CAPITULO II
El trío de oro estaba en la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, impartida por el nuevo profesor, Rubeus Hagrid. Ese día, Hagrid presentaba a Buckbeak, un majestuoso hipogrifo de imponente envergadura, con plumas grises y ojos afilados llenos de inteligencia. Con entusiasmo, el semigigante explicó la naturaleza orgullosa de estas criaturas y advirtió a los alumnos que debían mostrar respeto para evitar provocar su ira.
Sin embargo, Hermione apenas prestaba atención. Su mente estaba en otra parte, tejiendo un mapa mental de los eventos por venir. Cada recuerdo de su pasado, después de la guerra, se había convertido en un cúmulo de dolor y nostalgia, pero necesitaba reconstruirlos. Si quería salvar a Draco y evitar la muerte de tantas personas —los gemelos Weasley, Remus, Tonks y otras incontables vidas que se perdieron en la lucha contra Voldemort—, debía recordar cada detalle crucial.
Un empujón brusco la sacó de su trance. Cayó al suelo con torpeza cuando Draco Malfoy la apartó sin miramientos para abrirse paso entre los demás alumnos.
—No eres tan peligrosa, ¿o sí? —Malfoy escupió las palabras con desdén, dirigiéndose a Buckbeak—. Bestia asquerosa.
El tiempo pareció ralentizarse.
—¡Malfoy, no…! —intentó advertir Hagrid con urgencia.
Pero ya era demasiado tarde.
El hipogrifo, ofendido por la insolencia, dejó escapar un chillido agudo y alzó sus poderosas patas delanteras con la intención de aplastar al heredero de los Malfoy. Un destello plateado brilló en sus garras afiladas.
Sin pensarlo dos veces, Hermione se lanzó hacia adelante, interponiéndose entre Draco y la criatura.
El impacto fue brutal.
El peso del hipogrifo la golpeó en la espalda, desgarrando la tela de su túnica y rasgando su piel con un dolor abrasador. La fuerza del golpe la dejó sin aire, pero se aferró a Malfoy con todas sus fuerzas, cubriéndolo con su cuerpo para evitar que las garras lo alcanzaran. Un segundo impacto la sacudió cuando su cabeza golpeó el suelo, y una cálida humedad comenzó a extenderse por su cuero cabelludo. Sangre.
Hubo un momento de silencio absoluto.
Draco se quedó paralizado. No por miedo, sino por la pura incredulidad de lo que acababa de ocurrir. Hermione Granger, la sangre sucia que siempre le había resultado una espina en el costado, lo había salvado.
Hagrid reaccionó de inmediato, interponiéndose entre el hipogrifo y sus alumnos, calmando a la criatura con su voz grave y su imponente presencia.
Hermione, con la visión borrosa y el pulso acelerado, hizo un esfuerzo sobrehumano para mantenerse consciente. Aún encima de Draco, lo abrazó de forma involuntaria, asegurándose de que estaba ileso, y luego lo apartó ligeramente para examinar su rostro.
—¿Estás bien? —preguntó con voz entrecortada.
—¡Por Merlín, Hermione! —exclamó Harry, corriendo hacia ellos con el rostro desencajado—. ¿Qué hiciste?
—Solo… ver si está bien… —logró decir la castaña con dificultad.
Pero antes de que pudiera reaccionar, Draco la apartó de un empujón instintivo. Hermione perdió el equilibrio y cayó al suelo, golpeándose la cabeza nuevamente.
Un dolor punzante la atravesó, pero su molestia quedó eclipsada por el estallido de caos que se desató en cuestión de segundos.
—¡Malfoy, eres un idiota! —rugió Ron, avanzando con furia.
—¡Fue ese maldito pollo quien la lastimó! —acusó Draco, señalando a Buckbeak con enojo.
—¡Y tú la empujaste! —bramó Harry, sacando su varita.
Hagrid miró la escena con desesperación. Hermione, aún mareada, quiso gritarles que pararan, pero la confusión y el dolor la tenían aturdida.
—¡Ya basta! —exclamó al fin, su voz rasposa pero firme—. ¡No sean unos niños de kínder y dejen de pelear!
—Pero Hermione… ¡te empujó encima que le salvaste! —protestó Ron con indignación.
—¡Silencio, Weasley! —Malfoy lo fulminó con la mirada—. No necesito que una sangre sucia me salve.
Harry avanzó otro paso con la varita lista, pero Hermione ya no tenía paciencia para sus estupideces.
—¡Por amor a Merlín, alguien lléveme a la enfermería! —demandó con exasperación.
Hagrid no perdió tiempo y la cargó entre sus brazos, emprendiendo el camino hacia el castillo con Harry y Ron siguiéndolos de cerca. Ambos lanzaban miradas asesinas a Malfoy, quien, por primera vez en su vida, se quedó sin palabras.
Él tampoco podía entender por qué Hermione Granger había arriesgado su vida por él.
