CHICKEN TERIYAKI

por Syb

Capítulo IX: Mimi T. Izumi borró su mensaje


Michael Barton [18:22]: No puedo esperar para verte mañana a las ocho. Llegaré puntual.

Michael Barton [18:30]: ¿Debería llevar una botella de vino? ¿O una champaña? Como no sé qué servirás mañana, no sé cuál es mejor acompañamiento, si el vino o la champaña. Quizás deba ver más opciones.

Michael Barton [18:34]: Creo que llevaré vino y champaña.

Michael Barton [18:55]: ¿Te parece que lleve un limoncello?

Michael Barton [18:56]: Recuerdo que dijiste que te gustó una vez en Manhattan.

Michael Barton [19:08]: Creo que solo llevaré vino, pero hay muchas opciones, para empezar, no sé si llevar tinto, blanco y rosé.

Michael Barton [19:35]: Llevaré rosé, el rosa es tu color favorito; así te conocí, con el cabello rosa y un montón de estrellas.

Mimi T. Izumi envió una foto.

Mimi T. Izumi [19:36]: Suena estupendo, no puedo esperar a que llegues a casa. Te extraño mucho.

Michael Barton [20:17]: Yo también te extraño.

Mimi T. Izumi reenvió su foto a esposito Koushiro3

Mimi T. Izumi eliminó su foto.

Mimi T. Izumi eliminó su mensaje.

Mimi T. Izumi [22:13]: Disculpa, me equivoqué. Nos vemos mañana.

Michael Barton [7:04]: ¿Te equivocaste?

Koushiro Izumi te envió un mensaje.

Koushiro Izumi [7:30]: Hola, Michael, te esperamos a las ocho de la noche hoy.

Michael no respondió al mensaje del esposo de Mimi, ya que no sabía si era una amenaza por parte del presidente del CITD o no, quizás solo estaba marcando su territorio luego de descubrir la traición de Mimi. Si no, ¿cuál era la razón de contactarlo al otro día, luego de que Mimi borrara esa fotografía sugerente, al igual que el mensaje que hablaba de que lo extrañaba?

Michael y Mimi habían tenido unos locos años juntos, especialmente los últimos meses de ella en el extranjero. En ese entonces, ella había vuelto a Nueva York a empezar su carrera culinaria y vivía sola en ese apartamento pequeño, incluso si tenía la posibilidad de mudarse junto a él al pent-house que su padre le había regalado para su cumpleaños número veintiuno. Cada vez que él intentaba proponerle vivir con él, ella hablaba de que quería ser independiente y Michael lo respetaba. Sin embargo, Mimi amaba la vida glamorosa y no había razón para que él y ella no vivieran una juntos, menos hacía sentido cuando empezaron su relación amorosa.

Todo se había arruinado cuando Koushiro Izumi llegó un día a Nueva York y, luego de un viaje a la sala de emergencias de un hospital, el pelirrojo la convenció de verlo más seguido y Mimi perdió la cabeza por él. Michael no supo en qué momento la chica de sus sueños se había vuelto a mudar a Japón, pero su sorpresa fue grande cuando vio en las noticias (de índole rosa) que el presidente del CITD y la guapa de los elegidos originales estaban esperando a su primer hijo y que esperaban casarse el año siguiente.

—¿Qué si sabía lo de Mimi y Koushiro? —preguntó retóricamente Daisuke cuando Michael lo llamó luego de ver la revista rosa colgada en la pared de un quiosco en las calles de Nueva York—. Sí, lo supe desde antes que Mimi le dijera a Sora. Yo solo me di cuenta.

Daisuke sonaba orgulloso y Michael se quedó callado, sin creer que hubiese sido tan ciego como para pasar por alto todas las señales.

Mimi siempre se quejaba de que el presidente del CITD la había ignorado en el laberinto en el que habían entrado, cuando solo tenían once años, y enfatizaba en que él era la razón por la que se había perdido dentro en primer lugar.

