Cbt1996: Hola linda. Era obvio que me iba a salvar el puesto 1 jajajajajaj y les dije, tenia mi carta bajo la manga para arreglar todo y esa carta era Rin jajajaj y ustedes que no me tenían fe, malas.

Ah, ¿viste que si te gustaron los lemon? mmm golosa jajaj

Al fin se le da al gran Naraku y llego al cielo jajajajajaj me rei con eso jajaja. Y lo de Kikis e Inuyasha, pos ya lo sabes jaja saludos, linda.

Kayla Lynnet: Hola linda. Nooo linda, el lemon de Naraku y Kikis fue un sueño jajaja ok no. Siiiii al fin paso lo que tenia que pasar. Una linda noche para ellos, es que ya le tocaba a arañita mas sexy del praneta darse sus cariñitos con su Kikis.

Miroku, el mas santo y al final termino siendo el diablillo de la historia jajajaj y no la va a dejar ir, eso te lo aseguro jajajaj y Sango en modo: "no no Miroku no, ah bueno dale nomas" jajajaj

La zorra de Esmeralda pues ya se fueeeeee para siempre. Si, mis bellas, ya no hay mas esmeralda jaja.

Me reí con tu comentario de Kag. "Ay no espera ese es de Sango, este es el mío" jajajajajja dios, mori.

Y de ahora en adelante va a haber mucho trabajo por aquí jajajaj

La charla InuKikio, mmm no me hago cargo de eso. Y a ver que pasa con lo de Sango, si se queda o no con Kag.

Saludos linda.

Karii taisho: Hola linda. Rin contra todos x su pastel jajaja. Pero Inuyasha si cayó en la tentación, no fue mi culpa que ustedes pensaran que era con Esmeralda, soy inocente eso linda.

Al fin Kikis pudo ver al hombre que es Naraku y no a ese muchachito que vio por última vez hace años.

Mirsan al fin juntos hasta el mas allá. Ya regresaron, solo falta que lo publiquen a los cuatros vientos, pero ese es un detallito nada mas jaja.

Así es, linda, Inuyasha mando a la mierda a su ex secretaria jajaj y se vengó con creces de Kagome. Yo quiero que se vengue de mi también, ok no jajajajaj

Aaa pero aun así te di tres, no uno, si no tres lemon y aun así me dejas en el puesto de Teresas cuando yo merecía el ULTIMO LUGAR. Mmmm eres mala mala. Que te den mucho trabajo en la vida bella jajajaja ok mi lado oscuro jajaja

Inuyasha esta en modo recuperando a su Kagome y no va parar hasta tenerla otra ves.

Saludos linda.

Annie Pérez: Hola linda. Si linda, al fin las cosas se están arreglando entre todos y la mamá de Kag, a ver como toma todo esto que le dijo Rin.

Saludos linda.

Eline higu taisho: Hola linda. Siiii mucho lemon muy picoso, y se pondra mas picoso jjaj

Kikis no se que es lo que ella hará, linda. Inukag al fin ya va a dejar de sufrir para poder amarse como Kami manda.

Saludos linda.

Guest: Hola linda. Muchas gracias bella, me alegra que te haya gustado, linda, saludos.


Capítulo 27

El cara cara entre Inuyasha y Kikyo

Perspectiva de Kikyo

- ¿Qué haces aquí, Inuyasha?

- Ya te dije, tenemos que hablar.

- No tengo nada que hablar contigo, así que lárgate.

- No, no me voy, así que mejor relájate y escúchame.

- ¿Que me relaje? - solté una risa irónica. - No tengo nada que hablar contigo. Si no te largas, llamaré a alguien para que te saquen.

- Kikyo, ¿puedes escucharme solo cinco minutos?

- Ya te dije que...

- Lo siento.

- ¿Qué dijiste? - pregunté sorprendida.

- Lo que escuchaste. De verdad, lo siento. No debí haberte tratado como lo hice. Creo que a estas alturas ya sabes mi historia del pasado y, aunque no es justificación para lo que hice contigo y con las demás mujeres, estaba muy dolido y fui un idiota por pensar de esa manera todo este tiempo, pero ustedes me hicieron ver la realidad, y créeme que de verdad aprendí la lección. Por eso vengo a pedirte perdón, Kikyo.

Me quedé viendo a Inuyasha por unos segundos y solté una carcajada de puro sarcasmo.

- ¿De qué te ríes? - me preguntó.

Dejé de reírme y caminé hacia él.

- A ver, Inuyasha, ¿tú piensas que voy a creerte lo que me estás diciendo? ¿Y aún más, piensas que voy a perdonar la humillación que me hiciste pasar? ¿Crees que con un perdón se olvida todo? ¿En qué mierda estás pensando?

- En recuperar a Kagome, en eso estoy pensando.

La sonrisa irónica se borró de mi rostro con esas palabras.

- ¿Qué dijiste?

- Lo que escuchaste, Kikyo. Rin me contó todo, cómo realmente pasó toda la historia. Me hizo ver las dos caras de la moneda. Ahora que sé que todos tuvimos culpa en esta historia, tal vez yo más que ustedes, pero aun así comprendo todo lo que pasó. También sé que no va a ser fácil obtener tu perdón, pero lo que sí tengo claro es que me enamoré de Kagome, y ella de mí. Voy a luchar por ella, y para eso necesito tu perdón, Kikyo.

Algo en mi pecho se apretó al escuchar sus palabras. Lo miré a los ojos para responderle.

- Así que tú y Kagome ya están juntos. Vaya, parece que es lo único que les importa.

- No es así, Kikyo. Kagome no quiere nada conmigo porque quiere recuperarte a ti. Su prioridad eres tú, no yo. Sé que ella me ama, pero por lo que veo, el amor que te tiene a ti es más grande. Mientras no la perdones y vuelvan a ser amigas, ella no querrá estar conmigo.

- ¡Ella y yo nunca volveremos a ser amigas por tu culpa! - le grité con rabia. - Tú te encargaste de que nuestra amistad de toda la vida se fuera a la mierda. Todo es tu culpa.

- Sí, es mi culpa, pero te repito, todos tuvimos culpa en esto. Dime, si ella era tu amiga, ¿por qué dejaste que se vengara? ¿Por qué permitiste que se me acercara?

- ¡Cállate! Tú no sabes nada - le grité.

- Sí sé, Kikyo, y mucho. ¿Sabes cuál es la respuesta?

- ¡Ya cállate!

- La respuesta es esta, Kikyo: solo pensaste en tu dolor y en tu venganza, sin importarte que esto dañara a tu amiga. ¿Eso hace una amiga?

- Las cosas no son así, Inuyasha. Yo sí quería que esto acabara y se lo dije.

- Sí, pero fue muy tarde. Eso también me lo dijo Rin. Tu arrepentimiento por esta venganza llegó demasiado tarde. Así como Kagome, yo, e incluso Sango, nos dimos cuenta de nuestros errores, ¿por qué tú no puedes ver los tuyos, Kikyo? Tú también tienes culpa.

- ¿Así que es mi culpa que me hayas humillado ese día en tu oficina, Taisho? ¡Maldita sea! - le grité una vez más y lo abofeteé. Ya estaba cansada de todo esto, pensé con dolor.

- Si golpearme te hace sentir mejor, adelante, hazlo. No pienso defenderme. Pero quiero que sepas algo, Kikyo: en tu vida vuelvas a levantarle la mano a Kagome. El que te dañó y te humilló fui yo. A quien tienes que gritarle, insultar y golpear es a mí, no a ella.

- Vaya, cuánto amor de tu parte, Inuyasha. Pero dime, ¿cuánto tiempo te va a durar? ¿Un mes, dos? A lo mucho, hasta que te pilles a otra y la dejes tirada como hiciste conmigo. ¿Eso piensas hacer con ella? Responde.

