Hola mis amores, perdon si las respuestas de los reviews son algo cortitas, pero ando en modo esperancita y a eso sumemos que en unas horas juega mi amado equipo y eso me tiene el corazon a mil, porque nos estamos jugando el campeonato.
Bueno sin decir mas respondiendo los reviews
Cbt1996: Hola linda. Recuerda tus palabras Cindy. Te gusto el cap, lo encontraste lindo, eso vale de algo para que tengas un poquito de piedad conmigo... el cap fue bonito.
Recuerda el cap 28 cuando leas el cap 29. Saludos linda.
Kayla Lynnet: Hola linda. Tuuuuuuuuu lo dijiste, el cap 28 te gusto y mucho, si quieres mas de este cap recuerda que para eso tengo que seguir viva, ¿vale?
Kikis ya siente amor por nuestra araña sexy, ¿noo es lindo? ya hay amor aquiiiii haaaaa que lindo, puro amor.
Inukag al fin eligieron ser egoístas por una noche y darle reinda suelta a su amor, que le sale por los poros para amarse con en cuerpo y alma.
Saludos linda.
Karri taisho: Hola linda. Todas queremos un Naraku a nuestro lado, lindo, guapo, sexy, con una mida fria que uff y fiel, porque el siempre le fue fiel en el corazon. Hasta que ella lo vio y notó que estaba ahí frente a ella, al fin pudo ver el hombre que es.
Haaaaaa dijiste que te gusto el capitulo, linda, mil gracias, solo recuerda eso, que te gusto mucho el cap 28 linda.
Jajajaj exacto, Inuyasha no se fiaba de que Kag le abriera la puerta, por eso tomo prestada las llaves y cobro su apuesta y uff como se la cobro. Y las ojeras, pues creo que todos están iguales jajaja.
Saludos linda.
Annie Pérez: Hola linda. Si, lo mas probable es que nuestra Kikis pillo el amor verdadero y ojalá pueda dejar el orgullo a un lado para ser felices todos.
Inukag viviendo su amor aunque sea por esa noche y vamos aver que les tiene preparado e destino a todos. Saludos linda.
Capítulo 29
Destino
Perspectiva de Kagome
Tomé mi taza de té, la llevé a mis labios y le di un sorbo antes de dejarla en la mesita de mi balcón. Me quedé viendo la ciudad desde ahí. Ya había pasado una semana desde que hice el amor con Inuyasha, y desde ese día ocurrieron tantas cosas.
Una de ellas era que Inuyasha se quedó con mis llaves, y no había noche que no viniera a verme. Cada día lo amaba más, tanto que se me hacía muy difícil rechazarlo, y al final terminaba haciendo el amor con él. Solté un suspiro.
Pero también, dentro de esa semana, tuve una discusión con Naraku...
Flashback
—Naraku, ¿Cómo se te ocurrió ir anoche y pelearte con Inuyasha? —le dije, y Sango también le habló.
—Naraku, solo complicaste las cosas.
Vi a Rin levantarse y también le hablo.
—Yo hablando con todos para arreglar esto, y usted, jovencito, ese mismo día fue a golpear al joven Inuyasha. Naraku, las cosas no se arreglan con golpes.
—Bueno, es fácil cuando son tres contra uno, ¿verdad? —respondió.
—Naraku, no se trata de eso. Con tus acciones complicaste más las cosas de lo que estaban. Por Dios, ¿en qué estabas pensando? —le reclamé.
—¿En que estuviste a punto de morir? Dime, Kagome, ¡¿en qué mierda estás pensando para querer suicidarte?! —me gritó.
—¡Quiero recuperar a mi hermana, en eso estoy pensando! —le grité.
—¡Y yo quiero que se acabe toda esta pesadilla! —levantó la voz Sango también.
—¡Y yo quiero comer torta! —gritó Rin.
Los tres la quedamos viendo. Ella agachó la cabeza para jugar con su pie y susurró:
—En un mes es mi cumpleaños, ¿lo recuerdan? Quiero que estén todos ahí conmigo.
—Rin —pronuncié mientras me acercaba—. Perdona, todo esto es mi culpa, yo...
—No, Kag —me sonrió—. Esto no es culpa de nadie, así lo quiso la vida, y hay que enfrentar los problemas que Kami nos da. No te sientas culpable, Kag, nadie lo es.
—Amiga —susurré mientras la abrazaba.
Pero la discusión entre Naraku y Sango no paraba. Suspiré y exhalé, caminé hacia ellos y los separé.
—Ya chicos, ya pasó, ¿vale? —les dije mientras miraba a Naraku para hablarle—. Primo, por favor, no vuelvas a hacer eso de ir a pelearte con él. Sé que no debí cometer la estupidez de querer quitarme la vida, estaba en depresión, pero te prometo que ya estoy bien. No volverá a pasar, te lo prometo.
—Kag, ¿sabes cómo me sentí cuando lo supe?
—Lo sé, perdón —lo abracé—. No lo vuelvas a hacer, por favor.
—Te lo prometo.
Nos separamos, y para relajar el ambiente le pregunté:
—Dime, ¿Cómo has estado?
Nos sentamos todos, y él respondió:
—Bueno, hay algo que tengo que contarles.
—¿Qué pasa? —preguntó Sango.
—Kikyo y yo estamos saliendo.
—¡¿Qué?! —gritamos las tres.
—¿No les gusta la idea?
—¡Claro que nos gusta! —dije—. Pero ¿Cómo pasó?
—Anoche Kikyo me dijo que lo intentáramos, y yo acepté, obviamente.
Las tres nos levantamos y lo abrazamos.
—¡Felicidades! —dijimos al unísono.
—¿De verdad están felices de que Kikyo y yo estemos juntos?
—Claro que sí, Naraku —le respondió Sango—. Sabías que siempre fueron nuestro shipp culposo. Siempre quisimos verlos juntos, pero no se pudo... hasta ahora —exclamó muy emocionada Sango.
—Gracias, chicas.
Yo sonreí por ellos dos; de verdad deseaba que fueran felices.
Fin del flashback
—Kikyo. - susurré y la charla que tuve con mi madre anoche vino a mi mente.
Flashback
—Mamá, ya me enteré de que sabes todo lo que pasó.
—Hija, no voy a cuestionar lo que hicieron, porque todos tienen algo de culpa en esto, pero te voy a repetir lo que le dije a tu hermana Kikyo: ustedes dos son mis niñas y siempre lo serán. Estaré aquí para las dos, hija, para las dos. Y haré todo lo que esté en mis manos, con Kaede, para que vuelvan a ser lo que eran: hermanas.
—Mamá... —susurré mientras fui, rodeada por sus brazos, y me quedé ahí llorando en silencio, protegida por mi madre.
