El visitante inesperado en uno de los pisos de Stark, más específicamente aquel donde trabajaba Jane Foster, no parecía una amenaza cuando Natasha lo visitó en la clínica. Tan delgado que podría derrumbarse sobre sí mismo.
Le extirparon tumores en los pulmones. Solo uno de las condiciones del hombre. Otra muy visible era la de una de sus piernas. Anteversión femoral en la pierna derecha. Sin mencionar la que a todas luces no era una prótesis convencional. Su temperatura era baja, decía el informe escrito. Fría. Y había sido inútil obtener una muestra de ahí.
¿Qué era esa amalgama que cubría su pierna y su mano?
Natasha casi podía suspirar y encogerse de hombros. Si los cerebritos no podían darle nada… Extendió la mano y ella misma revisó.
Duro, frío, como si no tuviera vida. Y sin embargo pegado a este hombre, a un humano. Por qué eso era, ¿cierto? Reaccionó con reflejos, como un músculo.
La viuda negra extendió su propio equipo para tomar pruebas. Ni siquiera colocó el bisturí en la piel cuando sintió una descarga.
Bueno, se dijo. Tenía que asegurarse. Nunca se puede ser muy desconfiado.
Darcy Lewis tosió.
—Creo que no soy muy buena niñera.
