"No correspondido (2)"
Lado Katsuki
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¿Te he dicho que detesto que me tengas compasión?
Miles de veces, Deku. Y sigues con la maldita idea de que debo descansar en lugar de exigirme. Antes de decirme esas estupideces, mírate primero a ti mismo.
Solías joderte el cuerpo a cada rato con tu poder, ahora no lo haces tan a menudo, pero lo sigues haciendo.
Odio que seas un descuidado. Tú terapeuta requiere meterte esa mentalidad, porque no estoy para ser tu niñero, sino tú igual.
Luego está el mitad y mitad refiriéndome lo mismo. No sé por qué no me dejan en paz con sus tontas preocupaciones y comienzan a ocuparse de sus asuntos. Es una jodida molestia.
Puedo cuidarme solo. Siempre lo he hecho. ¿De dónde sacaron la idea de que no puedo?. ¿Insinúan que antes sí y ahora no? Me subestiman esos bastardos. En especial, tú, Deku. Me sé cuidar mejor que tú. O acaso te pasó desapercibido que en segundo año salvé tu trasero en la pasantía con Endeavor cuando un villano en forma de mosca intentó perforarte con su lengua.
Al menos sigues aquí, estúpido: como un tonto que se descuida y que me besa. De ahí que no tienen sentido sus preocupaciones ridículas. Además el bastardo mitad y mitad no es nada mío. Y tú… supongamos que es un tema aparte del que ni para discutirlo es bueno.
Así te prefiero, Deku: Que las cosas entre nosotros no tengan etiquetas, ni nombres extraños. Aunque me comienza a agradar que le digas "lo nuestro", pero eso no te lo voy a decir. Primero muerto a que te admita el sinfín de cosas que pienso de lo que tenemos.
Me acompañas a entrenar. No es una rutina especial ni lo que ambos hacemos por separado algo que destaque del resto, salvo mis gritos y mis explosiones. Tu eres más callado para ejercitarte. Murmuras y comienzas a experimentar con tus quirks. Dijiste una vez que los portadores te comentaron que usaras los quirks como herramientas y que desecharas la idea de usarlos con respeto como si les debieras algo. Por eso te replanteas su uso, en ocasiones viendo formas de añadir ataques, de contraatacar a distancia, de engañar a tus oponentes, en otras simplemente agregando movimientos en tu arsenal.
No voy a mentir y decir que no me molestaba que tuvieras tantas ventajas sobre mí. Tener múltiples quirks te hace superior, mas eso no me ha detenido de exigirme. Claro, en tu descaro del héroe protector me frenas con el ridículo propósito de que no me lastime. ¡Al carajo lastimarme! Ya estamos demasiado cubiertos de cicatrices para tener dieciocho, que parecemos rajaduras.
No obstante, pones una mano en mi hombro, pasando la hora de estar en el gimnasio.
Te miro de lado. Estás sudando, mientras sonríes titubeante.
Idiota.
—¿Qué quieres?
—Me gustaría invitarte a salir —Musitas. Tus dedos se aferran a mí. Estoy acostado en la barra, imbécil, con la pesa en mis manos. ¿No podías esperar a otro momento?—. Sé que no hemos salido desde que comenzamos a tener esto, pero… bueno, ehm. Me gustaría llevarte un rato afuera, Kacchan. Ya sabes… tú y yo, solos. Me encantaría pasar más tiempo contigo.
—¿No te basta con el que tenemos ahora?
De inmediato, pones cara de alarma. Suelto una risita. Dejo la pesa en la agarradera.
—¡Por supuesto que no, Kacchan! Yo sólo estoy feliz con el tiempo que paso contigo. Sólo quiero prolongarlo, es eso. Quiero hacer cosas de parejas.
Y en ese instante, tu inseguridad se esfuma nuevamente. Me sigue descolocando ese lado tuyo; primero te muestras nervioso y parece que te derretirás del miedo y segundo viene una parte que encara la situación con seguridad que no tenías.
Tu mano se desliza a mi cabeza, separando los mechones de mi cabello. Tus ojos me ven con adoración y expectativa. Reconozco tus expresiones: sé que quieres darme más de lo que te permito.
—Si haces quinientas flexiones con esta pesa —Apunto a la rueda de doscientos cincuenta libras tirada a lado de la cama elástica—. Lo consideraré.
—¡Qué! ¿En serio? ¿Lo considerarás?
—Sabes que no me retracto, Deku —Sonrío ladino.
Tus ojos se agrandan. En seguida, me tomas por la cintura, me mueves con la delicadeza de un pianista al acariciar las teclas de una balada, y me depositas en el suelo. Te recuestas en la cama y agarras la pesa con las manos.
Me miras y siento el fuego que se ha encendido en el brillo de tus ojos. Me estremeces, Izuku y no te das cuenta.
Maldición.
—¿Cuentas tú o cuento yo?
Te sobresaltas cuando ves que me subo encima tuyo y me coloco sobre la pesa. Cruzo las piernas.