Fin del flashback
—Te extraño, amiga —susurré.
El sonido del timbre me sacó de mis pensamientos. Caminé dentro del departamento, me dirigí a la puerta y la abrí.
—Hola.
—Hola —dije, y mi corazón latió fuerte.
Esta mujer... yo la he visto. Por Kami, es ella.
Pensé sin quitar la vista de ella.
—¿Puedo pasar, linda?
—Sí, sí, claro, adelante —me hice a un lado para que entrara. Cerré la puerta y caminamos hacia la sala.
—¿le ofrezco un té o algo más?
—Un té estaría bien, linda.
—No me tardo —caminé a la cocina, saqué una taza y preparé su té. Cuando lo tuve listo, caminé hacia ella.
—Tenga.
—Gracias, linda —tomó la taza y bebió del té—. Mmm, está exquisito.
—Gracias —dije, sentándome frente a ella, nerviosa.
—Te preguntarás quién soy, o tal vez ya me conoces por alguna fotografía.
—De hecho, sí la conozco por fotografía, señora.
—Por favor, solo dime Izayoi, linda.
—Eh...
—No te sorprendas, solo dime Izayoi. ¿Puedo tutearte?
—Claro, claro que sí, señora... digo, Izayoi.
—Gracias, linda —me dijo mientras dejaba la taza en la mesita—. Bueno, verás, Kagome, creo que ya sabes por qué estoy aquí, ¿verdad?
Trague duro. Dios mío, no podía mirarla a los ojos. Traté de esquivar la mirada, pero ella me habló.
—Linda, no esquives mi mirada, por favor.
Suspiré e hice lo que ella me dijo; la miré a los ojos.
—Kaede me contó todo, Kagome, cómo pasaron las cosas.
—Izayoi, yo…
—Shhh, por favor, déjame terminar, linda.
Y yo asentí.
—Gracias. Linda, yo sé que mi hijo cometió un grave error. El amor de madre no me ciega, pero también ustedes cometieron uno. La venganza nunca es buena, Kagome.
—Ahora lo sé, señora Izayoi. Créame que lo sé.
—Te creo, linda, te creo. Como te dije, Kaede me contó todo. También me dijo que Inuyasha le pidió ayuda para recuperarte.
Eso sí que me sorprendió.
—No me mires así, linda, es verdad. Mi hijo quiere recuperarte. Anoche hablé con Inuyasha. Lo regañé, claro, pero también hablé con él.
—Señora Izayoi, su hijo no tiene la culpa... o sea, sí, pero la culpable soy yo por armar todo este enredo.
La vi sonreír, y eso me confundió más.
—Kagome, ¿tú qué sientes por mi hijo?
—¿Qué?
—Sí, ¿Qué sientes por mi hijo? Lo acabas de defender frente a su madre, eso tiene que ser por algo. Dime, ¿Qué sientes por Inuyasha?
Me quedé pensando, y ¿para qué mentir más a estas alturas de la vida? Si algo aprendí con todo esto es que mentir es la peor opción. Miré a la cara a la mamá del hombre que amo y le respondí.
—Yo lo amo. Lo amo más que a mi propia vida, pero…
—Ese pero tiene nombre, y es la nieta de Kaede, ¿verdad?
—Sí —susurré—. Quiero recuperar a mi hermana y no quiero perder al hombre que amo, pero no puedo estar con las dos personas que adoro a la vez.
—Lo sé, Kagome, lo sé —la vi levantarse para sentarse a mi lado y tomarme de las manos—. Como ya te lo había dicho, Kaede me contó toda la historia: lo que Inuyasha le hizo a Kikyo, lo de la venganza, y lo que pasó después. Créeme, lo entiendo, porque todos fueron víctimas de este cruel destino. Así como todos lastimaron, ahora todos están resentidos. Arrepentirse es un sabio camino, linda.
—Yo…
—Shhh, Kagome. También hablé con Inuyasha, y él me dijo que te ama, que te ama como nunca había amado a nadie y, aunque yo antes no te había visto en persona, sabía que eras una gran persona porque Kaede nos habla mucho de sus nietas. Yo también quiero que tú seas la mujer que esté con mi hijo.
Abrí los ojos como platos. ¿Qué fue lo que dijo? pensé.
—Kagome, no abras así los ojos, cariño. Te estoy diciendo la verdad. Si mi hijo quiere recuperarte, yo también haré lo que sea para que eso pase. Kagome, si amas a mi hijo, lucha por él, puede ser que mañana ya no esté a tu lado. Dime, hija, ¿Qué harías entonces? Estás perdiendo tiempo lejos de él. Tu amiga tiene que entenderlo. Tarde o temprano tiene que comprender que ustedes se aman. Kagome, lucha por el amor de tu vida, no lo dejes escapar.
Me quedé pensando en lo que Izayoi me estaba diciendo, y tenía razón. Amaba a su hijo, y cada día sin él era un pedazo de mi corazón que se rompía. Ya había pasado mucho tiempo desde que no veía a Kikyo. ¿Será el momento de aclarar todo de una vez con mi mejor amiga?
—Kagome…
—¿Eh? —dije, saliendo de mis pensamientos.
—Dime que vas a luchar por mi hijo.
La miré a la cara, y después de mucho tiempo mi mente estaba más clara que nunca. Amaba a Inuyasha, y quería con todo mi ser a Kikyo. No estaba dispuesta a vivir sin ellos; ya era hora de ser firme con mis decisiones. Miré a la madre de Inuyasha a los ojos.
—Señora Izayoi, usted tiene razón. Amo a su hijo, pero también quiero a mi amiga, sin embargo tiene toda la razón: tengo que luchar por lo que amo en la vida.
—¿Qué quieres decir, linda?
—Voy a luchar por los dos. Lucharé por mi amiga y también para estar con Inuyasha.
—Oh, linda, has tomado la mejor decisión que pudiste haber tomado.
No esperaba su abrazo. Me abrazó con tanta ternura que por un momento pensé que era mi madre quien me abrazaba. Le correspondí sin dudarlo.
—Gracias por todo, señora Izayoi.
—No, linda, gracias a ti por amar a mi hijo a pesar de todo.
Nos separamos del abrazo, y ella miró su reloj.
—Linda, ya es hora de ir a buscar a Shippo al colegio.
—Claro.
Nos levantamos del sillón y caminamos hacia la puerta.
—Señora Izayoi…
—Dime.
—Pues, usted… bueno, ¿no fue tan dura con él, verdad?
La vi sonreír y acariciar mi mejilla.
—Solo un apretón de orejas, linda, nada grave.
No supe qué responder, pero sentí su abrazo una vez más.
