CHICKEN TERIYAKI

por Syb

Capítulo XII: Pasado VI


Si fuese físicamente posible subirse a las paredes y correr pegada al techo, lo habría hecho. Si bien Koushiro le había sugerido que tomara una siesta para verse en unas horas, ella no sabía cuándo sería ese momento y eso impidió que cerrara los ojos, ya acostada en su cama. Solo consiguió dormirse cuando se dio un baño de tina y despertó asustada en el medio del agua fría y la penumbra de la noche. No pasó tanto tiempo para que su celular se iluminara con un nuevo mensaje.

Ella estaba calzándose el vestido.

Koushiro Izumi [20:04]: Estoy en el restorán del hotel.

Mimi chilló y corrió a retocarse el maquillaje, refrescar su cabello con aceites aromáticos y ponerse perfume en el cuello, las muñecas y, ¿por qué no? Un poco en sus muslos. No iba a engañarse con lo que podría, no, iría a pasar dentro de unas horas. De su garganta salió un ronroneo cuando lo imaginó bajándole la cremallera del vestido negro mientras le besaba el cuello. No podía más, nadie podía culparla al estar transitando por su etapa ovulatoria. Su corazón se detuvo de pronto, ya que por un segundo pensó en la bolsa de la farmacia, oculta dentro de la sesta de la ropa sucia, pero eligió volver a su estado delirante y se desprendió de ese pensamiento. Michael no iría a robarle sus óvulos, no si quería concedérselos a Koushiro.

Tan ensimismada estaba que no escuchó la nueva vibración de su celular.

Koushiro Izumi [20:06]: Iré por ti en cuanto me desocupe, Haruiko y Wallace no dejan de hablar.

Decidió, de improviso y frente a la puerta, que sería una buena idea llegar a su cita sin nada debajo del vestido, así que se quitó las bragas húmedas y las metió dentro de su cartera y salió lo más rápido que pudo. En el ascensor presionó varias veces el botón que la llevaría a la planta baja, pero por más que lo presionara, no iba más rápido de lo normal. Se despidió de su conserje, pero él no le dijo nada, como era usual luego de que Michael Barton fuese a acosarlos con su insistencia.

Al fin iría a cumplir su fantasía y ese recepcionista la vería caminar de la mano con Koushiro Izumi, presidente del CITD y parte de los elegidos originales, hacia las habitaciones del hotel y sabría que lo suyo con el portador del emblema del Conocimiento no era un fanfic. ¿Es que así se sentían Miyako y Sora, en la primera cita oficial con sus respectivos esposos? Claro que ellas habían tenido esos encuentros hace una millonada de años atrás y, tanto como Koushiro como ella, ya tenían experiencia y madurez (esperaba) en temas amorosos.

—Puedo comportarme como un adulto —le había dicho él cuando estaba por irse por la reunión y ella cerró los ojos cuando sintió un calor visceral correr por sus venas.

Si no tenía cuidado, dejaría la acera de Nueva York pintada con pequeñas gotas saliéndosele por sus intimidades sin bragas.

Mimi apuró el paso, no podía esperar a verlo y, aunque el hotel le quedara demasiado cerca, sentía que este se alejaba con cada paso que daba. A la mierda la cena, ella quería saltarse todo para irse a la cama con el presidente del CITD y no precisamente a dormir. Necesitaban recuperar el tiempo que habían perdido desde que ella no le había dicho nada en la época de la tienda virtual, esa que ya ni siquiera existía.

Su celular vibró dentro de su cartera de mano, a un lado de sus bragas, y ella pensó que podía ser su futuro esposo y padre de sus dos futuros hijos. Arrugó la nariz cuando vio el último mensaje, luego de forcejear con la pequeña cartera, las bragas y su ansiedad.

Michael Barton [20:20]: ¿Cómo va esa resaca?

Mimi estaba abriendo la puerta que daba al restorán del hotel cuando, de pronto, vio a Koushiro parado a un lado de una mesa. Debía estar ahí esperándola, quizás tenía la idea de cenar allí mismo, a Mimi no le importaba mucho; si fuera otro, se molestaría demasiado por el poco esfuerzo, pero con Koushiro debía ser estratégico. Si comían en el restorán del hotel, era más fácil irse a la habitación para saciar el hambre que no provenía del estómago.

—¡Koushiro! —lo llamó cuando se acercaba a él.

