Atención: Pokémon no me pertenece.


Soy un Riolu

Primera temporada

¿Atrapados en la gran mansión?


La dueña del lugar colocó con cuidado a los dos Riolu sobre su cama. Enseguida, Norberto sintió una presencia familiar.

—Un segundo... esta aura me resulta muy conocida —Dijo Norberto, frunciendo el ceño.

— ¡Norberto! ¿Cómo va la vida? —Saludó Rogelio con una sonrisa.

— ¡Rogelio! Con razón sentía algo tan familiar. ¿Qué haces tú aquí?

—Justo eso te iba a preguntar yo. ¿No se suponía que estabas nadando con los Magikarp? Eres más difícil de eliminar que el protagonista de una película de acción —Bromeó Rogelio.

—Yo pregunté primero, así que responde, pollo del KFC —Le replicó Norberto con molestia.

—Está bien, está bien... Yo también fui capturado por la señora cuento de hadas—Respondió Rogelio con resignación.

—Perfecto... justo lo que necesitaba: quedar atrapado en la mansión del horror con mi némesis —Suspiró Norberto.

—Que yo sepa, solo tienes un rival, y soy yo, bebé —Replicó con orgullo el Combusken.

—Te golpearía hasta dejarte irreconocible si Rihanna no estuviera aquí —Dijo Norberto, controlando su furia.

Fue entonces cuando la extraña señora les colocó otro vestido rojo a Rihanna.

— ¡Qué preciosa te ves, pequeña Riolu! —Exclamó con ternura mientras sacaba un traje amarillo de su armario.

—Me encanta este vestido... realmente me queda bien —Dijo Rihanna, mirándose en el espejo con una sonrisa.

Después, le puso el traje amarillo al tipo fuego-lucha.

—No sé... esto me ofende en muchos niveles —Murmuró Rogelio, intentando quitarse el traje con el pico.

— ¡Te ves tan ridículo! —Soltó Norberto, riendo a carcajadas al ver la pinta de su rival.

— ¡Ahora te toca a ti, Riolu adorable! —Dijo la señora, mostrándole un vestido blanco a Norberto.

— ¿No me diga que habla en serio? ¡¿De verdad piensa que soy una chica, no otra vez?!

Norberto terminó vestido con el traje blanco de novia, ya que la señora llevaba años pensando que él era una Riolu hembra.

—No sé tú, pero te queda bastante bien. Y yo que pensaba que lo mío era vergonzoso... ¿De verdad no había otro color que ese amarillo? —Se burló Rogelio, riendo sin parar.

—No te preocupes, Norberto. El blanco es un color bonito —Intentó consolarlo Rihanna.

— ¡No! ¿¡Por qué me pasan estas cosas a mí!? —El protagonista comenzó a sollozar, avergonzado por el vestido.

—Ay, qué lindos se ven mis adorables Riolu y Combusken. Ya quiero que lleguen mi Gallade mayordomo para grabar videos de poké-visión con ustedes. Por ahora los encerraré para que nadie los interrumpa —Dijo la señora Martínez mientras salía y cerraba la puerta con llave.

La puerta se cerró con un "clic", y Norberto intentó estrangularse con sus propias patas.

— ¡No me hagan esto! ¡No me dejen aquí con estos dos inútiles! —Gritó Rogelio.

—Vamos Rogelio, mantén la calma. Seguro que todo se arreglará —Dijo Rihanna, tratando de ser optimista.

—Lo único seguro es que Norberto es un agujero negro de negatividad —Resopló el Combusken.

—Mi vida ha acabado... deshonra para mí, deshonra para mi familia... ¡deshonra hasta para mi Miltank, aunque ni siquiera tengo una! —Exclamó Norberto, devastado.

—Espera... ¿cómo es que sigues vivo aquí conmigo? —Preguntó el ave corral, incrédulo.

—Tal vez porque olvidas las cosas fácilmente —Le respondió Norberto.

—¡Eres un travesti y estás muerto! —Gritó sin piedad.

En ese momento, Rogelio empujó a Norberto fuera de la cama, pero el Riolu se agarró de una de sus patas y ambos cayeron al suelo estrepitosamente. Sin perder tiempo, rodaron hasta esconderse debajo de la cama de la señora Martínez, mientras continuaban su pelea como si no hubiera un mañana.

Debajo de la cama, los dos enemigos naturales convertidos en muñecos de peluche con ropa ridícula forcejeaban como si estuvieran en un ring de lucha libre.

— ¡Quítate el velo, princesa Norberto! ¡Estás despeinando mi plumaje de príncipe amarillo! —Gritaba Rogelio, pateando sin precisión con sus diminutas patas de pollo.

— ¡Déjame en paz, plumón con patas! ¡Este vestido no es mío, fue impuesto! ¡IM-PO-S-TO! —Replicó Norberto, mientras intentaba arrancarse el moño de encaje que le apretaba una oreja.

