INUYASHA NO ME PERTENECE. ESTE FANFIC ESTÁ ESCRITO SIN FINES DE LUCRO.
EL ARGUMENTO DE ESTA HISTORIA ESTÁ BASADO EN LA SERIE KOREANA "I NEED ROMANCE", CUYOS DERECHOS PERTENECEN A TVN. SIN EMBARGO, LA ADAPTACIÓN DE ESTA OBRA NO ESTA BASADA EN EL GUIÓN, SINO EN EL ARGUMENTO Y CADA PALABRA ES ESCRITA POR MÍ.
Queridas, apuesto a que las he sorprendido, ¿no? Espero que sí, porque se siente bien actualizar seguido. Creo que como ahora los capítulos son más cortos, podré actualizar más seguido. Bueno, si lo pienso así creo que es lo mismo. En fin, es un pequeño esfuerzo para ustedes. Un besito a todas, especialmente a:
Andyantopia
Elvi
Andreí ía
Sasunaka Doki
Azucenas45
Johan Taisho
Kagome Taishou Figueroa
Kamisumi Hirohoshi (bienvenida al fic!)
Jose Okanami
Paovampire
SesshomaruSama
Mr. Coockie
Emily Castro
Cecil Pierce
Nuevamente, muchas gracias y un pequeño tirón de orejas. Chicas, por favor, si leen el capítulo déjenme un review. Yo nunca los pido ni nada por el estilo, pero es desmotivante ver que muchas personas leen la historia y no sé quienes son, qué opinan, si me odian a veces o me aman un poquito, de repente. jajaja Yo los leo todos, he visto sus perfiles y ya conozco a la mayoría, he hecho muchas amistades por este fanfic y, de verdad, me gustaría conocerlas. Además, los reviews son nuestra recompensa como fickers 3, les aseguro que nos emocionamos enteras y nos hacemos jalea de amor cuando los leemos. 3 Más besitos.
Nota: ¿Cuál summary les gusta más? No puedo decidir, jajaja
[1]"No sabía cuándo habían comenzado a verse como hombre y mujer, lo cierto era que a los dieciocho ya estaban profundamente enamorados. En quince años de tormentoso noviazgo, habían terminado cinco veces y regresado solo cuatro. A tres años de romper definitivamente con el hombre que vivía a solo una puerta de distancia, Kagome Higurashi necesitaba un romance desesperadamente".
[2]"No sabía cuándo ni cómo había comenzado su relación con Sesshomaru Taisho, tampoco sabía bien cómo había terminado. Lo cierto era que, a tres años de romper con él definitivamente, Kagome Higurashi estaba lista para encontrar un hombre que le diera todo el romance que él le había negado... e Inuyasha Takahashi estaba dispuesto a darle eso y mucho más".
¡NECESITO UN ROMANCE!
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 21
VERDADES
I
¿Es posible amar solo con la mente?
Esa pregunta había vagado en la cabeza de Kagome durante toda la tarde, mortificándola. Era agotador, justo cuando resolvía que no, algo la hacía pensar lo contrario. Bueno, tampoco era como si supiera cuál opción estaba bien. El amor era amor. No habían diferentes formas de amar, sino diferentes personas a quién amar. ¿En qué momento se había vuelto una filósofa? Claro, desde que había conocido a Inuyasha. Él sacaba, de alguna forma bondadosa y especial, todo lo bueno que había en ella.
¡Era amable! ¿Qué más podía pedirle a la vida? Inuyasha lo tenía todo, además… era genial pasear de noche por la ciudad junto a él, agarrando su mano y abrazándolo de vez en cuando. La lenta caminata le sacaba incluso algunos suspiros, se sentía muy importante cuando él quería dar otra vuelta antes de regresar a casa, sobretodo si lo decidía en la mismísima puerta, justo antes de dejarla ir.
Suspiró frustrada. No podía decir claramente si esa sensación de emoción que le tomaba el pecho e incluso los brazos, era por Inuyasha o porque ya había tenido la misma caminata con Sesshomaru, hacía más de diez años.
