Atención: Pokémon no me pertenece.


Soy un Riolu

Primera temporada

El nacimiento


El sol comenzaba a ocultarse detrás de las copas de los árboles en algún rincón olvidado de la región de Hoenn. Entre los arbustos, un niño pequeño correteaba, ajeno al paso del tiempo y al hecho de que ya era tarde para seguir explorando. Sus pasos lo habían llevado más lejos de lo que pensaba, y al notarlo, una angustia comenzó a instalarse en su pecho. Sin saber cómo regresar a casa, se sentó sobre una roca húmeda, y con lágrimas en los ojos, comenzó a llorar. Fue entonces cuando algo entre los arbustos captó su atención: una pequeña Eevee, herida y jadeante, apenas podía mantenerse en pie.

— ¿Qué te pasa? ¿También estás perdida, como yo? —Preguntó el niño con la voz entrecortada.

La pequeña no respondió, solo lo miró con unos ojos apagados, visiblemente enferma. Sin pensarlo dos veces, el niño la tomó entre sus brazos. Su compasión superó el miedo, y con valentía comenzó a correr hacia el pueblo más cercano, decidido a encontrar ayuda.

En el Centro Pokémon; Horas después, ya entrada la noche, el pequeño llegaba al Centro Pokémon. Entregó a la Eevee a la enfermera Joy, suplicando que la ayudara. La profesional la tomó con rapidez y desapareció tras una puerta. El niño, agotado, se quedó esperando en la sala toda la noche. Al amanecer, Joy se le acercó con una sonrisa.

—Tu Eevee ya está bien y completamente recuperada.

El niño se levantó de un salto. Joy le entregó a la pequeña, que ahora parecía más tranquila y alerta. La sostuvo con cuidado, mirándola directo a los ojos, y con una gran sonrisa dijo:

—Parece que ya estás bien. ¿Cómo te llamas?

—Eevee —Respondió con una voz suave y alegre.

—¿Eevee? Pues es un gusto conocerte. Yo me llamo Axel. ¿Te gustaría que fuéramos los mejores amigos?

Asintió con entusiasmo, saltando a sus brazos con una gran sonrisa. El vínculo entre ambos nació ahí, en esa madrugada, bajo la luz tenue del centro Pokémon.

Dos años después, el patio de la casa de Axel se llenaba de emoción. Ya tenía la edad suficiente para iniciar su viaje como entrenador. El profesor local le había entregado todo lo necesario, incluyendo su primer Pokémon oficial: un Torchic.

— ¡Ya llegué! —Gritó con alegría al cruzar la cerca del patio.

Eevee salió disparada hacia él, como siempre, lanzándose sobre su pecho y lamiendo su rostro sin parar. Axel reía mientras trataba de apartarla suavemente.

—Basta, Samantha. Siempre tan efusiva… ¡Pero por fin puedo empezar mi aventura como maestro Pokémon!

— ¡Eevee! —Exclamó la pequeña con la misma alegría.

—Y bueno, es hora de que conozcas al nuevo integrante de nuestro equipo —Comentó Axel mientras sacaba una Pokébola de su bolsillo.

La tipo normal ladeó la cabeza, curiosa. Axel la lanzó al aire con energía.

— ¡Adelante, Torchic!

El pequeño Pokémon de fuego apareció en el césped. Eevee, al verlo, se quedó congelada. Sus ojos se abrieron con incredulidad, y de inmediato comenzó a agitarse.

— ¿Eevee? ¿Eevee, Eevee? —Chillaba, como si sintiera que había sido reemplazada.

Torchic observaba todo, pasmado y algo incómodo. Axel frunció el ceño.

—Tranquila, Samantha. No voy a reemplazarte, tú sigues siendo mi compañera. Solo estamos sumando fuerzas.

La Eevee bajó la cabeza, avergonzada. Poco a poco su respiración se calmó y su ánimo volvió a ser el de siempre. Axel la tomó en brazos con ternura.

—Muy bien. Ahora que nos conocemos todos, ¡comienza nuestra gran aventura!

—¡Eevee! —Gritó la Pokémon con una sonrisa radiante.

—¡Torchic! —Se unió el nuevo integrante.

Axel, todavía cargando al pokemon evolución, dio media vuelta y se dirigió hacia su casa. Torchic lo seguía desde el suelo. Pero de pronto, Eevee saltó a los hombros de Axel, mirando al polluelo con una expresión tan severa que este se detuvo en seco, paralizado por el susto.

—¿Rogelio? ¿Qué te pasa? No tenemos tiempo que perder —Dijo Axel sin notar la razón del pánico de su nuevo Pokémon.

Al ver que no se movía, Axel suspiró, lo devolvió a su Pokébola y entró a casa. Tenía todo listo para su gran partida.

