Disclaimer: La última vez que lo consulté, KH Reborn seguía siendo propiedad de Akira Amano... pero en algún momento secuestraré a Gokudera, a Hibari, a Mukuro y a una larga lista más.

Pairing: R27, 1859

Notas de Yunnie: Os dejo otro capi. Mi idea es subir uno cada semana, en principio intentaré que sea los viernes. Sí, esta semana llego un poco tarde, no se lo digáis a nadie hahaha.

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Capítulo 03

Tsuna estaba sentado en su despacho, estudiando un informe sobre los daños colaterales que se habían producido peleando con una banda rival y tratando de encontrar una manera de reducirlos. Como de costumbre, Hayato estaba sentado frente a él, con las gafas puestas y absorto en su propio trabajo. A veces se preguntaba para que se había molestado en hacerle una oficina junto a la suya, porque sabía de sobras que apenas la iba a pisar. Allí le tenía, trabajando en algo que Tsuna ni si quiera entendía, sin que se le hubiera pasado si quiera por la cabeza irse a su despacho, donde tenía más espacio y todo su papeleo y cálculos. Aunque el peliplateado no era lo que le estaba distrayendo una y otra vez.

-Reborn, estate quieto, por favor- pidió al hitman, que estaba paseando inquieto de un lado a otro.

-Maldita sea, Tsuna... ¿de verdad no vas a decirme quien es el padre?- gruñó molesto.

Y ahí estaba otra vez. Hacía una semana que Shamal le había dado la increíble noticia de que estaba... embarazado (y no, aún no se acostumbraba a que las palabras hombre y embarazo fueran en la misma frase) y desde entonces no había parado de insistir con el maldito tema.

-Ya te he dicho que no hay nada que hablar- replicó Tsuna secamente.

-Mañana has convocado una reunión con todos para comunicarles tu estado. ¿Qué vas a decirles, que no sabes de quién es tu bebé?- cuestionó, ceñudo.

Gokudera giró una página y siguió anotando cosas como si nada. Si estaba escuchando sus gritos, no daba muestra alguna de ello. En esos momentos, Tsuna envidiaba más que nunca su capacidad de concentración.

-Si es lo que tengo que decir, lo diré- replicó.

Reborn dio un airado golpe sobre la mesa, y eso por fin consiguió que Hayato levantara la vista de los papeles, enarcando una ceja con desagrado porque se le había movido el boli al escribir.

-¿Tú sabes quién es el padre de tu crío?- le preguntó secamente Reborn.

-Claro que lo sé- replicó hastiado Hayato, y el hecho de que volviera a concentrarse en los papeles dejó muy claro que no pensaba decir nada más.

-Claro que lo sabe- repitió Reborn con sarcasmo-. Porque no es una maldita puta que ni siquiera sabe con quién se acuesta- le espetó a Tsuna, con un cabreo monumental que ni siquiera él mismo acertaba a entender.

Tsuna se puso de pie al instante, con el corazón latiendo tan rápido de la rabia que lo notaba retumbar en todos los órganos. Esas palabras le habían hecho tanto daño que al primer momento no acertó a reaccionar, simplemente mirando al hitman sin verle en realidad. No tenía derecho, no tenía ningún derecho a tratarle así. Cuando por fin consiguió moverse, entrecerró los ojos y, tras fulminar a Reborn con la mirada, se encaminó hacia la puerta. Tenía que salir de allí. Tenía que salir porque en esos momentos estaba tan enfadado que podían acabar haciéndose mucho daño como a cualquiera de ellos se le ocurriera decir algo más. Con un sonoro portazo, se largó de la habitación.

-Eres un grandísimo capullo- sentenció Hayato, mirando fijamente al moreno. Luego se puso en pie y siguió al Décimo, dejando a Reborn a solas con su mal humor.

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Tsuna avanzó por el descuidado camino con una leve sensación de nervios en la boca del estómago. Siempre le pasaba cuando se adentraba en el territorio de sus dos guardianes más problemáticos, Hibari y Mukuro. Aunque supiera de sobras que contaba con la lealtad de ambos y sus amenazas se quedaran en meras palabras, el aura que envolvía a los dos era tan espeluznante que su aguda intuición no podía pasarla por alto.

