Memorias: Capítulo 13
Pareja principal: Zoro x Sanji
Género: Angst/Romance
Rating: M
Autor Original: StarkBlack
Traductora inglés: LunaPieces
Beta: LunaPieces
Hola a todos, continuamos con esta bella historia, Capítulo 13 de Memorias.
NT: Recuerden que este fic es bastante viejo y pueden ver algunas escenas desactualizadas, poderes viejos o incluso personajes que salieron hace mucho tiempo. Estoy intentando que suene más natural y fresco, pero algunas cosas no pueden cambiarse. Con eso en mente, disfruten~~
Memorias: Capítulo 13
Zoro sabía que estaba soñando. Se encontraba flotando… no… se encontraba… ¿meciéndose? El sol brillante calentaba su piel. Escuchaba el sonido del agua y de olas chocando contra un muelle o quizá el costado de algún bote… ¡Eso era! ¡Estaba en un bote! El vaivén venía del balanceo del barco siendo arrastrado por la fuerza de la marea. La corriente marina lo arrullaba suavemente, abrazándolo en una suave danza.
El mar le recordaba a Sanji… el aire salado y el azul cristalino del agua… le recordaba al sabor de la piel del rubio y el azul de sus ojos…
Zoro movió su cuerpo y sintió un peso sobre el suyo. Abrió un ojo y contuvo la respiración ante lo que vio.
El rubio se encontraba a su lado con la cabeza apoyada en su pecho, una larga y esbelta pierna se encontraba colocada encima de la suya. Levantó la mano para apartar unos mechones de cabello dorado de sus ojos. Él pareció sentirlo, se movió un poco, pero no se despertó. Simplemente sonrió ligeramente entre sueños y se reacomodó aún más en su pecho.
El espadachín sonrió de igual manera viendo al terco, obstinado y orgulloso cocinero acurrucado a su lado como un niño. Ambos encajaban perfectamente, como el Yin y el Yang, como las dos caras de una misma moneda.
Cerró los ojos y apretó los brazos alrededor de su persona más preciada… su cocinero. Le daba miedo despertar y regresar al mundo donde Sanji no era suyo, donde Sanji ya no lo amaba más.
Quería volver a sumergirse en un sueño profundo para olvidar su triste realidad al menos por un segundo… sostenerlo en sus brazos, oler el mar y escuchar las olas mecerse…
Escuchar las olas mecerse…
XXXXX
Sanji despertó, conmocionado. No podía adivinar si el ruido que acababa de escuchar era real o si había sido sólo un sueño. Levantó la cabeza y su nariz rozó el áspero mentón del peliverde. Por un horrible segundo, no podía concebir por qué demonios estaba durmiendo con los brazos y las piernas enredados con cierto espadachín.
Pero entonces, los eventos de la noche anterior regresaron a su memoria. Su conversación, la explicación desgarradora de Zoro sobre su relación, el vino, y su decisión. Su cuerpo se relajó y se levantó un poco recargándose en su codo. Le sonrió al hombre que tenía debajo, mientras éste gruñía y fruncía el ceño entre sueños. Deslizó un dedo sobre su frente arrugada y de inmediato, ante ese toque, desapareció el ceño en su rostro. Suspiró suavemente y Sanji contempló la posibilidad de besarlo para despertarlo.
De cierto modo, le alegraba haberse despertado antes que él. Ver que el cocinero estaba acurrucado a su lado en el sofá podría ser demasiado para poder procesarlo. Además, Sanji necesitaba tomárselo todo con calma. No tenía idea de qué decir ni cómo debía actuar exactamente. ¿Cómo hablarle con dulzura a un hombre? ¿Debía ser romántico? ¿O debía retarlo a una pelea y empezar por ahí?