Más tarde, vestido y preparado, con una mochila en la espalda con su querida Eevee sobre sus hombros, Axel se dirigía hacia la entrada principal. Estaba a punto de cruzar la puerta cuando una voz severa lo detuvo.

— ¿A dónde crees que vas?

Era su madre, de pie con los brazos cruzados. Axel se giró sin borrar la sonrisa.

—Voy a empezar mi viaje como maestro Pokémon. Ya tengo todo listo.

—Quita esa ilusión de tu cabeza. No serás un maestro Pokémon. Te me vas a estudiar. Por cierto, empaca tus cosas, nos vamos hoy mismo a la región de Sinnoh. Tu padre consiguió un trabajo en Ciudad Pirita.

—Pero mamá… yo quiero ser maestro Pokémon…

— ¡Te dije que no!

— ¡Papá sí está de acuerdo!

— ¡Estás castigado! ¡Y te me subes a tu cuarto!

Axel bajó la mirada. Sabía que no tenía forma de convencerla. Subió las escaleras con el alma hecha pedazos, aún con Eevee aferrada a su cuello. Su sueño, al menos por ahora, parecía haberse desvanecido.

El llanto suave de Axel llenaba la habitación, sus pequeñas manos se frotaban los ojos mientras el nudo en su garganta apenas le permitía respirar con normalidad. Se sentía incomprendido, atrapado en una realidad que no compartía sus sueños. Su madre, firme en su decisión, le había prohibido convertirse en un Maestro Pokémon, y eso, para el niño, había sido como si le arrancaran el corazón. Solo, tendido en su cama, el único consuelo que hallaba era la tibia compañía de su fiel compañera.

La pequeña criatura, con sus grandes ojos llenos de ternura, frotaba suavemente su rostro peludo contra la mejilla húmeda de Axel, ronroneando con suavidad en un intento de calmarlo. Él, al notar el esfuerzo de su compañera, sonrió por primera vez en horas y le susurró con voz entrecortada: —Gracias, Eevee... tú sí que sabes cómo animarme.

La tipo normal, al percibir que sus caricias habían surtido efecto, se mostró aún más contenta y trepó con agilidad hasta el pecho de su entrenador, donde se acurrucó cómodamente, como si fuera el lugar más seguro del mundo. Axel comenzó a acariciarle la espalda con cariño, sintiendo cómo el dolor en su pecho disminuía poco a poco, como si el contacto con su Pokémon borrara los males del día.

—Es increíble… tú sí que me quieres, ¿verdad Samantha?, —Murmuró mientras sus dedos recorrían la suave pelaje. —Incluso más que mis propios padres… Solo tú me haces sentir comprendido.

—Ee… vee…—Susurró la criatura, dejando escapar un bostezo de lo más tierno, antes de cerrar los ojos sobre el tórax de Axel, quedándose dormida en un instante.

—Seremos los mejores amigos por siempre, —Prometió el niño, abrazándola con suavidad, como si su Eevee fuera la última cosa buena en su mundo.

En el gran patio de la nueva casa de Axel; Las semanas pasaron volando. La mudanza a la región de Sinnoh había sido un caos al principio, pero con el tiempo todo tomó su lugar. La nueva casa, más espaciosa, contaba con un enorme patio trasero donde Axel podía entrenar a sus Pokémon a sus anchas.

Aquel día, bajo un cielo claro y el sol bañando el césped, Axel se encontraba en compañía de sus dos compañeros: su inseparable Eevee y un Torchic enérgico y decidido que deseaba probar su valía.

—¡Eevee, cola férrea! —Ordenó Axel con decisión.

La respuesta fue inmediata. La ágil criatura se lanzó hacia una enorme roca, dio un salto elegante y, en pleno aire, su cola se iluminó con una energía plateada antes de impactar con fuerza. La roca estalló en pedazos, pulverizada al instante. Axel asintió satisfecho.

—¡Bola sombra!

Abrió su pequeña boca y, con concentración, formó una esfera de oscuridad que arrojó contra un palo incrustado en la tierra. El proyectil chocó con tal intensidad que del palo no quedó ni una astilla.

El niño sonrió con orgullo y sin titubear lanzó otra orden: —¡Protección!

Eevee reaccionó con destreza. Axel le arrojó una piedra sin previo aviso, pero el escudo brillante del movimiento Protección surgió justo a tiempo para detenerla sin dejar un rasguño. La práctica continuó.

—¡Ataque rápido!

La pokémon evolucion corrió como un rayo y, antes de que Axel pudiera prepararse, saltó sobre él, tumbándolo al suelo. El golpe fue suave, y mientras él soltaba una risa sorprendida, Eevee le lamía el rostro con entusiasmo.