—Cuento yo.
—¿Qué haces, Kacchan?
—Harás quinientas conmigo arriba, sin el One For All.
—Kacchan.
—Si no las haces, olvídate de salir.
Atisbo la tensión en tus brazos, al momento en que haces la primera flexión. Una expresión de determinación quemando tu rostro.
No sé por qué hago las cosas, Deku, sé que a veces te preguntarás por qué las hago, pero en algo estoy seguro: en el fondo sigo siendo egoísta; no he cambiado. Te he puesto a prueba para ver cuánto me quieres y aun así, no dudaste y aceptaste, sin ver mis intenciones.
¿Sabes? Alguna vez odié esa parte de ti: la que no se reprime y hace lo que cree que es correcto.
Te veo y noto que sonríes, tus ojos me observan, mientras flexionas los brazos conmigo encima de la pesa. Cuento en voz alta. Kirishima entra al gimnasio, nos ve y se echa a reír cuando le revelo el reto (modificando los detalles del por qué estás haciendo lo que haces. Básicamente le dije que perdiste una pulsada conmigo y ése era el castigo) por el que te puse. Creí que te desconcentrarías porque tienes unas buena relación con mis amigos (Bueno, con todo el salón, aunque durante en tercer año hiciste tu pasantía con Fat Gum y te volviste más cercano a él), pero no lo hiciste. Lo saludaste, sin quitarme los ojos de encima.
Kirishima se fue al otra área de las pesas con la excusa de dejarnos a solas. Se hizo el desentendido el idiota, porque lo pillé mirándome con esa picardía que caracteriza a los inútiles de mis amigos cuando algo les causa risa.
Odio que hagan eso. Maldita amistad. Y más maldita, ya que los soporto. Me rebajaron la conexión de mis neuronas los imbéciles. O quizás se las regalé en algún momento de los años anteriores.
¡Ja! Lo dudo. Puede que tenga el tercer puesto en las calificaciones del salón, pero nadie se da cuenta de las cosas antes que yo. No se me escapan los detalles, menos los tuyos.
Me sigues sonriendo y es entonces, que decido acariciar tus rizos. Tu sonrisa se congela y luego se borra. Me causa gracia lo rápido que te pones rojo y siento el calor emanando de tus mejillas. Tiemblas. Tus cabellos están mojados, el sudor que corre por tu frente se dobla en las curvas de tus músculos. Eres tan enorme ahora, a diferencia del primer año.
—Eh, ¿Qué pasó, Deku? Estabas muy seguro hace rato. ¿Adónde fue el Deku que me propuso salir?
Tus cejas se arrugan y tus labios forman un mohín.
Idiota.
Extiendo la yema de mis dedos en las raíces de tu cabello. Separo los mechones enredados. Y ¡Maldición! No dejo de verte. No es como si quisiera o pudiera evitarlo.
—Kacchan… —Suplicas.
Suelto una risita, aparentando que tu mirada dura no me afecta.
—El Deku que te quiere sacar a una cita sigue aquí —Aseguras. Estás demasiado ruborizado. Tal vez por el ejercicio o porque he tocado una fibra sensible en ti, o ambas. Pero no me importa.
Me has vuelto a estremecer.
—¿Sí? No te veo muy seguro, Deku. Parece que te afecta que te toque.
Aprietas los labios, conteniendo un suspiro. El sonrojo de tu cara se pasa a tus orejas y alzas más rápido la pesa, haciéndome tambalear un poco.
Kirishima nos ha de estar viendo desde su posición, riéndose de lo idiotas que nos vemos, estúpido Deku.
—Oi, cuidado. Te descontaré una si lo haces mal.
—No es justo —Te quejas—.Te voy a llevar cueste lo que cueste.
—¿Por qué tan insistente, idiota?
Acaricio más tu cabello. Me observas intenso.
—Porque me gustas —Dices—.Y porque pronto nos graduaremos y no creo que tengamos oportunidad de vernos seguido.
—¿Eso crees? —Sonrío. Supuse que serías el primero en pensar que no nos veríamos. Tan poca confianza tienes en ti mismo para no pedirme que esté contigo, incluso cuando tengo planeado estar a tu lado después de la preparatoria.
—No te dejaré —Afirmas—. Nunca lo haré. Cualquier oportunidad que tenga para salir contigo, no la desaprovecharé.
—Este no es momento para que te pongas cursi, nerd. Recuerda que aún te faltan doscientas flexiones más.
Me sonríes.
—Te juro que no te arrepentirás de escogerme.
Antes de que te pueda responder, aparece el bastardo mitad y mitad en mi rango de visión. Entra al gimnasio, con una toalla de color celeste alrededor de su cuello y ese estoico semblante que le va como la mierda.
Estás tan concentrado que no lo notas hasta que el bastardo se nos acerca.
—¡Todoroki-kun! —Exclamas cuando te percatas de que me iba a dirigir la palabra—.¿Vienes a entrenar?
