LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN; EL ARGUMENTO ES PROPIEDAD DE LA SERIE "I NEED ROMANCE" (TVN). SIN EMBARGO, LA REDACCIÓN Y ADAPTACIÓN DE LOS HECHOS ES MÍO.


NOTA DE LA AUTORA:

¡Dios! Pido disculpas por prometer subir un capi al día siguiente y no hacerlo. No sé si les dará rabia o risa, pero el día que actualicé, se me reventó el Led de la pantalla y quedó inutilizable, hahaah. Me quedé sin Pc unas semanas y cuando al fin lo solucioné con otro PC, me enfermé, jajaja. En fin, nunca más prometo nada, es muy frustrante no cumplirlo, sobretodo cuando todo parece estar en tu contra.

En fin, les agradezco muchos sus reviews! Es una gran alegría saber que aún siguen esta historia y más aún leer sus mensajes. Sin más excusas, les dejo el capítulo clave de esta historia y mi favorito: "La cicatriz". A partir de ahora, se desencadenarán una serie de verdades que TIENEN que leer. Como verán, estoy haciendo los capítulos más cortos, así que espero publicar seguido.

¡Un beso a todos!


No sabían cuando habían empezado a verse como hombre y mujer. Lo cierto era que a los dieciocho ya estaban perdidamente enamorados. Tras doce años de noviazgo, Kagome y Sessgomaru habían terminado cinco veces veces y regresado solo cuatro. Sin embargo, viviendo en la misma casa, las posibilidades de olvidarlo eran casi nulas. Hacía tres años que vivir con Sesshomaru Taisho sin ser su novia, era una verdadera tortura. ¡Kagome Higurashi necesitaba urgentemente un romance con otro hombre!

NECESITO UN ROMANCE

Claudia Gazziero

CAPÍTULO 23

LA CICATRIZ

I

Cuando las parejas son felices el tiempo juntos se vuelve insuficiente. Es como si absolutamente nada pudiera llenar el vacío que se abre abruptamente cuando están separados. Comienza una etapa en la que se vuelve normal hablar sobre el futuro: qué cosas harán cuando compartan un hogar, cuando lleguen los hijos, cuando el tiempo los vuelva ancianos. Y, de la mano con los planes para la posteridad, el pasado resurge adaptado en la nostálgica historia de cómo llegaron a ser lo que son… y por qué se enamoraron mutuamente.

Inuyasha y Kagome no eran la excepción a esta regla. Comenzaron a contarse toda clase de aventuras y desventuras de la infancia. Travesuras, accidentes, curiosidades por doquier. Pasaban todo el tiempo hablando sobre eso, caminaban durante horas al salir de sus trabajos contándose las hazañas que les habían causado gracia alguna vez.

—Olvidé las zapatillas de gimnasia ese día, y el maestro me golpeó con la regla tres veces. Los profesores eran brutales en ese tiempo —rio Inuyasha, mientras saboreaba su helado de chocolate.

Kagome suspiró divertida:

—Ni que lo digas, yo también tenía un maestro que me golpeaba con la regla…

—¿Recuerdas su nombre? El mío se llamaba Park In Cheol.

El mundo era pequeño para dos personas.

—¡¿Es en serio? El mío también! —exclamó la azabache—. ¡No puedo creerlo!

El ambarino se carcajeó con gusto:

—¿Ves como estamos destinados a estar juntos? El maestro Park es solo un ejemplo de ello.

La chica se dejó caer sobre la silla, relajada.

—Son demasiadas coincidencias, algo huele mal en todo este asunto —bromeó, con los ojos rasgados—. Dame helado.

Inuyasha obedeció y llevó su cuchara hasta los labios de su novia.

—No entiendo cómo podía golpearte —suspiró, mientras Kagome saboreaba su postre—, no tienes ninguna parte para ser golpeada.

—Tienes razón, era una barbarie.

Pocas veces las biografías de ambos se encontraban. A veces coincidían en la misma ciudad, pero no en la misma calle. Lo más cerca que habían estado había sido en las clases de guitarra, donde se habían encontrado por primera vez; el que sus destinos se hubieran cruzado en la cafetería unos años más tarde era casi un milagro. Mientras Kagome había permanecido en su ciudad, trabajando en un pequeño estudio cerca de casa, el ambarino había viajado casi por todo el mundo y había pasado muchos años fuera del país.

Había otras chicas, por supuesto, mujeres que lo habían sido todo y que habían perdido su lugar en el corazón del muchacho, mientras Kagome se posicionaba más y más como un amor imposible que algún día encontraría la posibilidad de ser real.