Tendría que hablar primero con él, explicarle sus sentimientos y pedirle ayuda, que le enseñara lo qué debía hacer. Bueno… no precisamente que le enseñara lo que debía hacer, él ya tenía una gran idea sobre eso. Pero necesitaba alguna especie de guía, algún tipo de… ayuda o lo que fuera. Y tenía que asegurarse de que Zoro no quisiera ir muy rápido. ¡Sólo habían pasado unos cuantos días, por el amor de Oda! El tener sexo con un hombre lo espantaba horriblemente, pero estaba dispuesto a intentarlo si era con él.
Había decidido levantarse y tomar un baño, cuando el mismo ruido que lo había despertado se escuchó nuevamente. Giró la cabeza y trató de distinguir el sonido. ¿Alguien estaba dando martillazos en algún piso? ¿O provenía de alguna construcción de fuera?
Entonces se dio cuenta y quiso patearse a sí mismo. ¡Era la maldita puerta! ¡Alguien estaba golpeando la puerta del departamento!
Salió del sofá con cuidado intentando no despertar a Zoro y bajó por el corredor hacia el pequeño vestíbulo. Se acomodó el cabello e hizo su mejor esfuerzo para alisar su camisa y pantalones. Abrió la cerradura y tiró de la puerta.
—¿Chopper? —parpadeó cuando vio quién se encontraba en la puerta—. ¿Qué haces aquí tan temprano?
El muchacho lucía terrible, como si no hubiera dormido toda la noche. Su cabello estaba despeinado y grandes ojeras dibujaban sus ojos. Sus hombros lucían pesados como si cargara con todas las tristezas del mundo y sus ojos parecían muy afligidos.
—¿Temprano?— Chopper hizo una mueca y miró su reloj—, son las once de la mañana.
—Oh… —Sanji se rascó la barbilla, pensativo—. Ah, sí. Me acosté tarde anoche. ¿Son las once?
Eso significaba que habían dormido unas cinco horas, no estaba nada mal.
Chopper cerró los ojos y apretó fuerte los dientes.
—Por favor, por favor, no me digas que fueron anoche al club de pelea ilegal.
Sanji se rascó la nuca y sonrió incómodamente.
—Ah, ¿sabes de eso, eh?
—¡Claro que lo sé, cabrón! —Chilló el menor— ¡Yo soy el que siempre los revisa y trata sus heridas después de sus peleas!
—Sí fuimos, pero Zoro fue el único que peleó, yo sólo fui como espectador… —Sanji se recargó en el marco de la puerta y le sonrió amigablemente a su amigo pequeño—. ¿Quieres entrar? Estaba a punto de hacer el desayuno.
La ira del menor desapareció y metió las manos en los bolsillos tiernamente. Asintió lentamente después de un minuto y entró cuando Sanji le dio el paso.
—Sólo haz algo rápido, —añadió Chopper— vine para llevarte a tu cita de fisioterapia.
—¡Oh, mierda! —exclamó Sanji—. ¿A qué hora es?
Chopper suspiró.
—Es en una hora y media. Sabía que se te olvidaría, por eso llegué temprano.
Sanji estudió a su amigo mientras el pequeño estudiante de medicina miraba el piso. Algo no estaba bien, Chopper normalmente era alguien muy optimista y alegre. No hacía falta ser un genio para saber que algo estaba pasando.
—Chopper, —Sanji se acercó y colocó una mano en el hombro del menor— ¿estás bien?
Sanji se quedó estupefacto al ver que las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de su amigo. En lugar de agitarse y decirle al rubio que estaba bien y que no necesitaba su ayuda o sus consejos, el niño únicamente se quedó ahí llorando en voz baja con la vista clavada en el piso y las lágrimas deslizándose lentamente sobre sus mejillas.
—¿Chopper? ¡Mierda! —Sanji movió al pequeño y se arrodilló para estar a su altura— oye, oye, oye. ¿Qué ocurre, Chopper? ¡Oye, mírame amigo! ¿Qué está pasando?
La vista de Chopper dejó el piso y se encontró lentamente con la de Sanji. Resopló y el rubio lo sujetó con firmeza mientras el menor mecía los pies, nervioso.
