Cbt1996: Hola linda. Yo no pedí clemencia, es solo el efecto que tu provocaste con Destino, Cindy María.
Isa siempre un amor de persona y al fin Kag decidió tomar la decisión correcta: hablar con Kikis, pero ese auto la mando a volar lejos y no alcanzó a hablar con ella.
Inu ya recibió cachetadas de casi todas jajaj pobre de mi perro me lo van a dejar tarugo jaja.
Rin le vio todo el colimo sagrado a Sesshomaru y hasta se le quedó viendo descaradamente jajaja.
Las charlas de los hermanos Taisho son las que me dan dolor de cabeza jajaja.
Yo también ame la charla de sesshorin, me quede muy conforme con esa parte.
Miroku sabe que si Inu gana, él también jajaj
Yo no le hice eso a kagggggg, fue el auto no yo fue simplemente el
( DESTINOOOOOOOOO DE KAGOME. LO LEEISTE BIEN, FUE DESTINOOOOOOOOOO EL CULPABLE DE TODOOOOO, DESTINOOOOOOO JAJAJA)
Saludos linda.
Kayla Lynnet: Hola linda. Wooooo pero te gusto todo el capítulo, no lo puedes negar, te gusto la charla de Kag/Naraku, la torta, Rin comiéndose al sexymaru con la mirada, la charla de Inu y Miroku, no lo puedes negar, el 98% del cap fue bonito.
Y una ves mas te lo repito, la culpable son Cindy y destino, no fui yo. Yo soy inocente y el fragmento que leíste es cierto, tienes que aceptarlo igual que todos.
Saludos linda.
Karii taisho: Hola linda. Vaya si que me conoces jijij bueno vamos por parte.
Rin siempre recordando su tortita jajaj al menos eso sirvió para bajar las tensiones jaja.
Creo que lo que pienses de la madre y la abuela ya valió por que Kag voló con el auto, linda.
Amo como isa habla con Kag y lo linda que es con ella.
Pos Kikis no quiso hablar con Kag y ya vivos lo que paso, e Inuyasha solo falta q su padre lo golpe porque asta Sesshomaru lo regaño la otra vez jaja.
Inuyasha siendo todo un caballero con su cuñis Rin. Y Rin viendo todo lo grande que se va comer mas adelante, ok no jajaja. Pero yo también habría pensado tirarme por la ventana después de lo que paso Rin jajaja pero después tuvieron una linda charla los dos jijiji.
Yo no hice nada, son Cindy y su final abierto de Destino los culpables de todo. Yo soy inocente, aunque ahora ya no soy inocente porque me vas a matar cuando leas el caps solo pido perdón y me esconderé muy lejos.
Saludos linda.
Ferdy arevalo: Hola linda. Kikyo en orgullo es idéntica a su padre y su mamá se lo dijo, pero ella espero mucho tiempo para reflexionar y paso lo que paso ahora.
Pero yo porque linda jajaj si tiene que culpar a alguien y jalarle de las patas esa es a Cbt1996 por su final de Destino, ella tiene la culpa que yo este destrozada y Kag pago los paltos rotos jaja y plis no me mates cuando empieces a leer el cap. Saludos linda.
Capítulo 30
Te extraño tanto, Kagome
Perspectiva de Kikyo
Un mes después
Salí del baño después de haberme dado una ducha y caminé hacia el clóset. Busqué entre mi ropa un vestido negro; ya se me estaba haciendo costumbre ponerme uno. Me lo puse, luego me peiné, tomé mi cartera y mis gafas oscuras, y salí de mi departamento. Llegué a mi auto, subí y me fui.
Iba por el camino cuando me detuve en una florería. Me bajé y le compré a la misma vendedora el mismo ramo de rosas blancas que llevo comprando desde hace un mes. Las tomé y acaricié los pétalos con cariño. "Eran tus favoritas", susurré.
Le pagué a la vendedora y me fui hacia mi destino. Cuando llegué, apagué el auto, tomé el ramo de rosas y me bajé. Me quedé mirando la entrada del cementerio y, tomando una vez más el valor, caminé hacia adentro. Avancé por un largo pasillo hasta que llegué. Me quedé viendo la lápida, me arrodillé frente a ella y dejé el ramo de rosas.
—Hola.— dije a la nada. —Mira, te traje tus rosas favoritas. Mañana también te las voy a traer. ¿Sabes?, te extraño tanto.— susurré, ya con lágrimas acumulándose en mis ojos. —Yo debería estar aquí, para no hacer sufrir más a las personas que quiero. Todos están sufriendo por mi culpa; por mi maldito orgullo pasó todo esto. A mí tendría que haber atropellado ese auto, a mí. Yo debería estar en este lugar por ese choque. Ya no aguanto más este dolor que me está matando lentamente.
Solté un llanto desconsolado y abracé la lápida con todo mi dolor.
—Llévame contigo, por favor, llévame, te lo suplico. Llévame contigo, mamá— acaricié su nombre escrito en la piedra, y después vi el nombre de mi padre, que también acaricié con tristeza. —De todas las cosas que me pudiste haber heredado, me diste tu orgullo, papá... el mismo orgullo que te hizo perder a tu mejor amigo, a tu hermano, por una mujer que ni siquiera fue tu verdadero amor. Tal cual pasó conmigo: por este orgullo, perdí a mi mejor amiga, a mi hermana. Ya no quiero este orgullo; es el culpable de que haya perdido a mi hermana.— solté esas palabras que me quemaban el alma.
Me senté para acariciar una vez más los nombres de mis padres en la lápida, luego me levanté y caminé hacia la salida.
Subí a mi auto y regresé a la florería para comprar otro ramo de rosas, pero esta vez rojas. Las pagué y me fui. Cuando llegué a mi destino, me bajé y caminé hacia la entrada. Recorrí ese pasillo que ya me sabía de memoria y, cuando llegué, caminé hacia ella. Dejé el ramo en la mesita y me senté en la silla que estaba al lado de la cama.
—Hola, Kag— dije a una Kagome que llevaba ya un mes con los ojos cerrados. —Aún no puedo creer la noticia que Sango nos dio hace ya un mes.
Flashback
—¡Tía Naomi!.— gritó Sango, llorando.
—Sango, ¿Qué le pasó a Kagome?— pregunté sujetándola de los brazos.
—Kikyo.— susurró ella.
—¡Dios, habla!— le grité.
—Kag... Ka... go... me cayó en coma.
Y mi mundo se detuvo.
—¿Qué?— dije soltándola mientras procesaba la información.
¿Cómo que Kagome está en coma? me repetía mi mente una y otra vez. Todo a mi alrededor fue un caos, y la voz de mi madre me trajo de vuelta a la realidad cuando ella se despertó.
—¡Mi hija! ¿Dónde está mi hija?
Sango y otros médicos tuvieron que anestesiarla para calmarla, al igual que al abuelo. En mis oídos resonaba el llanto de Sota, siendo abrazado por Rin.
—¡Déjame, Sesshomaru!— escuché a Inuyasha empujando a un hombre que lo tenía sujetado. Mi mente estaba en blanco, y lo único que procesaba era que Kagome estaba en coma, hasta que mis piernas ya no dieron más y me derrumbé, llorando hasta que no me quedaron más lágrimas.
Fin del flashback
Tomé su mano y la acaricié.