—¿Te peleaste con cinco sujetos? —preguntó la azabache, sorprendida.

—Así es, y los derroté con mi patada voladora —relató él—, y otras técnicas, claro. En ese tiempo ya era cinturón negro. ¡Pah! ¡Pah! Tardaron menos de cinco minutos en caer…

Kag se revolvió bajo su abrazo y lo miró desde su pequeña altura.

—¿Y la chica…? —inquirió, intentando no reír.

—¿Qué chica? —palideció él.

—Si te peleaste con cinco muchachos sedientos de sangre —aseguró— debió haber una chica de por medio.

El aludido rio torpemente:

—Ah, sí… no duró demasiado.

—¿Cuánto tiempo es poco para ti?

—Pues… ¿un año?

—¡Un año es bastante!

—A mí me parece poco…

—¿Te gustaba mucho?

—¿Quién?

—¡Esa chica!

El joven dudó:

—Solo un poco… —resolvió asustado.

Kagome alzó las cejas. Inuyasha rio nervioso:

—Casi nada, no sé por qué estábamos juntos.

La azabache echó a reír.

—No es necesario que niegues tu amor —se burló—. Es normal que hayas amado a otras personas antes que a mí.

El semblante del chico cambió.

—¿Qué hay de ti…? ¿Amaste a muchos hombres antes de mí?

El labio de Kag tiritó involuntariamente, no supo qué responder.

—Bastantes —mintió—. Era muy enamoradiza.

Por alguna razón, Inuyasha y Kagome evitaban las partes de su historia que tenían que ver con personas a quienes habían amado desesperadamente. En el caso de Inuyasha, había dos chicas que parecían haber robado su corazón desesperadamente; mientras que en el de Kagome había solo uno: Sesshomaru Taisho. La intensidad de ese amor había ahogado sádicamente las mariposas que le provocaban otros hombres en el estómago, y por alguna razón, no quería que Inuyasha lo supiera.

Lo que sentía por él era real, por primera vez podía decir que estaba enamorada de alguien más… y que era feliz.

Inhaló apresurada, atragantándose con las palabras. Quería que Inuyasha supiera todo lo posiblemente relatable sobre ella:

—El nivel del agua era lo suficientemente alto como para que una chica bajita como yo muriera ahogada… —relató ese fatídico episodio de su vida, en el cual casi muere ahogada.

Hasta ese día, Kagome no se había cuestionado la muerte.

—¿Cómo sobreviviste entonces? —preguntó Inuyasha—. ¿Alguien te rescató?

La chica bajó la cabeza, complicada. Cada vez que quería decirle algo a su novio sobre su vida, la presencia de Sesshomaru se hacía obvia. Hasta ese momento, no se había dado cuenta lo unidos que habían estado a pesar de haber roto seis veces.

Dudó antes de hablar:

—Un amigo… —sonrió melancólicamente—. Un amigo me alzó en sus brazos y me llevó hasta la orilla.

—¿Encontraste tus zapatos? —insistió Inu, interesado más de lo usual.

Kagome volvió a esconder la mirada. ¿Qué tenía que hacer para que Sesshomaru desapareciera de su historia?

—Sí… ese amigo los encontró por mí —musitó.

—¿Quién es ese amigo? —articuló el ambarino, suavemente.

Kagome miró el lago a sus pies. La noche caía de forma siniestra sobre sus hombros y el viento la abofeteaba de lleno.

—Solo un amigo…

Inuyasha Takahashi lo sabía, era evidente que todos los amigos cuyos nombres no mencionaba eran él… y eso lo lastimaba. Lo leía en sus ojos: Inuyasha sufría por la sombra de un hombre que había sido más importante que su vida misma. Y lastimarlo era, para Kagome, la única cosa que se había prohibido en esa relación.

No hablaría sobre Sesshomaru con él, porque él no tenía cabida entre los dos.

—Dime —se incorporó el chico, de mejor ánimo y tomando su mano—. ¿Dónde te hiciste esta cicatriz? Hace tiempo quería preguntártelo.

Kagome miró la palma de su mano fijamente y un dolor punzante envolvió su pecho. Cada vez que veía su mano recordaba esa asfixiante sensación. Todavía recordaba el día en que se había hecho esa herida.

—Me lastimé… —admitió—. No te voy a contar, es algo sin importancia.