—¡Excelente, Samantha! ¡Cada día eres más fuerte!— Exclamó Axel, alzando el puño con determinación. Su compañera respondió con una sonrisa orgullosa.

A su lado, Torchic, con la misma energía, también gritó su nombre. Quería demostrar su fuerza, quería brillar como Eevee.

—Muy bien, Rogelio, es tu turno… Mmm… ¿qué ataques conoce un Torchic? — Musitó el niño, rascándose la cabeza mientras se sentaba sobre la hierba. El polluelo parpadeó, confundido, sintiéndose momentáneamente ignorado.

—¡Ah, claro! Eres tipo fuego. ¡Eso significa que puedes usar lanzallamas! ¡Torchic, lanzallamas!

El pequeño Pokémon se plantó frente a una roca, sacó el pecho con orgullo… y tosió un hilillo de humo. Axel parpadeó. Torchic lo intentó de nuevo, con más fuerza, más convicción. Nada. Otra vez. Y otra. Su cuerpo temblaba por el esfuerzo y, al final, cayó de rodillas, agotado, jadeando con frustración.

—Vaya… un Pokémon de fuego que no sabe lanzar fuego, —Comentó Axel con una carcajada burlona. — ¡Eso sí que es triste!

Rogelio, herido en el orgullo, alzó la cabeza con furia.

— ¡Otra vez, lanzallamas!

Volvió a intentarlo. El resultado fue el mismo. Ni un centímetro de flama. Axel y Eevee, incapaces de contenerse, rompieron en carcajadas. El niño se recostó sobre el césped, riéndose a carcajadas mientras señalaba a Torchic, y decía entre risa. Primero no pudo… luego se creyó Arceus y se plantó con valentía, pero tampoco. ¡Y después con todas sus fuerzas solo logró sacar una bolita de fuego que ni para calentar un té sirve! Entre carcajadas, se revolcaban en la hierba, riéndose sin parar.

Humillado y dolido, Torchic se sentó en el suelo, cabizbajo. Una sombra pasó por su rostro. Entonces, como si no fuera suficiente, Eevee disparó una pequeña Bola Sombra a su lado, haciéndolo saltar del susto. Las risas se hicieron más fuertes. El pobre Pokémon cerró los ojos. Había fallado… y además, era el hazmerreír de su equipo.

Pero algo ardía dentro de él. Y quizás, en ese fuego contenido, estaba su verdadera fuerza.

—¡Basta Eevee! Estuvo divertido las primeras veces, pero esto es intolerable porque se supone que debemos avanzar y no quedarnos estáticos, somos un equipo lo que significa que el fracaso de uno de nosotros es el fracaso de todos, es por eso que no debemos seguir subestimando al pobre de Rogelio, hay que darle una oportunidad —Comento el niño causando que el Torchic volviera a recuperar su confianza— Ósea, necesitamos un balance en el equipo y si Rogelio no puede hacer movimientos de tipo fuego, ¿Entonces quien los hará? —El Torchic se decepciona por lo último que dijo.

—Eevee, ve, ve, ve, eeeeveee, ¡Eevee! —La pokémon se fue corriendo muy triste creyendo que su entrenador le había regañado.

—No espera Samantha, no fue mi intención hablarte tan duro —El infante fue corriendo tras su confundida pokémon.

Alex fue corriendo tras la tipo normal mientras que polluelo sin dejar de intentar con todas sus fuerzas para hacer un poderoso lanzallamas pero lo único que conseguía era unos patéticos intentos de hacer lanzallamas para nada respetables. El pokémon no se rendía para nada porque lo seguía intento una y otra vez hasta el cansancio, no quería quedar mal ante su entrenador por no poder hacer el movimiento que este quería, si él quería ver un poderoso lanzallamas eso sería lo que recibiría de ese pokémon.

El infante seguía persiguiendo a su Eevee que creía que estaba enfadado con ella, rápidamente la pokémon evolución se esconde debajo de la cama de su entrenador mientras este iba directo a su cuarto donde había ido a parar. Enseguida el niño se agacha para poder sacarla de ese lugar pero esta no se dejaba para nada.

—Además de cariñosa también eres muy vanidosa ya sal de una buena vez de allí, no era mi intención hablarte de esa manera —Dijo Axel intentando sacar a la pokémon de ese lugar por sin ningún éxito.

El pequeño Axel estiraba el brazo cuanto podía, pero Eevee seguía escabulléndose todavía más al fondo de la cama, sus grandes ojos llenos de agua y con las orejas completamente caídas. Estaba herida, no por las palabras de su entrenador, sino por la forma en que se sintió comparada, como si hubiera hecho algo malo al reírse, como si fuera culpable del dolor de su compañero.

