Cbt1996: Hola, linda. ¿Cómo que ves peligro hasta con Koshó y Asuka? Por Dios, me muero, jajaja. ¿Tan poca fe me tienes? Si yo no soy como ustedes, lo mío sí es bonito de verdad, jajaja, lo juro.
Por Kami, ya shippeaste a todos, morí, jajaja. Si ellos son buenos, ¿qué tengo que hacer para que me creas que son buenos, buenísimos?
Suikotsu es un ángel, ya lo verás.
Y ese par moja los calzones con todos, jajajaja.
Repito, confía en mí, mi Cindy María, ¡confía!
Saludos, linda.
Kayla Lynnet: Hola, linda. Así es, bella, quise poner ese pequeño detalle del grupo en el fic, jajaja. Isa hará el milagro con Kikyo, eso espero, o adiós Naraku, jajaja.
¿Qué loca ves? Kayla, yo no veo a ninguna, jajaja.
Los amigos de Naraku son un amor, apuesto a que te vas a enamorar de ellos con el tiempo, linda.
Al fin Koshó y Asuka comieron carne, ya era hora de que les tocara a ellas dos, jajaja.
Suikotsu es un amor, ya verás, y el Mirsan lo vas a amar en este capítulo, te doy mi palabra, amiga.
¿No te olvidaste de Mikami, verdad? Jajaja.
Sara es una ex, no le tomes importancia, linda, es solo eso, una ex.
Ya deja de odiar a mi Bankotsu, él es bueno, no como el tuyo, jajaja.
Siempre habrá felicidad para mi InuKag, no lo dudes, jajaja.
Nunca dije que Kag estaba embarazada, no soy como tú con tus bromas, Teresa, jajaja.
Saludos, linda.
Karri Taisho: Hola, linda. Me alegra que hayan notado lo del grupo, jajaja.
Inuyasha ayudando a su cuñada fue lindo, ¿verdad?
Yo no veo ninguna loca en el camino, bella, jajaja.
Bankotsu es un amor, ya verás.
Sí, a Koshó y Asuka ya les tocaba, ¿verdad? Jajaja.
El Mirsan la está pasando bomba, o sea, súper bien, y los doctores son un amor de verdad.
Y el InuKag es puro lemon, ya lo viste en el fragmento del canal, linda.
Kikis va a poner todo su empeño para cocinar, y Suikotsu es bueno, de verdad, es bueno, jajaja.
¿Verdad que estos chicos lo que menos tienen es ser feos? Jajaja.
Sara solo es una ex, nada más, lo juro, jijiji.
Sesshomaru… mmm, ahí sí te doy la razón, callar no es bueno. Ya vimos lo que pasó con los demás por hacer eso, punto para ti, Karri.
Los grupos son sagrados, no cualquiera entra, jajaja.
Bankotsu es bueno, lo juro.
Inu es celoso, eso es todo, jijiji.
Karri, los capítulos son bonitos, de verdad, son bonitos.
Saludos, linda.
Annie Pérez: Hola, linda. Los amigos de Naraku son una pieza muy importante para esta historia, linda. Tú confía en mí, bella.
Sara es solo una niña de papá, nada más.
Saludos, linda.
Posdata: Creo que ya se dieron cuenta de que Facebook me bloqueó todo y no sé cuándo regresaré por esos lados. Por el momento, me armé un canal de WhatsApp que se llama "Rosa Taisho" y al final tiene dos emojis de dos espadas y un arco.
Ahí seguiré recomendando los fics de InuKag y los míos también. Por el momento, mis bellas, eso es todo. Besos.
Capítulo 37
Esto no me gusta nada
Perspectiva de Kagome
Los rayos del sol golpearon mi rostro mientras lentamente los abría. Me estiré para relajarme, volví a mi lugar y sonreí al ver el rostro de Inuyasha dormido tranquilamente. Una pequeña travesura pasó por mi mente.
Me moví con cuidado hasta mi cómoda, la abrí y... ¡bingo! Ahí estaban mis queridas esposas que usé hace unas semanas. Regresé a mi lugar con sigilo. Inuyasha dormía boca arriba, justo como lo necesitaba.
Con cuidado tomé su muñeca y le coloqué la esposa. Lo bueno de estas esposas era que tenían una cadena bastante larga. Sonreí al engancharla en la cama. Me levanté con mucho cuidado y, de puntillas, caminé alrededor de la cama hasta el otro lado. Ahí repetí el mismo proceso: le puse la esposa en la otra muñeca y la aseguré a la cabecera.
Caminé hasta el pie de la cama y, con cuidado, retiré las sábanas. Recorrí todo su cuerpo desnudo con la mirada y me subí sobre el colchón. Con delicadeza abrí sus piernas y me quedé ahí, observándolo. Entonces, le di la primera lamida a su dormido amigo.
Sentí cómo se removía y me dio ternura, pero seguí con mi juego. Le di una chupada en la punta mientras mi mano comenzaba a acariciarlo de arriba hacia abajo.
Perspectiva de Inuyasha
Mis párpados comenzaron a abrirse cuando una extraña sensación me despertó. Intenté moverme, pero no pude. Eso me hizo abrir los ojos por completo. Quise mover los brazos, pero tampoco pude. Eché un vistazo hacia arriba y... ¿unas esposas?
Estas esposas ya las había visto antes y...
Justo en ese instante sentí algo succionando mi miembro. Bajé la mirada y encontré a una Kagome completamente desnuda entre mis piernas, dándome un increíble sexo oral.
—Ka-Kagome... ¿Qué...? Mmm... ¿Qué haces?
Levantó la cabeza y sonrió.
—Buenos días, cariño.
Sonreí como un idiota. Se veía tan hermosa...
—Kag... ¿Me puedes decir por qué me amarraste?