Así que avanzaba con paso lento hacia la base de Mukuro. Aunque su guardián de la niebla pasaba bastante tiempo en la base general, había preferido mantener un espacio personal, por lo que vivía con su equipo en el lugar donde le conoció por primera vez. Por fuera, parecía una zona abandonada y decadente, por dentro contaba con todas las comodidades que uno pudiera imaginar. Chikusa salió a recibirle justo cuando llegaba a la puerta de entrada y le acompañó hasta donde se encontraba Mukuro. Estaba sentado en la mesa del comedor, con Fran delante de él. Tenía a su más joven pupilo copiando varias veces "no volveré a llamar cabeza de piña al maestro" bajo su atenta supervisión. Mukuro le dio un sorbo a su té antes de despedir a Chikusa e indicarle a Tsuna que tomara asiento.

-Algo grande debe haber pasado si te atreves a venir solo por aquí- aventuró Mukuro, intentando molestarle.

Tsuna se limitó a asentir con la cabeza, mientras le miraba con gravedad. Le había estado dando muchas vueltas al tema y al final había decidido que por ahora aquello era lo mejor que podía hacer.

-Necesito que seas el padre mi hijo, Mukuro- soltó sin más.

Mukuro, que acababa de llevarse la taza a los labios, se llevó tal susto ante esas palabras que soltó el líquido que tenía en la boca de la impresión, como si se tratara de un aspersor de riego. El pobre Fran, que estaba sentado justo delante, acabó con el rostro y la ropa rociados de té.

-Mukuro-sensei, ya me he duchado esta mañana, gracias- ironizó con voz apática. Hizo aparecer un pañuelo y empezó a secarse con tranquilidad.

El guardián de la nube carraspeó, intentado recobrar la compostura, y miró a Tsuna como si se hubiera dado un golpe en la cabeza.

-Por si no te has dado cuenta, Tsuna-kun, eres un hombre- señaló.

-¿Oh, en serio? Pues haberlo pensado antes de hacer inventos raros conmigo- gruñó. Evidentemente, el ilusionista le miraba sin comprender una palabra-. Hah... ni siquiera sé por dónde empezar- se quejó. Tomó aire en profundidad y pasó a relatarle todo lo que había pasado-. Y ahora Reborn está muy cabreado porque "alguien ha mancillado al décimo Vongola mientras estaba a mi cargo"- citó esa frase que el hitman no paraba de repetir-. Y por eso necesito que crea que el padre eres tú. A ti no te podrá matar. Posiblemente...

En honor a la verdad, Tsuna tenía que reconocer que Mukuro había intentado aguantar la risa hasta que llegó al final de su explicación. Para cuando terminó, le fue imposible contener las carcajadas y estalló sin más.

-Lo siento, Tsuna- se disculpó, secándose las lágrimas-. Ya me imagino que no te hace ninguna gracia- intentó sin demasiado éxito componer una expresión seria, pero le asaltó un nuevo ataque de risa.

El castaño aguardó con paciencia hasta que Mukuro consiguió contenerse, y por fin le miró con la seriedad que requería el asunto. Pareció pensarlo durante un rato antes de contestar.

-No voy a mentir en algo tan importante- decidió.

Tsuna resopló. Menudo momento para escoger ser honorable, joder. Si las cosas hubieran sido de otra manera, habría recurrido a Hayato. Él no le negaría nada y sabía que Reborn no se atrevería a hacerle daño sabiendo lo importante que era para él. Pero tal y como estaba la cosa era evidente que no iba a colar. A Ryohei lo molería a palos en un abrir y cerrad de ojos, Yamamoto al parecer tenía novia, Hibari estaba descartado, tanto por razones obvias como porque no quería morir al preguntarlo, y Lambo era demasiado joven todavía como para plantearse la posibilidad. Y ni se le ocurriría implicar a alguien que no fuera de la familia, así que Mukuro era su única opción.

-¿Sabes? En el fondo esto es culpa tuya, deberías responsabilizarte en algo, ¿no te parece?- insistió con aire totalmente derrotado.

El ilusionista pareció pensárselo. Fue la desesperación de Tsuna, más que sus palabras en sí, lo que le hizo acceder.

-Está bien... mientras no tenga que mentir directamente, tampoco sacaré a nadie de su error- accedió, apiadándose de él-. Aunque sería más fácil contarle la verdad a Reborn, ¿no te parece?- inquirió. Tsuna negó con la cabeza de manera insistente, con la mirada desorbitada- ¿En serio vas a ocultarle que va a ser padre?