—Vamos Samantha, sal ya… no estoy enojado contigo, solo me preocupé por Rogelio. Me dolió ver que se sentía mal y me dejé llevar. Pero tú no tienes la culpa, ¡tú también eres parte del equipo! —decía Axel con tono suplicante mientras se echaba al suelo para mirarla de frente.

Parpadeó, todavía desconfiada, pero algo en los ojos de Axel le devolvió un poco de la seguridad perdida. Lentamente, comenzó a arrastrarse hacia él, deteniéndose a cada instante para asegurarse de que no estaba siendo regañada. Axel abrió los brazos con ternura.

—Ven aquí, Eevee… no hay equipo sin ti.

Eevee, finalmente, se lanzó a sus brazos, soltando un leve gemido emocionado y ocultando su carita en el pecho de su entrenador. Axel la abrazó con fuerza, acariciándole detrás de las orejas.

—Perdóname por no explicarme bien. Solo quería que todos avancemos, juntos. No eres vanidosa, ni mala. Solo… te reíste. Y sí, Rogelio se sintió mal, pero eso no significa que te haya dejado de querer.

De pronto, su abuelo llego a la casa de improviso y se marchó tan pronto como llego, dejando como obsequio para su nieto; Axel se quedó un momento en silencio, mirando con ojos brillosos el pokéhuevo que reposaba en sus manos. Nunca había tenido uno, y mucho menos imaginado que de allí saldría un Pokémon tan raro y especial como un Riolu. Se sentó en la orilla de su cama, apoyando con cuidado el huevo sobre una almohada, observando cada pequeño detalle de su superficie.

—Genial… entonces tú serás mi tercer compañero —Susurró con emoción contenida.

Mientras tanto, Eevee seguía bajo la cama, con las orejas gachas y la mirada perdida, dolida porque su entrenador no parecía haber notado su ausencia emocional. Sin embargo, con el pasar de los minutos, sintió curiosidad por lo que mantenía tan embobado a Axel, así que asomó la cabeza lentamente. Al ver a su entrenador tan concentrado y sonriente, no pudo resistirse y se subió con cuidado a la cama, sin hacer ruido.

Axel no se percató hasta que sintió un leve peso a su lado. Volteó, y ahí estaba, mirándolo con ojos llenos de tristeza.

—Oh… Samantha —Murmuró con un tono de culpa y cariño—. Perdóname, me dejé llevar por la emoción y no te hice caso, pero eso no significa que no seas importante para mí.

Eevee se lanzó de inmediato sobre su pecho, restregando su cabeza contra él en busca de afecto. Axel rio suavemente mientras acariciaba a su compañera.

—Vamos, ya no estés triste. Cuando nazca Riolu, tú serás su hermana mayor, ¿vale? Me ayudarás a enseñarle todo lo que hemos aprendido juntos.

La pokémon evolucion asintió con un leve "Eevee~" emocionada, feliz de volver a tener la atención de su entrenador.

Pasaron las horas y el cielo comenzó a pintarse de naranja por la llegada del atardecer. Torchic, quien había seguido intentando su fallido lanzallamas, finalmente regresó cansado al cuarto, con el pico ligeramente quemado y el cuerpo cubierto de hollín. Axel, al verlo, corrió a abrazarlo.

—¡Rogelio! ¡Lo diste todo! Estoy muy orgulloso de ti.

Torchic chirrió de alegría y se acomodó al lado de sus compañeros.

Y justo en ese momento… el pokéhuevo comenzó a temblar.

Axel, Eevee y Torchic abrieron bien los ojos. El cascarón comenzó a emitir un brillo azul tenue mientras se formaban las primeras grietas. Una, dos, tres… hasta que con un leve chasquido, el cascarón explotó en destellos de luz.

Y allí estaba: un pequeño Riolu con grandes ojos curiosos, que miraba a su alrededor confundido y asombrado por el nuevo mundo que lo rodeaba. Parpadeó un par de veces antes de clavar su mirada en Axel.

—¡Hola! —Le dijo el niño con una sonrisa enorme—. Soy Axel… y tú eres mi nuevo amigo.

La pequeña Riolu emergió del cascarón, débil pero curiosa, con los ojos grandes y brillantes mirando a su alrededor, aun tambaleándose sobre sus patas. Axel lo observó con una mezcla de asombro y ternura, extendiendo lentamente las manos para cargarlo con mucho cuidado.

—¡Hola pequeño! Bienvenido al equipo —Dijo con una sonrisa enorme mientras lo levantaba suavemente y lo acercaba a su pecho.

Riolu emitió un leve gruñido amistoso y se acurrucó en los brazos de Axel, quien parecía completamente hechizada por el nuevo miembro del equipo. El corazón del niño latía con fuerza; nunca había sentido algo tan especial como el momento en que ese pequeño pokémon lo miró a los ojos.