—Usopp… —Chopper dijo tranquilamente—. Él vino anoche. Él… —El menor sollozó nuevamente y se limpió las lágrimas con su manga—. Estuvo tranquilo por un rato, callado. Pero después de la cena nos sentamos en la sala a jugar cartas por un rato y de repente…
La preocupación de Sanji aumentó cuando la voz de su amigo se quebró y cubrió su rostro con sus manos. El menor no podía dejar de sollozar y Sanji lo abrazó fuertemente para evitar que cayera al suelo. Ya había visto esa situación antes, pero nunca así de mal. Chopper lo había buscado en varias ocasiones para desahogar su doloroso corazón. El pobre niño había estado enamorado de Usopp desde que se conocieron en la secundaria. Chopper, era la persona más dulce y desinteresada. Si Usopp era feliz, él también lo era. Cuando Usopp y Kaya se habían mudado para comenzar a vivir juntos, había sido la persona más feliz y extasiada.
Pero el cocinero creía que, ahora que Usopp y Kaya habían terminado, Chopper moría por dentro lentamente porque la persona que amaba había sido lastimada y no podía hacer nada para reconfortarla.
Sanji logró arrodillarse en el piso con el niño sobre su regazo llorando. Tenía los brazos tan apretados alrededor del cuello de Sanji que su cabeza comenzaba a palpitar.
—Chopper, —Sanji le murmuró tras su suave cabello castaño—, amigo, lo siento muchísimo…
Sanji vislumbró con el rabillo del ojo a Zoro. El espadachín había llegado, frotando sus ojos y luciendo un aspecto igual de afligido que la persona que lo había despertado de su sueño.
—¿Qué ocurrió? —preguntó.
—Usopp. —contestó el rubio.
Zoro hizo un ademán de invitarles café. Les murmuró: "Café", a ambos y señaló la cocina. Sanji asintió, comprendiendo. No era un secreto que Chopper era el mayor amante de café de todos. El niño lo necesitaba para poder pasar incontables noches estudiando en vela o doblando turnos en el hospital.
Sanji se quedó abrazando a Chopper unos minutos más. Los sollozos se detuvieron un poco y el joven se quedó en silencio. Cuando el pequeño doctor se incorporó, frotando sus ojos con la manga de su chamarra de nuevo, miró a Sanji e hizo una mueca.
—Lo siento. —dijo sutilmente.
Sanji sonrió y le revolvió el cabello.
—No pasa nada.
Chopper negó con la cabeza.
—No… claro que no. Tengo que aprender a manejar estas cosas y no venir llorando contigo y con Zoro todo el tiempo…
—Chopper, —dijo la voz de Zoro detrás de ellos— ven a la cocina por un poco de café. Cuéntanos qué pasó.
Chopper asintió nuevamente, dejó que Sanji le ayudara a ponerse de pie y lo condujera a la cocina. Se sentó en uno de los taburetes y recargó sus brazos y codos sobre la barra de la cocina. Zoro le entregó un vaso grande lleno de hielo y café recién hecho. El menor murmuró un "gracias", y se terminó el primer vaso en segundos. Zoro tomó su vaso y lo llenó nuevamente mientras Sanji regresaba a la sala para tomar su cajetilla de cigarros y un encendedor. Cuando regresó, el espadachín estaba sentado frente a Chopper y él se mordía el labio nerviosamente.
—Entonces… ¿qué ocurrió? —preguntó suavemente el peliverde.
Chopper se encogió de hombros mientras el rubio sacaba un paquete de tocino del congelador. Lo colocó bajo el grifo de agua y se dio la vuelta para recargarse en el fregadero. Encendió un cigarrillo sintiendo el primer humo del día llenar sus pulmones y cerró los ojos disfrutando de su veneno favorito, dejando que invadiera sus venas.
—Yo, eh… —murmuró Chopper—. Usopp fue anoche a mi casa a cenar. Nada parecía estar mal con él al principio. Estaba callado, jugamos un par de partidas de cartas y hablamos de ustedes por un rato.
Sanji estuvo tentado a preguntarle de qué exactamente estuvieron hablando, pero se quedó callado.
