Atención: Pokémon no me pertenece.
Soy un Riolu
Primera temporada
Quiero ser un pokémon
Sin perder tiempo, emprendieron el camino en busca de un nuevo lugar donde establecerse. El sol de un nuevo día apenas se alzaba sobre el horizonte cuando tomaron un sendero de tierra que serpenteaba entre colinas y campos. Aquel camino era usado por humanos que transportaban enormes cargamentos de comida, y aunque les parecía arriesgado, decidieron seguirlo, con la esperanza de encontrar algo para saciar su creciente hambre.
Horas pasaron y sus estómagos comenzaron a rugir. No habían comido nada desde temprano, y la fatiga empezaba a notarse en sus pasos. El paisaje árido no ofrecía ni una sola baya, ni un solo árbol frutal. Justo cuando pensaban que tendrían que dormir con el estómago vacío, escucharon el rugido de un motor: un enorme camión se acercaba, sacudiendo el polvo del camino.
Norberto intercambió una mirada cómplice con Rihanna.
—No podemos seguir así —Dijo, transmitiendo sus sentimientos con solo el aura—. Tendremos que asaltar el camión.
Rihanna asintió reconociendo lo que su compañero quería hacer al toque, aunque con algo de duda en sus ojos. Aquel plan no era honesto, pero el hambre podía más que la moralidad en ese momento.
En el instante justo, ambos saltaron con agilidad para luego aferrarse al contenedor del camión. Norberto utilizó Palmeo para abrir un agujero por el cual se deslizaron al interior. Estaba oscuro, pero su conexión con el aura le permitió percibir cajas llenas de bayas, sonrió al reconocer el inconfundible aroma de sus favoritas.
Sin embargo, no estaban solos; Una intensa presencia se hizo notar. De las sombras emergió una Absol hembra, con los ojos brillando de determinación. Había activado Danza Espada y su mirada no dejaba lugar a dudas: defendería ese cargamento a toda costa.
— ¡Rihanna, cuidado! —Transmitió su advertencia mediante ese canal que solo los de su especie dominaban con facilidad.
Pero fue demasiado tarde. Un veloz Carantoña atravesó el aire golpeando a la Riolu antes de que pudiera reaccionar. Rihanna cayó al suelo inconsciente. Norberto, paralizado por la rabia y el miedo, respondió de inmediato con otro Palmeo que empujó a su adversarial hacia atrás.
— ¿Dos Riolu? ¿Molestias dobles? Ese ataque me ha dolido... pero no más que el hambre —Dijo la tipo siniestro con voz áspera—. Si me quitan esta comida, no tendré nada. Los humanos no me darán más.
— ¡No me importa! ¡No después de lo que le hiciste a mi amiga! —Rugió Norberto.
—Prepárate entonces...
La protectora del cargamento se lanzó con un Golpe bajo, impactándolo de lleno. Norberto sintió el golpe con fuerza inesperada.
— ¿Cuántas Danza Espada hiciste...? —Dijo, tambaleándose sintiendo un gran mareo. — ¿Qué no fue solo uno?
—Con eso es suficiente, necesito someterte a un largo interrogatorio. —Respondió con orgullo— No son los primeros ladrones que intento frenar.
—Pues entonces... Paso. —Con una enorme sonrisa, trató de concentrarse para ejecutar su siguiente movimiento. —Creo que eso no va ocurrir.
Juntando una brutal cantidad energía, canalizó su furia y su deseo de proteger a Rihanna en un poderoso Contraataque; El impacto fue brutal, su adversaria quedó tendida en el suelo, inconsciente al instante.
Acto seguido Norberto se acercó a una de las cajas llenas de bayas para lanzarla por el agujero que había hecho antes. Luego cargó a su compañera entre sus brazos, escapando de un gran salto, rodando por el suelo con ella en brazos. El camión continuó su camino sin detenerse.
Bajo la sombra de un árbol cercano, abrió la caja, sacó unas bayas Zibra y las llevó a los labios de Rihanna. Al poco tiempo, ella empezó a parpadear, débil, pero consciente.
—Norberto... me duele... mucho. Gracias... por salvarme... otra vez —Susurró entre jadeos.
—De nada, mí querida Rihanna. Aquí tienes, come un poco de estas bayas... te sentirás mejor.
Después de aquel dramático enfrentamiento con la Absol dentro del camión, Norberto respiraba con dificultad, sosteniendo con fuerza a Rihanna entre sus brazos mientras se alejaban del camino de tierra, escondiéndose entre los árboles del bosque cercano. El cielo comenzaba a aclararse levemente, anunciando el final de otro día lleno de peligros. A pesar de su agotamiento, Norberto no podía bajar la guardia. Tenía a Rihanna herida, una caja de bayas zibra recién robadas y una creciente sensación de responsabilidad que lo quemaba por dentro.