Inuyasha suspiró largamente:

—Es por ese hombre, ¿verdad? —inquirió con pesar—. Sé que te esfuerzas por dejarlo fuera… y que los amigos que mencionas son todos ese hombre…

La azabache calló y el ambarino no pudo evitar recordar las palabras de Sesshomaru:

"No me convertiré en su pasado fácilmente…"

—¿Qué tal si me cuentas más sobre él, en lugar de omitir o esconder su presencia? —insitió—. Sería bueno conocerlo, porque él es una parte importante de tu vida.

—No entiendo por qué él es importante —sentenció la chica, altanera—. No es más que un amigo.

—Pregunto porque él es tu presente, no tu pasado.

—Ya sabías todo sobre él cuando empezamos a salir —Alzó la voz—. ¿Por qué quieres saber más ahora? ¿Pasó algo entre ustedes o es que simplemente no confías en mí?

—Confío en ti, es por eso que quiero conocerlo a través de tus palabras y no a través de lo que él representa para mí.

Si algo había aprendido Kagome Higurashi de su gran relación son Sesshomaru Taisho, y de sus fugaces amoríos con otros hombres, era que cuando las parejas discuten todo el tiempo por una sola cosa, es esa cosa la que finalmente los obliga a terminar.

—Esta cicatriz —continuó el chico—, también está relacionada con él… ¿verdad?

—¿Vamos a pelear por esto todos los días? —exigió saber la azabache, retirando su mano y levantándose violentamente—. Aclararé esto, porque no quiero discutir: No hablaré de él contigo más. El cómo pasaba mi tiempo antes de ti no es importante. Empecé a salir contigo porque tú sabías eso… pero si no lo sabes, si va a ser siempre así… es mejor que terminemos.

Hubiese sido mejor no decir esa última parte.

—Terminemos, Inuyasha —repitió duramente, sin poder controlarse.

Acto seguido, dio media vuelta y se marchó sin mirar atrás.

No había una banda sonora o un tipo de música en especial que fuera su favorita. Incluso la música que le gustaba el día anterior, podía dejar de gustarle fácilmente en el presente. Todo dependía del humor con que escuchara las combinaciones musicales y de las ganas de disfrutar cierto día en específico.

Se puso los audífonos y se subió al autobús, frustrada hasta el dolor.

No era solo la música, también había otras cosas que le gustaban por cortos periodos de tiempo. ¿Era normal gustar de algo por siempre y jamás cambiarlo por algo mejor? Se quitó los aparatos de los oídos. Había creído que con Inuyasha todo sería diferente… que él podría ser más fuerte que su pasado.

II

—Inuyasha… —gimió Kagome, desparramada sobre la cama—, llámame.

Extendió su brazo fuera de las sábanas y agitó su celular, para alcanzar más señal.

—Llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame llámame.

—¿No me vas a llamar, Kagome Higurashi? —se preguntó el ambarino, en su departamento—. Qué terquedad…

Eran las diez de la noche e Inuyasha no había marcado su número para arreglar las cosas. No podía creer que había pasado un día desde que habían terminado. Los síntomas posruptura habían hecho su aparición como de costumbre: pereza, desconsuelo y mucha tristeza. Nulas ganas de comer, seguidas por grandes atracones del dulces y comida por doquier. Se levantó cansinamente para ir a la cocina en busca de algo que llenara el vacío que sentía dentro, pero se encontró con la masa fría y desconsiderada de Sesshomaru.

Suspiró. De todas formas, como había dicho Inuyasha, él era una parte de su vida.

—¿Por qué estás comiendo tan tarde? —inquirió, sacando una tonelada de cosas del refrigerador—. Come a la hora, no entiendo cómo tienes la desfachatez de regañarme por mis hábitos alimenticios.

—Se me pasó la tarde corrigiendo el tercer manuscrito —rio con gracia el peliplata.

Esa sonrisa la hizo sentir un poco mejor, así que se sentó frente a él y aprovechó su buen ánimo para sacarle información:

—Sessh… —habló, figiendo que no estaba desconsolada—. ¿Recuerdas el día en que Inuyasha se quedó en la carpa con nosotros?

—¿Por qué? ¿Pasó algo?

—Es eso lo que quiero preguntar… —suspiró—. Creo que se siente mal porque vivimos juntos.

—Es natural que se sienta así, Kagome… soy tu ex.

La chica se dejó caer sobre el respaldo de la silla y miró su mano. Sesshomaru tenía razón, Inuyasha tenía razón. Sin embargo, era dificil mudarse de esa casa. Ese también era su hogar, el lugar en donde había crecido, el lugar en donde su madre había muerto. Era lo mismo para el hombre frente suyo, ninguno de los dos tenía el derecho de pedirle al otro que se marchara.

—¿Recuerdas esto? —preguntó, cambiando de tema. No quería pensar en su ruptura con Inuyasha más.

