Cbt1996: hola linda. Como dice el dicho: "Es viernes y el cuerpo lo sabe" y ya nos hacían falta los días de chicas que tanto amo de este grupo, y ahora se le suma los viernes de chicos porque es un hecho, ellos también tienen su día de a partir de ahora.
Las cenas, pues ya las leíste mija y cada cena tuvo lo suyo jijiji. Y el clima esta hermoso, no pidas tormentas porque no hay jajaj saludos linda.
Kayla Lynnet: hola linda. Siiii ya todos están felices. Se los dije, ténganme fe por dios. Yo también necesito chicas para la limpieza, ¿no le sobrara alguno por ahí a Inuyasha? jajaj
El bautizo de Miroku, ese pervertido deja su marca en todos lados.
Rin ya espera feliz su cita, ¿por que? mmmm sorpresa, y Toga, ese hombre no se le va ni una, este es zorro viejo jajaj
Al fin los viernes de chicas y ahora los viernes de chicos se marcan sagrados para ambos jajaja. El detallito de lo grande jajaj dios necesito ese detallito en mis manos, ok no mentira jajajaj ¿lo ves? si fue un cap bonito, yo no pongo sueños y desilusionó a las personas jaja saludos linda.
Karri taisho: hola linda, ¿Cómo estas? ojalá que bien, este cap te lo dedico con mucho cariño mi bella, ojala te guste.
Y respondieron a tu reviews: Naomi esta que no se cambia por nadie y ¿Quién no? si las mikos sexys volvieron a ser amigas/hermanas
Sesshomaru ama el trabajo pero no a socios flojos que estén a su lado, este hombre tiene ojos por todos lados jajaj y la maestra Rin ya le toco su corazón frio y tierno a la vez.
Sango, si no lo conto antes pues ya se dieron cuenta por la llamada jajaja. Toga sabe lo que sus hijos provocan en las mujeres y ¿Cómo no? si el es un pedazo de hombre jajaja y conoce muy bien a sus cachorros jaja.
Vamos a ver Netflix naaa si claro, a Inuyasha lo echaron con todos y amigo afuera del departamento jajaja. Me temo desilusionar bella, pero mi tierna Rin no es virgen, así como ninguna de las chicas ese auto, ya tuvo una carrera jjajaja.
Esa paliza de sango en el pool a Sesshomaru va venir linda, si q si. Saludos bella
Guest: hola linda. Muchas gracias, me alegra que te hayas gustado, saludos linda.
Annie Pérez: hola linda. Me alegra que te haya gustado linda, y claro que ahora vienen cap bonitos, tenme fe bella, saludos.
Y como dije, este capítulo va dedicando a mi querida amiga, Karri Taisho. Cuídate mucho linda, besos.
Capítulo 33
Las cenas
Perspectiva de Kagome
Me miré en el espejo de cuerpo completo para ver si mi vestido lila me quedaba bien. Era un vestido que me llegaba casi a las rodillas, de tirantes, con un escote muy pequeño y unos zapatos de terraplén del mismo color. Me hice un moño con una orquídea, dejando solo mi flequillo suelto. Me apliqué un maquillaje muy ligero, un poco de perfume, y listo. Me miré por última vez y salí de mi cuarto para bajar con los demás. Había decidido venir al templo para cambiarme y así no se me hiciera tarde. Caminé por las escaleras y llegué a la sala.
—Mamá, ¿aún no llegan?
—No, cariño, ya relájate. Actúas como si fueras a ver a los padres de Inuyasha por primera vez.
—Eh... sí, claro —le dije, tratando de relajarme un poco. Mamá tenía razón: no era la primera vez que los veía, pero sí era la primera cena todos juntos, y eso me ponía algo nerviosa, o más bien inquieta.
—Hermana.
Puse la mirada en mi pequeño hermano.
—Dime, Sota.
—Kag, no te pongas nerviosa. Eres la mejor abogada del mundo. Nada te sale mal ni te pones nerviosa. Esta noche también será así, ya verás.
Le regalé una sonrisa y lo abracé después.
—Y yo tengo al mejor hermano del mundo. Muchas gracias por tus palabras, cariño.
—De nada, solo dije la verdad.
—¡Huy, sí eres tan tierno! —le dije mientras le apretaba los cachetes.
—¡Hermana, no hagas eso!
—¡Pero si es lindo! —le respondí.
Justo en ese momento, el timbre sonó y me enderecé.
—¡Mamá, ya llegaron!
—Pues, ¿Qué esperas, cariño? Ve a abrir la puerta. Kaede iba a venir con ellos, ¿verdad, hija?
—Sí, mamá —le dije, y fui a abrir la puerta.
Cuando la abrí, la primera que vi fue a la señora Izayoi.
—Hola, pasen, por favor.
—Hola, querida. Gracias.— me respondió para saludarme, al igual que el señor Inu no Taisho.
—Hola, hija.
—Hola, señor.
—Vamos, ¿en qué quedamos? Dime Toga, nada más, linda.
—Ok, Toga.
—Así está mejor —me sonrió antes de saludarme.
—Hola, hija.
—Hola, abuelita Kaede —caminé hacia ella y la abracé—. ¿Cómo está?
—Ahora, muy bien, linda.
—¡Kagome!
—¡Shippō!— me agache para abrazarlo
—¡Kag, te extraño mucho cuando no te veo! Inuyasha es un egoísta por no compartirte conmigo.
—¡Oye, enano, eso no es cierto! —habló Inuyasha mientras entraba a la casa.
Me levanté para saludarlo.
—Hola, Inuyasha.
—Hola, Kag —me respondió antes de besar mi mejilla y entregarme un ramo de rosas rojas—. Ten, amor, son para ti. Este otro ramo es para tu mamá.
—¡Qué lindo detalle, amor! Muchas gracias.
—¿Se van a quedar toda la noche ahí o nos van a acompañar? —habló el señor Toga detrás de mí, mientras todos se reían.
Me sonrojé porque, por un segundo, me había olvidado de ellos.
—No, claro que no —solté una risita nerviosa, cerré la puerta y los acompañé hacia la sala.
Cuando llegamos, la familia Taisho saludó a la mía. Como era obvio, Sota y Shippō se olvidaron de nosotros y se fueron al sillón a jugar.
—Señora Naomi, son para usted —dijo Inuyasha, entregándole las flores a mi madre.
—¡Oh, qué lindo detalle, cariño! No debiste haberte molestado.
—Fue un placer.
—Cuñado...
—¿Eh? Dime, Sota.
—No me lo tomes a mal, pero lo hago para salvar tu vida: a mi hermana y a mi madre no les gustan las flores cortadas. Ellas piensan que, al cortarlas, les quitas la vida.
—¿¡Eh!? —exclamó Inuyasha, confundido.
—¡Sota, no hables así! —lo regañé.
—Perdón, pero tú siempre me regañas cuando juego cerca de alguna de tus rosas.
—Sí, pero no es para que lo digas de esa manera.
—Lo sé. Y lo Repito, no lo dije en mal plan; solo lo hago para ayudar a mi cuñado en el futuro.
—Lo tendré en cuenta, Sota. Y perdón, no sabía sobre las flores —respondió Inuyasha.
—No te preocupes, Inu. No pasa nada —le sonreí, algo avergonzada.
—A mí también me parece un daño cortarlas, cariño. Por cierto, el jardín del templo está tan hermoso con todas esas rosas que están plantadas —halagó Izayoi para cambiar el tema.
—Gracias, linda. Mi hija Kag fue la encargada de dejar así de lindo el templo desde que era una niña —respondió mi madre.
—¿De verdad, linda?
—Sí, Izayoi. A mí me gustan mucho las flores, pero principalmente las rosas. Las amo —confesé.
—Tendré ese detalle en cuenta para la próxima vez, Kagome. Así te regalaré mejor un macetero con una rosa dentro —dijo Inuyasha, y todos se rieron.
—Pues yo feliz de recibir ese regalo, Inu. Voy a dejar las flores en unos floreros para que pasemos a la mesa —dije, tomando el ramo de mi madre y el mío, mientras ellos se dirigían al comedor.
Puse los dos ramos en floreros, les eché agua y los dejé ahí, en el cajón. Luego fui al comedor a servir la cena. Los minutos pasaron en un abrir y cerrar de ojos entre charlas y anécdotas de trabajos, tanto en la empresa Taisho como en mis casos de abogada.
—Y eso fue lo que pasó. Al final todo fue un fraude donde engañaron a la señora, pero, por suerte, pude conseguir las pruebas suficientes para defenderla y que los verdaderos culpables vayan a prisión por unos buenos años —conté.
—¡Esa es mi nuera! No se le va una —dijo Inu no Taisho con orgullo.
Sonreí algo apenada por el halago.
—Gracias, pero solo hice lo que cualquier abogado haría.
—Claro que no, Kagome. Tu nombre como abogada es reconocido por mucha gente importante. Eso no es cualquier cosa, linda. Haces un excelente trabajo, y se nota que amas lo que haces —añadió Izayoi.