—Porque quería probarte un poco —respondió con picardía.
—Torturarme, querrás decir —pronuncié con una sonrisa.
—Tal vez... o a lo mejor me encanta ver tu cara de desesperación por no poder tocarme.
—Malvada... pero mmm...
Me callé en cuanto ella volvió a lo suyo. Dejé que mi cabeza cayera sobre el colchón, ya resignado. Kagome había despertado con ganas de torturarme y yo no podía hacer nada para impedirlo.
Cerré los ojos para disfrutar tan rica tortura. Sentir su pequeña boca moviéndose y tragándoselo todo, me prendió de una manera descomunal. A mis oídos llegó su risita coqueta y, sin abrir los ojos, pronuncié:
—¿Qué te da tanta risa, brujita?
—Solo te he dado unas cuantas mamadas y tu dormidito amigo ya despertó completamente.
—Desátame y verás cómo mi amiguito te deja sin caminar todo el día... Shhhh...
Me mordí el labio cuando ella empezó a chuparlo de una forma que rozaba lo doloroso, pero que era exquisita.
—Mmm... Ka-Kagome... bájale un poco o me voy a correr en segundos... Shhhh...
—Tal vez eso quiero...
Como pude, abrí los ojos y levanté la cabeza para verla.
—Mmm... Ka-Kagome, ni se te ocurra tragarte a Moroha —le advertí.
Ella se rio y se llevó mi saco a la boca. No pude evitar soltar una carcajada cuando la vi; parecía una ardilla con nueces en la boca.
—¡Kag, no hagas eso! —solté riendo, dejando que mi cabeza volviera a caer en el colchón.
Ella dejó su tarea de lado para responderme.
—Claro que no me la voy a tragar, pero he escuchado que si llevas al extremo a un hombre, su liberación es más potente. Y eso es lo que buscamos, ¿verdad?
—Kag, puedo hacerte el amor todo el día sin cansarme. No es necesario que... Shhhh... ¡Kagome, ya para! No tienes por qué torturarme así...
—Pero a mí me gusta...
—Eres una bru... Mmmmmm...
Volví a morderme el labio cuando ella intensificó su trabajo, moviendo la boca con tal velocidad que ya estaba soltando rugidos de excitación.
—Kagome... Ya viene... No te la...
Antes de terminar la frase, ella se levantó y, de un salto, se hundió en mí, empezando a montarme.
—Mmm... Vamos, Inu, deja que salga...
Solo aguanté unos segundos antes de correrme dentro de ella. Ambos gemimos, aunque ella más que yo, porque yo rugí como un león en celo. Sentí su cuerpo desplomarse sobre el mío.
Nos quedamos así por unos segundos hasta que ella se incorporó y me sonrió.
—¿Te gustó?
—Me encantó... pero si no me desatas, te juro que después te voy a dejar encerrada aquí por una semana y vas a tener que aprender a caminar otra vez, Higurashi.
—Esa idea me encanta, Taisho.
—Kag, hablo en serio. Desátame ahora o de aquí no salimos en una semana.
La vi morderse el labio. La muy descarada se estaba riendo de mí.
—Ok, ya te desato...
Se levantó y quedó sentada sobre mí mientras me quitaba las esposas. En cuanto me liberó, me lancé a sus labios, dándole la vuelta y dejándola debajo de mí. La besé con hambre y mis labios descendieron hasta sus pechos, que succioné salvajemente. Ella gritó de placer, pero no me detuve.
Chupé sus senos hasta dejarlos rojos y seguí mi recorrido hasta llegar a donde quería. Le abrí las piernas y la devoré sin piedad, al punto de que a veces le daba algunas mordidas.
Sentirla gritar mi nombre era la mejor venganza que podía tener. Chupé su intimidad hasta dejarle una marca roja de tanto lamerla. Luego, introduje dos dedos en su interior para prepararla y empecé mi tortura.
—Inu... ¡Inuyashaaaaaa!
—Te gusta torturarme, ¿verdad, pequeña?
No me detuve. La tuve así por un buen rato hasta que ya no soporté el dolor en mi miembro. Saqué mis dedos y me posicioné sobre ella. Sin ninguna delicadeza, me hundí en su interior.
Los dos jadeamos fuerte mientras entraba y salía con desesperación y lujuria.
—¡Inu! Shhhh...
—Te gusta lo que provocaste, pequeña malvada...
—Mmm... ¡Me encanta! —gritó, aferrándose a mí con sus piernas alrededor de mi cintura.
Me moví aún más fuerte dentro de ella. Estaba cegado por la lujuria. Kagome lograba sacar mi lado más salvaje con sus juegos eróticos y, aunque no me quejaba, después no podía ni pensar con claridad.
—¡Inuyasha, ya... ya viene!
—Vamos, pequeña, déjate ir...
—¡Mmm sí!
Rugí al sentir que mi propia liberación llegaba.
—¡Inuyashaaaaaa!
La sentí bañarme con su orgasmo y, segundos después, la llené con el mío.
Pasaron unos segundos y, aún dentro de ella, me giré en la cama, dejándola encima de mí.
—¿Te gustó, malvada?
—Me encantó... —susurró antes de besarme.
—Mmm... Inu... Inuyasha...
—Dime... —pregunté, besando su cuello.
—Quisiera estar así todo el día, pero... hay trabajo.
—Déjalo para después —supliqué.
—Me encantaría, pero no puedo.
—¿Por qué? —susurré, mientras lamía su piel.
—Shhh... Porque tengo un almuerzo con el señor Doriko.
—¿Doriko está en Tokio? —pregunté mirándola.
—Sí, solo estará dos días, y me invitó a almorzar. No pude negarme, amor.
—Sí, entiendo, está bien. Pero seguimos en la noche, pequeña.
