CHICKEN TERIYAKI
por Syb
Capítulo VII: Muerte por Kimchi
"No puedo esperar para verte mañana a las ocho. Llegaré puntual" le escribió Michael y ella solo frunció la boca cuando lo vio, luego de grabar un episodio para su programa.
¿Por qué no podía pretender que nada había pasado entre los dos, tal cual hacían Sora y Taichi? Parecía que el rubio esperaba el momento en que ella le entregara los papeles de divorcio a Koushiro y fuera corriendo tras él. Michael nunca había entendido que él era lo que llenó el vacío que le dejaban sus fantasías con el pelirrojo. El rubio tampoco había sido un buen compañero sexual porque, cada vez que ocurría, era porque ella estaba bajo la influencia de sustancias problemáticas y Michael solo estaba cerca. Alcoholizada y deprimida, siempre que Mimi despertaba junto a Barton, lo hacía con una sensación de culpa y volvía a ver la ventana de conversación vacía con su futuro esposo, ya que ella misma había eliminado su contenido para evitar obsesionarse con él. Sin importar lo que hiciera en ese entonces, Mimi Tachikawa no dejaba de pensar en Koushiro Izumi como si él fuese una droga.
Llegó a su casa con su maquillaje y el cabello de la grabación, pero traía puesta ropa deportiva que desentonaba con el resto de su atuendo. Para arreglar su incoherente estado, había traído consigo la cena del día de hoy desde el programa, así que solo debía descansar y asearse antes de que su familia llegara de la escuela y el trabajo.
Estaba frente a la tina del baño, espolvoreando el agua con sales y aceites aromáticos, cuando su celular empezó a pitar varias veces. Cuando vivía sola en un apartamento en Nueva York, e incluso con Daisuke Motomiya, podía pasar horas ignorando los mensajes y las llamadas que entraban a su celular, solo porque no tenía ganas de lidiar con nadie; pero ahora vivía en una casa con sólidos cimientos y un patio trasero enorme, y sus roomies eran su esposo y dos pequeños gnomos que habían salido de su cuerpo cual parásitos hace nueve y ocho años, ya no podía darse ese lujo cuando estaba sola en casa.
"¿Debería llevar una botella de vino? ¿O una champaña? Como no sé qué servirás mañana, no sé cuál es mejor acompañamiento, si el vino o la champaña. Quizás deba ver más opciones" escribió Michael, ignorando el hecho de que estaba siendo ignorado. "Llegaré tarde a casa" escribió su esposo con pragmatismo en otro mensaje.
Mimi hizo memoria y visualizó a Koushiro frente a la computadora del despacho de la casa, encorvado hasta más no poder y con la frente apoyada en una de sus manos, mientras que sus dedos se ocultaban bajo el cabello rojo que él siempre decía cortaría, pero que su esposa evitaba con todas sus fuerzas. "Asegúrate de comer algo, el té Oolong no es suficiente" le respondió ella, adornando su mensaje con un emoji lanzando un beso. Pensó en escribirle a Mina y a Shuu para que ordenaran algo, pero no quería ser como su suegra Kae Izumi, así que solo dejó el celular a un lado de una vela aromática y se metió a la tina.
¿Y a Michael? No quiso responderle, lo conocía bastante bien como para saber que, si lo hacía, luego vendrían mil preguntas más, y sin importa lo que respondiera, Michael llevaría una botella de vino, otra de champaña y una de alguna otra cosa que vio buscando las primeras dos botellas. El rubio era disperso y no había nada peor que alguien disperso con dinero ilimitado. Además, habían salido lo suficiente de fiesta por todo Manhattan como para que él supiera qué le gustaba, pero lo que Mimi no tomaba en cuenta era que ella bebía de todo en esos locos años, porque era la invitada del disperso con dinero ilimitado, y era obvio que Michael no sabría si prefería Chardonnay, gin, champaña, negroni, apérol, tequila o el trago colorido que ofrecieran en el bar al que entraron al azar.
"Shuu ordenará algo" respondió su esposo cuando ella ya le había puesto play a la película que había seleccionado para ver durante su baño de tina. "Creo que llevaré vino y champaña" escribió Michael seguido de Koushiro, como si quisiera opacar con sus mensajes los de su esposo. El rubio debía estar comprando en esos mismos momentos el alcohol que llevaría de ofrenda al otro día. "Me parece bien" envió a su esposo, distraída porque la protagonista de su película se encontró por fin con su interés romántico.