Con sumo cuidado, colocó a Rihanna sobre un lecho improvisado de hojas secas. Ella aún tenía el pelaje chamuscado por el Psicocorte, pero gracias a su increíble resistencia, había logrado mantenerse consciente.
—Tienes que comer —Le susurró Norberto, abriendo la caja y ofreciéndole una baya.
Rihanna tomó la fruta con sus temblorosas patas y la mordió, liberando un jugo dulce que comenzó a revitalizarla poco a poco. Su respiración se volvió más estable y el dolor pareció menguar.
—Gracias, Norberto… no solo por salvarme, también por no rendirte nunca.
Él le acarició la mejilla con dulzura, observando con orgullo y alivio cómo su compañera volvía a la vida poco a poco. El vínculo entre ambos era ahora más fuerte que nunca. Ya no se trataba solo de una amistad: habían pasado juntos hambre, frío, batallas... y ahora, hasta robo de suministros. En medio de todo ese caos, Norberto también sentía una punzada de emoción; cada obstáculo superado fortalecía no solo su poder como Riolu, sino también su voluntad de vivir plenamente en ese nuevo mundo.
— ¿Sabes? —Dijo él, encendiendo apenas su aura para calentar el ambiente a su alrededor—. Cuando probé esta conexión contigo, pensé que solo era una herramienta. Pero ahora entiendo que… es más que eso. Es una forma de estar conectados, incluso cuando las palabras fallan.
Rihanna sonrió, aún adolorida, pero con sus ojos brillando con intensidad.
—Y yo te entendí, incluso antes de que dominaras el aura.
Las horas pasaron, y ambos descansaron esa noche al abrigo de un gran árbol, refugiados bajo su copa. La caja de bayas aseguraba que al menos podrían comer durante unos días, pero sabían que no podían quedarse allí para siempre. Necesitaban encontrar un lugar estable, lejos de humanos que patrullaran los caminos o de otros pokémon territoriales.
Al amanecer, tras asegurarse de que Rihanna podía caminar —aunque despacio—, emprendieron de nuevo su camino. A cada paso que daban, el protagonista sentía que estaba construyendo su propia historia, lejos del chico humano que alguna vez fue, más cerca del Riolu que estaba destinado a ser. Aunque su pasado seguía pesando en su corazón, y aunque el recuerdo del combate contra Rogelio ardía como una herida abierta, en este momento lo único que importaba era ella.
De repente Norberto abrazo de improviso a Rihanna quedando por un momento en silencio, el uno frente al otro, con la brisa del atardecer acariciando sus cuerpos. No hacían falta palabras. Ambos sabían que algo había cambiado: no solo podían comunicarse con claridad, sino que su vínculo se había vuelto más profundo.
Ahora se entendían en alma, no solo en palabras.
Caminaron juntos por la orilla del río, con sus patas apenas tocando el agua, y luego se recostaron bajo un viejo árbol, viendo cómo las estrellas empezaban a encenderse una a una en el cielo. Rihanna apoyó su cabeza en el pecho de Norberto, cerrando los ojos, y por un instante, el mundo pareció detenerse.
Pero en medio de esa paz, la mente de Norberto no podía estar tranquila a pesar de que tenía a su mejor amiga… o tal vez más, a su lado.
—Rihanna… —Dijo suavemente—. ¿Alguna vez has sentido que hay una parte de ti que no encaja aquí?
— ¿Lo dices por tus recuerdos? —Ella lo miró con curiosidad. Él asintió.
—A veces me despierto con imágenes de otro mundo. No como sueños... más bien como fantasmas. Carros, calles, luces, cosas que aquí no existen. Gente que hablaba un idioma que tú no conoces. Mi reflejo… era diferente. Tenía manos, no patas. Caminaba en dos piernas, pero no como ahora. Era más alto. Más torpe. Y tenía una voz que ya no recuerdo con claridad.
Rihanna lo escuchó en silencio, acariciando su brazo para acerle comprender que no estaba solo. Norberto suspiró.
—No quiero volver a ser humano. No me malinterpretes. Siento que… aquí tengo una razón para existir. Aquí te tengo a ti. Pero no puedo negar lo que una vez fui. Y eso a veces me pesa.
Ella se acomodó mejor sobre él y, con una leve sonrisa, respondió:
—No te veo como humano, eres tú. Y eso es lo que importa. Lo que fuiste te trajo hasta aquí… y yo estoy feliz de que estés aquí conmigo.
Norberto la miró con ternura, sin saber cómo responder. En lugar de palabras, le acarició con suavidad el rostro con su palma y se inclinó, rozando su frente contra la de ella. Permanecieron así por varios minutos, conectados a través del aura y el calor de sus cuerpos.