—Claro que sí, bebé.
Le di el último beso, y ella se levantó de encima de mí, mientras ambos jadeábamos por ese roce tan placentero.
La vi levantarse completamente desnuda y caminar hacia el baño. No le quité la mirada de encima. Cuando iba a entrar, me miró con una sonrisa.
—¿Nos bañamos juntos, Inu?
Sonreí, porque sabía lo que eso significaba.
—Claro, pequeña.
Me levanté igual que ella, completamente desnudo. Cuando llegué hasta ella, la abracé por detrás, y los dos entramos al baño a darnos una de esas duchas muy placenteras.
Perspectiva de Kagome
—¡Ya, Inuyasha! Déjame que me cambie —lo empujé, riendo.
—No es mi culpa. ¿Por qué te pones una lencería roja si sabes que me vuelve loco verte así?
—No, no es el color. Es que tú eres un pervertido —solté, corriendo al otro lado del cuarto, mientras trataba de ponerme la falda.
—Pero este pervertido te encanta, ¿verdad? —sonrió coqueto, caminando hacia mí.
—¡Quédate quieto, Taisho! Llegaré tarde por tu culpa.
Quise correr, pero me atrapó antes.
—Vamos, Kag... ¿Y si le echas una mentira al señor Doriko y nos quedamos aquí?
—¡Estás loco!
—¿Por qué no? Te tiene en un altar, no se va a molestar.
—Por eso mismo, Inuyasha. Porque soy responsable y siempre cumplo con mis citas. Hablas como si no lo conocieras —le expliqué, mientras trataba de zafarme de su agarre.
—¿Que no lo conozco? ¡Sí, claro! Tuve que soportar al idiota de Sesshomaru presumiendo que él sí pudo hacer negocios con él.
Solté una risita, porque Inu parecía un niño pequeño y celoso por los logros de su hermano.
—Oye, ¿de qué te ríes?
—De nada, amor. Pero si ya terminaste de cambiarte, ve a hacer el desayuno mientras yo termino. No puedo faltar a ese almuerzo.
—Pero es temprano aún.
—Sí, pero tengo que pasar a hablar con Sango de algo.
—¿De qué?
—Pues... de que me estoy poniendo en campaña para que tengamos un hijo. Le prometí a Sango que, cuando ese día llegara, ella sería la primera en saberlo. Por si tengo que llevar algún tratamiento o algo... ella es la ginecóloga de todas nosotras, amor.
—Mmm... Bien. Si es por nuestra Moroha, está bien. Voy a hacer el desayuno, ¿sí?
—Gracias, bebé.
Lo besé mientras me soltaba para caminar a la cocina.
Sonreí cuando me quedé sola. Me puse la falda, luego una blusa blanca, mis zapatos de tacón negros y mi saco de abogada. Decidí no llevar corbata, ya que no iba a un caso. Me maquillé ligeramente, me puse un labial rosa mate, un poco de colonia y tomé mi cartera. Caminé hacia la cocina, y un exquisito olor llegó a mis fosas nasales.
—Mmm... ¡Qué rico huele! —pronuncié al llegar a la cocina.
—Pues me alegra que te guste, porque sí me esmeré en hacer el desayuno. Ven, siéntate aquí.
—Gracias —dije, mientras dejaba mi cartera a un lado y me sentaba en la mesa.
Había café, leche, té, huevos revueltos, cereal, frutas, pan tostado, mermelada, mantequilla y queso.
—Amor, ¿no crees que es mucho?
—No. Solo puse de todo un poco para que escojas lo que quieras, cariño.
—Eres un amor, Inuyasha.
—Lo sé —pronunció, sonriendo.
—Eres un presumido.
—Solo trato de ser lo más perfecto para ti, Kag —me dio un trozo de queso en la boca. Lo recibí gustosa mientras lo masticaba—. Mmm... está exquisito. Pero tú ya eres perfecto, Inuyasha —pronuncié, dándole un pequeño beso en los labios.
Después, nos pusimos a desayunar.
—¿Vas a la empresa, Inu?
—Sí, hay unos planos que aún no termino de diseñar, así que los haré hoy con Miroku.
—Ok. Oye, ¿te parece si hoy salimos a tomar algo con los demás para darles la noticia de que decidimos ser padres? Antes de que Sango se lo cuente a medio mundo —solté, bromeando, mientras mordía mi tostada.
—Ok, me parece perfecto, Kag. Yo le aviso a Miroku, Sesshomaru y Naraku.
—Súper, yo les digo a las chicas.
Terminamos nuestro desayuno en un agradable silencio. Cuando acabamos, los dos lavamos los platos y los guardamos. Tomamos nuestras cosas, las llaves de nuestros autos y salimos del departamento de la mano. Llegamos al ascensor y, mientras bajaba al primer piso, nos dimos unos besos. Cuando las puertas se abrieron, salimos hacia la salida.
—Bien, te dejo a ti elegir el lugar para que vayamos, Inu.
—Claro, pequeña, yo busco el lugar para celebrar.
—Súper. Cuídate, Inu.
—Tú también, Kag.
Nos besamos por última vez y cada uno se fue en su auto hacia su destino.
Iba por el camino cuando mi teléfono sonó. Contesté en voz alta.
—¿Aló?
—Hola, hija.
—¡Hola, mamá! ¿Cómo está todo por allá?
—Bien, cariño, todo bien. Solo te llamaba para decirte que, si pensabas pasar por Sota al colegio, no vayas, linda, porque él no fue.
—¿Le pasó algo?
—No, cariño, solo un resfriado. Lo tendré en cama hoy. Si no mejora, mañana lo llevo al doctor.
—Ok, mamá. Cualquier cosa, me avisas, ¿vale? ¿Ya le dijiste a Kikyo?
