Capítulo 3: Revelación

Harry estaba sentado atado a una silla, esforzándose por liberarse de las fuertes ataduras mágicas que Hermione le había puesto. Maldijo a su antigua compañera del colegio con todas sus fuerzas. Definitivamente, hoy no era su día. Todo empezó con el fracaso al "tomar prestada" la caja de su padre, la cual contenía en ella alguna tontería con magia desconocida, y para colmo, la loca de Granger había aparecido de la nada sobre él, como nieve en julio. Lo desarmó, lo ató y ahora le estaba apuntando a la cara con su varita.

—Te pregunto por última vez: ¡¿Quién demonios eres?!

—¡Deja de hacerte la graciosa, Granger! Sabes perfectamente quién soy. Y para tu información, retener a un hombre contra su voluntad puede llevarte a Azkaban. Ten por seguro que mi padre no dejará que esto se quede así.

—¿Tu padre?, ¿Estás bromeando? —Hermione alzó la voz. Su paciencia se agotó. Era evidente que alguien intentaba hacerle daño a Harry, pues habían enviado su doble al Ministerio. No podía dejar de preguntarse qué tipo de magia era, ya que la prueba para detectar la Poción multijugos en la sangre no había dado ningún resultado. Este extraño "invitado" era una copia exacta de Harry, pero dado su comportamiento y todo lo que decía, no podía ser él. Hermione estaba segura de eso.

—Para nada, ¿O acaso crees que el jefe del Departamento de aurores no se interesaría en la desaparición de su propio hijo? Y, por cierto, el único.

—¿Entonces eres el hijo de Robards? —Hermione frunció el ceño, completamente confundida.

—¡Maldita sea!, ¡No eres tonta, Granger! Mi padre es James Fleamont Potter, ¡Y lo sabes de sobra!

—¿Y es el jefe del Departamento de aurores? —Preguntó Hermione con una sonrisa sarcástica después de una breve pausa. Quienquiera que fuera, claramente no le habían enseñado a mentir bien. Así que aquí había algunos involucrados.

—¡Oh, como si no lo supieras! —Harry hizo una mueca. —Admítelo, te estás vengando porque en la escuela no me interesé en ti. No entiendo, ¿Por qué complicar tanto las cosas cuando podías simplemente haberme insinuado tus sentimientos? Tal vez entonces no habrías caminado por los pasillos con cara de banshee ofendida. No, no, preferiste hacer todo por ti misma, poner cara de dragona de Hagrid y esperar algo con esa defensa… ¡Granger, no soy Trelawney!, ¡¿Cómo iba a saber que te gustaba?!

—¡¿Qué?! —Chilló Hermione. No estaba preparada para una suposición tan absurda de su parte.

—Lo que oíste. Sé más sencilla, Granger, y la gente se acercará a ti. Eres bonita, pero a juzgar por lo que haces, pareces estar completamente fuera de sí. Aunque en Ravenclaw todos parecen estar un poco locos…

—¿Dónde? —Hermione entrecerró los ojos, sorprendida no tanto por los insultos, sino por los hechos absurdos con que los estaba mezclando. —¿En Ravenclaw?

—¿Cuánto tiempo llevas sufriendo pérdida de memoria?, Sabes qué, ¿Por qué no me desatas ahora mismo y vamos juntos a San Mungo? Tal vez ahí te ayuden a recordar dónde estudiaste. —Continuó Harry. Estaba harto de la humillante situación en la que se encontraba.

—¿Yo era una Ravenclaw? —Preguntó tensa Hermione, ignorando sus ataques, ¿Quién en su sano juicio enviaría al Ministerio un espía que dijera semejantes tonterías?, ¡Hasta el tonto de McLaggen habría actuado con más sutileza! —¡No te atrevas a moverte!, Quédate aquí, ¡Ya vengo! —Exclamó, corriendo hacia la cocina.

—Como si tuviera otra opción. —Gruñó Harry tras ella. —Vuelve pronto, cariño o puedo aburrirme… ¡Y no te olvides de la bombilla! Mejor aún, trae una lámpara, ¡Así puedes iluminarme el rostro como si fuera un interrogatorio!

