INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.


EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.


NOTA DE LA AUTORA:

Chicas, lamento mucho no tener todo el tiempo que quisiera para continuar esta historia. De hecho, decidí continuar con capítulos más cortos para poder publicar seguido, espero saber qué opinan al respecto a través de reviews o vía PM. No me gusta abandonar este fanfic por un mes, me siento mal y me estreso porque siento que tengo una responsabilidad muy grande con ustedes, jajaja. Es cierto, y es terrible! jaja Pero en fin, ¿qué se puede hacer? Las adoro y me encanta escribir esto para ustedes.

Un besito y gracias por sus reviews, sus palabras me motivan x 1000.


"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que a los dieciocho ya estaban profundamente enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"

NECESITO UN ROMANCE

Claudia Gazziero

CAPÍTULO 19

MEMORIAS

I

El asunto era, aunque repetitivo, bastante sencillo. No amaba a Sesshomaru, de eso estaba segura, pero no por eso podía sacarlo de su vida de un día para otro. Como ya no había ninguna relación amorosa entre ambos, podían volver a ser los amigos hermanables que siempre habían sido. Era curioso ver cómo habían olvidado lo bello de ser hermanos a causa de una relación enfermiza que no los había conducido a ningún lado. A penas recordaba cómo eran las cosas antes de ese primer beso entre las enredaderas. Ese día había cambiado las cosas para siempre, y muy a su pesar, Kagome debía admitir que había sido para mal.

—¿Quieres escuchar la nueva canción? —irrumpió en la sala del peliplata, en donde él y Kagura discutían sobre cosas que no le interesaban en lo más mínimo.

Sesshomaru alzó la vista y la depositó férreamente en ella, como si estuviera pensando en cosas que, como siempre, iban más allá de su entendimiento. —¿Por qué tan de repente?

Bien, si se refería al hecho de que no le había hablado durante semanas, quizás sí era extraño. De todas formas, no había ninguna razón detrás de ese silencio, era solo que no tenía absolutamente nada que decirle. ¿Qué podía contarle? ¿Lo genial que se la pasaba con Inuyasha? No, ella no era tan cruel. Sesshomaru, antes que todas las cosas, era su ex… y no debía olvidarlo.

—Claro, siempre te muestro todas mis canciones —respondió desentendidamente.

Él dudó un poco, pero finalmente aceptó la invitación y la siguió refunfuñando sabe Dios qué cosas.

—Qué personas tan extrañas —resopló Kagura Touma, luego de que ambos se marcharan al despacho de Kagome. Aunque había pasado tiempo desde que Sesshomaru había admitido sus raros e incomprensibles sentimientos hacia la azabache, todavía no podía entender cómo podía ser tan idiota… y eso la intrigaba todavía más.

Sesshomaru Taisho se sentó en el futón de Kagome y esperó a que comenzara la música. La miró de reojo y sonrió. Lo único que lo consolaba durante las largas ausencias de la chica, era la certeza de que ella jamás podría salir de su vida. Se alegraba en secreto del hecho de que ambos estuvieran en los recuerdos del otro desde siempre, impregnados, aferrados con la fuerza más grande del mundo: el amor. De una cosa estaba seguro: Kagome jamás podría olvidarlo. Él siempre estaría en su vida, aunque con diferentes roles. Después de todo, era su única familia.

—Está comenzando… —La escuchó decir con voz amable.

La melodía comenzó lenta y suave, pero luego fue tomando más fuerza. Kagome había grabado el piano, su oído era inconfundible. La observó nuevamente, tenía los ojos cerrados y disfrutaba de cada nota en particular. Sin duda, era la mujer más talentosa que conocía, tenía una sensibilidad hacia el arte extraordinaria y era más inteligente de lo que creía ser.

De pronto, comenzó la voz principal y Kagome la acompañó con un susurro. No sabía si esa era la verdadera intención de la invitación, pero Sesshomaru se sintió tocado en seguida. Cada palabra en esa canción se refería a ellos, a sus vidas juntos, a sus vidas separados. El peliplata, desamparado, no pudo evitar recordar todas aquellas veces en que ella había intentado liberarse de su abrazo sempiterno y ser libre de sus inseguridades.

Suspiró. La verdad de todo aquello era que quería regresar al principio. Quería tener diecisiete de nuevo y planificar la forma en que se declararía. Quería ese beso bajo las hojas otra vez. Quería que ella lo botara de nuevo y destruyera su bicicleta. Quería responderle que no era su culpa. ¡Que no era su maldita culpa! Pero no podía hacerlo, estaba más allá de sus posibilidades.

