"No correspondido (2)"
.
.
.
.
¿Te gusta Midoriya, Bakugo?
Veo que en las clases lo ignoras si te saluda en la mañana. No te sientas a comer con él en la cafetería. No los pillo salir los fines de semana y tampoco piden permiso para regresar a sus casas. Tampoco te he encontrado en la sala de estar viendo la televisión con él.
El único momento que te veo con él es en el gimnasio. Lo que me hace creer que no te gusta. No haces esas cosas que hacen las parejas. ¿Será que no son de tu agrado? ¿O Midoriya no te gusta lo suficiente? ¿Lo haces para darme a entender que te gusto yo y quieres que haga algo al respecto?
Trato de no darle vueltas. De no entregarle energía a ese pensamiento. Pienso que lo que hiciste con Midoriya fue para mandarme un mensaje de algo que no he logrado captar que quieres que yo entienda.
Si tú quieres que yo haga algo, Bakugo, sólo tienes que decirlo. Aunque me gustaría recibir algo a cambio: que me respondas esto.
¿Te gusta Midoriya, Bakugo?
¿O él es una excusa?
Midoriya no es alguien para que uses de excusa. Es tu amigo de la infancia, claro está; es tu rival, y quizás tu amante. No sé. Puede que sea tu forma de expresar tu frustración, ¿No? O puede que fue incidente con un quirk que te unió a Midoriya.
No encuentro otra explicación, más que esa. No veo a Midoriya comprometido de tenerte.
Si yo fuera Midoriya estaría por los aires de estar contigo. Creo que no te aprecia lo suficiente. No. No te aprecia en ese sentido. Te aprecia como amigo. De eso estoy seguro.
Quiero descifrar tus señales, Bakugo. Ayúdame a entenderlas. Ayúdame a no hundirme por quererte tanto. Ayúdame a confiar en que puedo dar el salto a tus brazos siempre que desee asirme a ti.
Ayúdame con esta desesperación, Bakugo.
¿Midoriya gusta de ti, Bakugo?
Midoriya es mi amigo. Es un buen sujeto. Se preocupa por los demás. Pone a sus amigos primero que a él mismo. Aquel que lo conoce sabe a lo que me refiero. Sé que es capaz de cuidar a otros, que percibe si alguien tiene problemas, que hace lo mejor que está en sus habilidades por auxiliar a quien lo necesita; es lo que hace un héroe. Lo sé.
Sé que Midoriya puede hacer todas esas cosas, pero cuidarte a ti, Bakugo. Eso no lo sé. Quererte y darte lo que te mereces queda en otro apartado.
Necesito verlo para saberlo. Me hace enojar no saber si te hace feliz, si su sintonía se puede igualar a la tuya, si te da seguridad y cariño.
Seguimos con las sesiones de estudio en el dormitorio de Iida. Uraraka quiere mejorar sus calificaciones para graduarse con honores porque tiene de propósito tener mayores propuestas de las agencias que le paguen bien. Me parece una buena motivación, pese al corto tiempo que nos queda de ser estudiantes.
Iida está sudando determinación dondequiera que lo vea; nos trae botanas, tés, juegos de mesa para ejercitar el cerebro, fotocopias de notas para repasarlas por separado.
Midoriya se dedica a tomar apuntes como si fuera un malabarista. Lo veo y no creo que lo que vi aquella vez hubiese sido cierto. Se siente tan lejano saber que sus labios conocieron los tuyos antes que yo.
Uraraka dice que irá por algo de beber a la cocina y Iida decide acompañarla—con el pretexto de que no se vaya a visitar a Mina—. Me dejan a solas con Midoriya.
Él no parece estar al tanto de que se hayan ido. Escribe y escribe sin parar. Su puño jala hebras de su cabello; sus murmullos son lo único que escucho.
—Midoriya —Hablo; trato de sonar sereno.
No hay reacción.
Le vuelvo a llamar. Empleo más fuerza, más neutralidad.
¿Qué estoy haciendo, Bakugo?
Mi amigo detiene su estudio y me mira, sonríe y me asegura de que no necesita ayuda; no todavía. Hago un intento de sonrisa para no entrever mi intención; mi urgencia.
Se percata de que estamos solos. Pregunta a dónde se fue el resto. Le respondo, sin dejar de mirarlo.