—Bueno, eso sí. Amo mucho lo que hago —admití con sinceridad.
—Mis padres tiene razón, Kag. Eres la mejor en lo que haces, y la mayoría de nuestros socios te conocen y te tienen en un altar, tal cual me lo dijo mi hermano Sesshomaru —agregó Inuyasha.
—¡Qué pena! Por favor, no sigan —dije, algo avergonzada por tantos halagos.
—Cariño, solo decimos la verdad. ¿Cierto, padre?
—Así es, hijo. Cuando mis socios sepan que mi nuera es nada más y nada menos que la gran abogada Kagome Higurashi, no me la van a creer —dijo Inu no Taisho.
Sonreí, algo roja para esas alturas.
—Por cierto, hijo, ¿Qué le ibas a preguntar a Naomi? —preguntó Izayoi, mirando a Inuyasha.
—Ah, yo... bueno, este... sí —miró a mi madre—. Señora Naomi, yo quería pedirle permiso para llamarla de usted o de suegra, como usted prefiera —dijo, haciendo una reverencia.
—Cariño, puedes llamarme como quieras: Naomi o suegra, como tú prefieras.
—Muchas gracias, Naomi.
—De nada, cariño.
—Señor, ¿puedo llamarlo abuelo? —preguntó Inuyasha a mi abuelo.
—Claro que sí, hijo. Y está de más decir que nuestra casa es tu casa también.
—Gracias, abuelo —respondió, haciendo otra reverencia.
No pude evitar sonreír ante tan linda escena frente a mí. Jamás olvidaré este día tan hermoso, pensé con cariño.
—Kag, hija, ¿por qué no vas por el postre?
—Ah, sí. Perdón, ya regreso.
Me levanté y fui por los postres. Cuando llegué, lo serví. Después me senté, rogando a todos los dioses que les gustara, porque fui yo quien lo hizo.
—Mmm, está exquisito —comentó Inu no Taisho.
—¿De verdad? —pregunté, algo incrédula.
—Sí, es muy rico —dijo ahora Shippo, halagando el pie de limón que preparé.
—Me alegra que les guste —respondí, ya más relajada.
—¿Ves, Izayoi? Te dije que mi hija hace unos postres exquisitos —dijo mi madre.
—¿Tú lo hiciste, Kag? —me preguntó Inuyasha a mi lado.
—Sí, Inu. Yo lo hice.
—Pues te quedó muy rico, amor.
—Gracias —le sonreí.
—Vas a ser una excelente esposa y madre, Kag. ¿Para cuándo la boda? —bromeó Inu no Taisho, haciendo que Inuyasha y yo nos atoráramos con el postre.
—¡Padre!
—¿Qué, hijo? ¿Acaso no piensan en boda?
—Aún es muy pronto —respondí, riendo nerviosa.
—Bueno, no más decía —respondió Inu no Taisho, y los demás se rieron.
Más tarde, cuando terminamos el postre, nos dirigimos a la sala para tomar el té, pero mi madre me habló:
—Hija, ¿por qué no vas con Inuyasha y le muestras el templo, cariño? También las hermosas rosas que tienes en el jardín.
—Eh, sí, como tú digas, mamá. ¿Quieres dar un paseo por el templo, Inu?
—Claro.
—Con permiso —dijimos ambos, haciendo una reverencia, antes de caminar hacia la puerta para salir.
Perspectiva de Inuyasha
Cuando ya estábamos fuera de la casa y lejos de los demás, la tomé por la cintura y la besé con hambre. Nos dejamos llevar un buen rato por aquel beso, hasta que nos faltó el aire y tuvimos que separarnos.
—¿Por qué no me hablaste antes sobre las rosas, amor?— le susurré, mordiendo su labio inferior y sintiendo como su cuerpo se estremecía entre mis brazos.
—Inu... Inuyasha, no es para tanto, amor, se me pasó, cariño.
—Mmm, está bien. —le susurré, volviendo a besarla y aprovechando para acariciar su cuerpo por encima de la ropa.
—Mmm, amor...
—Shh, me encanta besarte, Kag.
—Mi amor.— me susurró para separarse de mi y sonreírme.— Inuyasha, ya contrólate y, sobre todo, controla esas manos, nuestras familias están dentro de la casa.
—Tú lo has dicho, están dentro de la cas, no afuera, por lo tanto no nos pueden ver.— di un paso hacía ella con la intención de tomarla, pero ella se alejó riendo.— Kag, ven.
—No, porque si lo hago, esas manos van a estar atrevidas.
—Por favor amor, ¿tú crees que nuestras familias piensan que estamos sujetados de las manos mirando las estrellas?.
Por favor amor tu crees que nuestras familias piensan que estamos sujetados de las manos viendo las estrellas
—Si.— me dijo coquetamente para caminar lejos de mi.
Bien, si así quieres jugar.
Pensé. Dejé que se alejara un poco y, cuando estaba a unos cinco metros de distancia, corrí hacía ella y la cargué estilo nupcial. Ella ahogó un grito y comencé a correr lo más lejos posible de la casa.
—¡Inuyasha! ¡¿Qué haces?!
—Voy a hacerte ver las estrellas.
—Pervertido.
—Pero te encanta este pervertido.— le susurré sin detenerme. Ambos reímos, sintiéndonos como dos adolescentes que se escondían de sus padres.
Luego de unos momentos, llegamos a un lugar apartado que estaba cubierto de rosas. La baje con cuidado para abrazarla por detrás y quedarnos contemplando el paisaje.
—Vaya, si que te gustan las rosas, Kag.
—Si, las amo, son mi pasatiempo favorito. Es una lástima el no poder tener más de ellas en mi departamento, pero al menos las tengo aquí en el templo.
—Si quieres, puedo comprarte una casa y así podrías armar tu amado jardín de rosas, amor.
—Eres muy lindo, pero por el momento estoy bien como estoy... mmm, Inu...
—¿Si, amor?— pregunté mientras acariciaba su hombro desnudo.
—Amor, yo lo estuve pensando y, bueno... ¿Te parece bien si mañana mismo empaco mis cosas para irme a vivir contigo?.
Abrí los ojos enormemente para girarla frente a mi y mirarla a los ojos.
—¿Qué dijiste, Kag?.
—Eso, que acepto vivir contigo mañana mismo si así lo quieres, ¿O ya no quieres?.— preguntó algo dudosa.
Sonreí como un idiota, pero el idiota más feliz del mundo. La abracé con tanto amor que busqué su rostro para volver a besarla, pero esta vez fue mucho más apasionado. La cargué y caminé con ella hasta llegar a la pared, en donde la acorralé, asaltando sus labios con lujuria. Mis manos se movieron solas y una se coló por debajo de su vestido mientras otra masajeaba su ceno por encima de su ropa.
Nuestras lenguas se encontraron y fue una batalla apasionada en donde los dos queríamos tener el control. Soltamos un jadeo mientras yo apretaba su pecho exquisitamente y ella se colgaba de mi cuello. Mi otra mano llegó a sus bragas y la acaricié por encima-
—Mmm, amor, estas mojada por mi.
—Mm, cállate y bésame.
Sonreí para hacer caso a lo que ella me decía, pero al mismo tiempo metí mi mano por debajo de su ropa interior.
—Mmm, Kag, no aguanto más, tengo que hacerte mía.
—Mmm, Inuyasha, nuestras familia...
—Al carajo, quiero adentrarme en ti, por dios Kag, tú también te estas muriendo de ganas como yo, no puedes negarlo.
Ella me miró con sus ojos brillosos por el deseo y esquivó la mirada, observando hacía donde la había llevado.
—Se que es un pecado usar esto, pero yo tampoco aguanto más, Inu. Ven.— me tomó de la mano e ingresamos a un cuarto que parecía un templo o algo así. Ingresamos y todo estaba oscuro. Ella cerró la puerta, recostándose en ella y me miró.— Tendremos que hacerlo aquí parados y sólo tienes cinco minutos, Inuyasha.
—Sólo necesito tres minutos, amor.— sonreí, respondiéndole con la misma picardía.
Y me lancé hacía ella. Subí su vestido hasta la cintura y, con una rapidez enorme, me desabotoné el pantalón para sacar mi ya duro miembro y, con mi otra mano, corrí sus bragas y me adentré en ella. Los dos soltamos un jadeo mientras yo la tomaba por el trasero y la levantaba y ella me abrazó con sus piernas. Comencé a envestirla con toda mi lujuria, la cual me estaba quemando la sangre. Coloqué mi mano derecha en la pared para que ella no golpeara su espalda mientras entraba y salía de su interior de una manera tan exquisita que quería estar así toda la noche, pero sólo tenía cinco minutos. Profundicé mis estocadas para que ella llegara lo más pronto posible.
En ese cuarto, los jadeos cada vez se hacían más fuerte, pero no nos importaba. El deseo nos había ganado y sólo nos dejábamos llevar por el.
—Oh si... más Inu, más.