Hermione regresó un momento después con un pequeño frasco, el cual acercó a los labios de su prisionero.

—Bébelo rápido.

—¡Ni lo pienses!, ¿Acaso intentas envenenarme?, ¿O darme amortentia?

—¡Idiota! Esto es suero de la verdad, ¡Será mejor que te lo bebas o te lo daré a la fuerza!

Harry no tuvo elección. El líquido no tenía ni olor ni color, y realmente parecía un suero de la verdad común y corriente. Sólo quedaba esperar a que Granger no se hubiera vuelto completamente loca y no deseara matarlo de verdad. De mala gana, bebió un sorbo del frasco.

—Eso es, muy bien. Ahora di tu nombre, el nombre de tu padre y el motivo de tu visita al Departamento de Aplicación de la Ley Mágica.

Harry puso los ojos en blanco.

—Mi nombre es Harry James Potter. El nombre de mi padre es James Potter. Esta tarde entré a su oficina para robarle una caja de música.

Hermione se quedó atónita. O su invitado realmente estaba loco, o…

—¿Una caja de música? —Volvió a preguntar sin saber por qué, mientras su mente intentaba encontrar alguna lógica en todo ese caos.

—¡Sí, maldita sea, una caja de música!, ¡Una simple caja de música que estaba guardada en el despacho de mi padre!, ¡Quería dársela a mi novia! —Harry gruñó. —¡Suéltame ya!, ¿Ahora estás convencida de que no miento?

—¿Qué sabes de los Horrocruxes? —Hermione siguió preguntando, observando sin interés cómo su prisionero se retorcía en sus ataduras.

—¿Trabajarás como periodista para Rita Skeeter sabiendo todo esto? Siento decepcionarte, pero elegiste el tema equivocado para causar sensación chica, porque todo el mundo ya ha escrito sobre esa historia de hace un siglo. Pero si quieres saber de los Horrocruxes, pregúntale mejor a mi padre, a mi padrino o, en su defecto, a Dumbledore. Ellos fueron los encargados de destruirlos, no yo, que en aquel entonces todavía andaba gateando, ¿Qué podría saber yo de los Horrocruxes además de lo que mencionaron mis padres?

—¿Tus padres… de verdad están vivos? —Hermione exhaló perpleja, y se dejó caer en el sofá frente a la silla donde Harry estaba sentado atado.

—Vivos, por supuesto, ¡Gracias a Merlín!, ¿Qué clase de pregunta es esa? Vamos Granger, suéltame y te prometo que no presentaré una queja contra ti ante el Wizengamot.

Varias conjeturas daban vueltas en su cabeza, pero ninguna de ellas estaba completamente clara para Hermione. Era la primera vez que se encontraba con algo así, y hasta el último momento no quiso creer en la posibilidad de que existieran mundos paralelos y viajes entre ellos. Ese tema, incluso en el mundo de los magos, seguía siendo solo una simple fantasía con la que se entretenía a los niños antes de dormir.

—Muy bien, empecemos desde el principio. Cuéntame qué pasó antes de que entraras en el ascensor.

Harry casi gruñó de nuevo. Obviamente, esa molestia no lo dejaría en paz tan fácilmente, y ninguna amenaza parecía tener efecto con ella. Tendría que recordar para siempre que confiar en mujeres hermosas era peligroso. Especialmente en las de Ravenclaw. Cansado, cerró los ojos, exhaló pesadamente y de mala gana, comenzó a hablar:

—Estaba en la oficina de mi padre. Saqué la caja de música, la abrí y dentro había dos figuras que empezaron a bailar al ritmo de una melodía hermosa. Espero que no tenga que especificar si bailaban un vals o una mazurca, porque ni yo tengo idea. Luego... —Frunció el ceño, recordando los sentimientos encontrados que experimentó cuando las figuras se hicieron una reverencia al final. —Luego la caja… me provocó algo extraño. Alucinaciones. Vi una puerta en la pared donde no debería haber estado, y por alguna razón entré y empecé a caer. Caí durante unos segundos, hasta que desperté en el suelo y me di cuenta de que todo había sido una ilusión. Al final decidí largarme de ahí y volver a casa. Y en el ascensor comenzaste a coquetear conmigo, luego me trajiste aquí y me ataste. Y eso fue todo.

