INUYASHA NO ME PERTENECE, ES PROPIEDAD DE RUMIKO TAKAHASHI. ASÍMISMO, "I NEED ROMANCE" ES PROPIEDAD DE TVN, YO SOLO TOMO PRESTADO EL ARGUMENTO Y LO REESCRIBO ADAPTADO A LOS PERSONAJES DE INUYASHA.


NOTA DE AUTOR:

¡HOLA A TODAS! Seguramente les llegó una alerta el sábado anunciando que había actualizado ese día y, cuando entraron a ver, el capítulo ya no estaba. Eso sucedió porque, efectivamente, actualicé el sábado, pero bajé el capítulo porque estaba incompleto... Pensaba terminar el capítulo en tal escena, pero sabía que por tiempo no podría escribir las escenas que me faltaban hasta mitad de semana, por lo que decidí subir las quince páginas que ya tenía, pero realmente no pasaba mucho, jajaja... así que lo tuve que bajar antes de que me lanzaran tomates y todas esas cosas. Me disculpo sinceramente ante todas, escribí este capítulo más largo para disculparme apropiadamente.

Este capítulo es muy wow, intenso, espero que lo disfruten mucho y que me comenten sus impresiones. Por mi parte, celebro porque ya me quedan 3 capítulos del dorama original por adaptar, por lo cual anuncio que pronto este fanfic verá su final. Les recomiendo no buscar en internet el dorama porque yo he cambiado varias cosas y tal vez se decepcionen un poco de la historia original. No porque yo sea más genial, sino porque los koreanos son re machistas y odiarán mucho a Sesshomaru. Yo suprimi y adapto todas las escenas con contenido no apto para occidentales modernas, hahah, así que es algo complicado.

En fin, muchas gracias por leerme siempre y un besito a todas y cada una de ustedes:

Blue-chan

Andyantopía

Cecil Pierce

Satoruchan kyo

Inuka

Marlene Vásquez

Kamisumi Shirohoshi

Elvi

Kagome de Taisho

BBkid

GabiiSeshYue

Paovampire

Johan Taisho

José

Nenny la Yuyina

Sasunaka Doki

Nanami

Lau Sánchez

MaruRamone

Aleja25

Sayra Figueroa

Nagini31

Merchita Kawaii

Maria

Sakurasuperotaku333

Arii09

Breen Martínez

Carol d´l Clam

Saranghee

José Okanami

Malina-maniac

Azucenas45

Sesshomarusama

Mr. Coockie

Emily Castro

Gabyuki

Simi-chan

.9235

Akane Aome

Estefanía

Alice Taisho Gremory

Orkidea16

Belen

Angelina89

Arovi

Honna-chan

Kitty Taisho H

Bln

mimato bombon kou

Titania Scarlett

Sery Taisho

y a todos los guest!


Kagome Higurashi y sus dos amigas son mujeres en sus treinta con exitosas carreras y que buscan la pareja perfecta. Dos hombres totalmente diferentes para una chica con un solo corazón. ¿Quién es el adecuado? ¿Por qué es tan complicado el amor?

NECESITO UN ROMANCE

CLAUDIA GAZZIERO

CAPÍTULO 25

PRELUDIO DE UN ENCUENTRO APASIONADO

I

Kagome Higurashi, vestida con una hilarante blusa amarilla y una falda azul, llegó al café de Inuyasha montada en su bicicleta, pero la estacionó en una esquina, donde el ojo del ambarino no pudiera descubrirla. Cautelosa, caminó en puntillas hasta la entrada del recinto y se metió dentro, buscando con los ojos al sujeto que la había mantenido despierta toda la noche. A la derecha nada; a la izquierda tampoco. ¿Dónde demonios estaba?, se preguntó con los nervios en las manos, escondida como una espía profesional.

—¿Buscas al jefe? —le preguntó el empleado favorito de

—¡Shhhht, silencio! —murmuró despacio—. No le digas que estoy aquí…

El muchacho se carcajeó con gusto y desvió su camino hasta el mesón de los pasteles:

—Su novia vino a mostrar su rostro —le comentó a su patrón—. ¿Quiere que le sirva algo?

Inuyasha sonrió complacido:

—Solo ignórala… —le ordenó, omitiendo una sonrisa—. Haz como si no estuviera aquí.

—Cof cof… —tosió Kagome, frente a ambos—. Estoy aquí...

El ambarino siguió con la cabeza metida en sus recetas, pero eso a Kagome no la intimidó. De hecho, abrió la pequeña puerta de la cocina y sacó la regadera.

—Hoyou, por favor dile a Inuyasha que vine a regar el árbol de Gingko.

—Hoyou, por favor dile a Kagome que que árbol de Gingko ya fue regado hoy.

—Hoyou, por favor dile a Inuyasha que le echaré agua otra vez.

—Hoyou, dile a la señorita que no puede hacer eso, es un árbol muy delicado… sus raíces podrían podrirse.

—¿Cómo es posible que las raíces se pudran tan rápido? —gruñó la azabache, de regreso en el mesón—. Los árboles siempre necesitan agua…

—El gingko no es como los demás árboles. No puedes darle agua cuando a ti te acomoda, sino cuando a él le acomoda.

—Estúpido… —pensó Kagome. Acto seguido, dio media vuelta y salió del lugar en busca de su bicicleta.

—¿Están peleados? —preguntó Hoyou, repasando algunos vasos—. No parece que estén peleados…

Inuyasha suspiró y se llevó la mano a la cabeza. Gracias al cielo, Kagome había regresado, aunque no tenía la más mínima intención de disculparse por el arrebato de la semana anterior.

—En treinta minutos llama al estudio y pregunta cuántas personas hay en él. Después manda café y galletas de vainilla para todos.

—Está bien —rio el castaño—. ¿Algo más?

—Sí, y una malteada Ka-go-me. Encárgate de que la reciba en sus manos.

—Okay.

Kagome, con su banda de chicos metalero-problema, aceptó la entrega con una tremenda sonrisa en el rostro. Inuyasha la había perdonado, ¡él la había perdonado! Debía recordar bien que el ambarino no era como Sesshomaru y no podía botarlo cada vez que le diera la soberana gana, porque él no vivía en la otra puerta y disculparse con él era más complicado.

—«Muchas gracias :D!» —tecleó por whatsapp.

—√√

—¡No puedo creer que no me haya respondido! —lloriqueó con la boca llena de galletas, mientras comía junto a la banda—. No debí contestarle, ¿verdad?

