LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN; EL ARGUMENTO ES PROPIEDAD DE LA SERIE "I NEED ROMANCE" (TVN). SIN EMBARGO, LA REDACCIÓN Y ADAPTACIÓN DE LOS HECHOS ES MÍO.
NOTA DE LA AUTORA:
Queridísimas y queridísimas, tardé siglos en actualizar y estoy segura que ya todos saben por qué. Estaba enfocada en mi página web, cuyo lanzamiento era el 14 de Febrero. No obstante, el lanzamiento y fue y me ardían los dedos por traerles una nueva entrega. Este es un capítulo de corta duración, pero viene con sorpresa. El día Martes subiré el capítulo de larga duración que sucede a este, y ese sí que está, oh dios, demasiado bueno (mi capítulo favorito de la serie). Hago esto porque el capítulo anterior quedó inconcluso según la novela original, y en este capi veremos qué pasó con el incendio y todo eso. En el capítulo siguiente a este, titulado, "la cicatriz", comenzaremos a ver una nueva fasceta de los personajes, estamos entrando en la recta final :) Espero que disfruten estas poquitas páginas, porque mañana vendrán más :D Es lo menos que merecen por esperarme más de 3 meses, ¿cierto?
Este capi va especialmente dedicado a mi amiga Cecil Pierce, quien nunca perdió la esperanza de que continuaría el fic, y constantemente me da ánimos para continuar. :) Querída, te amo!
NECESITO UN ROMANCE
Claudia Gazziero
CAPÍTULO 22
HISTERIA
PARTE 2
VII
Cuando Kagome e Inuyasha llegaron a la casa, se encontraron con dos carpas correctamente instaladas sobre el césped delantero. Las ventanas todavía echaban humo.
—¿Y los bomberos? —preguntó la azabache, confundida.
Habían corrido hasta ahí y, aunque no quería que la casa sufriera un siniestro, le decepcionaba que no hubiera una catástrofe.
—Se fueron, fue solo un amago de incendio.
—¿Por qué en mi cocina? —volvió a preguntar altanera—. ¿Acaso no tienes tu propia cocina?
—Me gusta usar tu horno para hacer cup-cackes… —dudó el peliplata—, el mío… no es tan bueno.
Kagome se llevó la mano a la frente.
—¿Y desde cuando horneas cup-cackes? Nunca antes lo hiciste… es extraño.
—Tenía ganas de salir de la rutina, tú no eres la única que busca sensaciones nuevas.
—Ah… —frunció el ceño. Sesshomaru estaba sospechoso.
¿Qué buscaba con todo eso? ¿Acaso existía la posibilidad de que estuviera remotamente celoso por ella? No, era una tontería. Él había dado vuelta la página y hasta el libro completo. Era ridículo que estuviera preocupado porque dormía en casa de Inuyasha.
Se incorporó para inspeccionar la casa en detalle, algo olía mal en ese lugar y no era, precisamente, ese condenado incendio fallido.
—Inu está estacionando el carro, por favor sé amable con él esta vez —mencionó despreocupada, mientras caminaba hasta la puerta para ver cómo había quedado su cocina.
—Espera —sintió la voz de Sesshomaru a su espalda.
Volteó a verlo despacio, incluso harta de todo ese drama.
—¿Qué…?
—¿Por qué… has venido con él?
—Estábamos en su casa y recibimos la llamada, es natural que se preocupe también. ¿Te molesta eso también… Sesshomaru? Dijiste que la próxima vez que viniera serías gentil con él.
—Es cierto —tragó saliva el peliplata—. Pero no entres ahora, el olor es demasiado fuerte.
Kagome suspiró frustrada y volvió de mala gana, justo al tiempo en que Inuyasha hacía presencia en el lugar. A penas lo vio, su semblante cambió a uno más amigable.
—¿Está todo bien? —preguntó el ambarino saludando a Sesshomaru.
—Un amago de incendio… ya lo solucionaron.
—Me alegro…
—De todas formas creo que deberíamos entrar a ver… —comentó Kagome, preocupada.
—No, el aire está saturado de CO2, no es seguro.
Kagome rio.
—No es para tanto.
Inuyasha la abrazó posesivamente por los hombros y habló:
—Yo también creo que es peligroso. Es mejor esperar hasta mañana.
La azabache lo pensó un momento. De todas formas, era imposible entrar en ese lugar sin marearse.
—Está bien —suspiró—. ¿Qué haremos entonces? ¿Para qué son estas carpas?
—Para dormir, claro está —respondió Sesshomaru de mala gana—. A menos que quieras dormir adentro.