Él la miró y frunció el ceño con extrañeza. Había gente sentada en aquella mesa, quizás Koushiro ya se había parado y el resto había decidido comer ahí mismo. Mimi sintió que le faltaba una pieza a ese rompecabezas y volvió a mirar el mensaje del presidente del CITD. "Estoy en el restorán del hotel. Iré por ti en cuanto me desocupe, Haruiko y Wallace no dejan de hablar."

Estaba tan absorta en el calor de sus entrañas que no había leído todos los mensajes. Mimi presionó sus labios en una delgada línea para darse cuenta de que, por vez infinita, ella no era más que un desastre y que no calzaba en la estrategia de vida de Koushiro.

Wallace se levantó de su asiento en la mesa y fue a saludarla con demasiada efusividad. Incluso le besó la mejilla cuando ella pensó que ya había terminado con su galantería.

—¿Cómo está Michael?

—Está bien —dijo casi muda, sin quitarle la vista a Koushiro—. Lo vi ayer, creo que tiene resaca.

—¿Y tú no?

Please —le dijo con una sonrisa torcida y altanera, a lo que Wallace se rió y la siguió con la mirada mientras ella seguía avanzando hacia la mesa.

Si ya la había jodido, era mejor pretender que Koushiro era Taichi y fingir demencia.

—¿Ya cenaron? —preguntó ella, parándose a un lado del presidente del CITD como si él no fuera la persona más importante de ese lugar. Tuvo que apretar las piernas con ese último pensamiento. A Mimi le gustaba el poder, al parecer.

—Todavía no —respondió Koushiro con un amago de sonrisa.

Parecía que entendía el juego que estaba jugando ella.

—Señorita Tachikawa —saludó Haruiko Takenouchi, el padre abandónico de Sora que la cambió por otro pelirrojo—. Qué gusto verla, Shuu nos comentó que estaba más guapa que nunca, pero no podía creerlo hasta ahora.

Shuu estaba sentado frente a Haruiko se atragantó con un vaso de agua cuando escuchó al viejo hablar.

—Ah, ¿sí? —murmuró Mimi como si no recordara que Shuu se lo había dicho cuando la vio la vez anterior. De la boca de Shuu salía tierno, pero de la boca de Haruiko sonaba a la galantería vestigial con la que había engatusado a la madre de Sora. Luego repasó la mesa en la que estaban y solo había tazas de café vacías y migas de lo que pudieron ser galletas, debían haber estado allí sentados hace horas, luego de la reunión. Koushiro debía haberse parado hace poco para irse e ir a buscarla. Fue entonces que se dio cuenta que en esa mesa solo había hombres—. ¿Mina no está?

—No viajó esta vez —explicó Wallace.

Estaba bien, Mimi no podía no sentirse celosa de ella por su inteligencia y posición en el CITD.

—¿Qué harán ustedes? —preguntó Wallace, mientras tomaba asiento de vuelta a la mesa.

Entre tanto, Haruiko llamó a la mesera para empezar la cena.

—No lo sé —dijo Koushiro—. Depende de Mimi.

—Claro que depende de mí —indicó ella con gracia y le regaló una sonrisa que seguro lo puso nervioso—. ¿Saben lo difícil que es que Taichi o Koushiro me visiten cuando pasan por Nueva York? Es impresentable luego de haber vivido tantas cosas juntos en la niñez. Taichi ya se disculpó por la última vez que no me vino a ver y, cuando volvió, fue a verme con una botella de mi sake favorito, no estuvo mal, pero sé que puede hacerlo mejor. Dijo que me llevaría a un restorán lujoso de mi elección, pero no lo hizo. Koushiro podría cumplir la promesa de Taichi, por ejemplo.

Wallace se rió por lo bajo.

Jeez, Taichi's right. Sí eres la princesita del Digimundo —opinó él mientras recibía la carta del menú de manos de una mesera, ocasionando que la mujer se sorprendiera y la reconociera como Mimi Tachikawa, la guapa de las elegidas originales. Mimi sonrió complacida—. ¿Se quedarán o no?

Mimi sabía que era mejor irse a vivir el romance con el que siempre soñó, perdida en las calles de Nueva York y en la bohemia que ya no existía desde hace mucho. Apenas salieran del restorán del hotel, ella podría tomarlo de la mano y besarlo en medio de la oscuridad de la noche, sin que nadie se enterara, ya que serían una pareja cualquiera. Sin embargo, contra todo pronóstico, tomó asiento en una de las sillas que había libre en la mesa del restorán, porque quería ver cómo actuaba Koushiro en su hábitat, frente a sus colegas. Él ya había visto su desastre, ella también quería ver su orden y meticulosidad.