— ¡Qué falta de respeto a la moda! —Murmuró Rihanna desde la cama, recostada como una diva—. Yo no me quito este vestido ni aunque vengan los Regis. ¡Es fabuloso!

— ¡Tú lo dijiste porque no pareces una alfombra con patas como estos dos! —Chilló Rogelio mientras intentaba esquivar una patada giratoria que Norberto le lanzó sin querer.

De pronto, ambos se detuvieron. Algo crujió más allá del colchón. Una sombra se movía frente a la puerta cerrada. Y entonces...

— ¡Chicas! ¡Ya llegamos para hacer el episodio de Poké-Visión de las princesas encantadas versión región de Sinnoh! —Gritó una voz infantil del otro lado de la puerta.

—No… no puede ser… —Susurró Norberto con el alma escapándosele del cuerpo—. ¡Esto es una trampa! ¡Una cruel y estilizada trampa!

Rogelio palideció más que un Combusken shiny.

— ¡Abre, abuelita, queremos ver a las princesas! ¡A Riolu y a Combusken, nuestros favoritos! ¡Seguro está lindísimos!

—Estamos condenados —Dijo Rogelio con resignación, hundiéndose más bajo la cama como si eso pudiera ocultarlo del juicio de la cámara—. Deberíamos cavar un túnel.

—Rihanna… —Dijo Norberto, temblando—, ¿qué hacemos?

Ella se encogió de hombros con elegancia.

—Sonríen, se dejan grabar y luego lloran en una esquina. O en su defecto, pueden improvisar una coreografía. ¿Qué tal un dúo dramático entre la princesa Riolu y el príncipe que no quería serlo?

— ¡Tú disfrutas esto! —Gritaron los dos al unísono.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Un Gallade, y un Gardevoir irrumpieron con cámaras, luces, maquillaje y una caja de brillantina más grande que la cabeza de Norberto.

— ¡Aaaah, están más lindos de lo que imaginábamos! ¡El Riolu blanco es la novia mágica! ¡Y Combusken parece un pollito de cuento de hadas!

— ¡Mi dignidad! —Gritó Norberto, mientras una de las niñas le colocaba una corona de flores.

— ¡Mi honor! —Gritó Rogelio, justo cuando le ponían una capita rosa con bordes dorados.

— ¡Esto ya es riduculo! —Gritó Rihanna, ya en posición con una rosa entre los dientes.

Así, entre música, luces y una batalla desesperada por conservar la poca dignidad que les quedaba, nació el video más viral de Poké-Visión del mes, titulado: "Princesa Riolu y el Pollito Perdido: Amor en la Mansión Embrujada".

Y mientras los tipo hada editaban el video entre risas y emojis, Norberto murmuró bajo su aliento:

—Cuando salgamos de aquí, quemaré cada vestido, cada moño y cada archivo de ese maldito video…

—Si es que salimos vivos —Susurró Rogelio.

Rihanna, mientras tanto, revisaba los comentarios en una tablet prestada.

—Oigan, tienen mil likes… y alguien nos ofreció un contrato para una serie.

Norberto se desmayó en el acto.

Más tarde. La cena fue servida en un comedor tan largo que parecía no terminar nunca. En un extremo, la señora Martínez comía lentamente una ensalada de bayas orgánicas. En el otro, Norberto, Rihanna y Elías miraban sus platos de comida gourmet como si fueran cadenas en forma de suflé.

—No entiendo cómo un Pichu puede verse tan encantador con un moño de perlas —Comentó la señora mientras daba un sorbo a su té.

Elías dejó de masticar.

— ¿Esto es real? ¿De verdad estamos cenando vestidas como la fantasía loca de una ex diseñadora de moda de Kalos que nunca superó que sus muñecas no fueran vivas?

—Lo peor es que ni siquiera puedo usar Palmeo con este corset —Murmuró Norberto, jalándose el cuello del vestido plateado que aún llevaba.

—Hay que salir de aquí esta misma noche —Dijo Rihanna, seria—. Antes de que decida hacer un videoclip musical con nosotros en bañadores brillantes.

Elías se estremeció.

Esa noche, en su "suite real" llena de peluches y perfumes florales, Norberto reunió al equipo. Con un mapa dibujado en una servilleta, les explicó:

—El plan es simple: bajamos por las escaleras traseras, cruzamos el pasillo de los espejos, evitamos a los Kirlia asistentes, tomamos la puerta del invernadero… y corremos por nuestras vidas.

—Suena fácil —Dijo Elías—. Excepto por el detalle de que todas nuestras puertas tienen sensores de voz y la IA de la casa cree que nos llamamos "Princesitas del Encanto".

—Eso no es un problema —Sonrió Rihanna—. Ya he estado practicando la voz cursi.