—Si, ya casi, amor... llegaremos juntos, lo prometo.— la embestí más rápido y las corrientes llegaron más rápido de lo que pensé, tal vez por la adrenalina y lo excitante que podía ser el hecho de que nos descubrieran.— Mmm, Kag, ¿estás lista, amor?.
—Si... ya viene...
—Déjalo salir, amor.
—¡Inuyasha!
Y ella se corrió justo en ese momento. Yo también me corrí como nunca antes lo había hecho, causando que un rugido saliera de mi, uno que hizo eco en todo el lugar. Pasaron los segundos y, con mucho cuidado, de mi bolsillo saqué un pañuelo para limpiar sus piernas y borrar el rastro de nuestras liberaciones. Luego, lo regresé a mi bolsillo y volví a besarla. Ambos nos separamos y sonreímos como dos niños que acababan de hacer una travesura.
—Te dije que sólo necesitaba tres minutos, amor.
—Espero que mañana, que ya estemos viviendo juntos, sean más de tres minutos.— me susurró, mordiéndose su labio, haciendo que un nuevo tirón se sintiera en mi entrepierna.
—Kag, si sigues de traviesa te haré el amor otra vez.
—No, Inu, ya no alcanzamos.
—¿Y si lo hago en dos minutos?.
—Ya, Inuyasha, no seas pervertido, mira lo que hicimos en un lugar sagrado.
—Por cierto, ¿a donde me trajiste, amor? ¿Es un templo?.
—¡¿Qué?! ¡Ni loca! Jamás pecaría en un templo.
—¿Y entonces que es este lugar?.
—Esto, amor... - me tomó de la mano y bajamos por una escalera hasta llegar a una especie de pozo.— Esto es un pozo que tiene más de 500 años.
—¿Tanto?.
—Si, este pozo siempre estuvo aquí en el templo. La leyenda dice que, antiguamente, los restos de los demonios que los aldeanos asesinaban o que la sacerdotisa de la aldea exterminaba, eran lanzados a su interior. Este lugar es muy importante para el pueblo, amor.
—Oh, ya veo... igual que nosotros, digo, nosotros también enterramos algo aquí.
—¡Inuyasha!
—¡Oye! ¿Por qué me golpeas?.
—¡Por pervertido y decir esas cosas!
—Pero hace un momento no te estabas quejando...
—Si, pero eso fue porque estaba en un momento de debilidad, nada más.— me respondió cruzando sus brazos y yo la abracé, besando su exquisito cuello.
—Te amo tanto, Kagome.
—Y yo a ti, Inuyasha.
La volteé, besando sus labios y ella me correspondió inmediatamente. Era tan fácil perder el la noción del tiempo cuando la besaba, nada más importaba en ese momento.
—Inu, ya es tarde, hay que regresar con los demás, cariño.
—Si, tienes razón amor, vamos.
Tomados de la mano, salimos del templo en el que se encontraba el pozo y caminamos en dirección de la casa en el mismo momento en que mi familia estaba saliendo con la familia Higurashi.
—Hijos, ¿a donde se habían metido?— nos preguntó mi madre.
Miré a Kag y ella habló por los dos.
—Le mostré el pozo que se encuentra aquí en el templo, el cual tiene más de 500 años.
—Oh, ya veo linda. Hijo, ya es tarde y Shippo se está quedando dormido.
—Claro, madre. - miré a mi novia. - Nos vemos mañana para la mudanza.
—Si, Inu.
—¿Cuál mudanza?— preguntó el abuelo.
—Ah, pues... Kag decidió que irá a vivir conmigo, abuelo.
—¿De verdad?.
—Si, abuelo, mañana me iré.
—Vaya, esta juventud no espera nada, pero aún así, tienen nuestras bendiciones para que les vaya bien.
—Gracias.— respondimos al unísono.
—Estoy tan feliz por ustedes.— ahora fueron mi madre y Naomi quienes nos felicitaron y se acercaron, abrazándonos a los dos. —Les deseamos toda la felicidad del mundo.
Nuevamente volvimos a agradecer.
—Kag, ¿tú pasarás la noche aquí?.
—Si, Inu, me quedo aquí hoy.
—Vale, nos vemos mañana
—Nos vemos mañana.
Nos terminamos de despedir de los Higurashi y nos marchamos. Mi sonrisa no se iba a borrar en toda la noche, ya que al fin ella se iba a venir a vivir conmigo.
Ahora si, nadie la podrá apartar de mi lado.
Pensé, completamente feliz.
Perspectiva de Sango
Puse las últimas cosas en la mesa y ahora solo quedaba esperar a que Miroku llegara. Yo llevaba un vestido rosa palo, un poco más arriba de las rodillas, con mangas y un escote discreto. Combiné el atuendo con unas botas del mismo color y recogí mi cabello en una coleta alta.
—Hermana, llegó un auto afuera.
—Es él —dije mientras caminaba hacia la puerta. Me miré por última vez en el espejo del pasillo antes de abrir.
—Hola, Sanguito.
—Hola, Miroku —lo saludé con un beso en los labios.
—Te ves hermosa.
—Tú también te ves muy guapo —le respondí con una sonrisa, observando su traje azul marino y su característico peinado con esa pequeña coleta que siempre llevaba.
Un carraspeo detrás de mí me hizo girar. Claro, era mi padre. Me hice a un lado para que Miroku entrara.
—Hola, Miroku.
—Hola, don Kenda. ¿Cómo está usted?
—Bien, gracias. ¿Y tú?
—Bien, gracias. Esto es para usted —respondió, entregándole un regalo.
—Gracias, no debió haberse molestado.
—Es un placer, señor.
Mi padre abrió su regalo: era su vino favorito.
—Vaya, parece que mi hija te contó sobre mi gusto por este vino.
—Papá, ¿Qué cosas dices? —solté una risita, sabiendo que mi padre no se la pondría fácil a Miroku.
—Sango, estas son para ti.
Miré el hermoso ramo de flores que me entregó.
—Oh, están preciosas, Miroku. Muchas gracias.
—De nada.
Justo en ese momento, mi hermano Kohaku llegó con nosotros.
—Hola, cuñado.
—Hola, pequeño Kohaku. Mira, te traje un regalo —le dijo mientras le extendía un paquete. Mi hermano lo recibió con entusiasmo.
—¡Oh, gracias! —exclamó mientras lo abría.
—De nada.
—¡Wow! Es una consola portátil que aún no ha salido. ¿Cómo la conseguiste, cuñado?
—Tengo un amigo que trabaja con la marca y se la pedí especialmente para ti.
—¡Gracias! —dijo mi hermano mientras abrazaba a Miroku con tanto cariño que este sonrió, y mi padre soltó una carcajada.
Ambos miramos a mi padre, quien no tardó en comentar:
—Sí que sabes ganarte al cuñado, ¿verdad?
Miroku solo sonrió, algo nervioso.
—Mejor pasemos a la mesa antes de que la cena se enfríe —dije con una sonrisa.
—Claro, hija. Vamos, joven Miroku.
—Gracias.
Llegamos al comedor. Coloqué el ramo en un florero y serví la cena.
—Espero que te guste, Miroku. Yo la preparé.
—Estoy seguro de que me encantará, Sanguito.
—No recuerdo haberle puesto a mi hija ese apodo cuando nació —comentó mi padre con tono burlón.
—¡Padre! —lo regañé.
—¿Qué? —respondió con aparente inocencia.
—Disculpe, señor, tiene razón. Perdón.
—No pasa nada, muchacho. Vamos, sírvase. Mi hija cocina exquisito.
—Sí, gracias.
Miré con reproche a mi padre. Sabía que estaba jugando, pero se le estaba pasando la mano. El pobre Miroku tenía la cara pálida. Nos sentamos y comenzamos a cenar.
—Mmm, Sangui... digo Sango, está muy rico.
—Me alegra que te guste —le respondí con una sonrisa.
—Mi hermana tiene la misma forma de cocinar que nuestra madre, ¿verdad, padre?
—Así es, hijo. Sango es idéntica a su dulce madre, aunque en carácter salió a mí, ¿verdad, hija?
—Padre, solo me defiendo de las personas atrevidas que andan por ahí.
Mi padre miró a Miroku mientras este comía.
—Dime, Miroku, ¿ya has recibido alguna paliza de parte de mi hija?
Miroku se atragantó con la carne.
—¡Padre! ¿Qué cosas dices? Miroku, ¿estás bien?
—Sí, sí, estoy bien. No te preocupes —respondió mientras tomaba un sorbo de vino.
—¿De verdad mi hermana te golpeó, cuñado?
—¡Kohaku, mejor come!
—Pero... ¿Qué dije?
—Para que lo sepan, no. No lo he golpeado. Al contrario, él me defendió de un tipo en una juguetería.
—¿En serio? —preguntó mi padre.
—Sí.
—Vaya, qué caballeroso de tu parte, Miroku.
—Cualquiera que respete a las mujeres haría lo que yo hice, señor.