—No me va a alcanzar la vida para pedirte perdón, Kagome. Por mi maldito orgullo tú estás en este lugar. Por favor, ya despierta. Mira, si quieres insultarme o golpearme, hazlo, pero abre los ojos, amiga, te lo suplico.— más lágrimas cayeron por mis mejillas. —Mamá, el abuelo, Sota, te necesitan, Kag. Todos te necesitamos. Ya ha pasado un mes, por favor, ya no los castigues así. Ya no lo soporto, Kag; quiero ver tus ojos despiertos.
—Kikyo.
Me di la vuelta y vi a Sango en la puerta.
—Hola, Sango.
—Hola, Kikyo.
—¿Ha habido algún cambio?
Ella agachó la cabeza y negó.
—No, Kikyo, no ha habido ningún cambio. Ella sigue igual que hace un mes.
—Ya veo.— dije volviendo mi vista hacia Kagome. —Amiga, te ves cansada. ¿Has dormido bien?.
—Sí, Sango, no te preocupes, estoy bien.
—Eso ni tú te lo crees, mira tus ojeras.
—Las mismas que tienes tú.
La vi soltar un suspiro.
—Ven, acompáñame a mi consultorio. Te invito a un té; tienes que cuidarte, Kikyo, o enfermarás.
—Eso es lo de menos, Sango.
—Nada de eso. A Kag no le gustaría verte así, así que ven, y aprovechamos para platicar un poco.
Solté un suspiro y asentí con la cabeza.
—Está bien, vamos.
Me levanté y le di un beso en la frente a Kag, y salimos.
Llegamos a su consultorio, y Sango me ofreció un té.
—Toma.
—Gracias.— respondí y lo recibí, dándole un sorbo.
—¿Cómo te has sentido, Kikyo?.
Dejé la taza en la mesa y miré a Sango.
—Destrozada, creo que igual que todos... pero, a diferencia de los demás, yo soy la culpable de todo esto.
—No digas eso, amiga. Nadie tiene la culpa. El maldito destino jugó con todas nosotras, haciéndonos caer en este juego.
—Un juego que yo pude haber parado y no lo hice. Un juego que, si no fuera por mi maldito orgullo, no habría pasado.
—Kikyo, ya no te tortures más. Así mismo se torturó Kag todo este tiempo; por favor, no hagas lo mismo. Nadie tiene la culpa, ¿vale? Ya quítate eso de la cabeza.
—No puedo, Sango. Kag está tirada en esa cama desde hace un mes, y sabrá Dios por cuánto tiempo más.
—Tengamos fe, amiga, que pronto despertará.
—Es lo que más deseo, Sango.
Justo en ese momento, tocaron la puerta.
—Adelante.
—Con permiso, doctora Taijiya. La paciente del cuarto 36 siente algunos dolores en su cesárea.
—Ok, voy inmediatamente, gracias.
—De nada, con permiso.— cerró la puerta.
—Tus pacientes te llaman, Sango. Yo también iré a trabajar ahora.
—Está bien, amiga.
Nos levantamos y salimos del consultorio.
—Adiós, Sango.
—Adiós, Kikyo. Cuídate, ¿sí?.
—Tú también, Sango. Voy a despedirme de Kag y después me voy.
—Ok.
Caminé por el pasillo; estaba llegando cuando vi que alguien entraba por la puerta. Me detuve afuera y vi que era Inuyasha. No sé por qué, pero me quedé a escuchar su charla.
Perspectiva de Inuyasha
Llegué al hospital y bajé del auto. Tomé las rosas que llevaba y entré al lugar. Caminé hasta llegar al pasillo por el que había caminado ya un mes completo. Llegué a la puerta, la abrí y entré, dejándola semiabierta.
Caminé hacia la cama, dejé las rosas al lado de otras flores y me senté en la silla.
—Hola, pequeña. ¿Cómo estás?— susurré, tomando su mano y besándola. —No sabes cuánto te he extrañado todo este tiempo. He tratado de ser fuerte, pero cada vez se me hace más difícil si tú no estás conmigo. Sabes, este mes han pasado muchas cosas, pequeña. Mi madre ha estado todo este tiempo cerca de la tuya y de tu abuelo; no los ha dejado ni un solo día. Igual mi padre, aunque él tuvo que salir de viaje, pero llega entre hoy o mañana para hacerle compañía a tu familia. Y Shippo viene todos los días después de la escuela a verte y a pasar tiempo con el pequeño Sota.
Mi hermano se ofreció a buscar a Shippo todos los días a la escuela y traerlo. Me sorprende de él, pero ya ves, después de todo, tiene su corazón," solté con una risa apagada.
También Miroku y Sango están juntos. Mi amigo no se ha separado ningún día de tu amiga; han estado viviendo en el mismo departamento. Sango no está sola; Miroku la cuida.
Esas chicas que parecen gemelas también vienen todos los días a verte. La primera vez que me encontré con ellas a solas aquí afuera, las dos me cachetearon, pero justo en ese momento llegó Sango y habló con ellas. Desde ese día, todos llevamos la fiesta en paz. Me las he encontrado varias veces, y hasta nos saludamos cordialmente, ¿sabes?
Y Kikyo también viene a verte todos los días. He intentado hablar con ella, pero simplemente no quiere hablar conmigo. Pero no te preocupes, linda. Te prometí que hablaría con ella y que obtendría su perdón, para que tú y yo estemos juntos, y lo voy a hacer, Kag.
Sujeté su mano con ambas manos para mirarla a su bello rostro.
—Amor, mi madre me dijo que habló contigo el día del accidente y que tú ibas a pelear por los dos, por el perdón de Kikyo y por nuestro amor. susurré.
Ya no pude aguantar las lágrimas que había estado reteniendo desde que llegué, y lloré como un niño desconsolado.
—Kagome, te extraño tanto. No tienes idea de cuánto te amo. Mi vida te pertenece, pequeña. Sin ti, la vida no tiene sentido. Vuelve, pequeña, vuelve a mí, por favor." Cerré los ojos mientras las lágrimas caían sin control alguno. Te amo, Kagome, te amo como jamás amaré a nadie."
Perspectiva de Kikyo
Me alejé de la puerta y caminé por el pasillo. Ya no me quedaban dudas: Inuyasha de verdad se enamoró de Kagome. Lo ha demostrado todo este mes viniendo a verla, y ahora que lo escuché, no me queda duda de eso. También sé que Kagome lo ama.
—Amiga.— susurré. —Por favor, despierta para que puedas ser feliz con el hombre que amas. No sé si algún día podré perdonarlo por la humillación que me hizo pasar, pero te juro que no pienso pelear más con él si tú despiertas, y no me molestaré contigo por estar con él, Kagome. Te lo prometo, pero por favor, despierta, amiga, despierta – rogaba internamente mientras me acercaba al ascensor.
—Kikyo
Levanté la cabeza y ahí estaba Sango.
—¿Sí?
—Yo pensé que ya te habías ido.
—Bueno, es que no pude despedirme de Kagome.
—¿Por qué?
—Bueno…
—Inuyasha está ahí, ¿verdad?
—Sí, y no quise molestar.
—¿Aún odias a Inuyasha, Kikyo?
—No, Sango, ya no lo odio, porque sé que él de verdad ama a Kagome. Solo que no puedo perdonar la humillación que pasé por su culpa, eso es todo.
—Te entiendo. Tal vez yo pensaría igual en tu lugar. Pero, Kikyo, ¿te puedo hacer una pregunta?
—Sí.
—¿Tú no sientes nada por él?
—¿Por quién? ¿Por Inuyasha?
—Sí.