—Adiós, Kagome, cuídate, ¿sí?
—Sí, usted también —le susurré.
Después del abrazo, abrí la puerta y ella se marchó. Cerré la puerta y caminé de nuevo al sillón. Me senté para pensar y aclarar mis ideas.
La mamá de Inuyasha tiene razón. No puedo darme por vencida; tengo que recuperarlos a los dos, no solo a uno, sino a los dos.
Me levanté del sillón, tomé mi cartera y salí de mi departamento. Iba a luchar por los dos, así que ya era tiempo de hablar con Kikyo sí o sí. Me subí a mi auto y me fui hacia Moda Shikon.
Perspectiva de Inuyasha
—Sí, señor Yamada, en una semana nos vemos. Adiós —y colgué la llamada mientras doblaba en una esquina.
Llevaba la vista al frente cuando recordé la conversación con mi madre.
Flashback
—Madre, ¿Qué haces aquí tan tarde?
Pero ella no me respondió. Solo se acercó a mí y me acarició la mejilla.
—Habla con Kaede, hijo.
No necesitaba decir más. Solté un suspiro y cerré los ojos, esperando lo que venía, y así fue. Mi madre me abofeteó.
—Eso es por la nieta de Kaede. Ahora ven acá, hijo, ¿Cómo te sientes con todo esto?
Abrí los ojos y recibí el abrazo de mi madre. No importaba la edad que tuviera, ella siempre me reprendía cuando hacía algo malo, y esta vez tenía toda la razón.
—Bien, madre, vamos a sentarnos, ¿sí?
—Sí, cariño.
Le serví té y tuvimos una larga charla mientras le contaba todo y cómo me sentía.
—Hijo, ¿tú la amas?
—Con toda mi vida, madre.
Ella me sonrió y me abrazó.
—Oh, hijo, no sabes cómo le rogué a Kami para volver a ver ese brillo en tus ojos, mi pequeño, no sabes lo feliz que soy.
—Madre —susurré cuando la escuché llorar, y ahí recién me di cuenta del dolor que le causaba a mis padres con mi comportamiento—. Mamá, perdóname por todos estos años que te hice sufrir, lo siento.
—Shh, ya, cariño. Lo importante es que volviste a ser mi Inuyasha, mi niño.
Sonreí, me separé de ella y la miré a la cara.
—Madre, ya aprendí la lección, y jamás voy a jugar con las mujeres. No por una voy a odiar a todas.
—Así se habla, cariño.
—Mamá, yo quiero recuperar a Kagome y haré lo que sea por tenerla otra vez conmigo.
—Lo sé, cariño, y si puedo ayudarte, lo haré.
—¿De verdad? —pregunté, con mil emociones en el pecho.
—Claro, amor. Siempre quise que tuvieras una relación con una de las nietas de Kaede. Aunque claro, de otra forma y no tan enredado y complicado, pero Kami sabe por qué hace las cosas. Y si después de este obstáculo tan grande que la vida les puso ustedes pueden estar juntos, créeme, mi niño, que nada ni nadie los va a separar.
—Gracias, madre —y la abracé.
Fin del flashback
Sonreí por tener a la mejor mamá del mundo, pero mi vista se enfocó en alguien en la calle.
—Rin —susurré, viendo que estaba revisando su auto. Me acerqué a la vereda, apagué el auto y bajé.
—Hola, maestra Rin, ¿le pasa algo a su auto?
—Eh, hola, joven Inuyasha.
—Solo dime Inuyasha, por favor.
—Bueno, pero si usted me llamas solo Rin.
—Hecho. Y dime, Rin, ¿Qué problema tienes?
—No sé, se paró de repente. Por suerte no me quedé a mitad de la calle y pude acercarme a la vereda.
—A ver, déjame ver qué tiene.
—Gracias.
Me acerqué, abrí la tapa y encontré el problema.
—Ya pillé el problema, Rin.
—¿Cuál es?
—Es el motor de arranque.
—¿Cómo? No entiendo.
—Sí, verás, Rin, si el motor de arranque está dañado, el auto no podrá encender aunque la batería esté cargada.
—Ay, no, no me digas eso. ¿Y ahora qué hago?
—¿Cuándo lo llevaste al mecánico?
—¿Eh?
—¿Lo llevaste este año?
—No... es que, bueno, se me olvidó.
—Está bien, no pasa nada. Dame un segundo, voy a llamar para que vengan por él y mañana lo tendrás como nuevo.
—Oh, no te molestes, Inuyasha.
—No te preocupes, Rin, es lo mínimo que puedo hacer por ti después de que me ayudaste a abrir los ojos.
—Gracias —me dijo con una sonrisa.
Llamé a una empresa conocida y esperamos a que se llevaran el auto. Después de eso, Rin me dio su dirección y la llevé a su casa.
—Y dime, Inuyasha, ¿tomaste una decisión sobre lo que te dije cuando fui a tu empresa?
—¿Kagome no te ha dicho nada?
La vi mientras tomaba agua mineral y luego me respondió.
—No, ¿por qué?
—Rin, decidí luchar por Kagome y por el perdón de Kikyo.
—¿De verdad?
—Sí.
—Inuyasha, este camino será difícil.
—Lo sé, pero aun así lucharé.
—Te deseo mucha suerte, tanto con Kagome como con Kikyo. Si hay algo que yo pueda hacer, cuentas conmigo.
—Gracias, Rin.
Justo en ese momento sonó mi teléfono, contesté con el manos libres.
—¿Aló?
—Inuyasha, ¿Dónde estás?
—En la calle, Miroku. ¿Por qué?
—Inuyasha, necesito urgentemente unos documentos firmados por Sesshomaru. Lo estoy llamando, pero ese idiota no me responde, y los necesito ya.
—Cálmate, ¿lo llamaste a su departamento?
—¿Crees que te estaría llamando si no lo hubiera hecho antes?
—Ok, por suerte yo tengo un juego de llaves de su departamento. Iré por los documentos. No te desesperes, los voy a dejar.
—Gracias, Inuyasha. Aún no entiendo por qué no deja esos documentos en la empresa.
—Miroku, estamos hablando de Sesshomaru, y todos los documentos importantes los tiene debajo de la cama —dije con burla.
—Sí, tienes razón, pero ya apúrate, Inuyasha.
—Sí, sí, ya voy —y colgué. Miré a mi acompañante—. Rin, ¿te molestaría si me acompañas a buscar algo al departamento de mi hermano? Después te dejo en tu casa, es algo importante.
—Claro no hay problema —me dijo mientras seguía bebiendo su agua.
Unos minutos después llegamos al departamento de mi hermano. Apagué el auto y miré a Rin.