- Jamás haría eso. Kagome es la mujer que amo, Kikyo. Quiero recuperarla porque de verdad me enamoré de ella. Por eso estoy aquí hablando contigo, porque quiero tu perdón, pero sobre todo quiero que perdones a tu amiga y vuelvan a ser las amigas que eran. Soy capaz de no acercarme a Kagome cuando esté contigo, si no quieres verme la cara, pero por favor te suplico que la perdones.

- Escúchame muy bien, Inuyasha Taisho, porque va a ser lo último que hable contigo. Jamás en la vida te voy a perdonar la humillación que me hiciste. Por tu culpa, la amistad que tenía con Kagome se rompió, y jamás volveremos a ser amigas. Si tú y ella quieren estar juntos, adelante, no me importa, pero no quiero verlos a ninguno de los dos. Mi amistad con ella se fue al carajo por tu culpa, ¿me escuchaste bien? ¡Por tu culpa! - le grité mientras caminaba hacia la puerta para abrirla. - Ahora lárgate y no vuelvas aquí nunca más.

Lo vi caminar hacia mí, intentando volver a hablarme.

- No lo puedo creer. Que no me perdones a mí lo entiendo, pero que no perdones a tu mejor amiga, eso sí que no lo comprendo. Lo único que ella quería era vengarte a ti, pero el destino quiso otra cosa para ella y para mí, y de verdad no lo entiendo. ¿Sabías que Kagome estuvo a punto de suicidarse por esta estúpida venganza y aun así no quieres verla? Por poco la pierdes para siempre, Kikyo. ¿Eso no te hace pensar mejor las cosas?

- ¡Lárgate! - le grité, aguantando las lágrimas.

- Como quieras. Pero ahora escúchame a mí: no voy a descansar hasta obtener tu perdón, Kikyo, pero también voy a luchar por el amor de Kagome. Lucharé contra todos si es necesario, ¿me oyes? Y espero que, el día de mañana, no te arrepientas de no haber perdonado a tu amiga y hermana, porque hace poco estuviste a punto de perderla para siempre. Adiós, Kikyo.

Se fue de mi departamento, y yo cerré la puerta para soltar las lágrimas que ya no podía aguantar más. ¿Por qué la vida era así de cruel? ¿Por qué?

Perspectiva de Inuyasha

Entré en mi auto, saqué mi teléfono y marqué un número. Me llevé el móvil a la oreja, esperando que contestaran.

Un toque, dos toques...

- ¿Alo?

- Hola, enano.

- ¡Hola, Inuyasha! ¿Cómo estás?

- Bien, Shippo. Oye, ¿todavía no entras a clase, verdad?

- No, en unos cinco minutos. ¿Por qué?

- Súper. Oye, tú y Sota se han hecho muy buenos amigos, ¿verdad?

- Sí, somos muy buenos amigos. Por cierto, ¿verdad que tú y Kagome son novios?

Sonreí por su pregunta.

- ¿Tú y Sota quieren eso?

- ¡Claro! Sería genial que sean novios, ¿lo son?

- Shippo, necesito tu ayuda, y claro, la de Sota también.

- Claro, dime. Para eso estamos los hermanos.

Sonreí por su respuesta.

- Bien, escúchame con mucha atención, ¿sí?

- Sí.

- Bien, quiero que ustedes dos hagan esto...

Perspectiva de Kagome

- ¡Ya, Sango, apúrate! Se nos hace tarde.

- Sí, ya voy, deja que me tome mi café.

- Oye, Sango...

- Sí, dime.

- Eh, pues... mm...

- ¿Qué pasa, Kag?

- Pues, verás... Yo, Sango, ¿no extrañas tu departamento?

- ¿Eh? ¿Me estás corriendo?

- ¡Eh, no! ¿Cómo crees? Yo no haría eso.

Y ella suelta una carcajada.

- Era broma, Kag, perdón.

- Sango, odio cuando haces bromas así.

- Ay, perdón. Pero dime, ¿por qué me preguntas eso?

Me quedé callada mientras pensaba cómo decirle que Inuyasha tiene toda la intención de venir a mi departamento cuando se le da la gana. Y lo último que quería era tenerlo aquí. Eso me traería más problemas con Kikyo, aunque me doliera estar separada de Inuyasha... pero necesitaba recuperar a mi hermana.

Y si Sango está aquí y ve a Inuyasha... ¡Dios mío! Sango puede golpearlo otra vez.

- ¡Kag! Te estoy hablando.

- ¿Eh? Ah, sí. - salí de mis pensamientos. - ¿Qué me decías, Sango?

- Que, ¿por qué quieres que me vaya?

- No es eso, Sango, pero creo que tú estás aquí para que yo no haga una estupidez. Y de verdad, ya no voy a hacer nada de eso, te lo juro.

- Kag, tú no sabes el terror que sentí cuando te vi con esas pastillas. Por eso me quedé aquí... y también para no ver a Miroku.

- Por cierto, ¿has sabido algo de él?

- Eh... no, ¿por qué lo dices?

- No, por nada - le dije.

Mientras me quedé pensando: tal vez Inuyasha se equivocó anoche. Miré a Sango para seguir hablando.

- Sango...

- ¿Mm?

- De verdad, estoy bien. Ya no soy una niña chiquita. No haré nada, te lo prometo.

- ¿Me lo juras? Porque mira, si haces una estupidez, matas de un infarto al abuelo, a la tía Naomi y al tío Ken. ¡Y Souta queda traumado por toda la vida!

Solté una risita para responder.

- Está bien, no haré nada. Te lo juro por mi familia que no haré nada tonto, te lo prometo, Sango.

Perspectiva de Sango

- Está bien, Kag. En la tarde me regreso a mi departamento, pero te estaré llamando todas las noches, ¿de acuerdo?

- Sí, mamá Sango, está bien. - dijo poniendo los ojos en blanco y yo sonreí.

Mientras me tomaba el poco café que me quedaba, pensaba: me alegra que Kag haya superado su depresión para seguir adelante. Y, ¿para qué negarlo?, ahora que volví con Miroku, me muero de ganas de pasar toda la noche con él, abrazados hasta que amanezca.

- ¿Ya terminaste, Sango?

- ¿Eh? Ah, sí, ya terminé. Deja que lave esto.

- No, déjalo ahí. Yo las lavo cuando llegue. Se me hace tarde, tengo un caso muy importante esta mañana.

- Bueno, está bien, ya vámonos.

Tomamos nuestras cosas y salimos del departamento. Cuando llegamos abajo, cada una se subió a su auto.

- Adiós, Sango.

- Adiós, Kag, nos vemos.

- Sí, nos vemos.

Y nos fuimos cada una a su trabajo.

Perspectiva de Naraku

Iba saliendo de mi departamento y le volví a marcar a Kikyo. Después de unos toques, me contestó.

- Hola, Naraku.

- Hola, bonita. ¿Por qué te fuiste tan temprano?

- Perdón, Naraku. Es que te había dicho de un desfile que nos tiene trabajando a mil, por eso me fui rápido. Perdón por no haberte despertado.

- No te preocupes, linda, solo me preocupé, fue eso.

- Eres tan lindo.

- ¿Te pasa algo, Kikyo? Te escucho decaída.

- Es por el trabajo. Oye, este... ¿te gustaría cenar en mi departamento hoy?

- Claro, será un placer.

- Ok, nos vemos a las ocho de la noche, ¿sí?

- Claro, ahí estaré.

- Bien, nos vemos.

- Nos vemos, bonita.

Y colgué el teléfono para soltar el aire que estaba reteniendo.

Por un momento pensé que Kikyo se habría arrepentido de lo que pasó anoche, pero veo que no.

En mi rostro se dibujó una sonrisa. Me subí a mi auto y me fui al trabajo.

Perspectiva de Kikyo

Apagué mi teléfono y, después de una hora, volví a sonreír. Naraku, de verdad, era como una medicina para mis males.

¿Será que me estoy enamorando de él?

Pensé con una sonrisa, mientras doblaba una esquina para llegar a mi trabajo.