—No tenías que molestarte, puedo dormir con Inuyasha —dijo sin pensar—. En su casa, claro —corrigió—. ¿Verdad, Inu?
Sesshomaru se tensó:
—Ya están aquí, es mejor que se queden. Además mañana temprano vendrá un técnico a revisar las instalaciones.
Kagome se llevó la mano al mentón, pensativa.
—¡Genial! —le dijo al simpático ambarino—. Será como una noche en un campamento. ¿Quieres quedarte también?
Sesshomaru alzó una ceja; Inuyasha dudó.
—No sé si sea buena idea —concluyó al fin, luego de analizar el rostro hostil del paliplata.
—Por favor -insistió la chica-, compartiré mi carpa contigo.
—Así es, es una pésima idea —sentenció Sesshomaru, tosco.
—¿Por qué? ¿Quieres dormir con Inuyasha? —bromeó la azabache.
El peliplata roló los ojos enfadado.
Si Kagome creía que podría dormir con Inuyasha en su jardín, estaba muy equivocada. Esa, todavía, era la casa de sus padres.
—Así es, yo dormiré con Inuyasha. Mi carpa es más grande, además.
La azabache de ojos almendrados protestó, y Sesshomaru quiso morir. Ese sujeto había avanzado mucho en su relación con Kagome. ¿Desde cuándo dormían juntos? Detestó la idea solo de pensarla.
Kagome continuó:
—Ambas carpas son para dos personas, no tienen ninguna diferencia.
—Dormiré con él, Kag —interrumpió el ambarino, para evitar más líos.
Ambos voltearon a verlo sorprendidos.
—No me molesta —sonrió Inuyasha—. Además, será como en un campamento.
—Está decidido —cerró el tema Sesshomaru—. Dormiremos en esta carpa. Kagome usará la otra.
—¿Qué…? No puedo creerlo —refunfuñó la azabache—. ¿Desde cuándo se llevan bien?
—No es cosa de llevarnos bien o mal, es cosa de salir del paso —sonrió Inuyasha.
Kagome lo miró a los ojos. Estaba siendo sincero, al parecer ambos habían solucionado sus problemas.
—Está bien… —musitó resignada.
Sesshomaru sonrió ínfimamente.
Al día siguiente, después de recibir al técnico y de constatar con sus propios ojos que no había absolutamente ningún daño material, lo cual le pareció magnánimamente sospechoso, Kagome decidió no pensar en lo que había sucedido.
Su cocina estaba intacta, el humo había desaparecido y el aire acondicionado funcionaba normalmente. El ingeniero tampoco encontró ningún problema al revisar cañerías de gas, conexiones eléctricas y el funcionamiento de los electrodomésticos.
Todo era sumamente extraño. Su corazón latió fuerte. Solo existía una respuesta para semejante mentira: Sesshomaru quería llevarla de regreso a casa bajo cualquier recurso.
—¿Por qué? —se preguntó en un suspiro, mientras recogía su tienda—. ¿Por qué si ya no nos amamos más?
Se paró un momento frente a la tienda que compartían ambos peliplatas, sin saber si despertar o no a Sesshomaru para exigirle una explicación. No quería entrometer a Inuyasha en ese asunto, ya que él podía pensar que entre ella y su ex todavía quedaban cenizas vivientes.
—No es así —murmuró para sí misma—. Lo nuestro acabó mucho antes de que Inuyasha llegara a mi vida.
Cuando abrió el cierre de la carpa de los chicos, una escena disipó todas sus dudas y plantó una ruidosa carcajada en su boca: Inuyasha y Sesshomaru dormían plácidamente… y muy abrazados, por cierto.
—Es una mañana hermosa, oh sí.
VIII
Rin se despertó con una molesta ráfaga de aire sobre sus pies. Se incorporó soñolienta, sin saber muy bien dónde estaba. Hacía frío, sus brazos y piernas estaban entumecidas; el cuello le dolía. Había pasado una noche terrible, seguro. Miró hacia el costado, ninguna novedad… excepto por el hecho de que estaba junto a Kohaku Takeda.
¡Estaba junto a Kohaku Takeda!
Los latidos de su corazón se dispararon. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué había pasado? Miró a su alrededor varias veces hasta convencerse de que efectivamente estaban en un auto, el auto de él. Ella no tenía uno, por dios, ¡era obvio que era el auto de su jefe!
Lo jaló de la camisa para despertarlo:
—Gerente, por favor despierte —musitó escandalizada.