—¿Quieres acompañarme o prefieres quedarte aquí en el auto?
—Mmm, puedo acompañarte, y si no es mucho abuso, ¿podría pasar al baño?
—Claro, vamos.
Nos bajamos y entramos. Llegamos al ascensor y subimos.
—Se nota que son buenos hermanos.
—¿Cómo?
—Sí, el señor Sesshomaru y tú, ya que te deja tener un juego de llaves de su departamento.
—Ah, no, esto es por otra cosa —le dije, recordando la conversación.
Flashback
—Inuyasha.
—¿Qué pasa?
—Mañana me voy a Corea a cerrar un negocio, y como sabes, no me gusta dejar documentos importantes en la empresa. Así que toma —y me lanzó un juego de llaves.
—¿Y esto?
—Las llaves de los calzones de seguridad de tus amantes, idiota, ¿de qué más va a ser? Son de mi departamento. Si necesitan algún documento, vienes tú a buscarlo. Y por tu madre, ni se te ocurra traer alguna de tus amantes a mi departamento, ¿te quedó claro?
—Vaya, y yo que quería traer a una rubia que conozco para que tengamos sexo desenfrenado en tu jacuzzi y en tu cama carísima —le solté riendo, para recibir un cojín en la cara.
—¡Idiota! —me gritó.
Fin del flashback
Miré a Rin cuando las puertas del ascensor se abrieron.
—Aquí es. Caminamos unos metros y abrí la puerta—. Mira, yo estaré en esa puerta. Ahí están los documentos que vengo a buscar. El baño está en el pasillo, a la derecha, y luego doblas en la segunda puerta a la izquierda, ¿sí?
—Ok, gracias.
—De nada.
Perspectiva de Rin
Caminé por el pasillo que me indicó Inuyasha y me maravilló ver los bellos adornos que decoraban ese lugar.
—¡Wow, qué hermoso está todo!. — susurré al observar los cuadros, los floreros y todo lo que mis ojos podían ver. Llegué al final del pasillo y me quedé pensando: ¿Por cuál lado me dijo Inuyasha que tenía que doblar? Mientras tanto, las ganas de hacer pipí me estaban ganando. — Oh, por Kami, ¿por qué tomé tanta agua?.
Miré a ambos lados y decidí ir por el derecho. Creo que es por aquí, me dije al ver una puerta y entrar.
—¡Wow, qué bello cuarto!"— exclamé.
Si así es el de invitados, ¿Cómo será el del señor Taisho?, pensé mientras buscaba la puerta del baño con la mirada. Corrí hacia ella y la abrí, pero me quedé muda.
—¡Por Dios bendito! —exclamé.
El se dio la vuelta y me miró.
—Maestra Rin.
La voz no me salía, ¡y cómo no! Si Tenía en frente de mi al señor Sesshomaru, completamente desnudó y, Dios mío, todo mojado por la ducha. ¡Oh, Dios mío!, pensé mientras sin querer miré más abajo. ¡Wow, Dios bendito! Esto no podía ser solo por trabajo de la naturaleza. ¡Dios, el señor Sesshomaru sí que es grande!
—¿Se quedará ahí viéndome desnudó o me dirá cómo entró a mi departamento? —me dijo él, con tono serio.
Yo seguía toda avergonzada por haber sido descubierta, así que cerré los ojos para no verlo y le respondí:
—Yo... yo vine a acompañar a Inuyasha a buscar unos documentos, y le pedí que me prestara el baño, pero me equivoqué de puerta. Lo siento, lo siento, lo siento —dije, saliendo corriendo sin esperar a escuchar lo que me iba a decir.
Corrí por ese pasillo como si el diablo me persiguiera y esta vez entré al cuarto de visitas, donde corrí al baño y me encerré ahí.
Por Dios, ¿Qué hago? ¿Cómo lo voy a ver a la cara? No, no... lo que tengo que hacer es irme de aquí ahora mismo antes de que me vea otra vez. ¡Sí, eso haré!, pensé mientras hacía pipí lo más rápido posible y salí del cuarto casi corriendo. Llegué a la puerta donde estaba Inuyasha y lo vi.
—Inuyasha, ya me tengo que ir —le dije.
—Sí, Rin, dame un minuto. Ya termino.
—Es que yo...
—Solo un minuto, Rin.
Me mordí las uñas, quería llorar ahí mismo y que la tierra me tragara. No quería ver al joven Sesshomaru. Empecé a mirar a los lados y la ventana me parecía una buena opción para lanzarme por ella.
—Listo, Rin, ya terminé.
—¡Gracias a Dios! —exclamé rápidamente.
—¿Qué pasa, Rin? —me dijo mientras se acercaba a mí—. Rin, tu cara está roja. ¿Qué tienes? ¿Te sientes bien?
Yo solo asentí con la cabeza, solo quería salir de ahí.
—Ok, si tú lo dices —me respondió Inuyasha.
Justo en ese momento, la puerta se abrió.
—Inuyasha, ¿Qué demonios haces aquí?
Dios mío, mátame, por lo que más quieras, rogaba sin darme la vuelta para verlo. Pero fue imposible, porque él caminó hacia nosotros y nos miró a los dos.
—¿Me explicas qué hacen aquí, Inuyasha?
—Sesshomaru, Miroku te llamó cientos de veces para que le lleves estos documentos que necesita con urgencia ahora mismo, pero no respondiste el teléfono, y por eso tuve que venir a buscarlos. Y Rin... pues me la encontré en la calle, su auto se descompuso y me ofrecí a llevarla a su casa. Pero ya ves, tuve que venir por estos papeles.
—No respondí el teléfono porque me estaba duchando —dijo él, mirándome a mí, y yo tragué en seco y esquivé la mirada.
—Sesshomaru, si eso fue todo el interrogatorio, ya me tengo que ir. Se me hace tarde. Tengo que llevar a Rin a su casa y después irme volando a la empresa.
—Ve con Miroku, Inuyasha. Yo llevaré a la maestra Rin a su casa.
—No, yo me voy solita —dije rápidamente.
—¿De verdad, hermano, la llevarías? —preguntó Inuyasha.
—Me estás diciendo que se te hace tarde para llevar esos documentos a Miroku. Así que ve, yo llevaré a la señorita a su casa.
—¡Me voy solita! —ya estaba rogando a ese punto, pero ninguno de los dos me hizo caso.
—Bien, gracias, Sesshomaru.
—Rin, él te va a llevar a tu casa, ¿vale? Nos vemos. Adiós —se despidió Inuyasha y se fue, dejándome ahí solita con su hermano.
Ya estaba tomando seriamente la opción de tirarme por la ventana, pero la voz del joven Sesshomaru me sacó de mis macabros pensamientos.