—¿Tienes novio? —preguntó el baterista, sorprendido—. ¿Eso es posible?

Kagome lo fulminó con la mirada:

—Sí, tengo… y es muy guapo.

—Es el de la cafetería —se burló la vocalista, con sus mechas de todos los colores y exceso de maquillaje.

—¿El que está en la intersección?

—Ese mismo —se enorgulleció la azabache.

—¿A la derecha o a la izquierda? —preguntó otra vez el chico barrigudo.

—Ambos son mis novios —sonrió tímidamente.

—Ohhh —murmuraron todos, al unísono.

—¿Cuál le gusta más… el tipo alto y bronceado, o el anciano de pelo canoso y más de un siglo de antigüedad?

—El bronceado, así que sean buenos con él —advirtió con el dedo índice—. No pueden ir allá y hablarle de mi terrible personalidad.

—¡Tener novio es tan difícil! —comentó la chica, apasionada.

—Es difícil para el de la cafetería, porque su novia está loca.

—Es verdad, por eso está tan delgado…

El silencio se tomó la habitación. Cuando los muchachos alzaron la vista, se encontraron con un monstruo de sonrisa maligna envuelto en un aura demoniaca.

—Hoy ensayarán hasta la medianoche —sonrió Kagome, fingidamente—, ¡y asearán el estudio!

II

Sango se acomodó el cabello y evitó mirar hacia su izquierda, ya que Miroku Asakura le era sumamente desagradable en ese momento. Lamentablemente, debía reunirse seguido con él a causa de los negocios de su compañía, y todavía no podía prescindir de su gran habilidad comercial, ya que eso seguro le traería cifras rojas como resultado.

En otras palabras, estaba destinada a encontrarse con él cada semana para discutir estrategias y supervisar la distribución de sus zapatos. Gracias al cielo, Sesshomaru siempre estaba ahí para darles una mano.

—¿Cómo va el sitio web? —preguntó al aire, con la vista fija en su cuaderno.

—Contratamos una diseñadora gráfica para eso, la fecha de entrega es la próxima semana.

—Pero el concepto central creativo cambió hace muy poco. ¿Crees que en una semana pueda implementarse todo al respecto? A mí me parece tiempo insuficiente.

—El concepto cambió, pero las fotografías ya están tomadas y siguen siendo las mismas…

—No estoy de acuerdo, las fotografías…

—Hey, hey, hey, deténganse —rogó el peliplata, sentado sagradamente entre los dos—. No discutan. ¿Por qué tienen que discutir aquí… en mi casa? ¿De verdad no tienen otro lugar a donde ir?

—Director Asakura, por favor consulte las decisiones conmigo antes de tomarlas… —lo ignoró la castaña, y habló a su exnovio.

—He ejercido bien mi cargo durante todo este tiempo, no es necesario que consulte los plazos y fechas con usted —respondió el pelinegro, observándola fulminantemente.

—Ustedes creen que yo no tengo cosas que hacer —habló Sesshomaru, tranquilo—, pero están en un error. No porque me vean en mi casa todos los días significa que no trabajo. Trabajo… y mucho. Estoy a punto de sacar una nueva película, por si no lo saben.

—¿No eres tú el nuevo socio de la empresa? —Alzo una ceja la castaña—. Pensé que te interesaban las decisiones que tomábamos, no querrás que Miroku lance todo tu dinero por la borda… y yo tampoco.

—Sí, pero… ¿de verdad es necesario que vengan acá a discutir sus asuntos? ¡¿Y por qué tengo que estar sentado entremedio de ambos?!

—El Director Asakura dijo que no quería ir a la oficina y yo no quiero recibirlo en mi casa, el único lugar que nos queda es aquí.

—¿Y no se les ocurrió ir a un café?

Ambos se miraron sin expresión alguna.

—No podemos… la prensa podría descubrirnos y creer que todavía seguimos juntos.

—¿Y no es así? —preguntó Sesshomaru.

—¿No? —preguntó Sango también.

—¡Por supuesto que no! —exclamó Miroku, cruzándose de brazos.

—Nunca dijiste que terminaste conmigo… —lo pensó la castaña.

Sesshomaru quiso llorar.

—Pero no fuiste tras de mí cuando me fui —sentenció el pelinegro—, eso significó que acataste el rompimiento.

—Bien, espero que pronto se amen otra vez —se levantó Sesshomaru—. En mi opinión, están perdiendo el tiempo… deberían estar amándose y lucrando con su amor.

Ambos volvieron a ignorarlo.

—Pensé que no querías verme… —musitó la castaña—, pensé que no querías que te siguiera.

—Siempre piensas muchas cosas, Sango —se lamentó Miroku—, pero nunca piensas en mí.

Sesshomaru regresó a su habitación con un nudo en la garganta. Como escritor, podía reconocer el amor a cientos de kilómetros de distancia, y sabía que Sango y Miroku se amaban hasta la locura. Esa chispa cálida e infinita con que se miraban esos dos ya no existía en los ojos de Kagome, y eso dolía. Perder a la mujer amada era lo peor que le había pasado en la vida; lamentablemente, no podía hacer nada para recuperarla. Ella, simplemente, necesitaba a alguien que pudiera hacerla feliz, y él no era el afortunado.

—Kagura… ¿por qué está todo el mundo saliendo con alguien menos nosotros? ¿Estamos haciendo algo mal?

La chica, que estaba metida en los borradores, levantó la vista y dejó el lápiz sobre la mesa.

—Es porque decidimos tener un amor no correspondido… —lo contempló con nostalgia.

—"Amor no correspondido", qué ironía —se burló el peliplata, tristemente—. No lo digas como si estuviéramos en el mismo bote.

—Tú me gustas, a ti te gusta Kagome… estamos en el mismo bote.

Un suspiro largo salió de la boca de Sesshomaru.

—Tal vez sería una buena idea que uniéramos nuestro dolor y comenzáramos una relación de amor no correspondido.

El peliplata rio.

—Eso nunca va a suceder. Lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé, solo lo decía por si caías…

Sango, en tanto, se recostó sobre el sofá y observó a Miroku con pesar:

—¿Por qué no podemos ser dos novios que viven separados, pero se aman de igual forma o más que si vivieran juntos?

—Porque ya no somos tan jóvenes como antes, yo quiero despertar todos los días junto a la mujer que amo y ser una pareja de verdad —respondió Miroku, tristemente.