"¿Te parece que lleve un limoncello?" apareció el mensaje de Michael y Mimi ni siquiera tomó su celular cuando la pantalla se iluminó y leyó el nombre del estadounidense. "Recuerdo que dijiste que te gustó una vez en Manhattan."
Cuando la protagonista de su película estuvo a punto de besar a su interés romántico, su celular sonó y ella se asustó tanto que pegó un grito que rebotó en todas las paredes del cuarto de baño. Era Noriko Motomiya y si era la maestra de uno de sus gnomos, debía contestar sí o sí. ¡Mis bebés! Gritaba su interior.
—¿Sí?
—¿Cómo que Michael va a cenar a tu casa? —preguntó el esposo de Noriko.
Daisuke seguramente había perdido su celular otra vez en el campo de fútbol.
—¿Quién te dijo?
—Miyako, ¿quién más? —resolvió frustrado—. Aparentemente Osen le dijo que Kurumi que el verdadero padre de Ben irá a recogerlo el viernes y que se llama Michael Barton.
—Osen solo estaba jugando —indicó la madre—. Se le metió en la cabeza que Ben es adoptado por la tarea que tu esposa les dio. De todas formas, no sé de dónde lo sacó, quizás porque Koushiro lo es.
—¿El qué?
—Adoptado.
—¿Koushiro es adoptado? —exclamó Daisuke con asombro, luego se aclaró la garganta y analizó en silencio las palabras de Mimi un poco. Él conocía a Kae y Masami Izumi, y Mimi intuía que recién notaba que su esposo no se parecía en nada a las personas que llamaba padres—. Invítame a la cena —demandó el sucesor de Taichi Yagami, luego de segundos eternos de reflexión.
—¿Por qué?
—Habrán pasado diez años, pero Michael sigue siendo un buitre.
—Estará mi esposo —replicó frustrada.
—Y yo le ayudaré si es que hay que golpear al buitre —indicó con la misma frustración—. Anda, invítame a la cena.
Mimi quiso decir que no, pero la cena con Michael y su familia se le hacía una idea muy incómoda.
—Estás invitado —respondió—. Es mañana a las ocho.
—Estaré allá a las seis para empezar la cena. ¿Qué harás?
—Pescado.
—Pensaré en el menú.
Mimi suspiró cuando el hombre que vivió con ella en Nueva York cortó. Se le cruzó por la cabeza que Daisuke y su familia no serían los únicos que llegarían mañana a su puerta, pero no quiso pensar más en el asunto. Ahora solo quería ver un poco más de su película y abstraerse, así que puso play otra vez y abrió la conversación con su esposo. "Adivina quién se sumó a la cena de mañana" escribió y esperó con la respuesta de Koushiro con los ojos puestos en la protagonista que bien podría ser ella. "¿Miyako y su familia?" preguntó Koushiro. "Los Motomiya" escribió ella, a lo que su esposo resolvió: "Ben no estará contento de ver a su maestra en casa, pensará que lo estamos castigando por no hacer su tarea". Ella envió un emoji de risa y volvió a su película.
Oyó la puerta principal cerrarse y supo que su tiempo a solas se había terminado.
"Shuu pedirá lo mismo de siempre, pero no me apetece para nada, ¿qué preparaste hoy en el programa?" escribió su esposo, replanteando sus decisiones de vida, cuando ella salía de su baño de tina, apagaba las velas tan rápido como pudo y se ponía la bata. Cuando por fin leyó su mensaje, Mimi estaba saliendo del baño con una toalla en la mano y el celular en la otra, y apretó sus labios para no reírse como una adolescente. No importaba cuántos años pasaran, todavía se acordaba de la incomodidad que le provocaban a Koushiro las recetas que Mimi proponía cuando todavía no estaban juntos.
—No lo pienses, solo cómetelo —le decía Mimi cuando llegaba con una preparación que le parecía ilógica al pelirrojo—. Verás que te gustará cuando lo dejes de pensar.