—Espéreme aquí o en la sala, como le parezca mejor, maestra Rin. Yo iré a terminar de cambiarme y regresaré para llevarla a su casa.
—Puedo irme solita —susurré.
—Nada de eso. Espere, ya vuelvo. Y no se pierda de nuevo —dijo mientras se marchaba a su cuarto.
Me quedé ahí, sin poder pronunciar ninguna palabra. Preferí quedarme esperando, y otra vez mi vista se enfocó en los adornos de ese lugar. Nunca había visto tanta elegancia, pensé mientras caminaba hacia el escritorio. Una foto me llamó la atención, la tomé entre mis manos. Era una foto de una hermosa mujer. De hecho, era la mujer más hermosa que había visto en mi vida.
—Pero qué hermosa es —susurré.
—Es mi madre —escuché su voz detrás de mí.
Me di la vuelta para verlo. Claro, eran muy parecidos.
—Es la mujer más hermosa que he visto —repetí.
—Gracias. Se llama Irasue.
—¿Vive con usted? —me atreví a preguntar.
—No, ella vive en Estados Unidos.
—Oh, lo siento.
—¿Por qué?
—Debe ser difícil verla tan poco.
—Te acostumbras con el tiempo, maestra Rin.
—Señor Sesshomaru, yo... yo lo siento mucho. No fue mi intención lo que pasó hace rato. De verdad, lo siento.
—No se preocupe, fue un accidente. A cualquiera le pasa. Ya olvídelo, por favor.
—Sí, señor Sesshomaru.
—Bien, ya podemos irnos.
—Sí, sí, gracias.
Caminamos fuera de su despacho y salimos de su departamento. Le di mi dirección y nos fuimos a mi casa. Cuando llegamos, él detuvo su auto.
—¿Aquí vive, maestra Rin?
—Sí, es hermoso, ¿verdad? —le dije con una sonrisa.
—Tal vez —respondió, mirando mi casita.
—¿Qué tiene de malo? —le pregunté.
—Nada, lo siento. Es que no estoy acostumbrado a ver una casa escondida en medio de un campo de flores.
—Eso la hace ver hermosa —le dije con una sonrisa, mientras veía mi casa.
Era una casita de color rosa y todo el patio estaba lleno de flores. No había un pedazo de tierra que no tuviera una flor.
—Señor Sesshomaru, ¿le gustaría un té?
—¿Cómo?
—Sí, como símbolo de mis disculpas y mi agradecimiento por traerme a casa.
—Está bien.
Él salió del auto y dio la vuelta para abrirme la puerta.
—Gracias.
—De nada, maestra.
Caminamos hacia la puerta y entramos.
—Pase —le dije.
—Después de usted, maestra.
—Gracias —respondí, y entramos—. Siéntese, por favor, mientras preparo el té.
Perspectiva de Sesshomaru
—Gracias. — dije mientras me sentaba.
Recorrí su casa con la mirada. Era una casa pequeña, pero se sentía muy acogedora, debía admitirlo y no solo eso, tenía un toque hogareño y de elegancia.
—Tenga.
Levanté la mirada y ella me estaba dando la taza de té.
—Gracias.
—De nada.
Se sentó a mi lado.
—¿Usted vive sola, maestra Rin?
—Por favor, solo dígame Rin, señor Sesshomaru.
—Usted aún me llama señor Sesshomaru, maestra.
—Es por respeto, señor Sesshomaru.
—Lo mismo hago yo, maestra Rin.
—¿Y cómo podemos resolver este dilema, señor Sesshomaru?
—Solo dígame Sesshomaru, nada más.
—Está bien, pero usted tendrá que hacer lo mismo.
—Está bien, pero aún no me ha respondido, Rin.
—Sí, vivo sola. Esta casa era de mis padres.
—¿Sus padres...?
—Sí, ellos murieron en un accidente con mis hermanos hace ocho años, en un accidente automovilístico.
—Lo siento mucho.
—No se preocupe. Es un dolor que queda, pero con el tiempo uno se acostumbra a llevarlo.
—¿Y desde ese tiempo ha vivido sola aquí?
—Sí. Los dos primeros años fueron difíciles, pero gracias a mis amigas pude salir adelante. Siempre se quedaban conmigo, por ejemplo, una semana Kagome, la otra Kikyo, la otra Sango, y así con Koshó y Asuka también, hasta que pude lidiar con mi dolor. Una de las razones por las que mi jardín está lleno de flores es por mi mamá. A ella le encantaban las flores.
—Ya veo — dije mientras daba otro sorbo a mi té.
—¿Cuánto tiempo su mamá se fue a Estados Unidos, Sesshomaru? También debió ser difícil alejarse de ella.
—Algo. Creo que, de hecho, viví con ella hasta los quince años. En ese tiempo, todos los veranos los pasaba con mi padre, mi hermano y la señora Izayoi. Después, decidí quedarme en Japón, y mi madre lo aceptó sin ningún problema.
—Oh, ya veo. Vaya, yo no sé si podría hacer eso.
—¿A qué se refiere?
—Bueno, este... no me lo tome a mal, Sesshomaru, es que yo no sé si podría dejar que un hijo mío se vaya tan joven de mi lado.
—Es el ciclo de la vida, Rin.
—Lo sé, pero al menos hasta que cumpliera la mayoría de edad lo tendría bien abrazado a mí.
—¿Su hijo?
—Eh, sí, de un hijo me refiero.— dijo soltando una risita.
Pude ver un pequeño sonrojo en sus mejillas.
—¿Por qué decidió ser maestra?
—Creo que es obvio. Amo a los niños, no podría imaginar mi vida sin ellos.
—Se nota.
—¿Cómo?
—Que se nota que te gustan los niños. Se puede ver en tus ojos cuando hablas de ellos.
Me volvió a sonreír antes de beber de su té.
—¿Sesshomaru, usted se lleva bien con la señora Izayoi?
—¿Por qué me lo pregunta?
—No sé, es simple curiosidad. Ya sabe, uno siempre escucha sobre la relación de madrastra e hijastro que no se llevan bien. Solo es por eso, pero disculpe, no tiene que responderme.
—Me llevo bien con ella.— le solté.
Y yo mismo me hice esa pregunta: ¿por qué le estoy dando tanta información a esta señorita si ni la conozco? pensé, algo confundido. Pero le respondí.
—Cuando conocí a Izayoi, yo tenía dos años. Aún vivía aquí en Japón. Ella siempre se comportó bien conmigo. Hasta que cumplí los seis años, me fui a vivir a Estados Unidos con mi madre y desde entonces venía todos los veranos a pasarla en la casa de mi padre con mi hermano y ella. Ella siempre me recibía con una sonrisa y me trataba igual que a mi hermano.