La noche cayó. La casa, en silencio. O al menos eso parecía. Vestidos aún puestos —Porque los botones eran imposibles de quitar—, Salieron de puntillas, deslizándose por los pasillos en puntas de pata, oreja o cola. El pasillo de los espejos fue el primer desafío.

—No mires a los lados —Susurró Norberto—. Todos se ven más ridículos de lo que ya sabemos.

Un Kirlia apareció de la nada, con una bandeja de perfumes. Los tres se escondieron como pudieron.

—¡Pffft! ¡Cuidado, Elías! ¡Me estás pisando el tul! —Susurró Rihanna.

—¡Yo no tengo tul, tengo vergüenza! —Respondió él.

Lograron pasar al invernadero. El aire húmedo, el olor a bayas, la libertad a un paso. Pero justo cuando empujaron la puerta… ¡clic! Una cámara escondida giró hacia ellos. Sonó una voz automatizada:

— ¡Sesión espontánea activada! Tema: Princesas al Natural.

— ¡Noooooo! —Gritaron los tres mientras una luz los iluminaba.

Un Gardevoir apareció en bata de noche, cabello lleno de tubos y una copa de leche tibia en la mano.

— ¡Pero qué adorables están escapando! ¡Son puro contenido viral! ¡Las damitas fugitivas, me encanta! ¡Idea brillante! ¡Lo agregaremos al capítulo final del concurso!

— ¡No somos damitas! —Gritaron los tres al unísono.

— ¿Qué...? —La señora los miró perpleja por primera vez—. ¿No?

Silencio. Pesado. Como un Rhyperior bailando ballet.

—Yo soy macho —Dijo Norberto, levantando un borde de su falda con resignación.

—También yo —Añadió Elías, con su flor torcida.

Rihanna miró a la señora directamente a los ojos.

—Yo sí soy hembra. Pero jamás consentí esto.

El tipo Psíquico-hada retrocedió un paso. Parpadeó. Un Kirlia le alcanzó un pañuelo.

—Necesito terapia —Dijo, cayendo dramáticamente sobre un sillón inflable en forma de Togekiss.

Minutos después, sin cámaras, ni vestidos, ni luces, los tres caminaban por la vereda del bosque bajo la luz de la luna. En sus mochilas, galletas de despedida y un cupón de "Sesión gratis en el Spa Martínez (redimible solo si aceptas ponerte rímel)".

—No pienso hablar de esto nunca —Dijo Norberto.

— ¿Qué cosa? ¿Lo de que te veías hermosa con ese sombrerito celeste? —Respondió Rihanna con una sonrisa traviesa.

—Voy a fingir que no escuché eso —Murmuró él.

— ¿Alguien más tiene la sensación de que esto no fue lo peor que nos va a pasar? —Preguntó Elías.

Y con una risa cansada, los tres siguieron su camino. La noche era tranquila. Hasta que vieron a lo lejos… un grupo de cámaras flotantes de la cadena Poké-Reality.

—No. Otra vez no —dijeron al mismo tiempo, y salieron corriendo.

El reloj marcaba las tres de la madrugada. La mansión de la señora Martínez dormía en una paz engañosa, tan artificial como el rubor de glitter que aún quedaba en las mejillas de Norberto.

—Esto es… absurdo —Susurró, arrancándose las pestañas postizas mientras abría con cuidado la puerta trasera de la mansión.

—Lo absurdo es que esto todavía huela a lavanda con notas de caramelo —murmuró Rihanna, arrastrando un velo rasgado mientras le daba una patadita a un peluche con forma de Happiny que bloqueaba el pasillo.

Habían logrado evadir los sensores de voz usando el tono cursi de princesa que tanto odiaban. El pasillo conducía directo al invernadero… y más allá, al extenso jardín trasero de la mansión Martínez.

Y vaya jardín.

Imagina lo siguiente: caminos de mármol blanco incrustados con piedras preciosas falsas, laberintos de setos podados con forma de Pokémon bebé, fuentes con agua brillante que cambiaba de color cada cinco segundos, una glorieta cubierta de encaje rosa donde sonaba música instrumental de Jigglypuff. Todo iluminado con luces suaves que parecían sacadas de un cuento de hadas distorsionado.

—No sé si estamos escapando… o entrando a un especial de navidad de una tía rica y psicótica —dijo Elías, empujando su moño por enésima vez.

—Solo corre —Respondió Norberto.

Las lámparas de cristal colgaban inmóviles en el vestíbulo, brillando con una luz tenue y engañosa. Afuera, los primeros truenos retumbaban en la lejanía, presagiando una tormenta que se avecinaba lenta pero inevitable. Norberto se detuvo frente al espejo del pasillo principal, con el tul arrugado de su vestido atrapado en la pata de una silla estilo rococó. Se veía… patético. No quedaba ni rastro del aura gallarda de un Riolu que había entrenado con su Lucario, que había escalado riscos y enfrentado entrenamientos brutales. Ahora tenía rímel corrido, el pelaje apelmazado por tanto polvo de hada artificial, y un pequeño gorrito de encaje torcido sobre la oreja derecha.