—Lamentablemente, amas a una mujer independiente…

El pelinegro la miró sin poder comprender totalmente las razones de Sango. Sabía que ella también lo amaba, pero no entendía por qué se negaba a vivir sus sentimientos de una forma saludable. Sango no era una mujer sencilla, y muy a su pesar, esa era la razón por la cual estaba loco por ella.

—Voy a preparar café… —Salió Sesshomaru de su cuarto, al ver que la gran pelea había menguado un poco—. ¿Quieren un poco? Les hará bien descansar de los problemas…

—Está bien, y que sea negro… muy negro —pidió el chico.

—No, Sessh —intervino Sango—. Dale un jugo de frutas, a Miroku le sienta muy mal el café.

El susodicho volteó a mirarla con cariño.

—Si no me quisieras en tu vida no te preocuparías por mí… —evidenció con una sonrisa imperceptible.

Sango, simplemente, volteó el rostro sonrojada.

III

Al anochecer, Inuyasha Takahashi adornó una hermosa bandeja de plata con una decena de dulces y frutos secos, y los puso sobre una mesa junto a la ventana. Acto seguido, se retiró a la cocina y afinó los últimos detalles para cerrar la tienda. Dos segundos más tarde y como una pequeña rata, Kagome Higurashi apareció y, corriendo, robó una docena de almendras confitadas.

Al ver que el dueño del local todavía no percibía su presencia, se hizo notar con un desagradable carraspeo:

—Inuyasha… estoy aquí —se anunció, al darse cuenta de que él la ignoraba a propósito—. ¿Me puedo comer esto?

Él se volteó con cara de pocker y se cruzó de brazos.

—¿Tienes algo que decir?

Kagome avanzó hacia él, pero se detuvo al ver que él no ablandaba su expresión.

—No, yo solo…

—Es mejor si lo hablamos con claridad, así resolvemos nuestros problemas y seguimos adelante —la interrumpió—. ¿No crees que es mejor ser francos el uno con el otro?

La chica suspiró, frustrada.

—Está bien —bajó el rostro—. No me gusta que menciones a Sesshomaru todo el tiempo, me siento culpable por haberlo amado a él antes de a ti. Me gustaría que tú fueras el único hombre en mi vida, pero no puedo expulsarlo porque él, antes de ser mi novio, era mi familia.

—Pero yo solo quería saber más de él y tratarlo con propiedad. Sé lo que significa para ti y jamás te pediría que te alejes de él. Si tú me contaras sobre él, yo sabría cómo enfrentarme a su presencia.

—Pensé que, solo por el hecho de ser mi ex lo odiarías… y que habría un quiebre entre tú y mi familia.

—Yo también tengo algunas ex, Kagome… —se sinceró el ambarino—. No te culpo por nada, no tiene nada de malo.

—¡Es verdad! —exclamó la azabache—. De hecho, sería imposible no tener antiguos amores a nuestra edad.

Inuyasha rio.

—Así es…

La muchacha se acercó para abrazarlo, pero él volvió a ponerse duro.

—¿No tienes nada más que decir? —la animó, intentando esconder su sonrisa.

—Bien, lo siento por enojarme y terminar contigo sin una razón poderosa…

—¿Crees que nuestro amor es algo que se puede arrojar al aire fácilmente?

—Lo siento —se disculpó Kagome de veras—. Yo… estoy acostumbrada a decir lo que quiero y no pensé las consecuencias. A decir verdad… tengo algo de mal temperamento.

—Lo sé…

Kagome se exaltó:

—¿¡Lo sabías y aún así me dijiste que era gentil!?

—Lo dije para que te volvieras gentil… —rio Inuyasha.

—No puedo creerlo…

—Ven acá —extendió los brazos y la llamó para que fuera a su encuentro—. Prometo nunca más decirte que eres amable, a menos que lo seas.

—Bien, prometo nunca más terminar contigo a menos que te lo merezcas.

Dicho esto, se unieron en un abrazo apretado y se comieron a besos.

Más tarde, mientras bebían una malteada y comían las galletitas en la terraza, Kagome tuvo una revelación que vino desde lo más profundo de su corazón.

—Estoy feliz…

Inuyasha levantó la vista y la observó con una sonrisa llena.

—No me mires así, estoy hablando en serio —lo regañó la chica—. Creo que nunca he estado tan feliz…

—Eso me hace feliz también.

—¿Sabes? Te contaré todo lo que quieras saber sobre Sesshomaru… —habló Kagome, sintiéndose completamente lista para decirle todas las verdades sin que dolieran.

—Pero ahora no quiero saber más de lo que ya sé —respondió él.

—¿Qué…? ¿Por qué?

—Porque confío en ti, y espero que él y yo seamos buenos amigos en el futuro.

—¿Solo eso…? ¿Nada más?

—A cambio, no debes mentir cuando se trate de él o decir que es simplemente un amigo.

—Está bien —suspiró Kag—. No más amigos desconocidos.

El amor se extendió entonces, por todo su cuerpo y supo que Inuyasha era el indicado para ella: un hombre que no se preocupaba por su pasado y que podía vivir con la presencia de Sesshomaru cerca. Alguien que la amaba incondicionalmente y que confiaba en ella tanto como para no pedirle que abandonara a la única persona que podía llamar "familia".

Cuando el ambarino la llevó de regreso a su casa, descubrió nerviosa que le era difícil despedirse. Que quería pasar todos los días junto a él y despertar en las mañanas bajo su abrazo.

—Nos vemos mañana, ¿verdad? —preguntó Inu, también triste al tener que dejarla ir.

—Sí, iré mañana temprano y me quedaré hasta las nueve.

—Genial, te esperaré con el desayuno.

—Sería muy mezquino de tu parte si no lo hicieras… tienes una cafetería.

—¿Por qué siento que te estás aprovechando de mi inocencia?

—Porque me hiciste pasar un mal rato la vez pasada —acusó Kagome, refiriéndose al anterior incidente—. Me debes una semana de comida gratis.

—¿Tú fuiste la que pasó un momento difícil? Yo fui el que fue abandonado…

Kagome se carcajeó.

—¿Tienes idea de cuántas veces miré mi celular? Creo que tendré que ir al oftalmólogo a revisar mis pupilas…

La risa de Inuyasha inundó toda la cabina, una risa fresca y joven, libre de intrigas y problemas.