—Sí, cariño, ya le dije. A Rin también. Bueno, eso es todo, cariño. Que tengas un lindo día.
—Igual tú, mamá.
Corté la llamada, doblé a la derecha para estacionarme y apagué el auto. Bajé y caminé hacia la clínica. Saludé a los guardias y llegué hasta Celeste.
—Hola, Celeste. ¿Está la doctora Taijiya?
—Hola, buen día, señorita Higurashi. Sí, ahorita le aviso que está aquí.
—Ok.
La vi llamar a su consultorio y luego colgó.
—Pase, por favor. La doctora la espera.
—Gracias.
—No hay de qué.
Caminé al ascensor y apreté el botón del segundo piso. Me quedé pensando por unos segundos.
—Apuesto que Sango no esperaba esta noticia tan pronto —susurré, feliz.
Las puertas se abrieron. Caminé por el pasillo y toqué la puerta.
—¡Pase!
Abrí la puerta.
—Hola.
—¡Hola, Kag! Pasa.
Entré y cerré la puerta.
—¿Estás ocupada, Sango?
—Claro que no, Kag. Pero qué sorpresa verte aquí tan temprano.
—Pues vine a darte una noticia.
—¿A mí? ¿Cuál?
—¿Recuerdas que querías ser la primera en saber algo de mí?
—Mmm... Por Kami, ¿estás...? ¿O quieres...?
—Sí, Sango, quiero. Mejor dicho, Inuyasha y yo decidimos que vamos a ser padres.
—¡Por Dios, Kag! ¡Qué alegría!
Me abrazó, y yo, feliz, la abracé también.
—¿Cuándo lo decidieron?
—Anoche, amiga. Anoche tomamos la decisión de ponernos en campaña para tener a nuestro hijo este año.
—Me alegro. Pero... las pastillas, Kag...
—Por eso vengo, Sango.
—Claro, pero ven, sentémonos.
—Claro.
Me senté en la silla, y ella en la suya.
—Bien, cuéntame.
—La última pastilla que tomé fue anteanoche. Anoche no tomé nada y... quiero saber qué pasos seguir para quedar embarazada lo más rápido posible, amiga.
Perspectiva de Sango
—Ok, escucha, amiga. El tiempo que una mujer puede tardar en quedar embarazada después de dejar las pastillas anticonceptivas varía según varios factores, como su ciclo menstrual, su edad y su fertilidad natural. Sin embargo, aquí hay algunos puntos clave, Kag…
—¿Cuáles, Sango?
Tomé mi computadora y busqué la información. Cuando la encontré, se la mostré.
—Kag, mira —le volteé la pantalla mientras me ponía a explicarle:
Ovulación después de suspender las pastillas: Algunas mujeres ovulan inmediatamente en el siguiente ciclo después de dejar los anticonceptivos, mientras que en otras puede tardar algunas semanas o meses en restablecerse un ciclo regular.
Tiempo promedio para quedar embarazada: Según estudios, aproximadamente el 50% de las mujeres quedan embarazadas en los primeros tres meses después de suspender los anticonceptivos, y alrededor del 80-90% lo logra en un año si tienen relaciones sexuales frecuentes y sin protección.
Frecuencia de relaciones sexuales: Tener relaciones sexuales todos los días aumenta las probabilidades de embarazo, pero no es estrictamente necesario. Lo ideal es tener relaciones durante los días fértiles del ciclo menstrual, especialmente en los días cercanos a la ovulación.
Si una mujer no queda embarazada después de un año de intentarlo, se recomienda consultar a un médico para evaluar la fertilidad.
Terminé de relatarle a Kag lo que decía la computadora.
—Entonces, ¿tú crees que si sigo esas reglas, en menos de tres meses podré estar embarazada, Sango?
—¡Claro que sí, Kag! Solo pasaron unos meses desde que te hiciste tu último chequeo conmigo, al igual que las demás chicas, y todas salieron bien en sus exámenes. Amiga, tú tranquila, relájate y disfruta el proceso de quedar embarazada.
—Está bien, Sango. Me quedaré tranquila y disfrutaré del proceso, amiga.
—No me cabe duda de que lo vas a disfrutar, pervertida —solté, sonriendo.
—Seguro que tú y Miroku no son pervertidos, ¿verdad?
Mi sonrisa se esfumó de inmediato.
—¿Pasa algo, Sango?
Solté un suspiro agotador antes de ver a mi amiga.
—Pues verás… Miroku y yo discutimos anoche cuando llegamos al departamento.
—¿Tú también?
—¿Cómo que tú también? ¿Tú igual discutiste con Inuyasha?
—Sí, pero después hablamos. Olvídate de mí… ¿Qué pasó, Sango?
—Pues…
Flashback
—¡Por Dios, Miroku! ¿Qué fue todo eso de inventar una reunión para salir del departamento de Naraku? ¿Qué te pasa?
—Me pasa que no me gustó nada la forma en que hablabas con ese Juromaru.
—¿Por qué no? Solo estaba siendo amable con él y compartíamos charlas de deporte. ¿Qué hay de malo en eso?
—Todo. No me gustó cómo te veía y no lo quiero cerca de ti, Sango.
—A mí no me vas a decir qué hacer, Miroku Mushin. Estoy bastante grandecita para cuidarme sola, ¿sabes?
—No hablo de eso.
—Entonces, ¿de qué es?
—No me da buena espina ese sujeto, Sango.
Solté un suspiro para tranquilizarme y lo miré a la cara.
—Miroku, ¿acaso estás celoso de Juromaru?
—No estoy celoso, pero hay algo en él que no me agrada.
—Amor, estás viendo cosas donde no las hay. Es más, capaz ni lo veamos otra vez. De hecho, son amigos de Naraku, no nuestros, ¿vale? —me acerqué a él para abrazarlo—. Ya deja de pensar tonterías, ¿vale?