—Eso es verdad. Pero, aun así, gracias por defender a mi hija.
—Fue un placer, señor.
—Y dime, joven, ¿Qué haces en la vida? ¿Trabajas?
—Sí, señor. Soy arquitecto. Mi padre, que en paz descanse, también lo fue. Los Mushin siempre hemos sido arquitectos; mis abuelos, mi padre y ahora yo. No somos una familia que busque premios o reconocimientos. Creo que con lo que tenemos es más que suficiente. Además, me gusta ser socio de la empresa Taisho y ayudar con sus contribuciones, señor.
—Mmm, me parece bien. Uno tiene que dar gracias a Kamisama por lo que tiene y no pensar con avaricia.
—Creo lo mismo, señor.
—Perdón por mi atrevimiento, pero ¿tienes más familia, Miroku?
—No, señor. Fui hijo único. Cuando mis padres fallecieron, me quedé solo. Bueno, no tan solo, porque la familia Taisho es como mi familia. Nos conocemos de toda la vida, lo que hizo que mi mejor amigo sea como un hermano para mí. Por ahora, soy el único dueño y heredero de la familia Mushin. Claro, hasta que tenga mi propia familia, con esposa e hijos.
Miroku me miró al decir eso, y no pude evitar sonrojarme.
—Hablando de familia, ¿pretende formar una algún día? —preguntó mi padre con un tono inquisitivo.
Miré a mi padre con reproche; ya se estaba pasando de la raya. Pero Miroku decidió hablar.
—Señor Kenda, sé por dónde quiere ir, y le daré mi respuesta.
—¿Ah sí?— dijo mi padre, desafiante.
—Yo amo a su hija —declaró Miroku—. Sí, se que llama Sango, pero sería hipócrita de mi parte decirle que no la voy a llamar Sanguito frente a usted. Señor, lo que siento por su hija es verdadero, tanto que, si por mí fuera, mañana mismo me casaría con ella. La trataría como se merece, como una reina. Incluso ahora, en nuestro noviazgo, la trato como tal. Para mí, no hay mujer más importante que Sango. También quería pedirle permiso para invitarla a vivir conmigo. No quiero que lo tome como una insolencia de mi parte, pero, como le dije, si ella desea casarse conmigo, ponga usted la fecha, y feliz me caso con ella.
—Miroku.— susurré por lo bajo, agradeciendo su propia valentía al hablar así frente a mi padre.
Por unos segundos, la casa quedó en total silencio. Ese silencio fue interrumpido por la carcajada de mi padre. Tanto Miroku, Kohaku como yo lo miramos sin entender. Él dejó de reír y nos miró a los dos.
—Sango, ¿de dónde lo sacaste? Es el primer novio tuyo que tiene los huevos para enfrentarme y dejar las cosas claras.
—¿El primer novio? —preguntó Miroku, algo confundido.
—Sí, verás, hijo. ¿Puedo llamarte hijo a partir de ahora?
—Claro, señor.
—Bien, pero dime Kenda, nada más. ¿En qué estaba? Ah, sí. Bueno, Sango me presentó a algunos novios en el pasado. Nada serio, puros chiquillos de colegio y universidad que, cuando me los presentaba, salían corriendo por esa puerta. Y no es broma, literal salían corriendo. Pero tú eres diferente, lo puedo ver en tus ojos.
Mi padre me miró.
—Hija, ¿tú lo amas?
—Sí, padre, lo amo con todo mi corazón.
—¿Quieres vivir con él sin casarte por el momento?
—Bueno, esto me tomó por sorpresa. Miroku no me lo había dicho antes, pero si él quiere, yo feliz.
—Sí quiero, Sango —dijo inmediatamente Miroku.
—Bien, pues eso era todo lo que quería escuchar —dijo mi padre mientras se levantaba y caminaba hacia Miroku—. Hijo, bienvenido a la familia.
Lo tomó y le dio un fuerte abrazo, haciendo que Miroku abriera los ojos de sorpresa por falta de aire mientras mi padre le daba unos golpecitos en la espalda. Cuando se separaron, nos miró a los dos.
—Hija, hijo, no les voy a imponer una boda por el momento, porque eso es algo que les incumbe a ustedes. Pero tampoco lo piensen demasiado, porque quiero nietos, ¿de acuerdo?
—Padre, aún es pronto para eso —dije, avergonzada.
—Señor Kenda —intervino Miroku.— Como le dije hace un rato, solo está en Sango decidir cuándo. Si ella quiere casarse, lo hacemos.
—Gracias, Miroku —le sonreí.
—Bien, pues ya arreglado esto, sigamos cenando. La comida está exquisita, y Sango no viene todos los días a cocinar. Hay que aprovechar la cena —dijo mi padre, riendo.
Nos volvimos a sentar para terminar de cenar.
—Felicidades, hermana. Cuñado —dijo mi hermano con una sonrisa.
—Gracias, Kohaku —le respondimos los dos, sonriendo también.
La cena terminó en armonía, entre risas y algunas historias que Miroku nos contaba, además de anécdotas de las luchas de mi padre en su juventud.
—Así que usted le enseñó a Sango a pelear.— dijo Miroku, curioso.
—Claro, hijo. Yo no estaré siempre con ella, por lo tanto, tiene que saber defenderse. Que sepan que mi hija no solo es hermosa e inteligente, sino también una mujer fuerte.
—Es la mujer perfecta, suegro.
—Concuerdo contigo, hijo.
—Ya me están apenando —dije, con las mejillas sonrojadas, mientras terminábamos de cenar.
Después de la cena, fuimos a la salita a tomar té. El resto de la noche fue perfecta, una velada que jamás olvidaré. Era ya medianoche cuando Miroku se despidió de nosotros para irse a su departamento. Se despidió de mi padre y de un dormido Kohaku. Lo acompañé hasta la puerta para despedirme a solas de él.
—¿Te quedas aquí, Sanguito?
—Sí, amor. Me quedo hoy aquí.
—Bueno, pero mañana vamos a tu departamento para recoger tus cosas. ¿Cierto?
—Claro, Miroku. Mañana mismo me voy a vivir contigo.
—Gracias, mi Sanguito.
Nos abrazamos y nos despedimos con un beso.
—Mmm, me gustaría besarte más, pero no quiero que tu padre me persiga con un revólver —dijo, sonriendo en medio del beso.
—Mi padre no es tan malo.
—¿No? ¿Segura?
Ambos soltamos una carcajada.
—Adiós, amor. Nos vemos mañana.
—Sí, Miroku. Nos vemos mañana.
Nos dimos otro beso, y él se fue. Me quedé en la puerta hasta que lo perdí de vista en su auto. Cerré la puerta y sonreí como una quinceañera viviendo su primer amor.
—Miroku… —susurré, para luego irme a dormir.
Perspectiva de Kikyo
Estaba muy nerviosa mientras terminaba de arreglarme. Me atreví a usar un vestido corto de color negro que me llegaba un poco más abajo del muslo, con tirantes y un escote coqueto. Me dejé el cabello suelto y me puse unos zapatos de tacón, también negros. Me senté en la sala a esperar a Naraku. Miré hacia la mesa y todo estaba en su lugar, con velas y todo.
El timbre sonó. Me levanté y respiré profundo.
¡Cálmate, Kikis! No te pongas nerviosa; es una noche especial, me dije a mí misma. Caminé hacia la puerta y la abrí.
—Hola, Naraku.
—Hola, bonita.
Lo dejé pasar, y me dio un beso en los labios.
—Ten, son para ti —me extendió un ramo de lirios.
—Son preciosos, Naraku.
—No más que tú.
—Gracias, qué lindo eres.
—Solo digo la verdad.
—Pasemos a la mesa antes de que se enfríe la cena —le dije mientras cerraba la puerta y caminábamos hacia el comedor.
—Claro.
Dejé el ramo en un florero y fuimos a cenar.
—Sinceramente, a la cena me ayudaron a prepararla Koshó y Asuka, con videollamadas de Sango y Kagome. Quería que fuera una cena especial y que la comida estuviera rica.
—Kikyo, tu cocinas muy bien.
—Eres lindo, pero no mientas. Sé que soy horrible en la cocina.
—Amor...
—Mira, mejor cenemos, ¿sí? —le regalé una sonrisa.
—Ok.
Serví los platos y nos pusimos a cenar.
—Y dime, linda, ¿Qué tal tu día?
—Mmm, no me quejo. Hoy no trabajé; Midoriko está muy metida con unas modelos que ya tiene planeado traer el próximo año.
—O sea, ¿tu jefa va muy en serio con los premios de moda?
—Claro. Siempre ganamos premios, pero este es el único que a Midoriko le falta. Y, para ser sincera, yo también estoy muy ansiosa por ganarlo. Por eso necesitamos a las mejores modelos. Las que vienen son de Francia.
—¡Wow! El país de la moda.
—Claro, como tenía que ser. ¿Y a ti cómo te fue hoy?
—¿Te acuerdas de que mi jefe necesitaba unos arquitectos de confianza? Pues le ofrecí algunos amigos míos.