Pero la calma fue interrumpida por un sonido lejano. Un grito. No de dolor… sino de advertencia.
Ambos se pusieron de pie, alertas.
—¿Escuchaste eso? —Preguntó Rihanna.
—Sí. Vino del este… en dirección a ciudad corazonada.
Decidieron investigar. Mientras se acercaban, encontraron a una pequeña Staravia herida, temblando entre unos arbustos.
—¡Ayúdenme… por favor…! —Balbuceó—. ¡Él está viniendo… un Monstruo depredador…!
Norberto se congeló.
—¿Qué dijiste?
—Un Pokémon... enorme… oscuro. No alcance a verle el rostro. Aparece en medio de la niebla y el bosque se volvió frío… muy frío. Dicen que… es la máquina de destrucción perfecta. Ya se llevó a dos compañeros. Sólo sentí cómo mi cuerpo se debilitaba cuando me miró. ¡Tenía ojos marrones… como la roca!
— ¿Crees que sea real? —Rihanna lo miró preocupada.
—La visión que tuve hace unos días… vi una silueta similar. No le di importancia entonces. Pero ahora…
El aura de Norberto se encendió en azul, como reacción a su miedo. Rihanna se acercó y lo abrazó con fuerza.
—No estás solo. No dejaré que nada te pase.
Él le devolvió el abrazo, con más fuerza aún.
—Y yo tampoco dejaré que te lastimen. Este poder… ahora sé que me fue dado por una razón. Tal vez sea para detener a esa cosa.
La Staravia los miró con esperanza en los ojos.
—Por favor… ayuden a los demás. No dejen que nos devore a todos.
La noche cayó por completo. El bosque pareció susurrar algo entre las ramas. Y a lo lejos, en lo más profundo de la niebla... dos ojos depredadores se abrieron entre las sombras.
Norberto lo sintió: Algo los estaba observando.
Los árboles temblaban con cada pisada pesada que se acercaba. Un rugido desgarrador hizo volar a los Murkrow de sus ramas, y desde lo profundo de la niebla emergió una figura imponente: Tyranitar. Su cuerpo estaba cubierto de tierra agrietada aunado a sangre seca en su hocico; con su mirada tanto fija como asesina, como si el mundo a su alrededor no fuera más que un obstáculo a aplastar.
Y justo delante de él, un pequeño Pichu corría, jadeando, con los ojos llenos de terror.
— ¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Me va a matar! —Chilló.
Norberto no lo pensó. Saltó al frente, listo para la acción con sus palmas brillando para la ocasión de ser necesario.
—¡Rihanna, cúbreme!
Ella asintió, lista para defenderlo si Tyranitar se abalanzaba. Pero el monstruo no se detuvo a observar ni a intimidar. Simplemente arremetió con un alarido de furia.
Norberto se preparó para interceptar el ataque… cuando algo más sucedió.
Desde un costado del bosque, una figura envuelta en fuego irrumpió con un grito de guerra:
—¡Muerte, maldito Riolu!
Un Combusken saltó sobre ellos, lanzando una patada ardiente que falló por poco, pero impactó de lleno contra su refugio improvisado, destruyendo las provisiones que habían recolectado ese día.
— ¡¿Qué rayos estás haciendo?! —Gritó Norberto, esquivando el siguiente ataque— ¡No somos tus enemigos!
Combusken bufó, con las plumas erizadas y los ojos llenos de rabia.
— ¡Ustedes… ustedes no entienden! ¡Me arrebató todo! ¡Mi familia, mi honor…! ¡Ustedes lo pagaran caro!
Rihanna se interpuso con firmeza.
— ¡Él no es quien te hizo daño! ¡Detente!
Pero Combusken no escuchaba razones. El aura de la venganza lo envolvía, enceguecido.
Y entonces, Pichu llegó hasta ellos, tropezando, con las mejillas chispeando de miedo. Se abrazó a Norberto, temblando.
—Por favor… no me dejen… me va a… matar…
El suelo volvió a temblar.
Tyranitar apareció entre los árboles, rompiéndolos como si fueran ramitas. Su rugido fue ensordecedor. Al ver a Pichu, cargó su puño con una gran concentración de energía acumulada, listo para aplastarlo sin misericordia.
Rihanna cubrió al pequeño mientras Norberto se interponía, activando su Copión para utilizar lo que parecía ser Puño certero. Pero incluso con su recién desarrollada control del aura, no era suficiente para intimidar semejante monstruo por mucho tiempo, a pesar de transmitirle mediante ese canal toda su rabia y dolor que sentía.
El ambiente se volvió opresivo. Tyranitar rugía, Combusken gritaba, y Pichu lloraba. Todo estaba al borde del colapso.
Entonces Norberto, con su voz proyectada mentalmente para todos, gritó con firmeza:
—¡Basta!
