Pequeño malestar

Yachiyo x Iroha

Yachiyo supo que no había nadie más en la villa Mikazuki desde el momento en el que pisó el porche.

No sentía la magia que despedían las gemas del alma de sus compañeras y tampoco escuchaba el usual bullicio que solía haber en esos días libres.

Cuando abrió la puerta y entró al recibidor, recordó haber escuchado que Tsuruno y Felicia estarían comprando algunas cosas para la cena, pues a ellas les tocaba prepararla esa noche.

Por su parte, Futaba seguramente estaría en el centro comercial. Últimamente, había adoptado la costumbre de salir a caminar, mientras pensaba en su futuro.

Lo que Yachiyo no sabía era qué estaría haciendo la más adorable, a su parecer, de todas sus amigas y compañeras de equipo: Tamaki Iroha.

Sabía que la pelirrosa tenía por costumbre visitar cierto lugar de la ciudad en donde habían perecido sus queridas hermanas y que también salía a revisar si quedaba algún rumor dando vueltas por la zona. Todas sabían que de esos ya no quedaban, pero igual la dejaban estar. Después de todo, tarde o temprano, decía ella, acabaría por toparse con el cerezo de la eternidad.

Pero era fin de semana, por ende, Iroha no estaría en esas ocupaciones en esos momentos. Entonces, ¿dónde podría estar su pequeña porción de algodón de azúcar?

Yachiyo le decía de esa forma… en su mente. Ya que, en persona, ni loca se le habría ocurrido llamarla su "pequeña porción de algodón de azúcar".

Y sí, a la mayor le gustaba la pelirrosa, era algo que algunas personas habían notado. Sin embargo, Yachiyo podía permitirse respirar tranquila cuando se encontraba en su casa ya que ninguna de sus jóvenes compañeras parecía percatarse de los sentimientos que ella estaba guardando en su interior hacia la Mahou Shoujo de la ballesta.

Dejó escapar un suspiro cuando vio que habían dejado té preparado, sólo sería cuestión de calentarlo.

Mientras colocaba la tetera encima de la cocina, a través de uno de los amplios ventanales, pudo ver como se precipitaba una suave lluvia. El día estaba oscuro desde el amanecer. Pero, según él, siempre confiable, reporte del clima, no habría lluvias el día de hoy y el cielo se aclararía en el transcurso de la tarde.

‹‹Por lo general, no suelen equivocarse››, pensó, mientras apagaba el fuego y se servía el té en su linda taza. ‹‹Espero que todas estén a buen resguardo…››.

—Sobre todo tú, Iroha —dijo, finalmente, con el fin de completar su hilo de pensamiento; y procedió a darle un sorbo a su taza de té.

—¿Qué cosa, Yachiyo-san? —se escuchó a sus espaldas, provocándole un respingo que casi ocasiona que se le derrame el té.

Al girarse, la peliazul pudo a ver a la mencionada de pie, a unos metros de ella. Tenía puesta ropa ligera y se refregaba un ojo de forma adorable. Al parecer, acababa de despertarse.

—¿I-Iroha? —sorprendida por el hecho de que su crush estuviera allí, Yachiyo tomó una servilleta y se la llevó a los labios para limpiar el té sobrante que se le escurría por la comisura de la boca debido al sobresalto que acababa de tener—. Creí… um, creí que no estabas. —Respiró profundo para calmarse. ¿Cómo era posible que no hubiera sentido su presencia en todo ese tiempo? ¿Se estaría oxidando?

—Oh, estaba durmiendo una siesta —explicó Iroha, empezando a caminar hacia ella—. Me sentía cansada porque ayer estuvimos peleando con muchas brujas y, además, tuve que hacer la tarea que tenía atrasada —suspiró mientras buscaba su propia taza—. Pensé que un buen descanso no me haría daño.

Yachiyo no respondió al momento. Ahora entendía lo que estaba pasando. No había podido sentir la presencia de la más baja por el hecho de que estaba durmiendo.

Desde hacía un tiempo que, en determinadas circunstancias, la más alta era incapaz de sentir el poder mágico de la chica de la ballesta. Ya sea que estuviera durmiendo o muy relajada, su energía disminuía tanto que a la más alta se le hacía casi imposible detectarla.

No sabía a qué se debía. Tenía pensado, en algún momento, llevarla con la ajustadora para ver si ella podía determinar las causas de semejante fenómeno.

—Yachiyo-san —llamó Iroha, arrancando a la más alta de sus pensamientos.

—¿Qué ocurre?