Recordaba ese día como si hubiese sido el anterior: ella y él de la mano, caminando por los jardines de la Universidad. El timbre anunciando el fin del almuerzo y el comienzo de las clases, los estudiantes entrando a borbotones por la entrada y ellos… ignorando todo a su alrededor y siendo conscientes solo de la presencia del otro. No, ese día no entraron a clases, a pesar de que llegaron más de diez veces a la puerta de entrada. Siempre que decidían ingresar, una emoción desconocida los embargaba y los obligaba a retroceder, a tomarse más fuerte de la mano y a continuar dando vueltas.
Justo como en ese momento, con Inuyasha. Habían llegado cinco veces a casa de Kagome y aún así habían seguido caminando. Habían recorrido ya varias veces el parque, la avenida, habían pasado por el despacho de Kagome, por fuera de la casa de Inuyasha y por el café. Era como si nada fuese suficiente, como si el tiempo no bastara para estar juntos, como si no importara nada…
Y, tal y como había supuesto, se sintió mal. Era genial vivir eso con Inuyasha, pero el recuerdo de haberlo hecho antes con Sesshomaru lo arruinaba todo. Era la misma sensación, el mismo enamoramiento, las mismas ganas de quedarse tomada de su mano. No, el amor a través de la mente era imposible; donde hubiera amor, estaría implicado siempre el corazón.
No amaba a Inuyasha solo con la mente, a pesar de que sí había tomado racionalmente la decidión de enamorarse de él.
¡Qué difícil era todo! De pronto, se descubría odiando los temas del corazón, el romance y las palabras bonitas. Quería hechos, quería a alguien que le dijera: "sí, amas a Inuyasha", o "no, no lo amas… tonta".
¿Por qué la vida no venía con un manual para el amor? Tomó nota mental para hacer una canción con esa idea. Seguro tenía mucho que decir al respecto, ya que era la mujer que más había necesitado de él en su penosa vida amorosa.
Entonces, mientras intentaba profundizar en ese tema para la canción, una idea brillante llegó a su cabeza y se acomodó en los sillones de su cerebro, con los pies arriba y todo. No estaba mal recordar a Sesshomaru con esa caminata, porque él era parte de su antigua relación. Era tonto pretender que todas las relaciones fueran cien por ciento originales, más bien imposible. Siempre habría algo que coincidiera, de alguna manera, con alguno de sus recuerdos. Era una cosa de experiencia, el amor era totalmente empírico. Seguramente, Inuyasha también había tenido esa caminata antes con otra mujer, alguien que había amado mucho y quien le provocaba las mismas ganas que sentía en ese momento de seguir caminando eternamente de la mano.
—Llegamos otra vez —bufó Kagome al descubrir que estaban en la puerta de su casa nuevamente.
—¿Quieres que demos otra vuelta?
—No lo sé, es tarde y mañana debo grabar una canción —se excusó, debía terminar de pensar en eso o la atormentaría por siempre. En esos momentos, odiaba ser tan cabezota.
—Solo una más, ¿bueno? —sonrió el ambarino. Los ojos ámbar le brillaban a la luz de la Luna. Era tan parecido a Sesshomaru, pero tan diferente también…
Exhaló ruidosamente, para que notara que solo hacía ese gran esfuerzo por él. —Está bien, pero solo una más, ¿okay? Tú serás el culpable de que mi canción sea un asco mañana.
—Yo no te he obligado a nada… —sonrió de medio lado, casi perversamente—. Eres tú la que no puede dejarme.
—¿Bromeas?
—Sí —rio a carcajadas, mientras la abrazaba posesivamente de la cintura.
Otra vez recorrieron los alrededores, pasaron por el café, el estudio de Kagome, el edificio de Inuyasha, el parque y la sección de juegos infantiles. No había nadie en la calle, pero todos los faroles estaban encendidos. Aquella débil luz blanca bañando el parque era romántica. El verde de los árboles y los jardines tenuemente iluminados era más seductor que el mismísimo rojo vivo.