Y, aun así, el pragmático y tradicional Koushiro Izumi prefería comer sus inventos coloridos y extraños, en vez de las elecciones corrientes y esperables de Shuu Kido. Mimi no entendía por qué Koushiro dejaba elegir a Shuu una y otra vez la cena en la oficina, pero pensó en que, quizás, podría conducir a la oficina y dejarle ella misma un plato de su preparación. "Hice mi versión del kimchi" le escribió sonrojada como una colegiala frente a la habitación principal, en un mensaje que estaba repleto de corazones de distintos colores y todo emoji que le parecía kawaii. "Creo que solo llevaré vino, pero hay muchas opciones, para empezar, no sé si llevar tinto, blanco y rosé" se infiltró un nuevo mensaje de Michael a su celular cuando ella envió el mensaje azucarado a su esposo.
—Estás muy vieja para comportarte así con papá —le dijo Osen camino a su habitación e hizo trizas el corazón jovial de su madre con su sinceridad mortal.
La chica se sonrojaba cuando veía las demostraciones públicas de cariño de su madre a su padre y las consideraba vergonzosas. Sin embargo, Mimi nunca respondía a nada de lo que su hija disparaba porque ella había sentido lo mismo en la adolescencia, cuando veía interactuar a los abuelos maternos de Osen y Ben. Al menos, Koushiro no era teatral ni dramático, tampoco era dado a ser afectuoso públicamente, nada parecido a lo era Keisuke Tachikawa a cada segundo de su vida, por lo que Osen debía agradecerle y bajarle la intensidad a su energía de gato negro.
Osen solo parecía estar verdaderamente feliz cuando podía hacer de su vida una investigación de campo y solo su padre podía ayudarla a hacerlo. Mimi había intentado mostrarle que, cuando ella estaba en la cocina intentando nuevas preparaciones, era como estar dentro de una investigación de colores y sabores, pero Osen no estaba interesada. A veces, le daba miedo que Osen la internara, y olvidara, en un asilo de ancianos si es que sobrevivía a Koushiro en la vejez. Y Mimi lloraba en los brazos de Koushiro como Satoe Tachikawa lo habría hecho en su juventud, cuando su hija había decidido volver a Japón sin ellos porque su espíritu era libre, solo para volver a Nueva York cuando ellos decidieron establecerse nuevamente en su país natal.
Al menos, murmuraba ella entre sollozos, Ben iría a verla seguido a ese asilo de ancianos porque su energía era la de un Golden Retriever, tal cual lo era ella, y Koushiro se reía del drama en el que caía Mimi cada vez que Osen la destrozaba con sus palabras, porque Keisuke no era una versión de Koushiro, sino que era una de Mimi.
—No soy vieja —murmuró por lo bajo, tan bajo que su hija no la escuchó. O, al menos, fingió no hacerlo.
"Suena bien" escribió su esposo con un único emoji sonriente. "Llevaré rosé, el rosa es tu color favorito; así te conocí, con el cabello rosa y un montón de estrellas" siguió un mensaje de Michael, sin importar que la conversación con Mimi por chat era como hablarle a una pared. "Suena estupendo, no puedo esperar a que llegues a casa. Te extraño mucho" escribió Mimi ahora sentada en su cama y lo adornó con millones de emoji kawaii en la privacidad de su habitación, lejos del prejuicio de su hija menor. También se sacó una foto coqueta en bata frente al espejo de cuerpo completo y se la envió a su esposo, antes de vestirse e ir a calentar la cena para sus gnomos.
Estaba sonriendo como una tonta al servir los platos de la cena, imaginándose la reacción que tendría Koushiro cuando viera su foto con Shuu, el señor Haruiko y Mina frente a él, en medio de la sala de conferencias del trabajo. Ojalá se atragantara con la comida insípida que Shuu Kido había elegido para la noche. Era más divertido cuando Miyako trabajaba presencialmente en el CITD porque Mimi también le enviaba la foto a la esposa de Ken y esperaba el reporteo de la mujer sobre los acontecimientos en la sala de conferencias. Lo bueno era que a Mimi no le faltaba ni la imaginación ni la creatividad.
—Mamá —se quejó Osen en la mesa.
—No estoy haciendo nada —resolvió ella mientras tarareaba una canción y seguía sonriendo como tonta.
Ben había estado extrañamente callado durante la cena. Ni siquiera se había inmutado al asco que su hermana expresaba por el afecto que su madre sentía por su padre, ya que eso era lo que normalmente los unía como hermanos. Mimi hasta ese momento lo veía como un alivio, pero no le duraría tanto.
—¿El señor Izumi no viene a cenar?