—No puedo más —murmuró con amargura, arrancándose la peluca rubia—. Que me derrote un enemigo es una cosa… pero esto... esto es tortura estética.

—Al menos tú no llevas cuatro capas de falda de tul fluorescente —respondió Elías, ajustándose el corset con frustración—. Cada vez que respiro siento que me aprieto el alma.

—Silencio, ustedes dos —interrumpió Rihanna, empujando una columna de peluches que bloqueaba la puerta trasera—. Esta es nuestra oportunidad. La señora Martínez está dormida… o al menos distraída grabando su narración final para el video. Y ese mayordomo Gothitelle no parece estar patrullando.

La puerta trasera cedió con un chirrido discreto. Del otro lado, el jardín nocturno de la mansión Martínez se extendía como un paraíso perversamente ornamental: senderos de piedra con bordes dorados, faroles en forma de Clefairy que lanzaban destellos pastel, y setos perfectamente podados con formas de Happiny, Budew y otras "criaturas adorables", como diría su perturbada anfitriona. El aroma a rosas se mezclaba con algo más artificial: el perfume empalagoso que aún impregnaba la tela de sus vestidos.

Caminaron sigilosamente, pisando la hierba húmeda con cuidado, hasta que Rihanna alzó la voz en un susurro alarmado.

—No estamos solos.

Un ruido los detuvo. El crujir de pasos apresurados, fuertes, acompañados por un sonido metálico irregular: como tacones sobre mármol. Y entonces, desde las sombras de la glorieta, apareció él.

El Combusken emergió con teatralidad cruel, luciendo su inconfundible traje amarillo canario con hombreras, lentejuelas, y una capa hecha de plumas sintéticas. Sus ojos ardían con una intensidad asesina. Tenía la cresta elevada como una antorcha viva, y sus garras brillaban bajo la luz de la luna.

—Sabía que intentarías escapar, Norberto —dijo con voz grave y retumbante—. Siempre has sido cobarde, incluso cuando te vestías como héroe. Pero ahora... ahora solo eres una caricatura ridícula.

—Rogelio... —Norberto apretó los puños cubiertos de encaje rasgado—. Aún en esta condición, no dejaré que nos atrapes. No otra vez.

El tipo fuego-lucha esbozó una sonrisa torcida.

— ¡Ya basta! —gritó Elías, lanzándose al frente con un Impactrueno que apenas rozó a Combustión, quien giró con elegancia ofensiva y esquivó el ataque.

— ¿El ratón también quiere bailar? —El Combusken alzó las garras y sin dudar lanzó un ¡Lanzallamas! brutal que iluminó el jardín con una llamarada feroz.

El fuego impactó contra un seto de Roserade, que estalló en llamas, enviando chispas por todas partes. Los listones y tules colgados entre las fuentes comenzaron a arder, creando una atmósfera caótica, casi apocalíptica.

Rihanna tiró de Norberto con fuerza.

— ¡Tenemos que movernos! ¡Ya!

Corrieron entre columnas florales y arcos cubiertos de jazmín sintético. Las estatuas de Sylveon y Togepi comenzaban a derretirse bajo el calor. Los focos del jardín se apagaban uno a uno, como si la propia mansión llorara la pérdida de su falsa belleza.

—¡No escaparás de mí, travesti del aura! —Rugió Combustión, persiguiéndolos con un impulso casi demencial.

— ¡No somos travestis! ¡Esto es involuntario! —Gritó Norberto, esquivando una nueva llamarada que rozó su oreja izquierda.

De pronto, un inmenso torbellino de fuego emergió, alzándose con violencia alrededor de los dos contrincantes, sellando el campo de batalla y anulando cualquier posibilidad de escape. El calor era abrumador, pero ninguno de los dos parecía dispuesto a retroceder. Sin perder un segundo, Combusken lanzó un feroz Lanzallamas en dirección a Norberto, quien se apresuró a utilizar Palmeo para resistir el brutal embate ígneo.

Desde el interior del ataque, Rogelio, surgió de entre las llamas como un proyectil viviente y sorprendió a su adversario con un súbito Picotazo. Norberto, completamente desprevenido, no logró esquivar el golpe, pero lejos de intimidarse, contraatacó con fiereza con un poderoso Contraataque, que sacudió al agresivo pokémon de fuego. Rogelio, incansable, volvió a emplear su movimiento favorito: Lanzallamas. Y otra vez, Norberto se defendió utilizando Palmeo, aunque esta vez sintió cómo el fuego abrasaba su extremidad. Podía percibir con claridad la intensidad del ataque recorriéndole los huesos, pero no se rindió. De un certero movimiento, su pata dividió el chorro ardiente por la mitad.