—Sí.
—Pues, ¿Qué crees? Aceptó, y claro, yo ya los llamé. Ellos también aceptaron. El próximo año vienen a trabajar con nosotros.
—Qué bien, Naraku. Me alegro por ti, porque así tendrás gente de confianza contigo.
—Así es, linda. Y me puso muy feliz que mi jefe confíe tanto en mí.
—¿Y quién no lo haría? Si eres el mejor hombre del mundo.
—¿De verdad piensas eso de mí?
—Eh... yo... Mira, ya terminé. Voy por el postre —me levanté, recogí los platos y me dirigí a la cocina.
Me maldije por mi cobardía.
¿Qué pasa, Kikyo? ¿Tienes miedo? ¿Acaso no es eso lo que querías decirle? Uff, ya sé... Sé valiente y díselo de una vez, me recriminé mentalmente.
Tomé los postres y regresé con Naraku.
—Ten, espero que te guste.
—Claro.
Me senté, y comimos el postre en silencio. Cuando lo terminamos, fue Naraku quien habló.
—La cena estuvo exquisita, linda.
—Claro, porque me ayudaron —le dije con reproche fingido.
—Kikyo, si cocinaras piedras, yo feliz me las comería.
—Naraku.— susurré con ternura. Me levanté de la mesa y le extendí la mano.— Ven, vamos a la sala. Quiero decirte algo.
—¿Pasó algo malo?
—No, claro que no.
Me tomó la mano, caminamos hacia la sala y nos sentamos en el sillón. Me armé de todo el valor que tenía.
—¿Pasa algo, linda?
—Sí, este... bueno... —solté un fuerte suspiro y empecé a hablar—. Naraku, cuando te volví a ver, fuiste una pieza clave para salir de la tristeza en la que estaba. Poco a poco te fuiste acercando a mí tanto que prácticamente pasábamos todos los días juntos, y fuiste mi pilar más fuerte. Sin ti no habría podido seguir adelante.
—Kikyo...
—Por favor, déjame terminar, ¿sí?
—Ok.
—Gracias. Después de que fuiste mi pilar, este año entre nosotros empezó a nacer algo que era más que una atracción física. Había cariño por parte de los dos... bueno, por tu parte fue amor, ¿verdad?
Él asintió con la cabeza.
—Yo... después ya no te podía ver solo como un amigo. Hasta que pasó lo que pasó entre nosotros... Después de eso, me di cuenta de que te quería. Te quería mucho. Tanto que te pedí que lo intentáramos, ¿verdad?
Él volvió a asentir.
—Pues bien, Naraku, quiero decirte algo.
—Dime.
—Naraku, hace un tiempo me di cuenta de que no solo te quiero. Me enamoré de ti completamente. Lo supe cuando Kagome estuvo en coma, pero no quise decírtelo en ese momento por todo lo que estaba pasando. Yo quería que fuera algo especial. Y pues aquí estoy, abriéndote mi corazón. Naraku Kagewaki, yo te amo. ¿Quieres ser mi novio oficialmente y ver qué nos depara el destino, amor?
Hubo un momento de completo silencio, y eso me puso más nerviosa de lo que estaba.
¿Y si no quiere?, pensé con miedo, pero el abrazo de Naraku me sacó de mis pensamientos.
Perspectiva de Naraku
Procesar todo lo que Kikyo me confesó me tomó unos segundos, hasta que por fin caí en la realidad. Ella me había confesado que me amaba y que quería ser oficialmente mi novia. No podía creerlo y, sin pensarlo tanto, la abracé, transmitiéndole todo el amor que sentía por ella.
—Kikyo, ¿de verdad quieres ser mi novia oficialmente? Porque si es así, te juro que jamás dejaré que te vayas.
—Eso es lo que quiero, Naraku, pasar el resto de mi vida contigo, porque te amo.
Me separé de ella para besarla con todo el amor que mi corazón estaba sintiendo.
—Repítelo, amor.
—Te amo, Naraku.
—Yo también te amo y claro que quiero pasar el resto de mi vida contigo. Te he amado toda mi vida, desde que éramos unos niños... te amo, Kikyo.
—Gracias por esperarme, amor.
—Mi Kikyo.— susurré, volviendo a besarla, sólo que esta vez con más pasión.
Volví a abrazarla y la coloqué a horcajadas sobre mi, sin dejar de devorar su boca. Sentí como ella comenzó a desabotonar mi camisa con desesperación y la ayudé, quitándome el saco y la camisa, quedando con el torso completamente desnudo. Mis manos acariciaron sus piernas, subiendo poco a poco su vestido hasta dejarlo a la altura de su cintura. Comencé a besar su cuello, dejando besos cortos y mordidas, ella jadeó en mi oído.
—Mmm, Naraku...
—Kikyo.— susurré en su piel y sentí su cuerpo estremecerse con mis caricias. Terminé de de quitar su vestido, dejándola sólo con su hermoso conjunto de lencería negro.— Mmm, me encanta el color negro.— susurré en sus labios.
—Lo sé, por eso me puse esto sólo para tu.— respondió, mirándome con sus hermosos ojos. Volvimos a besarnos, sintiendo como nuestras lenguas batallaban para tomar el control mientras yo le quitaba su sujetador.
—Naraku, vamos a la cama, ¿si?.
—Si.— respondí, sujetándola por su hermoso trasero y elevándola al mismo tiempo en que ella enredaba sus largas y hermosas piernas en mi cintura.
Llegamos al cuarto y, con sumo cuidado, la dejé sobre la cama mientras me quitaba el pantalón y me acercaba nuevamente, pero ella me detuvo con su pie.
—El bóxer también quítatelo, cariño.— me dijo con una sonrisa coqueta.
Y yo sonreí mientras hacía lo que me pedía, quedando completamente desnudo. Me acerqué lentamente hacía ella y me subí a la cama para acariciar su cremosa piel y llenarla de besos hasta llegar a su ropa interior y, con lentitud, deslizarla por sus hermosas piernas y quitarlas, dejándola en las mismas condiciones que yo. Me coloqué sobre ella, besándola apasionadamente mientras masajeaba su hermoso pecho.
—Mmm, Narku...
—Te amo, Kikyo.
—Y yo a ti.— me abrazó por la cintura con sus piernas y rocé su entrada.
—Naraku...
Sentí como ella comienza a mover sus caderas, buscando sentir mejor aquel roce y yo sonreí, profundizando aquel contacto. Poco a poco mi miembro comenzó a mojarse con su humedad, causando que su tamaño creciera notablemente.
—Naraku, te quiero dentro de mi, amor.
—Como desees.— respondí, hundiéndome lenta y exquisitamente en ella, hasta quedar por completo en su interior.
Empecé a realizar un vaivén tan lento y rico, que terminaba siendo una tortura, una tortura que los dos amábamos. Los minutos pasaban igual de lento mientas nuestros cuerpos se movían al ritmo de nuestros corazones, disfrutando cada caricia, cada beso, cada vaivén, cada gemido, cada suspiro y cada pronunciación de nuestros nombres mientras me hundía en ella. Queríamos disfrutar y disfrutar cada caricia de esta noche que nos pertenecía sólo a los dos, porque no estábamos teniendo sólo sexo, estábamos haciendo el amor y era algo fantástico. Sentí como su cuerpo comenzó a temblar y sabía el motivo, por ende, mientras aumentaba el ritmo de mis estocadas, ambos ahogábamos los gemidos del otro en nuestras bocas.
—Mmm, Naraku...
—Vamos amor, lleguemos juntos a la gloria.
—Mmm, si...
La empecé a embestir con mayor fuerza y comencé a sentir aquella corriente del orgasmo.
—Naraku...
—Ya viene amor, ya viene...
—¡Naraku!
—¡Kikyo!
Y los dos nos corrimos, yo dentro de ella y ella bañando mi miembro con su liberación. Nos quedamos quietos por unos segundos hasta que nuestros corazones y nuestras respiraciones pudieran controlarse para hablar. Salí de su interior con cuidado y los dos soltamos un suspiro por ese roce. Me acomodé a su lado y la atraje hacía mi mientras ella me abrazaba por la cintura y recostaba su rostro en mi pecho.
—Te amo, Naraku.— susurró.
Besé su coronilla y le respondí:
—Yo también te amo, Kikyo. Soy el hombre más feliz del mundo, ¿sabes?.
Ella elevó su rostro, mirándome y sonriendo. Dios, como amaba esa sonrisa.
—Yo también soy la mujer más feliz del mundo, amor.— la abracé más fuerte, volviendo a besarla.— Naraku...
—¿Si, amor?.
—Tal vez sea muy rápido para lo que te voy a pedir, pero...
—¿Qué pasa, amor?.
—Naraku... ¿Quieres vivir conmigo?.
—¿He?
—Si, bueno... de todas maneras siempre estas aquí o yo en tu departamento, si siempre vamos a vivir juntos, ¿Por qué vivir separados? No lo se, sólo decía...