Aunque eso le costara la vida, debía renunciar a Kagome. Ella merecía mucho más de lo que él podía ofrecerle. Y, a esas alturas de la vida, no podía ofrecerle nada.

—Sesshomaru… —lo llamó la chica—. La canción terminó. ¿La escuchaste siquiera?

—Escribiste… —dudó.

Kagome se incorporó y lo miró expectante.

—¿Escribiste esta canción después de que terminamos?

—Sí, pero la abandoné hasta esta semana. Necesitaba una canción más para terminar el disco —admitió sin sonrojarse—. ¿Te gusta? Dime que está genial, que está súper—genial. Apuesto a que es lo mejor que has escuchado en tu vida.

—Convertiste una calamidad en una obra de arte. ¿Qué otra cosa puedo decir?

—Sí, pues… podría decirse que la tristeza me inspira. Los melodramas tienen algo de belleza también.

Sesshomaru quedó helado. Nunca la había visto referirse a su relación sin ningún atisbo de dolor, culpa o rabia. Lo había superado. Ella lo había superado desde hacía meses.

Espectacular.

—¿No te sentiste mal porque yo estaba aquí, escuchando precisamente esta canción? —No pudo evitar preguntar.

—No, ya antes te he mostrado canciones de corazón roto. Tampoco es como que te sientas mal por ello.

—Deberías darme la mitad de las ganancias; si no fuera por mí… no tendrías tanto dolor para plasmar en una melodía.

—Tú me usaste como ejemplo en una de tus novelas… y revelaste mis secretos sexuales*[1] sin pagarme un centavo. No veo por qué te molestas.

—Da igual… si no quieres pagar puedes invitarme a comer algo. Hoy no tengo ganas de cocinar —propuso, intentando ocultar la incomodidad que abarrotaba la habitación.

Kagome se lo pensó dos veces, incluso tres.

—Está bien, vamos.

—¿Él te trata bien? —inquirió de repente, tomando un oso de felpa para disimular su nerviosismo.

Kagome se volteó sorprendida.

—¿Quién? ¿Inuyasha? —rio—. ¿De verdad me estás preguntando esto?

—Claro, me preocupo por ti… nos conocemos desde la infancia —se excusó.

—Está bien —sonrió ella—. Me trata bien, es mi compañero predestinado.

—No existe el destino.

—Existe hasta que se demuestre lo contrario. He aquí un ejemplo: si no me hubieras botado como a un zapato viejo, jamás me hubiera enamorado de Inuyasha. Aún estaría aquí rogándote por otra oportunidad. Dios… debí ser molesta. ¿Lo fui?

El peliplata sonrió melancólicamente.

—No lo sé, estaba acostumbrado. Nunca pensé sobre eso.

—Pues deberías hacerlo, así descubrirías que todo fue obra del destino.

—Lo dices porque le tienes miedo y no quieres admitir que huyes de él como a la lepra.

Eso podía ser cierto, de cierto modo. No respondió. ¿Qué podía decir?

—¿Lo ves? —agregó la joven—. Huir del destino te hace automáticamente más idiota que yo. Es el destino… ¿entiendes? Aunque le rehúyas te encontrará, ese es el principio básico. Es incluso más fácil que todo el rollo del karma.

II

—¿Aún estás despierta?

Kagura levantó la mirada y se encontró con Kagome, de pie frente a ella y hablándole agradablemente. ¿Qué diablos se había bebido? Según recordaba, ambas eran rivales, no amigas. Quizás era cierto que se había olvidado totalmente de Sesshomaru.

—Sesshomaru se fue a dormir y me ordenó que terminara de corregir algunas escenas. Creo que estaré aquí toda la noche.

Kagome aprovechó que el agua estaba hervida para servirse un café y sentarse junto a ella.

Kagura alzó una ceja.

Kagome sonrió.

—Ese día… ¿cómo te fue? —preguntó por fin, sin borrar esa alegre y sincera expresión de su rostro. Parecía como si, de repente, todos los malos sentimientos hubieran desaparecido de su cuerpo. Era una mujer rehabilitada, había curado totalmente su alma.

—¿Qué día?

—Ese día… —sugirió la azabache—. Te vi besándolo.

La escritora bajó la cabeza.

—Dijo que me demandaría por acoso sexual si volvía a hacerlo.

Kagome rio.

—¿Quieres saber qué me dijo cuando rechazó mis sentimientos? —agregó Kagura.

—¿Qué…?

—Nunca te lo diré.

—¿Por qué?