—Um… —Iroha pareció temblar en su sitio. La taza entre sus manos humeaba con tranquilidad, como si no se enterara de la inquietud de su portadora—. Necesitamos hablar.

—¿Eh?

Iroha, inspiró profundamente, soltó el aire y entonces bebió todo el contenido de su taza de un trago. Caminó hasta el fregadero, lavó el recipiente y lo colocó en su sitio. Acto seguido, caminó hasta el lugar donde estaba Yachiyo, que la miraba con una mezcla de curiosidad y sorpresa.

Cuando estuvo a su lado, Iroha le tendió la mano.

—Vayamos a mi habitación.

Yachiyo, con un gran signo interrogación flotando sobre su cabeza, sintió la repentina necesidad de negarse o algo por el estilo. Pero, había algo más grande en su pecho que la instaba a aceptar de inmediato e irse con ella, sin rechistar. Además, estaba el tema de enorme curiosidad que estaba creciendo en su interior.

—Está bien —bebió el resto del té que le quedaba y aceptó la mano ofrecida por su kohai—. Vamos.


Yachiyo sentía que su corazón podría explotar en cualquier momento. La situación en la que estaban, desde su perspectiva, no era la mejor.

Luego de haber entrado en la habitación de la más baja —y de aprovechar un descuido de su amiga para inhalar profundamente el rico olor que impregnaba la atmósfera de aquel colorido espacio—, Iroha le pidió que tomara asiento.

Precavida como era, Yachiyo habría preferido sentarse en la silla del escritorio que estaba pegado en una de las esquinas de la habitación. Pero, en lugar de eso, tomó asiento en la cama de la pelirrosa porque la chica así se lo especificó.

Yachiyo sabía que algo estaba pasando, pues, desde el hecho de que su crush la invitara a su habitación, hasta eso de que se estuviera comportando de esa forma tan asertiva que le había visto en muy pocas ocasiones, no hacían más que demostrar lo extraña que se había vuelto la situación.

Iroha cerró la puerta y, con paso trémulo, fue y tomó asiento al lado de la modelo que, aunque estaba increíblemente nerviosa, no lo dejaba ver. De hecho, ninguna de sus emociones eran vistas con facilidad, pues, desde siempre, había aprendido a controlar lo que sentía y lo que debía mostrar debido a su exigente trabajo en el mundo del espectáculo.

—Yachiyo-san —comenzó la más baja, sin mirar en su dirección. Tenía las manos puestas encima de sus propios muslos y las apretaba en pequeños puños que no hacían más que demostrar lo inquieta que se sentía en esos instantes—. Hace poco fui con Mitama-san.

—La ajustadora —aclaró Yachiyo y su amiga asintió.

—Así es —volvió a tomar aire y prosiguió—. Había estado sintiéndome extraña últimamente, así que fui a buscar información con ella para saber qué era lo que me pasaba.

—¿Cómo que te has sentido extraña últimamente? —Yachiyo no pudo ocultar la alarma en su voz—. ¿En qué sentido? ¿Tu gema del alma? ¿Cómo está? ¿Se ha oscurecido últimamente? Ya no tenemos el sistema Doppel, así que el riesgo de convertirnos en brujas es muy alto. ¿Necesitas Seed Griefs? Porque yo tengo…

—Wow, wow, tranquila, Yachiyo-san —la cortó Iroha, con las manos en alto y una gotita resbalándole por la nuca—. Estoy bien, no es nada de eso… al menos, nada que no tenga una solución inmediata.

Yachiyo se calmó y, tras pensar en la reacción que acababa de tener, su rostro enrojeció sin remedio. Acababa de perder el control enfrente de su kohai e interés amoroso. No encontraba en donde meter la cara.

—Etto, me hace feliz el hecho de que te preocupes por mí de esa forma, Yachiyo-san —prosiguió la más baja, consiguiendo que la mencionada clavara los ojos en sus propias rodillas—. Me hace feliz muchas cosas que haces, Yachiyo-san —mientras hablaba, se acercó un poco más a su interlocutora, hasta que sus brazos casi se tocaron. Este movimiento descolocó por completo a la peliazul que, de inmediato, clavó sus esmeraldas en el rostro de la menor.

—¿Iroha?

—Déjame terminar, Yachiyo-san —dio una honda inspiración y, sin hacer contacto visual con la chica que estaba sentada a su lado, continuó con lo que estaba diciendo—: Mitama-san me dijo lo que podría estar ocurriéndome.

Yachiyo la escuchaba en silencio. Por algún motivo, comenzó a sentirse más nerviosa de lo normal.