Sesshomaru la miró fijamente, con un semblante impenetrable.

—¿Recuerdas cuando me hice esto… verdad? —repitió la azabache.

El peliplata calló.

—Fuimos al arboretum, yo tenía veintitrés años y tú veinticuatro… ¿te acuerdas ahora?

—Lo sé —sonrió—, pero no hablemos de eso.

Kagome contuvo el aire y lo escrutó con pesar:

—No, escúchame —ordenó—. No has hablado de lo que pasó ese día ni una sola vez.

Todo se volvía tan denso cuando hablaba sobre Kanna:

—¿Kanna está aquí, no es así? —preguntó Kagome, aferrándose fuertemente a la mano de su novio. Sesshomaru acababa de ganar un premio importante, y su carrera estaba siendo catapultada hacia el éxito. Él mismo se veía mucho más optimista por esos días.

El viento corría inclemente ese día, las hojas de los árboles volaban en el cielo azul. El otoño estaba a punto de comenzar. El paisaje era hermoso, inolvidable.

—Sí, insistió en venir. Lo siento —respondió el peliplata—, quería que esto fuera una cita.

En ese tiempo Kanna, la hermana pequeña de Sesshomaru, tenía quince años y todavía vivía con ellos en la casa. La familia del peliplata la había prácticamente adoptado al morir su madre, y gracias a ello se había librado de ir a vivir al campo con su abuela. La familia Taisho era su familia, y por eso, admitir públicamente su relación con Sessh era bochornoso: se habian criado juntos, eran como hermanos. No sabía si era porque había visto demasiadas telenovelas, pero a sus ojos, la relación que llevaban estaba implícitamente prohibida.

Sesshomaru la abrazó por la cintura y depositó un besó en su mejilla. Él solía ser un hombre afectuoso.

—¡Detente! —advirtió Kagome, huyendo de él—. Si Kanna se entera, le dirá a tu mamá…

—¿Qué tiene de malo? —preguntó Sesshomaru—. Deberíamos contarle a todos de una vez por todas —sonrió, besándola en la boca.

—No, tu madre no lo aprobaría —explicó la chica, quitándose el brazo del peliplata otra vez de encima.

En ese momento, Kanna miró y rió:

—¡Hermano, Kagome! —los llamó desde la distancia.

Kanna era brillante. Era buena en matemáticas y en letras, adoraba la música y practicaba fotografía. Su largo cabello platinado prometía convertirla en una mujer hermosa, muy hermosa.

—¡Hola! —la abrazó Kagome, al llegar junto a ella—. ¿Cómo van esas fotos?

La pequeña rio, su risa era tan agradable que Kagome se sentía reconfortada cuando la oía:

—¿Por qué estaban abrazados? —preguntó tímidamente.

—Ya sabes como es Sesshomaru —suspiró la azabache—, cree que las mujeres de la casa somos su propiedad.

—Es cierto —gruñó Kanna, fingiendo molestia.

—¿Pudiste hacer la sesión? —inquirió el peliplata, ignorando a ambas chicas. Ellas solían confabularse en su contra como si fuera unas profesionales de la mentira.

—Más o menos, tengo problemas con el enfoque.

—Oh, lo superarás rápido. No por nada eres la más inteligente de la casa —bromeó Kag.

Sesshomaru se hizo el ofendido:

—Pensé que yo era el más inteligente.

—No puedes competir con la inteligencia femenina —dijo Kanna, y Kagome echó a reír.

—El hambre no me deja pensar con claridad —comentó el peliplata, abrazando a ambas chicas—. ¿Quieren almorzar? Yo las invito.

Sesshomaru tenía un cheque nuevo, el premio por haber ganado el concurso. Se sentía con dinero y quería mimar a las chicas.

—Almorcemos ahí —sugirió la azabache, señalando un restaurant en medio del parque—. Es lo único que hay por aquí cerca y dicen que es delicioso.

—¡Sí, siempre he querido ir! —Saltó de alegría la más joven.

Sesshomaru lo pensó un momento, pero luego cedió. Parecía ansioso:

—Está bien… pero debes esperarnos un momento —dijo a su hermana—. Kagome y yo tenemos algo de qué hablar.

La chica los miró con picardía, y la azabache se sonrojó al instante.

Sesshomaru estaba extraño, demasiado…

—Bien, cinco minutos. ¿Okay? —sentenció, echando a correr hacia la pérgola.

Kagome miró a su novio intrigada. ¿De qué tenían que hablar? No recordaba haber hecho nada malo, excepto por la vez en que había leído su novela sin permiso, y cuando la había vuelto a leer, también sin su permiso.