—No, Sango, o sea, yo pensé que lo que sentía por él era amor en su tiempo, no te lo negaré. Por eso sufrí mucho, pero con el tiempo me di cuenta de que solo fue una atracción fuerte… muy fuerte, pero solo una atracción de todos modos. Ahora sí sé lo que es amor, Sango.
—¿Ah, sí? ¿Hablas de…?
—Sí, Sango, aún no se lo he dicho por todo esto, pero… Sango, yo me enamoré de Naraku. Me enamoré de verdad.
—¡Oh, Kikyo, me alegra mucho por ti!
Y me abrazó, y yo acepté el abrazo.
—Gracias, Sango.
—¿Y por qué no se lo dices ya?
—Porque no puedo ser feliz mientras Kagome esté en esa cama, y Naraku se merece que se lo diga en un día especial.
—Tienes razón.
—¿Y tú? ¿Cómo vas con el joven Miroku?
La vi sonreír un poco antes de responderme.
—Kikyo, no te voy a mentir. Si no tuviera a Miroku conmigo, no sé qué habría pasado. Tal vez estaría en una fuerte depresión por ver a mi mejor amiga en ese estado.
—Te entiendo, yo estaría igual. Naraku ha sido tan fuerte este último tiempo. El pobre ha estado ahí para mí, como también para mamá, el abuelo y Sota.
—Lo sé, Kikyo. Naraku es un hombre que vale su peso en oro.
—Ni que lo digas, eso lo sé muy bien. Bueno, Sango, ya me voy. Adiós.
—Adiós, Kikyo.
Y me metí al elevador para irme al trabajo, pero en ningún momento dejé de pensar en Kagome.
Perspectiva de Inuyasha
—Sabes, cuando despiertes, lo primero que haré va a ser llevarte conmigo a mi departamento para cuidarte y no alejarme más de ti, porque tú misma se lo dijiste a mi madre: vas a pelear por nuestro amor, así que yo también lucharé por nosotros, ¿vale? Vivirás conmigo cuando despiertes, y seremos felices, Kag. Te lo prometo, amor. Nada ni nadie nos va a separar, te lo juro.
Justo entonces mi teléfono sonó, y contesté:
—Dime, Miroku.
—Hola, Inuyasha. Sé que estás en la clínica, pero hay una junta importante, y quieren verte a ti.
Solté un suspiro, miré el rostro tranquilo de Kagome y volví mi atención a la llamada.
—Voy para allá —dije y colgué.
Guardé el teléfono, tomé su mano y deposité un beso en ella.
—Amor, tengo que volver a la empresa, pero cuando termine, vendré inmediatamente contigo, ¿sí?
Me levanté, le di un beso en los labios, me alejé de ella y caminé hacia la puerta.
Perspectiva de Rin
Me despedí de mis niños mientras todos salían de clases. Tomé mis cosas y caminé hacia Sota.
—Cariño, ¿estás listo?
—Sí, Rin, ya tengo mis cosas.
—Rin, yo también voy a ver a Kag.
—¿Quién viene hoy por ti, Shippo?
—Mi hermano Sesshomaru otra vez.
—Ah, ya veo —sonreí. Tomé las manos de cada uno y salimos del salón. Llegamos al portón, y una vez más, ahí está él, esperándolos, vestido con su ropa de empresario, lo cual le daba un aire de grandeza. Me quedé viéndolo por unos segundos, hasta que moví la cabeza para recordar por qué él estaba aquí.
Ya se cumplió un mes de que viene por Shippo a la escuela para llevárselo.
Pensé mientras caminábamos hacia él, y no sé por qué mi corazón se aceleraba tanto cuando estaba a su lado.
—Hola, Sesshomaru —le dije.
—Hola, Rin. ¿Están listos?
—Sí —respondimos nosotros, y solté las manos de los niños, quienes se metieron en el auto de él.
—Gracias por venir por Shippo y llevarlos a la clínica a ver a Kag. A Sota le hace muy bien estar con Shippo.
—No tienes nada que agradecer. Izayoi está con la señora Naomi, y pues Inuyasha no tiene cabeza para venir por el pequeño, así que por eso me ofrecí a venir por él.
—Muchas gracias. Igualmente, Sesshomaru, es un lindo detalle de tu parte.
—Rin —dijeron mi nombre detrás de mí.
Me di la vuelta y era Hojo.
—Dime, Hojo.
—Rin, qué despistada estás, mira, dejaste tu teléfono en el salón.
—Oh, verdad. Muchas gracias, Hojo, eres muy amable. Mira, te presento al hermano del pequeño Shippo, el señor Sesshomaru Taisho. Él es el profesor Hojo.
—Mucho gusto, señor Sesshomaru Taisho.
—Mucho gusto —respondió él, pero su tono fue frío, hasta un poco grosero a mi parecer. Pero No dije nada.
El rostro de Hojo estaba algo confundido por la forma en que lo saludó Sesshomaru, pero él me volvió a ver y me habló.
—Rin, ¿Cómo sigue Kag?
—Igual, no hay mejora.
—Entiendo. He estado rezando mucho para que se mejore. Mañana iré a verla; incluso podemos ir juntos.
—Lo dudo. Mañana vengo por Rin y los niños, así que no creo que eso pase. Pero no te preocupes, le daremos tus saludos a Kagome; ella está bien cuidada por mi hermano. Y si eso era todo, tenemos prisa, maestro. Con permiso.
Me quedé muda por la reacción de Sesshomaru. Iba a hablar, pero él me tomó de la mano y me llevó hacia el auto. Solo alcancé a decir:
—Adiós, Hojo. Nos vemos.
—Adiós, Rin, y fue un placer conocerlo, señor Taisho.
Eso fue lo último que escuché porque Sesshomaru cerró la puerta. Lo vi dar la vuelta, entrar al auto, y lo encendió y arrancó.
Por el espejo vi cómo Hojo volvía dentro del colegio. Miré a Sesshomaru con cara de desaprobación.
—Eso fue muy grosero de tu parte.
No me respondió, y eso me indignó aún más.
—Muy importante en los negocios, pero cero educación —le dije, mirando por la ventana y esquivando su mirada. No podía creer que una persona tan educada e imponente como Sesshomaru Taisho se haya comportado así de la nada.
—Yo no tuve la culpa, y tampoco dije algo que no fuera cierto. Kagome está siendo cuidada por Inuyasha, y mañana vengo por ti.
Mi corazón latió fuerte, y me sonrojé, pero lo volví a escuchar hablar.
—Quiero decir que mañana vendré a buscar a todos para ir a la clínica —respondió rápidamente.
Puse los ojos en blanco y, una vez más, miré por la ventana.
Ya me decía yo que era muy bonito para ser verdad, pensé con tristeza.
Llegamos a la clínica y bajamos del auto. Tomé las manos de los niños y entramos. Me encontré con la tía Naomi, el abuelo, la abuelita Kaede y la señora Izayoi.
—Hola —dije, haciendo una reverencia.
—Hola, cariño —me respondieron todos.
—¿Cómo sigue Kag?
—Igual, hija, no hay mejora —me respondió Naomi.
—Ya veo.
—Hola, Rin.
Miré hacia un lado, y era Sango.
—Hola, Sango.
—Hola, Sesshomaru.
—Hola, Sango.
—¿Podemos ver a mi hermana? —preguntó Sota.
—Claro, vamos —respondió Sango, llevándose a los dos niños con ella.
—Nosotros ya volvemos —dijo la señora Izayoi—. Llevaré a Naomi a la cafetería para que tome algo, ¿sí?
—Sí —respondí. Tanto la señora Izayoi como la tía Naomi, el abuelo y la abuelita Kaede se fueron a la cafetería.