—Qué linda historia. Desde ahora, ya no veré con los mismos ojos esas historias de madrastra e hijastro.
—Vaya, me alegro de quitarle ese trauma entonces.
—Oiga, no se ría de mí.
—No lo hago.— le respondí, mirándola a los ojos.
Y ahí estaba ese sonrojo que empezaba a inquietarme, y no sabía por qué.
Perspectiva de Inuyasha
—Miroku, ¡eres un maldito tramposo!
—¿Por qué?
—¿Y aún lo preguntas? Solo venía a dejarte los malditos papeles, ¡pero me dejaste atrapado con los socios igual que tú!
—Eso fue por hacerme esperar tanto por los papeles, teniendo a los socios aquí. Sudé la gota gorda por tu culpa.
—La de Sesshomaru, no la mía.
—¡Por quien sea! Y ya deja de quejarte, que ya terminamos —me dijo mientras guardaba sus cosas.
—¿A dónde vas? —le pregunté.
—Tengo que hacer algo.
—¿Qué cosa?
—Algo, Inuyasha.
—¿Qué cosa?
—Cosas, Inuyasha.
—Miroku, ¿Qué te traes? Hace días que andas raro, con salidas sospechosas, muy temprano sales del trabajo.
—Pues déjame decirte lo mismo, amigo, porque tú estás haciendo lo mismo que yo. ¿Qué te traes, Inuyasha?
—¿Yo?
—Sí, tú.
—Nada.
—Inuyasha, ya dejemos estos juegos. Entre nosotros jamás hubo secretos. ¿Los va a haber ahora?
—Eso mismo te digo yo a ti. Me escondes algo. Mira, hagamos algo, Miroku: tiremos una moneda. El que salga primero habla y después el otro.
—Va, hecho.
Saqué una moneda.
—¿Cara o sello?
—Sello —me responde Miroku.
Lancé la moneda y la tapé con las manos. Cuando la abro, salió selló.
—Bien, Inuyasha, te escucho.
Solté un suspiro y lo dije:
—Estoy luchando por recuperar a Kagome y estos días me he ido a verla a su departamento. Ella no quiere, pero igual logré convencerla.
—¡¿Inuyasha?! —gritó Miroku. Lo miré y no alcancé a hacerme a un lado cuando se me lanzó encima—. ¡¿Inuyasha, hermano, eso es verdad!? ¿Regresarás con la señorita Kagome?
—Suéltame, Miroku —le dije, zafándome de él—. Esa es la idea, pero para eso necesito el perdón de Kikyo, para que Kagome me acepte libremente.
—¡Vamos, hermano, tú puedes! Si necesitas que haga algo por ti, solo pídemelo, ¿sí?
—Por el momento, cuéntame qué te traes.
—Pues... estoy saliendo con Sango.
—¿Qué?
—Sí, y mi relación depende de ti, Inuyasha.
—Oye, ¿por qué dices eso?
—Pues verás, hablé con Sango, y después de tanto hablar con ella, la pude convencer para que estemos juntos, pero a escondidas. Ya sabes, Sango piensa que si está conmigo, jamás podrá sacarte de la vida de sus amigas a ti, por ser amigo mío.
—Ya veo, Miroku. Lo siento, yo...
—No te preocupes, Inuyasha. Todos fuimos víctimas del destino, así como la maestra Rin nos dijo, ¿te acuerdas?
—Sí, lo recuerdo.
—Inuyasha, lo que tenemos que hacer es que la señorita Kikyo te perdone y Kagome quiera estar contigo, para que yo pueda gritar a los cuatro vientos mi relación con mi Sanguito.
—¿Crees que a Sango le hará gracia saber que yo estoy peleando por Kagome?
—No sé, pero creo que lo entenderá. Oye, ¿y si hablo con ella hoy para decirle esto? Sango nos puede ayudar con la señorita Kikyo.
—¿Tú crees?
—Claro, hermano, Sango quiere lo mejor para todos.
—Está bien, acepto. Habla con Sango esta noche y después me cuentas qué te dijo.
—Bien, la voy a llamar para que nos veamos hoy en mi departamento.
—Gracias, Miroku.
—No hay de qué, hermano —me respondió mientras buscaba su celular.
Perspectiva de Kikyo
Terminé de guardar mis cosas y me miré en el espejo para arreglar mi vestido rojo vino. Después, me dirigí al ascensor, mientras me quedé pensando una vez más en todo lo que pasó.
—¿Por qué me cuesta tanto perdonar? —susurré.
Las puertas se abrieron, salí y me encontré con las chicas.
—Koshó, Asuka, ¿ya se van?
—Sí, Kikis, ya nos vamos.
—Kikyo...
Mi cuerpo se tensó cuando escuché que me llamaban desde atrás. Esa voz la conocía muy bien. Me di la vuelta para verla a la cara.
—Kagome... —susurré.
La vi caminar hacia nosotras.
—Hola, Kikyo.
—¿Qué quieres, Kagome?
—Kikyo, necesito hablar contigo, y no acepto un no por respuesta.
—Kagome, ahora no tengo tiempo, tengo cosas que hacer —caminé para irme, pero ella me sujetó del brazo.
—No, Kikyo, tú y yo hablaremos ahora como dos personas adultas.
Me zafé de su agarre y la miré con seriedad.
—Si vienes a decirme que estás saliendo con Inuyasha, eso es algo que no me interesa, ¿de acuerdo?
—No, Kikyo, yo no estoy saliendo con Inuyasha, pero él es uno de los motivos por los que estoy aquí.
—¿Ah sí? no me digas, Kagome. Ya te dije, no me interesa lo que hagas con Taisho. ¿Vale?, adiós.
Pero otra vez fui sujetada por ella.
—Creo que no fui clara. Tú y yo vamos a hablar ahora. Ya no podemos alargar esto más, amiga. Tenemos que hablar.
—¿Amiga? —dije dolida—. ¿Sabes lo que significa esa palabra?
—Chicas, por favor, ya no peleen —intervinieron Koshó y Asuka.
—Chicas, no soy yo la que está peleando, es Kikyo la que no quiere comportarse como la mujer madura que es.
—¡Ya basta, Kagome! —le grité, y varias cabezas se quedaron mirando—. No quiero hablar contigo ahora, ¿de acuerdo?
Sin decirme más, me fui, pero Kagome me siguió con toda la intención de detenerme. Yo caminé más rápido hacia mi auto.
—Kikyo, no puedes seguir alargando esta charla, lo sabes.
—¡Ya cállate! —le grité con los ojos cerrados mientras cruzaba la calle para llegar a mi auto. Lo único que escuché fue el grito de Kagome:
—¡Kikyoooooo, cuidado!