Afuera, lo que había empezado como una suave llovizna, se había convertido en una lluvia lo suficientemente fuerte como para que las gruesas gotas resonaran contra los cristales en las ventanas de la habitación de Iroha. Sin embargo, ninguna de las dos era consciente de este hecho; estaban muy concentradas en la conversación.

—Ella me explicó que si no expresaba lo que sentía a la responsable de lo que me estaba ocurriendo —continuó la pelirrosa—, esos sentimientos podrían llegar a tornarse negativos y contaminar a mi gema del alma. En resumen, dijo que debía ser sincera conmigo misma y con la persona que me estaba provocando estos… "síntomas". Tengo que decirle a esa persona que me gusta y así, aunque me rechacen, me habré librado de ese peso.

Mientras la escuchaba, Yachiyo se hacía una idea de qué era lo que venía a continuación. Por supuesto, desechó esa idea porque sería demasiado bueno para ser cierto. Lo que había pensado, por un momento, era que podría tratarse de ella; que su Iroha hablaba de ella como la persona que le gustaba.

Por unos instantes, dentro de ella, nació la esperanza de que su crush, esa pequeña y valiente Puella Magi, pudiera corresponder eso que ella, Nanami Yachiyo, estaba sintiendo.

‹‹Pero las cosas no son siempre como lo deseamos››, pensó Yachiyo, sintiendo como su corazón se estrujaba en el proceso. ‹‹No creo que se trate de mí, después de todo, no he sido precisamente la mejor persona como para que algo tan bueno pueda sucederme. De seguro es alguien como Futaba, he visto que, últimamente, pasan mucho tiempo juntas››.

—Es por eso que necesitaba hablar contigo, Yachiyo-san —mientras más hablaba, su rostro más enrojecía y tenía sus manos inquietas apretadas entre sí.

‹‹Aquí viene, de seguro me pedirá algún consejo para decirle a esa persona como se siente. Es lógico que lo haga, después de todo, soy la mayor aquí. Es normal que pidan ayuda a la persona que creen más experimentada››.

—Ya-Yachiyo-san… tú… —se detuvo un momento y cerró los ojos—. ¡Me-me gustas, Yachiyo-san!

Después de eso, todo se quedó en silencio… incluso la ruidosa mente de la Puella Magi más fuerte de Kamihama dejó de trabajar tras semejante confesión.

Yachiyo no tenía palabras para describir lo que, unos segundos después, comenzó a crecer dentro de su pecho. Lo único que escuchaba, una y otra vez, repetirse en sus oídos era ese "Me gustas, Yachiyo-san" que su kohai acababa de decirle.

—Um, sé que esto fue muy repentino, Yachiyo-san —habló la menor, tras casi cinco minutos sin que ninguna de las dos pudiera decir algo más—. Pe-pero, tenía que decirlo y, um, bueno… —bajó la mirada y entonces la mayor pudo percibir como se le ensombrecía la mirada—. No sé desde cuando estoy sintiendo esto ni cómo fue que pasó. Pero, sé que lo que siento es sincero y… eres libre de rechazarme, Yachiyo-san. Sé que alguien como yo no podría ser suficiente para ti… tampoco soy tan buena como para merecerme a alguien como Yachiyo-san…

Las palabras de la menor fueron cortadas cuando la peliazul, presa de una intensa euforia, decidió abrazarla, provocándole un respingo y, posteriormente, un fuerte sonrojo.

—No veo el por qué debería rechazarte —dijo la más alta, sin romper el abrazo—. Después de todo, tú también me gustas, Iroha.

Al escucharla, Iroha se sintió tan feliz, que no pudo evitar que unas traviesas lágrimas se escaparan de sus ojos magenta, humedeciendo el hombro descubierto de Yachiyo.

Al darse cuenta de que Iroha lloraba, Yachiyo se separó rápidamente de ella y, sin dudarlo, llevó las pálidas manos sus húmedas mejillas. Acto seguido, secó las pocas lágrimas con sus pulgares.

—Lo siento, Yachiyo-san —respiró hondo—. Estaba muy feliz. No creí que fuera a ser correspondida.

—No tienes por qué disculparte, Iroha —acarició las mejillas de su enamorada, con ternura—. Yo tampoco creí que sería correspondida. De hecho, si no hubieras tenido el valor de expresar lo que sentías, seguiríamos sin saber lo que sentíamos la una por la otra.

Iroha se permitió sonreír, ya más recuperada, y asintió.

De verdad, se alegraba mucho de haber podido tener aquella conversación con Mitama acerca de una molesta sensación que se presentaba en su pecho cada vez que estaba en presencia de Nanami Yachiyo.