—Rin.
—¿Eh? —Miré hacia mi lado para ver a Sesshomaru.
—En este momento, Kagome está con los niños. Te invito a un café en la cafetería que está aquí en la esquina.
Le regalé una sonrisa y acepté.
—Está bien, acepto.
Los dos caminamos hacia la salida. Después de cinco minutos llegamos a la cafetería. Él corrió la silla para que me sentara.
—Gracias —dije mientras él se sentaba en su silla. Pedimos unos cafés y nos quedamos por unos segundos en silencio, hasta que él habló.
—¿Quién es ese profesor?
—¿Eh? ¿El profesor Hojo?
Él asintió.
—Es profesor de matemáticas. Lo conocí en la universidad y nos convertimos en muy buenos amigos. Se lo presenté a las chicas en ese tiempo, y todas se llevan bien con él.
—¿Siempre fue solo amigo tuyo?
—Sí, solo somos amigos. ¿Por qué?
—No, por nada, solo curiosidad.
Ahí estaba otra vez esa tristeza en mi corazón. ¿Por qué me siento así?, pensé y lo miré para responder.
—De hecho, él lleva mucho tiempo enamorado de Kagome.
—¿De verdad?
—Sí, pero Kag siempre lo vio como amigo, y él se conformó con eso, aunque siempre hacía su luchita para conquistarla, como invitándola a salir o dándole regalos en San Valentín con la excusa de ser amigos.
—Sabes que esto a Inuyasha no le va a gustar nada, ¿verdad?
—No tienen por qué saberlo. Kag jamás le dio alas al profesor, y usted no es chismoso, ¿verdad?
—No es mi asunto.
Solté una risita por su comportamiento. Seguimos tomando nuestros cafés. De pronto, vi a una mesera caminar hacia nosotros con una torta y dejarla en la mesa.
—Feliz cumpleaños, señorita —hizo una reverencia y se marchó.
Me quedé atónita, miré a Sesshomaru, aún sorprendida.
—¿Cómo…? —dije.
—Shippo me dijo que hoy es tu cumpleaños, y no me pareció justo que lo pases como cualquier día, y con lo de Kagome, pues…
—Lo sé, nadie se acordó —dije en un susurro, y las lágrimas empezaron a asomarse.
—Rin, ¿por qué lloras?
Moví mi cabeza en una negativa.
—Perdón, no lloro de tristeza. Sé que todos, incluso yo, estamos preocupados por nuestra Kag; es que estoy algo emocionada de que usted se haya acordado. Es un lindo detalle, Sesshomaru, muchas gracias.
—No es para tanto, Rin, solo es un pastel —me dijo, esquivando mi mirada.
Pero yo sonreí.
—Para mí es más que un detalle, Sesshomaru, muchas gracias.
Él me miró por unos segundos y después me habló.
—Mejor sopla las velas. Shippo también me dijo que te gustaba mucho hacer eso.
—Sí, es verdad.
Miré el pastel, cerré mis ojos y pedí mi deseo.
Deseo que Kag abra los ojos, y soplé.
—Deseo que se te cumpla tu deseo, Rin.
—Yo igual deseo que se cumpla.— me levanté de la silla y, sin pensarlo dos veces, abracé a Sesshomaru. —Muchas gracias por esta sorpresa, de verdad, muchas gracias.
Perspectiva de Sesshomaru
No me esperaba su abrazo; me quedé por unos segundos sin reaccionar, pero mis brazos se movieron solos y correspondí a su abrazo.
—No tienes nada que agradecer, Rin. Solo es un pastel.
Ella se separó de mí, y fue algo que no me gustó del todo, pero aun así mantuve mi semblante y la solté.
—Para mí es un lindo detalle, Sesshomaru, de verdad.
No respondí, pero metí la mano en mi saco y saqué una cajita.
—Rin, feliz cumpleaños —le extendí el regalo.
—¡Oh! Sesshomaru, no tenía que haberse molestado, con el pastel era más que suficiente.
—Nada de eso, solo es un regalo. Por favor, acéptelo.
Le dije mientras mi mente era un maldito caos. No tenía ni idea de cómo hacer estas cosas; jamás hice esto por otra mujer. ¿Por qué lo estoy haciendo con Rin? Ni idea, pero ya estoy aquí y no me iba a acobardar. Ni loco.
Ella me regaló una sonrisa, y no sé por qué, pero esa sonrisa me gustaba mucho verla en ella.
Perspectiva de Rin
Tomé el regalo de Sesshomaru y lo abrí. Era un hermoso collar de oro con una cadenita fina, y tenía de colgante la mitad de luna. Era hermoso.
—Está muy hermoso, Sesshomaru, muchas gracias.
—¿Puedo?
Yo asentí. Él se levantó, sacó el collar del estuche y pasó detrás de mí. Levanté mi cabello para que me colocara el collar; cuando ya lo abrochó, solté mi cabello, pero sentí su respiración chocar en mi cuello mientras él me susurraba cerca del oído:
—Se te ve muy bien, Rin.
Sentí una corriente que me atravesó de pies a cabeza.
Lo vi caminar a su asiento mientras trataba de controlar mi corazón.
—Mu-muchas gracias, está hermoso.
—Me alegra que te haya gustado.
Respiré muy hondo y, después de unos segundos, volví a sonreír lo más tranquila posible. Seguimos charlando. Cuando terminamos nuestro café, y claro, también comimos pastel, él pagó la cuenta y volvimos a la clínica
Perspectiva de Kikyo
—Chicas, ya me voy a la clínica.
—¿La jefa no te dijo nada por salir tan temprano?
—Que se joda. Si no le gusta, pues que se busque a otra y listo.
—Sí, tienes razón, que se joda. Nosotras también vamos, ¿verdad, Koshó?
—Sí, que se joda.
Y las tres salimos de la oficina.
—Kikyo
—¡Mierda! —exclamé, dándome la vuelta para ver a mi jefa.
—¿Sí? ¿Qué pasa, señora Midoriko?
—¿Qué pasa? Eso mismo quiero saber. Ya va un mes que te vas más temprano, y ahora tus compañeras también hacen lo mismo. Ustedes no se mandan solas.
—Midoriko —respondí, ya harta—. Te dije que mi hermana está en coma, y agradece que vengo a trabajar por las mañanas. Si no te gusta mi comportamiento, puedes irte a la mierda y conseguirte a otras chicas para que puedas explotarlas a tus anchas. Trabajo es lo que me sobra. ¿Acaso eres la única diseñadora de moda de Japón? No, ¿verdad? Así que tú decides qué harás, pero hazlo en tres segundos, porque no tengo tiempo para ti.
—Ashh, Kikyo… Te necesito aquí mañana muy temprano. No acepto un no por respuesta.
Y se marchó. Yo hice lo mismo.
—¡Wooo, Kikyo! ¡Eres mi ídola! Sabes que la jefa no te va a correr.
—A ustedes tampoco. Así que mañana tendremos que madrugar, chicas.
—¡Sí! —me respondieron ambas.
Y nos fuimos a la clínica.
Perspectiva de Inuyasha
—¡Miroku, ya date prisa! Yo ya me voy.
—Ya voy, solo un segundo... Listo, vamos.
Caminamos hacia el ascensor, y apreté el botón del primer piso.
—Inuyasha, ¿sabes dónde anda Sesshomaru? No apareció en todo el día. Se supone que solo fue a buscar a Shippo al colegio.
—Ni idea, y no es algo que me importe en estos momentos, ¿sabes?