—Midoriya —Digo de pronto—. Quiero preguntarte algo.
Pone en la mesita la pluma, aleja la libreta y me da su absoluta atención.
—¿Qué tipo de relación tienes con Bakugo?
—¿Eh? ¿Kacchan? —Su rostro se desencaja—. Somos rivales. Es mi amigo de la infancia aunque a él le molesta…
—No me refiero a eso. Me refiero a qué tipo de relación tienes con él ahora.
—No entiendo.
Suspiro.
—Te vi el otro día —Confieso—. Besándote con Bakugo.
Los ojos de Midoriya se abren mucho. Se ruboriza. Su cuerpo comienza a temblar.
—¡Qué…! —Luce escandalizado; está pálido de la cara—. T-Todoroki-kun, ¿N-nos viste? Ahm. Yo no, yo no sabía. ¿Realmente nos viste?¿Dónde? Ehm. No tiene caso repetirlo. Mira no es lo que crees.
—¿Qué es lo que creo?
Entonces, se pone a juguetear con sus dedos. Lo he puesto en una situación incómoda y no sabe cómo remediarlo. Buscará una excusa para que se me olvide lo que vi; es lo mismo que hizo cuando apareció su otro quirk en primer año. Va a intentar desmentirlo.
—Las cosas entre Kacchan y yo no han sido fáciles —Dice; su voz tiembla demasiado—. Somos polos opuestos, ¿Ves? Discutimos, no soportamos perder contra el otro, queremos ser los mejores. Tenemos la misma meta. Nos llevamos bien ahora. Tal vez lo que viste fue que estábamos teniendo un desacuerdo.
—No trates de verme la cara de tonto, Midoriya. Yo sé lo que vi.
Midoriya luce consternado. Sus ojos se desvían de mi mirada.
—No es eso.
—No le diré a nadie, Midoriya —Aseguro.
Mira sus manos y contiene el aliento. Baja la cabeza con los hombros encogidos.
—L-lo que pasa es que… —Titubea un poco—.Bueno. Es que Kacchan no quiere que nadie sepa.
¿Que nadie sepa qué?
—Que estamos juntos —Midoriya sube un dedo a rascar una de sus pecas—. Estamos juntos. Sí. Es reciente. Supongo que Kacchan aceptó estar conmigo. La situación entre nosotros es un tanto extraña, porque Kacchan no da explicaciones. Sólo hace las cosas y ya. Lo único que sé es que vino un día a mi habitación, me besó, y se marchó sin decir nada. Conociendo a Kacchan, no haría esto porque sí, sabiendo que…
Midoriya frunce el entrecejo, dubitativo.
—¿Sabiendo que…?
—Sabiendo que tarde o temprano se puede cansar de esto —Añade; su voz se ha teñido de tristeza.
—Midoriya.
—¡No me mal entiendas! —Midoriya exclama, alarmado. Sus manos se agitan a los lados—. Yo adoro a Kacchan, haría cualquier cosa por él. Y si él me escogió fue por algo, sus razones tendrá y no está en mi cuestionárselas hasta que él esté listo para decírmelas. No le pondría ese tipo de presión.
—Sí, ya veo —Murmuro.
Lo digo más por mi que por aminorar la angustia de mi amigo. Acabo de entender por qué te gusta Midoriya, si es que te gusta, y no me cabe dudarlo: lo haces para darme celos. Creo comprender que usas a Midoriya para estos fines, ya que él se presta para ello. Has tomado ventaja de su admiración por ti para mandarme ese mensaje, ¿No, Bakugo? Soy astuto en verlo venir de ti.
Además, Midoriya no se ve enamorado de ti. No le veo esa pasión que reconozco tener por ti. Midoriya está lleno de inseguridades; incluso con sus inacabables logros, duda de si es el adecuado para ti.
Tú necesitas a alguien seguro de sí mismo, alguien fuerte, que se amolde a tu carácter. No necesitas a alguien como Midoriya; en eso le doy la razón. Y si tiene esas dudas con respecto a estar contigo, te quitaré de su lado.
Pongos ambas manos en el borde de la mesa, a un costado de mis cosas. Midoriya se sobresalta.
—¿T-Todoroki-kun?
—Si ese es el caso, tu secreto estará guardado conmigo —Musito; de pronto, comienza a oler a humo—.Pero te aseguro que no perderé.
