Homeoffice fallido.


CHICKEN TERIYAKI

por Syb

Capítulo II: Pasado, primera parte.


Daisuke estaba sacando las sábanas del sofá cuando Mimi entró a la sala de estar con dos tazas de café entre manos. Motomiya le había dicho que no tomaba café tan temprano en la mañana apenas llegó a vivir con ella, pero lentamente había empezado a agradarle el sabor amargo y ácido del café de grano. Mimi solo tomaba café por estética, porque nunca despertaba ni muy temprano ni muy tarde, y a Daisuke le tomaría un par meses más para darse cuenta de ello.

—¿Cuáles son tus planes hoy? —preguntó Mimi con la taza en los labios.

—Buscaré una carreta —le respondió con más energía de la necesaria.

—¿No querrás decir un carro?

Mimi pensó a que se refería a un food-truck.

—No, una carreta —indicó él con demasiada energía para ser las diez de la mañana y no tener ninguna gota de cafeína disuelta en la sangre.

Daisuke quería una carreta que él mismo tiraría de ella, mientras usaba ropa tradicional que llamaría la atención de algún empresario hambriento que querría apostar por él e invertir en su concepto. Mimi admiraba su energía innata, pero no sabía nada de tentar empresarios hambrientos en las calles de Nueva York. El camino culinario de Mimi Tachikawa había empezado de forma muy distinta y Daisuke tendía a olvidarlo cuando le pedía consejos. Koushiro le había diseñado su pequeña empresa de ropa y accesorios kawaii hace unos años atrás, había ganado cierto reconocimiento, pero luego de unos años, la venta online de sus productos iba en declive y ella empezó a hornear pasteles cuando se aburría esperando pedidos. Michael, con su conocimiento empresarial, le aconsejó que vendiera su pequeña tienda virtual y buscara otro nicho. Quizás, él era el empresario hambriento de Nueva York del que hablaba Daisuke, pero Michael no estaba hambriento de pasteles, sino de otra cosa.

El teléfono de Mimi sonó en su habitación y ella frunció el entrecejo, nadie la llamaba durante la mañana.

—Si es Michael no contestes —murmuró Daisuke—, me cae bien, pero él no te conviene.

—Lo mismo digo de Noriko —resopló ella mientras caminaba a su habitación—. ¡Necesitas a alguien más alegre!

—¡Noriko es alegre! —gritó él desde el sofá, pero ella no siguió argumentando.

Apenas tomó el celular, la llamada se cortó con impaciencia. Efectivamente se trataba de Michael, quizás estaba cerca del edificio y quería invitarla a desayunar en algún café perdido en un callejón. Sus entrañas se contrajeron cuando el café de su taza llegó a su intestino y el nombre de Michael volvió a iluminar la pantalla de su celular.

—¡Que no le contestes! —volvió a gritar Daisuke y ella silenció la llamada del rubio, como si la orden de Motomiya fuese lo que necesitaba para ignorar a Michael—. ¿Qué harás hoy? Creo que encontré una carreta en venta, pero está a dos horas de aquí. Quizás debería irme ahora, iré en taxi y tu estudio queda de paso…

Mimi murmuró una respuesta afirmativa mientras volvía a la sala de estar, pero no sabía a qué respondía realmente, porque estaba ensimismada revisando los mensajes de texto que había recibido en medio de la madrugada desde el otro lado del Pacífico.

—¿Hikari está embarazada? —preguntó casi sin pensar en el amor que Daisuke profesaba por la hermana de Taichi—. ¡Oh no! Takeru se fue a Francia. ¿Significa que no es el padre?

Apenas miró la expresión de Motomiya, se arrepintió de leer los mensajes en voz alta. Daisuke se había ido con tanta urgencia del país que Mimi siempre asumió que se debía a que Ken ahora estaba ocupado con su vida marital, pero él estaba tan obsesionado con ahijada Kurumi Ichijouji que ahora no le hacía ningún sentido. El embarazo de Hikari seguro rompió todas las fantasías de Daisuke con la chica, al igual las de Takeru.

—Bueno, al menos Kurumi tendrá compañía —dijo sin mirarlo directamente a los ojos y se fue a parar al lado del ventanal de su apartamento.