—Oye, Inuyasha...
—¿Qué? —dije mientras las puertas se abrían y salíamos a la calle para entrar a mi auto. Ya los dos dentro, Miroku me vuelve a hablar y yo arranco el auto hacia la clínica.
—Inuyasha, no sé si yo me estoy equivocando, pero veo a tu hermano como muy cerca de la señorita Rin.
—¿Qué?
—Sí, bueno, es obvio que tú no te has dado cuenta, pero yo sí. Sesshomaru está todos los días en la clínica acompañando a la señorita Rin. ¿No lo has notado?
—Tal vez ya son amigos y Sesshomaru solo la ve como eso.
—No sé, Inuyasha, no me creo que él solo la vea como amiga. A ver, dime, ¿Cuándo has visto que él se comporte así con una mujer? Ni siquiera con la señorita Endo se comportaba así. Y, por cierto, hablando de ella, tu hermano ya no la ve.
—Ni idea. No sé, pero tienes razón. Él jamás se ha comportado tan atento con una mujer. Y tampoco sé nada de Endo; lo último que supe fue que dejó de verla porque se estaba volviendo muy posesiva con la relación que tenían.
—Ah, ya veo —susurró Miroku.
Después quedamos en silencio hasta que llegamos a la clínica. Apagué el auto y entré. Me encontré con Sesshomaru y Rin.
—Hola, ¿Cómo sigue Kagome y los demás?
—A Kagome le están haciendo unos análisis, por eso aún no se puede ir a verla. Izayoi fue al aeropuerto, hoy llega nuestro padre de su viaje, y se llevó a Shippo con ella. Naraku se llevó al templo a la señora Naomi, a su abuelo, a la abuela Kaede y al pequeño Sota, pero ya tienen que venir en camino —me respondió Sesshomaru.
Pero yo levanté una ceja al ver a mi hermano muy cerca de Rin, y él me fulminó con la mirada.
—¿Cómo va todo? —escuché una voz detrás de mí. Me di la vuelta y era Kikyo, junto con Koshó y Asuka.
—Todo igual, Kikyo —le respondió Rin.
Yo caminé unos metros más lejos de ella; no quería problemas.
—Inuyasha, ¿no has hablado con la señorita Kikyo este mes? —me susurró Miroku a mi lado.
—Sí, lo intenté, pero ella me evita, y la mayoría de las veces está con Naraku, por lo tanto, no me acerco para no tener problemas.
—Entiendo —me susurró, sentándose a mi lado.
Y justo en eso llegó Naraku; el solo me miró enojado, pero no dijo nada y saludó a los demás. Los minutos pasaron, y el doctor King salió a hablar con nosotros. Me levanté y me acerqué a él.
—¿Cómo sigue Kagome, doctor?
—Sigue igual, señor Taisho. No ha mejorado, pero tampoco ha empeorado. Hay que tener fe en que en algún momento pueda abrir los ojos.
—¿Puedo verla?
—Claro, de uno en uno, por favor.
Asentí con la cabeza y entré, sin importarme que Naraku se quedara discutiendo por qué yo era el primero en entrar al cuarto. Ahí estaba ella, durmiendo tranquilamente. Caminé hacia ella y le di un beso en la frente.
—Hola, otra vez, pequeña.
Me senté en la silla y tomé sus manos.
—¿Sabes? Hablamos con el doctor, pero sigues igual, cariño. Kag, por lo que más quieras, ya despierta. Me estoy volviendo loco sin ver tus hermosos ojos, tu sonrisa. Necesito que despiertes ya, cariño... ¿Es que acaso tú no me amas como yo te amo? No me puedes dejar solo, pequeña, no puedes. Hay mucha gente que te ama, que te quiere, ¿sabes? Este mes no solo hemos venido nosotros a verte, también mucha gente importante con los que trabajas; muchos de ellos son socios nuestros. Todos queremos que la gran abogada, la mejor de Japón, abra sus hermosos ojos color chocolate. Kagome... —susurré, y una lágrima se me escapó de los ojos—. Te necesito tanto, Kag, tanto. La vida ya no significa nada si tú no estás conmigo —susurré, para luego cerrar los ojos y dejar que una vez más mis lágrimas salieran mientras sostenía su mano.
—Inuyasha...
Escuché a Sango detrás de mí.
—Sí —dije, mientras me limpiaba las lágrimas.
—Inuyasha, los demás igual quieren ver a Kag. Perdón por venir a molestarte, pero...
—No te preocupes, Sango, lo sé —le sonreí a Kagome para después levantarme y darle un beso en la frente.
Me di la vuelta para ver a Sango.
—Lo sé. Sé que hay mucha gente que quiere mucho a Kag y también quieren verla.
Caminé hacia la salida, pero me detuve y miré a Sango.
—Sango...
—¿Sí?
—Perdón.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Por todo lo que pasó con todos nosotros. Sé que tú también saliste lastimada con todo esto, y me alegra que ahora estés con Miroku y puedan ser muy felices.
Ella me sonrió.
—No, Inuyasha, no tienes que pedirme perdón. De hecho, creo que la que tiene que pedir perdón soy yo.
—No digas eso, Sango.
—Inuyasha, olvidemos todo, ¿vale? Tratemos de que las cosas mejoren para todos. Ya me di cuenta de que amas a Kag, y ella a ti, así como yo amo a Miroku y él a mí. Sé que no es fácil, pero tampoco imposible. Sin rencores, y amigos —me extendió la mano.
Yo la tomé.
—Sin rencores, y amigos —le respondí, devolviéndole la sonrisa.
—Bien, voy afuera para que pase otro a ver a Kag, ¿vale?
—Ok.
Salí de la sala y caminé hacia donde estaban los demás.
Perspectiva de Sango
Caminé hacia Kagome y le sonreí.
—Amiga, este chico te ama de verdad. Por favor, ya despierta. Él y todos te necesitamos —susurré, mientras arreglaba el suero y las máquinas empezaeon a sonar
Piii... piii... piii...
Miré la máquina, y los latidos empezaron a moverse más rápido. Volví a mirar a Kagome, y la máquina seguía igual.
Piii... piii... piii...
Presioné el botón de emergencia.
—¡Rápido, el doctor King! ¡Es una emergencia!
Perspectiva de Inuyasha
Llegué con los demás y les hablé.
—¿Quién pasa ahora?
Kikyo se levantó de la silla, pero el altavoz nos alertó a todos.
—Doctor King, urgente en el cuarto 20. Es una emergencia en el cuarto 20. Repito, es urgente en el cuarto 20.
—¡Kagome! —pensé y corrí hacia la sala, pero unos enfermeros me detuvieron.
—Señor, no puede pasar.
—¡Déjenme!
—Inuyasha, cálmate —me sujetó Sesshomaru.
—¡No, no puedo! A Kagome le pasó algo, estoy seguro.
—No arreglarás nada si te pones así. Cálmate y espera a que salga el doctor.
—¡Maldición! —grité, golpeando la pared con el puño.
No fui el único, ya que Naraku también descargaba su frustración contra la pared, pero enseguida abrazó a Kikyo porque ella entró en una crisis. Caminé como un león enjaulado de un lado al otro.
—¿Por qué se tardan tanto? ¿Dónde está Sango? —grité, sintiendo el pánico en mi corazón—. Kagome, por favor, no me dejes. Te lo ruego, no me dejes.
Justo en ese momento, las puertas de la sala se abrieron de par en par. Una agitada Sango corría hacia nosotros; al vernos, intentó hablar.