—Porque ahora solo deberías pensar en Inuyasha, ya no tiene caso de que te cuente cosas sobre Sesshomaru.

—¿Por qué dices eso?

—Porque tengo miedo de que te intereses en él otra vez.

Kagome palideció.

—Acaso… ¿tú ya lo sabías?

—Lo sé desde hace mucho tiempo. No entiendo cómo pudieron creer que lo mantenían en secreto. Era evidente hasta para los perros.

—Yo…

—No tienes que decir nada. Agradezco que no le hayas dicho sobre mis sentimientos antes de que yo pudiera hacerlo.

Kagome siguió sin encontrar alguna palabra adecuada para decir en ese momento. No estaba acostumbrada a tanta franqueza por parte de la joven.

—Ya no tienes que esconder nada, incluso podrías contarme cómo te sentiste. Él hace lo mismo conmigo.

La azabache bebió de su café humeante y suspiró.

—¿Todavía sientes algo por él? —preguntó la pelinegra, al no obtener respuesta.

—No, ya no.

Kagura la observó fijamente.

—Es cierto... —aseguró—. Es decir, hice todo lo posible. Lo intenté todo, agoté todos los recursos y todas las oportunidades. Sin arrepentimientos.

—¿Qué y cuánto has hecho por él?

—De todo —rio—. Desde viajar de madrugada para sorprenderlo en otra ciudad hasta herirlo y herirme de muerte, en sentido figurado, obviamente. Incluso nos peleamos en la vía pública e involucramos a todo el mercado en nuestra disputa. Fue muy desagradable.

—¿En serio?

—Sí, yo acababa de cumplir treinta y Sesshomaru dijo que no nos casaríamos nunca…

¿Estás diciendo que deberíamos seguir así hasta que muramos? —preguntó la azabache, indignada. ¡Ya tenía treinta años! ¡Quería empezar a formar su propia familia!

Pero Sesshomaru extendió los brazos y le presionó las mejillas, sonriente.

Estamos bien así, Kag.

Yo no estoy bien así, quiero casarme —refunfuñó. Algunos comensales del restaurant se voltearon a ver a la joven pareja.

Nunca se me pasó por la cabeza eso del matrimonio, creí que tú pensabas igual.

Seré buena contigo… —murmuró Kagome, poniendo su mejor cara persuasiva.

Si quieres casarte entonces cásate.

¡Con quién si no es contigo!

—¿Pelearon en el restaurant? —inquirió Kagura, ansiosa.

—No, un mes después. ¿Conoces a la actriz Kaguya Hime?

—Me gusta mucho. ¿Qué tiene que ver?

—Ella y Sesshomaru tuvieron una cita…

—¿En serio? Creo que ahora la odio.

—Fue antes de su debut como protagonista. Los descubrí en su segunda cita.

La escritora abrió la boca, sorprendida. Sesshomaru no se veía como la clase de hombre que le era infiel a una mujer.

—No puedo creer que te haya sido infiel.

—No lo fue, se reunieron para conversar sobre el personaje que interpretaba Kaguya. Sesshomaru era el guionista y ella necesitaba ayuda. Además, esa película era muy importante para Sessh…

—Ya entiendo…

—Así es, yo lo malinterpreté todo y monté un escándalo de proporciones.

Kag, te dije que me reuní con ella por la película —insistío Sesshomaru al tiempo que la perseguía por la feria.

¡No mientas! —se volteó violentamente la azabache—. ¡Dijiste que estarías con tu editor, no con una actriz famosa!

Aunque intentó controlarse, de igual forma le dio unos cuantos empujones. Sesshomaru se enfureció al instante, odiaba cuando Kagome mostraba su rabia con las manos.

Lo dije para que no hicieras esta escena de celos… pero terminaste haciéndola igual. ¡Nadie puede contigo, Kagome!

¿Es por eso que no querías casarte? ¿Por qué no puedes conmigo? —gritó—. ¿Es por Kaguya Hime?

Piensa lo que quieras —sentenció él, volteándose y caminando lejos de ella.

—En el momento en que vi a Sesshomaru girar sentí una gran llama estallar en mi corazón —admitió con pesar.

Kagura se sirvió otro café.

—¿Qué hiciste? Dios, no sé si quiero saberlo.

—Corrí tras él y le arrojé mi cartera en la espalda.

¡Odio que me dejes hablando sola! ¿Quién demonios crees que soy?

Él volteó enfurecido y miró al piso. Todos los artículos que había dentro se regaron en la acera.

Recoge tus cosas, no las dejes ahí.