—Koushiro siempre me ha ignorado —recitaba cada vez que entraban a un bar en Manhattan—. Siempre lo ha hecho, no hay razón para pensar que no lo haría ahora. Incluso Taichi vino, ¿por qué no puede venir a verme Koushiro? —seguía diciendo más acalorada cuando ya empezaba a arrastrar las palabras (y a olvidársele el inglés) —. No lo entiendo, parecía que le gustaba al menos un poco cuando me diseñaba la tienda online. Nadie trabaja gratis —resolvía ella, cuando Michael intentaba desviar la conversación a otra persona que no fuese Koushiro Izumi, el presidente del CITD, pero Mimi no lo escuchaba—. En fin, no me importa si se muere solo. Se lo merece.

—Realmente pareces odiar a Koushiro —respondía él cuando la chica parecía haberse callado por fin, luego pedía más alcohol al bartender de turno. Unos negronis le alegrarían un poco la amargura a la mujer de sus sueños, o quizás un limoncello, a Mimi le gustaban los sabores exóticos—. Lamento haber invertido en su compañía.

—Está bien, él necesita el dinero —indicaba Mimi sin ninguna gota de emoción en su frase.

Mimi T. Izumi borró su mensaje.

Esa frase en la conversación de chat estaba matándolo.

Siempre pensó que Mimi Barton sonaba mejor que Mimi Izumi (había demasiadas íes en ese nombre), pero ella había decidido casarse dentro de su cultura, en vez de aceptar que, muchas veces, ella se comportaba más como una estadounidense que él mismo. Había algo que no calzaba en ese rompecabezas y, seguramente, desenmascararía a Koushiro Izumi a las ocho de la noche de ese día y ella podría volver a sus brazos y a su vida amorosa y glamorosa. No había razón para pensar que Mimi no odiaba a Koushiro, basado en todo lo que le dijo en Nueva York hace años.

Catherine [9:00]: Nada de lo que crees es verdad, putain. Déjala en paz.

Wallace [11:32]: Si dijo que se equivocó, es porque se equivocó. No los has visto recientemente, pero puedo afirmar que siguen igual que siempre. Mimi lo adora, es obvio. Lo verdaderamente extraño es que Hikari Yagami siga soltera, ¿puedes explicarme eso? Creo que estoy listo para ser padre de su hijo.

Daisuke Motomiya [12:57]: ¡Nos vemos a las ocho!

Miyako Ichijouji [14:25]: ¿También vas a casa de Mimi esta noche? Acabo de recibir la invitación. ¡Es como si la celebración del primero de agosto se adelantara! ¿Alguna vez te hemos invitado? Sé que es una fecha importante para Mimi y el resto porque es la primera vez que pisaron el Digimundo; pero no hay razón para que el resto nos involucremos.

Shuu Kido [15:55]: ¿Podemos revisar las cláusulas del contrato nuevo? Hay algunas cosas que me gustaría revisar una vez más, antes de que firmes el próximo lunes. Koushiro dijo que hay algunos puntos que deberíamos corregir con Iori Hida, para evitarnos el espacio a la interpretación errónea. ¿Podemos vernos hoy mismo?

Michael Barton [15:59]: Hoy estaré en casa de Koushiro Izumi a las ocho, paso por ti a las siete y conversamos de eso en el taxi.

Shuu Kido [16:02]: ¿Qué hay de Iori Hida?

Michael Barton [16:04]: Pasaré por él a las seis y media.

Miyako Ichijouji [16:07]: ¿Crees que venga Hikari? No es por nada en especial, solo una duda. No quiero preguntarle yo, porque no sé si está o no invitada. Insisto, no es por nada en especial.


Osen Izumi despertó de esa noche de castigo como si nada, porque solo los castigos de su padre eran lo que verdaderamente le importaban. A la mañana siguiente, su madre normalmente se sentiría culpable e intentaría fingir que nada había pasado cuando su hija bajara a tomar desayuno. Luego de un castigo, Osen ganaba cierto poder y eso era algo de lo que se podía aprovechar. Sin embargo, cuando llegó a la cocina, lista para el último día de la escuela de la semana, el lugar se veía tan inmaculado como su madre lo había dejado la noche anterior.