Después de eso, sentí cómo fui empujada con fuerza por Kagome hacia la vereda, haciéndome caer al suelo y lastimándome las rodillas, las manos y los brazos. Me raspé la frente por el golpe, y después todo fue en cámara lenta. Levanté la vista y vi a Kagome ser elevada frente a mí por el impacto del choque del auto, cayendo varios metros más adelante, inconsciente.
—Ka... go... me... —fue lo que susurré. —¡Kagomeeeeeeeee! —grité. No me importó el dolor de mis heridas; me levanté y corrí hacia ella—. ¡Kagome, Kagome, Kagome, por Dios, abre los ojos, Kagome!
—No la muevas —me gritó Asuka mientras llegaba hacia nosotras—. No la muevas, Kikyo, sería peor. ¡Dios mío, Kagome!
—¡Una ambulanciaaaaaaa! —grité desesperada.
—Ya llamé la ambulancia, Kikyo —fue la voz de Koshó mientras se acercaba a nosotros.
Pero mi vista estaba fija en Kagome.
—Kag, por lo que más quieras, abre los ojos. ¡Te lo ruego, abre los ojos! —Mi mente y cuerpo entraron en pánico cuando vi la sangre de su cabeza—. No, no, no, no, Kag... por favor, Kag, no me dejes... Kagome, no me dejes. ¡¿Dónde está la maldita ambulancia?!
—Ahí viene —escuché que alguien dijo.
Segundos después, la ambulancia estaba frente a mí, con los paramédicos a mi lado.
—Está viva, ¿verdad? —fue mi miedo al preguntar.
—Aún tiene pulso —me respondió el paramédico—. La camilla.
Vi cómo la subieron a la camilla.
—Señorita, por favor, aléjese un poco para poder ayudar a la paciente.
Con toda mi fuerza, me separé de ella mientras era abrazada por Koshó.
—Kagome... —susurré.
—Señorita, ¿usted también está herida? —me preguntó uno de los paramédicos.
—No —negué—, estoy bien. Solo preocúpense por ella, por favor. ¡Sálvenla, se los suplico! —y las lágrimas inundaron toda mi cara.
Vi cómo la subían a la ambulancia y corrí hacia ella.
—¡Voy con ella! —me subí a la ambulancia.
—Nosotras vamos detrás de ustedes —me gritó Asuka.
Las puertas se cerraron y la ambulancia arrancó hacia la clínica.
Le tomé la mano.
—¡Kag... la tienes fría. Kagome, te lo suplico, no me dejes. No me dejes, hermana!.
Perspectiva de Koshó
Corrimos al auto de Asuka, los metimos dentro, y con los ojos llenos de lágrimas, llamé a Sango.
—¡Vamos, Sango, responde!
—¿Aló?
—¡Sango!
—Koshó, ¿Qué pasa? ¿Estás llorando?
—Oh, Sango, Dios mío, no sabes lo que pasó.
—¡Por Kami, Koshó, ¿Qué pasó?!
—Kag...
—¿Qué le pasó a Kag? ¡Responde, qué le pasó!
—Sango, a Kag la acaban de atropellar. Va a la clínica ahora... con Kikyo.
—¡Dios mío! ¡Kag, mi amiga! No, no puede ser verdad...
—Sango, por favor, prepara todo para cuando Kag llegue, amiga.
—Sí... —y me colgó el teléfono.
—Koshó, tienes que llamar a Rin para que le avise a la tía Naomi y a Naraku —me dijo Asuka entre lágrimas.
—Sí, ya lo hago —y le marqué a Rin.
Perspectiva de Rin
—Muchas gracias por el té, Rin.
—Fue un placer, Sesshomaru —me levanté del sillón, pero justo mi teléfono sonó.
—Perdón —dije y contesté la llamada—. Hola, ¿Koshó?
—Rin...
—¿Estás llorando? ¿Te pasó algo? —pregunté con susto.
—Rin... es Kag...
—Dios, ¿Qué pasó con Kag?
—Kag fue atropellada y va en la ambulancia a la clínica donde está Sango.
—¡¿Qué?! —grité, y el teléfono se me cayó de las manos. Mis piernas no me respondían, haciendo que también cayera, pero los brazos de Sesshomaru me sujetaron.
—Rin, ¿estás bien?
—Dios mío... —exclamé, buscando mi teléfono en el piso, y lo tomé—. ¿Koshó, estás ahí?
—Sí, aquí estoy, Rin.
—Dios mío... voy para allá.
—Rin, por favor, dile a la tía Naomi y a Naraku lo que pasó, por favor.
—Sí, sí, yo los llamo... oh, Dios... —y colgué el teléfono—. Dios... Dios...
—Rin, ¿qué le pasó a la abogada Higurashi?
—¡Mi amiga, mi amiga! —gritaba mientras empezaba a llorar.
—Rin, por favor, cálmate —sentí cómo me sujetaba, y lo miré a la cara—. Kag fue atropellada y va a la clínica ahora. Tengo que ir con ella.
Me solté de su agarre, pero él me sujetó de la mano.
—Yo la voy a llevar, ¿de acuerdo?
Solo asentí con la cabeza, y los dos salimos de la casa. Subimos al auto y, en el camino, con manos temblorosas, marqué el número de Naraku. Esperé unos segundos hasta que contestó.
—Hola, Rin.
—Naraku... —susurré su nombre, ahogada en lágrimas.
—Rin, ¿Qué te pasa?
—Naraku, ¿Dónde estás?
—En el templo, con mi tía y los demás. Rin, ¿Qué tienes?
—Naraku, dile a la tía, al abuelo y a Sota que sean fuertes.
—Rin, ¿Qué pasa?
—Kag está en la clínica.
—¿Qué?
—Tuvo un accidente... la atropellaron.
—¿Qué?
—Voy a la clínica ahora.
—Vamos para allá —y me cortó. Solté el teléfono para tapar mi rostro y llorar libremente, rogando a todos los dioses que mi amiga esté viva.
Perspectiva de Sango
—Sí, preparen todo, fue un atropello lo que pasó —le dije a mi colega Serugano.
—Está bien, Sango, pero por favor, cálmate.
—¡No puedo, King. Mi mejor amiga está grave!.
—Lo sé, Sango, pero tienes que ser fuerte. Yo voy a preparar todo, ve a ver si ya llegaron, ¿sí?
Asentí y caminé hacia la entrada, pero justo mi teléfono sonó.
—Aló —respondí sin ver el número.
—¿Sanguito, amor?
—Miroku —susurré con la voz quebrada.
Perspectiva de Miroku
—¿Sanguito, amor?