Midoriya luce confundido; mas se alarma en cuanto nota algo que yo no. Menciona que me estoy quemando o que lo estoy quemando. No sé. Estoy demasiado ensimismado en lo que mi cerebro grita que pierdo la noción de las palabras que salen de su boca. Midoriya me agarra de los hombros. Su mirada es de preocupación. Su boca sigue moviéndose. Su voz es aguda, pese a que la escucho tan distante.
Me siento como una almeja. Quiero que mi caparazón me encierre, me proteja, me esconda.
Repentinamente, el hielo eclipsa la intensidad del fuego y expulsa a Midoriya hacia el otro extremo de la habitación. Veo chispas venir de su cuerpo; está usando su quirk. De inmediato, noto que su brazo está congelado. Y es entonces que entiendo que soy yo el que provocó eso. El hielo y el fuego eran míos; son míos.
Midoriya me ve con esa imborrable determinación que es tan suya y me percibo empequeñecer de la vergüenza.
—Lo siento —Es lo único que le puedo decir sin flaquear.
Me he expuesto de la peor manera posible. Le he asegurado a Midoriya. No, le he advertido a Midoriya que no perderé.
Probablemente me odiarás por ello. Dirás que mi actitud de mierda la he obtenido de mi padre obligándome a ser el sucesor a tan temprana edad, pero te equivocas; esta actitud de mierda es el fruto de mi desesperación por tenerte; y me da miedo, Bakugo.
Siento la intensa mirada de desconcierto de Midoriya.
—Todoroki-kun, ¿Qué? ¡No tienes que disculparte! Si, si necesitas hablarlo, estoy aquí para ti. No es normal que pierdas el control de tu particularidad. Podemos ir con Recovery Girl a que te revise o tal vez es por el estrés de los exámenes finales.
No, Midoriya, no es esa clase de problema el que estoy teniendo. Es más complicado de explicar.
Y en estos momentos, no estoy para dar explicaciones.
Creía que tenía un buen control de mis emociones. Creía. Luego del final de la guerra a inicios del segundo año en Yuuei asistí a terapia. Fue más por voluntad que por sentirme obligado a ir. Mi hermana me aconsejó que tratara las secuelas de toda una vida de traumas y presiones familiares impuestas a mi por la ambición de mi padre.
Me ayudó. Logré avanzar de mis pesadillas relacionadas a la guerra; muchas de ellas en donde aparecías tú.
Me aterraba la idea de perderte. Me sigue aterrando. Por eso me animé a confesarte mis sentimientos antes de que termináramos la escuela y no volverte a ver como lo hago ahora.
No es novedad que de niño fui arrastrado por mi padre para aprender a usar mi quirk y darle continuidad a su legado siendo mejor que All Might y ocupar el puesto número uno, así como tampoco es que mi padre se arrepintió de sus acciones para con nosotros y poco a poco fue cambiando, tornándose más en un viejo obsesionado en fortalecer los vínculos con sus hijos, dándonos una casa por separado y él quedarse con la antigua. Fue bueno: no verlo todos los días e ignorar sus mensajes.
El punto es que desde temprana edad tengo un buen control de mi poder y el flujo de mis emociones no había perjudicado mi uso en todos estos años. A los pocos meses de confesarme mi poder se ha convertido en un problema tanto para mi como a los demás. Casi quemo a mi amigo. Casi derrito el gimnasio. Casi incendio la habitación de Iida. Soy un desastre, Bakugo.
Por la noche, a eso de las ocho, encuentro a las chicas reunidas en la cocina. Algunas tienen manchas de chocolate en la cara. Recuerdo que San Valentín es en pocos días. En cuanto me ven me piden que pruebe sus preparaciones, me preguntan por mi opinión y les soy lo más sincero que puedo. Uraraka es la más insistente en que le diga la verdad. Sé que gusta de Midoriya (o bueno, es lo que conozco, aunque pase casi cada momento del día a lado de Mina. Supongo que son buenas amigas), pese a que nunca le ha dicho su sentir en nuestro tiempo en Yuuei.