El aura que emanó fue tan intensa que por un momento, todos se congelaron. El tiempo pareció detenerse… Norberto estaba de pie en medio de los dos enemigos, con los ojos encendidos en azul y el cuerpo resplandeciendo con energía pura.
—No sé qué pasó en tu pasado, Combusken, pero yo no soy tu enemigo. Y Tyranitar… si es el asesino del que hablan, entonces me voy a encargar de detenerlo.
Rihanna se colocó a su lado.
—Y no lo harás solo. Yo estaré contigo.
Combusken tembló. Su respiración era agitada, pero empezó a bajar las garras. Su mirada pasó de odio… a confusión. Tal vez, por primera vez, empezaba a escuchar.
Pero Tyranitar… no retrocedía. Él no razonaba. No hablaba. Solo destruía. Y en su mirada asesina, Norberto supo que Pichu no era un objetivo al azar. Había algo personal allí. Algo oscuro… y aún sin resolver. La batalla que se avecinaba no era solo física. Era emocional. Espiritual. Y puede que fuera solo el inicio de algo mucho más grande.
El primer golpe fue como un trueno; Norberto cargó su puño con energía aura, concentrándose por completo en Copión, la técnica que le permitía imitar los movimientos de su adversario. El puño se envolvió en una energía oscura y violenta: Puño Certero.
Tyranitar, como una montaña con patas, rugió y cargó exactamente el mismo movimiento. Ambos Pokémon se impulsaron hacia el frente como proyectiles.
Entonces... colisionaron; El estruendo fue tan ensordecedor que los árboles temblaron. La onda expansiva lanzó a Pichu hacia atrás, aunque Rihanna lo atrapó a tiempo. Aura y oscuridad chocaron, retumbando en el aire con un zumbido grave y eléctrico.
Incluso Combusken, aún agitado, retrocedió con asombro ante el impacto.
Ambos cayeron de espaldas, pero se levantaron al instante, jadeando, midiendo al otro. Norberto se frotó el hombro, el golpe había sido devastador. Su rival no era solo un bruto sin control… era un experto en el arte del aplastamiento.
Tyranitar se impulsó de nuevo, levantando una lluvia de rocas con Roca Afilada. Las piedras giraban como cuchillas voladoras, listas para destrozarlo todo.
— ¡Ahh! —Norberto se deslizó por el suelo, esquivando como podía, aunque una roca le rozó el costado.
Rihanna gritó su nombre, pero él ya se había levantado. Con una patada giratoria, golpeó la última roca directamente hacia su adversario, que la destrozó de un solo zarpazo con Triturar.
—Es fuerte… pero no invencible —Murmuró el protagonista entre dientes.
Esta vez, cambió de estrategia. Esperó, firme, y cuando su enemigo cargó como un Tauros, no se movió.
En el último segundo, el pokémon emanación activó Contraataque; El puño de su oponente lo alcanzó de lleno, levantando una nube de polvo. Rihanna gritó, pero cuando esta se disipó… Norberto seguía de pie. Su cuerpo brillaba de rojo.
—¡Ahora! —Gritó con una determinación feroz.
El golpe de Contraataque fue tan poderoso que hizo retroceder a su contrario por primera vez. El gigante se tambaleó, aturdido, gruñendo de ira al sentir una fuerza que igualaba la suya.
Norberto no le dio respiro. Se lanzó de inmediato, usando Palmeo como una ráfaga de golpes precisos. Golpeó el rostro, el pecho, los brazos. Cada contacto era reforzado por el aura: Lo estaba acorralando.
Pero Tyranitar rugió, lleno de rabia. Se dejó caer sobre él como una avalancha y le lanzó Triturar con todo su ser. Norberto apenas logró bloquear, pero fue lanzado varios metros, aterrizando con fuerza contra un tronco: Sangre brotaba de sus heridas.
Tenía su cuerpo mal herido, con rojo carmesí manchando su pelaje azul. El mundo le daba vueltas. Pero no podía detenerse. "No solo peleo por mí… Peleo por Rihanna, por Staravia, por ese Pichu. Por todos los que este monstruo ha herido."
Con los ojos encendidos en aura pura, se levantó.
—¡Vamos, maldito pedazo de roca! ¡No te dejaré tocar a nadie más!
Ambos cargaron de nuevo. Otro: Puño Certero.
Esta vez, Norberto esquivó en el último instante y le clavó un Palmeo cargado de aura directamente en el abdomen. Tyranitar rugió, pero antes de que pudiera contraatacar, Norberto activó de nuevo Copión, y en un instante, su puño se volvió oscuro.
—¡Triturar!
Golpeó a Tyranitar con su propia técnica, directo al cuello.
El coloso cayó de rodillas, nadie jamas le había dado tanta guerra hasta ahora.