Ese hombre era maravilloso…

—¿Cuándo… —lo escuchó hablar nervioso—, cuando dormirás en mi casa?

El corazón le latió fuerte ante esa pregunta, sabía muy bien lo que significaba. Automáticamente, se hundió en su asiento y tomó su mano con cautela.

—¿Cuándo te gustaría? —murmuró lentamente.

—Cuando tú quieras… —Apretó el agarre con fuerza, e intensificó su mirada dorada.

Kagome se sintió morir, si hubiera estado de pie, hubiera caído desmayada. Inuyasha llevaba un buen tiempo causándole unas sensaciones que no podía confesar a ningún sacerdote… estaba convirtiéndose en una adolescente otra vez.

—¿Está bien el sábado próximo?

Inuyasha se incorporó, ansioso:

—Sí, me parece fantástico.

—Bien, me voy entonces —huyó la chica—. ¡Buenas noches!

Sin embargo, antes de que pudiera bajarse del auto, el joven jaló de su mano y la besó fervientemente. Era un beso de película, lleno de pasión contenida y grandes expectativas. Por supuesto que correspondió el beso en seguida; había esperado toda la semana por un arrebato como ese y, sinceramente, se le estaba haciendo difícil contenerse.

Inuyasha besaba como los dioses, seguro que también hacía otras cosas igual de bien.

En la seguridad de su habitación y lejos de la vista de Sesshomaru, arrojó su cartera sobre la cama y cogió el calendario. Con sumo detalle, dibujó un corazón rojo el día sábado 21 y se acostó a dormir.

Faltaban solo cinco días para el gran día…

IV

Esa semana, Rin comenzó a tomar clases de natación junto a Kohaku Takeda, en el gran recinto deportivo de la avenida principal, con el que su empresa tenía un convenio. Gracias al contrato entre ambas compañías, la mitad de la empresa había comenzado a entrenar en ese lugar, así que no fue tan extraño que ambos disfrutaran algunos buenos momentos bajo el agua.

La muchacha, que solía ser una virginal señorita sin pecado alguno, se convirtió lentamente en una acosadora visual. Kohaku tenía un abdomen marcado y brazos poderosos, no mirarlo era como faltarle el respeto a su femineidad. El problema era que ella no era la única que había descubierto que bajo el traje, Kohaku era una especie de sex symbol de las finanzas. De pronto, todas las chicas se habían enamorado perdidamente de él al verlo en bañador, y habían comenzado a verlo como un vil pedazo de carne.

¡Qué superficiales!

Su relación soñada con el hombre perfecto estaba próxima a comenzar. Poco a poco, Rin Nohara se apoderaba de la vida del hombre que deseaba: de sus desayunos, de sus colaciones, de sus cenas. Si había algo que ella sabía hacer con propiedad, era conquistar a los hombres por el estómago, y con Kohaku realmente le estaba funcionando.

Rin era una mujer tradicional, le gustaba mantener su casa bonita y cocinar cosas ricas para todas las personas que amaba. Además era sumamente dulce y se enfadaba rara vez; no había mujer más perfecta que ella, excepto por el hecho de que era frígida en la cama y tenía problemas para desatar su pasión.

Ese problema la estaba torturando en secreto.

¿Qué pasaría cuando ella y Kohaku… hicieran el amor?

Bien, quizás era un poco pronto para preocuparse por eso, ya que todavía no le decía sobre sus sentimientos, y también existía la posibilidad de que él la rechazara monumentalmente.

Llena de dudas y con la cabeza en otro mundo, se levantó de su escritorio y fue hasta el de su jefe a buscar unos papeles. Kohaku había ido a almorzar y no podía esperar a que llegara para ordenar ese asunto, además estaba segura de que no se molestaría por algo tan insignificante. Lamentablemente y sin darse cuenta, botó una pequeña estatuilla de madera al piso y, encima, la pisó con su tacón.

Yuri, la secretaria, que estaba mirando la escena, palideció.

—Ese es el talismán de la suerte del señor Takeda… se volverá loco cuando vea que lo rompiste.

Y así fue, dos segundos más tarde Kohaku regresó de su almuerzo y descubrió el arruinado talismán en las manos de Rin.

—¡Mi talismán de la buena fortuna! ¿Tienes idea de lo que significa? —exclamó con las manos en la cabeza—. Desde que lo tengo he tenido buena suerte, y ahora está arruinado...

Rin sonrió y lo miró con coquetería.

—Lo siento mucho… si quieres puedo compensarlo.

—¿Qué…? —Tragó saliva el pelinegro.

La secretaria se inclinó para escuchar mejor la conversación.

—Digo… tal vez no lo necesites más —aclaró—. Me quedaré a tu lado en su lugar, dándote buena suerte y cuidando que nada malo te suceda.

—No lo entiendo… —se atragantó el muchacho.

Rin suspiró frustrada, para ella era más que evidente lo que estaba diciendo.

—¿No lo entiendes? Has desayunado conmigo varios días, salimos a cenar y nadamos juntos… ¡incluso dormiste en mi casa dos veces!

La secretaria, se escandalizó.

—Yo… —parafraseó el chico.

Acto seguido, Yuri apareció de sopetón y se llevó a la morena consigo a un lugar donde nadie las escuchara.

—¿Qué estás haciendo, Rin? —exclamó—. ¿Estás pidiéndole que sea tu novio?

La morena se sonrojó.

—¿Tal… vez?

—¿No has escuchado los rumores?

Algo olió mal en seguida.

—Qué-rumores.

—Por Dios, ¿no lo sabes? —se llevó la mano a la cabeza exageradamente—. Kohaku Takeda es gay, no le gustan las mujeres. Su anterior novia lo descubrió en la cama con un hombre mayor, por eso lo corrieron de la sede principal. ¡Todo el mundo lo sabe!

El corazón de la muchacha se rompió en cámara lenta.

—¿Estás segura de eso?

—No lo sé, de cualquier forma tengo mis dudas…

—Eso me tranquiliza…

—No cantes victoria, hay un rumor mucho peor.

La sangre de Rin se detuvo en sus venas.

—No me digas que tiene cáncer… —Quiso llorar—. Gracias a "Bajo la misma estrella" está de moda tener cáncer.

—No, él es im-po-ten-te.

—Yuri —habló mecánicamente, ignorando los pedazos rotos de su válvula dispensadora de sangre clavándose en sus costillas y cartílagos—. Por favor, comprueba el estado higiénico de la máquina de palomitas de maíz y revisa que el tanque de dióxido de carbono no esté poniendo demasiado gas en las… bebidas.