—Oh, dios. ¿Me vas a regañar? —bajó el rostro—. Ya lo sabes, ¿verdad?

—¿Saber qué? —inquirió él, tranquilamente, mientras la guiaba por un pequeño camino rodeado de árboles.

Las ramas hacían un arco sobre sus cabezas, las luz de el Sol se infiltraba tímidamente entre las hojas.

—Nada —se apresuró a decir. Sesshomaru no la había descubierto, era un alivio.

Sin embargo, el joven seguía demasiado silencioso para su gusto.

—¿Pasa algo malo? —Lo miró fijamente.

Kagome hubiera esperado cualquier cosa en ese momento, pero no una sonrisa como esa. Él sonreía para ella de una forma abrumadora.

—Cierra los ojos —le pidió en un susurro.

La chica tragó saliva, nerviosa. ¿Iba a besarla? Quiso preguntárselo, pero prefirió esperar la sorpresa. Cuando cerró los ojos, los receptores de su cuerpo se erizaron ante la presencia del chico, quien permanecía cerca de ella, pero sin atreverse a envolverla en un abrazo.

¿Qué estaba esperando?

—Puedes abrirlos… —escuchó su voz.

El corazón le latió fuerte, algo iba a suceder…

Al abrir los ojos, se encontró con una pequeña caja de terciopelo azul frente a ella. Estaba abierta, y adentro había dos anillos de plata perfectamente alineados.

—Son anillos —murmuró casi sin voz—. ¡Son anillos!

—Pensé que se verían bonitos… —se tropezó en sus propias palabras el peliplata.

Kagome sonrió llena de amor. Sesshomaru era tímido, le costaba trabajo incluso decir que la amaba. ¿Qué tal si lo torturaba un poco?

—¿Sabes qué significan los anillos? —preguntó, conteniendo la alegría.

—Significan matrimonio, son una promesa de amor eterno —respondió él, ruborizado.

—¿Me estás proponiendo matrimonio?

—Solo digo que, en el futuro, necesitarás casarte con alguien y creo ser la persona indicada.

Oh, Taisho no tenía talento para verbalizar sus sentimientos. Las cosas escritas eran su única habiliad. Quiso estallar de risa, pero no se lo permitió:

—No los aceptaré si no me dices que me amas…

Él se volteó, estaba demasiado avergonzado para mirarla a la cara.

—Te amo… —musitó.

—No escuché bien.

—Te amo, te amo… lo dije. Te amo —sonrió.

Kagome se lanzó a sus brazos.

—No lo olvides, es una promesa de matrimonio —advirtió la chica, besándolo suvemente—. Si intentas huir de mí te mataré.

Él rio sinceramente, mientras tomaba su mano y deslizaba con cuidado la pequeña argolla por el dedo de la chica.

—Jamás huiría de ti, Kagome —dijo.

La alegría, no obstante, duró tan poco que casi se volvió efímera. Al regresar, un tumulto de gente rodeaba la pérgola. Parecían desesperados, gritaban y peleaban entre sí. Sessh se acercó sigilosamente para ver qué sucedía, pero Kagome lo detuvo, presa de un oscuro presentimiento:

—¿Esas no son nuestras cosas? —preguntó Sesshomaru, al ver su mochila en las manos de un extraño.

Kagome se quedó impávida. Algo había sucedido con Kanna, y no era nada bueno… Quiso detener a Sesshomaru, pero él ya había echado a correr hacia su hermana.

Efectivamente, Kanna estaba siendo asistida por un hombre que decía tener conocimientos médicos. En el piso, asustada y sin saber qué ocurría, se aferró al brazo de su hermano mayor.

—Sessh… no sé… qué me pasa —murmuró sin voz. Las lágrimas caían a borbotones por sus pálidas mejillas.

Algo andaba mal, algo estaba a punto de pasar.

—Tranquila —intentó sonreir el peliplata—. Todo estará bien, lo prometo. Confía en mí…

—Tengo miedo… no sé… qué me pasa —repitió Kanna.

Sesshomaru observó su mano, que tiritaba excesivamente, y la atrapó en la suya.

—No te pasará nada —prometió.

Kagome se quedó fuera del círculo, sin llegar a entender qué era lo que había sucedido. La gente estaba histérica, Sesshomaru estaba llorando de desesperación. Se llevaba la mano a la frente y luego acariciaba a Kanna como si fuera la última vez que lo hacía. No había sangre, no había sido un accidente. No había, en el lugar, ninguna señal que le indicara que la adolescente había sido violentada.