Él se incorporó con un bostezo y evitó mirarla.
—¿Dormimos aquí toda la noche? —preguntó tímidamente, aunque no era exactamente lo que quería saber.
—Señorita Rin… —habló por fin el pelinegro. Rin lo observó expectante, él continuó—. Estoy pasando por una crisis muy dura por su causa…
—¿Crisis…? ¿A qué se refiere?
—Yo… no pude dormir bien —se quejó el chico—. Estaba demasiado preocupado de que pescaras un resfriado.
—¿No dormiste… por mi causa?
Él se volteó para verla, por fin.
—De todas formas no hubiera podido dormir…
"Más que el beso, mucho más que los besos y los abrazos, Inuyasha me da la sensación de que estoy siendo amada profundamente…"
—¡Es esa sensación! —exclamó con alegría—. Casi la había olvidado, pero la recordé otra vez… gracias a usted.
—¿Qué? —inquirió el chico, asustado—. ¿De qué estás hablando?
Rin negó con la cabeza.
—Gerente, vamos a mi casa —sonrió.
—¿Por qué? —titubeó el moreno.
—Desayunemos juntos —propuso la chica, radiante—. Es lo mínimo que puedo hacer por usted.
Él lo pensó durante varios segundos.
—Está bien —sonrió—. Desayunemos…
XIX
—¿Qué dijo el técnico sobre la falla de anoche?
—No lo sé, dijo que aparentemente no había nada malo. Vendrá la próxima semana a inspeccionar con más detalle.
Sesshomaru alejó la vista, nervioso. Inuyasha estaba haciendo demasiadas preguntas al respecto. Al parecer, sospechaba que no había sucedido nada grave.
El celular de Kagome vibró sobre la mesa.
—Contestaré —anunció—, o Jacken no dejará de llamarme en toda la mañana.
Inuyasha dejó los cubiertos sobre la mesa y asintió. Ese era el desayuno más incómodo que había tenido nunca, Sesshomaru Taisho no había parado de fusilarlo con la mirada ni un momento.
—Ag… maldición —se quejó la azabache—. Tengo que enviar un archivo. ¿Me esperan? No creo que tarde demasiado.
—¿Me puedes dar un vaso de agua antes? —sonrió Inuyasha.
Kagome cambió de rumboservilmente y sacó un jarro del refrigerador. Le sirvió antes de irse con una sonrisa de oreja a oreja.
—La odio —pensó Sesshomaru.
Odiaba que se comportara de esa forma con él, su faceta de chica dócil y gentil lo exasperaba.
—Okay, regreso en seguida —voceó mientras corría al segundo piso. Empero, el odio del peliplata se interpuso en su camino y la hizo tropezarse con la pata de la silla. Cayó de bruces al piso e Inuyasha corrió a socorrerla.
—¡Kagome! ¿¡Estás bien?! —se agachó a su lado el ambarino—. ¿Te lastimaste?
Sesshomaru la observó desde su asiento. El jugo de naranja le supo amargo; su odio crecía a medida que pasaban los segundos.
—La odio —repitió en su mente—, la odio tanto que no iría en su ayuda aunque él no estuviera.
—Creo que me doblé el tobillo —se quejó la chica, con la voz quebrada—, me duele.
—Que sea su novio quien la ayude —maldijo el peliplata en su cabeza.
—Vamos —dijo Inuyasha, alzándola en sus brazos para llevarla al sofá—. Debes tener más cuidado, Kag.
La aludida se abrazó a su cuello:
—Lo siento, no suelen sucederme estas cosas.
—Yo no diría lo mismo… —rio el ambarino.
Kagome protestó con la mirada.
—¿Me estás diciendo torpe? —rio.
—Para nada —respondió el chico, cogiendo su pie derecho para examinarlo.
La azabache gimió de dolor.
—Dios, duele.
—Lo merece —pensó Sesshomaru, bebiendo su café.
—¿Quieres que vayamos al hospital? Quizás te hagan una radiografía —sugirió Inuyasha.
Kagome miró su pie izquierdo, comenzaba a hincharse.
—Estoy bien, además tengo muchas cosas que hacer hoy. No puedo perder el tiempo en el médico.
Sesshomaru la observó atentamente: Kagome se sobaba el pie izquierdo, mientras Inuyasha revisaba el derecho.
Qué idiota era ese tipo. No obstante, no tenía derecho a protestar. Kagome lo había reemplazado por un pelmazo porque él había coartado todas las oportunidades para estar juntos. El sufrimiento era para él, la cuota justa de castigo que merecía.