—Kikyo, ¿de verdad quieres eso?.
—Si, ¿y tú?.
—Amor, me encantaría.
—¿De verdad?.
—Claro.
—¡Super! Y dime, ¿en que departamento nos quedaríamos?.
—Mmm, ¿en este, amor?.
—¿En el mío?.
—Si, porque yo sólo llevo unos meses arrendándolo y tú ya estas acostumbrada a este lugar y, por lo que te conozco, apuesto a que te has encariñado con el y yo quiero que estés lo más cómoda posible, amor.
—Naraku, eres tan lindo...— y se lanzó a besarme. Yo feliz, lo correspondí.
—Mmm, tú dime, amor, cuando quieras que venga a vivir contigo.
—Mañana, después de ir al templo como todos los domingos, vamos a ir a buscar tus cosas.
—Me parece genial.— y volvimos a besarnos.
—Mmm, Naraku...
—Amor, creo que mañana llegaremos con sueño al templo, porque dudo que vayamos a dormir.
Ella soltó una risita antes de responderme.
—Espero que así sea.
—Así será, Kikyo... Así será.— y volví a besarla, profesándole todo mi amor.
Perspectiva de Rin
Me miré al espejo por décima vez. Llevaba un vestido morado de tirantes que me quedaba ajustado hasta la cintura y más suelto hasta las rodillas, junto con unos zapatos del mismo color. Mi cabello iba suelto, y mi collar, el mismo que él me regaló para mi cumpleaños, adornaba mi cuello. Caminé de un lado a otro, muy nerviosa.
¡Ya cálmate, Rin! Como si fuera la primera vez que sales con un hombre, me reproché a mí misma, sentándome en el sillón. Pero luego lo pensé bien: no es mi primera cita con un hombre, pero sí la primera con alguien que me hace sentir mil sensaciones en el cuerpo y el corazón.
—Y qué hombre...— susurré mientras me mordía las uñas, recordando las imágenes de él en la ducha, desnudo, que pasaban por mi mente.— ¡Ya, Rin, no pienses en esas cosas! No debes, ¡por Dios!— me recriminé otra vez.
Pero justo en ese momento, el temible timbre sonó.
—¡Ay, Diosito santo, ya llegó!— exclamé levantándome del sillón como un resorte. —Por Kami, ¿Qué hago?— dije mientras daba vueltas como un cachorrito, hasta que mi mente hizo clic.— La puerta.— Corrí hacia ella para abrirla.
—Hola, Rin.
—H-ho... hola, Sesshomaru. Pasa.
—Gracias. Ten, son para ti.
Me extendió un ramo de claveles.
—¡Oh, están hermosas! Gracias.
—No hay de qué. ¿Estás lista?
—Eh... sí, ya estoy lista. Solo guardo las flores y nos vamos.
Él asintió con la cabeza. Me di la vuelta para ir por un florero.
—Te ves hermosa, Rin.
Sus palabras me detuvieron. Lo miré a los ojos y sonreí.
—Gracias. Tú también te ves muy lindo.
Me fui a la cocina, aún sonriendo. No mentía, de verdad se veía hermoso con ese traje platinado que llevaba puesto. Puse las flores en agua y regresé hacia él.
—Listo, ya estoy lista. Vamos.
Los dos salimos de la casa, cerré la puerta y caminamos hacia su auto. Él me abrió la puerta para que entrara.
—Gracias.
—De nada.
Cerró la puerta después de que entré. Lo vi dar la vuelta mientras yo trataba de controlar mis nervios. Cuando entró, encendió el auto y nos fuimos.
—¿A dónde vamos?
—A un restaurante donde atienden muy bien.
—Oh, ya veo —solté nerviosa. Por Dios, Rin, ya tranquilízate, pensé internamente.
No tardamos mucho en llegar a nuestro destino. Cuando vi el restaurante, me quedé atónita. Este lugar lo había visto en televisión.
Era el restaurante Quintessence. Había escuchado de él y de lo que ofrece: cocina francesa moderna con tres estrellas Michelin. Su enfoque en la exclusividad y los ingredientes de temporada hace que sea ideal para quienes buscan alta gastronomía en un entorno íntimo.
Este lugar debe ser carísimo, pensé, asustada.
Miré a Sesshomaru.
—Oye, ¿no te parece si vamos a otro lugar?
—¿Por qué? ¿No te gusta este?
—No, no es eso, es solo que... este restaurante es muy caro y, bueno...
—No te preocupes por eso.
—Pero...
No alcancé a decir más porque él ya se había bajado del auto para abrirme la puerta.
—Gracias.
—De nada.
Me extendió la mano. La tomé para salir del auto y caminar hacia el restaurante. Nos recibió un mesero.
—Señor Taisho, señorita, pasen por favor. Su mesa ya está lista.
Caminamos detrás del joven hasta nuestra mesa, y me sorprendí al ver que el lugar estaba completamente vacío. Sesshomaru me corrió la silla para que me sentara.
—Gracias —susurré, aún perdida en mis pensamientos.
Él se sentó frente a mí y nos trajeron los menús. Tomé la carta, pero tenía que salir de mi duda.
—Sesshomaru, ¿por qué todo el restaurante está vacío?
—Porque lo reservé para esta noche.
—¿Qué? Pero... eso debe ser muy caro. ¿Por qué lo hiciste?
—Porque tú lo vales.
Me quedé en shock. ¿Qué fue lo que dijo?
—Te recomiendo la comida francesa, es muy buena.
Él continuó hablando como si nada.
—S-sí... —dije, aún sin creer lo que acababa de escuchar.
El mesero llegó para recoger las cartas.
—¿Qué van a pedir, señor Taisho, señorita?
—Rin, ¿ya elegiste?
—No, mejor escoge tú por los dos.
—Bien. Tráiganos el plato estrella francés, por favor, y vino blanco.
—Enseguida, señor.
El mesero se retiró con nuestro pedido. Me quedé mirando a Sesshomaru por un buen rato, hasta que él pasó su mano frente a mí.
—¿Estás bien?
—Eh... —parpadeé un par de veces para volver al presente—. Sí, sí, estoy bien, yo...
—Dime.
—No, nada —solté, esperando la cena.
Un par de minutos después, el mesero llegó con los platos y los dejó en la mesa.
—Gracias —dijimos los dos.
Tomé mi tenedor y probé el primer bocado.
—Mmm, de verdad está exquisito.
—¿Te gustó, Rin?
—Sí, está muy rico.
—Me alegra que te haya gustado. Cuéntame, ¿Cómo te fue estas dos semanas?
—Mmm... pues normal. Mucha tarea para mis niños, pero es algo que amo hacer. ¿Y tú? ¿Cómo te fue en tu viaje?
—Mmm... algo aburrido, pero así son los viajes de negocios.
—Ya veo. ¿Y solo fue trabajo estas dos semanas?
Pregunté, dudando si habría conocido a alguna chica en ese viaje. Claro, era algo que no iba a preguntarle abiertamente.
—¿Por qué lo dices?
—No, por nada, solo fue curiosidad, nada más.
—Si lo que quieres saber es si anduve con una mujer en mi viaje, la respuesta es no.
Me sonrojé furiosamente por la vergüenza. ¿Me habrá descubierto?, pensé apenada.
—Sesshomaru, no... yo... este...
—¿Era eso lo que querías saber?
—Pues sí... no, digo, solo fue curiosidad. Nada más.
—Bien, pues ya respondí a tu curiosidad. Ahora el que tiene curiosidad soy yo. Dime, Rin, ¿algún hombre se te acercó mientras yo no estuve?
—¿Qué? ¡No, claro que no! Nadie —respondí inmediatamente, y otra vez me sonrojé por lo obvia que estaba siendo.
—Me alegro —me respondió mirándome a los ojos.
—¿Y por qué? —pregunté con genuina curiosidad.
—Porque así no tengo que golpear a ningún tipo por haberse osado a acercarse a ti.
—¿Eh? —No sabía cómo responder a sus palabras, pero algo en mí se alegraba de que me dijera estas cosas.
Solo sonreí como una tonta para seguir comiendo. La cena pasó entre charlas amenas, pero no dejó de ser hermosa la plática ni el ambiente. El mesero se llevó los platos y trajo el postre. Tomé mi cuchara y lo probé.
—Mmm, de verdad que este restaurante hace comida exquisita —dije mientras seguía disfrutando el postre.
—Me alegra que te haya gustado el lugar. Si quieres, podemos venir aquí todas las veces que quieras.
Casi me atraganto con mi postre.
—Oh, gracias, pero las cosas caras no van conmigo.
—¿Por qué no?
—Porque soy feliz con lo que tengo.
—¿Cómo qué, si se puede saber?
—Claro, yo soy feliz con mis niños en mis clases, en mi casita, y tengo amistades verdaderas con mis amigas y el primo Naraku. Tengo todo eso para ser feliz.
—¿Y amor? ¿Tienes también eso, Rin?