Hagrid llevó a Hermione a la enfermería a paso apresurado, murmurando para sí mismo sobre lo terrible que era su suerte con los trabajos y las clases. Nada más cruzar la puerta, la señora Pomfrey lo recibió con los brazos en jarras y una mirada que podría derretir a un dementor.
—¡¿Pero qué demonios ha pasado esta vez, Hagrid?! —exclamó, mirando a Hermione, que apenas podía mantenerse consciente—. No me digas, déjame adivinar… ¡otro de tus "inofensivos" animales!
—Yo… este… —intentó defenderse el semigigante, pero bajo la mirada asesina de la enfermera, optó por cerrar la boca.
Sin perder más tiempo, Pomfrey comenzó a evaluar las heridas de Hermione. Al ver el profundo corte en su espalda, frunció el ceño.
—Voy a necesitar hacerle unos puntos —informó, con la misma calma con la que alguien diría que hace buen clima.
Harry y Ron intercambiaron una mirada de horror. Hermione, por su parte, parecía demasiado aturdida para procesar lo que estaba ocurriendo.
—Ah, y también tiene la muñeca lastimada. Fantástico.
Hagrid carraspeó incómodo.
—Bueno, yo… este… tengo una clase que atender. —Y antes de que Pomfrey pudiera fulminarlo con otra mirada letal, salió de la enfermería como si lo persiguiera un dragón.
La enfermera chasqueó la lengua y se dirigió a su oficina para preparar una poción anestésica. Al regresar, notó que Hermione ya estaba recostada en la camilla, con Harry y Ron a cada lado, ayudándola a sentarse para que pudiera beber el brebaje.
—Gracias… —susurró Hermione, tomando la poción con manos temblorosas.
—Ay, niña… —suspiró Pomfrey, sacudiendo la cabeza—. No sé cómo sigues viva después de tanto desastre.
Se volvió hacia su oficina para buscar los hilos y la aguja esterilizados, junto con vendas y ropa limpia para Hermione. Pero cuando regresó… encontró a un tercer alumno en la habitación.
—¿Qué demonios haces aquí? —Harry se levantó de inmediato, fulminando con la mirada a Draco Malfoy.
—¿Es que eres tonto, Potter? —replicó Draco con hastío—. Yo también fui víctima del pollo gigante. Estoy herido.
Ron bufó con incredulidad.
—¡Mentira! Hermione te salvó, ni siquiera te tocó.
—¡Se rasmillo mi dedo y se me rompió una uña! —exclamó Draco, alzando la mano con dramatismo.
—¡Oh, pobrecito, qué tragedia! —soltó Ron, fingiendo compasión—. Vamos a hacerte un funeral vikingo.
—¡Silencio, los tres! —intervino Pomfrey con firmeza—. En un momento lo atiendo, señor Malfoy, pero primero es la señorita Granger.
Los apartó de la camilla y se concentró en su paciente. Al retirar la túnica de Hermione, frunció el ceño. La camisa blanca de la muchacha estaba teñida de rojo. La herida era más grave de lo que había pensado.
Ron soltó un pequeño grito ahogado. Harry tensó la mandíbula. Draco… bueno, Draco tenía el ceño fruncido con una expresión ilegible, aunque jamás admitiría que estaba preocupado por una sangre sucia.
—¡Niña, niña! —Pomfrey chasqueó los dedos frente a Hermione, que miraba al techo con una expresión completamente ida—. Estás perdiendo sangre. Rápido, ¿cuál es tu tipo?
Hermione, con la mirada desenfocada por el efecto de la poción, alzó un dedo tembloroso y señaló a Draco.
Un silencio absoluto cayó sobre la enfermería.
Todos siguieron la dirección en la que Hermione señalaba. Draco parpadeó, confuso.
—¿Perdón? —respondió Draco señalándose con el dedo índice.
—¡Tu tipo de sangre, niña! ¡Tú TIPO! —exclamó Pomfrey, perdiendo la paciencia.
Hermione pestañeó con lentitud. Esta vez, giró el dedo y señaló a Harry.
—Él también es mi tipo… —susurró antes de desmayarse.
La enfermera Pomfrey puso los ojos en blanco.
—Están en plena edad hormonal, claro que sí —murmuró para sí, despachando de inmediato a los tres muchachos con un movimiento de la mano—. ¡Fuera de aquí, necesito desvestirla y suturar sus heridas!
Harry salió con el rostro teñido de rojo, ajustándose las gafas con nerviosismo. Draco estaba visiblemente confundido, una mueca extraña en su rostro mientras se acomodaba el cabello con un movimiento distraído. Sin decir nada, se giró y se marchó sin mirar atrás.
Ron, por otro lado, cruzó los brazos con el ceño fruncido.
—Seguro la drogaron —declaró con absoluta seriedad.
Los otros dos no tuvieron corazón para corregirlo.
Esta capitulo es corto, no sé manejar bien esta pagina y estoy aprendiendo, espero les guste y me digan en que falle o puedo mejorar :)
