"No correspondido (Lado Katsuki)"

.

.

.

.

Todo es una mierda.

Ese bastardo mitad y mitad. Tu maldito Deku. Tienen cerebro de imbéciles; esos cabrones no entienden nada de lo que se les dice.

¡Joder! El bastardo mitad y mitad me intentó besar. ¿Quién carajos se cree que es? ¿Deku? ¡Ja! Que no me haga reír el imbécil. Es una maldita molestia.

El mitad y mitad parece que tiene mierda en el cerebro combinado con obsesión. El imbécil está muy equivocado si piensa que lo que siente es "amor" o como chingados se llame eso. Es una pinche obsesión. Así de simple. Que no lo empalague con frases cursis como la mierda.

—¡Kacchan!

¡Demonios, lo que faltaba!

—¡Kacchan, espera!

Me detengo. Me olvidé que me dijiste que nos veríamos luego de la cena. Pasaron tres malditas horas. ¿Quién te crees que eres? ¿El maldito protagonista de tu historia?

—Esperarte una mierda, Deku.

El idiota me alcanza rápido. Odio que mejores tanto en tan poco tiempo. Haces que me tenga que esforzar más. Odio perder de este modo.

—¡Lo siento! Sé que me tardé —Dices; quiero golpear esa cara de preocupación que tienes—. Pero te tengo algo. Iré a traerlo de mi habitación. Te juro que esta vez no te haré esperar.

—No prometas lo que no puedes cumplir —Farfullo.

Retomo mi ida a mi habitación. Ya me hizo perder el tiempo la lujuria del bastardo mitad y mitad y tus imbeciladas Deku, lo suficiente para que lo considere el límite de mi tolerancia. Ignoro que dices que vendrás a verme en unos minutos, aseguras que lo vuelves a sentir y sales corriendo del elevador cuando da con su piso.

Yo sólo quiero que todos se vaya a la mierda y me dejen en paz.


Llegas a mi habitación en menos de cinco minutos. Tienes cara de haber hecho el maratón de tu vida.

Idiota.

Te permito pasar, claro, por qué te dejaría a tu suerte en los pasillos. Aizawa nos volverá a regañar. Por tu culpa nos castigaron en segundo año por hacerme probar tu cortina de humo hasta las once de la noche porque querías mejorarla en las próximas pasantías con Endeavor. No me molestaba en ese entonces que decidieras ir con él, pese a que nunca ha sido un héroe de mi agrado (admito que es un buen maestro), ahora me molesta verlo en las noticias desde que el bastardo de su hijo decidió que era buena idea confesarme que le gusto. Desearía que nunca hubiera abierto su bocota.

Entras y lo primero que haces es pasar una mano por mi hombro y sonreír. Sonríele a tus amigos no a mi. Me hace sentir raro.

—Lo sien-

—Deja de disculparte —Te interrumpo—.Ve al punto, idiota.

Vuelves a sonreír.

Te odio.

—Dijiste que tenías algo para mi, ¿Verdad? Dámelo.

Sacas una caja de la parte trasera de tu pantalón y me retuerzo un poco. No sé de dónde carajos llegaste con la idea de meter las cosas en tus pantalones. Uraraka te lo ha comentado varias veces, pero nunca le das una respuesta. En estos meses ha preferido dejarlo por la paz en lugar de cuestionar tus costumbres de nerd.

Me lo das en la mano. Es una cajita, como las que me has estado dando las últimas semanas. Reconozco que son los insípidos chocolates que aprendiste a hacer con Sato. No te los pedí. Aun así, optaste por un día aparecerte en mi habitación y dármelos, creyendo que era una buena acción o lo que sea.

La tomo. Abro, agarro un chocolate en forma de bon bon y lo pruebo. No porque quiera, sino porque no tolero ver tu cara de cachorro suplicando por el amor de su dueño. Patético.

—El sabor es decente —Digo; tu expresión de duda se torna a una de alivio—. Has mejorado.

—Me alegra, Kacchan. Valió la pena practicar en las noches.