—Sí, ¿por qué no? —resolvió la princesita—. Me pueden contar cómo es Koushiro como jefe.

Tanto Haruiko Takenouchi como Shuu Kido se rieron cuando la escucharon hablar con ilusión, Wallace no pareció particularmente interesado, algo que no la preocupó tanto.

Mimi sonrió satisfecha cuando sintió que Koushiro se sentaba junto a ella, si él era el jefe que mantenía todo funcionando para Wallace, Shuu y Haruiko, y todo el resto, era Mimi Tachikawa la que tenía poder sobre él. Los roles que se habían invertido una vez más, pero esta vez de vuelta al orden que sí hacía sentido.

That's cute —murmuró Wallace, sin quitarle la vista al menú.

El rubio parecía haber pensado lo mismo que ella y su corazón se aceleró cuando supo que, quizás, alguien podría salir de la cena con una idea o dos con respecto a la Pureza y el Conocimiento. Lo que no podía decidir era si le gustaba o no estar tan cerca de que los descubrieran.

Mimi suspiró y sonrió como si nada pasara, mientras que uno de sus pies se desprendió del tacón stiletto y acarició la pantorrilla del presidente del CITD, tal cual había visto en alguna película. Koushiro solo aclaró la garganta y siguió analizando el menú que tenía entre manos. No estaba mal su capacidad de pretender que nada ocurría debajo de la mesa.

—Es un buen jefe, señorita Tachikawa —opinó el viejo Takenouchi—. No se preocupe.

Mimi no entendió a lo que el viejo se refería por haberse distraído con Koushiro, pero asintió de igual forma a la respuesta de la pregunta que ella misma había preguntado.

La mesera volvió con los bebestibles y se llevó la orden para esa cena que sería demasiado larga como para que Mimi la soportara, pero era consciente de que solo eran las consecuencias de sus propios actos y no iría a dejar de molestar a Koushiro para mantenerse entretenida. Ya casi podía visualizarlo perder la cabeza cuando le dijera que tenía las bragas metidas en la pequeña cartera de mano que tenía sobre la mesa, a vista y paciencia de todo el mundo.

Mientras Haruiko hablaba de lo que se trataba la reunión que había tenido hace horas, Mimi se hacía la entendida, asintiendo y preguntaba cosas vagas, utilizando las pocas palabras que alcanzaba a escuchar del largo discurso del viejo. Toda su atención estaba en la postura de Koushiro cuando ella lograba tocarlo por debajo de la mesa. Mimi se reía a carcajadas con el padre de Sora cuando su mano se posó en la rodilla de Koushiro y subió hacia el muslo para luego perderse en su entrepierna. Si bien ya estaba un poco duro debajo la cremallera del pantalón, sintió cómo se rellenaba de sangre bajo su mano casi al instante y ella tuvo apretar los labios para no jadear ahí mismo. Koushiro se enderezó a su lado y se llevó una mano a su boca para ocultar una mueca, no era raro pensar que el introvertido presidente estaba cansado y estaba intentando disfrazar pobremente un bostezo.

Mimi llamó a la mesera nuevamente y pidió una botella de vino tinto para todos los miembros del CITD, solo para justificar el sonrojo del presidente.

—Haruiko, le diré a Sora que te invite a comer con nosotras cuando la vaya a ver dentro de unos meses —rio ella mientras brindaba con el viejo.

Mimi no contaba que Shuu Kido, que estuvo callado y por ende pasó desapercibido durante toda la cena, hubiese perdido la servilleta de tela y se inclinara bajo la mesa para buscarla, solo para ver que la portadora del emblema de la pureza estaba descalza de un solo pie, revelando una pedicura perfecta, y que estuviese acariciando descaradamente la pierna de su jefe. Shuu se volvió a enderezar en su silla, sin ninguna servilleta en su poder, y reprimió una sonrisa al entender que la pobre señora Kae Izumi debía dejar de preocuparse tanto de la ineptitud amorosa de su hijo adoptivo. ¿Ineptitud había dicho? Pues nada de eso, a Koushiro no le había llamado la atención ninguna mujer como para descuidar su carrera en la investigación digital, la única persona más interesante que un millón de datos era Mimi Tachikawa y él no lo culpaba. La mujer era guapa por donde la miraran y cualquiera caería en sus redes.

—¿A ti qué te pasa? —preguntó Wallace cuando sintió que la energía de Shuu cambió de la nada.