—¿Miroku?
Me tensé al escuchar la voz quebrada de Sango.
—¿Sango, qué tienes?
—Miroku, pasó algo muy grave.
—Sango, no me asustes. ¿Estás bien?
—Yo sí, Miroku, pero Kag... mi mejor amiga...
Miré a Inuyasha, que me observaba con una expresión de preocupación. Por suerte no tenía el teléfono en altavoz.
—¿Sango, qué pasó? —le pregunté.
—A Kag... la traen en la ambulancia. La atropellaron, Miroku —exclamó Sango, llorando.
—Voy para allá, amor.
—Sí.
Colgué el teléfono y miré a mi amigo.
—¿Qué pasó, Miroku?
—Inuyasha, por favor, tienes que ser fuerte.
—¿Fuerte por qué? ¿Qué pasó, Miroku? ¡Ya habla!
—La señorita Kagome...
Perspectiva de Inuyasha
—La señorita Kagome.
Un mal presentimiento me cayó encima.
—¿Qué pasa con Kagome, Miroku? ¡Ya habla, maldita sea!
—La señorita Kagome tuvo un accidente. La atropellaron y la llevan a la clínica donde trabaja Sango.
Mi corazón dejó de latir en ese momento.
—¿Qué...? ¿Qué fue lo que...?
Mi mente daba vueltas.
—¿Inuyasha, estás bien?
No respondí. Lo que hice fue salir corriendo de la oficina, seguido por Miroku. No sé cómo llegué tan rápido a mi auto, pero me metí dentro y Miroku también. Arranqué a toda velocidad hacia la clínica.
—Kag... Kagome, no puedes dejarme... no puedes... —rogué internamente.
Llegamos a la clínica y salí corriendo hacia recepción.
—Kagome Higurashi, ¿Cómo está? —le pregunté a la enfermera.
Ella buscó en la computadora y me respondió:
—¿Usted qué es de la paciente?
—Soy su prometido —le dije.
—Señor, la señorita Higurashi está en sala de cirugía.
Salí corriendo hacia esa área y allí estaban todos los amigos de Kagome, incluso Kikyo.
—¿Cómo está? —pregunté.
—¡¿Tú qué haces aquí?! —me gritaron Naraku, y Kikyo mientras se acercaba a mí.
—¡No pienso irme sin saber de ella! —le respondí, desafiante.
—¡Por favor, están en una clínica! —exclamó Miroku, poniéndose entre nosotros.
—Inuyasha —me habló Sesshomaru.
—¡No, Sesshomaru. No pienso irme sin ella! —grité.
—¡No tienes nada que hacer aquí! —me encaró Naraku.
—¡Ya basta! —nos gritó Sango—. ¡¿Es que no lo ven?! ¡Kagome está tirada en una cama peleando por su vida, y la tía Naomi, el abuelo y Sota están destrozados, y ustedes solo quieren pelear! ¡Ya basta, por el amor de Dios!
Nadie dijo nada. Vi cómo las amigas de Kagome, que parecen gemelas, se llevaron a Kikyo y Naraku hacia unos señores mayores. Deben ser la familia de Kag. Miré a Sango y le hablé.
—Sango, ¿Cómo está ella?
—Está en pabellón todavía.
—Sango, pero tú puedes ir a ver cómo sigue, por favor.
—Inuyasha, no soy cirujana, no es mi área. No puedo estar allí —me dijo llorando— Pero trataré una vez más de averiguar qué pasa.
Y se marchó tras las puertas blancas.
—Hermano, ten fe, ella saldrá bien —me dijo Miroku.
—Dios te escuche, Miroku, Dios te escuche.
Pabellón
—Enfermera, suba a diez más.
—Sí, doctor.
—Uno... piiii..._
—Dos... piiii..._
—Tres... piiii... ¡Vamos, Kagome, vamos!
—Cuatro... piiii..._
—No me hagas esto, abogada...
—Cinco... piiii..._
—Doctor...
—Lo sé, enfermera, lo sé...
Perspectiva de Sango
Llegué a la sala y esperé afuera, hasta que vi al doctor salir.
—Doctor King, ¿Cómo está Kag?
—Sango...
—¿Qué pasó?
—Tienes que ser fuerte.
—¿Qué?
Perspectiva de Kikyo
—Todo esto es mi culpa —susurré.
—¿Qué dijiste? —me habló mi madre, que estaba a mi lado.
—Kag fue a hablar conmigo y no quise oírla. Salí sin ver la calle y ella me salvó a mí... a mí. La que tiene que estar allá dentro soy yo, no ella... ¡Yo!
Mi madre me rodeó con sus brazos.
—Nadie tiene la culpa, fue un accidente. Lo que tenemos que hacer es estar juntos y rezar para que nuestra Kag esté bien.
Perspectiva de Sango
—¿Sango, estás bien?
—Sí —susurré, aún en shock por la noticia.
—Sango, tengo que hablar con los familiares.
—No, doctor, yo lo haré —dije, caminando hacia la salida.
—¿Segura, Sango?
—Sí —susurré, y me dirigí a donde estaban todos.
Perspectiva de Inuyasha
Caminaba como león enjaulado.
—¿Por qué Sango se demora tanto? —exclamé.
—Inuyasha, ya cálmate, por favor —me habló Sesshomaru.
Las puertas se abrieron y vimos a Sango caminar hacia nosotros. Todos nos acercamos, pero frené al ver el rostro de Sango. Mi cuerpo empezó a helarse. Vi cómo la mamá de Kagome sujetó a Sango y le preguntó lo que yo temía preguntar.
—Sango, ¿Cómo está mi hija? Está bien, ¿verdad?
Los ojos de Sango se llenaron de lágrimas y rompió en llanto .
—¡No! —gritó la mamá de Kagome—. ¡No, no, mi niña no, mi niña no! ¡Sango, mi niña nooooo! ¡Kagome, Kagomeeeeee! —y se desmayó. Todo fue un caos.
Ya no pude escuchar nada a mi alrededor, porque mi mundo se hizo trizas en unos segundos. Ya nada tenía sentido si ella no estaba conmigo.
—Kagome, mi Kagome... no, no... —No podía creerlo ni aceptarlo. Tenía que verla, tenía que ver su rostro. Corrí hacia adentro, pero Sesshomaru y Miroku me sujetaron.
—¡Suéltenme! ¡Kagomeeee, Kagomeeeee!
Tenía que verla, porque ya mi vida no tendría sentido de ahora en adelante.
Continuará...
Si llegaron hasta aquí, gracias.
Crédito de la ortografía a la bella autora Cbt1996, gracias linda.
P.D. No me maten, si yo las quiero. ¡Besos!