Esta vez, Tsuna le dirigió una mirada de puro horror.

-¿Cómo lo has sabido?- lloriqueó.

-Le vi sacarte de la fiesta borracho como una cuba y en actitud de lo más íntima- dijo con un despreocupado encogimiento de hombros-. Tranquilo, iba todo el mundo tan bebido que dudo que alguien más se diera cuenta. Tu secreto está a salvo conmigo, jefe- se burló, con una sonrisa tan espeluznante que no cuadraba para nada con sus palabras.

-¿Podrías matarme ahora y acabar con mi sufrimiento?- propuso un derrotado Tsuna.

-No seas melodramático, Tsuna... eso arruinaría toda la diversión- replicó Mukuro, con un centelleo maquiavélico en sus ojos desiguales.

-Vale, superaremos esto... No pasa nada, nosotros podemos con ello- murmuró el castaño, más intentando convencerse a sí mismo que porque tuviera intención de contestar al ilusionista.

-¿Nosotros?- repitió Mukuro. De pronto cayó en la cuenta de algo. Tsuna no era al único al que había transformado temporalmente en mujer con su ilusión-. No me digas que también he embarazado a Hayato- indagó, aparentemente divertido.

La mirada funesta de Tsuna fue una respuesta de lo más clara, que consiguió que Mukuro volviera a partirse de la risa sin ninguna clase de disimulo esta vez.

-Claramente escogí el mejor día para esa ilusión... la noche del alcohol y el descontrol- consiguió decir entre carcajada y carcajada-. Ay... no puedo imaginar a Hibari siendo padre... creo que me voy a morir de la risa.

Tsuna se puso pálido al escuchar sus palabras.

-¿También les viste?- inquirió preocupado. ¿Es que Mukuro no podría simplemente haber bebido como todos y vivir en la bendita ignorancia?

-No, pero... ¿quién más va a ser?- respondió con otra pregunta. La relación entre ellos había sido anormal desde el principio, pero indiscutiblemente íntima y cercana… a la manera disfuncional de esos dos.

-Yo al principio pensé en Yamamoto- confesó Tsuna.

-Takeshi-senpai tiene novia- dijo Fran, abriendo la boca por primera vez durante toda la conversación.

-¿Por qué todo el mundo lo sabe menos yo?- cuestionó el castaño.

-Porque eres un jefe inútil- fue la aportación del más joven antes de volver a su castigo.

Estaba claro que Mukuro le había entrenado bien, esa maldita rana era capaz de sacar a cualquiera de sus casillas. Pero tenía cosas más importantes de las que ocuparse.

-No puedes decir una palabra sobre Hayato- advirtió Tsuna.

-Ya te he dicho que no me voy a meter en temas tan serios- le tranquilizó su guardián de la niebla.

-Ya... pues que sean tan serios no te impide reírte de la situación- se quejó indignado.

-Ponte en mi lugar, Tsuna, ¿qué harías tú?- le dedicó una sonrisa ladeada, que no ocultaba para nada lo que estaba disfrutando.

-Arrepentirme de las consecuencias de mis actos- replicó el castaño.

-No creo que arrepentirse esté en el vocabulario de Mukuro-senpai. Es demasiado arrogante para eso- apuntilló Fran, sin dejar de copiar.

-Cuida tus palabras, rana estúpida- amenazó Mukuro, y por si sus palabras no eran advertencia suficiente atravesó a Fran con su tridente.

Fran se desclavó el arma del hombro y se la devolvió a su maestro, sin mostrar más preocupación. Tsuna exhaló con pesadez y se puso en pie, dispuesto a volver antes de que se hiciera demasiado tarde y a Hayato le diera un ataque de preocupación.

-Gracias por ayudarme, supongo...- le dijo a Mukuro a modo de despedida. Con él nunca se sabía si iba realmente a ser una ayuda… o más bien a desayudar.

-Oh, gracias a ti, Tsuna... voy a estarme riéndome de esto durante años- aseguró con una sonrisa retorcida.

Por si acaso le quedaba alguna duda acerca de sus palabras, las risas de su guardián de la niebla todavía resonaban por toda la casa cuando salió de allí.