Totalmente desesperanzada y sin nada en lo cual creer en la vida, regresó a su asiento a un lado de Kohaku y contuvo el llanto. Ese hombre era la única esperanza de un futuro heterosexual y, gracias a la diversidad sexual, se había arruinado.

¿Por qué los hombres no admitían su sexualidad libremente? Gracias a su cobardía, cientos de mujeres terminaban con el corazón roto y un deseo reprimido insoportable.

—¿Señorita Nohara? —llamó su atención el pelinegro, al verla devastada—. ¿Le ocurre algo? ¿Es por mi talismán de la suerte? Si es así no se preocupe, encontraré la forma de repararlo. Exageré un poco, me disculpo por eso…

La morena miró su cara sonriente y lo odió profundamente.

—No me importa ese maldito talismán basura —gruñó enrabiada—. ¡Estoy desesperada porque justo cuando comenzaba a gustarme descubro que usted es gay! —lloriqueó con ganas—. No puedo creer mi mala suerte, ¡jamás encontraré un hombre de verdad que quiera hacer el amor conmigo!

Kohaku se quedó pasmado.

—Espera… ¿es cierto?

—¡Por supuesto que sí! Soy una idiota por haberme fijado en un hombre como usted: impotente y homosexual, que engañó a su mujer con un hombre mayor y no tuvo remordimientos…

—Espera, eso no es…

—Me voy —interrumpió la chica, llorando—. ¡Renuncio!

—Rin, ¡Espera! —salió tras ella, con el talismán entre las manos.

—No, no hables… no es tu culpa —admitió sin ganas—. Desde siempre he tenido mal ojo para los hombres: mi primer novio me engañó con mi prima Sakura, el segundo era casado, el tercero viajó a Australia y nunca regresó por mí y el último me convirtió en una mujer frígida. Sakura tiene ahora cuatro hijos y está esperando el quinto, y yo continúo esperando a que el príncipe azul venga a recogerme en su corcel hecho de calabaza.

—Hey, escucha… No es…

—Lamento haberte causado molestias, nunca más te molestaré con mis ridículos sentimientos —se despidió con una reverencia.

—¡Rin!

—Adiós.

¿Qué demonios estaba sucediendo ahí? Ni siquiera habían comenzado, pero ya había terminado. ¿De dónde había sacado Rin que él era homosexual y que había engañado a su novia con un hombre mayor? ¡Y él no era impotente, por dios! Era como si una maldición hubiera caído de pronto sobre su cabeza, llenándolo de mala fortuna.

—El talismán… —murmuró, con ambos pedazos de madera en la mano—. ¡Es el talismán roto!

Con prisa, corrió hasta su escritorio en busca de cola fría.

—¡Por favor, pégatepégatepégate!

El celular de la morena comenzó a sonar en el escritorio de la susodicha, sacándolo de su labor. Todavía no podía procesar todo lo que había dicho Rin, le resultaba increíble pensar que ella estuviera enamorada de él, con todo lo que había pasado con su exnovio.

—¿Aló? —contestó incómodo—. Este es el celular de Nohara, pero se lo ha olvidado en la oficina.

—¿Señor Nohara? —dijo la mujer al otro lado—. ¡Qué gusto oír su voz, Rin nos ha hablado mucho sobre usted!

—¿Con quién hablo…?

—Ah, soy Kagome Higurashi… —se presentó la azabache—, ¿puede decirle a Rin que la estamos esperando en casa?

—Pero ella no está aquí, se marchó muy enfadada.

—¿Ella enojada con usted? Es imposible.

Silencio. Algo andaba mal, Rin tenía problemas.

—¿Puede usted acercar el celular hasta mi casa? Quizás puedan solucionar sus asuntos aquí.

El moreno lo dudó un momento, pero finalmente accedió:

—¿Cuál es su dirección?

—El señor Nohara viene para acá —comentó Kagome, emocionada—. ¡Al fin lo conoceremos!

—¿Qué, por qué? —se sorprendió Sango—. No estoy vestida para conocer a nadie…

Sesshomaru les dio un vaso de agua a cada una y se sentó en el sofá contiguo, a escuchar la divertida charla que mantenían esas dos.

—¿Y Rin? —preguntó, despreocupado—. Pensé que también vendría con ustedes.

Kagome se bebió el vaso de un solo trago.

—Debe venir en camino, algo malo sucedió con el Señor Nohara y necesitará muchos hombros para llorar.

En ese momento, la morena hizo uso de la llave para emergencia y entró a la casa de Kagome sin golpear la puerta. Sesshomaru saltó de su sillón para darle espacio y se sentó junto a Sango. Ninguno de los tres quería estar cerca de la avalancha de lágrimas que venía a continuación.

—Chicos… creo que moriré virgen.

Kagome y Sango se miraron automáticamente.

—Digo… —continuó la morena—, ¿por qué mi vida es así? Debí ser Hitler en mi vida pasada o algo por el estilo…

—¿Por qué está así otra vez? —le preguntó Sessho a la castaña, a escondidas.

Sango alzó los hombros.

—No lo sé, solo escucha…

Los tres la observaron seriamente, sin decir nada.

—Impotente… —sentenció Rin—. ¡Impotente!

—¿Quién… tú? —Volvió a preguntar el peliplata.

—No, ella es frígida. Solo los hombres son impotentes —aclaró Sango.

—Ah…, entonces ¿quién?

—El señor Nohara.

Kagome se atragantó con el maní.

—¿Qué…? ¿El señor Nohara es impotente?

—Sí, y justo cuando comenzaba a enamorarme de él —se lamentó la morena—. Hacemos casi todo juntos y yo…

—Pero… —interrumpió Sango—. Si tú eres frígida, y él es impotente… ¿no hacen una pareja perfecta? Así no es necesario que tengan sexo y ninguno de los dos sufre por su problema.

—Es cierto —se sumó Kagome—. Existen parejas asexuadas que son felices sin el contacto físico con el otro.

—Es una broma, ¿verdad? —se indignó Sesshomaru—. Ninguna pareja puede vivir sin, al menos, acariciar al otro. Ambas enfermedades tienen cura, no sean melodramáticas.

Rin suspiró, aún más consternada.

—Eso no es lo peor… —anticipó—. Además de impotente, él es gay.

—¿Gay?

