Capítulo 4: La entrada de Ron Weasley
Hermione pasó la mitad de la noche revisando libros, tratando de encontrar alguna mención sobre mundos paralelos, posibles formas de viajar entre ellos y artefactos en forma de cajas musicales, pero no encontró nada útil en su biblioteca personal. Solo quedaba confiar en la Sala de Conocimientos del Departamento de Misterios, donde se guardaban los ejemplares más raros de libros y crónicas que contenían en sus páginas toda la historia de la existencia de los magos en la tierra.
Tenía planeado asistir a la reunión de hoy con Kingsley Shacklebolt y luego revisar los archivos para después tomarse un par de días libres. Al nuevo invitado había que vigilarlo de cerca, o acabaría metiéndose en problemas mientras ella intentaba resolver los misterios de los universos paralelos. También debía asegurarse de que el verdadero Harry no hubiera desaparecido. Al menos eso esperaba, de lo contrario el número de problemas aumentaría de manera alarmante.
Salió del dormitorio completamente vestida, maquillada y con el cabello recogido en un moño. Harry seguía dormido. La manta se había deslizado hasta el suelo, y del pijama que le ofreció, solo había usado la parte inferior, por lo que estaba tumbado en el sofá con el torso desnudo y definido. Los resultados de su entrenamiento físico junto con sus buenas cualidades naturales eran evidentes.
La mirada de la chica se detuvo en él un poco más de lo que sugería el decoro, y sus mejillas se ruborizaron de repente. A Hermione le pareció que sólo ahora se daba cuenta realmente de lo atractivo que era su amigo. Y, aunque le hubiera dicho a Harry algo parecido cuando estaban en Hogwarts, parecía que ella no había comprendido del todo lo que eso significaba. Aquel insolente dormilón era una copia exacta del Harry que conocía, al menos físicamente. Hermione se dio la vuelta bruscamente y se dirigió a la cocina para obligarse a comer un par de bocados del desayuno. Tendría que quebrarse la cabeza pensando en cómo esos genios que descubrieron los mundos paralelos no respetaron ni las reglas de seguridad más básicas.
La historia del visitante de otra realidad dejó a Hermione con sentimientos encontrados. Se alegraba sinceramente de que, al menos en algún lugar, los padres de Harry estuvieran vivos y él hubiera crecido en una familia amorosa, como siempre había merecido. Sin embargo, al mismo tiempo, se sentía increíblemente triste e incluso un poco resentida al pensar que, en esa realidad, sus caminos nunca se cruzaron. No solo era que no eran amigos, sino que parecía que no se llevaban bien y apenas se conocían. Debía admitir que ese Harry desconocido no le gustaba. Ella no saldría con alguien así ni siquiera en esta realidad, de eso estaba segura. Pero a pesar de todo, un sentimiento incómodo la invadía. Hermione decidió hacer lo mismo que la conocida protagonista de "Lo que el viento se llevó", dejando sus pensamientos tristes para más tarde.
Masticó un puñado de cereal con leche y se dirigió a la chimenea. Harry, mientras tanto, seguía acurrucado en el sofá y continuó durmiendo tranquilamente. Hermione sacudió la cabeza al pensar que ni siquiera se le había ocurrido ampliar el sofá para estar más cómodo. Esto la llevó a la conclusión de que, aparte del estúpido quidditch, él no parecía interesarse por nada más.
Con un movimiento de varita, lanzó una manta sobre él y se acercó a la chimenea.
ꟾ
Harry llegó a la oficina del ministro justo antes de que comenzara la reunión, y Hermione no pudo evitar suspirar aliviada. Dedicándole la sonrisa más feliz de todas. Gracias al cielo, su amigo estaba ahí, sano y salvo. Y tan… familiar. Sin ese toque de elegancia y perfección, sin camisas caras ni zapatos brillantes. Fue como si se hubiera quitado un enorme peso de encima. Bueno, era un problema menos. Al menos ahora no tendría que sacar a Harry de quién sabe dónde. Su prioridad era enviar al intruso de vuelta a su mundo lo antes posible.
Harry se revolvió nerviosamente el cabello, que ya de por si estaba despeinado, y se sentó en la silla junto a ella.
—Hola. —Susurró, dejando caer ruidosamente una enorme carpeta sobre la mesa. —Casi se me olvida por completo que tengo que estar aquí ahora.
—Hola. —Volvió a sonreír Hermione. —¿Has dormido algo hoy?