—¿Te refieres a tu papá? —corrigió Mimi.
—Ya no sé qué es real y qué no —se quejó Ben—. Mi padre bien puede ser el señor Barton y seguro me llevara mañana a vivir con él.
—Koushiro es tu padre y este es el fin de la discusión —exclamó la madre—, y no, tu padre no viene a cenar. Tiene un proyecto que terminar en la oficina. Él está triste porque no podrá disfrutar de este kimchi que tardó meses en fermentar y que recién pude usar en el programa.
La cena siguió su curso en silencio, Osen se fue castigada a su habitación por lo que le había dicho a Kurumi y Ben la siguió como si también lo estuviera, dramático como lo era su abuelo Keisuke Tachikawa.
Cuando volvió a su habitación un poco enfadada, decidió que era mejor terminar la película que había empezado en la tina de baño. Al darle play en la televisión frente a su cama, los protagonistas estaban prometiéndose amor eterno en circunstancia atroces y Mimi tomó su celular para ver lo que tenía que decir su esposo por la foto coqueta, pero en su celular no había entrado más mensajes. Ni siquiera Michael había seguido con su monólogo eterno de vinos y champaña, y Mimi se preguntó si su celular tenía o no servicio.
La fotografía era sugerente y elegante como para que su esposo la ignorara así. ¿Y si se había atragantado mortalmente y ahora yacía muerto en la sala de conferencias? Imaginó que Shuu intentaba revivirlo sin éxito, mientras Mina llamaba a emergencias y el señor Haruiko le rezaba a las deidades antiguas.
Quiso llorar y se tapó con las sábanas de su cama occidental para hacerlo en silencio, tal cual Keisuke Tachikawa lo habría hecho varias veces en su infancia, luego de imaginar a su esposa y a su hija muertas en una zanja por ninguna razón coherente. Despertó horas más tarde confundida y a oscuras, ya que la película había terminado hace horas, pero su esposo no estaba a su lado.
—Koushiro —susurró con un nudo en la garganta.
Sin embargo, como si él hubiese escuchado sus plegarias, Koushiro abrió la puerta y le sonrió cuando la vio entre las sábanas. Él revisó la hora en su reloj de pulsera y ella la vio en el reloj despertador que él tenía en su lado de la cama: 22:07 decían los números rojos.
—Perdón, no quería despertarte —le dijo con culpa—, no me di cuenta de lo tarde que es.
—¿Quieres kimchi? —murmuró, intentando alejar la fantasía nefasta de él muerto por algo que Shuu le había dado en la oficina.
—Ya comí —respondió él mientras se aflojaba la corbata—. Estaba delicioso.
Mimi volvió a sonreír como una tonta, aunque sus ojos todavía estaban teñidos con unas gotas de lágrimas por su visión horrible. Seguía un tanto agobiaba por la idea de perder al padre de sus hijos tan pronto y el horror del asilo de ancianos ocupó tanto espacio que creyó que se echaría a llorar desconsoladamente. No habría almohada suficientemente mullida como para acallar sus gritos y sus hijos se despertarían.
—¿Te…, gustó la…, foto que te envié? —preguntó intentando calmarse antes de que su esposo se diera cuenta que estaba por derrumbarse.
Koushiro la miró confundido.
—¿Cuál foto?
—¿Cómo que cuál foto? Me preguntaste por la cena de hoy y te respondí que era kimchi y que te extrañaba mucho, y luego te envié una foto en la bata de baño.
Koushiro entonces volvió su atención a su celular tan rápido como lo sacó de su bolsillo y Mimi sonrió, al menos vería su reacción en vivo y en directo, y absolutamente nadie se atragantaría y moriría en el acto, porque él ya había probado su kimchi a pesar de haber cenado algo insípido con Shuu y el resto en la oficina.
—No me enviaste ninguna foto —resolvió luego de segundos eternos.
—¿No?
Había sonreído como tonta por nada, así que buscó su celular en medio de las sábanas de la cama. Efectivamente, no había foto sugerente ni mensajitos kawaii. Sin embargo, sí había un mensaje nuevo de Michael. "Yo también te extraño" escribió el rubio con un emoji sonrojado y la foto y el mensaje tierno estaban en esa ventana conversación.
—Oh no —murmuró con horror y se cubrió la boca con su mano—. Se la envié por error a Michael.