Perspectiva de Kagome

Después de una hora y media, pude respirar tranquila. Fue difícil, pero gané el caso. Y no fue nada fácil, considerando que la persona a la que estaba defendiendo era nada más y nada menos que el sobrino del Almirante de la marina de Japón.

Empecé a guardar mis documentos en el maletín cuando mi cliente me habló.

- Gracias, abogada Higurashi.

- No tiene nada que agradecer, señor Suzuki. Usted era inocente. Era mi deber que la verdad saliera a la luz.

- Abogada Higurashi.

Escuché que me llamaban, y cuando me di la vuelta, era el Almirante.

- Señor Almirante. - dije, haciendo una reverencia.

- Abogada, muchas gracias por salvar a mi sobrino. No sé cómo pagarle este enorme favor. Mi esposa y yo queremos a nuestro sobrino como a un hijo. Estaré eternamente agradecido con usted, abogada Higurashi.

- No diga eso, Almirante. Era mi deber ayudar a un inocente como su sobrino.

Él me tomó de las manos para hacer una reverencia en muestra de agradecimiento.

- Muchas gracias. Jamás olvidaré esto. Si algún día necesita mi ayuda, no dude en buscarme. Yo con gusto haré lo que sea por usted.

- Gracias, Almirante, pero de verdad no me deben nada.

- Aun así, cualquier cosa que necesite, solo llámeme. Estaré allí.

- Muchas gracias, señor.

Hice una reverencia para despedirme de él y de su sobrino, y me retiré de allí.

- Adiós y que les vaya muy bien. - les dije a ambos.

- A usted también, abogada Higurashi. - me respondieron los dos, y después de eso, me fui del lugar.

Iba bajando las escaleras cuando recibí una llamada. Tomé mi teléfono y vi que era Sota. Sonreí al leer su nombre en la pantalla y contesté.

- Hola, Sota. ¿Cómo estás? ¿Todo bien?

- Hola, Kag. Sí, todo bien, gracias.

- Dime, ¿para qué me llamas, pequeño?

- Hermana, ¿puedes pasar por mí hoy?

- ¿Hoy? ¿Por qué? ¿Pasó algo malo? ¿Y mamá?

- No, no pasó nada malo. Es solo que te extraño mucho. Quiero verte, por favor. Ya le avisé a mamá, solo falta que tú digas que sí, por favor, por favor.

Solté una risita porque sabía que esa batalla ya la tenía perdida con mi pequeño.

- Está bien, tú ganas. Paso por ti a la escuela, ¿vale? ¿Quién le avisa a mamá?

- Yo lo hago, hermana, no te preocupes.

- Ok, nos vemos al rato, Sota. Adiós.

- Adiós.

Colgué la llamada y me subí a mi auto. Tenía que ver a otro cliente, y después de eso, iré a buscar a Sota. Arranqué en mi auto.

Perspectiva de Inuyasha

Estaba arreglando mis cosas para irme en dos horas más del trabajo.

- ¿Qué haces, Inuyasha?

Miré a la puerta y era Miroku.

- Nada, solo arreglo mis cosas para irme en un rato.

- ¿Tan temprano?

- ¿Algún problema?

- No, solo es raro.

- Mmm, sí, claro. ¿Y el idiota de Sesshomaru?

- Fue a ver a un socio, pero en media hora estará aquí... Mmm, Inuyasha...

Lo miré, y él me sonrió traviesamente.

- ¿Y si nos vamos antes de que llegue Sesshomaru? Lo vi hoy en la mañana y anda de mal humor. Tal vez nos haga trabajar hasta tarde, pero si nos vamos ahora, nos salvamos.

Y yo sonreí con la misma malicia que Miroku.

- ¿Que Sesshomaru anda de mal humor hoy? ¡Vaya novedad! - cerré mi computadora y tomé mi teléfono para mirar a Miroku. - Que se joda Sesshomaru por hoy. - dije, y salimos casi corriendo de la oficina. Nos despedimos de mi secretario y nos fuimos.

Llegamos a nuestros autos, pero Miroku me habló.

- ¿A dónde vas, Inuyasha?

- Tengo cosas que hacer.

- ¿Qué cosas?

- ¿Qué te importa? Adiós. - me subí a mi auto y él hizo lo mismo, pero antes de irse, le pregunté a Miroku. - ¿Y tú, a dónde vas?

- ¿Qué te importa? - me sacó el dedo del medio y se fue.

- ¡Idiota! - le grité, pero aún sonriendo. Y Me fui a la escuela de los niños. Ya había hablado con mis padres para decirles que yo iría por Shippo hoy.

Aunque me extrañó la voz de mi madre, se escuchaba rara... ¿O tal vez son cosas mías?

Y me fui al colegio.

Perspectiva de Sango

Estaba en mi consultorio cuando mi teléfono sonó.

- ¿Hola? - contesté.

- Doctora Taijiya...

- Si, ¿Qué pasa, Celeste?

- El señor Miroku Mushin la busca, ¿Qué le digo?

Sonreí de solo escuchar su nombre.

- Déjelo pasar, por favor.

- Esta bien, doctora.

- Gracias. - colgué, me levanté de mi silla y me miré en el espejo para ver si mi peinado y mi ropa estaban bien.

En eso, tocaron la puerta y me encaminé para abrirla.

- Hola, mi Sanguito.

- Hola, Miroku.

Me envolvió en sus brazos, besandome mientras cerrabamos la puerta. Él me dejó entre ella y su cuerpo.

- Te extrañe tanto en estas horas sin verte, mi Sanguito.

- Mmm, yo igual amor. - y así nos quedamos, abrazados mientras nos comiamos la boca a besos.

Hasta que él dejó de besar mis labios para seguir por mi cuello y susurrar en mi piel:

- Sango, ¿ya volviste a tu departamento?

- Mmm, si... hoy mismo regreso, amor.

- Fantastico, eso quiere decir que tú y yo pasamos la noche juntos.

Solté una risita al senrtir sus traviesas manos por debajo de mi blusa.

- Si, Miroku, hoy estaremos juntos.

- Qué felicidad, mi amada Sango. - me volvió a besar mientras tocaba uno de mis senos, masajeandolo.

- Mmm, amor, aquí no.

- ¿Por qué? ¿Hay cámaras?

- No, no hay, pero...

- Entonces no pasa nada, amor. Sólo un ratito, Sango.

- Y yo a ti, pero...

No llegué a decir más porque él me atrajo hacía su cuerpo y con su mano le colocó el seguro a la puerta y después caminar sin soltarnos hasta el escritorio.

- Mmm, Miroku, ¿Qué haces?

- ¿Sabes cuál ha sido mi fanstasía desde que te conozco?

- ¿Mm?

- Hacerle el amor a una bella doctora aquí en su escritorio... y esa bella doctora se llama Sango Taijiya.

- Miroku. - susurré para yo misma devorarle la boca y, ¿para que mentir? si ahora su fantasía se había convertido en la mia.

Me quitó la bata y la dejó a un lado para subirme la falda hasta la cintura y sentarme sobre el escritorio. Abrí mis piernas para que se acomodara en el medio, sin dejar de besarnos.

- Mmm, Miroku...

- Oh, Sango, me vuelves loco...

Sentía mi cuerpo muy caliente, al punto en el que mis bragas estaban completamente húmedas.

- Miroku... - solté un gemido cuando sentí su mano colarse en el medio de mis piernas, tocándome sobre la tela.

- Dios, Sango... ya estás mojada, amor.

- Mmm... - era lo único que podía pronunciar en el medio del beso.

Y sentí su dedo deslizándome por debajo de mi ropa interior e introducirse en mi, acto que me hizo jadear. Dejé de besarlo e hice mi cabeza hacía atrás, arqueándome un poco.

- ¿Te gusta, amor? - susurró en mi oído.

- Si... - le dije entre jadeos.

Comenzó a torturarme tan placenteramente con sus dedos mientras yo mordía mi labio, tratando de no gemir tan fuerte.

- Eres tan hermosa cuando tu rostro muestra placer.