—Está bien… —me susurró, abrazándome.
—Vamos a dormir, Miroku. Estoy muy cansada.
—Bueno, vamos.
Fin del flashback
—Y eso pasó… Nunca había visto a Miroku tan serio, Kagome.
—A mí me pasó algo similar con Inuyasha. Claro, él fue más impulsivo, haciendo que le diera una cachetada por tonto. Pero después nos conciliamos. Aunque que Miroku pensara igual que Inuyasha es raro, ¿no?
—Sí, muy raro… pero creo que son celos, Kag. Espero que hoy esté de mejor humor.
—Claro que sí, Sango. Miroku es el más tranquilo de todos los chicos del grupo, ya verás que hoy van a estar como siempre.
—Sí, Kag, tienes razón.
—Bueno, amiga, ya me voy. Tengo un almuerzo importante.
—Claro, yo ahora iré al gimnasio a entrenar un poco —dije mientras nos levantábamos. Tomé mi chaqueta, me quité la bata y salimos las dos del consultorio.
—Sango, en la noche vamos a ir a celebrar todos juntos la noticia de que… bueno, queremos ser padres. Cuando tenga el lugar, les aviso por el grupo de WhatsApp, ¿sí?
—¡Claro! Ahí estaremos.
—Vale.
—Ah, Kag, verdad que quería presentarles a un viejo amigo que empezó a trabajar aquí ayer, pero hoy estaba muy ocupado. Mañana se los presento.
—¡Por supuesto! Yo feliz de conocerlo.
—Les caerá muy bien, estoy segura.
—Dalo por hecho, amiga.
Las dos sonreímos y nos adentramos al ascensor para ir cada una a su destino.
Perspectiva de Inuyasha
—Miroku, ¿Qué tienes? Tienes una cara que ni tú te la aguantas —le pregunté mientras miraba mi plano.
—No es nada, Inuyasha.
—Sí, claro… ¿Algún problema con Sango?
—No, es solo que anoche discutimos por culpa de Juromaru.
—¿Qué? ¿Ustedes también?
—¿Cómo que ustedes también?
—Sí, verás, anoche discutí con Kag por culpa del idiota de Bankotsu. No me gustó para nada cómo la miraba.
—Lo mismo me pasó a mí, Inuyasha. Ese Juromaru puso sus ojos en Sango, no tengo dudas de eso.
—¿Estás seguro, Miroku?
—¡Claro que sí! Lo estuve observando toda la noche y ese idiota no me engaña. Puso sus ojos en Sango, pero más le vale que ni se le acerque.
—Oye, cálmate, Miroku. Jamás te había visto así por alguien.
Lo vi refregarse la cara y suspirar pesadamente.
—Lo sé, amigo… Hasta yo me sorprendo de mi comportamiento. Pero la pasé muy mal cuando perdí a Sango la primera vez, no quiero pasar por lo mismo.
—Hey, eso no va a pasar. Sango te ama y no te va a cambiar por ese idiota. Ya tranquilo, ¿de acuerdo?
—Sí, tienes razón. ¿Y tú por qué hablas tan relajadamente? Pensé que te ibas a morir de celos por ese tal Bankotsu.
Sonreí de lado y recosté mi espalda en la silla.
—No te lo voy a negar, sí me molestó. Pero anoche, cuando me reconcilié con Kag, ella me dio la mejor noticia del mundo.
—¿Cuál?
—Amigo mío, Kag y yo decidimos que queremos ser padres.
—¿¡Qué!? A ver, embarájamela más despacio… ¿Kag está embarazada?
—No, tarado. Estamos en campaña para tener un hijo.
—¡Ohh! Pero qué buena noticia, hermano.
Se levantó de su silla para felicitarme.
—Mucha suerte, amigo, con esta nueva etapa en sus vidas.
—Gracias, Miroku —le respondí, levantándome de la silla para corresponderle el abrazo.
—Sabía que eran gay —soltó la voz de Sesshomaru, haciendo que nos separáramos rápidamente.
—Idiota, ¿tú nunca tocas la puerta? —exclamé, ya aburrido de sus malditas bromas.
—No, pero desde ahora lo haré. No quiero encontrármelos a los dos teniendo sexo en el escritorio.
—¡Imbécil! —le grité, tirándole un lápiz—. Miroku me está felicitando porque pronto seré padre.
—¿Qué?
—Sí, lo que oyes. Estamos en campaña para tener un hijo con Kag.
—Ya veo…
Puse los ojos en blanco y me senté otra vez.
—Ah, y por cierto, en la noche los espero a ti y a Rin, al igual que a Miroku, Sango y los demás en el bar Tokyo Club para celebrar todos juntos esta noticia.
—Allí estaremos, pero ahora mueve tu culo porque quiero ver los planos.
—Está bien.
—Oigan, está linda la charla, pero yo ya terminé con mis citas. Nos vemos en la noche, tengo algo que hacer.
—¿Vas con Sango?
—Sí, hoy ella iba a ir al gimnasio, así que voy a darle una sorpresa.
—Suerte, amigo.
—Gracias.
Nos despedimos de Miroku y luego, con mi hermano, terminamos los planos que nos quedaban.
Perspectiva de Kagome
—Kagome, fue un placer haber almorzado con usted.
—El placer fue todo mío, señor Doriko.
—Kag, ¿Cuántas veces le he dicho que puede tutearme?
—Lo sé, pero me gusta más llamarlo así.
—Está bien. Y por cierto, me hizo tan feliz saber que usted y el señor Inuyasha Taisho son pareja. ¿Pero hay fecha de boda?
—Eh... no, aún no. Es muy pronto, y todavía tengo mucho trabajo este año, señor Doriko.