Osen observó la situación con el ceño fruncido. Su madre era la que quedaba dormida, Benji también; pero su padre nunca lo hacía. Osen sabía que él había dormido en casa porque había despertado cuando él entró a la casa la noche anterior, incluso sabía que había ido a probar el kimchi de su madre a la cocina (se evidenciaba con el único plato y los cubiertos que su padre había utilizado para comer, limpios en rejilla para escurrir a un lado del lavaplatos). ¿Qué los había atrasado tanto?

Osen subió al segundo piso en búsqueda de respuestas, la habitación de Ben seguía cerrada como siempre (él esperaba a que su padre fuera a despertarlo), pero la de sus padres también lo estaba, lo cual era rarísimo. Eran pasadas las 7:30 de la mañana, lo que significaba que ya estaban atrasados para desayunar y todo lo demás.

Osen no podía creer que era la única persona despierta en esa familia.

—¿Michael respondió algo? —oyó murmurar a su mamá a través de la puerta, parecía acongojada, incluso a punto de llorar.

—Nada —se escuchó su padre con un hilo de voz, como si él suspirara cansado del tema.

—Bien —respondió su madre, tan bajito que Osen casi no escuchó su respuesta.

Segundos después, su madre se puso a sollozar y a golpear repetidamente la cama con un tempo casi perfecto. Sabía que su madre era una cantante amateur y que había utilizado sus habilidades vocales para despertar a un digimon en coma, en una de sus tantas aventuras de la infancia, por lo que tenía sentido que usara la teoría musical para molestarse y armar un escándalo cuando estaba enojada. Ella era la dramática de la relación, su padre era el analítico con los pies en la tierra.

El pulso pasó de negras a corcheas, incluso semicorcheas; su madre soltó un quejido contenido y su padre se puso a suspirar a la par de ella. ¿Será que estaba golpeándolo a él? Osen se asustó y pensó en irse corriendo de allí.

—Koushiro, ¡casi llego! —avisó la mujer.

¿Llegaba a dónde? No podían moverse tanto dentro de su habitación.

Su padre soltó un quejido y los golpes terminaron conformando solo fueran corcheas, ninguna negra. Osen escuchó un gritito femenino agudo y amortiguado, como si se cubriera la boca con una mano o una almohada, y su padre volvió a quejarse, y de pronto todo se quedó en el silencio, un silencio a medias porque la niña podía escuchar sus respiraciones como si hubiesen salido a correr una maratón.

Eran las 7:47 y todavía Ben no salía de su habitación.

—¿Qué hora es? —preguntó su padre como si hubiese captado las ondas cerebrales de su hija a través de la puerta y Osen se asustó. Su voz volvía a tener un volumen normal, aunque seguía un poco agitado.

—Es hora de besar a tu esposa —rió su madre con gracia, a lo que su padre se rió de vuelta, pero infinitamente menos escandaloso que su esposa.

Hubo una pausa en la que Osen asumió su padre cumplió con la petición de su madre y sintió ganas de vomitar.

—Debo ir a despertar a Ben —anunció él y ella se rió de vuelta.

—Y yo debo ir a hacer desayuno, Osen ya debe estar despierta.

Osen supo que debía escapar antes de que la descubrieran de chismosa. Luego de haber criticado a su madre y a la tía Miyako por sus tardes de chisme, no podía permitirlo; su ego no podría soportarlo. Así que se escabulló tan rápido como pudo a las escaleras y fue precisamente ahí que su padre la vio cuando salió de la habitación principal.

Su padre estaba completamente vestido, pero su ropa se veía desaseada, como si estuviese arrugada o mojada, como si se hubiese dormido con ella.

—¿Y mamá? —preguntó con seriedad.

—Aun está en la cama —respondió su padre—. Nos quedamos dormidos. ¿Ben ya despertó?

—Claro que no.