Respirando con dificultad, Norberto alzó la mirada.
—Se acabó.
Pero Tyranitar, aún jadeante, no atacó. Su mirada seguía fija en Pichu. Ya no con furia… sino con dolor. Un gruñido gutural escapó de su garganta, y luego… se desplomó.
— ¡Estás herido! —Rihanna corrió hacia al pokémo que más amaba en el mundo.
—Estoy bien… creo. Solo necesito... dormir por una semana.
Pichu se acercó, temblando.
—G-gracias. N-no sé por qué me odia tanto… pero…
Norberto puso una mano sobre su cabeza.
—Ya hablaremos de eso. Algo me dice que este Tyranitar no era solo un asesino sin razón. Esto va más profundo.
En lo profundo del bosque, alguien más observaba. Un par de ojos brillaban entre la oscuridad. Había más piezas en juego. Y el aura de Norberto… acababa de llamar la atención de fuerzas aún más peligrosas; mientras una figura de un Sustituto desaparecía donde había caído el coloso de roca.
Combusken se quedó en silencio, con los puños apretados. Su cuerpo aún temblaba, pero no por el miedo… sino por la mezcla de emociones que hervían dentro de él. Había venido buscando venganza. Había visto a Norberto como una piedra en su camino. Pero ahora…
Lo había visto luchar; No solo cualquier lucha. Norberto, ese Riolu al que había menospreciado, acababa de derrotar a un Tyranitar asesino. Con fuerza, técnica, y sobre todo, con valor.
Combusken bajó la cabeza, sin decir una palabra. Dio media vuelta, sus patas levantando el polvo húmedo de la tierra, y se alejó entre los árboles con paso firme.
—Aún no estás a mi nivel… —Murmuró Norberto para sí mismo, mirando cómo se perdía en la espesura—. Pero nos volveremos a encontrar.
Rihanna, aún preocupada, ayudó a su amado a sentarse en una roca cercana mientras le limpiaba las heridas con una hoja mojada.
— ¿Estás bien? —Le preguntó con suavidad.
—Sí… pero hay algo que necesito saber ahora mismo.
Giró la cabeza hacia Pichu, que había estado callado tras el combate. El pequeño Pokémon eléctrico evitaba su mirada, con las orejas caídas y el cuerpo encogido.
—Pichu —Dijo Norberto con firmeza—. ¿Qué fue eso? ¿Por qué ese Tyranitar te perseguía como si fuera algo personal?
—¡Yo-yo no hice nada! —Chilló el Pichu, intentando escabullirse hacia el bosque, patitas para que las quiero—. ¡Lo juro! ¡Yo solo pasaba por ahí!
Pero Rihanna, rápida como un rayo, lo sujetó del brazo con una delicadeza firme, bloqueando su huida.
—Tranquilo, solo queremos respuestas. Nadie va a hacerte daño.
Pichu tragó saliva. Miró a Norberto, luego a Rihanna, y al suelo al final. Sus pequeñas patitas temblaban.
—Ese Tyranitar… antes no era así —Dijo por fin, con voz baja—. Era el guardián de un valle donde vivía con mi familia. Protegía a los Pokémon del lugar, especialmente a los más pequeños como yo. Pero… algo cambió.
— ¿Qué cambió? —preguntó Norberto, más serio que nunca.
Pichu respiró hondo.
—Hace unas semanas… cayó una estrella. Un trozo de algo que ardía con fuego púrpura. Él fue el primero en tocarlo. Dijo que sentía "una nueva energía", que podía "ver más allá de los velos del mundo". Pero al poco tiempo, empezó a enloquecer. Atacó a mi familia… y solo yo pude escapar.
Norberto y Rihanna se miraron con preocupación.
— ¿Fuego púrpura? ¿Una estrella? —Susurró ella.
— ¿Una especie de… fragmento? —Añadió Norberto.
Pichu asintió lentamente.
—Desde entonces lo he visto cazando. Persiguiendo a quienes alguna vez cuidó. Es como si… algo lo poseyera. Esto no ha terminado —Murmuró—. Si ese fragmento aún está ahí… alguien más podría estar en peligro.
Se levantó lentamente, aun adolorido, pero con la mirada encendida.
—Tenemos que ir a ese valle. Y tenemos que encontrar esa cosa.
Rihanna lo ayudó a sostenerse.
—Iremos contigo.
Pichu se limpió las lágrimas. Dudó un momento… y luego asintió.
—Yo los llevaré. Sé el camino. Pero prométanme algo…
—¿Qué? —Preguntó Norberto.
Pichu apretó los puños.
—Si encontramos más como él… si hay otros Pokémon contaminados por esa cosa… ayúdenme a salvarlos. No quiero que nadie más sufra como él.