—Ya veo, tú siempre tan entregada al trabajo. De verdad que te admiro mucho por eso.
—Muchas gracias, señor. Yo también admiro mucho su trabajo, es un empresario muy importante en todo el mundo.
—Y también tengo a la mejor abogada a mi lado.
—Por favor, solo trato de hacer lo mejor que puedo.
—Tú siempre tan modesta, Kagome.
—Pero bueno, ya se me hizo tarde. Me encantaría pasar más tiempo hablando contigo, pero los negocios llaman.
—Así es, señor. Para mí también fue un placer haber platicado con usted —pronuncié, levantándome de la mesa para despedirnos. —Adiós, señor Doriko. Que le vaya bien en su viaje a América.
—Gracias, igualmente para ti, Kagome. Mucha suerte este año... aunque mi abogada favorita no la necesita, ¿verdad?
Solté una risita nerviosa antes de hacer una reverencia.
—Adiós, señor.
—Adiós, Kag.
Él también hizo una reverencia.
—Ah, y ten, esto es para ti —me extendió un estuche de terciopelo.
Lo tomé, ya sabiendo que era un regalo de su parte. Lo abrí y, en efecto, era un collar de diamantes.
—Señor...
—No acepto un no por respuesta, Kag. Es lo menos que puedo hacer por mi abogada de confianza. Sabes que la confianza hoy en día es algo escaso, ¿verdad?
—Yo solo hago mi trabajo, señor.
—Haces más que eso, Kag. Ah, y otra cosita... si el joven Inuyasha Taisho te hace sufrir o se comporta mal contigo, tú solo dímelo, y yo mismo me encargo de destruir su carrera.
—¡NO!
Casi fue un grito el que solté, haciendo que varias cabezas se giraran para observarnos. Avergonzada, volví a hablar con el señor Doriko en un tono más bajo.
—No hace falta, señor. Yo soy muy feliz con Inuyasha.
—Me alegra eso, linda, pero de todas formas, cualquier cosa, solo llámame, ¿sí?
Solo sonreí y volví a hacer una reverencia.
—Gracias por el regalo.
—De nada, Kagome. Bueno, ya me voy. Adiós.
—Adiós.
Lo vi marcharse con sus diez guardaespaldas. Solté un suspiro y guardé el regalo en mi cartera antes de terminar mi café.
—Jamás pensé que tú conocieras al gran señor Doriko.
Una voz se escuchó detrás de mí. Me giré y me encontré con... ¿Bankotsu?
—Hola, ¿me puedo sentar?
—Eh... claro —pronuncié, señalándole el asiento. —¿Tú conoces al señor Doriko?
—Sí, lo conozco. Todos en Estados Unidos lo conocen. Yo, más de una vez, dejé mi currículum con una de sus secretarias, pero jamás me llamaron. Creo que no estoy a su altura —soltó, bromeando.
—No es eso, Bankotsu. Lo que pasa es que él es un señor muy arisco, nada más. Y por cierto, ¿Qué haces por aquí? No pensé que te gustaran los restaurantes caros —solté, bromeando.
—Claro que no. Solo vine a acompañar a mi jefe, que vino a hablar con unos socios sobre unos planos. Pero cuéntame, ¿de dónde conoces al señor Doriko?
—Pues, como verás, él es japonés, aunque viva en América. Ha seguido toda mi carrera desde cero porque estudié en la misma universidad que su nieto. Al principio me contrataba para algunos casos muy sencillos, pero con el tiempo esos casos se hicieron más difíciles hasta que, al final, me convertí en su abogada personal.
—Vaya... qué grandes logros has conseguido, Kag. ¿Puedo decirte Kag?
Me tomó por sorpresa su pregunta, pero aun así le dije que sí.
—Claro, no hay problema.
—Gracias. Bueno, como te decía, has logrado grandes cosas en tan poco tiempo. Te felicito por eso.
—Muchas gracias, solo trato de hacerlo lo mejor que puedo —respondí con una sonrisa, pero algo pasó por mi mente y la curiosidad pudo más—. Oye, Bankotsu, si tú eres japonés, ¿por qué tienes apellido americano?
—Porque fui adoptado por una pareja americana: la familia Guerrero.
—Perdón, yo no...
—No, tranquila, no pasa nada, bonita. No es algo que me incomode, al contrario. Estoy muy orgulloso de mis padres y del hombre que soy ahora gracias a ellos.
Sonreí por sus palabras.
Bankotsu es un chico muy simpático y alegre. Con razón es el mejor amigo de Naraku.
—Me alegro mucho por ti —dije, aún con mi sonrisa en el rostro.
—Gracias. Oye, por cierto, te quería pedir un favor.
—Sí, claro. Dime.
—Bueno, uno nunca sabe cuándo necesitará un abogado, y ya que conozco a la mejor de Japón...
—Bankotsu, por favor... —pronuncié, apenada.
—¿Qué? Solo digo la verdad. Bueno, lo que quería pedirte es si me das tu número de teléfono. Para tenerlo por cualquier cosa legal, ya sabes, por si choco o me chocan —pronunció, haciéndonos reír a los dos.
—Oye, creo que confundes Japón con Estados Unidos. Aquí somos tranquilos, ¿sabes? —solté, aún riendo.
—Bueno, pero por si acaso... ¿me darías tu número?
—Está bien.
Vi cómo sacaba su teléfono del bolsillo y me lo extendía. Lo tomé y agregué mi número.
—Listo, ten —se lo entregué de vuelta.
—Gracias, Kag.
—De nada. Bueno, ya se me hace tarde, nos vemos, Bankotsu.
—Claro, nos vemos.
Nos levantamos, y me despedí de él con una reverencia.
—Adiós.
—Adiós, Kag.