—Nada —indicó él y siguió comiendo de esa horrible comida occidental.

Wallace ya estaba aburrido de que Haruiko hablara tanto de cosas de trabajo y que Mimi fingiera que el padre de Sora era encantador, pero no había podido dejar de pensar que la chica era una buena pieza para enamorar inversores. Lo sabía por cómo hablaba Michael Barton de ella, pero no lo había entendido hasta ahora (Si Wallace pensaba en una de las originales, pensaba inmediatamente en Hikari Yagami). Transcurrida una hora en esa cena, Wallace debía admitir que la portadora pureza lo había encandilado con su sonrisa y su capacidad de hablar de cualquier cosa. Y no era el único, ya que además de Haruiko, Koushiro estaba evidentemente deslumbrado por ella si no había dicho ninguna palabra cuando el viejo Takenouchi hablaba de más y revelaba algo que aún no era revelable.

—¿En qué trabajas, Mimi? —preguntó de pronto el rubio, interrumpiendo la risa de Haruiko.

—Si leíste la novela de Takeru, sabrías que estoy completamente dedicada a la industria de modas —dijo ella antes de tomar un sorbo de su copa, luego aclaró la garganta para seguir hablando, derrochando altanería y coquetería—, pero si me preguntas a mí, hace años vendí la tienda que tu jefe me diseñó y ahora estoy enfocada en mi carrera culinaria. Soy chef.

Haruiko se sonrió al escucharla, al igual que Shuu, pero el viejo seguro pensaba que, si fuese treinta años más joven, le pediría una cita romántica a la mejor amiga de su hija.

—¿Para qué leería la novela de Takeru, si Hikari todavía no aparece? —indicó con falsa molestia y solo Mimi se rio.

—¿Hikari te interesa? —murmuró ella con petulancia—. ¿Acaso eres tú el padre de su bebé?

—¿Hikari tiene un bebé? —preguntó Wallace como si le hubiesen dado la peor noticia de todas, algo que pareció divertirle a la mujer.

—Tendrá… —corrigió ella—. Y no es de Takeru, aparentemente.

—Mimi… —murmuró Koushiro por primera vez en mucho tiempo y se inclinó hacia ella, Mimi pudo sentir su aliento caliente acariciar su oreja y con pesar pensó que, si se levantaba al baño, en su silla quedaría una mancha de humedad demasiado grande como para poder explicarla sin traer a sus bragas a la conversación—, no es de conocimiento público aún.

—¿No lo es? —murmuró ella de vuelta y lo vio a los ojos y la cercanía con el presidente del CITD la hizo sonrojar, si no estuviese tan nerviosa por la filtración de información, se habría acercado a besar sus labios—. ¿Por qué no me dijiste antes?

Mimi pasó saliva espesa cuando se dio cuenta de que habría sido mucho mejor haberse ido a cenar a otro lado. Taichi seguro se enteraría y la reprendería, y quizás nunca más se dignaría a verla cuando estuviese en Nueva York. Y Sora solo suspiraría largamente y no le diría nada, pero en el fondo sabría lo decepcionada que estaría de ella su mejor amiga.

—¿Por qué quieres saber a qué me dedico, Wallace? —dijo ella como si quisiera enterrar el chisme con otro tema.

—Pensaba en traerte a todas las cenas con inversionistas, Mimi, eres encantadora —resolvió Wallace, intentando pasar el trago amargo del chisme. Miyako ya lo había traicionado cuando se había reproducido con Ichijouji y ahora Hikari hacía lo mismo. Sin embargo, como la mujer no reaccionó con el halago del rubio como se esperaría de una mujer tan vanidosa, Wallace insistió en el tema—. No importa, Mimi, no diré nada, especialmente a Taichi. Solo me iré a mi habitación y abriré esa pequeña nevera que no debería abrir y sacaré todas las botellas de whiskey que encuentre. Porque el CITD paga, ¿no?

—Sí… —murmuró Shuu a su lado, afectado por el cambio de ambiente en esa animada cena.

—Si quieren saber un chisme de mi parte, digo, algo así como un ojo por ojo, deben saber que el mes pasado estuve en Francia y vi que Catherine Deneuve se tinturó el cabello de rojo y no se ve bien. Taichi también estaba en Paris —indicó Wallace con una sonrisa—. Prometí no decir nada, pero, estas cosas pasan, ¿no? —Tomó una pausa y luego suspiró—. Estoy cansado, es mejor que me vaya.