Combusken intentó repetir su estrategia de asalto rápido con otro Picotazo, pero Norberto, anticipándose al movimiento, reaccionó de inmediato: su otra pata impactó con firmeza el rostro de su enemigo, alejándolo una vez más. Sin embargo, Rogelio no se detuvo; nuevamente, como si fuera una danza de llamas, lanzó un nuevo Lanzallamas. Norberto, ya visiblemente exhausto, se vio obligado a utilizar ambas patas para bloquear el ataque. El sudor le recorría el rostro y una sensación extraña comenzó a apoderarse de su cuerpo; de pronto su roto vestido comenzó a incendiarse, por lo que no dudo ni un poco en quitárselo de encima.

— ¿Qué… qué me está ocurriendo? —Se preguntó Norberto en voz baja, cayendo de rodillas mientras sentía cómo su energía se disipaba sin razón aparente.

Rogelio, con una sonrisa torcida, no dejó pasar la oportunidad.

— ¿Qué pasa, Norberto? ¿Acaso no soportas el calor? Ya sabes lo que dicen… el que juega con fuego, se quema.

El Riolu apretó los dientes, se levantó con esfuerzo y, sin perder la determinación, gruñó:

—Entonces… también lucharé fuego con fuego.

Cerrando los ojos por un momento, activó el movimiento Copión, y al abrirlos otra vez, sus pupilas ardían como brasas. Con un rugido, lanzó su propio Lanzallamas, enfrentando al de su rival con el mismo poder.

Las dos ráfagas ígneas chocaron en el centro del campo como dos soles colisionando. Ninguno cedía, el aire vibraba con el poder liberado. Pero entonces, Norberto sintió otra caída de energía; su cuerpo ya no respondía igual. Bajó lentamente los brazos y su Lanzallamas desapareció. Por fortuna, Combusken también interrumpió su ataque. Ambos jadeaban, pero Rogelio no ocultaba su satisfacción.

Norberto, con rabia en los ojos, volvió a intentarlo. Otro Lanzallamas brotó de su hocico, y Rogelio respondió con uno propio. Esta vez, sin embargo, la potencia del Combusken se impuso. El fuego impactó de lleno al Riolu, lanzándolo por los aires y dejándolo tendido sobre el suelo, maltrecho y humeante. Intentó incorporarse, pero su cuerpo ya no respondía. La fatiga lo devolvió al suelo.

—Esto no está bien… así voy a perder —Susurró con dificultad.

Rogelio se adelantó, arrogante, mientras su sombra crecía con la luz del fuego.

—¿Ya te rendiste? ¿De verdad pensaste que ese pobre intento de Lanzallamas podría igualar el mío? Qué iluso. Eres patético… —Su voz adquirió un tono más oscuro, casi demoníaco—. No lo olvides: yo soy superior.

Norberto cerró los ojos por un momento. Respiró hondo. Luego, con un grito que brotó de lo más profundo de su ser, exclamó:

—¡Soy un tipo lucha! ¡Y los tipo lucha no nos rendimos, aunque ya no tengamos fuerzas! ¡Seguimos adelante hasta el final!

Con un último impulso de voluntad, golpeó el suelo con ambas patas, provocando una onda de choque con Palmeo que sacudió el terreno y alcanzó al desprevenido Combusken. Acto seguido, Norberto cargó con velocidad, preparando otro Palmeo con su pata izquierda. Rogelio apenas tuvo tiempo de reaccionar. Pero justo cuando el golpe iba a impactar, Norberto se tambaleó; otra vez, esa misteriosa pérdida de energía lo paralizó en seco. Su ataque quedó inconcluso.

Combusken no perdió la oportunidad. Lanzó otro Lanzallamas, directo al pecho del Riolu, lanzándolo hasta el borde del remolino de fuego. El impacto fue devastador. El Giro Fuego se disipó al fin, dejando a Norberto inconsciente, tendido en el suelo con vapor saliendo de su cuerpo chamuscado. El aire olía a tierra quemada.

Rogelio se acercó lentamente a su rival, que apenas respiraba. Se detuvo a su lado, observándolo con una mezcla de burla y satisfacción. Norberto seguía consciente, aunque su cuerpo ya no respondía. La mirada que le dirigía a Combusken era de impotencia.

El fuego había ganado.

—Aún… puedo… luchar —Susurró Norberto con la voz quebrada—. Aunque me quede solo… un punto de salud… Termina con esto…

—Nunca tuviste oportunidad —Dijo Rogelio con una frialdad escalofriante—. Espero que esta lección no se te olvide… si es que logras contarlo.

Y con una última sonrisa, levantó su pata y ejecutó un certero Picotazo, dejando a Norberto derrotado. El combate había terminado. El fuego, esa noche, consumió al espíritu luchador de Riolu… pero no logró extinguir su valor.