—No te saltes tus horas de sueño; luego no quiero verte con cara de muerto y tu rendimiento peor que el de un abuelo.

—Gracias por preocuparte por mi, Kacchan.

—No me preocupo —Siseo.

Advierto mi cara calentarse. Así que te aviento la bolsita roja en tu regazo y te doy la espalda.

—Kacchan…

Conociéndote sé qué cara estás poniendo. Estás desconcertado. No esperas que yo haga algo así. Es más, me atrevo a decir que no esperas que yo sea el tipo de imbécil que también puede dar cosas a otras personas.

Nadie me obligó a hacer esto por ti, Izuku. Nadie.

—Kacchan, esto —Hablas de repente; te detienes, inhalas aire entrecortadamente y exhalas con ligereza—. Estoy tan feliz. ¡Gracias! Lo atesoraré.

—No digas mierdas y cómelos.

—¡Sí!

Estos gestos, estas palabras, esta cotidianidad que se ha instalado en nosotros se ha metido en mi de la manera errónea. Se supone que debo mostrarte mis mejores lados, se supone que debo tener mayor control en esto, se supone que… mi mente se frena en seco, porque tus manos están en mi rostro y tus ojos clavados en los míos, buscándome.

Y las malditas ideas se me escapan. Y ya no sé que demonios estaba pensando.

Maldición.

Deku. Izuku.

—Oi, ¿Qué quieres?

Reparo en que mi cara arde. Es una jodida molestia que me veas así. Se supone que no debo de averiarme en el calor que está asentado en mi estómago.

Tienes esa facilidad de tocarme que yo no tengo.

Y eso me cabrea.

Me besas. Sabes a chocolate; es malditamente dulce y empalagoso y toda esa mierda rara que no me gusta, pero no te alejo.

Sé que sonríes por la forma en que tus labios se curvean hacia arriba. Estúpido cursi.

Te separas, tu sonrisa se amplía. Mis latidos laten desbocados. Te devuelvo el beso. Soy un imbécil, un imbécil que saca sus entrañas al sol para que vuelva a sentir tus labios, Izuku. No sé qué carajos has hecho conmigo, aunque te juro que no lo detesto. Cómo podría. Aceptaste a tu amigo de la infancia que te trató mal más de la mitad de tu vida, y que en su acto de redención en lugar de avanzar con tu existencia, confiesas tus sentimientos. Me los escupes esperando que yo sepa las respuestas cuando estoy más perdido que tú en esto que nos pasa.

Me queda claro que los dos somos unos imbéciles por el otro.

Y cuando me separo de ti, tus labios están rojos, igual que tu rostro; hacen que tus pecas se vean más grandes, más visibles. Sonrío de lado. Tus manos buscan mis mejillas. En lo poco que tenemos haciendo esto, comienzo a notar que te gusta tocarme. O, más bien, quieres sentir que estoy contigo.

Desde que me ensartaron este corazón para sobrevivir (que yo no pedí. Yo ya estaba dispuesto a morirme por ganar, por obtener una victoria total; pero también para morirme con estos sentimientos que nadie sabía más que yo), empezaste a acudir a mi sólo para tocar mi pecho.

Venías un día cualquiera, ponías tu mano a la altura de mi corazón durante unos minutos y después te marchabas. Era una rutina estúpida, que con el tiempo se volvió significativa; al menos lo fue para mí, Izuku. Nunca me he aventurado en preguntarte si esa rutina significó algo para ti, más que saber que sigo vivo, llorón.

Admito que ahí comencé a acostumbrarme a tu tacto.

A la forma de tus manos huecas, anchas, cálidas, por momentos frías, en otros un mechero amenazando con quemarme entero.

Y detesto confesar que a raíz de tu maldito tacto mi mente se atrevía a pensar ¡Maldición! A imaginarme cómo se sentirían tus manos en mi piel, Izuku. Toda mi piel. Recorrerme entero, abrazarme con ellas, explorarme, incluso.

Entonces llegó el bastardo mitad y mitad con sus estúpidos sentimientos y su estúpida confesión, con su «no me voy a rendir» clavado en su estoica mirada y supe que el silencio prolongado entre nosotros no debía quedar con yo llevándome estos sentimientos a la tumba.

