INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.
Muchas gracias por los reviews y por todo el apoyo en esta historia. Nunca terminaría de agradecerles la felicidad que me dan con cada review, con cada comentario y con cada palabra de ánimo, de cariño y de apoyo.
"No sabían exactamente cuando habían empezado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que a los dieciocho ya estaban profundamente enamorados. En doce años de noviazgo habían terminado cinco veces y regresado sólo cuatro. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho, sin ser una pareja, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba DESESPERADAMENTE un romance con otro hombre!"
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 20
UN HOMBRE DÉBIL
I
—¡Kagome, ¿dónde estás?! —gritó disimuladamente Sesshomaru mientras entraba en la cocina, buscándola desesperadamente con los ojos—. Kagura, ¿has visto a Kagome? No está en su casa…
Kagura bostezó, la noche anterior había sido realmente extraña. No había podido dormir bien intentando descifrar el misterio de esos dos y aún no había decidido si se daría por vencida o lucharía por ese hombre estúpido que, por alguna razón desconocida, le gustaba cada día más.
—No la he visto —respondió somnolienta—. Quizás aún está dormida…
—No estaba en su cuarto tampoco.
—Entonces no lo sé.
En ese momento, la aludida entró a la cocina de Sesshomaru, con un holgado atuendo para correr y claras evidencias de que había corrido demasiado—. La mañana estaba hermosa y necesitaba ponerme en forma urgentemente.
El peliplata alzó una ceja y la miró de reojo. Kagura prefirió no hacer comentarios al respecto, pero ya se imaginaba el porqué de que la chica quisiera ejercitarse.
El silencio se rompió cuando Sesshomaru depositó bruscamente la bolsa de los panecillos sobre la mesa y se sentó, corriendo la silla en un gran estruendo.
—Compré pan recién horneado. ¿Quieres llevarle algunos al chico OST? —invitó de repente, mientras se sujetaba la cabeza con la mano y miraba su plato vacío.
Kagura se volteó con una mueca de asco que le ocupaba toda la cara. ¿Cómo podía ser tan falso? Definitivamente, la honestidad no era una de sus virtudes. ¿Qué pretendía con todo eso? ¿Ayudar a Kagome? No es que ella fuera demasiado ingenua, simplemente quería comprender cada palabra y cosa que hacía, aunque eso la desconcertara la mayoría de las veces.
Kagome se volteó sorprendida también. —¿Te sientes bien? —preguntó con una sonrisa en la boca y llevando su mano a la frente del extraño hombre que había secuestrado al Sesshomaru de siempre.
—¿Quién eres tú y dónde tienes a Sesshomaru? No tienes fiebre, no lo entiendo —intentó bromear, a veces las actitudes de ese sujeto la confundían, pero no amorosamente —gracias a todos los dioses de todas las culturas—.
El peliplata suspiró. —Ibas a robarte el pan y llevárselo de todas formas… así que compré un poco más para él.
—Qué precavido —ironizó Kagura, pero Sesshomaru la ignoró olímpicamente.
Kagome volvió a sonreír alegremente, casi parecía que estaba coqueteando de nuevo. Quizás lo estaba haciendo de verdad, pero no podía evitar que la sensualidad de su cuerpo se le escapara por todos los poros. ¡Era tan difícil ser tan sexy! A veces se hartaba de tanto reprimirse. Bien, quizás exageraba un poco; ¡ni siquiera tenía pechos grandes!, era delgada como una tabla. Una tabla muy seductora, por cierto.
—¡Hey, Sesshomaru… creo que empiezo a gustarte de nuevo! —bromeó—. Ten cuidado, podrías no darte cuenta y terminar llorando por los rincones mientras yo e Inuyasha…
—No digas tonterías —cortó el peliplata.
—Dios, eres tan amargado… no soportas ni una miserable broma. Menos mal que mi sentido del humor sigue intacto… —murmuró mientras cogía una lonchera y comenzaba a echar los panecillos de regalo—. Bien, voy a darme una ducha.
—¿Quieres que te agregue unos pastelillos a la lonchera? —ofreció Kagura de repente. Sesshomaru alzó la vista, eso era muy extraño.