Justo cuando Rogelio alzaba su pico con la intención de darle un golpe fatal, sus ojos reflejaban una mezcla de arrogancia y oscuridad. Norberto, tirado en el suelo, apenas consciente, con su cuerpo humeando por las quemaduras del último Lanzallamas, apenas podía mover un dedo. Su respiración era entrecortada, su visión borrosa. Solo alcanzaba a ver la silueta distorsionada de su rival alzarse sobre él con la intención de acabar con todo.

—No tuviste oportunidad ante mí… —Murmuró el Combusken con un tono helado—. Esta es tu lección final.

Pero justo cuando el Picotazo descendía con toda su fuerza hacia el corazón del Riolu, un relámpago cruzó el campo de batalla.

— ¡Norberto! —Gritó una voz aguda.

Un Impactrueno brillante estalló entre Rogelio y su presa, desviando su ataque en el último segundo. Un pequeño Pichu emergió de entre las llamas, jadeante pero decidido, con los ojos cargados de furia.

— ¡Apártate de él! —Exclamó Elías, y sin perder tiempo lanzó una Onda Trueno, paralizando brevemente al Combusken.

— ¿Qué demonios…? —Murmuró Rogelio, retrocediendo con dificultad, sus patas temblando.

Una segunda figura apareció, veloz y silenciosa, como una sombra plateada. Rihanna, la Riolu hembra, emergió entre el humo con una mirada letal, sus ojos brillando de determinación.

—Nadie… nadie lastima a Norberto mientras yo esté aquí —Dijo con voz firme.

Sin dudarlo, Rihanna se lanzó al ataque, usando Onda Vacío, un ataque que atravesó el aire como una ráfaga de energía que impactó directo en Rogelio, haciéndolo tambalearse. Sin darle tiempo para recuperarse, saltó hacia él con un Mordisco directo al ala izquierda del Combusken, haciéndolo chillar de dolor.

— ¡Te dije que te apartaras! —Gritó Elías, lanzando otro Impactrueno para mantenerlo a raya.

Rogelio, enfurecido, intentó contraatacar, pero Rihanna usó Refuerzo, compartiendo parte de su energía con Elías y fortaleciendo el vínculo entre ambos.

—No estás solo, Norberto… nunca lo estuviste —Susurró mientras giraba sobre sí misma con elegancia, cubriendo sus patas con un resplandor metálico. Con un potente Garra Metal, impactó de lleno en el pecho del Combusken, arrojándolo varios metros atrás, hasta hacerlo rodar por el suelo.

Rogelio intentó levantarse, aturdido, pero esta vez era él quien estaba superado en número, en energía… y en espíritu. Vio a Norberto en el suelo, y frente a él a sus dos aliados formando un escudo.

—Esto no ha terminado… —Masculló antes de escupir al suelo y desaparecer entre las sombras del bosque.

El campo quedó en silencio. El fuego del remolino se había extinguido. Solo quedaba el vapor del combate y el jadeo entrecortado de los tres Pokémon.

Rihanna se arrodilló junto a Norberto y tomó su pata entre las suyas.

—Estás a salvo, Norberto. Ya no estás solo.

Elías se sentó agotado, mirando al cielo.

—Llegamos justo a tiempo… —Murmuró, con una sonrisa orgullosa.

Y por primera vez en mucho tiempo, Norberto permitió que una lágrima cayera por su mejilla. No por el dolor… sino por el alivio de saber que había alguien que lucharía por él.

La noche había caído sobre el bosque que rodeaba la mansión. Las brasas del combate aún humeaban entre las ramas quebradas, pero el silencio había regresado, y con él, una frágil sensación de paz.

Rihanna arrastró cuidadosamente a Norberto hacia la fuente del jardín, sus patas manchadas de hollín y ceniza. El agua cristalina reflejaba la luna con una calma que contrastaba con el caos que acababan de vivir. Se arrodilló a su lado, mojando un pañuelo con el agua fría y limpiando con delicadeza el rostro del Riolu caído.

—Lo siento… —murmuró, con la voz cargada de emoción—. Llegamos demasiado tarde. Si hubiésemos corrido más, si yo no hubiera dudado…

—No digas eso —la interrumpió Elías, que se había sentado a su lado con las mejillas aun chispeando un poco de electricidad—. Llegamos cuando más lo necesitaba. Y tú fuiste la que lo protegió con todo lo que tenía.

Norberto gimió suavemente. Su cuerpo temblaba, pero sus ojos se abrieron con dificultad. La visión era borrosa, pero pudo distinguir la silueta de Rihanna justo frente a él.

—Rihanna… Elías… ¿Estoy soñando? —balbuceó con una voz apenas audible.

—No, tonto —susurró la Riolu, tomando su pata entre las suyas y apretándola suavemente—. Sigues con nosotros. Pero estuviste cerca… muy cerca. Rogelio casi…

La frase se le quedó atorada en la garganta.