—¿Yo?, ¿Coquetearte? —Hermione se indignó, pero enseguida se contuvo. Definitivamente, eso era lo mas irrelevante de todo lo que había dicho ese engreído imbécil, ¿De verdad era así como su dulce Harry pudo haber crecido con sus padres vivos? Era ridículo. Simplemente no podía creerlo. —Esta bien. No importa. Mejor dime, ¿Había algún dibujo o símbolo extraño en esa caja de música tuya?

—Solo una runa en la tapa, pero no tengo idea de lo que podría significar.

—Entiendo. —Suspiró Hermione, resignada.

—¿Qué es lo que entiendes?, ¡Yo no sé qué demonios quieres de mí! Podríamos estar pasando un buen rato en lugar de malgastarlo en interrogatorios estúpidos. —Harry hizo una mueca, con la esperanza de molestarla.

—Es evidente que tú, con casi total seguridad, eres Harry Potter.

—Que gran descubrimiento, Granger, ¡Eres la reina de lo obvio!, ¡Llevo media hora diciéndotelo!

—Aja, excepto que tengo malas noticias para ti, chico listo. —Concluyó Hermione sombríamente, mirando con disgusto a su inesperado invitado. —Aunque creciste en una familia completamente mágica y tu padre es el jefe de aurores, parece que se olvidaron de enseñarte que puede ser extremadamente peligroso involucrarse con cosas que no entiendes. Y apuesto a que tus notas en runas antiguas nunca pasaron de un Troll.

—No entiendo a qué te refieres. —Se quejó Harry, perdiéndose la mitad de su sermón.

—¡Parece que has terminado en un universo alterno! —Hermione soltó su conjetura sin rodeos, dejándolo en shock.

—¿Qué? —Harry se quedó inmóvil, abandonando el intento de liberarse. —Granger, dime la verdad, ¿Has estado bebiendo?

—¡No es gracioso! —Resopló y cruzó los brazos sobre el pecho. La compañía de ese arrogante sinvergüenza se volvía más insoportable con cada segundo.

La joven se inclinó hacia la mesa para tomar el periódico y señaló con el dedo la primera página. El rostro de Harry se alargó al ver la foto, una imagen de sí mismo, pero que por alguna razón lucía terriblemente cansado y magullado, vestido con harapos en lugar de su ropa normal. Estaba seguro de que no era él…

"Empleado del Departamento de Aurores y héroe de la Gran Bretaña mágica, Harry James Potter, ha logrado exitosamente la captura de una banda criminal de duendes que se dedicaba a la venta ilegal de artefactos oscuros en las tiendas del callejón Knockturn", decía el titular.

—¿Es una broma?, ¡Soy un deportista profesional!, ¡¿Qué diablos tengo que ver yo con el Departamento de Aurores?!

—Como puedes ver, en este universo las cosas son un poco diferentes. —Suspiró Hermione con pesadez. El extraño Harry se veía tan perdido que ella sintió un poco de lástima por él. Claramente no tenía ni idea de dónde había terminado, y menos aún lo terrible que era esta realidad en comparación de la suya.

En algún rincón de la mente de Hermione, una inquietante preocupación comenzó a rondar sobre lo que podría pasar si se filtraba esa información. Era urgente encontrar al "verdadero" Harry y tratar de averiguar juntos qué hacer. Hermione esperaba con todo su ser que "su" Harry, el que había conocido toda su vida, no estuviera en ese momento vagando por la realidad de la que había salido ese niño mimado porque, de lo contrario no podrían evitarse serias confusiones.

El mundo mágico nunca se había tomado en serio el concepto de los saltos de una realidad a otra. Esto rara vez había sido mencionado en la literatura científica, y siempre era recibido con una avalancha de críticas dentro de los círculos del consejo tradicional, quienes preferían devolver el tema a su lugar: A la estantería de los cuentos de hadas. Aunque en el Departamento de Misterios no eran tan escépticos sobre el tema, hasta el día de hoy no existía ninguna base que lo respaldara, y los proyectos de investigación sobre realidades alternas no recibían financiación.

