El sol otoñal acariciaba el rostro de Naruto, pero la calidez no lograba disipar una sutil melancolía que se aferraba a él. Observaba las hojas carmesí danzar en el aire, compartiendo risas huecas con Asia y Xenovia, mientras una punzada de soledad le recordaba sus planes frustrados con Issei y Kiba. La perspectiva de una noche de camaradería se había desvanecido con un mensaje frío y funcional.

Kiba, con su belleza serena y su porte de caballero estoico, irradiaba una compostura que Naruto envidiaba a veces. Su uniforme impecable era un reflejo de su disciplina, su cabello pálido enmarcaba unos ojos azules que hoy parecían distantes. Issei, a su lado, había dejado atrás la fragilidad de sus inicios, su cuerpo ahora definido por un entrenamiento constante. La camisa blanca se tensaba ligeramente sobre unos pectorales incipientes, y aunque su rostro mostraba una madurez prematura, unas sombras oscuras bajo sus ojos miel revelaban noches de desvelo. Su nuevo uniforme oscuro, un regalo inesperado, contrastaba con la pulcritud habitual de Kiba, pero le confería una presencia innegable.

La cancelación de la salida resonó en Naruto como un pequeño eco de sus propias pérdidas. Esas entradas de cine representaban más que una simple película; eran un intento de aferrarse a la alegría simple de la amistad. Con un suspiro apenas audible, se refugió en la luz parpadeante de su celular, en el santuario ruidoso del club.

Una presencia cálida interrumpió su ensimismamiento. Rías, con su aura de fuego contenido y sus cabellos del color del atardecer, se sentó a su lado, sus ojos amatista escrutando su rostro con una ternura inesperada.

—Naruto… ¿todo bien? Pareces… pensativo —su voz, habitualmente llena de vivacidad, se tiñó de una suave preocupación.

—Solo… una pequeña decepción —murmuró, evitando su mirada—. Íbamos a ir al cine con Issei y Kiba mañana… pero surgieron sus deberes.

La respuesta de Rías lo tomó por sorpresa, una chispa de esperanza encendiéndose en medio de su desánimo.

—Si te sientes solo… yo podría acompañarte.

Las palabras flotaron en el aire, atrayendo las miradas curiosas de los demás, quienes rara vez veían a su líder tomar tal iniciativa. El corazón de Naruto latió con fuerza, un rubor intenso coloreando sus mejillas.

—¿Rías…? ¿De verdad? —su voz apenas superaba un susurro, inundado de una mezcla de sorpresa e incredulidad.

—Completamente —afirmó ella, una sonrisa dulce y un ligero sonrojo adornando su rostro. Sus ojos brillaban con una intensidad que hizo temblar algo profundo dentro de él.

—Entonces… ¿mañana por la tarde te vendría bien? —preguntó, la timidez luchando contra una oleada de emoción ante la perspectiva de estar a solas con ella.

—Sería perfecto —respondió Rías, su voz suave como una caricia. Se levantó con una gracia etérea y se dirigió a sus aposentos, dejando a Naruto con el corazón latiéndole desbocado.

En la soledad de su habitación, un espacio austero que ella había convertido en un refugio personal, Rías dejó escapar un suspiro tembloroso. Un círculo mágico se extendió por la pared, sellando sus emociones del mundo exterior. Se dejó caer sobre su cama, la sencillez del colchón contrastando con el torbellino de sentimientos que la embargaba.

—¡Por Lucifer… lo hice! —susurró, un escalofrío de excitación recorriendo su cuerpo. La audacia de su invitación la había dejado temblando de una felicidad casi dolorosa.

Al día siguiente, Naruto se vistió con cuidado, cada prenda elegida como una extensión de la esperanza que florecía en su pecho. Los jeans oscuros, la camiseta negra suave, la hoodie blanca como un lienzo de nuevas posibilidades. Incluso había olvidado la incomodidad de no llevar sus vendas, reemplazándolas por una mascarilla blanca que ocultaba parte de su nerviosismo.

En la penumbra del cine, la espera se sintió eterna. Repasaba mentalmente cada palabra que podría decir, cada gesto que podría hacer. La voz de Rías lo sobresaltó, suave como una brisa.

—Perdona la tardanza, Naruto.

Al alzar la vista, la visión de Rías lo dejó sin aliento. Su elegancia formal, el pantalón negro impecable, el suéter color crema de cuello alto abrazando su cuello esbelto, el abrigo marrón oscuro que le daba un aire misterioso y sofisticado… todo en ella irradiaba una belleza serena y profunda.

—No… acabo de llegar —respondió Naruto, sintiendo un calor inexplicable ascender por su cuello.

—Entonces… ¿entramos? —preguntó Rías, sus ojos brillando con una anticipación contagiosa.

Dentro, la elección de la película recayó en "La tumba de las luciérnagas". Mientras los créditos iniciales se desvanecían, ninguno de los dos anticipaba el torrente de emociones que los inundaría. La historia de Setsuko y Seita, luchando por sobrevivir en un Japón devastado por la guerra, resonó en Naruto con una fuerza visceral. Su propia muerte temprana lo había privado de presenciar esa época oscura, pero la pantalla le mostraba la crueldad despiadada de un mundo en conflicto, el sufrimiento inocente que trascendía el tiempo. Una punzada de dolor por aquellos que sufren injustamente se clavó en su corazón.

Al salir del cine, un silencio denso los envolvió. La película había dejado un poso de tristeza y reflexión. Naruto sintió la necesidad de la cercanía de Rías, de compartir el peso de las emociones que los embargaban. La conversación sobre el mensaje de la película fluyó suavemente hasta que llegaron a un parque familiar.

—Aquí… aquí fue donde Raynare intentó matar a Issei —dijo Naruto, su voz teñida de una sombra oscura al señalar el lugar.