Volvió a los mensajes de texto, Michael le escribió diciéndole que estaba cerca del apartamento y le preguntaba si podía pasar; pero Mimi estaba más preocupada de leer con más detalle los mensajes de Sora.

La pelirroja le comentaba que la joven Yagami ya empezaba a tener un vientre abultado y que la había acompañado al obstetra. Mimi se quejó de que la prometida de Ishida no enviara fotos como evidencia. "No sabes lo mal que se siente estar lejos" reprochó en un texto de respuesta. Siguió con los párrafos en que explicaba con detalles los sucesos de la semana pasada, cuando se juntaron Yamato, Sora, Takeru y Hikari con Taichi, que brevemente estaría en la ciudad. "Pobre Takeru, él casi no pudo fingir su desconsuelo cuando Hikari nos dijo" escribió la pelirroja. Mimi tuvo que reprimir sus ganas de responderle a su amiga con veneno, ya que Taichi también había sufrido luego de que Sora anunciara su compromiso con Yamato.

Mimi se había enterado del compromiso cuando Taichi estuvo en Nueva York y pasó a visitarla tan inesperadamente que ella supo que algo malo había pasado. Mimi lo dejó entrar y abrió una botella de sake y, luego de varias copas, él le confesó que siempre había pensado que Sora se casaría con él al final y Tachikawa no supo qué decirle. Solo bebieron hasta que sintieron que el alcohol estaba por salírseles por la garganta.

"¿Mimi?" apareció el texto de Michael cuando ella no contestó, pero la chica todavía quería ver sus otros mensajes, quería leer lo que Miyako tenía que decir al respecto. Cuando buscó entre sus mensajes y vio que, efectivamente, la esposa de Ken Ichijouji también le había escrito durante la madrugada, se sonrió con ilusión. Ella necesitaba el chisme como el aire para respirar.

—¡Koushiro está en la ciudad! —exclamó Mimi mientras leía los mensajes de Miyako.

—¿Koushiro? —repitió Daisuke desde el sofá—. ¿Qué tan hambriento crees que esté?

Mimi no entendió a lo que se refería, pero Michael empezó a llamar y el sonido de su lastimero pedido de atención molestó a Daisuke.

—¡Bloquéalo ya!

—¿A Michael?

—¡Sí!

—Es buen amigo.

—No lo es —le respondió con un tono de voz aburrido—. Es un buitre, insistirá hasta que le digas que sí y créeme que pasará cuando te sientas sola. Los hombres podemos ser desagradables. No me lo tomes a mal, Michael me cae bien; él es un buen tipo, pero claramente no quiere ser tu amigo. Lo que él quiere hacer es follarte.

Mimi no quería follarlo y ese era el problema. Sí se veía como su novia, pero sin cumplir con los deberes que se esperan de una. Michael había sido de ayuda cuando ella vendió su tienda virtual y volvió a ayudarla cuando le aconsejó a cambiar de carrera, él incluso se había ofrecido como su mánager, pero su padre Keisuke Tachikawa era el que ostentaba ese título desde que Mimi era una niña.

—Es una suerte que yo esté aquí haciéndote compañía y no Michael —dijo Daisuke con entusiasmo—. Ahora tenemos que ir por empresarios hambrientos. Dile a Michael que tienes trabajo que hacer y pregúntale a Koushiro si quiere ir a almorzar con nosotros. No tengo carreta, pero él entenderá el concepto. ¡Es un genio!

Había olvidado la última vez que había hablado con Koushiro, seguramente había sido mientras la ayudaba a diseñar su tienda virtual, y eso la desalentó. Si Taichi fue a verla a su apartamento luego de saber que Sora finalmente se casaría con Yamato y él estaba tan ocupado como Koushiro, ¿qué desgracia tenía que ocurrir para poder verlo en una ciudad tan grande como Nueva York? Ni siquiera sabía si todavía tenía su número de contacto actual.

El conserje llamó al citófono del apartamento y Daisuke fue a contestar con pereza.

—Michael, ¿quién? No, no lo conocemos —respondió y le colgó el auricular tan fuerte que Mimi se asustó—. ¿Sabes dónde se está quedando Koushiro?

—Aún no —mintió Mimi mientras seguía mirando los mensajes de Miyako, quizás debía preguntarle a ella si era posible verlo.

Michael volvió a llamarla y esta vez no pudo ignorarlo.