—¿Gay?

—¿Gay?

—Sí, gay.

Kagome y Sango enfocaron sus ojos en Sesshomaru.

—Debes irte —ordenó Sango—. No puede verte.

—¿Por qué me están echando? No soy gay.

—Esperen… —las detuvo la morena—. Quizás Sessho pueda probarlo. Lo invitamos al cine y hacemos una prueba…

—¿Qué? —Sango alzó una ceja, esperando que esa idea fuese una broma.

—¡¿Por qué?! —exclamó Kagome—. ¡Sesshomaru no es gay!

—¡Por favor! Solo di algo sugerente o algo así… solo debemos ver su reacción.

—No me parece tan descabellado —acotó la azabache, solo para molestar al peliplata.

—No, me niego.

—Se trata de la vida de Rin, no puedes negarte —insistió Sango.

—Además ya dormiste con Inuyasha…

Rin y Sango voltearon a ver al ambarino, sorprendidas.

—¿Qué?

—¿Cuándo?

—La otra vez —relató Kagome, muerta de risa—. Incluso durmieron abrazados…

El peliplata se cubrió el rostro.

—¿Y…? —rio Sango—. ¿Estuvo bien?

—No.

—¿Te gustó? —se burló Kagome.

—Fue asqueroso.

Gracias a Dios, el sonido del timbre las interrumpió. El sujeto en cuestión había llegado a devolver el celular de Rin, aunque en el peor momento posible.

—¿Quién es? —preguntó la morena, inocentemente—. ¿Invitaron a alguien más?

—Ah, es el señor Nohara —resolvió Kagome.

—¡¿QUÉEEE?! —chilló Rin, escondiéndose tras el sofá—. ¡¿Por qué está aquí?! ¡¿En qué momento idearon este plan maquiavélico?!

—No lo sé, no sabíamos que era tan gay… —se levantó Kagome, para abrir la puerta.

Kohaku entró a la sala con el maletín en una mano y el celular perdido en otra. Estaba nervioso, muy nervioso. La presencia de Sango, "la perra" más famosa del país tampoco ayudó mucho, ya que nunca había estado en presencia de una celebridad. Había visto a Rin en la revista junto a sus amigas, pero no creyó que las conocería algún día.

Sesshomaru se levantó mecánicamente y tomó a las chicas del brazo.

—Por favor póngase cómodo, nosotros estaremos en la otra sala.

Kagome y Sango lo siguieron fingiendo normalidad, aunque en realidad estaban ansiosas por escuchar qué pasaría con ellos.

Con cuidado, se posicionaron tras la puerta corredera de papel que separaba ambas salas y pusieron oídos (los tres, porque Sesshomaru también quería escuchar).

—Rin… —llamó su atención el chico—. Yuri me contó todo… no es verdad.

La muchacha lo ignoró.

—¡Es un malentendido! —insistió Kohaku—. Mi antigua novia estaba muy enojada conmigo porque me transfirieron acá y terminó conmigo. Como venganza, esparció una serie de rumores sobre mí que acabaron llegando a tus oídos.

—No lo sé, parece como si quisiera limpiar su nombre.

—No, es verdad… —se complicó el chico—. Yo… soy un hombre saludable, no soy impotente ni nada por el estilo.

Rin volteó en seguida.

—¿De verdad?

—¡De verdad! Nunca he tenido problemas en mi vida…

—Pero eres gay… —Volvió a lamentar la morena—. Te gustan los hombres maduros…

—No, dios… eso también es mentira.

—¿De verdad?

—De verdad…

—¿Nada de gay? ¿Ni siquiera bisexual?

—No, me gustan las mujeres, me gustas tú…

La muchacha se levantó de golpe y se sentó junto a él, con el corazón en la mano.

—¿Estás seguro?

—Sí, absolutamente seguro.

Entonces, lo miró fijamente en busca de sinceridad y, cuando le pareció que decía la verdad, se levantó de golpe y fue en busca de sus amigas.

—¡NO ES GAY! —gritó a todos los vientos—. ¿Oyeron, verdad? ¡No es gay!

—¡Sí, nada de gay! —parafraseó Sango, incómoda.

—Felicidades por tu… heterosexualidad —dijo Kagome, nerviosa—. Por Dios, qué dije… —susurró para sí misma, avergonzada.

—¡Entren! Los presentaré a todos… —sonrió la morena, extasiada, y jaló a Kagome con fuerza—. Esta es Kagome Higurashi, es compositora; esta es Sango, dicen que es una perra, pero no lo es tanto; y este es Sesshomaru, el exnovio de Kagome que vive con ella… no preguntes por qué, es una teleserie.

—Hola… —rio incómodo el muchacho—. Hola a todos…

V

—Faltan tres días —suspiró la azabache, mientras se aplicaba crema humectante en el rostro—. Es demasiado poco tiempo…

Efectivamente, si se ponía a pensar en todos los tratamientos exfoliantes, rejuvenecedores y reafirmantes que necesitaba antes de hacer el amor con Inuyasha Takahashi, un hombre más joven y súper-bien-parecido, la lista amenazaba con no acabar.

Era verdad que se acercaba a pasos agigantados a su cuarta década, pero también era cierto que estaba en buena forma y que nunca había tenido problemas con su cuerpo. Sin embargo, la falta de sexo reciente y el pobre repertorio de hombres con los que había llegado a la intimidad, la obligaban a dudar de sus talentos de show-woman.

La idea no era hacer una performance exagerada y bailar pole-dance, pero tampoco quería demostrar su inexperiencia. En su vida, había hecho el amor solo con un hombre y, aunque lo había probado casi todo, sabía que con Inuyasha todo iba a ser diferente. Sus expectativas eran altas: él era dulce y amable, seguro esas cualidades se extrapolarían en la cama. La curiosidad se estaba haciendo insostenible: ¿Cómo combinaría su personalidad dócil y cariñosa con el sexo? ¿Se dejaría llevar por el momento o seguiría un plan? ¿Cómo era su rostro dominado por la pasión? ¿Quién llevaría la iniciativa, ella o él?

—«¿Dónde estás?» —Llegó un mensaje a su celular.

—«En la tienda de lencería ¿y tú?» —respondió de broma. La verdad es que estaba echada en su cama con una mascarilla para limpiar los granos—. «¿Qué tipo de prenda te gustaría que usara ese día?» —volvió a escribir en el chat.

