse a él. Bajo la tenue luz de las luces eléctricas de la vereda, sacó su celular de la cartera y lo encendió. Tenía solo un mensaje:
"No te apresures, no quiero que te accidentes por andar corriendo por ahí. Yo te espero mientras leo un libro muy interesante".
Ese mensaje fue como un cuchillo afilado apuñalando su corazón. Escribió varias respuestas, pero terminó por borrarlas todas. ¿Qué podía decirle? ¿Qué se había retrasado porque estaba demasiado celosa por su ex? ¿Qué había ignorado la cita para vigilar a otro hombre? No, no podía escribir eso.
Miró de nuevo por la vitrina y se topó de frente con las orbes ambarinas de Inuyasha Takahashi. Su mirada la penetró y acabó en un segundo con todas sus fuerzas. No tenía defensas para enfrentarse a él. Lo vio levantarse de su asiento y caminar aceleradamente hasta ella. No pudo más que esperarlo en su lugar con los hombros caídos y el alma hecha trizas.
—¿Estás bien? ¿Qué te pasó? —preguntó él, asustado por su aspecto y la demora.
—¿No deberías preguntarme primero por qué llegué tarde? —rugió Kagome agresivamente y sacándose las manos que él había posado sobre sus brazos—. Eres idiota, ¿verdad? ¡Apagué mi teléfono intencionalmente y llegué cuatro horas tarde! ¿Por qué seguías esperando?
—Al final viniste —reparó él—. Si no hubiera esperado no estarías aquí.
Kagome bajó la cabeza y lloró. ¿Por qué él tenía que ser tan condenadamente idiota? Su estupidez la conmovía. Nunca nadie se había comportado como un verdadero tonto por ella, realmente podía sentir el amor que él le profesaba. Se dejó abrazar por sus cálidos brazos y lloró más, sin poder detenerse.
—Cierra los ojos… —susurró el ambarino dulcemente sobre su oído—, cuando cierras los ojos solo quedamos tú y yo en este mundo.
Kagome obedeció, era cierto. Por un momento, se sintió como si no existiera nada más que ellos, abrazados y afectados por el mismo dolor: el de no ser correspondidos.
No sabía si ese abrazo duraría para siempre, pero si era de Inuyasha… entonces era real.
Mientras su corazón dolía por partida doble, encontró algo de consuelo en la esplendorosa Luna Llena que brillaba sobre el árbol de chico. Tal y como habían acordado, pero con cuatro horas de retraso, hicieron un pequeño picnic al lado del arce para admirar el astro, charlar y olvidar lo que había ocurrido.
Inuyasha Takahashi era realmente bueno olvidando las cosas malas y viéndole lo positivo a cada patada que la vida le daba, incluso deseó ser como él: preocuparse por un árbol y regarlo todos los días sin obtener recompensa alguna. No entendía su definición del amor, pero cerca de él, sentía algo muy parecido. Se dejó abrazar y acariciar. Quería que él le quitara la memoria de a poco, que la sedujera, que la hiciera olvidar con sus palabras y que le calentara el corazón todos los días.
Quería quererlo, amarlo y desearlo. Quería enamorarse de nuevo, quería enamorarse de él y regar ese amor todos los días para protegerlo de la sequía. Necesitaba un romance, necesitaba el romance que solo una persona como él le podía dar, una persona con paciencia… alguien que podía esperar eternamente a que su corazón correspondiera.
En su mente entonó la triste canción de amor del disco que los había hecho conocerse y recordó todas las veces en que se habían encontrado por casualidad. Si no era el destino… no sabía qué otra cosa podía ser; él tenía razón, ambos estaban destinados a estar juntos.
El verdadero amor entre ella y él comenzaba ese día.
II
—¿No beberás? —preguntó Sesshomaru mientras se servía otro vaso de whisky.
Kagura Touma lo observó decididamente. —No, no beberé.