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Hibari utilizó los túneles subterráneos para acceder a la base. Le gustaba acercarse a aquellas horas porque raramente tenía que cruzarse con alguien. Además, aprovechaba la vuelta hasta su casa para patrullar las calles y asegurarse de que todo estaba en orden en la noche de la ciudad. En un primer momento pensó en encaminarse al despacho de Gokudera, pero en seguida se dio cuenta de que era absurdo dejar su informe allí. Podían transcurrir días antes de que se dignara a pisar su propia oficina, por lo que cuando salió del ascensor se dirigió directo a la oficina de Tsuna. Vio la luz filtrarse por debajo de la puerta y antes de entrar ya supuso a quién encontraría allí. En épocas de calma, era el único que trabajaba hasta altas horas de la madrugada.

Efectivamente, al abrir, se encontró con Hayato. Estaba sentado de espaldas, llevaba el pelo recogido y agitaba con cierto fastidio el bolígrafo que sostenía entre los dedos. Parecía que algo no salía como esperaba.

-Son más de las dos de la madrugada- fue el único saludo que se molestó en dar Hibari.

En un primer momento le pareció que Gokudera se había tensado al escuchar su voz, pero fue algo tan rápido que se dijo que lo había imaginado. Se acercó hasta la mesa y le entregó el informe de su última investigación. Hayato solía hacer un estudio preliminar y pasárselo luego a Tsuna con los puntos clave subrayados. El peliplateado le cogió los papeles y los dejó a un lado sin apenas prestarles atención.

-Les dije a Shoichi y Spanner que mañana les tendría esto preparado para que puedan empezar las pruebas, así que tengo que acabarlo- reprimió un bostezo y sacudió la cabeza para despejarse-. Estoy calculando como reducir el consumo de llamas con los Vongola gear- explicó, mostrándole una página llena de complicados cálculos y esquemas.

-Hoh, como si me interesara algo así... Recuerda que mañana tenemos reunión a primera hora, no te quedes mucho rato más- dijo secamente antes de salir.

Por pura costumbre, Hibari decidió hacer una ronda por todo el edificio antes de marcharse. Todo se veía en orden y los vigilantes estaban correctamente en sus puestos. Sólo había tenido que golpear a uno que estaba distraído con su teléfono móvil en vez de atender como era debido a la seguridad. El brazo roto le recordaría que no era buena idea distraerse durante el trabajo. Iba a marcharse, pero se le apareció en la cabeza la imagen de Hayato dormido sobre el escritorio. Era demasiado tozudo para admitir que estaba cansado. Lo sabía desde que habían estado en el futuro y le había visto devanándose los sesos mejorando el sistema C.A.I. para la pelea de "elección". Lo había confirmado cuando ayudó a planear las estrategias de defensa hasta las tantas de la madrugada, sin preocuparse por su propio descanso. Más de una mañana se lo había encontrado en el comedor, rendido sobre sus papeles en cualquier clase de incómoda posición. Resopló y volvió al despacho de Tsuna.

-Debería dejarte aquí...- murmuró para sí mismo cuando le encontró desplomado sobre el escritorio y perdido en el séptimo sueño.

Aunque como de costumbre, acabó por ayudarle. Le sacudió del hombro pero la única respuesta que obtuvo fue un incompresible "mgfphg" antes de que Hayato se diera media vuelta y siguiera tan dormido como instantes antes.

-Tsk...

Le pasó un brazo por el hombro y lo llevó al piso de arriba, donde estaban sus habitaciones, con un Hayato más dormido que despierto. Maldito herbívoro, no sabía cómo se las arreglaba pero siempre le tocaba cargar con él. Le cogió el llavero del bolsillo y lo metió en la cama. Estaba a punto de irse cuando le escuchó murmurar algo.

-¿No vas a quedarte a dormir aconmigo, Kyoya?- preguntó un adormecido Hayato.

Hibari le miró con sorpresa antes de dejar escapar una risita suave.

-Sólo a ti se te ocurriría preguntarme eso así… Debería morderte hasta la muerte.

Le tapó negando con la cabeza. Gokudera estaba tan dormido que ni sabía lo que decía. No le apetecía despertarse con sus gritos así que apagó la luz y, todavía con la sonrisa danzando en los labios, salió de allí.