Sé que siempre he sido el que no espera a que las oportunidades se presenten, sino que yo creo mis propias aberturas, mis propias oportunidades. Pero contigo no pude. No me acostumbraba a la idea de que me quisieras.

No sé que te impulsó a hacerlo, pero un día llegaste, estando recuperándome, me escupiste a través de verborrea ininteligible que te gustaba y que no te importaba que no sintiera lo mismo, que podíamos seguir siendo amigos.

¿Cuándo carajos acepté ser tu amigo?

En todo el tiempo que entrenamos, jamás te consideré mi amigo. Ni con todos estos años de conocerte lo he hecho. Para serte sincero, Kirishima es quien consideré mi amigo. Luego vinieron Kaminari, Sero y Mina, para constatarme que soy humano y puedo tener un vínculo con los demás extras del salón.

No obstante, estás tú. Primero, último. No importa el orden.

Dejé pasar el segundo año en lo que todos nos recuperábamos de la mierda que vivimos en la guerra, pensando que no te merecía. Aún no lo pienso.

En las vacaciones de invierno del tercer año nos encontramos en el vecindario. Nos habían dado permiso de volver a nuestras casas por las fiestas decembrinas. Estabas en el parque donde te puse «Deku». No sé por qué fuiste ahí, ni qué esperabas lograr estando allí, pero me viste, me saludaste y con esa paciencia tuya me volviste a decir que te gustaba.

Esa vez sentí que el mundo se me venía abajo y tus ojos eran el vórtice que me jalaba a la tierra. Te mandé a la mierda. Luego de hacerle ver al mitad y mitad que te quería ti en vano, decidí que debía terminar todo por mi cuenta.

Fui a tu habitación la noche que el bastardo mitad y mitad me dio los dulces. No olvido cómo tus ojos se abrieron cuando me viste. Estabas sorprendido. El valor que tenía se esfumó de golpe. Por un segundo, estuve a punto de hacer que mi orgullo hiciera las decisiones por que me guié en tus ojos, pero lo hice a un lado.

Te agarré de tu playera y te besé.

Te tensaste demasiado. Parecía que rompí una cuerda, o dos, de tu cordura y jalé todas las de tu corazón, porque cuando me separé de ti, estabas rojo. Muy rojo. Incluso en esa situación tan extraña; me reí. No pude evitarlo. Te mirabas tan desencajado como estúpido.

No me sorprendió, un nerd de mierda siempre va a ser un nerd de mierda.

El bastardo mitad y mitad tendrá que entender esto, porque no pienso explicárselo con peras y manzanas, esperando que su materia gris dé para más.

Y no dará.


Me preguntaste una vez si le podías decir a tus amigos "lo nuestro". Yo no sé qué demonios significa "lo nuestro". Ni siquiera sé en qué instante de este intercambio de mierda sentimental esto se volvió en un "lo nuestro". ¿Qué parte de nosotros es un "lo nuestro"? No tengo intenciones de constatarte que lo que tenemos es certero a tu entendimiento, porque no sé cuánto tiempo podremos estar juntos.

La vida de héroe es complicada, no existen los «para siempre» para aquellos que se dedican a este trabajo. Ambos lo sabemos. Aun así, decidí dar el salto a tus brazos, ya que mi yo de ahora, prefiere aceptar sus sentimientos que regodearse en el morirme con ellos sin que los supieras. Entendí que merecías saberlo y acepté también que debía permitirme tener esto.

Te respondí que no. No estaba (estoy) listo para que los extras sepan que Bakugo Katsuki hizo a un lado su orgullo para estar contigo.

Sabía que no cuestionarías mis razones, «Si no quieres que se enteren por el momento, no haré algo que tú no quieras hasta que estés listo» ese tipo de pendejadas es lo que me dirías. Ya lo imagino.

No necesito tu compasión, ni tu actitud empalagosa para hacerme sentir mejor. O como sea. Evito decirte que no quiero que sepan porque quiero que esto sea privado; que sea algo tuyo y mío. Sólo Kacchan y Deku.