—¿Kagome? —pregunté, acercándome a ella.
Pero Sango estaba tomando aire después de correr.
—Habla, Sango.
—Kag... Kagome... ella... ella ha despertado.
—¿Qué? —Mi corazón volvió a latir con fuerza.
Tomé a Sango por los hombros para que me lo repitiera.
—Repíteme lo que dijiste.
Sango comenzó a llorar, pero esta vez de felicidad.
—¡Kagome, nuestra Kagome, ha despertado, Inuyasha! ¡Ha despertado!
La solté y caminé hacia su cuarto, pero Sango me detuvo.
—No, espera. Aún no se puede pasar. El doctor está verificando que todo esté bien. Por favor, sean pacientes; pronto podrán verla.
No dije nada, solo asentí. Miré a los demás hacer lo mismo. Miroku abrazó a Sango, y ella le correspondió, llorando de felicidad. Sin embargo, se separó un momento para hacer una llamada.
—Tengo que decirle a la tía Naomi —dijo, y comenzó a marcar.
Miroku se acercó a mí y me abrazó.
—Te lo dije, hermano, la fe es lo último que se pierde. La señorita Kagome ha despertado del coma.
—Sí, ha despertado. Mi Kagome ha despertado —dije, con una sonrisa. La primera sonrisa de felicidad después de un mes.
Miroku me dejó ahí y volvió con Sango. Mi corazón volvió a latir después del mes más doloroso de mi vida. Volvió a latir porque ella, mi Kagome, despertó del coma.
Vi al doctor salir y todos corrimos hacia él.
—¿Cómo está? —preguntamos al unísono.
—Vaya, veo que Sango ya les ha contado la noticia. Ella está bien, y ya pueden ir a verla, pero si me prometen que no la agotarán demasiado, los dejaré pasar todos juntos. Si no, tendrán que entrar uno por uno, ¿de acuerdo? ¿Me prometen que se comportarán?
—Lo prometemos.
—Bien. Sango, tú te haces cargo, ¿sí?
—Sí, doctor King, yo me hago cargo.
—Bien, ya pueden verla. Pasen.
No perdí ni un segundo más. Corrí a su cuarto, y al entrar, ahí la vi, despierta, aún acostada, pero despierta.
—Inuyasha —susurró.
—¡Kagome! —Caminé hacia ella y la besé.
La besé con tanto amor, besé sus labios, sus mejillas, su frente... besé toda su cara, aguantando las lágrimas de felicidad.
—Kagome, has vuelto, pequeña mía. Has vuelto a mí.
—Inu... Inuyasha, el doctor me explicó lo que pasó. Perdón por asustarte de esta manera.
—Shhh... Ya, ya pasó, Kag. Lo único que me importa ahora es que estás aquí conmigo. Prométeme que jamás me dejarás otra vez. Prométemelo.
—Te lo prometo, Inuyasha.
—Kagome... —Y la besé una vez más.
Perspectiva de Kagome
No podía creer que estuve un mes en coma, y ahora sentir los labios de Inuyasha era como estar en la gloria.
—Kagome.
Escuché que entraban al cuarto y me separé de Inuyasha para ver a Rin, Naraku, Koshó, Asuka, Sango y también a dos personas más, a quienes reconocí inmediatamente: eran el mejor amigo de Inuyasha, Miroku, y su hermano Sesshomaru.
—¡Kag, te extrañé tanto! —Rin me abrazó con tanto cariño que chillé un poco.
—Shh… Perdón, perdón, ¿te lastimé?
—No, Rin, no te preocupes, estoy bien, solo algo incómoda de estar acostada. Sango, ¿esto se puede mover para estar sentada?
—Claro, amiga —me dijo Sango mientras se acercaba. Rin se movió, y cuando Sango estuvo a mi lado, me abrazó y comenzó a llorar.
—Kagome, te eché tanto de menos…
—Shhh, ya, Sango, estoy bien. Ya estoy otra vez con ustedes, ya no llores, amiga.
—Sí, ya estás otra vez con nosotras, amiga —me sonrió, y yo le devolví la sonrisa.
Sango movió la cama y pude quedarme sentada, siendo abrazada por Inuyasha.
—Kag, amiga…
Ahora fueron Koshó y Asuka las que me abrazaron, llorando desconsoladamente.
—Chicas, ya no lloren, estoy bien, pero si no me sueltan un poco me voy a morir asfixiada.
Y todos rieron.
—Prima… —levanté la mirada para ver a Naraku.
—Hola —le sonreí, y las chicas se hicieron a un lado para que Naraku pasara y me abrazara.
—Kagome, casi me matas de un infarto todo este mes.
—Perdón, Naraku.
—Shh, ya pasó, gracias a Dios que ya estás de vuelta con nosotros, prima. La tía Naomi, los abuelos y Sota ya vienen en camino, Kag.
—¿Cómo están ellos?
—No te preocupes, están bien, y ahora más que nunca al saber que has despertado.
—Gracias a Dios… —solté mi preocupación por mi familia.
—Hola, señorita Kagome.
Miré al frente para ver al chico.
—¿Usted es el joven Miroku, verdad?
—Solo dígame Miroku, señorita Kagome. Me alegra tanto ver que este bien.
—Muchas gracias, Miroku, pero por favor, solo dígame Kagome, ¿sí?
—Como digas, Kagome.
—Hola, soy Sesshomaru Taisho, el hermano mayor de Inuyasha. Me alegra que se haya recuperado, abogada Higurashi. Mis mejores deseos para usted.
—Gracias, señor Sesshomaru Taisho.
—Por favor, solo dígame Sesshomaru.
—¿si usted también me habla de tú?
—Está bien, Kagome.
—Pequeña, ¿no te sientes cansada? ¿Necesitas que te traiga algo?
—No, Inuyasha, gracias, estoy bien —dije mientras mi vista recorría todo el cuarto—. ¿Dónde está Kikyo? Ella estaba ahí el día del accidente, casi la atropellan… ¿Dónde está? ¿Está bien? —dije, preocupada.
—No te preocupes, Kag, Kikyo está bien. Ella venía con nosotros. ¿Dónde está? —preguntó Rin.
—Yo voy a buscarla, ya vuelvo —me habló Naraku antes de salir del cuarto.
—¿Kikyo está aquí? —susurré.
—Sí, Kagome. Kikyo no se ha separado de ti ni un solo segundo. Ha estado contigo día y noche —me respondió Sango.
—¿De verdad? ¿Kikyo ha estado todo este tiempo aquí?
—Así es, pequeña, Kikyo no te ha dejado ni un segundo desde el accidente. Ella, al igual que todos nosotros, te hemos cuidado.
—¿Kikyo hizo eso…? —y todos asintieron con la cabeza. —¿Entonces por qué no está aquí conmigo? —susurré con los ojos cristalinos.
—No, pequeña, no llores. Mira, tu primo fue por ella. Tal vez tuvo que quedarse hablando con el doctor o tal vez quiera verte a solas. Si es así, te prometo que las dejaremos hablar a solas, ¿verdad, muchachos?
—Sí, Kag. Inuyasha tal vez tenga razón, Kikyo a lo mejor quiere verte a solas.
—Tal vez… —dije con voz apagada.
—Hija…
Levanté la cabeza y vi a mi madre.
—¡Mamá!
—Oh, hija…
Inuyasha se levantó para darle el lugar a mi madre.
—¡Mamá!
—Mi niña, has vuelto —y me abrazó.
—Hermana… —sentí las manos de Sota a mi lado y a mis abuelos también ahí.