Sin embargo, una mirada dolida se posaba sobre ellos: la de Eevee, que desde la cama observaba la escena con creciente tristeza. Su cola se bajó, sus orejas se encogieron, y sus ojitos brillaban con una mezcla de celos y tristeza. No entendía por qué, pero sentía que había perdido algo muy importante: el centro de atención de su entrenador.

—Eee… veee… —Susurró, casi como un sollozo.

Axel al fin levantó la mirada y notó la expresión de Eevee. Lo entendió al instante.

—¡Ay, Samantha! No, no… no es lo que crees —Dijo mientras dejaba a Riolu en una mantita cerca del cascarón roto y se le acercaba—. Jamás te cambiaría, eres especial para mí, tú fuiste la primera.

La tipo normal lo miró de reojo, aún molesta, pero cuando Axel la acarició entre las orejas y le dio un beso en la frente, su expresión cambió por completo. Saltó a sus brazos, abrazándolo con sus patitas delanteras como si le dijera "¡está bien, pero no me descuides!"

—Ahora somos tres, y eso nos hace más fuertes —Comentó Axel con una sonrisa más serena—. Torchic, Eevee y Riolu. ¡Qué gran equipo vamos a ser!

En ese momento, como si alguien hubiese dicho su nombre, el tipo fuego entró tambaleándose por la puerta, visiblemente agotado pero con el pecho en alto. Sus plumas estaban algo chamuscado y su pico manchado de hollín. Axel lo miró sorprendido.

— ¿Rogelio? ¿Has estado entrenando todo este tiempo?

El pokémon de fuego asintió con determinación, y en un impulso de coraje, se posicionó firme en el centro de la habitación. Su pico brilló con una pequeña flama, y entonces… ¡lo logró! Un potente chorro de fuego salió de su pico, cruzando la habitación y chocando con una lámpara, que terminó hecha cenizas.

— ¡Rogelio, ese fue un Lanzallamas de verdad! —Exclamó Axel, saltando de la emoción.

Riolu aplaudía emocionado, aunque no entendía del todo qué estaba pasando, mientras Eevee aplaudía con sus patitas en el suelo, feliz de ver a su compañero lograrlo.

— ¡Lo hiciste Rogelio, sabía que podías lograrlo! —Axel corrió a abrazarlo sin preocuparse de que estuviera un poco caliente por el fuego.

El pequeño equipo ahora se sentía completo. Con un Torchic que había aprendido un ataque poderoso, una Eevee más tranquila sabiendo que su entrenador aún la amaba profundamente, y una Riolu recién nacido que miraba con admiración todo lo que lo rodeaba, el futuro de Axel prometía aventuras increíbles.

Desde afuera, el abuelo de Axel, que se había quedado espiando por la rendija de la puerta, sonrió satisfecho.

—Ese chico sí que tiene madera de entrenador… —Murmuró mientras se alejaba por el pasillo.

Así, en una pequeña habitación de Ciudad Pirita, un nuevo equipo estaba por comenzar su historia, uno que algún día daría de qué hablar en todos los rincones de Sinnoh.

La pequeña Riolu, completamente asustada, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Todo en ese extraño mundo era nuevo para ella. Con instinto natural, intentó escapar del repentino abrazo del niño. Al notar que la Riolu no estaba disfrutando del contacto, Axel la soltó de inmediato. La Pokémon, aun temblando de miedo, corrió a esconderse bajo la cama, abrumada por el miedo y la confusión de estar apenas tomando conciencia de su existencia.

Justo entonces, la Eevee —que consideraba ese lugar su escondite favorito— se llenó de furia al verla ocupando su espacio. Sin pensarlo, atacó a la recién llegada, arañando su rostro con sus patas. Riolu, aterrada, salió corriendo de debajo de la cama y se refugió detrás de las piernas de Axel. Este, indignado por el ataque, tomó a la tipo normal y, sin pensarlo, la sacó del cuarto cerrando la puerta en su cara.

Samantha comenzó a llorar desconsoladamente, golpeando la puerta con sus patas, pero Axel no le prestó atención. Si una nube negra pudiera formarse sobre la cabeza de ella, con lluvia incluida, seguramente lo habría hecho en ese momento.

—Bien, ¿en qué estaba? Ah, sí… Yo soy Axel, tu entrenador. Y la que te lastimó fue Samantha —Dijo sin pensarlo demasiado.

Riolu, aún asustada, volvió a esconderse bajo la cama. Axel, en ese instante, se quedó pensativo.

— ¿Por qué dije eso?… La que te lastimó fue Eevee… No debí decirlo así —murmuró, sintiendo que olvidaba algo importante—. ¿No me estoy olvidando de algo?... Bah, seguro que no es nada.