Caminé hacia la puerta, entré a mi auto y me fui a mi departamento.
Perspectiva de Bankotsu
Revisé su número y la busqué en WhatsApp. Ahí había una foto de ella... pero con su novio, Inuyasha.
Hice una mueca de desagrado antes de apagar la pantalla y regresar al trabajo.
Perspectiva de Sango
Golpear el saco de boxeo era algo que me relajaba demasiado. La tensión que acumulaba en la semana se desvanecía, y disfrutaba hacer este tipo de ejercicio.
—Vaya, sí que eres buena.
Me di la vuelta para ver al dueño de esa voz.
—¿Juromaru? ¿Qué haces aquí?
—Hola.
—Perdón… hola. —Me saqué los guantes para saludarlo—. ¿Cómo estás?
—Bien, ¿y tú, Sango?
—Bien, gracias. Pero aún no me respondes… ¿Qué estás haciendo por aquí?
—Bueno, te recuerdo que te dije que amo entrenar y hacer deporte, y tú me hablaste tanto de este lugar que le pregunté a Naraku la dirección para venir a hacer un poco de ejercicio en mi tiempo libre.
—Ya veo… pues llegaste al lugar indicado, este gimnasio es el mejor de Tokio.
—Sí, puedo verlo. Y dime, Sango, ¿aún está en pie la propuesta de una pelea entre los dos?
Sonreí con altanería antes de responderle.
—¿Crees que puedes ganarme?
Lo vi encogerse de hombros y responderme con una sonrisa.
—No sé… lo intentaré.
Me quedé pensándolo por un momento y acepté.
—Ok, pero con una condición.
—¿Cuál?
—No quiero que, por ser mujer, no pongas todo tu empeño. ¿De acuerdo?
—Ok, trato hecho.
Le hice señas para que me acompañara a la lona.
—¿Por qué no hay nadie a esta hora, Sango?
—Sí hay gente, pero están en el área de pesas. No sé qué tienen los hombres en la cabeza… solo quieren tener músculos, pero agilidad de pelea tienen cero.
Lo escuché reír detrás de mí, y yo también reí.
—No saben de lo que se pierden.
—Sí, eso mismo pienso yo —pronuncié, dándome la vuelta para verlo—. Listo, aquí vamos. ¿Estás preparado?
—Por supuesto.
Sonreí al ponerme en modo de pelea.
—¿Quieres atacar tú primero?
—No, las damas primero —dijo con una sonrisa.
Corrí hacia él para darle mi primera patada en las costillas, pero me la sujetó. Aproveché el impulso para golpearle el pecho con la otra pierna, logrando que me soltara y que retrocediera algunos metros.
—Vaya, sí que eres buena.
—¡Menos hablar y más pelear! —grité, lanzándole un combo a las costillas y otro a la mandíbula. Sin embargo, él logró esquivarlo.
"Vaya, es el primero que me da pelea", pensé emocionada, mientras seguía atacándolo. Él solo esquivaba mis golpes y, de vez en cuando, me sujetaba para intentar hacerme una llave. Pero yo era lo suficientemente rápida y ágil para zafarme.
En un momento, vi que se descuidó, así que aproveché para lanzarme sobre él y hacerle una pinza en el aire, logrando que ambos cayéramos al piso. Mientras yo ejercía presión en mi llave para inmovilizarlo, sujetándole el brazo, él murmuró:
—Vaya… creo que te subestimé.
—Ajá, así es —dije con voz victoriosa.
—Dios… no solo eres hermosa, eres perfecta.
—¿Eh? —exclamé, sorprendida.
Por solo un segundo, aflojé mi agarre… y fue mi error. Con un solo movimiento, Juromaru se liberó de mi llave, me empujó al suelo y se colocó encima de mí, inmovilizándome por completo.
—Creo que gané —dijo con una sonrisa en su rostro.
Lo miré enojada y le reproché:
—¡Hiciste trampa!
—¿Yo? ¿Cuándo?
—Pues… pues…
—¿Cuándo hice trampa, Sango? —preguntó, aún sobre mí.
—Tú sabes que hiciste trampa, Juromaru —volví a reprocharle.
—¿Por qué? Solo dije la verdad… no solo eres hermosa, eres perfecta, Sango.
—¡Perfecta tu abuela! —le dije, y los dos terminamos riendo.
—¿Interrumpo algo, Sango Taijiya?
La voz de Miroku a espaldas de Juromaru hizo que me callara de inmediato. Me moví para que Juromaru se apartara, y por suerte, así lo hizo. Cuando me levanté, caminé hacia Miroku.
—Miroku, qué alegría verte por aquí.
—¿En serio?
No respondí, pero vi a Juromaru pasar a mi lado para saludar a mi novio.
—Hola, Miroku.
—¿Me dejas hablar con mi novia? Gracias.
Juromaru se quedó con la mano extendida en el aire. Luego me miró y habló:
—Seguro, nos vemos luego, Sango.
No dije nada, porque si respondía, sabía que podría ser peor. Cuando vi que Juromaru se fue a las duchas, miré a Miroku y su mirada me dio escalofríos.
—Miroku, fuiste algo grosero con él, ¿no te parece?
—¿Tú crees? Mejor dime cómo se supone que debo saludar al tipo que prácticamente está encima de mi novia, ¿eh? Dime, Sango —terminó diciendo en voz alta.
Miré a mi alrededor y, por suerte, no había nadie cerca.
—Miroku, ¿puedes dejar de gritar? —pronuncié con voz seria.
—¿Y cómo quieres que hable? Te encuentro en el piso y literalmente ese imbécil estaba encima tuyo… ¿Qué se supone que debo pensar, eh?