Le digo que no se moleste en darle chocolate a Midoriya, a lo que ella me dice «¿Por qué asumes que le daré chocolate hecho a mano a Deku-kun?». Respondo que es obvio que quien le gusta es Midoriya. Ella se ríe y remarca «No son para él. Sí le daré, pero no estos que estoy haciendo». Le pregunto que para quién son y veo que su mirada se desvía a un punto y se sonroja.
Termino confundido.
No explico cómo es que Uraraka cambió de parecer con Midoriya, pero supongo que es porque él a veces no es muy claro en sus relaciones o en el trayecto de ser héroes tener una distracción como lo es tener una pareja fue lo que la motivó dejar esos sentimientos por mi amigo.
Me quedo un poco con las chicas, conversando expresamente con Yaoyorozu acerca de los tés que sus padres le mandaron.
Creo que tengo un buen control de mis emociones cuando estoy rodeado de mis compañeros, porque no involucran lo que vi en los casilleros.
El otro día en la noche, a las diez, voy a la cocina por un vaso de agua. Las luces están apagadas, el destello de la luna es la única fuente de visibilidad en la sala, pese a lo tenue que es su tono.
Sin embargo, mi ida se ve interrumpida cuando noto una mata de pelo puntiaguda hundida en el sofá. Pienso que es Kirishima o quizás Kaminari —aunque luego lo medito un poco más y creo que su pelo no es tan puntiagudo—, pero no, es Bakugo. Lo observo crédulo de que sí es él.
Mi corazón da un vuelco, emocionado por la rareza en que se ha dado esta situación. Puedo apreciar tus brazos largos y definidos a través de tu playera sin mangas—tan usual en tu modo de vestir—, bajo rumbo a tus manos, que sostienen una bolsita roja sobre tu regazo. Tus dedos largos y finos aprietan el cuerpo de la bolsita.
Tu cabeza se mece, tus párpados cubren con delicadeza la dureza de tu ceño fruncido —en estos momentos, relajado por el sueño—, tus pestañas acarician tus afilados pómulos, tu respiración emana un dulce y pausado sonido irresistible de ignorar.
No sé qué pasa por mi cabeza, Bakugo, pero en menos de lo que pienso, estoy sentado a tu lado, viéndote con el deseo que arde en mi interior. Es San Valentín por lo que recuerdo. Las chicas dieron sus chocolates. Yo recibí uno de Yaoyorozu (hecho a mano), otro de Uraraka (que mencionó que era porque era su amigo) y varios de alumnas de otros grados que no conozco. Les di las gracias educadamente. Lo único que pensaba en esos instantes era en ti y en lo mucho que quería que me dieras un chocolate para así yo corresponderte el día blanco. Mas no me diste nada.
Te veo ahora y se aviva el deseo de recibir algo de ti. Que a quien esperas en la sala es a mi; que esa bolsita que descansa en tu regazo sea para mi, solo para mí.
No te voy a rechazar, Bakugo. Cómo podría. Me gustas. Aún no se acaba el día, Bakugo. Puedes darme lo que tienes en la bolsita.
Midoriya es un desconsiderado si te tiene esperando a estas horas, siendo que duermes temprano. Midoriya no te aprecia; no ve que tus uñas tienen restos de chocolate adentro, no ve que tus horas de sueño son valiosas, no ve que exudas dedicación en cada tarea que haces. Que eres perfecto.
Que mi mano sube a tocar tu rostro y se petrifica con lo suave que es tu piel, lo cálida y arropada que es su textura. Que acerco mi cara a un palmo de la tuya y siento… ¡Joder, Bakugo! Siento tu aliento, lo respiro, lo inhalo y lo exhalo.
Bebo de tu respiración.
Mi boca se abre, salivando. Me quemo, Bakugo. Estoy ardiendo, ardiendo sin parar. Creo que te contagio mi fuego y temo quemarte, pero no te quemas. Sigues intacto, hermosamente intacto. Tu respiración se torna más profunda; mi otra mano se adhiere a tu mejilla. Uno a uno mis dedos circulan tu piel. Entreabres tu boca, mueves la cabeza ligeramente hacia un lado, exhalas pesadamente y, y te observo, enloquecido, siendo un corazón palpitante, extático, temeroso.
No dejo de verte. No puedo. No quiero.
—Izuku… —Sueltas.
Me detengo.