Hermione sabía que la creciente popularidad de Harry estaba molestando a algunos veteranos del Wizengamot. Aunque no todos los magos de sangre pura se unieron en su momento a los Mortífagos, muchos de ellos aún apoyaban, de manera implícita, algunas de las ideas de Voldemort. Harry contaba con el apoyo del propio Ministro, Kingsley Shacklebolt, cosa que a muchos no les hizo ninguna gracia. Mientras que para unos Harry Potter era un héroe y un salvador, para otros seguía siendo una amenaza para el orden establecido desde hacía mucho tiempo. De cualquier manera, un segundo Harry paseándose por el Londres mágico era un problema, sobre todo porque este "ejemplar" no destacaba por su prudencia y era extremadamente arrogante. Hermione ya podía ver el desastre que este deportista profesional iba a causar.

—Escucha, Harry. —Comenzó mucho más tranquila. —Quiero ayudarte.

—¿Tú?, ¿Ayudarme? Dame una buena razón por la que debería creerte, Granger. Siempre has sido bastante buena con la magia, así que no es como si te costara crear un número falso del Diario El Profeta. —Su tono seguía siendo tan sarcástico como al inicio de toda esta desagradable conversación.

—Esta bien. Ya te aseguraste de que esto es Vertaserum. —Hermione dio un sorbo del mismo frasco bajo la atenta mirada de Harry. —Ahora yo tampoco podré mentir. Así que escucha. Quiero ayudarte porque en esta realidad somos mejores amigos. Amigos de verdad. Y no lo hago por ti, sino por mi amigo. No tengo ninguna necesidad de falsificar periódicos, y mucho menos de secuestrarte. Créeme, no me interesan los presumidos y vanidosos como tú. Yo no tengo la culpa de tus problemas; fuiste tú quien abrió el portal a otra realidad con ayuda de la caja.

Con cada palabra que decía Hermione, el pánico crecía dentro de Harry. No le gustaba la suposición de Hermione, porque él no entendía nada de universos alternos. Le resultaba mucho más fácil pensar que Granger solo era una fanática desquiciada que lo había secuestrado sin razón alguna. Pero esa versión se desmoronó rápidamente ante una serie de hechos innegables. Por ejemplo, nadie podía saber que él estaría en el Ministerio esa noche, porque no se lo había dicho a nadie. Por lo tanto, Granger no podría haberlo estado esperando cerca de los ascensores, ni siquiera si lo estuviera vigilando. Y además… no parecía una loca, eso estaba claro. Su mirada era demasiado racional.

—Ahora te soltaré y te devolveré tu varita. Pero no hagas ninguna tontería. —Dijo ella, y Harry pudo notar como le temblaba la voz y se le acumulaban pequeñas lágrimas en las esquinas de sus ojos.

Hermione sabía que el chico frente a ella no era su amigo, el que había conocido hace tantos años, al que admiraba y por el que iría hasta el fin del mundo. Pero, por alguna razón, cada palabra que decía se volvía más difícil de pronunciar. Un nudo se formó en su garganta. Aunque ese tipo no le agradaba, de alguna forma, también era Harry. Esa extraña revelación hizo que su corazón diera un vuelco.

—Entiende que, en nuestra realidad, tus padres están muertos. Voldemort los mató. No tienes a dónde ir, y cualquier acción impulsiva solo complicará las cosas.

—¿Muertos? —Toda la arrogancia de Harry desapareció de inmediato y la miró horrorizado, sin darse cuenta de que las ataduras mágicas en sus brazos y piernas habían desaparecido.

—Sí. Es… trágico, así que no creo que quieras quedarte aquí mucho tiempo. Te prometo que haré todo lo posible para ayudarte, solo no interfieras, ¿De acuerdo?

Hermione convocó mágicamente del armario un libro sobre la historia de la guerra mágica y se lo tendió junto con la varita de Harry.

—Toma, puedes leerlo si aún no me crees.

Harry miró de reojo hacia ella, tomó la varita con cautela, la giró entre sus dedos y la guardó en su bolsillo donde tropezó con la capa de su padre, ¡Merlín!, ¿Por qué no se le ocurrió dejar el Ministerio con la capa de invisibilidad? Entonces… ¿Qué hubiera pasado? No hubiera conocido a Hermione Granger y no estaría en esta estúpida situación. Tal vez… Pero si ella tenía razón, las cosas podrían haber salido mucho peor.