Entonces… ¿qué había pasado?

La ambulancia entró al parque y arremetío por los jardines hasta llegar a la pérgola. Los paramédicos bajaron tan rápido que a Kagome le pareció una mala película de suspenso. Pusieron a la chica en una camilla y Sesshomaru corrió junto a ella hasta la camioneta.

En ese momento, la inercia de su cuerpo se liberó y sintió la necesidad indiscutible de acompañarlos.

—¡Sesshomaru, espera! —lo siguió hasta la ambulancia—. Iré con ustedes.

—No, ve a casa y espera ahí.

—¡¿Qué, por qué?! ¡Quiero ir con Kanna!

—Espera en la casa, por favor —rogó Sesshomaru, acelerado.

—¡No! —gritó Kagome, haciendo un ademán para subir junto a ellos. Pero Sesshomaru lo impidió, empujándola de los hombros en el momento exacto en que la camioneta arrancaba y haciéndola caer bruscamente sobre el cemento.

Cuando Kagome miró su mano, un vidrio de varios centímetros estaba incrustado en ella. Las personas la ayudaron a ponerse de pie, pero ella solo percibió una soledad y un desconcierto tan grande que la consumió por completo.

Esa fue la última vez que vio a Kanna.

Esa fue la última vez que Sesshomaru le dijo que la amaba.

—¿Por qué hiciste eso? —preguntó la joven, otra vez. Durante los últimos diez años, había repetido esa pregunta hasta el cansancio—. ¿Acaso es mi culpa que Kanna enfermara? Fueron ustedes los que decidieron llevarla a vivir al campo; yo no tuve nada que ver con que nos quedáramos solos en esta casa.

—No hablemos sobre eso —se quejó Sesshomaru, mientras lavaba los platos.

Kagome miró su ancha y larga espalda.

—Cada vez que pienso en esta cicatriz… te odio profundamente —admitió gratuitamente—. Ese día fue la última vez que…

—Ya lo sé, pero no puedo hacer nada. El pasado es el pasado…

—No para mí, hay cosas que quiero saber, pero tú no las compartes conmigo. Siempre que hablamos sobre esto te encierras en tu habitación varios días.

—Entonces prepárate, ya que no podrás verme hasta la próxima semana.

—Decías que me amabas, pero te fuiste a una pensión más de un año —insistió Kagome—. ¿Sabes lo duro que fue para mí quedarme sola en esta casa?

—Fuiste tú la que terminaste conmigo por segunda vez, tú quisiste que las cosas fueran así.

La azabache recordó sus propias palabras:

"Estaré en la estación, si no llegas a la medianoche volveré a la ciudad sin ti y sin este anillo…" [1]

—¿Por qué hiciste eso? —volvió a preguntar—. Ese día te esperé hasta quedarme dormida. Cuando desperté a la mañana siguiente, todavía estaba en la estación… pero tú no estabas conmigo.

—Necesitaba estar solo, tú no quisiste entenderlo.

—Quería compartir esa pena contigo. Yo también amaba a Kanna, todavía la amo… y la extraño mucho. ¿Cuándo me dejarás ir a verla al campo?

—No creo que ella te quiera ver… y yo no quiero que la veas así.

—Tengo derecho a saber qué sucedió ese día, no puedes negarme la verdad.

—Habías ignorado el tema bastante tiempo, ya me parecía extraño que no preguntaras.

—Es porque cada vez que te preguntó qué sucedió te pones esquivo y te encierras en tu cuarto.

El peliplata terminó de lavar y se secó las manos lentamente, mirándola con pesar.

—Vamos a dejar el tema —sugirió con una sonrisa incompleta—. No quiero discutir contigo.

Kagome quiso llorar. La frustración la estaba matando; miró la cicatriz en su mano, todavía dolía. Era verdad que había decidido ignorar el tema y no provocar más problemas, pero ya que el tema había salido a colación… su curiosidad estaba de regreso.

—Perdóname por lo de la cicatriz, nunca fue mi intención lastimarte —musitó el peliplata, sin mirarla—. Me odio cada vez que veo tu mano por casualidad. Perdóname, también por lo de la estación… perdóname por todo.

Por alguna razón, sus palabras la hicieron sentir mejor. Siempre era una novedad escuchar al peliplata disculparse por algo.

—Sabes decir "perdóname" y "lo siento" muy bien, deberías hacerlo más seguido.

Él rio tristemente.

—¿El chico OST peleó contigo por mi culpa?

La azabache asintió avergonzada.