—Creo que es mejor salir, somos muchos —habló Sesshomaru, caminando hacia la puerta—. Fue un placer conocerte, Kagome, y deseo que te recuperes pronto.
—Gracias, Sesshomaru.
—Lo mismo digo, Kagome, mejórate pronto.
—Gracias, Miroku.
Y vi cómo todos salieron del cuarto. Solo se quedó mi familia e Inuyasha.
—Pequeña, voy a estar afuera de la puerta para que estés con tu familia, ¿sí?
—Gracias, Inuyasha —y le regalé una sonrisa.
Y él me la devolvió antes de salir del cuarto.
—Hija, ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? ¿Sientes algo raro? ¿Quieres que llame al doctor o a Sango? Dime, hija.
—Mamá, estoy bien, de verdad, no te preocupes.
—Hija, nos asustaste mucho.
—Perdón, abuelos, no fue mi intención.
—Lo sabemos, mi niña. Tú salvaste a tu hermana, y Dios te bendijo trayéndote de vuelta a nosotros —me dijo mi abuelita Kaede con lágrimas en los ojos.
—Abuelita, no llore. Estoy bien, ya, no pensemos en cosas malas, ¿sí?
—Sí, mi niña, tienes razón, hay que darle gracias a los dioses por tenerte aquí.
—Hermana, no me dejes nunca, ¿sí?, nunca.
—Shhh, Sota, mi pequeño. Perdóname por haberte hecho sufrir todo este tiempo.
—Prométeme que no me dejarás otra vez, hermana.
—Te lo prometo, mi niño.
Y le di un abrazo a mi pequeño.
Perspectiva de Kikyo
Mi corazón dio un salto de felicidad.
—¡Kagome despertó! Oh, gracias, Dios, por escuchar mis plegarias.— susurré. Iba a ir al cuarto, pero escuché que Sango dijo que el doctor la estaba revisando, así que me quedé allí, como todos, esperando.
Después de no sé cuánto tiempo de espera, que fue una tortura, el doctor King salió a decirnos que todo estaba bien y que podíamos entrar todos a verla. Caminé con el resto de las personas. Cuando llegué a la puerta, no pude entrar. Vi cómo todos entraban, y yo me quedé afuera, escondida detrás de la puerta.
Pude ver cómo todos abrazaban a Kagome, y yo quería hacer lo mismo. Me moría de ganas de abrazarla y decirle cuánto la quiero, pero ¿con qué cara lo iba a hacer? ¿Cómo me iba a poner frente a ella para abrazarla después de que fue mi culpa que ella estuviera en coma por un mes? Gracias a Dios no fue más tiempo o, peor aún, que la hubiera perdido para siempre.
¿Cómo la iba a ver a la cara después de mi comportamiento con ella? Es que no merezco estar a su lado; solo le traigo sufrimiento a mi hermana.
Con una sonrisa triste, pero feliz de que ella esté despierta, la vi rodeada de todos, incluso de Inuyasha, que la tenía abrazada en todo momento.
Me separé de la puerta y decidí irme. Era lo mejor; no tenía cara para verla a los ojos. Ella estaba bien con los demás y con Inuyasha, que se ve que la ama sinceramente. Con eso en mente, me fui de la clínica a mi trabajo.
Caminé hacia la salida y estaba por subirme a mi auto cuando sentí que alguien me sujetaba del brazo. Me di la vuelta, y era Naraku.
—Kikyo, ¿Qué haces? ¿Por qué te vas?
—Naraku, yo... yo no tengo cara para verla. No puedo, se me cae la cara de vergüenza.
Sentí cómo él me abrazaba, y dejé escapar mi llanto.
—Shhh, Kikyo, ¿sabes lo feliz que se pondría Kagome si te viera ahí adentro?
—Lo sé, pero no tengo cara, Naraku. Por mi culpa ella estuvo así, y le doy gracias a Dios de que ya despertó. Pero aún así, eso no me salva de mi culpa.
—Kikyo —me interrumpió severo—, ya basta. Nadie tiene la culpa de esto. Y aunque no me gusta decirlo, tampoco la tiene el idiota de Taisho. Claro, él aún es culpable por lo que te hizo, pero del resto creo que nadie tiene la culpa. Kikyo, ya deja de castigarte así. Kagome, tu mejor amiga, tu hermana, estuvo una vez a punto de suicidarse, y después tuvo un accidente. Casi la pierdes en dos ocasiones. ¿Quieres que haya una tercera?
—No, claro que no.
—Entonces, vamos adentro para que la veas.
—Naraku, ahora no puedo. Por favor, no tengo la valentía para hacerlo, por favor.
Él soltó un suspiro de resignación, y eso me dolía aún más.
—Está bien, Kikyo, no te puedo obligar, pero me iré contigo; tampoco quiero dejarte sola. Voy a llamar a Sango para decirle lo que pasa y que le diga a Kagome, porque tampoco me parece justo que ella piense que no la quieres ver o que la odias, si es todo lo contrario, ¿vale?
—Sí, está bien, gracias —susurré, bajando la mirada.
—Bien, vamos, entremos al auto. Le marco a Sango desde ahí.
Asentí y nos subimos a mi auto. Le pasé las llaves, y él entendió; encendió el auto y nos fuimos. Vi cómo le marcaba a Sango por teléfono.
Perspectiva de Sango
—Sí, papá, los estaré esperando. Nos vemos.
Colgué la llamada con una sonrisa.
—¿Con quién hablabas, amor?
Me di la vuelta para sonreír a Miroku.
—Con mi papá. Le dije que Kagome ya despertó del coma, y él me dijo que mañana regresa a Tokio con mi hermano Kohaku. El pobre sufrió mucho al estar separado en estos momentos de Sota; ellos se llevan como hermanos. Pero mi padre no pudo llegar a Japón en todo este mes por su compadre, que estaba en riesgo de vida. Sin embargo, él ya está mejor, y por eso mañana estarán aquí.
—Sanguito, me alegro de que todo haya salido bien. Entonces, eso quiere decir que muy pronto conoceré a mi suegro y a mi cuñadito.
Me sonrojé por su comentario, pero aún así sonreí para besarlo.
—Te amo, Miroku.
—Y yo a ti, mi Sanguito.
Justo en ese momento, mi teléfono sonó. Vi la pantalla, y era Naraku.
—¿Naraku? ¿Qué pasó?
—Sango, ¿puedes decirle a Kagome que Kikyo desea con todo el alma verla, pero no se siente bien emocionalmente en este momento para hacerlo?
—¿Le pasó algo?
—No, solo que se siente culpable por lo que pasó y por eso no se atreve a ver a Kagome en estos momentos. Por favor, aclárale todo esto.
—No te preocupes, yo le digo ahora mismo. Cuídala, ¿sí?
—Claro. Cualquier cosa, me llamas, ¿sí?
—Sí. —Colgué.
—¿Pasó algo malo, Sango?
—No, Miroku, es solo que Kikyo se siente culpable y no se atreve a ver a Kagome. Uff, ¿Cuándo va a terminar todo esto?
—Ya, Sango, no te estreses, amor. Todo va a salir bien. Mira, ya Kikyo perdonó a Kagome; solo falta un empujoncito más y ya.
—Sí, tienes razón. Vamos con Kagome para hablar con ella, ¿sí?
—Sí, vamos.
Perspectiva de Kagome
—¿Hija, segura que estás bien?
—Sí, mamá, ya no se preocupen.
—Hija, es mejor que dejemos que Kagome descanse para que pronto le den de alta, ¿sí?