—«Negra y con portaligas» —tecleó el chico, a secas.

Kagome tragó saliva. Inuyasha iba en serio.

Como un alma que se lleva el diablo, saltó de su cama, refregó su cara en una toalla y salió al centro comercial en busca de un atuendo acorde para la ocasión.

Esa pequeña frase había aclarado todas sus dudas: Inuyasha era un hombre apasionado que no tenía pudores a la hora de tomar a una mujer. Eso, sin duda, la excitó de sobremanera.

—«¿Qué estás haciendo tú?» —mensajeó, ansiosa.

—«Hago abdominales»

—«Para qué? Jajaja»

—«Quiero estar en forma para ese día»

¡Dios! ¿Por qué no se podía tele-transportar en el tiempo y aterrizar la tarde del sábado?

El día jueves, ella e Inuyasha tuvieron una reunión secreta en la mesa más apartada del café y discutieron los detalles de esa primera y esperada noche juntos. Con la interrupción de la vez anterior —el incendio—, ambos decidieron que no existiría eventualidad capaz de obligarlos a posponer el encuentro y que todo sería perfecto, romántico e inolvidable.

Y, a pesar de que el fin de semana tardó una eternidad en llegar, el sábado transcurrió tan velozmente que Kagome apenas alcanzó a percatarse de que el momento había llegado. Velas aromáticas repartidas por todo el departamento y alumbrando tenuemente el contorno de los cuerpos; música capaz de cautivar el corazón de los más incautos y un vino dulce con matices de seducción: todo estaba listo para el amor.

Una sonrisa abrió las puertas de la locura y una caricia encendió cada partícula de piel entre los dos. Los besos no se hicieron esperar, se propagaron como hiel caliente y anularon cada una de las barreras.

La primera vez había comenzado.

VI

Sesshomaru dobló cada una de las prendas de su compañera de piso y las dejó sobre su cama. Esa semana había sido una locura, casi no había tenido tiempo de verla; ella andaba de acá para allá comprando cosas y saltando emocionada sin ninguna razón aparente. Gracias al cielo, no había mencionado a Inuyasha ni una sola vez, lo cual indicaba que ya no estaba tan entusiasmada con él como al principio.

Lo más probable era que lo dejara pronto, como a todos los demás chicos, y que regresara a él como lo había hecho tantas otras veces. Muy a su pesar, esperaba en secreto que eso sucediera, aunque sabía que si sus predicciones se hacían realidad, estaría otra vez en una situación difícil, intentando alejarla pero queriendo acercarse con todas sus fuerzas.

Su historia con Kagome era tan complicada que… De pronto, su corazón dio un vuelco de 360 grados. El calendario, aquel que usaba para marcar fechas importantes y planificar sus entregas, relucía un exagerado corazón rojo en el día veintiuno.

—Hoy es veintiuno… —susurró atribulado, sabiendo lo que ese corazón significaba—, y ella aún no ha llegado…

VII

Quitarse el brassier, arrancarse los pantalones y bajar sus bragas. Había tantas cosas que hacer… tantas opciones y ella sin fuerzas para decidir. No sabía lo que su cuerpo quería, no sabía si quería aquellos labios calientes sobre los suyos o en el cuello, o en la espalda, o en el vientre; solo sabía que los necesitaba. Estaba hambrienta de caricias, de besos inundados de placer y del peso de su humanidad, sofocando cada músculo y volviéndolo energía.

Inuyasha Takahashi era fuego bajo la palma de su mano: apasionado, ardiente y frenético. El deseo que plasmaba con cada contacto la encendía y la obligaba a rogar por más. Quería sentirse desnuda ante él y desnudarlo también. Coger su ropa violentamente y arrojarla lejos, despojarlo de cada trozo de tela que lo separaba de ella. Quería devorarlo con la misma fuerza con que él lo hacía y perderse en la lucha erótica y sin sentido por el poder.

Mientras él masajeaba sus senos con fiereza le quitó el cinturón y desabrochó sus pantalones, incitándolo. Remover aquella prenda era su fetiche favorito. Él, en respuesta, cogió su trasero y la meció sobre su entrepierna, la despojó de las prendas que quedaban y la arrojó sobre la cama.

—¿Quieres jugar conmigo? —le preguntó en una sonrisa malvada, mientras terminaba de desvestirse.

La visión de ese hombre desnudo frente a ella la dejó sin aliento: hombros y brazos poderosos, abdomen perfecto, piernas musculosas y una erección dura y grande para comenzar. No, no era justo tener a semejante hombre después de meses sin follar. Las ansias la traicionaban, no había tiempo para hacerlo romántico, suave y hermoso. Lo quería encima, adentro, y sujetando sus caderas con fuerza. Lo había deseado tanto tiempo que no podía esperar más.

—Juega conmigo —jadeó—. Haz que nunca olvide este momento.

Él rio para sus adentros, y humedeció sus dedos para llevarlos a su entrepierna. La suavidad de sus pliegues y el calor que emanaban amenazaron con volverlo una bestia. La necesidad de hundirse en esa pequeña y tierna cavidad se hizo impostergable, pero resistió. Dibujó círculos sobre su clítoris, resistió. Metió dos dedos hasta el fondo, resistió. Besó la extensión completa de sus labios, resistió.

Los gemidos superaron el sonido de la música, las sábanas se salieron del colchón y las velas comenzaron a apagarse. La oscuridad salió de los ojos de Kagome en forma de súplica y no tuvo más ganas de contenerse.

—¡Hazlo ya!

Y la penetración le arrancó el aliento.

VIII

—Kagura, hay un gato afuera… —murmuró con las manos unidas bajo el mentón, mientras se mecía y otra vez en el sofá, sin poder concentrarse.

La chica sacó su cabeza de la computadora y lo miró extrañada.

—¿Un gato? No oigo nada…

—Yo sí, ¿puedes ir a ver?

Meooww[*] —maulló Kagome, en sus recuerdos, aquella mañana—. Meooow…

Y él fingió no escucharla, fingió que dormía y que no la escuchaba.

Meooow —insistió ella en su regazo—. Miuuuuu….

Y él río. La abrazó fuertemente y escondió el rostro en su cuello, aspirando su aroma.

Miauuu —maulló el gato en su cabeza. Era Kagome, cuando todavía eran felices ella y él.

—No hay ningún gato —protestó Kagura, sentándose de nuevo—. Y no creas que no lo busqué, ¿eh?