Sin embargo, es un problema que el bastardo de Todoroki es un maldito impertinente. El muy cabrón no entiende lo que le digo. Sabe que estamos juntos, porque te besé en su carota y aun así tuvo el descaro de intentar besarme. Claro, el día siguiente vino a disculparse muy educadamente, diciendo:

—Perdóname, Bakugo. Pero estabas dormido, no pude resistirme.

Lo evadí fingiendo que escuché. Hizo una pausa como pensándoselo, me cabreé

—Lo tuyo con Midoriya es mentira, ¿Cierto? Querías ponerme celoso para que hiciera algo, ¿No es así?

Tuve que contenerme lo suficiente para no reventarle la cara. Mi cuerpo entero estaba temblando de ira. Tan perceptivo y tan denso el cabrón.

—Lo que tenga con Deku no es de tu incumbencia —Aclaré—. Además, no te creas el muy especial por ser el hijo del número uno.

—Oh —Suspiró neutral—.¿Entonces, lo que tienes con Midoriya…?

Dejó la pregunta prolongándose en el aire.

—Es nuestro —Espeté—. Así que ni se te ocurra meterte.

—¿Te gusta?

Parecía dudar de mí. Quería verme inseguro, ¿No? El muy imbécil.

Si fuera una persona con mayor destreza comunicativa respondería diferente, pero no soy una persona con mayor destreza comunicativa. Digo las cosas mediante los silencios. Tú me dirías que debería ser más claro con lo que quiero expresar, mas no creo que incluso en esta situación, pudiera hacer precisamente eso.

No tengo esa paciencia para explicar.

Gruñí ceñudo, encogiendo los hombros.

Si prolongaba esa conversación, terminaría por explotarlo.


A veces pienso que no te merezco. Es un pensamiento que antes le daba mucha energía, porque no debiste de haberte fijado en mí. Te causé dolor, te atormenté, te escupí mis inseguridades. Aun así, tuviste la estúpida idea de que yo era con quien querías estar.

Sin embargo, ese pensamiento con el tiempo ha desaparecido hasta volverse en un fantasma en mi cabeza. Uno que un segundo aparece y el otro se va. Me viene cuando veo que estás con tus amigos y sonríes demasiado, mas se evapora con la sensación de tus manos en mi piel y tus labios en los míos. Me miras con la ternura que no esperé de ti y siento que te merezco. Acepto que merezco tu amor, tu comprensión, tu afecto.

Ya no soy el Katsuki con miedos e inseguridades del pasado, soy el Katsuki que aceptó y superó incluso eso que me frenaba. Mi crecimiento interior comenzó en la pasantía del primer año, prosiguió el segundo año y ha estado alimentándose el tercer año. Es por eso que no dejaré que ni esos malditos fantasmas que a veces aparecen ni el mitad y mitad, interfieran lo que con años de arduo trabajo y constante evolución perezca.

No me voy a rendir, Izuku. Así que más te vale no rendirte tampoco. Daré todo de mi en esto que hemos forjado, porque te merezco y espero que tu pienses que me mereces. Cualquier miedo que tengas lo explotaré. Explotaré aquello que te detenga de dar todo de ti, ya que eso quiero, Izuku. Quiero tú todo.

Los extras del B y los del A han dicho que he cambiado. Me lo dijeron el primer año y me lo volvieron a decir en tercero. No sé qué mierda ven que ha cambiado de mí porque no lo he notado. Siempre estoy a un paso adelante de ellos, así que por qué carajos no vienen y me lo dicen bien a la cara, en lugar de verbalizar mis supuestos cambios.

No he cambiado. Mis metas, mis objetivos, siguen siendo los mismos desde que tenía cuatro; el momento en que apareció mi particularidad sólo lo fortaleció aún más.

Aquello que considero que ha cambiado son mis sentimientos por ti. Han sido una evolución; y es gracias a que nunca te rendiste conmigo. Viste algo que yo no vi en mí y lo moviste a tu antojo. Moviste los hilos para que yo fuera capaz de hilarlos; aunque claro, no me tomó mucho tiempo juntarlos, mas mi orgullo fue lo que me frenó por meses.