Kagome se detuvo en la puerta y se volteó. —Eso sería genial, muchas gracias —rio.
Extraño… muy extraño. ¿Qué había pasado entre ellas? ¿Por qué de repente eran amigas? Miró a Kagome, que desaparecía de su campo visual saltando, literalmente, en un pie. Por alguna razón, aún desconocida para él, le incomodaba de sobremanera el exceso de felicidad que mostraba la chica.
Resopló. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué había comprado panecillos para ese tipo, en primer lugar? Se sintió, por un segundo, como el idiota en que Kagura insistía que era.
—Eres un psicópata. Lo sabes, ¿verdad? —le recriminó Kagura una vez que no hubieron moros en la costa—. Me das un poco de lástima.
—¿Por qué? —preguntó él, solo por preguntar. No era como si le interesara.
—No lo sé, ni siquiera he tenido un bebé aún… pero tú despiertas todo mi instinto maternal. De repente, me descubro queriendo protegerte. Creo que me siento mal por ti.
—Eso no tiene sentido.
—Lo que tú haces tampoco tiene sentido.
—No me interesa actuar de acuerdo a tus estándares.
—Bien.
—Bien.
II
Rin miró a Kohaku de perfil. Se veía impecable vestido tan elegantemente, incluso le causaba algo de rubor estar tan cerca de él. Recordó a Kagome y su manía por recordarle a todo el mundo cuán hermosas eran las pestañas de Inuyasha. Kohaku también tenía unas pestañas preciosas. ¿Acaso había algún tratamiento de moda que hacía que los hombres se volvieran más guapos? Imposible, probablemente esas sensaciones eran producto del largo tiempo que llevaba sin tener un orgasmo, ya casi no recordaba ni la palabra: orgasm, orgasma, orgamo. ¡Qué embrollo!
—Entonces, dejas el micrófono en la mesa, miras hacia el público y sonríes. ¿De acuerdo?
Levantó la vista acelerada y sonrió. Había escuchado muy poco de lo que él había dicho. Lo peor de todo era que lo que decía era realmente importante. Ese día era la presentación del proyecto que habían estado trabajando durante meses y los directivos de una gran compañía de entretenimiento irían a escucharla. Si no lograban que invirtieran en el cine, probablemente estarían perdidos. La competencia se estaba volviendo demasiado dura durante los últimos años.
—¿Estás nerviosa? —preguntó él, amablemente—. Cálmate, será sencillo. Solo debes mirar a los ejecutivos, sin mirarlos realmente… y sonreír, sonreír mucho. Eres buena en eso, te será fácil.
—No lo sé, esta presentación podría ser definitiva. Si no logramos construir el mejor cine del país me sumiré en depresión —declaró. Al escuchar sus propias palabras, se sintió como Kagome en el peor de sus dramatismos.
—Solo respira profundo y sigue mi ritmo, ¿está bien? —Tomó sus manos e inhaló largamente. Rin lo siguió durante un buen rato. De pronto, se sentía mucho más relajada.
Cuando el celular de Kohaku sonó, Rin ya estaba en un mundo en donde nadie podía alterarla. Recordó la visión de sus manos, unidas a las de ese hombre y se sintió en una nube donde nada podía salir mal. Esos ejecutivos terminarían enamorados de ella y de la propuesta, podía apostarlo.
—Ya están aquí —dijo el pelinegro, ansioso.
—¿Listo? —preguntó con el rostro lleno de risa.
Él le tomó la mano.
—Listo.
Tal y como habían predicho, todo comenzó bien y sin accidentes. Aunque Rin había pensado que, en algún momento, se le trabaría la lengua o se le olvidaría todo, eso no sucedió nunca. Ella y Kohaku se complementaban exitosamente y podían turnarse sin confundirse y sin atropellar al otro, una verdadera hazaña. Al final de la presentación, los ejecutivos se levantaron de sus asientos aplaudiendo y con sonrisas pintadas en el rostro. Todo había salido de maravilla.
Entonces, tal y como Kohaku le había enseñado, mostró su sonrisa y esperó a que los asistentes se enamoraran de ella. Una reverencia y un agradecimiento sutil y todo acabó. El contrato se firmó una hora más tarde.