La confirmación de que aquello había sido solo su imaginación le reveló una verdad siniestra: se engañaba cuando pensaba que nunca perdería a Kagome, porque ya la estaba perdiendo… y ese dolor podía matarlo.

—No puedo creer que no hayas escuchado nada… —protestó frustrado—. Yo lo oí perfectamente.

Kagura quedó impávida ante su actitud, él estaba actuando demasiado raro… algo estaba sucediendo.

—¿Quieres que llame a Kagome? ¿Estás preocupado por ella, verdad?

—No, no la llames —se levantó y dio vueltas por toda la sala.

Definitivamente, Sesshomaru Taisho no estaba bien.

—Hey, ¿quieres salir un rato a despejarte? Podemos ir en bicicleta —apuntó el aparato que, semanas atrás, la azabache le había obsequiado, y que no había tenido tiempo de estrenar.

El peliplata se lo pensó varias veces, pero finalmente decidió aceptar. Necesitaba ocupar su cabeza en otra cosa, salir y sentir el aire helado en sus pulmones. No obstante, el paseo de madrugada fue todo un fracaso.

Luego de mucho andar y de nada hablar, Sesshomaru se bajó de la bici y se sentó en una de las bancas del parque, ofuscado, silencioso.

Su aspecto demacrado y la tristeza de sus ojos le indicaron a la muchacha que el problema que padecía tenía solo un nombre y un apellido: Kagome Higurashi. Completamente solos bajo el frío del otoño y la débil luz de los faroles, Kagura decidió preguntar:

—¿No sería mejor que fueras a buscarla, en lugar de comportarte así?

Él miró al cielo durante largo rato y, luego de una carcajada falsa, respondió:

—Kagura… ¿por qué te gusto?

—Me gustaste porque pensé que eras un hombre maduro e inteligente… —admitió la chica, cabizbaja—, pero ahora que te has vuelto débil me gustas todavía más.

—¿Qué tiene de bueno un hombre débil?

—No lo sé, el amor no tiene una razón de ser.

—Si hubiera mostrado mi debilidad antes, ¿hubiera sido correspondido?

—Tal vez…

—No lo lamento —aseguró, mirándola a los ojos—, y sé que no lo lamentaré en el futuro. He aprendido a no lamentar las decisiones que tomo.

—No puedo creerte… —dijo la chica—. Y no creo que tú lo creas…

IX

Cuando él estuvo dentro, la certeza de que era mujer de otro hombre se hizo poderosa. Inuyasha era todo lo que había esperado y más: era fuego puro esperando por hundirse entre sus pliegues y un amante vigoroso. Sus caderas danzaban rápidamente, llevándola en ascenso hasta el Olimpo. La unión de sus cuerpos era mucho más que un contacto íntimo entre ambos, era voluntad, pasión. Amor, era eso. No podía ser otra cosa.

Gimió varias veces y luego dejó de reprimirse. Lo miró a los ojos: dorados… tiernos y salvajes a la vez. ¿Cómo podía esconder semejante pasión en esa mirada noble y sin malicia? Se lo preguntó varias veces, pero luego simplemente lo dejó. Sus pensamientos tardaron poco en deshilacharse, la razón la abandonó en cada envestida. El sonido se las caderas chocando con vehemencia y de sus sexos encajando con vigor enardeció sus oídos.

Ya no podía hablar, ni pensar, ni sentir… el momento del climax estaba próximo.

—¡Inuyasha…! —gimió intensamente—. ¡Inuyasha, Inuyasha!

Y, como un torrente que se desborda de su cauce, el orgasmo se hizo evidente. Primero asfixiante y luego tan intenso que aletargó sus músculos y sus sentidos lentamente en una sensación adictiva.

Un suspiro y una sonrisa, una mirada y un abrazo.

¿Qué era eso sino amor?

CONTINUARÁ…


¡Hola de nuevo! Espero que les haya gustado el capi, a mí me gustó mucho. Aprovecho también de recordarles el motivo por el cual decidí adaptar este dorama, porque veo que muchas se enfadan y odian a Sesshomaru y creen que la historia no avanza. La verdad es que los personajes en este fanfic (y serie) son imperfectos, y la relación no es idealizada... no es un "te amo, me amas... seamos felices para siempre". Aquí hay motivos, sensaciones, sentimientos que se salen de las manos y que guían nuestra vida, aunque no queramos. En mi familia tenemos una pensión, y he vivido muchos años con toda clase de personas: ricas, pobres, educadas, ignorantes, chilenas, extrangeras, de todo, y he descubierto que en la imperfección hay belleza. La gente es muy imperfecta y el 100% de las veces no sabe qué hacer con su vida, con su pareja y con sus sentimientos. No es algo sencillo, y créanme que Kagome no la tendrá nada de fácil cuando tenga que decidir con quien quedarse, sobretodo porque ya se metió hasta las patas con Inuyasha. El fic es largo, hay demasiadas escenas lindas, dolorosas, intensas y felices, mucho material para tomar parte por uno u otro. Tanto Inuyasha como Sesshomaru tienen belleza. Esta fue la primera historia que dividió completamente mi corazón en dos; siempre uno tiene una preferencia clara desde el principio: algunas Inuyasha y algunas Sesshomaru. Yo pensaba que me casaba con el personaje de Sesshomaru cuando comencé a ver, pero cuando el dorama avanzó, me di cuenta de que Inuyasha se había ganado mi corazón al mismo nivel... espero lograr ese efecto sin prejuicios Inuyasha/Sesshomaru, por eso las invito a ver más allá de nuestros personajes queridos de la serie y mirar las escenas otra vez. :) Si se ponen en los pies de Kagome, probablemente también la verán difícil, sobretodo en los siguientes capítulos, jujuju. Espero respondan este graan comentario filosófico, jaja, las espero.

Un besito grande a todas y nos leemos en el próximo capítulo!


[*]Para las que no se acuerdan de la escena de los maullidos, en el capítulo 6 (3era. escena), las invito a revisarla. Esta escena se contextualiza cuando Sesshomaru y Kagome vuelven a dormir juntos después de los tres años que estuvieron separados, al principio del fic, y Kagome, que suele despertarlo con maullidos por las mañanas, imagina que él hace lo mismo, cuando en realidad solo está durmiendo a su lado.


Publicación: 08/05/2015

Corrección: en bruto


Les recuerdo que si quieren leer más obras mías, pueden visitarme en claudia gazziero punto com