Y, aunque intentó impedirlo con todas sus fuerzas, de igual forma terminó recordando a Sesshomaru. ¿Cuántas veces habían recorrido el parque en bicicleta a media noche? Por alguna razón, eso se había convertido en un extraño hábito pos sexo, un hábito que solo compartían los dos.
Sesshomaru siempre olvidaba las gafas en la cama. Era milagrosa su capacidad para no lesionarse andando de noche en la oscuridad. ¡Dios, Sesshomaru usaba lentes en aquel entonces! ¿Por qué había preferido los lentes de contacto si se veía realmente atractivo y masculino con los normales? Recordó sus ojos dorados, sutilmente escondidos detrás del negro marco de las gafas. En ese entonces, él era un hombre muy seductor, se había quedado con el cien por ciento de su saliva caída secretada en ese entonces.
No supo por qué, sintió ganas de emular al peliplata. Quería que la corriente de su consciencia dejara de recordarlo y pensar en él, quería cubrir todos los recuerdos que tenía de él con recuerdos de Inuyasha. Quería que Inuyasha fuera su pasado, su presente y su futuro. ¡Ya era suficiente! Sesshomaru había pasado por su vida con más pena que gloria, no merecía ser tratado como un recuerdo valioso.
¡Uf! Estaba enojada.
—Cierra los ojos —ordenó a Inuyasha, intentando no sonar violenta. Recordaba muy bien el día en que Sesshomaru le había pedido lo mismo.
—Cierra los ojos. —Había dicho él un día, con una voz tan dulce que parecía casi robada de alguien más.
—¿Por qué? —preguntó Inuyasha, lo mismo que había preguntado ella esa tarde, antes de entrar ¡por fin! a clases y acabar con esa cursi caminata por el campus.
—Porque voy a besarte…
Al día siguiente se levantó al amanecer para hacer sushi porque la grabación de la canción se pospuso hasta la tarde. Furiosa, llamó a Inuyasha para decirle que no podría ir al orfanato a visitar a los niños porque la estúpida banda se las había dado de estrella y había cambiado la hora de la cita. Pero como su novio, era gentil y sacaba la bondad de las personas, había resuelto que darían vuelta los planes y serían felices. Así, habían decidido ir en la mañana al orfanato y en la tarde a grabar la canción, el problema era que no había preparado nada para llevarle a los chicos.
De esta forma había acabado haciendo sushi a las ocho de la mañana. Lo único bueno de todo aquel embrollo, era que el sushi era su especialidad, así que Inuyasha se sorprendería y le pediría matrimonio. Era imposible dejar pasar a una mujer que hacía piezas de sushi tan deliciosas. Rio malévolamente mientras cortaba los rolls con un cuchillo mojado y muy afilado.
—¿Estás haciendo sushi? Huele a sésamo —preguntó Sesshomaru mientras entraba a la cocina de la chica en pijama—. ¿Me das uno? No respondas, lo tomaré de todas formas.
Kagome le golpeó la mano antes de que raptara una pieza de la pequeña caja de bambú en donde estaba guardando los que habían salido decentes. —No puedes, no son para ti…
El peliplata la observó ofuscado. —¿Son para el chico OST?
Qué pregunta más idiota, pero no… esa vez no eran para él.
—Son para los niños del orfanato donde fui la otra vez, ¿te acuerdas? —comentó parsimoniosamente mientras tomaba su celular con mucho cuidado y fotografiaba la caja de bambú.
No podía esperar a que Inuyasha los viera, debía mostrárselos antes para que las expectativas sobre el sabor fueran mayores. Rio en silencio al tiempo que le enviaba la fotografía al ambarino por whatsapp. Dos segundos más tarde el celular sonó de regreso con otra fotografía. ¡Inuyasha también había hecho sushi!
—¡Maldición! —rugió. ¿Por qué su novio hacía todo bien? Él solo tenía autorización para hacer buen café, el sushi era su área—. No debería haberse metido conmigo…
—¿Qué dices? —preguntó Sesshomaru, que metía disimuladamente la mano en la canasta.
—¡Sesshomaru, son para los niños! —Volvió a golpearle la mano—. Si quieres puedes comerte esos.