¡Cualquiera podría malentender la situación! ¡Si otras personas hubieran visto lo que yo también creerían que fueron engañadas!

Otra vez, Kagome estaba tratando de alcanzar su altura, pero como sus tacones no daban lo suficiente, se veía obligada a alzar la voz.

¡He dicho que no es lo que piensas!

¡No me importa! ¡Yo sé lo que vi, no necesito que me lo expliques con tu boca!

Kagome, recoge eso y vámonos —intentó apaciguar su ira—. La gente nos está mirando.

Es porque compraste esa cartera para mí, ¿cierto? —preguntó irónicamente, pateándola lejos. Pinturas y espejos saltaron por todas partes, la cámara fotográfica fue a dar al desagüe.

¡Eres…!

Y en ese momento sucedió. Sesshomaru le levantó la mano por primera y última vez.

Pero Kagome no era de las que se dejaban golpear fácilmente. Ella no era una mujer sumisa. Jamás. Nunca.

¡Qué…! ¿¡Ibas a golpearme?! —chilló. La gente se amontonó alrededor de la pelea. Algunos comenzaron a sacar fotografías—. ¡Inténtalo que te golpeo dos veces! ¡En la entrepierna para que no puedas tener hijos con esa zorra!

La azabache estaba frenética, lo empujaba, lo golpeaba y volvía a empujarlo. Pronto lo arrinconó en un local de verduras.

¡Siempre estás tan lleno de ti mismo! —continuó vociferando—. ¡Nunca ves más allá de tus ojos! ¡Crees que eres la única persona en este puto mundo!

¡Detente! —intentó calmarla—. ¡Contrólate y para!

Eso la enfureció todavía más… y no encontró nada mejor que tomar una fruta de la tienda y arrojársela en la cara. La naranja se reventó en su nariz.

¡Se acabó! —sentenció, mientras arrojaba naranja tras naranja—. ¡Es el fin, terminamos! ¡No soporto más, no te soporto más! ¡Muérete si quieres, haz lo que se te ocurra! ¡No me importas más!

Sesshomaru apenas alcanzaba a cubrirse el rostro con los brazos, antes de que Kagome lanzara otra fruta. Habían llegado al límite.

¡¿Qué estás haciendo, maldición?!

¡No me importa, solo quiero que desaparezcas!

¡Kagome! —La agarró de los brazos—. Para, mírame, detente.

¡Déjame, te odio! ¡Desaparece de mi vida!

¡Kagome, para! —repitió.

¡Suéltame!

Entonces inició un forcejeo sin precedentes, en el cual ninguno de los dos cedió. La gente comenzó a gritar, mientras ambos caían sobre una tienda callejera y luego sobre otra y otra.

¡¿Cuándo demonios vas a detenerte?! ¡Siempre tienes que llegar a los gritos!

¡Suéltame! ¡Te odio!

—Fue un tiempo en donde peleábamos por nuestro matrimonio todos los días —recordó Kagome, pensativa—. Estábamos hartos y nos odiábamos mutuamente, pero éramos incapaces de terminar nuestra relación. Estábamos buscando excusas para romper, Kaguya Hime era una excusa también.

¡Vamos a dejar todo esto aquí! —gritó el peliplata fuera de sí, y comenzó a tomar los cajones de verduras y a estrellarlos con fuerza en el piso. Esa era la primera vez que perdía los estribos, lloraba.

¡Déjame, eso es lo que quieres de todas formas!

—Cuando conseguí tranquilizarme, estaba en la cárcel —rio sin ganas—. ¿Puedes creerlo? Fue patético, ambos fuimos patéticos ese día.

—No sé qué decir…

—Ese día, Sesshomaru y yo nos faltamos el respeto de todas las formas posibles… y jamás pudimos recuperarlo.

—¿Qué pasó después?

—Un representante de la feria exigió una compensación monetaria por los destrozos. Nos interrogaron y nos dejaron toda la noche en la misma celda. No cruzamos palabra, estábamos devastados. Cuando salimos a la mañana siguiente, éramos dos extraños que no tenían un pasado en común…

Se sentaron a desayunar en el restaurante de siempre y pidieron lo de costumbre. No cruzaron palabra durante diez minutos, hasta que Sesshomaru rompió el silencio, sin atreverse a mirarla a la cara nuevamente.

Vamos a romper…

Kagome sorbeteó su sopa.

Sí… creo que es lo mejor —respondió con la voz quebrada—. Rompamos.

Dicho esto, se sacó el anillo del dedo y lo arrojó en la hielera. El sonido del metal contra el metal retumbó en los oídos de ambos.