—¿Por qué? ¿Quieres cerveza? No creo que en este lugar sirvan cerveza…
—¿De quién será mi corazón? —lanzó ella de repente.
El peliplata dejó el vaso sobre la mesa y la miró molesto. —¿De quién más podría ser? Tu corazón es tuyo.
Ella suspiró. —Si es mío, ¿por qué no puedo controlarlo?
—¿Por qué estás diciendo esas cosas? ¿Es para el guion?
—Lo digo porque hay alguien de quien me he enamorado.
—¿Y? —inquirió cortante y sin mirarla.
Ella volvió a suspirar. —Si le digo que me gusta, él probablemente me rechazará.
—¿Entonces…?
—Aunque sé que eso sucederá, no puedo parar.
Sesshomaru volvió a beber. —Eres como una adolescente, es natural que te enamores.
—Creo que me he enamorado de ti —dijo ella—. Estoy confesándote mis sentimientos.
El peliplata se echó hacia atrás y se apoyó sobre la silla, dejando el vaso encima. La miró cortante y habló:
—Dijiste que probablemente te rechazaría, ¿verdad?
Kagura asintió con la cabeza.
—Esa sensación era correcta. Arregla tu corazón pronto —ordenó—, no me gusta que esas cosas interfieran con el trabajo.
—¿No puedes hacer las dos cosas a la vez?
—Dijiste que solo escribía piezas para taquilla y que no era un verdadero escritor —confesó—. Pues bien, ahora quiero serlo. Realmente deseo que este guion salga sin problemas. Además… ya tengo a alguien que me gusta.
La pelinegra se cruzó de brazos. —¿Quién es?
Sesshomaru alzó la vista. —¿Por qué tengo que decírtelo?
—Es Kagome, ¿verdad?
Él no respondió, en su lugar, tomó el tenedor y comenzó a comer papas fritas.
—Ustedes son tan extraños… —resopló la muchacha—, hace poco la vi en el cine, nos estaba espiando. ¿Por qué sale con otro y por qué tú lo permites?
—Ella está acostumbrada a romper conmigo, no le gusta que un hombre la rechace.
—Si te gusta… ¿por qué la rechazaste?
Él sonrió. —No lo entenderías…
—Ponme a prueba.
—Antes de ser abandonado, prefiero abandonar —dijo—. No lo entiendes, ¿verdad?
—Es estúpido —alzó una ceja—. ¿Por qué haces eso?
—No quiero ser entendido por ti.
—Si te gusta, ¿por qué la engañas diciéndole que no? —insistió ella, comiendo también.
—Nunca la he engañado, mentir y no decir la verdad son cosas diferentes.
—Para mí es una mentira.
—No es una mentira si lo haces para proteger a alguien.
Kagura Touma lo observó atentamente y se sintió decepcionada. No porque él estuviera enamorado de Kagome, sino porque era un verdadero imbécil. La azabache tenía razón, una persona como él no estaba capacitada para escribir sobre el amor, no cuando ignoraba sus propios sentimientos de una forma tan hiriente. Lo observó atentamente con unos ojos llenos de compasión e inhaló, realmente él se veía como un completo perdedor. ¿Por qué no lo había notado antes?
Estaba enfermo de amor por una mujer a la que se negaba a amar y sufría por que ella había decidido comenzar de nuevo sin él. Para concluir, creía que bebiendo se irían todas sus penas.
¡Qué penoso hombre era Sesshomaru Taisho!
A pesar de eso, la imagen de él ebrio, con los ojos brillantes y recargado de esa forma sobre la mesa, completamente aplastado por sus debilidades, le pareció todavía más abrumadora.
Sí, un hombre débil era mucho más atractivo que un hombre todopoderoso.
Como pudo, lo ayudó a entrar al auto y condujo de regreso a casa. Nunca lo había visto borracho. Él no se cansaba de sorprenderla y seducirla con aquella fría forma de ser. Era una verdadera lástima que estuviera enamorado de otra, sobretodo cuando la otra era Kagome Higurashi.