- Miroku. - solté para llevar mi mano hacía su nuca y atraerlo hacía mi, besándolo, haciendo que se tragara mis quejidos. - Miroku... ya hazlo, te necesito ya. - exclamé.

Y él sonrió traviesamente, sacando sus dedos y lamerlos frente a mis ojos y desabrocharse el cinturón. Bajó el cierre de su pantalón y sacó su ya grande y duro miembro. Mordí mi labio.

- ¿Lo quieres, Sanguito?

Y yo sólo sonreí. Amaba cuando jugábamos de este modo. Abrí más mis piernas y con mi mano corrí a un lado mi braga, susurrándole:

- La pregunta es... ¿tú quieres estar aquí dentro, amor? - pronuncié, jugando con mi dedo, entrando en mi interior.

Lo vi morderse el labio, quitando mi mano y, de una sola estocada, introducirse en mi. Los dos soltamos un gemido de placer.

- Mmm, ¿te gusta, Sango?

- Me encanta. - respondí. - Hay que hacerlo rápido, puede venir alguien.

- Lo se, amor, lo sé.

Y después de esas palabras le dimos rienda suelta a nuestro amor. Miroku me embestía de una manera tan salvaje que, si no fuera porque tenía mi boca tapada con sus besos, mis gritos se escucharían por todo el consultorio hasta el pasillo.

- Más. - gemí al borde de la locura.

Los minutos pasaron y al fin sentí la corriente de mi orgasmo.

- Un poco más, Miroku...

- Si, vamos amor, vamos...

Sentí mi liberación al mismo tiempo en que Miroku ahogó mi grito de placer. Segundos después, él se corrió en mi interior y fui yo quién cayó su jadeo. Nos quedamos así durante unos momentos mientras que las corrientes de placer atravesaban nuestros cuerpos. Solté un gemido cuando él salió de mi interior para abrocharse su pantalón y cinturón. Estaba a punto de cerrar mis piernas, pero me detuvo. Vi como llevaba su mano hacía la caja de pañuelos que tenía sobre mi escritorio y se arrodilló frente a mi, sacando los pañuelos y limpiándome, borrando el rastro de nuestros orgasmos. Sonreí ante la ternura que me causó ese detalle.

Una vez que finalizó aquella acción, se acercó a mi zona íntima, dejándome un suave beso y acomodando mi ropa interior. Me bajó del escritorio y me arregló la falda, por supuesto que yo estaba feliz ante aquello. Finalmente, con delicadeza, colocó mi bata.

- Gracias. - le dije, feliz y lo besé.

- De nada, amor.

Nos besamos por un rato hasta que mi teléfono sonó.

- Perdón. - dije, separándome para contestar. - Si, diga.

- Doctora Taijiya, acaba de llegar una paciente de 9 meses, con contracciones.

- Ok, voy para allá. - y colgué, mirando a Miroku. - Amor, ya me tengo que ir, una paciente va a tener a su bebé.

- Claro, amor, nos vemos en la noche, ¿si?

- Si, amor. - me despedí de él con un beso y ambos salimos del consultorio, tomando caminos separados.

Perspectiva de Inuyasha

Me recosté en mi auto esperando que los niños salieran de sus clases. Al fin los vi salir del colegio y corrieron hacia mí.

- ¡Inuyasha! - gritaron los dos, y yo los agarré para abrazarlos a ambos.

- Hola, enanos, ¿Cómo están?

- Bien, ¿y tú?

- Bien, pequeños, gracias.

- Shippo, ¿hablaste con Sota?

- Sí, Inuyasha. Sota ya sabe el plan.

- Perfecto. Ahora solo tenemos que esperar a que llegue.

- ¡Mira, ya llegó mi hermana! - exclamó feliz Sota.

Miré detrás de mí y, efectivamente, era Kagome en su auto.

Perspectiva de Kagome

- ¿Pero qué carajo hace Inuyasha aquí? - susurré dentro de mi auto.

Respiré y exhalé.

No importa, solo vengo por mi hermano, y después me voy.

Con eso en mente, me bajé del auto y caminé hacia ellos.

- ¡Sota!

- ¡Hermana! - gritaron ambos, corriendo hacia mí. Los agarré para abrazarlos a los dos.

- Hola, Shippo, ¿Cómo estás?

- Bien, Kag, te extrañé mucho.

- Qué lindo eres, Shippo.

- Hermana...

- Sí, dime.

- Shippo me invitó al centro comercial para jugar en las máquinas. ¿Podemos ir con ellos?

- ¿Qué? Pero si tú querías pasar tiempo conmigo, Sota.

- Sí, pero también podemos pasar tiempo con ellos.

- Sota, no creo que...

- ¡Por favor, por favor, sí!

- Sí, Kag, por favor. - también me suplicaba Shippo ahora.

- Vamos, Kag, no creo que seas tan cruel como para decirle que no a los niños, ¿verdad?

Miré a Inuyasha con sospecha, y cuando vi su sonrisa burlona, me di cuenta de que todo había sido una trampa para traerme aquí. Lo miré enojada, pero él seguía sonriendo. Puse la vista en los niños, que aún tenían ojitos de súplica.

- Por favor, vamos, hermana, ¿sí?

- Sí, Kag, vamos.- se sumó Shippo una vez más.

Solté un suspiro de clara derrota.

- Está bien, podemos ir, pero solo un ratito, ¿vale?

- ¡Siiiiiiiiiii! - y los dos me abrazaron. No pude evitar sonreír por su cariño.

Cuando nos separamos, me puse de pie.

- ¿Y Rin?

- Rin está ocupada, está tomando las clases de la maestra Ayumi, por eso salimos solos de clase, hermana.

- Ah, ya entiendo. Bueno, vamos entonces.

- Nos vamos en mi auto. - me respondió Inuyasha.

- ¿Y eso por qué? Yo puedo ir en el mío.

- La idea es que los niños se lo pasen bien juntos, Kag. Después yo los llevo a sus casas, y ya.

Lo miré acusadoramente, pero no dije nada. Escuché a Sota hablar:

- Oh, me olvidé de entregarle el libro de historia que un compañero me prestó, hermana. Ya vuelvo, se lo voy a devolver - y salió corriendo hacia el colegio.

- ¡Oye, yo voy contigo! - le gritó Shippo, siguiéndolo, dejándonos solos.

Me quedé viendo el camino que tomaron los niños, dándole la espalda a él, tratando de calmar mis nervios. No me di cuenta de cuándo se acercó hasta que me susurró al oído:

- Te ves hermosa vestida de abogada, ¿lo sabías?

Me sonrojé como una tonta y me separé más de él. Inuyasha seguía sonriendo.

- ¿Qué pretendes usando a los niños? - le solté.

- Nada, solo quiero pasar tiempo con mi hermano pequeño y, ¿por qué no? con el pequeño Sota.

- Qué casualidad que justo vengo yo y tú también, ¿verdad? Sabes que usar a los niños es incorrecto.

- Te ves tan sexy cuando hablas como abogada y con esa ropa que traes... mmm... no sabes lo que haría contigo, pequeña, si estuviéramos solos.

- Inuyasha, ¡estás en un colegio, por Dios! - exclamé roja de vergüenza, por si alguien nos escuchaba.

- Higurashi...

Me di la vuelta para ver quién me hablaba. Era Hojo.

- Hola, Hojo, ¿Cómo estás?

- Hola, Higurashi. Bien, ¿y tú?

- Bien, gracias. - respondí, pero cuando mi vista chocó con la de Inuyasha, me tensé.

La sonrisa de él había desaparecido, y en su lugar había una mirada que estaba segura era para matar a Hojo.

- ¿Y usted quién es? - le preguntó Hojo a Inuyasha.

- Soy el hermano de Shippo - respondió cortante.

- Eh, bueno... él es Inuyasha Taisho, hermano de Shippo, y él es el profesor Hojo. - seguí yo, por cortesía.