Por lo que recordaba, Hermione Granger era una de las estudiantes más inteligentes de Hogwarts. Seguro en esta realidad tampoco era tonta. Quizás realmente ella podría ayudarlo.

—¿Y si ese amigo tuyo terminó en mi mundo y no quiere regresar? —Preguntó con cautela después de un rato. Tenía verdaderos motivos para preocuparse, ya que, comparado con lo que Hermione le acababa de contar, ¡Él solía vivir una vida prácticamente perfecta! Sin sus padres muertos y sin tener que trabajar en el Departamento de Aurores. Un escalofrió desagradable recorrió su espalda. Pensar siquiera en un destino como el de ese desconocido Harry, el "Héroe de la Gran Bretaña mágica", era insoportable.

—Él volverá, lo sé. —Respondió Hermione con una repentina confianza.

—A juzgar por lo que has dicho, yo no esperaría que volviera. —Dijo con una sonrisa triste.

—Es que no conoces a Harry. Bueno, quiero decir… —Se detuvo, dándose cuenta de que esto sonaba muy extraño. —En fin… aquí tiene familia, amigos, obligaciones, ¡Tarde o temprano volverá!

—¿Familia? Pero si mis padres están muertos… —Comenzó. —Espera, ¿Estás diciendo que aquí estoy casado? —Dijo enfatizando esa palabra, como si estuviera hablando de algo desagradable. —¿Y con quién?

—Harry lleva varios años viviendo con Ginny Weasley, y creo que tarde o temprano se casarán.

—¡Mierda de hipogrifo! —Harry se agarró la cabeza. No podía creer que todo en "su" vida pudiera ser tan terrible. —¿Con esa loca?, ¡No lo puedo creer! Dime que estás bromeando, ¡O pensaré que tu amigo es un completo imbécil!

—No entiendes nada. —Dijo Hermione bruscamente, levantándose de un salto. —¡Harry no es un imbécil! Y Ginny no es… En fin, ¡No es asunto tuyo! —Lanzó, dirigiéndose hacia la puerta. —Lo siento, pero no tengo una habitación extra, así que dormirás en el sofá. Ahora traeré algunas cosas. Espero que te comportes adecuadamente.

En otra situación, habría hecho una broma sucia, pero ahora toda la diversión había desaparecido. Harry la vio irse y volvió a centrar su atención en el libro, ojeó el índice y, con sorpresa, descubrió que uno de los capítulos estaba titulado "El niño que vivió". Fue con este capítulo con el que Harry decidió empezar. Con cada línea que leía, se sentía más y más asustado. Parecía que no solo había llegado a un universo alterno, sino que estaba en una versión retorcida del infierno.

Parecía que tendría que confiar en Granger y depender de su inteligencia y su misericordia. Él no tenía ni la más mínima idea de cómo salir de ahí. No entendía nada sobre universos alternos, no sabía nada de runas ni de toda esa magia complicada y absurda. Era un excelente deportista y tenía buenos conocimientos en pociones gracias a su madre, pero en el resto de las materias su progreso era mediocre, principalmente por su notable indiferencia y su falta de interés. Aunque, eso sí, podía presumir de su rara habilidad para invocar un Patronus corporal y de su conocimiento sobre los animagos, gracias a su padre y su padrino.

Hermione regresó diez minutos después con un conjunto de sábanas y un pijama de hombre.

—Toma. Si tienes hambre, la cocina está a tu disposición. Podrás arreglártelas. Y no salgas de casa. —Se dio la vuelta y comenzó a caminar de regreso a su habitación.

—Hermione. —Se escuchó su voz a sus espaldas. Ella se detuvo y lo miró con curiosidad. —Lamento haberte llamado loca…

—Bueno… al menos fuiste honesto. —Dijo encogiéndose de hombros. —Parece que, en tu versión de la realidad, nuestra relación realmente no funcionó.

Hermione desapareció por la puerta, y por alguna razón, Harry se sintió terriblemente mal.