Dentro de mi, el estómago se me aprieta, o se cae al fondo del suelo. No sé. Mas no me rindo en que quiero ser el que te contemple en ese estado. Midoriya no es importante ahora; no soy él, Bakugo. No soy a quién llamas.
Soy Shouto Todoroki. Espero que con eso te baste.
Pongo mi barbilla en el delineado contorno que une tu pómulo a la oreja. Hueles a caramelo. Respiro con pesadez, absorto en la sensación.
Es mejor de lo que imaginé.
Me pierdo en el abismo de tus labios, entreabiertos, articulando el nombre de Midoriya.
—Izu…
No lo llames, Bakugo. No soy él. Nunca podré ser él.
Mi frente se une a la tuya. Tu cabeza se inclina en la palma de mi mano, la cual te abraza por completo. No pienses que soy Midoriya, Bakugo. Por favor. Sé que tus labios podrán pronunciar mi nombre. Quiero creer que lo sé.
Midoriya es un idiota por dejarte a expensas de mis manos en tu rostro.
Te acaricio casi marcándote, como si mi piel pudiera tatuar la tuya. Deseo poder alargar los segundos, beber el aliento de tus labios, bañarme por completo de tu aroma, ralentizar las texturas de nuestras pieles unirse, mimetizarme contigo y tú de mi.
—Izuku, deja de jugar —Murmuras con un dejo de molestia.
Así que no estás del todo dormido como creí. O tus ojos cerrados me hacen percibir que lo experimentas como un sueño, justo lo que ocurre conmigo. Es un sueño poder sentirte, aunque llames a otro.
Es un sueño que necesita una cosa para cumplirse: que mis labios se unan a los tuyos.
Mi corazón me consume, me ciega la idea de que no puedo permitir que esta ensoñación me haga sucumbir a no intentar siquiera probarte.
Me acerco.
Estoy a milímetros de ti, Bakugo.
Eres toda suavidad, toda ternura, toda vulnerabilidad, toda belleza etérea.
Tan cerca, tan cerca, Bakugo, tan cerca que rozo esos labios rosados entreabiertos, que mi cara siente una quemazón punzante y mi cabeza choca con algo.
Me remuevo, realizando mis manos están en el suelo de la sala. Alzo la vista, tratando de enfocar, sin saber qué ocurrió.
Mi mente se desconecta cuando veo esos ojos rojos verme cegados por el enojo, esas manos volteadas hacia arriba emanando chispas.
—¿Qué crees que haces, bastardo?
La bolsita se ha caído de tu regazo. Yace a un lado de ti. Pones tu pie adelante de ella; la cuidas.
Escucho tu respiración acelerada; he alterado tu tranquilidad, tu paz. Irrumpí tu sueño y de seguro me aborreces al ver que no soy Midoriya, sino Shouto.
Estoy a punto de decirte que lo siento, que no pude resistirme a ti, mas la puerta del recibidor se abre y el sonido del clic de la manija, frena el ambiente.
La cabeza me duele; su intensidad aumenta cuando veo que es Midoriya quien entra por esa puerta. Mi amigo es la persona que menos quiero ver en esos momentos.
—Kacchan —Dice tu apodo con esa naturalidad tan propia de él—. Lamento hacerte esperar, pero All Might tenía cosas que decirme del… Todoroki-kun, no te vi. Lo siento. ¿Qué haces en el suelo? —Entonces, se detiene; nos observa. Primero a ti, luego a mi, después se centra en verte aún con los vestigios de las chispas presentes en tus manos, tu ceño más fruncido de lo habitual, tus músculos de los hombros contraídos—. Hum. ¿Interrumpo algo?
Te agachas a recoger la bolsita, la aprietas bajo tu agarre, le das la espalda a Midoriya y a mi, y te diriges con dirección a los pasillos.
Me levanto. Midoriya me mira, confundido. Claro, verme en el suelo y a ti a un instante de explotarme es de cuestionarse.
—Todoroki-kun —Hay un dejo de duda —¿Ocurrió algo?
Me vuelvo a él.
—Nada —Digo con toda la quietud que puedo externar —. No ocurrió nada.
Sólo que tengo el interior desgajado de vacíos por carecer de ti.
.
.
.
.
NOTA: No sabía de dónde partir con este capítulo ni qué hacer con él.
Si bien no es tan largo como el anterior, pero creo que tiene la extensión correcta.
Espero que les guste.