—Pero entonces, en medio del juego, comenzó a comportarse extraño, como cuando está muy molesto. Así que dejé las cartas y le pregunté si quería hablar de algo.
Las lágrimas cayeron nuevamente de los ojos del menor, pero no hizo nada para detenerlas mientras escurrían por sus mejillas y se estrellaban sobre la barra de la cocina.
—Dijo que estaba muy molesto porque había visto a Kaya por la mañana con su nuevo amante… o lo que sea que sea de ella. Ellos estaban mmm… —sus ojos se cerraron y apretó su taza de café hasta que las yemas de sus dedos se pusieron blancas—. Los vio en una tienda de joyería en el centro comercial… buscando anillos.
—¡¿Qué mierda?! —Sanji casi se ahoga con el humo de su cigarro.
—¿Estaba seguro de que eran ellos? — Preguntó Zoro tan sorprendido como Sanji.
Chopper asintió y se limpió ferozmente los ojos.
—Dijo que no pudo moverse como por diez minutos y se quedó ahí, mirándolos… Por Oda… ¡Anoche se hizo pedazos! ¡Lloraba tanto y yo no sabía qué demonios hacer!
Sanji rodeó la barra de la cocina y se sentó al lado de su amigo.
—Lo siento mucho, Chopper.
El aludido respondió con un fuerte resoplido y sus ojos se ensombrecieron un poco repentinamente.
—Oh, esa no es la peor parte. —murmuró.
Zoro ladeó la cabeza y miró al rubio por una fracción de segundo.
—¿Cuál es la peor parte? —preguntó el peliverde.
La mirada de Chopper no dudó y su voz tembló ligeramente.
—Se lo dije.
Sanji frunció el ceño, sin comprender.
—¿Le dijiste, qué? —Se encontró nuevamente con la mirada de Zoro que palideció un poco.
—Le dije que lo amaba. —Contestó—. Le dije que he estado enamorado de él desde séptimo grado.
El rubio parpadeó lentamente, sin saber qué decir. Estaba en shock en silencio, y a juzgar por la expresión de Zoro reflejada en su rostro, él lo estaba también.
—¿Tú… se lo dijiste sin más? —preguntó el rubio.
Chopper finalmente apartó la mirada de donde la tenía y miró a Sanji con su expresión de "doctor".
—No, Sanji, no soy un idiota. Él estaba llorando y diciendo que era un don nadie, que nadie nunca lo amaría y nadie debía amarlo porque no se lo merecía. No podía dejar que siguiera diciendo esas cosas… y entonces se lo dije… le dije que siempre lo había amado.
Sanji se sentó sobre sus dedos pensando en decir algo profundo y emocional.
—¿Qué hizo él? —preguntó Zoro en voz baja.
Chopper lo miró y se encogió de hombros.
—Nada en realidad. Se quedó en silencio viéndome por un momento, luego puso su cabeza en mi regazo y se quedó dormido. Cuando me desperté esta mañana, ya se había ido.
Zoro asintió y se echó para atrás frotándose el cuello. De repente parecía tan derrotado como su amigo.
—Estoy seguro de que sólo necesita tiempo para meditarlo —comentó Sanji, dándole una palmadita en la espalda— él regresará y ambos serán inseparables de nuevo.
Chopper negó con la cabeza.
—No creo que Usopp supiera que soy gay hasta anoche… Estoy muy seguro de que ahora que lo sabe, no querrá estar cerca de mí nunca más…
—¿Por qué no? —Sanji hizo una mueca—. Tú eres su mejor amigo, tú eres Chopper.
—Sí, pero ahora todo es diferente porque abrí mi bocota. —Chopper bajó la cabeza para apoyarla en sus brazos cruzados—. Ahora soy el amigo gay que lo ama. Me sorprende que no se haya levantado y se haya ido anoche.