Siempre he sido orgulloso, pero eso no nos detuvo de avanzar. O, como le dices ahora "lo nuestro", pese a que no soy de etiquetas y esas mierdas.

La próxima vez que me mencionan que he cambiado son mis amigos. Sí, soy capaz de decirles así. Kaminari comenta que me ha visto de mejor humor. Sabrá qué es eso. Mi humor lo considero estable, a excepción de cuando combato o entreno. Ahí dejo mi adrenalina correr. Sero apunta que ha de ser porque algo bueno me ha pasado. Quizás tenga razón, pero no lo comentaré en voz alta. Mina acierta un poco en decir que tiene que ver con que estoy saliendo con alguien; tampoco haré comentarios al respecto.

Cabeceo con una leve expresión de desinterés.

Entonces, Kirishima decide que es momento de abrir de la boca y alardear que lo más probable es que las cosas contigo se han dado.

Siento mi rostro calentarse y el sudor expulsarse en mis glándulas, amortiguando el flujo para que salgan sin esfuerzo. Odio que me pase esto.

Maldito Kirishima y sus jodidos comentarios. Pinche amistad que tenemos. Les grito que se vayan a la mierda, pero insisten en que Kirishima ha dado en el blanco, y mis manos optan por encenderse. Mi frustración se vuelve impoluta en mi rostro, a medida que las chispas emergen y tengo que contenerlas para no reventarlos(Parezco el bastardo mitad y mitad derritiendo el gimnasio). Si fuera mi yo de primer año hubiera lanzado a Kaminari por la ventana, y a el resto los quemaba. No obstante, me detengo, viendo que sólo he ocasionado que se rían.

Los miro confundido.

—¡Está rojo! —Diviso que Kaminari apunta.

Kirishima pasa su brazo alrededor de mi hombro. Estoy tenso.

—No tengas miedo, Bakugo —Lo oigo decirme—.Nosotros aceptamos que seas feliz.

¿Feliz? ¿Qué, mierda?

—Sí, era obvio desde el comienzo —Le sigue Sero—. La forma en que Midoriya te mira. Parece un adorable cachorrillo —Hace cara de súplica con una estúpida sonrisa.

Los veo incrédulo.

—No vayas a morder a Midoriya con tus besos —Mofa Mina.

¿Hah? ¿Se atreven a burlarse de mí?

No contengo mi enojo y me largo.

Existen situaciones que es mejor evitar.


Hay varias cosas que no te digo, Izuku. Muchas, más bien. Eludo comentártelas, porque sé cómo eres: un chillón sentimental con problemas de verborrea. Y lidiar con tus lágrimas y efusividad me es difícil. No quiere decir que no esté acostumbrado a esas mierdas tuyas. Esto es referente a que odio tener que poner en palabras lo que puedo expresar en gestos. Las acciones hablan más que las palabras, ¿No es así? Entonces para qué carajos me plantaría y te dijera pedazo por pedazo las nimiedades que pasan por mi cabeza cuando se trata de ti: sería una mierda interminable.

Me repito constantemente que algún día vendrás y me preguntarás si siento lo mismo que tú, ya que no te lo he dicho. Me conoces tan bien que no necesito darte una carta de amor detallándote las cosas que me agradan de ti. Asqueroso. Es sólo que no quiero que sepas lo que ocurre en mi interior. Punto.

Me ha costado superar mis errores, redimirme, como para mandar mi orgullo por la borda y hacer que mi desorden sentimental salga a la luz. Ordenarlo ha sido igual a lo que acumulé por ser el culpable del retiro de All Might.

Es un trabajo que he tenido que realizar con mi terapeuta (Aizawa nos mandó a todos a terapia en segundo año para superar lo de la guerra. Han dado de alta uno a uno durante tercero, menos a mí) respecto al control y gestión de mis emociones. Es una mierda fastidiosa, pero no me voy a rendir.