Sesshomaru alzó una ceja y la miró acusadoramente. —¿Es en serio? ¿Las orillas? —Esas orillas de los rolls parecían haber ido a la guerra, estaban completamente mutiladas, aplastadas y deformadas.
Kagome le sostuvo la mirada. —¿Qué? Las orillas son el corazón del sushi.
—¿Por qué no le das el corazón del sushi al chico OST?
—Su nombre es Inuyasha y no, no son para él.
El peliplata no respondió. De hecho, bajó la mirada y tomó una de las horribles orillas y se la llevó a la boca. ¿Estaba enfermo? Pensó Kagome de inmediato. Él jamás le obedecía en nada, no se esperaba que siquiera las probara.
—Están buenas…
—Deben estarlo, fui yo quien las preparó.
—¿Vas a salir?
Ambos se voltearon a mirar a Kagura, quien había entrado a la cocina también vistiendo un infantil pijama. —Lo siento, creo que también fui atraída por el olor.
Kagome sonrió. —Voy al orfanato con Inuyasha —respondió, mientras cerraba la caja de bambú y la ponía en su bolsa.
La pelinegra se sentó junto a Sesshomaru. —¿Por qué estás comiendo las orillas? —preguntó indignada.
—Es el corazón del sushi —manifestó el peliplata, sin gracia.
—Tú también puedes tomar algunas, prometo que la próxima vez les cocinaré también a ustedes —los animó Kagome, mientras se marchaba—. ¡No me esperen para cenar!
Kagome desapareció de la casa como si se hubiera teletransportado. Sesshomaru estaba seguro de que no se había lavado las manos antes de irse, seguramente iba a oler a nori todo el día. Tomó otra orilla y suspiró, el tiempo estaba pasando demasiado rápido.
—¿Con que el corazón del sushi, ah? —negó con la cabeza la chica, mirándolo fijamente—. ¡Dios, eres tan lamentable!
Desde que había conocido a Sesshomaru y a Kagome, Kagura se había vuelto una mujer muy devota, ya que siempre se veía obligada a preguntarle al buen Dios las cosas que no entendía en esa condenada casa. Seguramente, Dios también estaba harto de esos dos y los había abandonado a su suerte. Respiró profundo ante la oportunidad. Al parecer, la única que podía ayudarlos en esa casa era ella, pero… ¿quería hacerlo?
II
—…Ahí en medio de una rama… ¡tenía escondida su casa!
—¡Comía pedazos de hojas, tomaba el Sol en las Copas!
—Le gustaba salir a pasear… ¡con los bichitos que pueden volar!
—¿Por qué no seré como ellos? Preguntaba mirando a los cielos…
—¿Por qué me tendré que arrastrar? Si lo que más quiero… es volar.
Bien, esa no era precisamente la mejor canción para ir cantando en el auto. De pronto. Kagome se sentía arrastrándose en un fangoso camino lleno de recuerdos de Sesshomaru, luchando por salir de ahí con todas sus fuerzas y volar a los brazos de Inuyasha.
¿Cómo había podido hacer semejando comparación?
Era muy obvio, también había cantado canciones infantiles en el auto de Sesshomaru, mientras viajaban a algún lugar a las afueras de la ciudad. Resopló, era evidente también que Inuyasha también había hecho lo mismo con alguna exnovia fantasma de la cual aún no tenía conocimientos, pero de todas formas se sintió culpable.
Quizás, se sentía mal por ser tan feliz junto a Inuyasha. Tal vez, era injusto que hubiera dejado atrás a Sesshomaru, ya que había espantado a todas las posibles pretendientes que había tenido el chico, incluyendo a Kagura, en su momento. Ella misma lo había condenado a la soledad y a comerse las orillas del sushi para siempre. Era una mujer cruel, ¿en qué momento se había vuelto así? No tenía nada de bondad, Inuyasha era un mentiroso.
Bueno, debía admitir también que era emocionante estar creando nuevos recuerdos junto a ese hombre. Lo observó de reojo mientras cantaba, era tan apuesto y estaba tan enamorado de ella.