El cocinero escuchó el taburete de Zoro ser retirado de la barra y lo vio levantarse y darse la vuelta. Sus dedos estaban entrelazados detrás de su cuello y, prácticamente, podía sentir el dolor que pesaba sobre sus hombros. Esa conversación sin lugar a dudas le causaba mucho dolor ya que tenía muchos paralelismos con su relación con Sanji. El cocinero sabía que tenía que ser extremadamente cuidadoso con lo que diría en los próximos minutos.
Tomó las manos de Chopper y le murmuró:
—Chopper… —comenzó firmemente y el chico levantó su llorosa mirada— Puede que Usopp no te ame de la misma manera en la que tú lo amas, pero él te ama. Además de Kaya, tú eres la persona más importante para él en todo el mundo. El hecho de que seas gay o el hecho de que lo ames de otra forma no va a cambiarlo. Usopp sólo necesita un poco de tiempo para asimilarlo, él estará bien.
Chopper lo miró por varios segundos antes de contestarle tras su manga:
—Es interesante escucharlo de ti, Sanji…
Sanji escuchó a Zoro hacer un ruido suave al otro lado de la cocina, pero no le quitó la vista a Chopper.
—Tengo más derecho a decir eso que nadie, —dijo Sanji en voz baja. Los ojos del menor se abrieron de par en par mirando a su amigo sacar otro cigarrillo de su bolsillo. El cocinero aún evitaba la mirada del espadachín, pero podía sentir sus ojos clavados en él. Regresó al fregadero, cerró el grifo y abrió el paquete de tocino.
—Voy a hacer el desayuno, lunch, almuerzo, o como sea que se llame a estas horas —dijo con naturalidad—. Va a estar increíblemente delicioso, lo van a disfrutar y luego, Zoro va a llevarme a mi cita de fisioterapia.
—¿Lo haré? —preguntó Zoro, dubitativo.
—Lo harás. —Le contestó finalmente viéndolo a los ojos—. Tú vas a llevarme porque Chopper se irá a casa a descansar y nosotros iremos a ver a Usopp justo después de la cita.
Chopper levantó la cabeza.
—¿Irán… a…?
—No discutas conmigo, Tanuki.
El rubio vio que su amigo intentaba decir algo, pero se calló después de ver su mirada feroz. Murmuró un "de acuerdo" entre sus manos y se fue a ver la televisión a la sala mientras su amigo terminaba de cocinar.
Sanji sacó las espinacas del congelador y las pasó por agua fría mientras el espadachín se acercaba a él y se recargaba en el fregadero. Se quedó callado esperando a que terminara de lavar las hojas.
—No intentes escapar Zoro —lo reprendió cerrando el grifo del agua.
—No intentaba huir —respondió el otro tranquilamente— sólo estaba pensando en lo que dijiste.
Sanji pretendió no escuchar lo que le estaba diciendo Zoro. Recogió, escurrió las espinacas y las colocó en un bowl grande.
—Creo que por ahora soy la máxima autoridad cuando se trata de ese tema en particular.
Zoro frunció el ceño.
—¿Te refieres al tema de: "Sentirse incómodo cuando tu mejor amigo se te confiesa"?
Sanji estampó la barra con las manos y se acercó al espadachín. Su rostro estaba tan cerca del suyo que apenas podía emitir un susurro, y sin embargo, no importaba.
—¡Wow!, ¡no, imbécil! ¡Buen trabajo sacando las cosas de contexto! ¡Escucha lo que putas tengo que decir la próxima vez! ¡Soy la máxima autoridad descubriendo que tu mejor amigo es gay y tiene sentimientos por ti, pero eso no cambia el hecho de que realmente es importante para ti!
Zoro apretó la mandíbula con fuerza y Sanji prosiguió con un tono más calmado antes de que pudiera interrumpirlo, dándose cuenta de que los ojos del espadachín le miraban los labios.
—Ya hablamos de esto antes. Hablaba en serio cuando te decía que tú eras la única persona que podía ayudarme a volver a caminar. Me haces sentir cosas que nunca había sentido antes.