- Mucho gusto, señor Taisho. - dijo Hojo, extendiendo la mano. Inuyasha hizo lo mismo, pero la cara del profesor cambió a una mueca de dolor.

Me di cuenta de que Inuyasha le estaba apretando demasiado la mano antes de soltarla. Miré a Hojo, algo apenada, pero él me dedicó una sonrisa antes de invitarme una vez más a salir.

- Higurashi, eh, tengo dos entradas para el cine. ¿Quieres acompañarme?

- No, no puede. - respondió Inuyasha bruscamente.

- ¿Y por qué no puede? - preguntó Hojo.

- Porque va a salir conmigo.

- Inuyasha... - lo llamé, pero él actuó como si no me escuchara.

- Ah, perdón, ¿ustedes son...?

- Sí, estamos juntos. ¿Algún problema? - respondió Inuyasha.

- Inuyasha, pero...

No alcancé a reprocharle nada porque, el muy sin vergüenza, me besó en frente de Hojo. Cuando terminó de besarme, miró al profesor.

- ¿Lo quieres más claro que eso? - le soltó, serio.

- Perdón si te molesté, Higurashi. Con permiso. - y se marchó.

Yo quedé en shock hasta que escuché a Inuyasha a mi lado.

- Idiota, ¿Qué se cree ese maldito?

Y le golpeé el estómago.

- ¡Ah! Oye, ¿por qué me pegas?

- Eso fue muy grosero de tu parte, Inuyasha. El profesor no te hizo nada.

- ¡No! El idiota estaba babeando mirándote.

- Eso no es verdad. - me defendí.

- ¿Estás ciega?, porque solo un ciego no se daría cuenta de que ese idiota está enamorado de ti.

- Shh, contigo no se puede hablar.

- ¿Pasó algo? - dijo Shippo acercándose con Sota.

- ¿Qué quería el profesor de matemáticas, hermana?

- Ah, así que es un cerebrito el idiota... - susurró Inuyasha.

Le tiré la mochila de Sota para que se callara.

- Bien, vamos. - solté, y los niños gritaban emocionados mientras se subían al auto de Inuyasha. Yo me senté en el asiento de copiloto, y fuimos al centro comercial. Cuando llegamos, los niños bajaron y entraron corriendo al lugar, dejándonos atrás.

- ¿Qué pretendes con esto, Inuyasha?

- Nada, ya te dije.

- Que es por los niños. - terminé su respuesta.

- Así es.

- Ja, sí, claro. A otro perro con ese hueso. - dije, caminando al frente, pero él me sujetó por la cintura, me pegó a su cuerpo y me besó.

Quise alejarme, pero no pude, y terminé correspondiéndole el beso.

- Inuyasha...

- ¿Cuál es el problema de querer verte más tiempo? ¿Acaso tú no lo deseas?

No respondí porque sabía la respuesta.

- El que calla otorga, Kag.

- Inuyasha, estamos en un lugar público, ya suéltame. - me zafé de su agarre.

- Tienes razón, es un lugar público, pero más tarde no lo será.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Nada. - y me tomó de la mano para alcanzar a los niños.

El tiempo pasaba y, poco a poco, me fui relajando. Lo bueno de estar con los niños era que, cada vez que Inuyasha se me acercaba, los usaba de escudo. Era una buena idea para no caer en la tentación.

- Tengo hambre. - dijo Souta.

- Bien, vamos a comer. - respondí.

Nos fuimos a comer papas fritas, bebidas y sándwiches. Estábamos en una conversación sobre las tareas que Rin les había dejado a los niños, cuando me levanté para ir al baño.

- Con permiso, ya vuelvo. - me alejé de la mesa para dirigirme al baño.

Cuando entré, me metí a uno de los cubículos. Dos minutos después salí, me lavé las manos, tomé unas toallitas para secármelas y las tiré al bote de basura. Me quedé arreglando mi cabello cuando vi que la puerta se abrió, y me di cuenta de que era Inuyasha.

Me di la vuelta para mirarlo con asombro.

- ¡Inuyasha! ¿Qué haces aquí? ¡Este es el baño de mujeres!

- Estás sola.

- Sí, pero ¿eso qué importa? ¿Y por qué estás poniendo el seguro en la puerta? Oye, ¿qué haces?

Me acorraló y comenzó a besarme como si no hubiese un mañana.

- Mmm, Inuyasha, ¿Qué haces?

- No tienes idea de como me moría de ganas de besarte, Kagome.

- Inuyasha, estamos en un baño...

- Lo se, pero eso no es menos excitante, ¿verdad, pequeña?

- Inuyasha... - susurré en el momento en que dejó de besar mis labios para ir a mi cuello.

Perspectiva de Inuyasha

Suspiró por mis besos y eso me prendía poco a poco.

- Inu... Inuyasha, nos van a pillar, ya por favor...

- ¿Sabes algo, Kag? - le susurré sobre su boca. - Es una pena que estés usando un pantalón y no una falda, de lo contrario sería tan fácil elevarla y hacerte el amor que, en menos de tres minutos, ya te llevaría al cielo.

Y no la dejé responder ya que volví a besarla, expresando todo el hambre que sentía por ella. Mis manos recorrieron su cuerpo con total descaro, pero comenzó a removerse entre mis brazos, sorpresivamente, en busca de más caricias. Sonreí por eso.

Mi mano se quedó sobre uno de sus pechos, masajeándolo descaradamente y ella gimió.

- Kag, me muero por hacerte el amor.

- No, no podemos Inuyasha.

- ¿Por qué no? Los dos estamos muriendo por hacerlo, no me lo puedes negar. - susurré, llevando mis labios a su cuello sin dejar de masajear su seno con una mano y con la otra apretar su exquisito trasero. - ¿Tienes idea de lo mucho que me excita verte vestida de abogada, Higurashi?

Soltó un jadeo que se oyó como un pequeño grito de placer debido a mis palabras y sonreí, sabiendo que estaba ganando la batalla. Pero ella se separó de mi, quedando a unos dos metros de distancia. Vi su rostro y estaba sonrojada y agitada.

Tan agitada como yo.

- Estas loco, estamos en un baño público, ¡¿acaso quieres que alguien nos vea?! ¡Por Dios, eres un empresario y yo una abogada! ¡Podemos hasta salir en los diarios mañana!

Le dedique una última sonrisa. Quería seguir besándola, pero sabía que tenía razón, efectivamente nos podían pillar.

- ¿Dónde están los niños? - preguntó.

- Están comiendo. Descuida, los dos saben obedecer cuando les dije que esperen en la mesa.

- Igual no me gusta que se queden solos, asique vamos con ellos.

- Quiero hacerte el amor, Kag. - le solté.

Se detuvo, observándome, pero su respuesta provoco una risa en mi.

- Olvídalo, Inuyasha, será mejor así, ¿vale? asique vámonos.

- Hagamos una apuesta, Kag.

- ¿Una apuesta? ¿De que hablas?

- Te apuesto a que, en menos de tres horas, te haré el amor, ¿Qué dices?

- ¡Deja de decir tonterías, Inuyasha y ya vamos con los niños!

- ¿A que le temes, Higurashi? - regresó sus ojos hacía mi y le dediqué una nueva sonrisa. - Mira, Kag, te apuesto a que, si en menos de tres horas, no logro hacerte el amor, haré lo que tú quieras. Si quieres que me aleje de ti, así será, pero si yo gano...No me voy a alejar de ti y mi premio será el pasar esta noche contigo en tu departamento, sólo espero que tu amiga ya no esté ahí.

- Sango se regresa hoy a su departamento, pero aún así tú no vas a ir.

- ¿Qué sucede, abogada Higurashi? ¿Tiene miedo de que su cuerpo no aguante estar cerca de mi y que al final suplique entre gemidos que le haga el amor?

- ¡Eso no va a pasar! - me gritó, completamente roja.

Y sólo me reí por su enojo, ya que la hacía ver más sexy y encantadora frente a mis ojos.

- Entonces A BO GA DA, ¿acepta el trato?