—¿Amor? —susurré mientras lo veía a los ojos. Quedé presa de su mirada.— ¿Por qué me pregunta eso?— volví a susurrar.
—Tú me dijiste el día que nos conocimos que uno tiene que tener amor en su vida. Dime, Rin, ¿lo tienes en estos momentos?
Agaché la cabeza pensando. ¿Cómo le iba a decir que sí, que estoy enamorada, pero de él? Y que es inalcanzable para mí.
—No me has respondido, Rin.
—¿Eh? —Levanté la cabeza rápidamente—. Yo... bueno...
—¿Y tú estás enamorado? —solté la pregunta, intentando esquivar la suya de hace unos segundos.
—Evadiste mi pregunta con otra.
¡Dios! ¿Cómo era tan inteligente este hombre?, pensé.
—No es eso, solo fue curiosidad —dije con una risita nerviosa.
—Rin, ¿en serio vamos a jugar al gato y al ratón?
—No comprendo —solté con sinceridad.
—Rin, seré franco y directo contigo porque no me gustan los juegos, y tampoco estoy acostumbrado a decir esto a una mujer.
—¿Eh? ¿Qué pasa, Sesshomaru? —pregunté más nerviosa que nunca.
—Cuando te conocí en mi empresa buscando a mi hermano, algo hiciste que desde ese día no dejé de pensar en ti. Después te volví a ver... saltémonos el incidente del baño. El hecho es que desde ese día empecé a conocerte como eres en realidad, y no me equivoqué al pensar que eras diferente a las demás. En tan poco tiempo te me clavaste en el corazón, Rin. No soy una persona que muestre sus sentimientos como mi hermano o Miroku, pero sí sé cuando alguien me interesa de verdad. Sé muy bien cómo cuidarla y protegerla, y tú eres la primera mujer a la que quiero cuidar y proteger. No quiero estar un día aquí y otro no, no contigo. Yo lo quiero todo contigo. Por eso te voy a preguntar con toda sinceridad. Si tu respuesta es no, lo entenderé y no voy a molestarte más; me alejaré. Pero si tu respuesta es un sí, prometo hacerte la mujer más feliz de la faz de la Tierra. Rin, ¿quieres ser mi novia?
Si estoy soñando, por favor, no me despierten, pensé.
—Sesshomaru... —dije. Ses... sho... maru... —Oh, Dios, esto es un sueño.
—Rin, ¿cuál es tu respuesta?
Tragué saliva para despejar mi garganta.
—Sesshomaru, ¿tú... tú hablas en serio? —susurré aún sin creérmelo.
—Jamás he hablado más en serio en mi vida, Rin. Y si lo que quieres saber es si estoy enamorado de ti, la respuesta es sí. Cómo pasó no lo sé, pero me enamoré de ti.
Mi cuerpo no reaccionaba, pero tenía una sonrisa de oreja a oreja.
—Sí —susurré con mil emociones en mi corazón—. Sí, Sesshomaru, acepto porque yo también estoy enamorada de ti. Tenía miedo de que tú no sintieras lo mismo por mí —le respondí sinceramente.
Lo vi levantarse del asiento para rodear la mesa y ponerse a mi lado. Se inclinó hacia mí.
—Rin, no sé qué fue lo que te di a pensar todo este tiempo, pero la realidad es que tú sí me importas, y me importas de verdad. Tanto que eres la primera mujer a la que le pido que sea mi novia, y haré todo lo que esté en mis manos para hacerte feliz.
—Sesshomaru... —susurré, conmovida por sus palabras y acciones—. Eres más tierno de lo que pensé —dije, acariciando su mejilla.
No me esperé el beso que me dio. Abrí los ojos enormemente porque mi corazón palpitó tan fuerte que pensé que se me iba a salir del pecho. Cerré mis ojos inmediatamente para corresponderle feliz.
Él se levantó del suelo para abrazarme por la cintura, llevándome con él. Sentí cómo mis pies se elevaron del suelo automáticamente. Yo pasé mis brazos por su cuello para seguir probando sus labios con todo mi amor. Sentí cómo mis pies tocaban el piso otra vez mientras él me bajaba con cuidado, pero aun así seguimos besándonos con más frenesí. Me aferré con todo mi amor a su cuello para seguir probando esos exquisitos labios. Es que, por Dios, jamás había sentido un beso así en mi vida, un beso que no solo me quitaba el aire, sino también el alma. Nos separamos para tomar aire, y en mi rostro no se borraba mi sonrisa.
Sentí su mano acariciar mi mejilla y cerré mis ojos ante su contacto.
—Terminemos el postre, Rin
—Si.— susurré, aún con los ojos cerrados.
Sentí cómo se separaba de mí, y abrí los ojos para verlo mientras me corría la silla para que me sentara de nuevo.
—Ah, sí, claro... este postre —pensé, algo avergonzada.
Me senté, y él hizo lo mismo frente a mí. Terminamos de comer mientras charlábamos sobre nuestras familias, para conocernos más. Cuando terminamos, él pagó la cuenta y nos dirigimos a su auto. Me abrió la puerta para que entrara, y luego dio la vuelta para sentarse y llevarme a mi casa.
—¿Te sientes bien, Rin?
—Sí, mejor que nunca —respondí. Lo vi sonreír, y eso hizo que mi corazón latiera con tanta fuerza.
El trayecto a mi casa fue en silencio, pero fue el silencio más hermoso de mi vida.
Cuando llegamos, él bajó y me abrió la puerta. Salí del auto y le agradecí.
—Gracias.
—De nada.
Caminamos hacia mi puerta, la abrí y me giré para verlo. Tenía tantas cosas que quería preguntarle, pero al final hice la más arriesgada de todas:
—¿De verdad me amas, Sesshomaru?
Perspectiva de Sesshomaru
—¿De verdad me amas, Sesshomaru?.— me preguntó y respondí de la mejor manera. Ataqué sus labios salvajemente mientras la acorralaba en la puerta, demostrándole que todo lo que dije era cierto. Sólo solté sus labios cuando el aire nos faltó a los dos.
—¿Eso responde a tu pregunta?.
—Si... si. - respondió agitadamente.
Me separé de ella para que pudiese descansar.
—Nos vemos mañana, Rin.
—¿No... no quiere pasar a tomar el té?.
Me quedé viéndola para acercarme y susurrar cerca de sus labios:
—Si me quedo, lo último que haré será tomar el té, Rin.
—Lo se.— me respondió en el mismo tono, mordiéndose el labio inocentemente.
—¿Estas segura?. - necesitaba estar seguro de todo esto.
—Más que nunca, Sesshomaru.
—Bien.— no pregunté más y la volví a besar.
Demonios, esta mujer me prende de una manera increíble.
Pensé mientras la abrazaba por la cintura y la acorralaba en la pared, besando su cuello.
—Mmm, Sessho...
—Rin...— susurré en su piel. Ella se estremeció por mis caricias. Llevé mis manos a su pierna, sujetándola y colocándola en mi cintura sin dejar de acariciarla. Volvimos a besarnos desenfrenadamente, introduciendo nuestras lenguas en la boca del otro.— ¿Dónde está tu cuarto? No te haré el amor en el pasillo.
—Mi... mi cuarto está ahí.
—No se donde queda.
—Mmm, verdad, ven...
Nos separamos y me guio hasta un pasillo, en donde llegamos a una puerta e ingresamos a su cuarto.
—Aquí es.— me dijo, mirándome y yo la abracé para volver a besarla.
Me quité el saco, quedando con la camisa aún puesta. Como pude, me quité la corbata y llevé mis manos a su espalda, buscando el cierre de su vestido sin dejar de besarla. Bajé su cierre y la prenda cayó al suelo, dejándola sólo con un exquisito conjunto de lencería morada. Me separé de ella, quitándome la camisa y lanzándola a algún lugar del suelo. Volví a abrazarla y caminamos hasta la cama, en donde caímos.
Comencé a recorrer su cuerpo con mis besos y sentía como ella suspiraba con cada uno de ellos, sin embargo yo deseaba probar la piel que se encontraba aún escondida debajo de aquellas pequeñas telas. Con un brazo la levanté y, con la otra mano, desabroché su brasier, quitándoselo y recostándola una vez más sobre la cama con sus bellos pechos a la vista. Relamí mis labios y ella hizo lo mismo. Sin pensarlo más, los ataqué con mi boca.
—Sesshomaru...
Los probé a mi gusto, chupándolos y lamiéndolos hasta dejar su piel roja. Levanté mi mirada para verla y estaba respirando agitadamente, con su rostro sonrojado y su boca semi abierta. Me acerqué a sus labios, besándolos intensamente mientras llevaba mis manos a sus bragas, tocando su zona. Casi se me escapa un rugido al sentir su humedad, la cual mojó mi mano de inmediato. Aquello me ayudó a lubricar mis dedos y me dejó ingresar en ella de manera más fácil, haciendo que ella se arqueara hacía mi.