No podía comprender ese amor.
Cuando llegó a la casa, descubrió un auto estacionado al frente. Agudizó la mirada y observó a Kagome junto al chico OST. Ambos charlaban animadamente en la parte delantera del carro, parecía que no querían despedirse. Era una bendición que Sesshomaru estuviera dormido, estaba segura de que no le habría gustado para nada ver esa escena.
—Buenas noches… —se despidió el ambarino en el asiento del conductor, mirando a la azabache con añoranza.
—No quieres decir adiós, ¿verdad? —se burló Kagome.
Él aseveró con la mirada.
—Es decepcionante, ¿verdad? Volver a casa después de una noche tan hermosa… —musitó ella melancólicamente. No quería entrar de nuevo al lugar que compartía con el hombre que arruinaba toda su existencia.
Inuyasha volvió a asentir.
Kagome rio. —No deberías admitirlo, ¿acaso no sabes la técnica del "tira y afloja"? —se mofó—. No tienes que lucir vulnerable, debes ser rudo.
—No quiero ser rudo, prefiero usar esa energía para ser una buena persona.
—Entonces no hay otra opción. Si no quieres ser rudo… tendré besarte yo —dijo volteándose y mirándolo ansiosa. Tragó saliva nerviosa y sin decidirse a hacerlo.
A pesar de todas las citas que habían tenido, nunca se habían besado de verdad. Aquella era la relación más lenta que Kagome había tenido en su vida, aunque de alguna forma lo agradecía. Era bueno no sentirse presionada de forma alguna por un hombre, ni siquiera sabía si quería acostarse con él.
—Dijiste que ibas a… hacer algo.
—Dije que… —no alcanzó a terminar la frase, porque Inuyasha la cogió del brazo y la jaló hacia su cuerpo para besarla apasionadamente. Habían retrasado eso tanto tiempo que se había vuelto un gesto desesperado. Correspondió, no había otra forma de demostrarle que de verdad estaba dispuesta a amarlo. Además, él besaba condenadamente bien.
Se acomodó para abrazarlo y sentirse más cerca de él, volviendo el beso un beso furioso, lleno de éxtasis. La lengua de Inuyasha era dulce y suave, y su contacto era abrasador; cálido e intenso, tal y como lo había imaginado.
Kagura abrió la boca sorprendida, no podía creer que Kagome fuera en serio con ese sujeto. Intencionalmente, apagó las luces del auto para no ser descubierta y observó a Sesshomaru. Él seguía durmiendo.
¿Qué debía hacer?
—¿Ya llegamos? —preguntó, de repente, Sesshomaru en un bostezo.
La pelinegra extendió el brazo y lo puso sobre sus ojos. —No mires…
—¿Qué pasa? —inquirió él, molesto e intentando sacar la mano de la chica.
—Sesshomaru, perdóname ¿sí? —musitó—. Perdóname solo esta vez.
Entonces, plantó un apasionado beso en sus labios y lo obligó a mantenerlo. Esa era, probablemente, su única oportunidad. Con la otra mano, alcanzó la bocina del auto y la presionó con fuerza. El ruido invadió todo el lugar, era imposible que ellos no la escucharan.
Kagome, asustada, interrumpió el beso y miró hacia el frente, descubriéndolos. Su corazón se detuvo del golpe y el rostro casi se le cayó. Su suposición estaba en lo correcto, había algo entre esos dos. Sus ojos del corazón habían dicho la verdad.
Sesshomaru la había dejado por Kagura Touma.
CONTINUARÁ…
¿Quién entiende a Sesshomaru? ¿Quién me quiere golpear? Yo no, yo los amo a todos, jaja. Espero sus comentarios y tomatazos!
Publicación: 20/07/2014
Corrección 1: 20/07/2014