—Sólo un par de horas. Me faltan personas para las redadas, y para colmo me obligaron a ordenar estos malditos papeles…
—Shh… —Hermione se llevó un dedo a los labios al notar que Kingsley escuchaba su conversación con interés.
El ministro tosió suavemente.
—Bueno colegas, comencemos…
Se notaba que Harry aún no se había adaptado del todo al puesto de Robards. Era la primera vez que lo invitaban a una reunión, a diferencia de Hermione, a quien el jefe le había delegado esa responsabilidad hacia tiempo. Los Inefables solían mantenerse al margen. Nunca les había interesado sentarse a escuchar los largos discursos de los líderes actuales y de varios adjuntos sin rostro, por lo que ese "honor" se le "otorgaba" tradicionalmente a los empleados más jóvenes. Hermione, sin embargo, no evitaba su trabajo y tomaba notas cuidadosamente de las conversaciones para transmitir solo lo esencial de manera breve y clara.
ꟾ
—Tenemos que hablar. —Hermione agarró la manga de la túnica de su amigo justo después de la reunión y lo arrastró a un lado. —Verás, ha surgido una situación…
—Harry, hay un… —La interrumpió un Seamus sin aliento que estaba más pálido que un fantasma. —¡Los chicos atraparon al Ghoul! Pero resultó ser algo agresivo. Se soltó y huyó de la sala de interrogatorios. Bloqueamos las salidas del nivel dos y cerramos los ascensores. Ahora probablemente está saltando por las oficinas como un loco. Ya asustó a todos, ¡No te imaginas el caos que hay ahora mismo!
—¡Maldita sea! Hermione yo… ¡Me pondré en contacto contigo mas tarde! —Dijo Harry, sacando su varita. —¿Tu asunto puede esperar?
—Sí, sí, claro. —Asintió rápidamente ella, soltando su mano. La conversación sobre su extraño invitado tendría que esperar, pensó mientras miraba a Harry marcharse.
Hermione decidió irse directamente a la Sala de Conocimientos, el mejor lugar después de la biblioteca. Era una enorme sala de varios pisos de altura, repleta hasta el techo de estanterías con todo tipo de libros, pergaminos e incluso tablillas de piedra con imágenes y jeroglíficos grabados en ellas. Entre los pisos de las estanterías, las escaleras se movían constantemente de manera caótica, cambiando de dirección igual que en Hogwarts. Hermione, sin embargo, tenía la teoría de que el movimiento de las escaleras estaba relacionado de alguna manera con el pensamiento de la persona que decidía utilizarlas. De esta manera, las escaleras milagrosas eran capaces de llevar a su pasajero hacia la dirección en la que más rápidamente podría encontrar la información que buscaba. En otras palabras, reducían considerablemente el tiempo necesario para llegar al conocimiento deseado.
En el centro de la sala había una mesa enorme, sobre la que colgaba una cúpula brillante de aspecto extraño, que le recordaba vagamente a una medusa translúcida. Era aquí donde se debía trabajar con los materiales encontrados, ya que sacar cualquier cosa de la Sala de Conocimientos estaba estrictamente prohibido. Parte del material solo se podía copiar.
No todos los Inefables tenían acceso a este maravilloso lugar secreto. Hermione tenía suerte. Ella tenía buena reputación entre sus superiores, que a menudo le confiaban permisos especiales, lo que le daba una oportunidad única de utilizar el contenido de la Sala de Conocimientos. La joven había pasado ahí muchas horas descifrando los principios del funcionamiento de diversos artefactos de todo el mundo.
Y ahora, parada en medio de un verdadero tesoro de conocimiento, Hermione se esforzaba por formular en su mente una pregunta con la mayor claridad posible. Cuando los pensamientos eran un caos, la sala se volvía inútil: Ni siquiera podrías encontrar la receta de la papilla de sémola. Sólo una formulación clara del objetivo era la clave para obtener el resultado deseado.
ꟾ
A Harry le daba vueltas la cabeza, ¡Maldito Robards! Lo había puesto a él en su lugar a propósito durante sus vacaciones, buscando dejarlo en ridículo. Obviamente, el viejo quería bajarle los humos a Harry, ya que trabajar con uno de los aurores más obstinados en toda la historia del Ministerio era increíblemente difícil. Harry tenía la costumbre de romper muchas normas como si lo hiciera a propósito.