—Lo hicimos realmente bien hoy… creo que pegamos un poco, ¿no lo crees? Es como si siempre hubiéramos pegado —comentó Rin, realmente feliz mientras subía la escalera junto a Kohaku.
—¿Pegar? No lo entiendo.
—Ya sabes… que tú y yo pegamos… en el trabajo, obviamente. Somos una buena dupla.
—¿Algo así como que trabajamos en armonía?
—¿No es eso demasiado impersonal? Puedes trabajar en armonía con todos, pero solo conmigo pegas.
—Trabajamos a buen ritmo juntos.
—¿Por qué eres tan aburrido? Yo creí que yo era aburrida, pero tú eres aburrido hasta con tu léxico.
—No es eso, es solo que creo que "mano en guante" queda mejor. Ambos trabajamos mano en guante.
—Escucha, trabajar en armonía, a buen ritmo y "mano en guante"… todas significan lo mismo, que pegamos —lo observó ansiosa—. Tú y yo… pegamos —lo golpeó con el codo.
Él se quedó tieso. —Es cierto, creo que pegamos…
—¡¿Cierto?! —ceñebró la morena—. ¡Dame esos cinco!
Kohaku chocó su mano contra la suya en un movimiento lento y tímido que le provocó un no sé qué en algún lugar. Lo miró a los ojos. ¿Era posible que pegaran en otras dimensiones de la vida?
III
—El pan estaba delicioso, ¿cierto? —comentó Kagome mientras ayudaba a Inuyasha a secar los platos recién lavados.
—Lo estaba… ¿vas a traer mañana también?
—¿Debería? —sonrió seductoramente—. Quizás podríamos almorzar todos los días en tu casa, no queda lejos de nuestros trabajos…
—Si vienes todos los días sería el hombre más agradecido y feliz del mundo.
—¿Estás agradecido y feliz conmigo? —inquirió Kagome, esperando una respuesta cursi y sumamente romántica.
—Sí, eres bonita y gentil. De hecho, creo que eres muy amable —respondió él.
Kagome se quedó de piedra.
En los treinta y tres años que llevaba consumiendo oxígeno en ese mundo cruel, nunca jamás nadie, absolutamente nadie, le había dicho que era amable. Malvada, violenta, grosera, mal genio… lo había escuchado todo, pero nunca amable. Por primera vez… alguien podía ver la bondad en ella. Bondad, ¡era tan bondadosa! ¿Por qué el mundo se había tardado tanto en descubrirlo?
Se quedó tan absorta que, sin querer, se le cayó el plato que estaba sosteniendo. Inuyasha dio un brinco y se agachó para recogerlo, pero mientras estaba en eso el lavaplatos se rebalsó y el agua comenzó a caer hasta el piso.
—¿Kagome?
¡Dios, era una persona amable! Seguramente, los astros se habían alineado para que toda la bondad escondida durante años en lo más profundo de su cuerpo saliera justo ese día.
—Kagome, ¿estás bien? —la llamó nuevamente Inuyasha, con los trozos de vidrio en su mano y la camiseta mojada.
—Oh, lo siento… ¿te mojé?
—No es nada, ¿a dónde se había ido esa cabeza tuya? —rio, al tiempo que botaba los trozos del plato roto a la basura y se secaba las manos.
—Me quedé pegada un momento.
—Está bien. Espera aquí, iré a cambiarme. Vuelvo en seguida. —Dicho esto, el ambarino se perdió en la habitación en busca de una camiseta seca.
¡Por Dios, él le había dicho que era amable! Chilló de emoción en su mente, hasta que tuvo el impulso de agradecerle a Inuyasha por eso. Había esperado toda la vida para que alguien viera que, realmente, era una buena persona. ¡Estaba harta de que todos creyeran que era una bruja y la condenaran por eso!
—¡Inuyasha! —lo siguió corriendo al cuarto—. ¡Inuyasha, espera!
Cuando se asomó por el umbral de la puerta, Inuyasha estaba desnudo de las caderas hacia arriba. —¡Lo siento! —gritó, y reflejamente, se llevó ambas manos a la cara para no ver.