Mientras caminaban por un sendero que cruzaba una pradera en sombras, el silencio entre los tres se hacía cada vez más incómodo. Norberto iba adelante, con los ojos fijos en el horizonte, pero con el aura desplegada en un susurro constante, sintiendo algo... raro. Rihanna caminaba justo detrás de Pichu, observando sus gestos con atención. Desde hacía un rato, algo no cuadraba.
De pronto Norberto se detuvo en seco. El Pichu chocó contra su espalda.
— ¿Uh? ¿Qué pasa?
Norberto no respondió de inmediato. Simplemente se giró despacio, con los ojos entrecerrados.
—Tu historia… no tiene sentido.
— ¡¿D-de qué hablas?! ¡Les estoy diciendo la verdad! —El Pichu dio un paso atrás, nervioso.
— ¿Ah, sí? —Dijo Rihanna con una ceja levantada—. Dijiste que Tyranitar era un guardián, pero también que estaba loco desde hace semanas. ¿Y aun así esperaste tanto para huir? ¿Y por qué te perseguía justo a ti? ¿No que había atacado a otros?
Pichu tragó saliva. Intentó dar otro paso atrás, pero Norberto levantó una pata.
—Ni un paso más. Estoy sintiendo tu aura. Está… manchada. No por maldad, sino por culpa… y por mentiras.
El pequeño se estremeció, bajando las orejas. Norberto avanzó un poco más.
— ¿Qué estás ocultando? Dilo ya.
Pichu apretó los dientes. Se encogió, temblando… pero seguía sin hablar. El silencio que siguió fue espeso, casi eléctrico. El corazón de Pichu latía como loco, podía escucharse incluso sin habilidades especiales.
—Yo… yo no… no sé de qué estás hablando…
El ambiente aún estaba cargado por la batalla reciente. Tyranitar había sido derrotado, Combusken se había marchado en silencio, anonadado por la fuerza de Norberto… pero algo no encajaba.
El tipo eléctrico que habían rescatado, parecía demasiado nervioso. Sus respuestas eran vagas, su mirada se desviaba, y su historia tenía huecos que ni Rihanna ni Norberto pasaron por alto.
—Pichu —Interrumpió Rihanna, con un tono firme pero no cruel—. Esto no es un juego. ¿Qué estás escondiendo?
Hubo un largo silencio. Enseguida, el pequeño cerró los ojos, bajó la cabeza y murmuró:
—Me están asustando…
—Basta de juegos —Dijo en seco, dándose la vuelta.
El pokémon ratoncito dio un brinco, como si lo hubieran atrapado con las patas en la trampa.
— ¿Q-qué pasa? Ya les conté todo…
—Mentira —Interrumpió Rihanna con frialdad, dando un paso al frente—. Dices que Tyranitar perdió el control por una "energía oscura", pero no explicas cómo sabías exactamente dónde estábamos. Ni por qué parecía tenerte en la mira.
Elías retrocedió. Norberto lo observaba con sus ojos entrecerrados, su aura brillando débil pero pulsante, como un fuego a punto de crecer.
—Siento culpa en ti. Dolor, sí… pero también mentiras. ¿Qué escondes, Elías?
El pequeño Pichu se estremeció. Dio media vuelta, listo para huir, pero Rihanna se adelantó y le bloqueó el paso.
—No tan rápido.
El silencio se alargó. Y entonces Norberto murmuró, sin quitarle la vista:
— ¿Por qué no empiezas por decirme quién eras… antes?
Elías lo miró, pálido. Se quedó paralizado. Rihanna entrecerró los ojos.
— ¿Cómo sabes eso? —Dijo, con voz quebrada.
Norberto dio un paso hacia él. Su aura brilló un poco más, azul intensa.
—Porque yo también fui humano. Y recuerdo esa vida. Recuerdo mi nombre.
Elías se encogió. Bajó las orejas. Sabía que ya no tenía escapatoria.
—…Sí. Yo fui humano. Pero ya no recuerdo cómo era mi vida. Solo fragmentos. Voces. Y… una jaula.
— ¿Una jaula?
—Una estructura construida por la sociedad—Explicó Elías, aún con miedo en la voz—. Rota. Oxidada. Como si hubiera contenido algo durante siglos… algo que no debería haber salido jamás.
Norberto guardó silencio, procesando. El aura alrededor de su cuerpo seguía vibrando.
— ¿Y cómo te llamabas en esa vida?
—Elías.
El corazón de Norberto dio un vuelco.
— ¿Qué significa eso? —Pregunto Rihanna toda confundida.
—No lo sé. Solo que no somos los únicos humanos que han renacido aquí. Algo nos está reuniendo… a todos. Pero no es por amistad o destino... es porque hay algo muy, muy grande en juego. Y alguien quiere usar nuestros pasados como armas.
El par de Riolu se miró. La tensión era densa, casi irrespirable.