—Sí, tienes razón, Kaede. ¡Oh, mi niña! Te quiero tanto.
—Y yo a ustedes, mamá —respondí, abrazándola una vez más y después a los demás—.
—Adiós, hija.
—Adiós, abuelos.
—Adiós, hermana.
—Adiós, mi niño hermoso.
Todos caminaron hacia la puerta y salieron, pero enseguida vi a Inuyasha entrar.
—Te la encargo, cuñado —le habló Sota.
Él le sonrió.
—Con mi vida, Sota. No te preocupes.
Me sonrojé hasta las orejas; mis abuelos estaban ahí con mi madre, pero al ver la escena, solo rieron y se fueron. Inuyasha cerró la puerta y caminó hacia mí.
—¿Todo bien, linda?
—Sí… —susurré.
—Pequeña, estás triste, ¿verdad?
—No puedo mentirte, ¿verdad?
—No, no puedes. Es por Kikyo, ¿cierto?
Solté un suspiro y lo miré a los ojos.
—Inuyasha, yo… antes del accidente hablé con tu mamá.
Vi que sonreía, dándome a entender que su madre le había hablado de nuestra charla.
—Tu mamá ya te lo dijo, ¿verdad?
—Sí, Kag. Ella ya me lo dijo y espero que no te retractes, porque yo no pienso dejarte ir.
Sonreí, tomando su mano.
—No, Inuyasha. No pienso retractarme… al menos que tú no quieras estar conmigo.
—Estás loca si piensas que te dejaré escapar tan fácilmente. Después de haber sufrido un mes por ti, jamás te dejaré, Kagome Higurashi, ¿me oyes? ¡Jamás!
Sonrió y, sin esperar su reacción, me besó. Y yo feliz le correspondí.
—Te amo, pequeña.
—Y yo a ti, Inuyasha. Te amo con toda mi vida.
Nos separamos del beso y él acarició mi rostro.
—Aún veo tristeza en tus ojos, Kag.
Evadí su mirada y susurré:
—¿Por qué no viene, Inuyasha? ¿Por qué no viene a verme Kikyo? —dije con la voz quebrada.
—Yo puedo responderte eso, Kag.
Escuché la voz de Sango en la puerta.
—¿Se puede?
—Sí, adelante —dije, y ella entró con Miroku.
—Amiga, quiero que sepas que Kikyo no se separó de ti ni un solo segundo. Ella sufrió mucho por verte en coma, y no hubo manera de quitarle de la cabeza que no era culpable. Se culpó en todo momento. Cuando supo que despertaste, venía con nosotros, pero se quedó afuera porque no tuvo la valentía de verte a la cara. Kag, Kikyo se siente mal porque se siente culpable. Por eso se fue del hospital; Naraku la acompañó. Amiga, Kikyo te quiere, te quiere mucho y te perdonó hace mucho tiempo. Solo se siente culpable. Dale tiempo, Kag; tal vez mañana venga a verte —me dijo con una sonrisa.
Yo le devolví la sonrisa, ya un poco más tranquila.
Kikyo me quiere, aún me quiere.
Pensé con mucha felicidad. Miré a Sango y levanté una ceja al verla siendo abrazada por la cintura por Miroku.
—¿Me perdí de algo? —dije, mirando a la pareja.
Sango se sonrojó y se separó de Miroku para caminar hacia mí y sentarse en la cama.
—Kag, hay muchas cosas que tengo que contarte, pero ya tendremos tiempo para eso. Por ahora, lo que puedo decirte es que Miroku y yo estamos juntos.
—¿De verdad, Sango? ¡Wow! Me alegro por ti… o sea, por los dos —dije, abrazándola.
—Gracias, amiga.
—Pequeña, ¿por qué no les das la noticia?
—¿Qué noticia? —preguntó Rin, entrando por la puerta con Koshó y Asuka.
—Sí, Kag, ¿Qué noticia? —preguntó Sango.
Miré a las chicas y después a Inuyasha.
—Chicas, quiero decirles que Inuyasha y yo, desde hace ya cinco minutos… estamos saliendo.
—¡¿De verdad?! —exclamó Rin, corriendo hacia mí para abrazarme. —Muchas felicidades, amiga… también para ti, Inuyasha.
—Gracias, Rin —dijo Inuyasha.
—Chicas, ¿de verdad están felices? —pregunté con preocupación.
—Claro que sí, Kag. Yo estoy feliz —me dijo Rin.
—Yo también estoy feliz por ustedes, Kag. Ya hablé con Inuyasha, e… incluso ya somos amigos, ¿verdad?
—Así es, Sango.
—¿De verdad? —dije sorprendida.
—Sí, amiga. Tenemos que hablar de muchas cosas cuando salgas de la clínica.
Miré a Koshó y Asuka, y ellas me sonrieron.
—No te preocupes, Kag. Nosotras nos dimos cuenta de que Inuyasha realmente te ama. Este mes fue más que suficiente para darnos cuenta de eso, y también estamos felices de que estén juntos.
—Chicas… —susurré, feliz de que ellas aceptaran a Inuyasha.
—Pero… —dijo Asuka, cruzándose de brazos, y yo me tensé.
—Dime, Kag, ¿Inuyasha te pidió oficialmente que seas su novia?
—Eh… pues…
—No lo hizo —y todas miraron a Inuyasha con ojos acusadores.
—Lo iba a hacer en un momento especial, pero ya qué… —suspiró Inuyasha, mirándome y tomando mis manos—. Kagome, ¿quieres ser mi novia?
Sonreí con cariño para responder.
—Sí, Inuyasha, quiero ser tu novia —y él me besó.
Todos aplaudieron a nuestro alrededor, y yo me sonrojé, escondiendo mi cabeza en el pecho de Inuyasha.
—¡Que vivan los novios! —gritó Rin, emocionada.
Miré a Rin feliz, pero algo hizo clic en mi mente.
—Un mes en coma… hace un mes… —murmuré, mirando a Rin y le pregunté—. ¿Rin, ya pasó tu cumpleaños o aún no?
Ella me sonrió para responder.
—Es hoy, Kag. Hoy es el día de mi cumpleaños.
Todas las chicas se quedaron en silencio.
—Rin, perdón, no lo recordamos —dijo Sango, apenada.
—Oh, vamos, chicas, no pasa nada. Hoy pedí un deseo y se cumplió. Pedí que Kagome abriera sus ojos y mi deseo se cumplió; estoy muy feliz por eso. No se preocupen, chicas, de verdad.
Todas abrazaron a Rin por su cumpleaños.
—¡Feliz cumpleaños, Riiiin! —gritaron todas. Después la felicitaron también Miroku e Inuyasha.
Rin se acercó a mí para abrazarme.
—Feliz cumpleaños, amiga.
—Gracias, Kag.
—Rin, ¿y cómo pediste el deseo, en una vela o algo? —dije con curiosidad.
Vi un sonrojo en sus mejillas que me dejó aún más dudosa.
—Oh, no, solo se lo pedí a los dioses —me respondió, para caminar hacia los demás. —Kag, Sesshomaru te manda saludos. Él ya se fue; tuvo que ir a ver a su padre, que llegaba hoy.
—Ok, gracias —dije con una sonrisa, mientras Inuyasha me abrazaba.
Me quedé pensando: Solo me falta mi hermana para ser completamente feliz. Le sonreí a los demás y a Inuyasha, mi novio.
Continuará...
Si llegaron hasta aquí, muchas gracias. El crédito de la ortografía es para la bella autora Cbt1996. ¡Gracias, linda!