- ¡Bien, acepto! Pero tendrás que cumplir con tu promesa cuando pierdas, Taisho.

- Y así será.

No dijimos más, sólo salimos del baño y regresamos a donde estaban los niños.

- ¿Ya terminaron, enanos?

- Si.

- Bien, ya es hora de irnos, Sota. - dijo Kag a mi lado.

- Oye Sota...

- ¿Si, Inu?

- Sabes, en mi departamento está la colección del manga de Dragon Ball y, como te dije, todos estan autografiados por el gran Akira Toriyama.

- ¡¿DE VERDAD, INUYASHA?!

- Claro, te lo dije el otro día e insisto en que tienes que verlos, podemos ir a mi departamento si lo deseas.

- ¡Hermana! ¡Vamos, por favor!

Perspectiva de Kagome

Quise tirarle el vaso por la cabeza a Inuyasha.

¿Cómo se atreve a jugar sucio? ¿Es que no se da cuenta de lo que Akira Toriyama significa para Sota?

- Hermana, por favor, te lo ruego. ¡Vamos, sí, por favor! - me suplicó.

Miré a mi hermano pequeño y pensé en cómo demonios le iba a decir que no. Sería como golpear su pequeño corazón con una roca. Miré a Inuyasha con reproche por su sucia jugada, pero el muy descarado y tramposo estaba comiendo como si nada, con Shippo, dejándome a mí como la bruja.

- Hermana... - miré a Sota, y él ya tenía sus ojos brillosos.

Me dolió en el corazón. Puedo decirle "no" a Sota con cualquier cosa, pero nunca con algo que tenga que ver con su ídolo de toda la vida. Aún recordaba cómo lloró cuando se enteró de la muerte de Akira Toriyama. No tenía corazón para decir que no en algo así. Me mordí la lengua para no gritarle a Inuyasha que era un tramposo, pero aún así le respondí a mi hermano pequeño con un "sí".

- Está bien, Sota. Podemos ir, pero solo un rato, ¿de acuerdo?

- ¡Gracias! - se lanzó encima de mí para abrazarme y llorar de felicidad. - ¡Gracias, Kag, gracias!

- Sabes que haría lo que sea por ti, pequeño.

- ¡Eres la mejor, Kag!

Sonreí por su felicidad, pero la sonrisa se me borró cuando vi la sonrisa de Inuyasha. Y yo le saqué la lengua, de puro coraje que tenía con él por tramposo.

Él pagó la cuenta y nos fuimos de allí a su departamento, pero yo sentía que iba hacia la boca del lobo.

Cuando llegamos, bajamos del auto y subimos a su departamento. Él abrió la puerta y nos hizo pasar.

- Entren.

- Gracias. - dijimos, y caminamos hacia la sala.

- Bien, ya vuelvo. - dijo Inuyasha- . ¿Quieren algo de beber?

- No. - dijeron los niños.

- ¿Y tú, Kag?

- No, gracias.

- Oh, vamos, tómate algo, Kag.

- Está bien, agua está bien.

- Ok.

Me quedé allí sentada viendo a los niños mientras ellos miraban el departamento de Inuyasha.

- Ten, aquí está tu agua. - me dijo. - ¡Cuidado! - me gritó.

Pero fue tarde. Ya tenía el vaso de agua encima de mí, empapándome toda la ropa.

- Kag, perdón. Me tropecé con la alfombra, perdón.

Pero yo lo fulminé con la mirada.

¿Qué se tropezó? Sí, seguro.

- Lo hiciste a propósito. - le solté.

- ¡Hermana! ¿Por qué le dices eso? Fue un accidente.

Miré a los niños y agaché la cabeza, avergonzada por mi actitud frente a ellos. Pero la levanté cuando Inuyasha me habló.

- Kag, de verdad fue un accidente. - dijo mientras se acercaba para levantar el vaso, y me susurró bajito para que solo yo lo escuchara. - Fue un accidente... así como con el café.

Y con eso me dio a entender que tenía razón: lo hizo a propósito. Y encima usó mi propio juego, cuando yo usé el café con la zorra de la esmeralda. Quise golpearlo, pero me aguanté.

- Kag, mira, ¿por qué no te cambias? Yo pongo tu ropa en la secadora. En unos minutos estará seca, ¿sí?

Solté un respiro de puro coraje para verlo a la cara.

- ¿Y qué me pongo?

- En mi cuarto hay ropa.

- Una bata está bien. - le respondí.

- Como quieras, ven, vamos.

- No, gracias. Puedo ir sola.

- Oh, claro, después de todo ya sabes dónde queda mi cuarto. - me susurró.

Quise responderle, pero al final no dije nada. Me di media vuelta para caminar al cuarto.

Cuando entré, busqué con toda confianza en el clóset una bata. Al fin y al cabo, él tuvo la culpa. Cuando la encontré, me quité la ropa y me di cuenta de que mi ropa interior también estaba mojada, así que me saqué todo, quedando completamente desnuda, y me puse la bata. Salí del cuarto con mi ropa en la mano. Cuando llegué adonde estaban los demás, Inuyasha les estaba mostrando su colección de mangas.

Sonreí con ternura, porque de verdad se veía tan tierno Inuyasha con los niños. Caminé hacia ellos, e Inuyasha me miró.

- ¿Listo, Kag?

- Sí.

- Bien, dame tu ropa. En unos minutos estará seca.

- Gracias. - dije entre dientes.

- De nada.

Vi cómo Inuyasha se alejaba y yo me quedé con los niños. Al minuto después, él volvió.

- Niños.

- ¿Sí? ¿Qué pasa, Inu?

- Miren, pueden ver todos los mangas que tengo, pero cuídenlos, ¿de acuerdo?

- ¡Sí, Inu, lo prometemos! - exclamaron los niños emocionados.

- Perfecto. Yo tengo que hablar con Kag. Ya volvemos. Si quieren algo, en el refrigerador hay de todo, ¿vale?

- ¡Sí, Inuyasha, gracias!

- Ok. Kag, ven conmigo.

- No, yo me quedo aquí. - le dije mientras me ajustaba más la bata.

- Kag, lo que tengo que decirte no lo pueden escuchar los niños.

- No. Me rehúso. Me quedo aquí.

- Bueno, como quieras, pero si los niños quedan traumados con esta conversación, será tu culpa.

Lo fulminé con la mirada y me di media vuelta para caminar hacia su cuarto. Sentí cómo él me seguía, y entramos a su cuarto mientras yo le daba la espalda.

- ¿Y bien? ¿Qué es lo que me quieres decir?

Pero él me sujetó de brazo para darme la vuelta y acorralarme contra la puerta, besandome sin tregua.

- Mmm, Inu... Inuyasha.

- Te deseo tanto, Kag.

- Inuyasha, ya te dije que...

Pero sujetó mis muñecas, poniendolas a mis costados y mirándome fijamente.

- Te amo, Kagome, te amo de una manera en la que jamás pensé amar. El deseo que siento por ti es tan grande que siento que me quema. - y volvió a besarme.

Yo me quedé sin habla ante su confesión.

Yo igual lo amo, pero... pero...

Cerré mis ojos, tratando de separarme de él, pero me pegó más a su cuerpo.

- Mmm, Inuyasha...

- ¿Para que lo niegas, Kag? Tú también lo deseas. Deseas que te toque, que te bese, que te abrace, tu cuerpo reacciona a mi cuerpo, Kag.

- Yo... mmm. - no sabía que decir, pero debía hacer algo para no caer en la tentación.

- Kag... - susurró en mis labios. - ¿Sabes lo dificil que es dormir en esta cama después de haberte hecho el amor? Es una tortura estar acostado en esta cama sin ti... te deseo tanto.

- Por favor, Inuyasha, no sigas.

- ¿Por qué? Porque tú también sientes lo mismo, ¿verdad?

- Yo... yo...

- Wow, pequeña, sería tan fácil desatar el nudo de tu bata para ver tu cuerpo desnudo y poderlo tocar, besar, lamer y lo que más me gusta, sentir como me hundo en ti, pequeña.