Nada más lejos de la realidad: había dejado a Torchic a su suerte.

A la mañana siguiente, Axel bajó al comedor como de costumbre, devorando su desayuno y dejando comida para sus dos Pokémon. Eevee comía con ansiedad, como si no hubiera un mañana. Mientras tanto, Torchic seguía profundamente dormido: había pasado la tarde y toda la noche intentando aprender Lanzallamas sin éxito. Después del desayuno, volvió a su cuarto, dejando a los dos comiendo solos, sin preocuparse demasiado.

Axel entró a su cuarto con un gran plato de comida y lo colocó bajo la cama. La Riolu había pasado toda la noche durmiendo allí. Cuando despertó, su estómago comenzó a hacer un ruido extraño que nunca antes había escuchado. Asustada por ese sonido desconocido, se dejó llevar por el delicioso aroma que emanaba del plato. La curiosidad le ganó.

Tocó los pequeños cubos marrones con sus patas: estaban tibios. Luego los olfateó, y finalmente, sacó la lengua para probar uno. Le gustó el sabor, así que lo masticó y tragó con placer. Notó cómo esa extraña comida aliviaba el ruido de su estómago, así que continuó comiendo, uno tras otro, familiarizándose poco a poco con la sensación agradable que le provocaban.

Satisfecha, salió de debajo de la cama y empezó a explorar ese nuevo y misterioso mundo. Axel, desde arriba de la cama, la observaba con atención. Riolu encontró unos calzones y se los puso en la cabeza. Al notar lo mal que olían, se los quitó de inmediato y los arrojó lejos con disgusto. Luego, su atención se centró en un automóvil de bomberos rojo, un juguete que Axel había recibido en su cumpleaños.

Lo tocó: estaba frío. Lo olió: no tenía aroma. Lo lamió: sabía horrible.

De pronto, el juguete comenzó a moverse por sí solo, provocando un enorme susto en Riolu, quien corrió de inmediato a esconderse otra vez bajo la cama. El juguete se movía por control remoto, y Axel lo tenía en las manos, aunque no era su intención asustarla.

—Lo siento… creo que no debí hacer eso —Se disculpó al ver la reacción de la Pokémon.

Habían pasado varios días desde el nacimiento de Riolu. La pequeña Pokémon de tipo Lucha logró evitar por poco un severo castigo por parte de Torchic. Como el agua y el aceite, estos dos Pokémon simplemente no podían convivir. Aunque frente a su entrenador o a cualquier humano fingían tolerarse, bastaba con dejarlos solos en una habitación para que el orden se convirtiera en caos en cuestión de minutos.

Riolu, por su parte, había formado un lazo profundo con su entrenador. Él fue quien la recibió en este mundo desconocido, quien presenció su primer aliento. Aunque aún le quedaban muchas cosas por descubrir y entender, cada momento era una nueva oportunidad para aprender. Era curiosa por naturaleza, y le encantaba explorar su entorno.

Eevee, sin embargo, no compartía ese entusiasmo. Odiaba a Riolu con todo su ser, simplemente porque Axel pasaba más tiempo con ella. No soportaba ver a su entrenador —a quien amaba profundamente desde que le salvó la vida dos años atrás— dándole atención a otra Pokémon, y encima también hembra. Si con Torchic ya deseaba apartarlo del camino, con Riolu tenía pensamientos aún más oscuros. Para Eevee, Riolu había usurpado su lugar más preciado: el cariño exclusivo de Axel.

Extrañamente, Riolu aún no podía comunicarse con otros Pokémon. Apenas emitía sonido alguno, lo cual resultaba peculiar. Sin embargo, ni a Torchic ni a Axel les importaba en lo más mínimo. Ambos disfrutaban pasar tiempo con ella. En cambio, Eevee, a diferencia de muchos de su especie conocidos por ser tímidos, guardaba un profundo rencor y odio en su interior.

Axel solo quería compartir tiempo con sus dos nuevos Pokémon. Deseaba conocerlos a fondo, tal como lo había hecho con Eevee durante los dos años que llevaban juntos.

Un día como cualquier otro, el abuelo de Axel fue a visitarlo. Traía consigo a su Lucario, dispuesto a comprobar el progreso de su nieto en el camino para convertirse en un poderoso entrenador Pokémon. Todo esto, por supuesto, a escondidas de la madre de Axel, quien no aceptaba la idea de que su hijo siguiera ese camino.

Era mediodía. En el patio se encontraban Torchic y Lucario, mirándose, listos para iniciar la batalla. Riolu y Eevee observaban como espectadoras mientras Axel se preparaba para combatir contra su abuelo.

—¡Vamos, Rogelio, usa Lanzallamas! —Gritó el niño con todas sus fuerzas.