¿Cómo era posible que un hombre se enamorara de ella de esa forma? Incluso siendo benévola consigo misma, estaba segura de que no tenía tantas cualidades como las que Inuyasha veía. Era como si él fuera una especie de gurú de la buena suerte, de la risa y de los abrazos. Había dicho que era bondadosa y gentil, algo que jamás había sido, pero le agradaba escucharlo.
Lo que sentía por Inuyasha no era solo racional, él estaba comenzando a meterse en su corazón y a sacar a Sesshomaru a patadas. ¿Era así como debía ser? Jamás se había puesto a pensar en cómo sería el proceso de olvidarse del peliplata y enamorarse de otro hombre, y no estaba segura de si se sentía bien o mal.
Quizás, sentirse un poco triste por Sesshomaru fuera normal, él había sido una parte muy importante en su vida, era natural que le doliera dejarlo. Lo que sentía por él era nostalgia, nostalgia por él, por el pasado, por las cosas lindas que habían vivido, pero nada más. Todas esas vivencias estaban destinadas a morir cubiertas por los recuerdos que Inuyasha estaba creando en su corazón.
Inuyasha, definitivamente, era su primer amor —con todas sus implicancias—. Sesshomaru había sido solo un amor unilateral, así que no contaba en lo absoluto.
—¡Se ve delicioso!
—¿Tú los hiciste, Inuyasha? —inquirió ansioso uno de los niños.
—Estos son míos… y estos son de Kagome —señaló con el dedo. Los diez niños giraron sus cabezas para ver los de la chica.
—Los tuyos se ven más bonitos —sentenció una de las pequeñas.
A Kagome se le cayó el rostro hasta el magma de la tierra.
—Y tampoco saben bien —informó otro, dejando la mitad de la pequeña pieza.
—¿Cómo que no saben bien? Debe ser una broma —intentó sonreí la azabache.
—La tarea que me ayudaste a hacer la última vez tampoco estaba bien, la profesora me obligó a hacerla de nuevo —comentó una chiquilla, la que estaba más cerca de Inuyasha.
Kagome miró a su alrededor nerviosa, estaban en el jardín, sentados en una mesa de madera para camping. Sin embargo, no había nada cerca para matar a esa niña sin dejar evidencia, además habían muchos testigos.
—Caroline, Kagome es música, deberías haberle pedido que te ayudara a hacer la tarea para esa asignatura… —dijo Inuyasha, intentando ayudar a la azabache.
Kagome lo asesinó con la mirada avellana. ¡El sushi era su especialidad! ¡Esos niños no tenían corazón! —La próxima vez dame tu tarea de música, ¿está bien? —articuló con una sonrisa falsa, muy falsa, de esas que están reprimiendo las ganas de patear algo. ¡Por Dios, la niña se lo había buscado! No era su culpa, ella era una adulta responsable y educada que había sido provocada por una niñata siniestra y con el alma negra.
—Inu… ¿te vas a casar con ella? —preguntó Kikuchi, el niño al que Inuyasha más quería.
Ambos se miraron nerviosos. Kagome optó por reír tontamente y negar con las manos, pero Inuyasha respondió que sí.
—¡Es por eso que estaban tomados de la mano en la cocina! —chilló Akari, la única chica dulce del grupo.
Inuyasha rio y abrazó a la azabache por los hombros.
—No hemos pensado en eso aún, pero… —intentó aclarar, pero Inuyasha la interrumpió.
—¡Claro que sí! Ella y yo nos vamos a casar.
—¿Por qué? ¡Qué injusto! —gruñó la pequeña maleducada, cruzándose de brazos—. Dijiste que te casarías conmigo cuando creciera, Inuyasha.
—Lo dije porque insistías mucho —resolvió despreocupado—. La mujer con quien me quiero casar es Kagome, así que deberán comerse toda la bandeja que preparó para ustedes.
—¡Rayos! —Escuchó una infantil voz—. ¿Por qué? No canta bien y es un desastre cocinando.