Rías soltó una risa apagada, mirando las luces tenues del parque.

—Ese ángel caído tenía un gusto peculiar… Si mi final estuviera cerca, este sería un lugar hermoso para despedirme.

Antes de que la frase terminara de escapar de sus labios, sintió un suave golpe en su cabeza.

—¡Auch! ¿Por qué hiciste eso? —protestó, con un brillo húmedo en sus ojos.

—¡No digas eso, Rías! —la reprendió Naruto, su voz cargada de una angustia inesperada—. No quiero… no quiero perderte a ti también. —El recuerdo de sus padres, de sus camaradas caídos, lo invadió con una punzada de dolor.

—Naruto… lo siento. Fue una broma estúpida. No pensé… —Rías se acercó y lo abrazó con fuerza, sintiendo el temblor en su cuerpo—. Oye… hay algo que necesito decirte. Algo que llevo guardando desde hace mucho.

Naruto levantó la mirada, sus ojos encontrándose con los de Rías. La diferencia de altura era un recordatorio constante de sus mundos distintos, pero en ese momento, solo veía la sinceridad en su mirada.

—Dime…

—Cuando te conocí… —comenzó Rías, su voz apenas un susurro cargado de emoción—… te veía como alguien… alguien que levantaba muros, que se escondía tras una fachada de sarcasmo. Pero con cada día que pasaba… vi más allá de eso. Vi tu valentía silenciosa, tu lealtad inquebrantable hacia tus amigos… tu corazón increíblemente puro. —Sus palabras cálidas envolvieron a Naruto, disipando la tristeza que lo embargaba—. No eres para nada lo que creía… eres mucho más… Eres el chico del que… del que me enamoré.

Con una delicadeza exquisita, Rías tomó el rostro de Naruto entre sus manos, sus pulgares acariciando suavemente sus mejillas. Se inclinó, y sus labios se encontraron en un beso lento, cargado de una ternura que hizo temblar el alma de Naruto.

La sorpresa inicial se transformó en una calidez dulce que se extendió por todo su ser. Al separarse, Rías jadeó suavemente, sus ojos brillantes de amor.

—Naruto Obanai… ¿me darías el honor de ser tu novia?

Una sonrisa genuina iluminó el rostro de Naruto, una sonrisa que rara vez mostraba al mundo.

—¿Esto responde a tu pregunta? —murmuró antes de atraer a Rías hacia él para otro beso, uno más apasionado, que selló el inicio de su historia.

—Entonces… —susurró Rías entre jadeos, su rostro sonrojado como una rosa—… ahora somos nosotros… ¿verdad?

Un suave asentimiento y otro beso fueron la respuesta de Naruto.

—Tenemos que contárselo a los demás mañana —dijo Rías con una mezcla de nerviosismo y emoción—. Espero que no se sorprendan demasiado.

—Estarán bien —respondió Naruto, aunque una punzada de incertidumbre lo recorrió. El grupo era su familia, y esta nueva parte de su vida también debía ser compartida con ellos. Notó, con un ligero alivio, la ausencia de las bromas lascivas de Issei en los últimos días, un indicio de un posible cambio en su amigo.

Bajo la luz de la luna creciente, Rías acompañó a Naruto hasta su apartamento. Un último beso en la frente, cargado de promesa, y luego desapareció en un destello carmesí.

Al día siguiente, el club vibraba con su energía habitual, aunque una sutil tensión flotaba en el aire. Koneko absorta en su mundo digital, Gasper inmerso en sus juegos, Issei y Kiba compartiendo risas sobre videojuegos, Akeno y Asia enfrascadas en su eterna partida de ajedrez, con Xenovia como espectadora entusiasta.

La puerta se abrió, y Naruto y Rías entraron tomados de la mano, sus rostros irradiando una felicidad contagiosa. Se detuvieron en el centro de la sala, sus corazones latiendo al unísono.

—Atención, mis queridos amigos —anunció Rías con una sonrisa radiante, capturando la mirada de todos.

Un silencio expectante llenó la habitación.

—Tenemos algo importante que compartir con ustedes —continuó Naruto, su voz ligeramente temblorosa pero llena de una profunda emoción—. Rías y yo… somos pareja.

Un torbellino de reacciones recorrió los rostros de sus amigos. Asia, Akeno y Koneko intercambiaron miradas incómodas. Kiba ofreció una sonrisa sincera, aunque con un toque de sorpresa. Gasper se quedó boquiabierto, sus ojos oscuros dilatados. Y entonces, Xenovia e Issei estallaron en una carcajada sonora e inesperada.

La sorpresa de Naruto y Rías fue palpable. Tras unos minutos, lograron contener su hilaridad, explicando entre jadeos que la imagen de ambos juntos les evocaba cómicamente la disparidad entre "un Minion y Godzilla", una alusión directa a la diferencia de altura y a la percepción de Naruto como alguien más bajo que el promedio.

Una pequeña disputa juguetona se encendió entre Naruto e Issei, con Naruto recordándole su historial amoroso menos exitoso. Issei, con una sonrisa pícara, corrigió esa afirmación, revelando sus dos noviazgos pasados: su relación cordial con Kurenai, quien se había mudado, y el oscuro recuerdo de Amano Yuuma (Raynare). También mencionó brevemente sus dos "ami-novias", Murayama y Katase, una relación polígama que había terminado en malos términos debido a la manipulación de las chicas del club de Kendo.

Fin. ¿Qué unevas capas del pasado de Issei sorprenderán al clan Gremory? ¿Cómo afectará esta nueva relación la dinámica del grupo? ¿Axel finalmente va a trabajar y dejara de hacerse pendejo como el renegul?Descúbranlo en la próxima inter-mision.