—¡Cuidado con lo que estás diciendo, tonto! Estábamos en una batalla, ¡a eso se viene a este lugar! No estaba haciendo nada malo, ¡maldita sea!
—Pues yo no vi que estuvieran peleando. Al contrario, los vi muy bien riéndose juntos.
—¿Qué estás tratando de insinuar, Miroku? —lo encaré, ya harta de su escena.
—¡Que anoche discutimos por este idiota y hoy te pillo con él en el suelo, Sango! —me gritó.
Eso me hizo enfurecer.
—¡Miroku, ya deja los malditos celos a un lado, por Dios! ¡Ya te estás pareciendo a la difunta Shima!
—Pues al menos a ella jamás la pillé en situaciones como esta…
Y lo siguiente que ocurrió fue que mi mano se estampó en su mejilla, haciéndole girar la cara. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Cómo… cómo te atreves a compararme con la loca de Shima? ¡¿Cómo puedes, Miroku?! —le grité, con mis mejillas húmedas por las lágrimas. Me dolía que me hubiera comparado con ella… precisamente él.
Vi su expresión de culpa mientras se tocaba la zona del golpe, pero ya no me importaba. Si se había arrepentido, daba igual… el daño ya estaba hecho.
—San… Sango… yo… yo nunca quise decirte…
—¡Cállate! Porque mientras más hablas, más la jodes, Miroku. Jamás en la vida pensé que me compararías con ella… con la mujer que te hizo la vida un infierno… con la que intentó matarte… ¡y matarme a mí! ¿Cómo pudiste, Miroku? —exclamé, limpiándome las lágrimas con brusquedad. Odiaba llorar frente a los demás.
—Perdóname, Sango… no sé por qué dije semejante estupidez. Claro que tú no eres como ella… tú eres la mujer que amo con toda mi vida, yo…
—No se nota —lo interrumpí secamente.
—No se nota por la forma en que te comportas, y en este momento ya no quiero hablar contigo —me di la media vuelta, tomé mi bolso y, así, sin cambiarme de ropa, me fui del lugar, dejando a Miroku atrás, solo. Mientras caminaba hacia la salida, subí a mi auto y arranqué de ahí para poder llorar sola.
Perspectiva de Miroku
Me tomó unos segundos reaccionar y correr detrás de ella, pero cuando llegué a la calle, ella ya no estaba. Maldije en voz alta, atrayendo varias miradas hacia mí, pero no me importaba.
—¡Maldita sea! Soy un idiota. ¿Cómo carajo le dije eso a Sango? ¡Claro que ella no se parece en nada a la difunta Shima! Ella era una loca de patio, y Sango es la mejor mujer del mundo...
Una vez más, maldije para luego caminar hacia mi auto e ir al departamento. Ojalá esté ahí para poder arreglar las cosas, pensé ya desesperado, y me fui del lugar.
Perspectiva de Juromaru
Vi la escena desde lejos, pero claramente noté unas lágrimas en los ojos de Sango, y eso me molestó.
—¡Idiota! Ella no hizo nada malo para que la hagas llorar —exclamé entre dientes.
Observé cómo se iba y, segundos después, cómo Miroku la seguía. Me quedé ahí, viendo cómo desaparecían por la puerta.
Sango es una chica increíble y él no se la merece, pensé con pesar, para luego caminar hacia las duchas.
Perspectiva de Kagome
—¡Salud! —brindamos todos.
Había llegado la noche y estábamos en el bar, celebrando la noticia que acabábamos de darles a todos.
—Kag, estoy tan feliz por ustedes. Jamás pensé que este año iba a ser tía —dijo Kikyo emocionada.
—Gracias, Kikyo. Ya llevábamos unas semanas pensando en dar este paso —respondí, justo cuando Inuyasha me abrazó por detrás.
—Ese bebé estará rodeado de puro amor y felicidad —chilló Rin emocionada, mientras dábamos otro brindis.
—Aprovecha de beber ahora, Kag, porque después no podrás —soltó sonriendo mi primo.
—¡Dalo por hecho! Y sobre todo con este gruñón a mi lado —dije divertida, y todos soltamos una carcajada.
—Ja, ríete nomás, porque voy a ser tu sombra cuando llegue el momento, Higurashi —me respondió Inuyasha antes de darme un beso en los labios.
—¡Uuuuh! ¡Vayan a un hotel, tortolitos! —gritaron Koshó y Asuka.
Avergonzada, me tapé la cara en el pecho de Inuyasha, ya que varias personas nos habían quedado mirando.
—Chicas, ya bajen la voz —las regañó Kikyo. Le agradecí internamente mientras sonreía, pero cuando mi vista se posó en Sango, la noté algo seria.
Preferí preguntarle.
—¿Todo bien, Sango? —le susurré a mi lado.
Ella me miró y sonrió.
—Claro que sí, Kag. Solo pensaba en el momento en que traigas a mi sobrino al mundo, porque seré yo quien asista el parto, ¿eh?
—¡Dalo por hecho, amiga! —dije, y las dos reímos.
Aun así, no me tragué del todo su respuesta. La conocía muy bien y sabía que algo tenía. Mañana sí o sí me lo tendrá que decir, pensé, mientras nos levantábamos para ir a la pista de baile.
Perspectiva de Miroku
Aproveché que todos se estaban levantando para ir a bailar y me acerqué a ella.
—¿Podemos hablar, Sango?
—Ahora no.
—Pero…
—Es la noche de nuestros amigos, no la voy a arruinar, ¿de acuerdo? —respondió, y se marchó con Koshó y Asuka, dejándome solo en la mesa. —Creo que esto va a ser más difícil de lo que pensé —dije en un susurro mientras la veía de lejos, bailando con las chicas.
Continuará...
Si llegaron hasta qui gracias crédito de la ortografía la bella autora cbt1996 gracias linda