Okay, okay, esos niños eran algo duros, pero no podía culparlos. Inuyasha llevaba años yendo a ese lugar, era natural que se sintieran amenazados con la presencia de una mujer que no sabía cantar, siendo música, y que no cocinaba bien su propia especialidad. Además iba a casarse con Inuyasha.
El tiempo se detuvo en ese preciso momento. Tragó saliva, intentó respirar. —¿Nos vamos a cas…? —se atoró con su propia saliva—. Cof, cof, ¡a…gua!
—¿Kagome le tiene miedo al matrimonio? —preguntó la chiquilla mordazmente.
—¡Que lo rechace! ¡Que lo rechace! ¡Que lo rechace! —comenzaron a aplaudir todos.
—¡Rechazado! —se agarró del juego, como a un salvavidas, y aplaudiendo también.
Inuyasha volteó a verla de un tirón. —Eres mala…
Kagome rió, quitándole la tensión a toda la situación. ¿En qué momento le había agarrado miedo al matrimonio? Había luchado por conseguir uno toda su vida, era ridículo.
—Inuyasha, ¿estás bien? —Tuvo que preguntarle media hora más tarde, mientras caminaban por el jardín hasta la residencia—. No te pongas así, solo fue una broma de los niños…
Él suspiró complicado. —Ellos estaban bromeando, pero yo hablaba en serio.
—Pues, si es así… fue una muy mala propuesta de matrimonio. No me casaré hasta que me lo pidan en un crucero rumbo al Caribe. Soy una mujer muy difícil de conseguir —bromeó.
—¿Nunca has pensado en casarte? —murmuró con voz triste, muy triste, tan triste que… sintió pena también.
—¿Cómo no iba a pensar en eso? —respondió con una sonrisa amarga—. Tengo treinta y tres.
Él le tomó la mano. —¿Entonces…?
—No sé. Creo que todo esto es muy loco, ¿no lo crees tú? Además, nos conocimos hace poco tiempo…
—¿Cuánto tiempo debería pasar para que nos casemos?
Kagome dio largas y lentas zancadas por el pasto. —No lo sé… un año… diez años… el tiempo es relativo. ¿Por qué quieres casarte tan rápido?
Él se detuvo y la miró a los ojos, a esos ojos castaña que tanto le gustaban. —No me gusta estar solo.
—Estoy quedándome en tu casa seguido… Además, ni siquiera hemos…
—No es suficiente.
—Yo…
Él pareció motivarse de repente. —¡Por favor, sabes que soy bueno con los niños! Además, quiero despertar contigo todos los días. Sabes que sería genial… imagínalo, tú y yo… juntos, en una casa llena de discos y música.
Kagome rió. —Eso suena algo genial…
—¿Algo…? ¿Entonces por qué me rechazaste antes?
—"Puedes jugar conmigo si quieres… entrar y salir de mi corazón cuando quieras, no intentaré retenerte junto a mí si no quieres…" —citó.
Cierto, Inuyasha le había dicho esas palabras antes de comenzar a salir. Era por eso que había aceptado su propuesta, porque podía entrar y salir sin ningún compromiso… podía irse si extrañaba demasiado a… y quedarse si comenzaba a olvidarlo.
¿Lo había olvidado ya? ¿Quién era Sesshomaru Taisho para ella en ese preciso momento, no en ningún otro? Quería que fuera nada más que su pasado, un recuerdo volátil, una sensación extinta.
Y sí, pronunció su nombre en su cabeza y el estómago no se le dio vuelta. No hubo angustia subiendo por su garganta ni nostalgia por los doce años anteriores de su vida.
El corazón le latió fuerte de emoción. Había olvidado a Sesshomaru. ¡Había olvidado a Sesshomaru! ¡Había olvidado a Sesshomaru! ¡Había olvidado a Sesshomaru!
¡HABÍA OLVIDADO A SESSHOMARU!
—Me casaré contigo.
—¿En serio? —saltó Inuyasha emocionado.
—…algún día.
—Eres cruel, Kagome Higurashi…
La azabache se carcajeó. Se sentía ligera como una maldita pluma que lleva el viento. Era como si al fin pudiera respirar profundo, reír con ganas y bromear a gusto. —Algún día también puede ser pronto…
—Te amo…
Silencio.