El rubio se levantó y se fue a las habitaciones del hotel. Shuu decidió que era momento de seguirlo a los pocos minutos, pero Haruiko se quedó para pedir el postre y un café para acompañarlo, incapaz de notar la incomodidad de su jefe y de Mimi, al verlo aún en la mesa. Para hacer las cosas aún peor, el viejo tomó el asiento a un lado de Mimi para seguir la conversación y ella tuvo que calzarse otra vez.

No podía culpar a Haruiko, se dijo Mimi, ella era encantadora como había dicho Wallace.

—¿Entonces me llevarán a ver inversores? —preguntó la mujer, quizás Koushiro podría tener la excusa de tenerla cerca con ese puesto ficticio que ella misma había creado cuando se peleó con el recepcionista.

—¿Por qué no? —resolvió Haruiko con una sonrisa.

Al menos, esa tarta decadente de chocolate estaba hasta la mitad, aunque todavía no había tocado el café.

—¿Seré algo así como una vocera?

—Puede ser.

—¿Qué te parece, Koushiro? —preguntó ella para voltearse a su futuro esposo y padre de sus hijos.

—Me parece una buena idea —dijo él, parecía sincero, como si genuinamente la visualizara como una inocente vocera, pero ella no sabía si Koushiro había pensado todas posibilidades de llevarla de viaje con él, ¿o sí?

No podía esperar a llamar a la puerta del jefe en medio de la noche, para luego volver a su habitación antes del amanecer, solo para que ninguno de sus colegas cayera en cuenta del affair entre la vocera y el presidente del CITD.

No se dio cuenta que se quedó mirando dentro de sus ojos negros por más tiempo de lo recomendado y se volvió a ver al padre de su amiga. Por supuesto, Haruiko no se había dado cuenta de su despiste al seguir comiendo de su tarta de chocolate. Cada vez más lento, para la desgracia de Mimi, ya que Takenouchi ya estaba llegando al límite de su tolerancia a la decadencia dulce, pero él no estaba dispuesto a perder la batalla contra el pedazo de postre.

Mimi suspiró y bebió de su copa de vino y miró de reojo a Koushiro. Él le sonrió de vuelta y Mimi pensó en lo que podrían hacer para escabullirse del restorán del hotel, ya que ella había decido quedarse ahí. Podría decir que iría al baño, llamar a Koushiro a su celular y decirle cosas terribles al oído, como que no tenía bragas porque esperaba que fuese más fácil que se la metiera cuando estuviesen en un callejón oscuro. Sin embargo, de un momento a otro, sintió que su mente hizo cortocircuito y su piel se le erizó al sentir una caricia en su muslo debajo de la mesa. Koushiro había puesto una de sus manos sobre su pierna desnuda y, con el pulgar, la acariciaba lentamente. Lo hacía con cariño, a diferencia de ella que solo quería sacar su lado más primitivo, pero fuese de la forma que fuese, Mimi volvía a perder el aliento y sentir que la viscosidad entre sus piernas volvía con fuerza.

—Haruiko —llamó él, en vista de que Mimi no iría a hablar más—, Mimi y yo saldremos un rato.

El viejo asintió mientras revisaba la hora.

—Iré al baño, Koushiro —dijo ella mientras se paraba y se despedía brevemente del padre de Sora—. ¿Me esperas en la recepción?

Mimi caminó tan rápido como sus piernas se lo permitieron, quizás no era buena idea salir sin bragas si iba a estar chorreando como lo hacía. Apenas llegó al pasillo de los baños públicos, sacó su celular y empezó a textear al presidente del CITD.

Mimi Tachikawa [21:58]: Encuéntrame baño.

Decidió que irían al baño de hombres porque esos baños nunca los utilizaban realmente y ella necesitaba un poco de él antes de llegar a las habitaciones de una pieza. Inhaló y exhaló profundamente, intentando soportar el escozor de su entrepierna y calmarse. Años de fantasía desembocaban en esos momentos. Apenas Koushiro apareciera en el pasillo angosto y poco concurrido, Mimi saltaría sobre como si de una presa se tratara.

Hey, Mimi —la llamó desde el otro lado del pasillo, ese que daba al bar a un lado del restorán del hotel. No era la voz de Koushiro—. ¿Todavía no te vas? Haruiko no es tan divertido.

Era Wallace y cuando ella abrió la boca para contestarle lo primero que se le ocurriera, Koushiro apareció por el pasillo con el celular en su mano.

Oh my… —dijo Wallace—, you guys wanna fuuuck.