No era como si jamás hubiera visto a un hombre sin camisa, pero realmente era incómodo ver a Inuyasha. Debía admitirlo, no lo había visto desnudo aún y tenía grandes esperanzas. Él era muy apuesto y sus músculos eran durísimos, estaba en muy buena forma. Incluso había comenzado a hacer ejercicio para no estar en desventaja al momento de… hacer… el… amor.
¡Por Dios, se sentía como una virgen de nuevo! Quizás, se había vuelto virgen de tanto esperar a que Inuyasha tomara la iniciativa. Así, sin poder evitarlo, se volteó lentamente hacia el chico y abrió los dedos en su cara, uno a uno, para verlo mejor.
Estaba buenísimo.
—No está mal —murmuró sintiéndose acalorada. ¡Claro que no estaba mal, estaba exquisito! Toda la energía sexual acumulada en su piel había despertado.
—¿Qué…? —preguntó el ambarino, terminando de vestirse.
—Nada, no dije nada. ¿Escuchaste algo? Porque yo no escuché nada, quizás fueron los pajaritos del árbol de afuera que, aunque no está muy cerca, vienen a volar por aquí. ¿No crees? Los pájaros son tan inoportunos, nunca me han gustado. De hecho, tuve uno cuando pequeña, pero miró a un gato a través de la jaula y se cayó de bruces. No sabía que los pájaros podían morir tan fácilmente, sobretodo porque su piel es tan… suave.
Inuyasha tenía una ceja alzada y contenía una carcajada. —¿Estás nerviosa, Kagome?
—¡Claro que no! Solo estaba siendo amable, ya sabes… porque soy muuuy gentil.
—Me sorprende que te sorprenda que te diga algo así, realmente eres muy gentil, Kag. ¿Acaso nadie te lo había dicho antes?
—La gente se empeña en creer que soy una mala mujer, porque a veces… hago las cosas que haría una mala mujer, sin ser una mala mujer, ya sabes… no es como si lo hiciera siempre, solo a veces… cuando estoy enojada, o triste. Pero en esos momentos soy una buena mujer haciendo cosas de mala mujer, obviamente que hacerlo de vez en cuando no significa que sea una mala mujer. ¿Entiendes? Es complicado, pero sin duda soy una buena mujer.
—Lo importante es que seas una buena mujer cuando estamos juntos… el resto me da igual.
—¡Bien! Porque contigo, definitivamente, soy la mujer más buena de este mundo. Es como si nada pudiera hacerme enojar. Soy muy gentil cuando estoy contigo, Inuyasha…
—¿En serio?
—¿Quieres que te muestre mi gentileza ahora? —murmuró roncamente y acercándose sugestivamente hacia él.
—Está bien, vamos a terminar de lavar.
Si no fuera porque Kagome, en ese momento, era una mujer gentil, definitivamente se habría molestado con ese hombre que la dejaba con el deseo a flor de piel.
¡Santo cielo, era una mujer amable y virgen!
IV
Sesshomaru no entendía a Kagura Touma y su insistencia en creer que, porque Kagome estaba saliendo con otro hombre, él debía estar obligatoriamente celoso. Los celos eran para personas débiles, que no tenían confianza alguna en sí mismos… y él no era de esos. Él siempre había sido fuerte y seguro de sí mismo, nunca había tenido que recurrir a artimañas y ataques de celos para mantener consigo a una mujer. Los celos eran una clase de sentimiento que detestaba con todo su ser, el día en que se sintiera celoso se declararía definitivamente como un perdedor… y él estaba muy lejos de serlo.
La bicicleta de Kagome estaba sucia, seguramente la chica había pasado por un charco de barro y no había tenido la delicadeza de limpiar la seguidilla de gotas café que ensuciaban los fierros de colores. Como fuera, no era un problema para él limpiarla, ya que le tocaba hacer el aseo de ambas casas y el jardín.
Él jamás estaría celoso, estarlo era como faltarse el respeto a sí mismo… admitir que no era suficientemente hombre como para retener a su mujer. No, él no podría estar celoso de Kagome nunca, porque Kagome…
Miró la bicicleta, llevaba más de veinte minutos limpiándola y hacía rato que estaba limpia. Se llevó la mano a la frente y se levantó. Estaba nublado, pero hacía mucho calor. Tenía la frente llena de sudor y la espalda mojada. Probablemente parecía un crío. Tomó la aparatosa pieza de metal con ruedas y la apoyó contra unos arbustos. Afuera no había nadie, la pequeña puerta de madera que separaba su casa de la calle estaba abierta. Kagura había ido a comprar más pan.