—A Bocajarro —Ordenó el abuelo, con voz firme y seria.

Torchic intentó ejecutar Lanzallamas, pero falló. Lucario, sin piedad, lo golpeó con un poderoso A Bocajarro que lo dejó fuera de combate de inmediato.

—¿Qué? ¡Rogelio, levántate! ¡No podemos perder… tenemos la ventaja! —exclamó Axel, cayendo al suelo, tratando de contener las lágrimas al ver a su Pokémon derrotado.

—Siempre debes actuar con seguridad. Tomar demasiados riesgos puede costarte caro. Nunca apuestes a menos que no quede otra opción. Un buen entrenador conoce a fondo a sus Pokémon. ¡No hay lugar para la suerte! ¡Recuerda esto… siempre juega a lo seguro! —Le gritó el abuelo con intensidad.

—Entendido… En ese caso, ¡adelante Samantha, es nuestro turno! —Eevee dio un paso al frente, posicionándose frente a Lucario.

—Que comience el combate. Lucario, usa Defensa Férrea —Ordenó el abuelo, sabiendo que tenía la ventaja.

— ¡Protección! —Gritó Axel al mismo tiempo.

La tipo normalactivó Protección, anticipando un ataque, pero su adversario simplemente fortaleció su defensa con Defensa Férrea.

— ¿Pero si mi Pokémon está en desventaja… por qué no me atacaste? —Preguntó Axel, desconcertado.

—Un buen entrenador sabe cuándo es el momento adecuado para fortalecer a su Pokémon —Respondió su abuelo con calma.

— ¡Samantha, que no nos intimiden! ¡Ataque Rápido! —Ordenó Axel.

—Velocidad Extrema —Dijo el abuelo con frialdad.

La pokémon evolución corrió a gran velocidad hacia su contrincante, pero este desapareció en un parpadeo. De repente, Lucario reapareció y golpeó con gran fuerza, dejando a objetivo malherido.

—¡Vamos, Samantha, no te rindas! Sé que puedes hacerlo —animó Axel, mientras su compañera se esforzaba por ponerse de pie.

—¿Pero qué fue eso? Se supone que Ataque Rápido es muy veloz… No entiendo, ¿qué hiciste? —preguntó el niño, perplejo.

—Deberías saber qué Velocidad Extrema es aún más rápida que Ataque Rápido. Además, algunos Pokémon son naturalmente más veloces que otros. Recuerda esto: la velocidad puede ser crucial en combate. Un simple detalle puede marcar la diferencia entre la victoria y la derrota —Le explicó su abuelo, con tono rudo pero sabio.

—Tienes razón, abuelo… pero no nos rendiremos tan fácil. Siempre luchamos hasta el final, ¿verdad, Samantha? ¡Adelante, usa Bola Sombra! —Gritó Axel con determinación.

La tipo normal ejecutó el ataque, concentrando su energía.

—A bocajarro— Pronuncio el abuelo de Axel con una firmeza admirable.

Entonces Lucario recibe el ataque de Bola sombra resistiéndolo perfectamente sin embargo, con A bocajarro termino la pokémon de tipo normal derrotada como si nada.

—Debes saber que a menos que tengas una buena estrategia, jamás debes poner un pokémon débil ante otro, espero que estés enterado que unos pokémon hacen más daño a cierto tipos de pokémon, ¿si te memorizaste la tabla de tipos?, recuerda que siempre es malo poner a un pokémon en desventaja de tipos a menos que conscientemente sebas lo que estás haciendo— No dejaba de criticar el abuelo de Axel.

—Pues entonces inclinare la balanza hacia mi favor, Riolu recuerda que las apariencias engañan… tenemos la ventaja, es momento de terminar este combate con Onda certera —Dijo Axel con toda seguridad de que iba a ganar este combate.

—A bocajarro —El abuelo de Axel sabía que aún tenía mucho por aprender su nieto por lo que esta pelea ya tenía al ganador desde el comienzo.

Lucario realiza el movimiento de A bocajarro sobre su pre-evolución mientras que Riolu intenta atacar a su evolución con Onda certera pero sorpresivamente para el pokémon y su entrenador el movimiento falla brutalmente poniendo en peligro la aparente ventaja de tipos que tenía Axel con su pokémon sobre su abuelo que por su parte tenia a Lucario.

—No es justo, ese Lucario ya tendría que haberse debilitado —Comento Axel algo sorprendido porque Lucario durara un turno más.

—Recuérdame, ¿Qué te dije sobre siempre jugar a la segura?, es momento de que aprender otra lección, Mordisco —Pronuncio el abuelo de Axel con mucha severidad.

—Un momento, ¿Por qué me atacas con un movimiento débil a mi tipo?, no tiene ningún sentido —El niño estaba confundido por lo que acaba de hacer su abuelo.