- Inuyasha... - y él me besó con locura y yo le correspondí con la misma intensidad.

- Mmm, Kagome...

- Inuyasha...

Sentí sus manos desatando mi bata y abriendola, dejando toda la parte del frente de mi cuerpo, desnudo.

- Oh, por Dios, eres perfecta Kag.

- Inu.

- ¿Quieres saber que tan loco me tienes por ti?

- ¿He?

Tomó mi mano, llevándola a su entrepierna y hacer que yo apretara ligeramente mi agarre, sintiendo completamente su duro miembro, el cual se notaba por sobre su pantalón.

- Kag, te deseo.

Me relamí los labios, ya estando al borde de caer en la tentación y él lo supo, ya que desabrochó su pantalón y volvió más firme el agarre sobre mi meno, llevándola dentro, dejando que lo tocara directamente. Cerré mis ojos al mismo tiempo en que apretaba su miembro, provocando que él jadeara, bajando su cabeza a mis senos y besarlos.

Caí en la tentación una vez más, haciendo que levantara su rostro para devorar sus labios.

Perspectiva de Inuyasha

La besé con hambre mientras la levantaba para que me abrazar con sus piernas y llevarla hacía el baño. Abrí la puerta y la cerré, acorralandola para devorar su cuerpo. Besé y lamí su cuello. Devoré sus senos mientras restregaba mi miembro en su entrada.

- Mmm, Inuyasha...

- Lo sé, yo igual me muero por estar dentro de ti.

- Los niños...

- Tranquila, seré rápido, cariño. - y me hundí en ella, besandola para callar su grito de placer, embistiendola como un animal.

No supe cuanto estuvimos así, pero sentí su cuerpo tensarse.

- Inuyasha...

- Si... si, ya...

Quiso gritar pero yo la callé con un apasionado beso y, segundos después, me corrí en su interior. Finalmente ambos soltamos un gemido y, cuando sentimos que aquella corriente eléctrica se desvanecía, pudimos regular nuestra respiración.

- ¿Estas bien, Kag?

- Si, si... - me susurró, agitada.

- Kag, amor...

- ¿Mmm?

- Gané la apuesta.

- ¿Qué?

- Lo que hice, gané la apuesta, pequeña, asique hoy me quedo en tu despartamento.

- Inuyasha, yo...

- Shhh. - la besé con ternura y abrí la puerta del baño, mirándola y sonriendole. - Te hice el amor menos de tres horas, asique gané, linda. Voy con los niños. - dije mientras me arreglaba la ropa y salía del cuarto.

Perspectiva de Kagome

Quedé en blanco por unos segundos.

- ¿Qué fue lo que hice? - susurré.

Perspectiva de Inuyasha

Después de unos 10 minutos, Kagome apareció en la sala con los brazos cruzados.

- Quiero mi ropa, ya se me hace tarde.

- Ok. - le dije mientras me levantaba e iba por su ropa. Cuando la saqué del secador, se la di. - Ten.

- Gracias. - me dijo y entró otra vez a mi cuarto.

Bajé la mirada para ver a Shippo y a Sota.

- Oye, ¿el plan sirvió con Kag? - sonreí para agacharme y responderles.

- Sí, el plan funcionó, chicos. Gracias.

- De nada, ¿verdad, Sota?

- Claro, Inu, siempre puedes confiar en nosotros.

- Muchas gracias, enanos.

- Ya estoy lista. Sota, es hora de irnos. - dijo Kagome caminando hacia nosotros.

Sota me miró y yo hice señal de que sí, que le hiciera caso.

- Está bien, hermana, voy por mi mochila.

Me levanté y vi a Kagome a la cara.

- ¿Todo bien, linda?

- Sí, todo bien.

- Ok, solo recuerda abrirme la puerta hoy en la noche.

- Inu, yo no... —Listo, hermana.

- Bien, vamos.

Así los cuatro salimos de mi departamento para ir a buscar el auto de Kagome, que dejó en el colegio.

Perspectiva de Kagome

Cuando llegamos al colegio, Sota se despidió de Shippo y de Inuyasha. Después, yo me despedí de Shippo.

- ¿Y para mí no hay un beso? - me dijo Inuyasha, haciendo que me sonrojara porque los niños estaban ahí.

Caminé hacia él y le di un beso en la mejilla.

- Adiós. y me subí a mi auto con Sota. Y Nos fuimos al templo.

Perspectiva de Kikyo

Eran las seis de la tarde cuando me llegó una llamada. Tomé mi teléfono y era mamá Naomi.

- Hola, mami.

- Hola, hija, ¿estás ocupada?

- Eh, no, ya de hecho me estoy yendo.

- Perfecto, ¿podemos hablar, cariño?

- Claro, voy.

- No, linda, yo voy en camino a tu departamento. Nos vemos allá, ¿sí?

- Claro, nos vemos. Adiós.

- Adiós, hija - corté la llamada y arreglé mis cosas para salir de la oficina.

Me despedí de Koshó y de Asuka, y me fui a mi departamento. Cuando llegué, vi a mamá Naomi en la puerta.

- Hola, mami, ¿me esperaste mucho? - le dije mientras la abrazaba.

- No, cariño, llegué recién. - me respondió mientras nos separábamos del abrazo.

- Bueno, entremos. - abrí la puerta y pasamos al living. - Toma asiento, por favor.

- Gracias.

- ¿Quieres algo de beber?

- No, hija, ven.

Me senté al lado de ella y ella me tomó de las manos.

- Hija, ¿por qué no me contaron lo que pasó?

Me tensé.

- ¿De qué hablas?

- Kikyo, ya sé todo lo que te pasó con ese joven Inuyasha y lo que ocurre con Kagome. ¿Por qué no me dijeron lo que pasaba?

- Mamá, yo...

- ¿No confían en mí?

- No es eso, es que...

- Dime, cariño.

- Yo... pues me peleé con Kagome y, después de todo, tu hija es ella, no yo.

- ¿Kikyo, crees que yo hago diferencia entre ustedes?

Agaché la cabeza, avergonzada.

- Hija, tú y Kagome son mis niñas, mis hijas. A las dos las quiero por igual. La primera a la que vengo a ver es a ti. ¿Crees que si no te viera como mi hija estaría aquí, cariño? Yo las amo a las dos por igual y siempre estaré para ustedes, para las dos.

Mis ojos se nublaron de lágrimas.

- Mamá. - susurré, abrazándola, llorando como una niña pequeña en los brazos de su madre.

- Shhh, ya, Kikyo, ya pasó, cariño.

Sentí sus caricias en mi cabello y me sentí tan indefensa.

- Mamá, me duele tanto.

- Lo sé, cariño, pero créeme, las dos están sufriendo.

Levanté mi rostro de su regazo y ella me sonrió.

- Kikyo, las conozco a las dos. Sé cuándo están felices y cuándo están tristes. Aún no he visto a Kagome, pero sé que está igual de triste que tú, cariño.

- Mamá, yo...

- Kikyo, ¿aún quieres a ese chico?

- Eh, no, claro que no, mamá, ya no siento nada por él.

- Entonces, ¿por qué no dejas que tu corazón perdone, amor?

- Porque él me humilló de la peor manera y Kagome me traicionó.

- Cariño, tienes un orgullo tan grande... en eso eres idéntica a tu padre.

- ¿A mi padre?

- Sí, tu padre, cariño. ¿Sabes? Él era el hombre más orgulloso que he conocido en mi vida. ¿Quieres que te cuente una historia de él?

Asentí con la cabeza.

- Tu padre tenía un amigo de la infancia, eran tan unidos como hermanos. Tu papá tuvo una novia a los 20 años y, por cosas del destino, su amigo también se enamoró de ella. Pasó el tiempo y su amigo cometió un error.

- ¿Cuál, mamá?

- Estuvo con la novia de tu papá y, como sabrás, la amistad se rompió. El amigo de tu padre no hubo día que no le pidiera perdón por lo que hizo, pero tu padre era el orgullo en persona y jamás lo perdonó.