—Sessho...maru.— comencé a penetrarla con mis dedos, aumentando mi ritmo de a poco hasta que ya no pudimos seguir besándonos debido a como su cuerpo se retorcía de placer, deleitándome con el.— Ya... no aguanto.
—Déjalo venir, Rin, porque no será el único que tengas esta noche.
—¡Sesshomaru!
Y se vino. Para mi fue un deleite total ver las reacciones de su rostro producto de su liberación, además de sentir como mi mano fue bañada por su orgasmo, eso hizo que me encendiera más de lo que ya estaba, mi miembro ya dolía para esas alturas. Me separé de ella, quitando mis dedos de su interior y levantarme de la cama. Ella me veía desde su lugar, aún respirando agitadamente. Llevé mi mano a mi boca, relamiendo mis labios.
—Eres condenadamente exquisita, maestra Rin.— pronuncié, quitándome los pantalones y el bóxer, sin sacar mis ojos de los de ella.
Volví a acercarme, quitándole las bragas lentamente. Con cuidado, abrí sus piernas, observando su centro en toda su plenitud. Volví a relamer mis labios, pensando en lo exquisito de su sabor.
Eso será después, ahora necesito hacerla mía.
Pensé mientras me subía sobre ella y me acomodaba entre sus piernas, removiéndome mientras ella las enredaba en mi cintura.
—Sesshomaru, ya hazlo por favor.
—Bien.— susurré para besarla con intensidad mientras me adentraba de una sola vez y los dos gemimos ante ese contacto.
Comencé a moverme dentro de ella de manera lenta y profunda, arrancándole suspiros.
—Eres tentación pura, Rin.— dije mientras introducía mi lengua en su boca.
—Mmm, tú igual, Sessho.
Volvimos a devorar nuestras bocas mientras mis estocadas iban en aumento y el cuarto se llenaba de gemidos y jadeos. Nos separamos levemente ante la falta de aire, sin embargo nunca dejé de penetrarla salvajemente. Era un verdadero placer el ver como sus pechos rebotaban con cada embestida. Ella me sujetó por el cuello mientras mis movimientos continuaban acelerándose.
—Sessho... Sessho...
—Eres lo mejor del mundo, Rin.— le susurré en el oído para luego morderlo sensualmente y ella jadeó. Pude notar como su cuerpo comenzaba a tensarse, por lo que aumenté aún más la velocidad.— ¡Sesshomaru!.
—Di mi nombre cuando te corras, Rin. Vamos, di mi nombre.— le ordené.
—Mmm, Sessh... ¡SESSHOMARU!.
Su grito, de su segunda liberación, provocó que me afirmara bien sobre a cama y la penetrara con mayor fuerza, si es que eso era posible, hasta que mi propia liberación llegó y me corrí en su interior.
—Rin...— solté mientras mi esencia la llenaba por completo.
Nos quedamos así durante unos segundos, recuperando un poco de aire. Momentos después, me salí de ella con cuidado y me recosté a su lado, atrayéndola hacia mi para que descansara en mi pecho.
Perspectiva de Rin
Mi respiración aún era agitada, pero no me importaba; acababa de tener la mejor noche de mi vida y con el hombre que amaba con locura.
—Te amo, Sesshomaru —susurré, abrazándolo con todo el amor que sentía por él.
—Yo también, Rin —me susurró mientras besaba mi coronilla y acariciaba mi espalda. Cerré los ojos; por Dios, estoy agotada, pensé feliz. Mis ojos empezaron a cerrarse solos, pero antes de quedarme dormida, le susurré algo:
—Sesshomaru, quédate aquí conmigo esta noche, ¿sí?
—Aquí me quedaré, Rin. Ahora duerme, porque estás cansada, ¿sí? —me susurró mientras nos cubría a ambos con las cobijas, entregándonos juntos a los brazos de Morfeo.
Perspectiva de Kagome
...( Al día siguiente en el templo Higurashi )...
—¡Salud! —brindamos todos juntos para darle un sorbo a nuestras copas. Después dejé la copa en la mesa, miré a Kikyo y ella captó el mensaje.
—Naraku, ¿por qué no le cuentas a mami, al abuelo y a Sota? Ya sabes...
—¿Pasa algo malo, hija? —preguntó mi madre.
—No, mami, al contrario. Vamos, Naraku, diles. Yo tengo que hacer algo con Kag y las chicas.
—¿Me dejarás solo, Kikyo? —preguntó Naraku con algo de nerviosismo.
—Eres el hombre, ¿no? —le guiñó un ojo, corrió hacia mí y subimos juntas al segundo piso con las demás.
Cuando llegamos, cerré la puerta y nos subimos las seis a la cama.
—Bien, ya saben el juego. Tomen su varita —habló Koshó.
Tanto Kikyo, Sango, Rin y yo tomamos una varita. Yo saqué el segundo lugar, Kikyo el primero, Sango el tercero y Rin el cuarto.
—Bien, habla, Kikis —dije tirando mi varita.
—Pues ya me confesé con Naraku y, desde anoche, ya somos oficialmente novios. Y no solo eso: hoy en la tarde Naraku se va a ir a vivir conmigo.
—¡Felicidades, hermana! —la abracé, y todas hicimos lo mismo.
—Y dime, ¿hubo acción anoche? — preguntó Sango con una sonrisa coqueta.
—¿Acaso no ven las ojeras que me cargo? ¿Por qué creen ustedes, eh?
—Mmm... ¡golosa! —gritamos las cinco.
—Bien, te toca, Kag. ¿Cómo te fue con la familia Taisho?
Sonreí al recordarlo.
—Fue perfecto. Los padres de Inuyasha aman a mi familia, y la nuestra ama a la de él. Todo fue tan lindo.
—¿Hubo algún... revolcón por ahí? —preguntó Asuka con cara de pervertida.
—Mmm... pues sí.
—¿Cómo fue? ¿Afuera o qué? —preguntó Kikyo, algo confundida.
—Pues salimos a caminar por el jardín solos, y una cosa llevó a la otra y... así fue.
—¿Kag, lo hiciste en pleno jardín?
—No, claro que no, Kikyo. Fue en un cuarto.
—¡Pinche pervertida y cochina! —Kikyo me lanzó un cojín.
—¿Profanaste el templo?
—No, claro que no, ni loca. Fue en el cuarto donde está el pozo.
—¿De verdad?
—Claro. No estoy loca como para profanar un lugar sagrado.
—Bueno, siendo así, está bien —me dijo Kikyo sonriendo.
—Bien, ahora te toca a ti, Sango. ¿Cómo te fue?
—Fue casi perfecto. Ya saben, mi padre no se la iba a dejar fácil, pero Miroku tuvo la valentía de enfrentarlo. Y no solo eso, no sé cómo se dieron las cosas, pero hoy mismo yo también me voy a vivir con Miroku a su departamento.
—¿De verdad? —exclamamos todas.
—Sí, así es.
—¡Oh, Sango! Estamos muy felices por ti, ¿verdad, chicas?
—¡Claro! O sea, las tres se van a vivir con sus novios. ¡Qué lindo!
—Sí —dijimos nosotras, pero todas nos quedamos viendo a Rin.
—Bien, señorita, cuente qué pasó.
—Pues no me lo van a creer: Sesshomaru y yo somos novios.
—¿¡Quéeee!? —gritamos todas.
—¡Shhhh! ¡Bajen la voz!
—Ok, ok, pero cuéntanos todo, hasta el más mínimo detalle. ¿De acuerdo?
—Está bien.
Perspectiva de Rin
—Y así fue como pasó todo.— Les terminé de relatar todos los detalles de mi noche perfecta.
—Rin, o sea, ¿tú y él ya lo hicieron?
—Sí, bueno, él quiso irse para darme mi espacio, pero una cosa llevó a la otra...
—Amiga, no nos mientas. ¿Hiciste algo para que él se quedara? —me preguntó Sango con una sonrisa.
Yo me sonrojé y asentí con la cabeza.
—Sí, bueno... algo así —solté una risita nerviosa.
Pero todas se me vinieron encima.
—¡Oigan! ¡Me están aplastando!
—Rin, eres una pervertida, y tan inocente que te ves —se burló Kikyo de mí.
—¡Oigan! Sí soy inocente. Solo me dejé llevar por el amor de mi vida, nada más. ¡Y ahora quítense!
Cada una se bajó de mí para sonreírme, y yo les devolví la sonrisa a mis amigas.
—Bien, ya sabemos el chisme completo. Ahora, ¿Qué esperan? ¡Bajemos! Hay tres señoritas que tienen que preparar sus cosas para vivir con sus hombres —habló Koshó emocionada.
—Sí, bajemos. El pobre de Naraku debe de estar sudando frío con el abuelo —les dije a las chicas. Todas reímos al bajar, pero las sonrisas en nuestros rostros no se borraron en ningún segundo. Le recé a Dios para que así siguiéramos por siempre.
Continuará...
Si llegaron hasta aquí, gracias. Crédito de la ortografía a la bella autora cbt1996. ¡Gracias, linda!