—Ya me lo imaginaba —suspiró con una sonrisa amena y tranquila, a pesar de haber estado peleando con su esposa (y que lo golpeara rítmicamente).

Osen bajó y esperó en la cocina, y su madre apareció prontamente en su bata nueva con una sonrisa tan amplia que parecía estar en las nubes. Abrió la nevera y sacó un bote de helado enorme.

—¿Quieres pancakes? —preguntó su madre.

—¿Y si comemos natto? Todos los demás lo hacen.

Parte de ella quería rebelarse contra su madre, pero no entendía muy bien por qué. Muchas veces molestaba a Ben, solo para que él no empezara a decir que no se parecía en nada a él y a su mamá. Además, Mimi Izumi era hermosa por donde la miraras y ella no. Al menos, tenía el cerebro de su padre y eso le serviría más que la belleza de su madre, especialmente cuando tuviese que sacar de aprietos a Ben en el futuro.

—¿Lo quieres con huevos y miso? —preguntó su madre mientras guardaba el helado para otra ocasión.

Su madre no había pescado el anzuelo de la discordia.

—Sí, gracias —replicó Osen sin saber qué más hacer.

La niña sacó los cuadernos de las materias del día para esperar el desayuno, pero por el rabillo del ojo notó que su madre no se movía. Osen apretó los labios con pesar, la mañana había sido demasiado confusa y ahora pagaba las consecuencias de distraerse con los sonidos extraños de la habitación de sus padres: su madre ahora estaba emocionada porque su hija arisca le había agradecido.

—Mamá —se quejó sin mirarla, le incomodaba demasiado su emocionalidad.

—Estoy bien —sollozó la mujer y se volteó para preparar el desayuno tradicional con sonidos que se escuchaban como lágrimas en los ojos.

Eran las 8:17 cuando por fin empezaron a comer y Osen disfrutó tanto como su padre de los sabores tradicionales de su desayuno, incluso si la campana de inicio de clases sonaría en trece minutos. Ben extrañó el desayuno extraño de cada día.

—Invitaré a Miyako a la cena —anunció su madre mientras recogían los platos de la mesa—. Pensaba también invitar a Sora. ¿Qué tal Hikari?

—Depende de ti —opinó su padre—. No sé cuánto quieras cocinar.

—No lo haré, para eso viene Daisuke. ¿Quieres invitar a Shuu y a Mina?

—Puede ser —respondió él—. Será como un primero de agosto.

Osen quiso preguntar por el tal Michael Barton, ya que no había contestado el mensaje de su padre, según había escuchado a través de la puerta (y su madre lloraba por eso). La niña pensaba que esa cena había sido en honor a ese hombre que había sido amigo de su madre, pero que, por alguna razón desconocida, nunca había oído de él hasta que llamó a su madre por teléfono; entonces ¿por qué ahora lo transformaban en un primero de agosto? Sus padres eran parte de los originales, no Michael.

—¿Qué digimon tenía Michael Barton? —preguntó de pronto la niña. Era tarde, pero sentía demasiada curiosidad por ese personaje.

—Un betamon —respondió su madre mientras lavaba los platos—, que pasaba a un seadramon.

Un dark master, pensó la niña y supo por qué su madre lloraba.

No querían a un aliado de un dark master en su casa y por eso sus padres necesitaban que toda la comitiva elegida estuviese presente. Por lo tanto, la felicidad que aparentaban sus padres esa mañana no era más que una farsa, ya que ella había llorado en la habitación. Por primera vez, Osen no sintió asco por el amor de sus padres.

—Estás rara —murmuró Ben cuando Osen no dejó de mirar a su madre abrazar a su padre por la espalda y depositarle besos en la espalda.

—Lo entenderás hoy a las ocho.

Ben rodó los ojos ante el comentario de su hermana.

—Ya, "eres adoptado, el señor Izumi no es tu verdadero padre, ese tal Michael Botón lo es", ya lo sé.

—Michael Barton —corrigió.

—Sí, como si no supiera el apellido de mi verdadero padre —indicó ofendido.