Sesshomaru la siguió y arrojó su argolla.

Estaba hecho.

Y, como si nada hubiera sucedido, siguieron comiendo. Nadie habló sobre las lágrimas reprimidas y la pena inmensa que les llenaba el corazón. Ya ni siquiera importaba.

—Esa es la verdad sobre nuestro rompimiento tres años atrás… —finalizó la joven compositora con una triste sonrisa—. Ese incidente todavía nos duele, jamás podremos olvidarlo. Debí suponer que después de eso no podríamos volver a comenzar, aunque pasaran tres, cinco o diez años.

—No entiendo por qué no rompieron simplemente, antes de llegar a ese extremo —comentó Kagura, conmovida.

—No lo sé, lo único que puedo asegurarte es que intenté recuperarlo de todas las formas posibles. Es por eso que no tengo ningún arrepentimiento y puedo cerrar esta historia en paz.

—¿Por qué no quiso casarse contigo?

—Siempre creí que encontraría la respuesta a esa pregunta… pero, ahora sé que no responder también es una respuesta. Con Sesshomaru no existen solo las afirmaciones y negaciones. No elegirme es una razón válida, no tener una respuesta también es una respuesta.

III

Sesshomaru, sumido en el silencio de su habitación, se permitió así mismo sacar a la luz una vez más aquello que tanto le dolía. Por eso, esperó a que no hubiera ruido abajo y a que Kagura se marchara a quién sabe dónde; luego, abrió el último cajón de su estante y corrió la ropa de invierno que estaba perfectamente doblada y ordenada. Entonces, sacó de su escondite una pequeña caja metálica y la llevó hasta su cama.

Retuvo el aire hasta que comprobó que las cartas seguían en su sitio. Había decenas, firmadas de Kagome Higurashi para Sesshomaru Taisho… y databan desde hacía años. Las dejó en su sitio y cogió unas fotografías que parecían profesionales: eran de Kagome en el crucero, las había comprado el último día, antes de desembarcar. Las estudió una a una, ella era tan hermosa…

Finalmente, admiró una en que la chica miraba al vacío con una tristeza que le partía el corazón. Era del día en que le había dicho que no le gustaba, porque siempre lo llevaba hasta el límite. Era el día en que había decidido no volver con ella.

Nunca.

La dejó en su sitio e intentó no pensar en ello. Entonces, una pequeña caja cuadrada de VOGUE llamó su atención. ¿Desde hacía cuánto no se atrevía a abrir esa caja? No quería ver los anillos de plata. No quería recordar el día en que los habían arrojado dentro de la fría hielera del restaurante. Ese era el día en que su felicidad había terminado para siempre.

¡Bienvenido! ¿Necesita una mesa? —preguntó la mesera al verlo entrar.

No gracias… —respondió seriamente—. Comí aquí hace algunos días y perdí unos anillos. ¿Sabe si alguien pudo guardarlos?

¡Ah, hace tres días! Lo recuerdo, pensé que era mi día de suerte.

¿Usted los tiene? —quiso saber, con el corazón en la mano.

Los guardé por si venían a reclamarlos, me dio pena ver que tiraran los anillos así… espero que se hayan reconciliado.

El peliplata sacó el más grande de la caja y se lo puso en el dedo anular, lentamente, como si quisiera recordar la sensación del día en que se lo puso por primera vez, junto a una promesa que muy pronto se llevó el aire.

—No, aún no nos hemos reconciliado…

CONTINUARÁ...


Queridísimas, muchas ya saben por qué he decidido no seguir con mis fanfics, exceptuando este. Y las que no saben, lo sabrán ahora: Estoy trabajando en mi Sitio Web personal, un sitio en donde continuaré mis fanfics como novelas originales y subiré cuentos románticos y eróticos semanalmente. También subiré mis novelas para ller gratuitamente, mi misión es ser una escritora que entrega su arte de forma gratuita... y que los lectores no tengan que pagar para leer mis originales. Es una noble idea, en sí misma, pero requiere de mucho trabajo y sacrificio. Espero contar con el apoyo de todas, aunque por mientras, pueden ayudarme suscribiéndose al boletín de cuentos y novelas románticas y eróticas (para recibirlas en su correo durante la etapa previa al lanzamiento) en claudiagazziero punto com. El lanzamiento del sitio es el 1 de Dic. y, de verdad, deben estar todas!

Un besito a todas y gracias por su apoyo.


Publicación: 03/10/2014

Edición: No todavía, lo subí en bruto. Perdónenme :(