—¿Quieres que venda la casa y me mude? —inquirió Sesshomaru.

Kagome alzó el rostro, sorprendida.

—¿Harías eso por mí?

—Sí —sonrió de medio lado—. ¿Quieres que me vaya?

—No lo sé, nunca he pensado en una vida sin ti a mi lado —susurró Kagome—. A pesar de que no estás conmigo como mi pareja, o como mi esposo, siempre estás.

Sesshomaru calló durante largo rato.

Kagome era sincera, eso era lo que amaba de ella. No había maldad ni malicia en sus palabras, ella… simplemente era así: decía la verdad siempre y jamás mentía sin tener una razón.

—¿A ti… te gusta mucho el chico OST?

Ella lo miró sorprendida.

—Quiero decir… —corrigió él—, pareces muy segura con este chico en particular.

—Es verdad —sonrió Kagome, ruborizada—. A medida que pasa el tiempo, mis sentimientos se hacen más y más fuertes. Creo que esta vez me he enamorado de verdad.

Sesshomaru se sintió preso de una verdad que dolía más que cualquier herida: Kagome se había enamorado por fin de otro hombre, y si no quería perderla debía callar sus sentimientos. Si ella se enteraba de que él todavía la amaba, se alejaría. El chico OST era su presente, y ella no quería volver a atrás. Pronto llegaría el día en que ella dejaría la casa para mudarse con ese hombre, y su única opción era posponer ese momento durante la mayor cantidad de tiempo posible… y prepararse para el golpe final.

—La verdad es que cuando él vino yo fui un poco hostil —admitió—, pero cuando venga la próxima vez seré muy amable.

—¿¡Harías eso por mí!? Sería genial que pudieran ser amigos…

—Lo haré, pero no abuses —rio.

—¿Te das cuenta de que nos estamos llevando muy bien estos días? Creo que lo mejor para nosotros es tener una relación de hermanos o amigos. Si hubiera sabido que nos llevábamos tan bien así, no habría insistido tanto en una relación que no tenía ni pies ni cabeza.

Sesshomaru fingió normalidad.

—Tienes razón —mintió con una sonrisa cariñosa en el rostro—. Esto es lo mejor para nosotros…

CONTINUARÁ…


[1] Escena del capítulo 5. Se las pegaré a ver si recuerdan:

Entonces, se le vino a la cabeza la segunda vez que cortaron su relación. Había sido por ese extraño y detestable hábito de Sesshomaru de negarse a compartir su vida con ella. Ahora que estaba así de nuevo, no sabía cómo había regresado con él por tercera vez. A causa de eso, estaba sumergida en una complicada sexta vez con el único hombre importante de su vida.

—¿Por qué estás faltando a clases? ¿Por qué no respondes mis mensajes? ¿Hice algo malo otra vez? ¿Dónde estás? ¡¿Por qué te ocultas de mí?! –exigió al teléfono, pero Sesshomaru no respondía. Tenía el buzón de voz activado desde hacía dos días.

Al resto de sus amigas no les pasaba aquello. Sus novios no desaparecían de la faz de la tierra de un día para otro. Aquello sólo le sucedía a ella, y probablemente era porque las demás no tenían un novio tan insensible como Sesshomaru. ¿Acaso no se daba cuenta de que estaba preocupada de que le hubiera sucedido algo malo? ¿Cómo podía dejarla en ese estado?

—¿Estás vivo? Si estás vivo llámame cuanto antes… estoy muy preocupada, Sesshomaru –rogó nuevamente al buzón—. Por favor, sólo llámame, ¿sí? –repetía una y otra vez, sin obtener respuesta.

Cuando la noche llegó, Kagome ya había perdido la paciencia. Sesshomaru había traspasado los límites del egoísmo y la había dejado sin siquiera decirle dónde estaba:

—¡Hey, tú… bastardo de mierda! ¿No me vas a responder? ¡Tu celular está apagado aunque llame una y otra vez! ¡Te he llamado todo el día desde hace dos días! ¡¿Cómo puedes hacerme esto a mí?! –lloró desconsoladamente-. Dijiste que me amabas, ¡pensé que me amabas!

—El teléfono al cual está llamando se encuentra apagado o fuera del área de servicio –escuchó durante horas.

—¡Hey, Sesshomaru! ¿¡Por qué eres así? ¿No te gusto? ¿Quieres terminar? ¡Si no te gusto entonces sólo dímelo! –lloró al teléfono.

Ya no tenía dignidad ni amor propio. Sesshomaru la había hecho perderlo todo, su autoestima apenas existía.