— ¿Y tú, Elías? —Preguntó Norberto, bajando un poco la voz—. ¿Qué papel juegas en todo esto?
—No lo sé. Pero si me quedo solo, no podré descubrirlo. —El Pichu bajó la cabeza.
Rihanna lo miró con desconfianza, pero Norberto asintió con calma.
—Entonces vienes con nosotros. Pero si vuelves a mentirme… lo sabré. El aura no perdona.
Elías tragó saliva y asintió, sin más fuerzas para discutir. Mientras retomaban el camino, el cielo comenzaba a oscurecer aún más.
El sol comenzaba a ocultarse entre las copas de los árboles, tiñendo el cielo de tonos naranja y violeta. Los tres aventureros avanzaban con paso ágil por un sendero escondido en los bosques que rodeaban Ciudad Corazonadas, en busca de un atajo que les evitara no solo el tráfico habitual, sino también los combates de entrenadores con exceso de ego y poco sentido del respeto.
— ¿Estás seguro de que este camino es más rápido? —Preguntó Elías, el pequeño Pichu, mirando con recelo el creciente número de ramas enredadas.
—Tan seguro como que los Machoke sudan cuando corren. —Respondió Norberto, sonriendo con confianza, aunque claramente no sabía muy bien a dónde iban.
Rihanna, la Riolu de mirada serena, levantó la vista. —Yo solo quiero llegar antes de que oscurezca. Este bosque no me da buena espina.
Y como si el universo tuviera sentido del humor, en ese instante comenzaron a caer las primeras gotas de una repentina lluvia. Tormenta de primavera. Gruesas, veloces, y con toda la intención de empaparlos.
Fue entonces cuando apareció entre la neblina una figura pequeña y encorvada, sosteniendo un paraguas de encaje. Era una anciana de peinado inflado y mirada chispeante, vestida como si acabara de salir de una novela gótica.
— ¡Oh, cielos! ¡No pueden quedarse en este clima espantoso! —Exclamó con voz melodiosa—. ¡Vengan, vengan a mi humilde hogar! Está justo aquí al lado.
Los tres se miraron con duda. Norberto frunció el ceño. Elías alzó una ceja. Rihanna se encogió de hombros.
— ¿Qué puede salir mal? —Murmuró Elías. Spoiler alert: muchas cosas.
La mansión emergió de entre los árboles como una criatura dormida: enorme, majestuosa, y cubierta de hiedra. Tenía ventanales con vitrales florales y un pórtico adornado con gárgolas adorables (y vagamente perturbadoras). Al cruzar el umbral, las puertas se cerraron solas con un sonoro clic.
—Ehm… ¿eso fue normal? —Preguntó Norberto.
—Totalmente. —Respondió la señora Martínez con una sonrisa que no tranquilizaba a nadie.
Los observó como quien encuentra una caja llena de pokécaramelos raros.
— ¡Pero qué adorables se ven ustedes! Tres pequeñitas tan preciosas... ¡Son perfectas para el concurso! —Dijo mientras giraba sobre sí misma con emoción.
—Disculpe… soy un macho —Dijo Norberto, levantando una pata.
—Sí, sí, claro que sí, preciosa —Dijo la señora sin siquiera escucharlo, tomando a Rihanna por los brazos y llevándola hacia una habitación decorada con cortinas rosas, peluches, y espejos con luces. La siguiente parada fue Elías, quien intentó resistirse, pero fue arrastrado con la misma ternura opresiva. Y finalmente, Norberto fue llevado a lo que parecía una réplica del camerino de una estrella pop.
—Ahora quédense tranquilas, damitas. Les he preparado unos vestuarios divinos. ¡Tienen que estar radiantes para la filmación! —Exclamó la señora, mientras comenzaba a repartir vestidos con brillos, lazos y volantes como si fueran premios de una rifa.
— ¡Espere! ¡Yo no uso eso! ¡Yo tengo pelaje, músculos y orgullo masculino! —Gritó Norberto.
La señora Martínez ya ni lo oía. Estaba hablando con una cámara, haciendo tomas de "tras bambalinas".
— ¡Bienvenidas a Poké-Vogue: Estilo y Ternura! En esta edición especial, nuestras pequeñas estrellas nos mostrarán cómo brillar con gracia y dulzura.
Rihanna suspiró desde su vestidor, sosteniendo un vestido plateado con cuentas de perla.
—Supongo que podría hacer que funcione…
—¿Estoy soñando? ¿Estoy en una pesadilla? ¿Me caí en un agujero del Distorsion World? —Murmuró Norberto, ya semi-vestido con un vestido blanco con olanes.
—Si alguien me ve con esto, juro que me vuelvo fantasma solo por el trauma —Añadió Elías, con un moño rosa gigante en la cabeza.