Volvió a limpiar el asiento de la bicicleta, pero con su camisa, y se alejó unos cuántos pasos para mirarla con detenimiento. Era más linda que la que la chica tenía antes, incluso tenía un canasto. Kagome solía poner frutas y llevarlas donde Inuyasha solo para verse adorable, la conocía demasiado bien, ni siquiera le gustaba comer frutas.
Estaba acalorado, sudado, cansado. Miró a Judy y a Rex, acostados en las puertas de sus minúsculas casas de madera verde que imitaban las casas que compartían ellos. La casa verde, el patio verde, el jardín verde y la puerta de madera, todo era un escenario probable para imaginar a Kagome Higurashi.
Pero él no era de esos, se negaba a estar celoso por una mujer que había decidido seguir adelante. Además, eso era lo mejor que ella había decidido hacer durante mucho tiempo, no podía detenerla solo por un recuerdo caprichoso.
—Judy… Rex… —suspiró—. Kagome está viviendo en un mundo nuevo…
Los perros lo observaron con la lengua afuera.
—Kagome está viviendo en… un mundo… que yo no conozco —tragó saliva—. Un mundo llamado Inuyasha.
"Te daré otra oportunidad. No me importa si no nos llevamos bien… o si peleamos todos, todos los días. Prefiero pelear contigo todos los días a estar separada de ti. He tomado la decisión de encontrar mi felicidad contigo… aunque tenga que esperar por tu corazón. Yo… definitivamente voy a encontrar el verdadero amor contigo".
Las palabras que había dicho Kagome esa noche en el crucero, por alguna razón, le dolían.
—Para ti nunca habrá un final, ¿verdad? Incluso si todo parece indicar que este fue el fin, tú continúas luchando por aplazar ese momento…
—Sí, yo soy el tipo de persona que va hasta el final… sin importar qué, Sesshomaru. Iré hasta el final contigo… sin importar dónde eso sea.
Eso había dicho ella, y sin embargo, había encontrado un nuevo amor. Y él… él había creído en sus palabras. Había creído ciegamente en esa promesa durante todo ese tiempo, una promesa que se había roto muy fácilmente.
Había pensado erróneamente que… si era Kagome, ella podría entenderlo.
¿En qué momento le había comenzado a tiritar el labio? ¿En qué momento había comenzado a…?
¡Mentirosa!
Se levantó de golpe y caminó furioso hasta la bicicleta. La observó desde su altura con desdén. Esa bicicleta existía como símbolo de una promesa rota y de un amor que jamás volvería a ser correspondido. Sintió rabia, sintió pena, sintió vergüenza, pero sobretodo, sintió…
Y, de repente, la bicicleta había sido lanzada afuera de la casa con la peor de las intenciones. El lindo canasto voló por los aires y fue a parar a los pies de Kagura, que venía llegando con una bolsa de pan entre las manos.
Sesshomaru levantó la vista y la observó, estaba llorando.
—¡Detente ahí! —gritó él al verla avanzar apresuradamente hacia él.
—Sessh…
—¡No te atrevas a venir!
La chica se detuvo un momento, pero de igual forma decidió avanzar… iría hasta él aunque él no lo quisiera, aunque la echara de su vida, aunque la rechazara otra vez…
—¡Te dije que no te acercaras!
Ella se paró frente a él y lo encaró duramente.
—Entonces… ¿ahora sí estás celoso, Sesshomaru?
CONTINUARÁ…
Espero que les haya gustado. También les dejo la invitación hecha para que se acerquen y se suscriban a mi Sitio web claudiagazziero punto com, el cual será lanzado el primero de diciembre de este año. Ahí podrán encontrar la mayoría de mis historias adaptadas a novelas originales (menos esta, claro, porque es una adaptación), pero sí las demás y muchas nuevas. Las espero!
Un abrazo y nos leemos!
Publicación: 19/10/2014
Corrección: En bruto.