—¿Sí? —contestó y Daisuke la fulminó con la mirada, pero no dijo nada—. ¿Michael? Estaba hablando con Sora, perdón, no estaba prestando atención, pero ¿sabes lo último que supe? ¡Hikari está embarazada! Y no es de Daisuke ni Takeru, lo sé porque Daisuke está aquí —resolvió mientras caminaba hacia su habitación y cerraba la puerta.

—¿Daisuke Motomiya? —preguntó Michael en la otra línea, se escuchaba ofuscado, quizás molesto por lo que le dijo el conserje por culpa de Daisuke.

—Sí, se está quedando conmigo —respondió, sabía que no le debía explicaciones al rubio, pero los límites de su relación de amistad empezaban a difuminarse y eso era lo que exasperaba a su inquilino—. Vino para despegar su carrera culinaria, inspirado por mí. Estoy contenta de tenerlo aquí, empezaba a sentirme sola en este apartamento tan grande.

—Ah, ¿sí? —Su voz sonó forzada, quizás era la misma decepción que sintió Takeru cuando Hikari anunció su embarazo.

—Pensaba que quizás es tiempo de volver a casa, ya sabes, a veces me canso de ser extranjera.

—No digas eso, Mimi. Prácticamente ya no eres extranjera —replicó el rubio con un tono conciliador, pero ella no supo qué más responder después. Él nunca había vivido en el extranjero como para entender lo que se sentía.

—¿Sabes que Koushiro está en la ciudad? Creo que iremos con Daisuke a verlo.

—Lo sé —dijo el millonario—. Acabo de tomarme un café con él, fue muy breve porque realmente no tiene tanto tiempo, pero como le dije que invertiré en el CITD el próximo año, Koushiro pudo concederme treinta minutos de su tiempo.

Mimi sintió que sus mejillas ardieron de la impresión.

—¿Sabes dónde se está hospedando Koushiro? Daisuke realmente quiere verlo, dice que es el empresario hambriento que necesita para que inviertan en él.

Michael rio al otro lado de la línea.

—No sé porqué no me llamó a mí —expresó el rubio—, tengo más tiempo que Koushiro.

—Podrías empezar por comprarle la carreta que quiere.

—¿No querrás decir food-truck?

—No, él quiere una carreta. —Michael se rio otra vez, pensando que la mujer estaba siendo divertida, pero Mimi no quería seguir hablando del negocio de Daisuke—. ¿Me enviarás la dirección del hotel de Koushiro?

—Puedo llevarte, si quieres —replicó galante, ella no quería que Michael estuviera cuando viera a Koushiro, ni siquiera Daisuke—. Está cerca de tu edificio, por eso vine inmediatamente después de tomarme el café con él.

Si era cercano a su edificio, solo había una opción y ella sonrió, a veces fingía tener la vida de una persona rica y bajaba a tomar un desayuno buffet al restorán de ese hotel. Especialmente si no sentía ganas de cocinarse algo, ya que dedicarse a la cocina no significaba que quería cocinarse todo el tiempo.

—No hay necesidad —dijo con el mismo entusiasmo que tenía Daisuke en cada segundo de su vida—. Sé que Koushiro se hará el tiempo de verme, lo conozco desde que éramos niños. Además, siempre estuvo enamorado de mí, nunca me diría que no.

Mimi colgó sin esperar respuesta, pero no salió inmediatamente de su habitación. En vez de eso, su bata y el pijama que traía puestos salieron volando mientras corría a su baño para tomarse una ducha rápida. Se perfumó y maquilló cuando todavía el espejo estaba empañado con vapor. Veinte minutos después, salió de su habitación y Daisuke seguía con la camiseta y los calzoncillos largos del día anterior.

—¿No estás listo?

—Ni siquiera sabía que estabas en la ducha —reclamó y, sin pudor alguno, se quitó la camiseta y buscó en su mochila alguna que estuviese limpia.

—Toma una ducha —le aconsejó—. Está en el hotel del frente, iré a saludarlo y venderle tu idea de la carreta a Koushiro.

Daisuke sonrió y asintió, apenas ella estuvo en la puerta, él llamó su atención.

—Mimi, escucha bien: a Koushiro sí puedes follártelo. Él también te quiere follar, pero no es un buitre como Michael.