—Eres lindo…
—¡Por favor, no digas que soy lindo! Di varonil, soy cinturón negro, ¿recuerdas? Teakwondo… artes marciales, ¡músculos y destreza física!
—No quiero un marido que ande golpeando a la gente por ahí… supongo que tendré que declinar —rio, caminando en dirección contraria.
Inuyasha la siguió de inmediato. —¡Pero acabas de decir que te casarías conmigo!
La chica se detuvo y citó: —Lo dije porque insistías demasiado.
—Eres cruel, Kagome Higurashi… ¿lo sabías?
—No, soy bondadosa y amable.
III
—Esta relación es diferente a todas mis relaciones anteriores —comentó durante el almuerzo a las chicas. ¡Iba a casarse! Tenía que escaparse a darles la buena nueva a sus amigas! Ellas no se lo perdonarían.
—¿Cómo te sientes al respecto? —preguntó Sango, seriamente.
—¿Dónde obtuviste tu doctorado en psicología? —rió Rin, intentando alivianar la tensión entre Kagome y la castaña.
—Me siento feliz, además ya le dije que sí… no puedo arrepentirme. Creo que al fin estoy yendo hacia adelante.
—¿Por qué soy yo la que debe recordarle a Kag que aún no han dormido juntos? —murmuró la morena, intentando no sonar vulgar con aquel comentario.
Kagome volvió a carcajearse, Sango no se inmutó.
—Si el beso es bueno, lo demás lo será también… e Inuyasha…
—¿Cómo puede besar mejor que Sesshomaru? —demandó Sango, ofuscada. Evidentemente, ella era partidaria del peliplata.
—No es el beso, Sango. Él me da la sensación de que estoy siendo amada profundamente. Él me ve como lo más precioso que le ha pasado en la vida… y eso me gusta.
No podía mentir al respecto. Cuando Inuyasha le tocaba el cabello, cuando le sonreía, incluso cuando la mirada… en todas esas ocasiones sentía que sus sentimientos se sublimaban y entraban en ella por todos los poros de su cuerpo. El amor de Inuyasha era tan grande que abarcaba más que un espacio físico.
—No he tenido ese sentimiento durante mucho tiempo —suspiró Rin, emocionada—. Sin embargo, todavía creo que deberías esperar a que la doctora O le de su aprobación.
Ambas mujeres la miraron desconcertadas. —¿La doctora O? —preguntaron a unísono.
—Ya sabes... —se ruborizó la morena—. "Orgasmo"
Sango echó a reir y Kagome intentó reprimir las carcajadas.
—Él no defraudará. El sexo con Inuyasha será la combinación perfecta entre: "Oh, estoy siendo tan amada" y "¡Dios, no pares de cogerme!"
Pero Sango no opinaba lo mismo. —Kagome, Sesshomaru también te veía como algo precioso, él te amaba... —Volvió Sango al tema anterior.
—Es una broma, ¿verdad? —Dejó la copa a un lado—. No creo que estemos hablando del mismo hombre.
—Sabes que es verdad…
—Sesshomaru se preocupa por mí… y me cuida, pero no soy la única por quién hace esas cosas. Él lo hizo por ti también, en el crucero cuando pasó lo de Naraku. Lo ha hecho por Rin algunas veces y lo hace con Kagura todo el tiempo. —Miró a su amiga seriamente—. Yo quiero ser la única para esa persona, Sango, no una persona más dentro de muchas o alguien a quién se está acostumbrado a cuidar.
—Entonces estás siendo injusta con el chico OST.
—¿Por qué? Ya he olvidado a Sesshomaru.
—Pero él todavía es parte de tu vida.
Touché para Sango. ¡Maldición!
—Para él debe ser muy difícil saber que él vive contigo… —musitó Rin, analizando la situación sin malas intenciones—. ¿Él sabe que Sesshomaru es tu ex?
¿Él sabe que Sesshomaru es tu ex?