—Él intentó matarte —añadió Elías con seriedad. Su tono había perdido toda su típica alegría. Sus pequeñas patas estaban apretadas en puños, su energía eléctrica latía con rabia contenida—. No era solo una pelea. Fue algo más oscuro. Como si odiara verte respirar.

Norberto trató de incorporarse, pero su cuerpo no respondía del todo.

—Yo lo sentí… —dijo, con un hilo de voz—. Como si algo dentro de él… ya no fuera Rogelio. No ese Torchic que yo conocía. Había odio. Rabia. Vacío.

—Y aun así te lanzaste de frente, como siempre… —dijo Rihanna, esbozando una sonrisa cansada—. Te crees invencible, ¿eh?

Norberto sonrió también, con apenas fuerzas, pero con la calidez suficiente para llenar ese momento.

—No me creo invencible… pero no podía dejar que él ganara. No por mí… por ustedes.

Hubo un silencio. Solo el sonido del agua cayendo de la fuente, una sinfonía suave en medio del jardín chamuscado. Rihanna bajó la mirada, luego la alzó de nuevo con decisión.

—Vamos a entrenar —dijo de pronto—. Juntos. Los tres. No solo para ganar batallas… sino para que nadie más pueda separarnos. Nunca más.

Elías asintió con fuerza.

— ¡Sí! Y la próxima vez que Rogelio se aparezca, lo vamos a reventar como equipo. ¡Como los buenos!

Norberto asintió, débil pero firme.

—Gracias… por salvarme. No sé qué habría hecho sin ustedes.

Rihanna se acercó un poco más, apoyando su frente contra la suya. El gesto fue suave, lleno de ternura.

—No tienes que agradecer. Somos un equipo, ¿recuerdas? Y aunque te hagas el fuerte, aunque te encierres en tus pensamientos y quieras cargar todo tú solo… ya no estás solo, Norberto. Nunca más.

Elías saltó sobre la fuente de repente, salpicando agua sobre los dos.

— ¡Y ahora basta de drama! ¡Hora del baño épico post-batalla!

— ¡Elías! —exclamaron al unísono Norberto y Rihanna, empapados por completo.

Y por primera vez desde el enfrentamiento, una carcajada brotó del Riolu herido. No tan fuerte como antes, pero sí más sincera. Era el sonido de alguien que había tocado fondo… y comenzaba a alzar la mirada.

A la mañana siguiente, cuando los primeros rayos del sol comenzaron a filtrarse entre las nubes, el bosque aún parecía dormido. La brisa era fresca, y el humo del combate de la noche anterior se había disipado como un mal sueño.

Norberto despertó envuelto en mantas improvisadas, rodeado de hojas secas y flores silvestres que Rihanna había colocado a su alrededor con esmero. A su lado, ella dormía en silencio, apoyada contra el tronco de un árbol derrumbado, y Elías roncaba suavemente en lo alto de una rama.

Pero el tiempo apremiaba.

—Tenemos que irnos —susurró Norberto, sentándose con esfuerzo. Su cuerpo aún dolía, pero su espíritu estaba firme. Se levantó con dificultad, y una vez de pie, contempló la vieja mansión. Las paredes ennegrecidas, las ventanas rotas y ese siniestro eco en el aire… todo era una señal. Ese lugar ya no era seguro.

— ¿Ya te sientes listo para caminar? —Preguntó Rihanna, despertando de inmediato al notar su movimiento.

—No del todo —Admitió él, dándole una pequeña sonrisa—. Pero sí estoy listo para largarme de aquí.

Elías se desperezó en la rama y bajó de un brinco, sacudiéndose las hojas del pelaje.

— ¿Nos vamos por la puerta principal? ¿O hacemos una salida dramática por la parte trasera? Con rayos y explosiones, ya sabes…

—Silencioso y rápido —Ordenó Norberto, ya con la mente enfocada—. Si Rogelio sigue cerca, no le daremos otra oportunidad. No esta vez.

Rihanna asintió. Su expresión se endureció. Ya había perdido demasiado por ese tipo fuego-lucha.

Caminaron bordeando el muro interno del jardín, usando las sombras de los arbustos para cubrirse. El pasadizo trasero que Norberto había encontrado gracias a su avanzado control de aura, casi oculto bajo unas losas rotas, seguía allí. Al levantar la piedra, un túnel corto, apenas más grande que ellos, se reveló.

—Este es un excelente plan de escape —Murmuró Norberto mientras avanzaban a gatas—. Por si las cosas se salían de control.

—Y bueno, se salieron —Bromeó Elías, intentando aliviar la tensión.

Salieron al otro lado del muro, más allá de los terrenos envenenados de la mansión, y se internaron en la espesura del bosque. El aire se volvió más limpio, más lleno de vida. Los árboles crujían al paso del viento, y el canto de los Pokémon silvestres les dio la bienvenida de vuelta.