"Oh, demonios, esto se está acercando peligrosamente a "eso" de lo que no estoy listo para hablar… ¡maldición! Esta noche… después de que todo el tema de Chopper y Usopp haya terminado… se lo diré…"
—Tú me inspiras a ser mejor en la batalla. Amo verte pelear, no me importa ni me interesa a quién, qué o dónde te guste coger, ¿entiendes? ¡No me importa! ¡No creo soportar dejar de ser tu amigo! ¿Entiendes? Yo sólo…
Sus palabras se ahogaron cuando la mano de Zoro le rodeó la nuca. Sus dedos buscaron su rubio cabello adhiriéndose con fuerza y antes de que pudiera reaccionar, Zoro lo había atrapado en un beso abrasador. Sus labios estaban siendo consumidos, robándole el aliento, la respiración. Su boca era invadida por una lengua fuerte y considerablemente talentosa. Sanji cerró los ojos y se perdió ante las sensaciones. Zoro sabía a café, café y un aroma, que, indudablemente sabía a Zoro.
El corazón se le disparó en el pecho e intentó torpemente devolverle el beso cuando el hombre más grande inclinó la cabeza hacia atrás y reclamó su boca ferozmente por unos segundos.
El piso desapareció por unos instantes y la cabeza empezó a darle vueltas. Sólo le quedaba un poco de razón para darse cuenta de que, por primera vez, lo estaban besando como si la vida dependiera de ello…
Entonces, ese instante terminó, dejando a Zoro sin aliento, respirando profundamente a su lado sobre su piel. Sus frentes se tocaron y el rubio sintió la otra mano del espadachín en su nuca. Utilizó toda la fuerza de voluntad que le quedaba para mantener su respiración bajo control, lenta, tranquila, y no perder la cordura.
Oh, mierda… Por Oda… ¡Quién iba a decir que Zoro besaba así de maravilloso! ¡Por Oda… eso había sido increíble!
Abrió los ojos y levantó la mano para tomar la del espadachín. Él estaba temblando, podía sentirlo, escuchaba su respiración entrecortada. Sanji había provocado todo. Él había provocado que el espadachín se estuviera derrumbando. Se sintió poderoso y terrible a la vez, eufórico y culpable al mismo tiempo.
Zoro apretó los dientes mordiéndose el labio y dijo:
—Discúlpame por favor…
"Maldición… esta noche podrás hacer todo lo que quieras…"
—Está bien —contestó—. Está bien, Zoro…
El aludido abrió los ojos lentamente, vacilando al encontrarse con la mirada de Sanji. El dolor se veía reflejado como fuego abrasador en esas oscuras orbes. Casi podía sentirlo estando a centímetros de los labios del espadachín. Estuvo a punto… a punto de volver a tomar sus labios y besarlo.
Zoro abrió la boca para decir algo, pero Sanji lo detuvo.
—Más tarde, Zoro —dijo en voz baja gentilmente, en un susurro—. Hablaremos esta noche, ¿de acuerdo? Después de solucionar esto… tenemos amigos que nos necesitan.
El espadachín cerró los ojos y exhaló suavemente:
—Está bien, —asintió— está bien.
Separó las manos de Zoro de él renuentemente y lo enderezó. Le acomodó el cuello de la camisa y le peinó el cabello.
—Necesito tu apoyo hoy, así que no te derrumbes, ¿de acuerdo?
Zoro lo miró, divertido.
—¿Necesitas mi ayuda para hablar con Usopp?
El cocinero tomó las espinacas y recuperó su cigarrillo de la barra donde se había caído tras ese intenso beso.
—No. Necesitaré tu ayuda para más tarde. Cuando vayamos con Kaya.
XXXXX
Puff, qué ganas le traía Zoro :0_ jajajaja, esperando les haya gustado este capítulo, nos vemos el siguiente domingo. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Gracias a las personas que aún continúan en este fic después de tanto tiempo.
Agradecimientos especiales a:
Chunky_bot
Mero-mero-san
Sora2719
SgiAloLGuz
garden_CR
YoosllXD
aParadisie
vickynubpendun