La cámara giró. Luces. Música cursi. Vestidos. Brillitos. Y tres Pokémon atrapados en una comedia involuntaria que cada vez parecía más una película de terror adorable.
Era difícil saber si ya era de noche o si las cortinas oscuras de terciopelo carmesí simplemente no dejaban pasar ni una pizca de luz. La mansión de la señora Martínez, iluminada únicamente por reflectores estratégicamente colocados, parecía ahora una mezcla entre set de cine, museo de muñecas y delirio personal.
En el centro del gran salón —Decorado con columnas falsas, un piano que nadie tocaba y una fuente interior con forma de Clefairy— Había un fondo fotográfico estampado con flores y corazones. Frente a él, una cámara profesional giraba sobre su eje como un guardia vigilante.
— ¡Muy bien, preciosuras! ¡Vamos a comenzar con la primera sesión! Tema: Princesas de Primavera. —La señora Martínez aplaudía emocionada, como si estuviera dirigiendo el desfile de moda más importante de su vida. Y probablemente lo era.
Norberto apareció primero. O más bien, fue empujado por un par de Kirlia asistentes, vestido con un traje celeste con encaje, un sombrerito ladeado y una sombrilla de tul.
—Voy a quemar esto. En serio. Cuando salgamos de aquí, voy a aprender Puño Incremento contra este sombrero —Gruñó por lo bajo.
— ¡Postura coqueta! ¡Un pie adelante! ¡Sonríe como si acabas de recibir una carta de amor de tu crush! —Gritaba la señora Martínez desde la silla del director.
La cámara captó el momento justo en el que Norberto intentó forzar una sonrisa… y pareció más una mueca de dolor existencial.
— ¡Perfecta! ¡Autenticidad pura! ¡Qué emoción! —Dijo la señora, emocionada.
Luego fue el turno de Rihanna. A ella le tocó el tema Encanto Tropical, lo cual significaba un vestido largo con flores gigantes, un collar de conchas "¿de dónde lo sacaron?" y un fondo playero proyectado artificialmente.
—Puedo tolerar esto —Dijo ella con una dignidad casi real—. Pero sólo si salgo bien en las fotos.
Su pose fue elegante, misteriosa, con una ceja ligeramente alzada. La cámara hizo un clic elegante.
— ¡Eso! ¡Eso es arte! ¡Tú naciste para las portadas! —Gritó la señora, casi llorando.
Elías fue el último. A él le tocó el tema Bebé Caramelo. Lo metieron en un tutú rosa, una camiseta con la palabra "sweetie", y un gorrito con forma de cupcake. La escena fue montada con ositos de peluche gigantes, globos pastel y confeti que caía sin razón aparente.
—Si alguien sube esto a internet, me mudaré a Kalos y me cambiaré el nombre —dijo, inmóvil.
— ¡Más ternura! ¡Haz puchero! ¡Piensa en... Pikachu bebés! —Ordenó la señora Martínez.
Elías entrecerró los ojos. Apretó los puños. Y lo hizo. Un puchero tan forzado que la cámara captó una expresión que mezclaba sufrimiento, furia contenida y una lágrima de dignidad perdida.
Luego vino el colmo.
— ¡Sesión grupal! Tema: Sueños de Boda. — Anunció la señora con una sonrisa maliciosa.
— ¿Perdón? —Preguntó Norberto.
De repente, Rihanna estaba vestida de blanco. Norberto con un traje plateado y un ramo. Y Elías… como una dama de honor. Un vestido lavanda con lentejuelas, guantes y una flor en la oreja.
—Esto no está pasando. Esto no puede estar pasando. —Repetía Elías como un mantra.
— ¡Y ahora, mírense con amor! ¡Sí, tú también, rubiecito! ¡Demuéstrenme ese vínculo irrompible de ternura y compañerismo! —Gritó la señora Martínez desde su sillón de terciopelo.
Norberto y Rihanna intercambiaron una mirada que decía claramente: tenemos que salir de aquí… pronto. Y Elías, mientras posaba con los brazos en forma de corazón, juró vengarse.
La cámara parpadeó una última vez. Clic.
— ¡Perfección! Esto va directo al Poké-Canal. ¡Poké-Vogue romperá récords de ternura este año!
Los tres pokémon no sabían si reír, llorar o prenderle fuego a los vestidos. Pero sabían algo: esa noche, en esa mansión, su dignidad había sido vestida, peinada y lanzada al mundo con brillantina. Y el escape tendría que esperar… al menos hasta después de la cena.
Esta historia continuará…
Nota inicial: Creo que ya todos conocerán a ese Tyranitar, originalmente la trama de atrapados en la gran mansión no iba ser tan larga, respetare eso.
Nota final: Espero que les haya gustado, y nos leemos otro día.