Sí, merecía retorcerse de dolor al ver a Kagome con otro hombre. Su cerebro lo sabía, su razón incluso lo había aceptado. Sin embargo…
Se levantó de golpe y caminó despacio hasta la sala, mirándolos atentamente. Se metió las manos en los bolsillos y sonrió:
—¿Cuántas veces te he dicho que metas la silla cuando te levantes de la mesa? —habló tranquilamente—. Esta no es la primera vez que te caes por eso, ¿por qué sigues haciéndolo entonces?
Kagome levantó la vista, descolocada.
Sesshomaru continuó.
—No creo que puedas empezar una nueva vida si tus hábitos siguen siendo un desastre. Eres desordenada, torpe y jamás organizas tus cosas. Has sido así toda tu vida, no creo que puedas cambiar de la noche a la mañana.
Ambos chicos lo miraron con la quijada en el piso. ¿Qué demonios le pasaba a ese hombre? ¿Por qué le decía esas cosas a Kagome?
—Sesshomaru —intervino la chica. No estaba dispuesta a escuchar ni una palabra más—, eres una persona horrible.
Inuyasha guardó silencio, algo en ese ambiente de excesiva tensión le molestaba… y no eran las palabras de ese sujeto.
—Vamos al hospital, Kag —ordenó el chico—. Será bueno que te vea un doctor.
—No es necesario —dijo el peliplata—. Su tobillo está bien… y por cierto, se lastimó el izquierdo, no el derecho.
Inuyasha dejó caer la pierna de Kagome, avergonzado.
—¿Es verdad? —miró a la azabache, nervioso.
Kagome asintió con pesar.
—Lo siento…
El ambarino bajó el rostro, intimidado. La chica escrutó a Sesshomaru enfadada. Avergonzar a Inuyasha no estaba en su plan de un desayuno amigable.
—Tienes el pie hinchado —comentó Inuyasha—. Vamos al hospital.
—No puedo, estaré bien —le sonrió a su novio—. Además tengo que enviar el archivo.
—¿Quieres que te lleve al estudio? —se ofreció el chico.
—No, puedo ir sola —aseguró—. Como dice Sesshomaru, esta no es la primera vez que me caigo —dijo, con un odio tan grande que no cabía en sus palabras.
Antes de llegar a la escalera, se volteó para mirar al peliplata.
—Te odio —maldijo en sus pensamientos.
—Yo te odio más, Kagome —sonrió él. Las palabras no eran necesarias.
Inuyasha se levantó para volver a la mesa y terminar el desayuno, pero Sesshomaru no lo siguió. En lugar de eso, se quedó plantado en medio del salón, mirándolo con ironía.
—Dices que la amas… pero no sabes cuál de sus tobillos está lastimado —atacó.
—No vi su caída, estaba de espaldas —respondió el chico, quien decidió quedarse de pie. Era evidente que la comida había acabado.
—¿Por qué estás tan tenso? —rio Sesshomaru.
—No creas que es por tu causa —contraatacó Inuyasha—. Creo en Kagome, y sé que ya no significas nada para ella.
—¿La confianza… tiene el poder?
—Tiene más poder que los recuerdos.
—¿Realmente crees eso, o es porque estás asustado?
—Lo creo, porque los recuerdos son cosa del pasado… y la confianza es para el futuro.
Sesshomaru calló un momento.
—No creas que voy a ser algo del pasado fácilmente —advirtió con una sonrisa siniestra—. Es mucho más difícil convertirme en pasado de lo que sería convertirte a ti. Yo soy la vida de Kagome… tú solo eres un episodio. ¿Lo entiendes? Nos amemos o nos odiemos, somos siempre el presente del otro. En cambio, tú podrías convertirte fácilmente en un recuerdo fugaz… —rio—, y probablemente así será…
CONTINUARÁ…
Chicas! Aprovecho para invitarlas a pasar a mi página como escritora independiente, antieditorial y autogestionada :) La página, en cuestión, es mi proyecto inventado para entregar al mundo mis cuentos y novelas originales de forma gratuita, espero que les guste la idea y, sobretodo, los cuentos. Tengo dos secciones: romántica y erótica, además de una novela en curso: "La vida es un barco de papel".
Espero, de verdad, que les gusten mis obras originales. Estaré atenta a sus comentarios y esperando que me visiten. La dirección es claudiagazziero punto com
Un besito a todas y gracias por esperarme, leerme y apoyarme en todo :)
Recuerden que mañana habrá un capi de larga duración! (+ 30 páginas :D)
Publicación: 16/02/2014