—No la construimos así pata vivir juntos él y yo… fueron nuestras familias —reveló Kagome, media hora más tarde, frente a la casa.
Inuyasha debía saberlo. Él debía saber que ese hombre del cuál había estado tan profundamente enamorada era… el hombre con el que vivía desde siempre. Por eso, había corrido del restaurante hasta la casa de Inuyasha, sin importarle la grabación de la canción ni ninguna otra cosa que no fuera la verdad, su verdad.
—¿Ves las puertas? —preguntó tomándole la mano férreamente, como si temiera que él la rechazara—. La puerta de la derecha es la mía, la de la izquierda es de Sesshomaru.
—Ya entiendo…
—Sesshomaru y yo… —Tragó saliva complicada—. Él y yo… nosotros…
Entonces, justo en ese momento, Sesshomaru salió de la puerta de la derecha… e Inuyasha lo reconoció. Era el hombre que había descubierto a Kagome vistiendo ropa de hombre en casa de Inuyasha aquella mañana después de la lluvia. Kagome vivía con él, con el hombre que había amado toda su vida.
—¿No es la de la derecha… tu casa?
¿Por qué Sesshomaru le hacía eso? ¿Por qué no la dejaba ser feliz? ¡Ya no lo amaba, por dios! ¿Por qué el mundo la obligaba a seguir atada a él? Quizás debía mudarse. No, lo que debía hacer estaba muy claro: casarse e ir a vivir al departamento de Inuyasha. De hecho, ¡ni siquiera necesitaba casarse para ir a vivir con él!
—Bueno, la casa tiene una parte conjunta… estamos acostumbrados a ir y venir. Además compartimos los deberes de las dos casas… juntas, como si fueran una.
Oh, que alguien la golpeara, por favor.
—Entiendo.
Sesshomaru llegó hasta ellos y le tendió la mano al ambarino, bastante amigablemente. Estaba sonriendo, pero no la miraba a la cara.
—Inuyasha… él es Sesshomaru Taisho, vive en la casa de al lado y nos criamos juntos…
También fue mi primer beso y le entregué mi virginidad, lo amé descontroladamente y me lastimé. Nunca me rendí, siempre esperé por él. Lo quise más de lo que podré querer a otro hombre en mi vida, pero ya no importa…
—Inuyasha Takahashi. —La voz de su novio la sacó de su ensimismamiento.
—Kagome habla mucho de ti.
—¿Es cierto? —le preguntó el chico, tomándola posesivamente de la mano—. No me lo habías dicho.
—¿Cómo iba a decírtelo? Es vergonzoso… —se sonrojó.
—Sería genial que vinieras a cenar algún día. Además ella se aburre mucho cuando está sola…
La azabache lo observó con rencor. No importaba lo simpático que fuera con Inuyasha, lo odiaba de todas formas. ¿Acaso no le importaba que le estuviera presentando a otro nombre? No estaba con Inuyasha para sacarle celos… pero el hecho de que no los tuviera era un poco… triste.
—¿Cuándo debería venir?
—¡Puede ser el sábado! —Miró a ambos—. El sábado haremos un asado por el aniversario del primer libro de Sesshomaru. Si quieres puedes venir también… él se encargará de todo, no deja que nadie toque su parrilla.
—Será un gusto…
—Nos vemos entonces… —se despidió con otro apretón de manos.
—¿A dónde vas?
—A comprar helado, estoy muerto de calor…
—Ah…
—Creo que…
Kagome se giró para verlo. Los ojos de Inuyasha brillaban. —¿Qué dices?
—Creo que ya lo sabía…
—Lo siento…
—No importa… —Ahuecó su mejilla con sus manos—. No puedo culparte por haber sido feliz con él.
Kagome tragó despacio. —Nunca fui feliz, Inuyasha…
CONTINUARÁ…
¡Chicas, recuerden dejar su review por amor a Jesucristo superestrella y escojan summary, no puedo decidir porque uno apunta a Sesshomaru y el otro a Inuyasha... y aún no decido con quién se quedará jujujuju!
Publicación: 23/10/2014
Edición: EN BRUTO, como ya siempre.:(