-¡Si quieres desaparecer entonces hazlo después de terminar! -chilló en el teléfono-. ¡Haz las cosas como corresponden y termina conmigo de una vez!

Luego de cuestionar a la madre de Sesshomaru toda la tarde del día siguiente, pudo descubrir dónde estaba alojándose. Él se había ido fuera de la ciudad sin decirle nada, y Kagome no se lo perdonaría. Tomó el primer tren que encontró y llegó hasta aquella región. Lo encontró en una pequeña pensión a orillas del mar.

—Exactamente… ¿qué soy para ti? –preguntó sin rodeos, luego de obligarlo a salir del recinto—. ¿Sabes lo preocupada que estaba por ti? ¡Pensé que habías tenido un accidente, que te secuestraron o que moriste en alguna parte! ¿Me contactará hoy? ¿Volverá mañana?

—¿Cómo descubriste donde estaba? –preguntó él por fin, sin mirarla a los ojos.

Kagome no lo escuchó.

–¡No es mi culpa que la producción de tu película fuera cancelada! Dime, ¿es mi culpa?

—¿Sabes acaso cuanto esfuerzo le puse y todo lo que esperé? –rugió él, pero a Kagome nunca le había intimidado.

—Entonces, ¿es mi culpa? ¿Fui yo quien hice que la cancelaran? ¡Sólo debiste habérmelo dicho!

—Si te hubiera dicho que me iba, ¿habrías estado de acuerdo? –inquirió serio—. Nunca me habrías dejado quedarme aquí durante un año escribiendo.

—¿No puedes escribirlo en casa?

—No, vete… —le pidió él, con cara de pocker, sin demostrar ninguna emoción en sus palabras.

Le dolía, le dolía profundamente que él desistiera de ella como si se tratase de cualquier baratija.

–Está bien… me iré.

—Escucha -gruñó complicado-, si escribo toda la historia y luego regreso a la ciudad…

—¡No me importa! –interrumpió la azabache—. Ya no te veré más…

Él calló:

–Entonces vete, es tarde… —la tomó del brazo para acompañarla a la estación.

—¡Estoy diciendo que ya no te veré más! –se zafó Kagome.

—¡Por Dios, déjame solo al menos una vez! ¡Necesito tiempo para estar solo! –se exhaltó él.

—¿¡Acaso te hiervo o te interrogo en casa!? ¡¿Por qué dices que te molesto?!

—¡No es eso! ¡Aquí puedo escribir y terminar la obra sin distracciones!

Kagome lo miró sin entender. No quería escuchar nada, sólo lo quería de regreso en casa y en su vida.

–Busca tus cosas y sal… —ordenó.

Sesshomaru suspiró complicado y se llevó la mano hacia el cabello, sin saber qué decir.

—Voy a decirlo sólo una vez más, Sessh. Recoge tus cosas y sal inmediatamente. —Él no se movió—. ¿Es por tu hermana Kanna? ¡El trabajo es sólo una excusa para evadir lo que sucedio con ella!

—Vete –se enfadó el peliplata.

—¿No puedes apoyarte en mí aunque sea por una sola vez? Estoy aquí para ti… Piensa en mí también… ¿Cómo puedo regresar sola después de haber venido por ti? Sólo volvamos… Regresemos juntos, ¿sí?

—Ten cuidado en el camino… —se despidió Sesshomaru, ignorándola completamente y dejándola atrás, sola y llorando como un bebé.

—¡Si no recoges tus cosas y sales en diez minutos realmente terminaremos! –amenazó duramente, buscando todo su coraje. Él se detuvo durante unos momentos, pero finalmente siguió su marcha y entró en la casona. —¡Realmente terminaremos y serás un extraño para mí! ¿Soy una extraña para ti entonces? ¡También eres un extraño para mí! –siguió gritando desde afuera y descargando toda su frustración entre lágrimas y lamentos.

Esa noche, aunque lo esperó hasta que el último tren con destino a su ciudad se fue, él no apareció. Con el corazón roto y los ojos inundados en lágrimas, esperó hasta el otro día para partir sola de regreso a su casa.

Él tardó un año en regresar a casa.

Fin de la escena del capítulo 5


Estimados, espero que hayan disfrutado el capi. Les reitero la invitación para visitar mi sitio web como escritora independiente y antieditorial. En él pueden encontrar varios cuentos románticos y eróticos de mi autoría, y una novela en curso: "La vida es un barco de papel". Espero la disfruten, esperaré sus comentarios tanto en la página como en este fic. :3 Estoy muy feliz de que disfruten la lectura! :3 Besos!


Publicación: 6 de marzo, 2015