—¡No tienen disciplina! —Se quejaba Robards después de cada redada realizada por el grupo de Potter.
Sin embargo, los resultados de estos chicos fueron impresionantes; él no podía despedirlos, suspenderlos, ni siquiera regañarlos como se debía. Después de la guerra, el Ministerio se quedó corto de personal. Aunque la situación se había estabilizado mas o menos con los años, todavía estaba muy lejos de ser ideal.
Y ahora Harry lo entendía: Robards definitivamente se estaba vengando. Por su culpa, ahora tenía que aguantar esas malditas reuniones, lidiar con montañas de informes, que había llegado a odiar casi tanto como a Voldemort. Además, debido a ese maldito "ascenso", Harry se vio obligado a perderse las redadas para dedicar su valioso tiempo, que podría haber usado en algo útil, a la asignación de presupuestos, planes detallados de operaciones y un montón de cosas inútiles.
Para Harry, era más fácil arriesgar su vida que pasar la noche trabajando en tediosos pergaminos. Las montañas de memorándums lo hacían hervir como una tetera, y los nuevos requisitos para los informes semanales lo hacían querer trepar por las paredes. Como jefe del Departamento, soñaba con encargarse de quienquiera que inventaba toda esa basura para poder encerrarlo de una vez por todas tras las rejas.
Cuando le llegó otra solicitud del abogado de Lucius Malfoy, quien anualmente presentaba apelaciones tratando de liberar a su cliente de Azkaban, Harry no pudo más. Se dio cuenta de que moriría si no tomaba un café en ese mismo instante. Sí, café, necesitaba un café negro fuerte sin azúcar. Necesitaba desesperadamente un pequeño respiro, de lo contrario, destrozaría todo el despacho y del abogado de Malfoy no quedaría ni rastro.
Recordándose a sí mismo los riesgos de ser acusado por abuso de poder, Harry salió de su oficina y se dirigió a la sala común, donde estaba la máquina de café. De paso, podría charlar con sus colegas, al menos un par de minutos. Alrededor de la máquina ya se había reunido un pequeño grupo de aurores, quienes conversaban animadamente. Estaban discutiendo la situación con el Ghoul. La criatura había sido capturada y devuelta a su celda.
Cansado del trabajo de oficina y hambriento de acción y peligro, Harry estaba a punto de acercarse a ellos, cuando de repente, un destello brillante de un hechizo desconocido, pasó justo bajos sus pies con un fuerte sonido.
—¡Te mataré, bastardo!
Harry saltó hacia un lado por instinto, levantando un escudo. No podía creer lo que oía ni lo que veía. Era su mejor amigo corriendo hacia él, lanzando maldiciones.
—¡¿Ron?!
Harry intentó desesperadamente entender que podría estar pasando, ¿Acaso alguien había tomado la poción multijugos y se había infiltrado en el Ministerio bajo la apariencia de Ron? Pero era arriesgado atacar, ¿Y si de verdad era él? Harry continuó esquivando todo lo que le lanzaban: Montones de hechizos, jarrones pesados de agua y sin ella, flechas de espinosos tallos de rosas que salían de los escritorios de las chicas, un pesado pisapapeles de oficina, avalanchas de memorándums y Dios sabe qué más.
—¡¿Te has vuelto loco?!
—No, al contrario, ¡Por fin abrí los ojos! —Rugió Ron con más fuerza. —¡Lucha cobarde!, ¡Vamos, pelea conmigo! Dime, ¡¿Cuánto tiempo han estado jugando a mis espaldas eh?!, ¡Respóndeme!, ¡Ella se fue por tu culpa, ¿verdad?!
—¡¿De quién demonios estás hablando?! —Harry no entendía ni una palabra. Si realmente se trataba de su amigo, claramente lo habían hechizado o drogado con algo, a juzgar por las tonterías que gritaba.
—¿De quién?, ¡¿De quién estoy hablando?!, ¡¿Te estás burlando de mí, idiota?! —Gritó Ron, ignorando que el personal del ministerio salía al pasillo, observando la pelea entre los amigos con la boca abierta. —¡Estoy hablando de Hermione, maldito imbécil!, ¡Te tengo que aclarar el nombre de la chica!, ¡Que vergüenza!, ¡Ella era la única para mí!, ¡La única ¿entiendes?!, ¡Pensaba casarme con ella!