- ¿Qué pasó después, mamá?

- El tiempo pasó y, en el trabajo, hubo un accidente. El amigo de tu padre se golpeó con un concreto, dejándolo inconsciente. Cuando llegaron al hospital, fue muy tarde, el hombre ya había fallecido.

- ¿Puedes imaginar cómo quedó tu padre? Su mejor amigo y hermano ya jamás lo volvió a ver. Y, peor aún, nunca lo perdonó, y cuando por fin lo hizo, fue demasiado tarde, porque él ya no estaba. Tu padre andaba como muerto en vida hasta que conosio a tu madre , ahí volvió a vivir, pero siempre tuvo que cargar con ese dolor en su corazón y odiando su orgullo, porque por culpa de él nunca perdonó a su amigo en vida, y cuando lo hizo fue demasiado tarde.

- Mamá, ¿crees que es mi orgullo el que no me deja perdonar?

- No lo sé, cariño, eso solo lo sabes tú. Pero lo que sí te puedo decir es que no dejes de escuchar tu corazón. Siempre es bueno escuchar a ambos, pero no le des tanto peso al orgullo, cariño. También escucha a tu corazón.

No dije nada, solo la abracé como una hija abraza a su madre.

- Gracias por tus consejos, mamá.

- De nada, cariño. Recuerda que siempre estaré para ustedes dos y para Sota.

- ¿Cómo está Sota?

- Bien, cariño, te extraña mucho.

Sonrió con ternura.

- Yo también lo extraño, mamá.

- Pues ve a verlo, cariño. Kikyo...

- ¿Sí, mamá?

- Las únicas personas que no saben de esto son el abuelo y Sota, y lo mejor es que nunca lo sepan. El abuelo no anda bien de salud y Sota... él es un niño, no entendería estas cosas.

- Sí, mamá, entiendo. Por mi parte, no diré nada.

- Gracias, cariño. Kaede ya sabe todo.

- ¿Rin le contó, verdad?

- Sí, cariño, ella quiere que todo vuelva a la normalidad.

- Lo sé.

Justo en ese momento sonó mi teléfono con una notificación. Lo saqué de mi cartera y era un mensaje de Naraku. Lo leí.

Llevo tu vino favorito, linda.

Sonreí y le respondí:

Ok, gracias.

Luego apagué la pantalla.

- ¿Quién era, cariño?

- Naraku.

- Se han estado llevando muy bien, ¿verdad?

Me sonrojé por su comentario, y creo que ella se dio cuenta porque sonrió.

- ¿Se van a ver hoy, cariño?

- Eh, sí... bueno, vamos a cenar aquí, en mi departamento.

- Oh, ¿de verdad? Bueno, entonces ya me voy.

- Pero quédate, mamá.

- No, cariño, ya es tarde y tengo que hacer la cena. Tú pásala bien, ¿sí, cariño? —y me abrazó.

- Gracias por haber venido, mamá.

- No tienes nada que agradecer, linda. Eres mi hija, al igual que Kagome y Sota. Y a Naraku también lo veo como a un hijo, aunque no me molestaría ver a mi sobrino como yerno.

- Mamá. - dije y mi rostro quedó rojo.

Ella solo río, me da un beso en la mejilla y camina hacia la puerta. Yo la seguí sin decir nada.

- Bien, cariño, nos vemos. Que te diviertas, linda. - me guiñó un ojo antes de salir de mi departamento.

Cerré la puerta, caminé hacia el sillón y me senté, quedándome a pensar en todo lo que mamá me dijo.

- ¿Será que tengo tu mismo orgullo, papá? - susurré con mil emociones en mi corazón mientras llevaba mis manos al pecho. - ¿A quién le hago caso? papá, ¿a mi corazón o a mi orgullo?. - me dije a mí misma, mirando una foto de mis padres. - Ayúdenme a tomar una decisión. - susurré con una triste sonrisa.

Perspectiva de Kagome

Al fin llegué a mi departamento después de haber dejado a Sota en el templo, pero solo estaba el abuelo.

Qué raro, ¿dónde fue mamá?

Pensé mientras empezaba a buscar mis llaves, pero no las encontré.

- ¡Mierda! Lo que me faltaba, perder mis llaves. Si las dejé en mi auto... - iba a bajar, pero justo el ascensor se abre y vi a Sango.

- Hola, Kag.

- Hola, Sango.

- ¿Qué haces en la puerta?

- Perdí mis llaves.

- ¿Cómo?

- Sí, creo que se me quedaron en el auto.

- Ah, bueno, mañana las buscas. Toma, te entrego las mías ya que hoy me regreso a mi departamento.

- Ok, gracias. - tomé las llaves y entramos.

- ¿Tomamos algo antes?

- Bueno.

Me puse a hervir el agua y luego fuimos a hacer las maletas. Cuando ya teníamos las maletas hechas, nos fuimos a tomar el té.

- ¿Qué tal tu día, Kag?

- Bien, pude ganar el caso. Fue difícil, pero lo gané.

- Esa es mi amiga. ¿Sobrino de quién me dijiste que era?

- Del Almirante de la Marina.

- ¡Woo! Me imagino la presión que tuviste que pasar, sabiendo que el Almirante estaba ahí.

- Ni lo digas, fue muy estresante.

- Pero una vez más, Kag, dejaste maravillado a alguien de gran rango a tus pies.

- Sango, no exageres.

- No lo hago, Kag, eres increíble como abogada.

- Sango... - me sonrojé por sus halagos.

- Bien, Kag, ya me voy. Nos vemos mañana, ¿sí?

- Claro, Sango. Vamos, te ayudo a bajar las maletas.

- Gracias. - las dos salimos del departamento para ir a dejar las maletas en su auto. Nos despedimos con un abrazo, y ella se fue.

Me quedé ahí mirando hasta que ya no vi su auto, y regresé a mi departamento. Estaba muy cansada y mi cuerpo me pedía a gritos un buen baño.

Así que eso es lo que haré.

Pensé mientras entraba al ascensor.

Perspectiva de Inuyasha

Cuando dejé a Shippo en la casa de mis padres, me fui al orfanato. Tenía que hablar con la abuela Kaede. Cuando llegué, me fui directo a su oficina.

Toqué la puerta.

- Pase. - y entré.

- Hola, abuela Kaede.

- ¡Inuyasha!

La vi caminar hacia mí y no me esperé su reacción. ¡Me dio una tremenda bofetada! La quedé mirando sin saber por qué.

- Eso fue por mi nieta Kikyo.

Y después sentí cómo me abrazaba.

- Y este abrazo es por lo que mis nietas hicieron contigo.

Entonces recordé algo importante: se me había pasado el detalle de que Kikyo era nieta de Kaede.

Abracé a Kaede con cariño para pedirle perdón.

- Perdón, Kaede, yo no sabía que ella era tu nieta. Si yo...

- Shhhh, ya, hijo, no digas nada. Rin ya me dijo todo.

- Rin... vaya, esa señorita sí que es comunicativa. - susurré.

- Inuyasha, si no fuera por Rin, todo seguiría enredado.

- Sí, tiene razón, Kaede, lo siento.

- Bien, hijo, ¿a qué venías?

- Abuela Kaede... me voy a saltar la historia porque creo que Rin te lo contó con pelos y señales.

- Así es, hijo.

- Bien, lo que vengo a pedirle es su ayuda.

- Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

- Necesito que Kikyo me perdone para poder estar con Kagome.

- ¿Cómo?

- Como lo oyes, abuela Kaede, tengo que conseguir el perdón de Kikyo y recuperar a Kagome para siempre.

Continuará...*


Si llegaron hasta aquí, gracias.

Crédito de la ortografía a la bella autora cbt1996, ¡gracias, linda!

Posdata: en el próximo capítulo, un especial, no será la continuación de este capítulo.

Un especial de InuKag y Naraku/Kikyo. ¡Besos!