A ti tampoco te han dado el alta, así que asumo que todavía tienes asuntos qué tratar; supongo que la presión de tener el OFA te ha desgastado mucho en el momento en que tomaste conciencia que no solamente tenías una particularidad, sino que cargabas con el peso de otros portadores antes que tú y un destino marcado por sangre, barro y lágrimas.

Odio admitir que he llegado a verte desmoronarte por eso, siendo quien ha vislumbrado tu llanto más de una vez, tras la guerra. Sufres acompañado, pues nadie quiere dejarte cargar con eso tú solo. Aunque supongo que en un momento quisiste hacerte el sucesor elegido que nos salvaba a a todos por intentar protegernos y bueno, te detuvimos antes de que hicieras una pendejada.

Tu destino, Izuku, no es sangre, barro y lágrimas. Es el que tu trazas con tus propias manos con ese poder. Lo has hecho tuyo. No necesitas ser el salvador que se sacrifica por todos; te recuerdo que si vas a volver a hacer eso te mato.

Ya lo hiciste una maldita vez con Shigaraki. Huiste, lloraste, oliste peor que a mierda y para qué. Lograste unir al grupo, sí, mas a cambio causaste que te derrumbaras. No me gusta ese lado de ti, Izuku. Es irracional. Y mira que te lo digo yo. ¡Ja! Esa es otra de las mierdas que no quiero que sepas de mi, cabrón. La vas a torcer con tu compasión, y yo tampoco estoy para terciarte en tus caprichos del héroe sacrificado (espero que tu terapeuta te borre esa idiota idea de tu cabeza; no es sana, es ridícula).

Prefiero más al Izuku que estoy conociendo. Al que me besa por las noches, al que me abraza en las sombras, el que me susurra al oído cuánto le gusto, el que suaviza mi piel con sus dedos secos.

El Izuku que pelea es aceptable. Tienes un no sé qué que impulsa a otros a quererte seguir, apoyar. Luego estoy yo, a quien el bastardo de Shigaraki creyó que me lastimaba al decirme que yo era nada más que tu sombra, que lejos de hacerme sentir peor que la mierda, me motivó a ensartarle en la cara que no era tu sombra, sino tu igual.

El Izuku que entrena conmigo me refuerza ese pensamiento siempre. Nos comprueba que ambos somos sujetos que compartimos el mismo sueño que ven al contrario como un semejante. Supongo que fui yo quien se tardó más en entenderlo, pero lo reafirmo más que tú al crear nuevos ataques, nuevos movimientos, explorar nuevos horizontes.

El Izuku que me dice que soy asombroso es el que me pone inquieto. No porque dude de tus pensamientos, sino porque hace que mis latidos latan desbocados. Mi sangre se hierve, y es muy distinto a cuando estoy enojado gritando a todos que se vayan a la mierda.

El tú que me dice que soy asombroso es el mismo de cuando teníamos cuatro. Es el mismo que veo ahora. Es el mismo que no ha dejado de admirarme en estos años y no es más que un pomo de ilusiones adolescentes que nos encierra. Pienso que es más que eso.

El Izuku que rocía mi piel con sus manos es el que me estremece. Me asusta cuánto puedo retorcerme bajo tu cobijo.

El Izuku que sus besos son como lluvia en mis labios resecos es el que me reconforta, me endereza, me desdobla, pese a que odio la lluvia.

Y ¡Mierda! Jamás quisiera que supieras esas pendejadas cursis que pasan por mi cabeza respecto a ti, porque detestaría que me vieras con esos ojos salpicados de ternura y me abrazaras como si todo estuviera bien con sentir esto por el otro. A veces me pongo el freno cuando siento que te deseo demasiado que mi carne explotaría en pedazos y no quedarían más que las cenizas de mis huesos para que las agarraras tu.

Anhelarte tanto me va hacer aplastarte con mi peso.

.

.

.

.

NOTA: Fue difícil escribir el punto de vista de Kacchan, o al menos intentarlo.

Este fic es más experimental que otra cosa, por eso el cambio de narración de un personaje al otro.

Espero que les guste.