—¡Ron, ¿Estás loco?! —Harry no aguantó más y con un «Expelliarmus» no verbal, le quitó la varita de las manos. —¡Ya basta!, ¡Tranquilízate! Necesitas que te revisen por si estás bajo el efecto de alguna maldición…
Pero Ron no estaba dispuesto a rendirse. Con un grito, dio un salto y se lanzó sobre Harry en un intento de golpearlo en la cara.
—¡Traidores!, ¡Los dos!, ¡Besándose en medio del Atrio!, ¡No tienen vergüenza!
Harry se esforzaba por esquivarlo, tratando de zafarse sin causarle un daño serio. Los demás simplemente se quedaron paralizados y parecía que habían olvidado como respirar.
—¡Ron!, ¡Estás delirando!, ¡Detente! —Harry tuvo que darle un rodillazo en el estómago a su amigo para liberarse de su agarre y levantarse. Le dolía la espalda por el duro impacto contra el suelo y su hombro producía un desagradable crujido con cada movimiento.
Sin perder tiempo, Ron se lanzó de nuevo al ataque, como un toro furioso.
—¡¿Cuánto tiempo lleva pasando esto?!, ¡¿Cuánto?! —Harry empujó a su amigo con un escudo. —¡¿Mi hermana sabe que estás follando a sus espaldas, imbécil?!
—¡Ron, maldita sea! —Gritó Harry, perdiendo la paciencia. —¡¿Qué rayos pasa contigo?!, ¡Un paso mas y te arresto, en serio! O hablamos tranquilamente en mi oficina, —miró molesto al grupo de curiosos. —¡O te juro que te encierro en una celda!, ¡Y ustedes a trabajar de inmediato!, ¡No se queden mirando! —Profirió, dirigiéndose a sus colegas demasiado interesados. No animándose a dar la orden para arrestar a su amigo.
—¡No tenemos nada de que hablar, idiota!, ¡Lo vi todo!, ¡Tú querías que lo viera!
Harry casi gruñó. Cuando Ron se sentía ofendido por algo, podía volverse completamente terco y no escuchaba ningún argumento. Así era exactamente como se había comportado en el Torneo. Apenas le importó saber cómo había llegado el nombre de Harry a la maldita copa. Después de haber creado en su cabeza una serie de conclusiones completamente equivocadas, su amigo pasó varios días sumido en su resentimiento. Ahora parecía que le estaba ocurriendo algo parecido, y eso era todo lo que Harry había logrado comprender por el momento. Por alguna razón, su mirada se desvió hacia el pecho de Ron, con la esperanza de encontrar el medallón de Slytherin o alguna otra cosa desagradable que pudiera haberle afectado. Pero el guardapelo hacia tiempo que había sido destruido, y del cuello de Ron no colgaba nada. Harry se sintió aún más confundido. Ya no tenía ni la más mínima idea de qué podía haber causado la confusión de su amigo.
—Ron, estás confundido. —Dijo negando con la cabeza.
—¡No creas que otra vez volverán a engañarme! —Ron hizo una mueca, mirando a Harry con auténtico odio. Su tono destilaba veneno. —Eso sí, nunca se los perdonaré, ¡Nunca!
Escupió al suelo y se dirigió cojeando hacia los ascensores, donde su varita había salido volando. Harry recordó que recientemente Hermione le había enseñado un extraño hechizo que había encontrado en la Sala de Conocimientos. Este mostraba si una persona había estado bajo la influencia mágica en las ultimas veinticuatro horas e incluso podía detectar el maleficio «Imperius», algo que antes parecía imposible. Harry apuntó y lanzó hacia Ron una nube que parecía una leve niebla. Su amigo ni siquiera lo notó, recogió su varita y entró en el ascensor abierto.
Harry lo observó con una mirada pensativa, sin dar crédito a lo que sus ojos veían. El hechizo demostró que Ron estaba completamente limpio, ¿Qué significaba todo esto? Harry sabía que llevaba varias semanas vigilando a Hermione en el atrio por las noches, recibiendo regularmente rechazos y regaños de ella, pero ¡¿Qué tenía él que ver con todo eso?!, ¿Qué había hecho?, ¿Por qué Ron de repente decidió enfrentarse a él en un duelo mágico sin reglas?
Harry se olvidó por completo del café. Era urgente ver a Hermione y aclarar las cosas. Ella definitivamente sabría más. Un desagradable recordatorio se clavó en su pecho al pensar que su amiga había querido hablar con él después de la reunión, pero ese maldito ghoul se había escapado y Harry tuvo que apresurarse para atraparlo y encerrarlo.