— ¿A dónde vamos ahora? —Preguntó Rihanna, mientras caminaban por un sendero apenas visible.

Norberto respiró hondo. Por primera vez en días, el aire no olía a humo ni a miedo. Tenía sabor a libertad.

—A donde podamos ser nosotros. Donde podamos entrenar, crecer y vivir sin tener que mirar atrás cada cinco pasos. Hay un lago al norte, entre las colinas. Mi padrastro me habló de ese lugar cuando era niño. Dijo que si alguna vez necesitaba esconderme… ahí encontraría calma.

— ¿Y qué haremos cuando Rogelio regrese? —Cuestionó Elías, mirando hacia el horizonte con un dejo de preocupación.

—Cuando eso pase —Respondió Rihanna con firmeza—, estaremos listos. Esta vez no huiremos. Esta vez, él será quien deba temernos.

El sol comenzó a alzarse con más fuerza, iluminando el camino frente a ellos. Aquel sendero entre raíces, sombras y promesas inciertas era apenas el comienzo. Pero entre risas, bromas, y el sonido suave de pasos en la hojarasca, se sentía como el principio de una nueva historia.

Norberto caminaba al frente, aún adolorido pero más fuerte que antes. Con su compañera a un lado y su amigo eléctrico al otro, sabía que ya no era el mismo Riolu de antes. Era uno marcado por la batalla, pero aún más por la lealtad que lo rodeaba.

La mansión quedaba atrás. El bosque los esperaba. Y la aventura… apenas comenzaba.

El bosque estaba tranquilo esa noche. Las estrellas titilaban sobre las copas de los árboles y una brisa suave acariciaba las hojas. Después de una jornada agotadora, Norberto, Rihanna y Elías habían acampado cerca de un arroyo cristalino. El sonido del agua fluyendo calmaba sus pensamientos, y el calor de la fogata improvisada los mantenía cerca unos de otros.

Norberto estaba sentado junto al fuego, observando las llamas danzar. Sus ojos se perdían en el reflejo, pero no por el fuego… sino por la figura de Rihanna, sentada justo a su lado, envuelta en un suave silencio. Ella también lo miraba de reojo, con ese brillo sereno y enigmático en los ojos que hacía que su corazón se acelerara.

—Hoy estuviste increíble allá atrás —Murmuró ella—. Cuando te enfrentaste a Rogelio, cuando te pusiste de pie... aunque tu cuerpo ya no respondía.

Norberto desvió la mirada con un leve rubor.

—Tú también. No estaría aquí si no fuera por ti. Me salvaste... otra vez.

Rihanna se acercó un poco más. Sus patas se rozaron apenas. El roce fue suficiente para que el pelaje de ambos se erizara levemente. En ese momento, no hacía falta decir mucho más.

—¿Sabes? —Dijo Norberto en voz baja—. Cuando creí que ya no podría levantarme… pensé en ti. En lo que sentirías si me pasaba algo. Y eso fue suficiente.

Los ojos de Rihanna brillaron. Lentamente, se inclinó hacia él. Sus narices casi se tocaron. El mundo parecía haberse detenido.

—Yo también pensaba en ti —Susurró—. Aunque lo niegue a veces, me importas más de lo que imaginas.

Sus frentes se juntaron, cálidas y suaves. El ambiente estaba cargado de una energía tierna y contenida, como si el bosque entero contuviera la respiración por ellos.

Hasta que…

—¡Oigan! ¿Ya van a besarse o tengo que electrocutarlos para que se decidan de una vez?

Elías apareció detrás de ellos con una ramita en la boca, lanzando una risita traviesa. Ambos se separaron bruscamente, sonrojados hasta las orejas.

—¡E-Elías! —Reaccionó Norberto, mirando a otro lado mientras se cruzaba de brazos—. ¡Estábamos hablando!

—¡Sí, claro! "Hablando"... ¡con las frentes juntas y todo el rollo! —Elías se tiró de espaldas en la hierba, riendo con descaro—. ¡Los dos parecían Bunearys adolescentes!

Rihanna suspiró, pero no pudo evitar reír también. Le lanzó una mirada a Norberto, cómplice.

—Parece que tendremos que buscar un momento con menos interferencias.

Norberto asintió, con una leve sonrisa en el rostro. Mientras Elías rodaba por el suelo haciendo ruidos molestos para molestarlos a propósito, ellos dos volvieron a acercarse, no tanto como antes, pero lo suficiente para sentirse cerca.

Porque aunque aún faltaban muchas batallas, muchos caminos por recorrer y secretos por descubrir… ya no estaban solos. Y el vínculo que crecía entre ellos era más fuerte que cualquier lanzallamas.

Esta historia continuará…


Nota inicial: Se acabaron las tres hermanas, veamos como efecto esto el resto de la historia.

Nota final: Espero que les haya gustado, y nos leemos otro día.