Rápidamente Lucario muerde a la Riolu para luego azotarla contra el suelo, el pokémon de tipo lucha intenta volver a contraatacar con Onda certera pero al momento de realizar el ataque por un segundo se paralizo y no pudo ejecutar dicho movimiento sobre su contrincante.

— ¿Pero qué paso aquí?, ¿Riolu qué fue lo que te sucedió?, ¿abuelo que fue lo que hiciste? —El pequeño entrenador estaba completamente perplejo por lo que acaba de presenciar.

—Algunos movimiento tienen efectos secundarios como por ejemplo Mordisco que puede llegar a retroceder al pokémon enemigo, sé que viola mi consejo de siempre jugar a la segura ya que no siempre se puede confiar de los efectos secundarios, pero es mejor que sepas esto ahora que cuando te enfrentes en una batalla real —Comentó el abuelo de Axel con frialdad.

—Como ya dije antes, no nos asustas, vamos Riolu ese Lucario ya duro lo suficiente, ¡Onda certera!—Grito Axel con todas sus fuerzas.

—Pues nosotros nos vamos con A bocajarro —Dijo el abuelo de Axel.

Enseguida Lucario realiza el ataque que golpeo sobre Rsu oponente mientras que el pokémon de tipo lucha utilizo Onda certera que esta vez dio justo en el blanco, Axel pensó que finalmente pudo vencer a su abuelo en su primer combate pokémon, pero para su sorpresa Lucario seguía de pie y su abuelo tenía una sonrisa en su rostro.

—¡No!, ¿ahora qué paso?, esto no es justo… ese Lucario ya tendría que estar debilitado, ¡tenemos la ventaja! — El niño ya estaba más que estupefacto por no haberle ganado a su abuelo ya que después de todo tenía la ventaja.

—Sorpresa, sorpresa, sorpresa, ¿quieres saber porque Lucario sigue de pie?, es gracias a la banda focus— Entonces revela que tenía la banda focus.

—Riolu no podemos permitirnos la derrota, ¡Onda certera una vez más! —Grito Axel con toda la furia que sentía en ese momento por no haber podido derrotar al Lucario de su abuelo.

—Lucario tú ya sabes que A bocajarro a muerte —Pronuncio el abuelo de Axel con mucha firmeza.

Vuelve a realiza el ataque de a bocajarro mientras que su oponente realiza el movimiento de Onda certera pero nuevamente falla, para este punto la pre-evolución de Lucario estaba demasiado cansada y hasta una de sus rodillas cae al suelo de lo golpeada que estaba. La evolución de Riolu a pesar de estar en igual condición es debido a las múltiples batallas que tuvo que puede luchar como si nada aunque solo le quedara un Ps de vida.

—¡No!, Riolu… ¿Cómo puede estar pasando esto? —Axel al comprender el gran daño que había recibido su pokémon, entendió que ya no había nada más que hacer, había perdido la batalla.

—Termina con esto —Sentenció el abuelo.

Enseguida el pokémon de tipo lucha-acero con un último A bocajarro derrotó al tipo lucha de un solo golpe, Axel con esto había perdido su primer batalla pokémon, la victoria había sido para su abuelo.

—No entiendo, ¿Cómo pude haber perdido?, tenía tres pokémon además que dos eran súper efectivos contra Lucario —El pequeño entrenador cae rendido al suelo tratando de contener las lágrimas que querían salir de sus ojos.

—Perdiste debido a tu inexperiencia, pero descuida que con el tiempo podrás enfrentarte contra cualquiera, quien sabe tal vez algún día te enfrentes al alto mando o inclusive al campeón —El abuelo de Axel intento consolar a su nieto.

—Entendido abuelo, yo seré el mejor maestro pokémon de todos los tiempos — Comentó con mucha alegría y firmeza en su deseo de convertirse en el mejor maestro pokémon de todos, ese era su gran sueño.

—Y yo sé que será así, pero vamos a dentro que se está haciendo tarde, además que me está entrando hambre y la comida pude estar en cualquier momento — Dijo el abuelo de Axel al percatarse de la hora que era.

—Es cierto abuelo —Rugió el estómago de Axel avergonzándose un poco— Yo también tengo hambre, vamos Riolu, Eevee y Torchic que llego la hora de comer— Pronunció el niño para que lo siguieran sus tres pokémon.

Entonces Torchic, Eevee, Riolu, Lucario, Axel y su abuelo fueron a comer a la casa ya que la deliciosa comida estaba lista para comer.

Esta historia continuara…


Nota inicial: Aquí termina la trama de Axel, anteriormente llamado Chris.

Nota final: Espero que les haya gustado, y nos leemos otro día.