Las puertas del ascensor se abrieron y una familiar voz femenina anunció: "¡Departamento de Misterios!"
A Harry se le aceleró el corazón: Seguía sin gustarle bajar aquí. A pesar de que ya habían pasado muchos años, estos pasillos y corredores le recordaban el desafortunado día en que cometió el fatal error de llevar a sus amigos directamente a las garras de los mortífagos y dejar morir a Sirius.
Sabía que no pasaría de la primera habitación. Incluso los inefables que trabajaban ahí sólo tenían acceso a sus propios departamentos. Las defensas se habían reforzado aún más desde la guerra. Ahora, en una extraña habitación redonda que giraba constantemente y desorientaba a los que entraban, estaba sentado un anciano. En la mesa junto a él había una gran esfera de cristal con muchas luces.
—¿Qué te trae por aquí, viajero? —Preguntó el anciano sin levantar la vista, y a Harry le pareció que su voz sonaba como si hubiera fallecido hace tiempo, pero que de algún modo logró dejar su cuerpo aquí.
—Busco a Hermione Granger. Ella trabaja aquí.
—Granger… Granger… —Murmuró el guardia y golpeó la esfera de cristal con la varita. La bola se elevó de inmediato, aumentó su tamaño y brilló intensamente de forma irregular. Harry observó hipnotizado hasta que la esfera se apagó de nuevo. El anciano sacudió la cabeza, chasqueó los labios y concluyó secamente:
—No hay acceso.
—¡¿Cómo que no?! —Se alteró Harry de inmediato, cuyos nervios ya estaban tan tensos como una cuerda de guitarra. Nunca había entendido a esos locos inefables, excepto quizá a la única de ellos que no le permitían ver ahora mismo. —¡Ella tiene que estar trabajando!
—No hay acceso. —Repitió tranquilamente el anciano mago, sin mirarlo.
Harry hizo un gesto con la mano. Era inútil discutir. Sabía que a veces Hermione hacía cosas en secreto que ni siquiera podía contarle. Tal vez el Departamento de Misterios tenía secciones para algún tipo de experimento o algo por el estilo. No quedaba otra opción: Tendría que volver más tarde o esperar a la noche para pensar juntos sobre el extraño comportamiento de Ron. No estaría de más averiguar qué estaba pasando entre sus amigos, antes de que la situación llegara a más violencia.
Harry dio la vuelta, preguntándose por qué su mejor amigo, incluso después de tantos años, seguía sintiendo celos de él hacia Hermione. Ni el hecho de que hubieran aclarado las cosas en el bosque cuando regresó, ni el que él ya viviera con Ginny parecían calmar a Ron, ¿De verdad le había guardado rencor todos estos años y ahora finalmente no pudo soportarlo más?
Hermione había tomado la decisión de romper con Ron hace un mes, pero Harry sabía que él no tenía nada que ver con eso. Hasta ahora, no había pensado mucho en las razones de su decisión, y prefería pensar que Hermione se había interesado por algún compañero simpático de su misterioso departamento o algo así. Un dolor incómodo se instaló nuevamente en su pecho.
Harry, por supuesto, deseaba sinceramente la felicidad de su amiga, pero imaginarla con algún desconocido era de alguna manera mucho más difícil que imaginarla con Ron. Ron era tan simple como eso, no tenía miedo de confiarle el cuidado de Hermione para mantenerla a salvo, protegerla y amarla. Harry nunca había pensado sobre lo bien que realmente se complementaban. En algún momento, simplemente aceptó su relación como algo natural, mientras que él se había precipitado en un apasionado romance con Ginny. Durante un tiempo, incluso pareció haber caído fuera de la realidad.
Pero a partir de hoy, la situación había cambiado drásticamente y se había complicado con los inexplicables ataques de Ron. Ahora, le gustara o no a Harry, tendría que hablar de esto con Hermione. Realmente no quería hacerle preguntas incómodas. Le parecía una intromisión grosera en su espacio personal y, para tranquilizarse un poco, se repetía una y otra vez que lo más importante ahora era calmar a Ron. Sin embargo, cuanto más pensaba en las posibles razones de la separación de sus amigos y en el supuesto nuevo romance de Hermione con algún desconocido, más empeoraba su mal humor.