—¿Qué están haciendo ustedes?
Gruño. Remuevo mi mano de tu cabello y la llevo a mi regazo. El bastardo me observa, quieto e impasible. Mi sangre ha comenzado a calentarse al igual que mis ganas de explotarle la cara.
—Entrenamos —Respondes.
Le digo lo mismo que a Kirishima del por qué haces lo que haces. El baboso no entenderá nada. Le puedes decir que me obligaste a cambio de que me invitarás a un plato de curry y el bastardo lo creerá.
—Ah, entrenan —Manifiesta con parquedad—. Yo también vengo a hacer ejercicio.
¿Por qué no lo he pulverizado todavía?
—¡Sí, hay que aprovechar nuestro tiempo aquí!
Deku, deja de motivarlo. Es un bastardo obsesivo. Lo acabas de decir «Te juro que no te arrepentirás de escogerme», aludiendo a que tengo otras opciones. Las tengo, pero no quiero esa ridícula opción de elegir a un sujeto bicolor. Sabes que jamás lo haría, ¿Verdad? Sabes que no elegiría a un bastardo mitad y mitad antes que a ti. Tienes que tener más fe, Izuku. Evita darle oportunidades a ese imbécil.
—Está Kirishima ahí, ¿Por qué no le haces compañía? —Sugiero.
—Sí, es una buena idea —Correspondes—. Se pueden ayudar entre ustedes.
El bastardo me mira por lo que parece una eternidad. Inevitablemente, mis manos comienzan a encenderse y tengo que esconderlas en los bolsillos para no explotar. Aún no acabas el reto que te hice. Quiero seguir viendo tus sentimientos. Me cautivan, Izuku.
Sigo contando y cuando estás por cumplir con el reto, noto que tu rostro se encuentra tan rojo que pareces una fresa. Tus pecas resaltan demasiado que me es imposible apartar la vista. Aprietas los párpados y tus labios. Contienes la respiración, sin soltar tu agarre de la pesa.
Desconozco cuál es el motivo del por qué me invitaste a salir, pero viéndote esforzarte así sé que se trata de algo importante para ti y que luego será algo importante para mí luego de experimentarlo.
—¿Estás seguro de que lo lograrás, nerd?
Asientes; aparece tu sonrisa. Tus brazos tiemblan, se sacuden. El ritmo es cadencioso, apenas si me muevo; te sonrío de lado, mostrando mi satisfacción de verte superarte siempre y poniendo la barra alta para que yo la supere después de ti.
Cuento quinientas y en lugar de decir algo, te detienes con la pesa en tu pecho, exhalas profundo en lo que abres una de tus manos y atrapas la mía que estaba en mi bolsillo. Contengo la respiración cuando veo que sostienes con la palma de tu mano la pesa y me bajas con la otra muy lentamente; parece una danza coordinada por el ritmo de tus manos.
La temperatura de tu agarre es templada, pese a la textura caliente del sudor que cubre tu piel. Es pegajoso y, de alguna forma, irradia una sensación de acogimiento; que no me pasa desapercibida.
Me depositas en el suelo justo como lo hiciste antes de iniciar. La pesa la alzas arriba de tu cabeza, luego refuerzas el equilibrio de cargarla con la otra mano y la colocas a un lado de mí.
—Supongo que… —Atisbo la sombra de tu sonrisa, pues tus ojos se encuentran mirando la suela de tus zapatos, y el sudor escurre de tu frente en forma de gotas—. Es una cita.
Entonces, alzas la vista y me sonríes.
—Sí —Digo—. Supongo que sí. .
Eres un idiota.
El bastardo mitad y mitad me abordó en los casilleros. Sitio en el que lo hice enterarse de lo nuestro. A decir verdad, me incomodó que lo hiciera. Pero no me sorprendió, porque el bastardo no sabe leer el ambiente.
Para mi estúpida suerte, te regresaste por tus cosas que dejaste en el gimnasio.
—¿Qué carajos quieres? —Espeto.
—¿Las cosas con Midoriya están bien?
—¿Y eso qué te importa? No es asunto tuyo.
Me ve con esos ojos inexpresivos y percibo mi sangre hervir. Saco la toalla del casillero y la cuelgo en mis hombros.
—Lo es —Lo escucho suspirar—.¿Te gusta?
Trueno los dientes.
Aviento la puerta del casillero; ni el ruido hace flaquear sus párpados pétreos y estoicos frente a mi fastidio. Lo odio al cabrón.
Le doy la espalda.
—Bakugou —Insistes. Su mano alcanza a rozar la mía, y no la pienso dos veces en lanzarle una explosión, que lo manda directo a la fila de casilleros que nos separan.
—¡Déjame en paz, bastardo!
Se repone enseguida.
—No puedo hasta saber si él te hace feliz, si te gusta, si le correspondes…
Frunzo el ceño. Su hermana lloraría de verlo perseguirme como un maldito idiota por toda la escuela sin respetar lo que sale de mi boca. Y, ¿Endeavor? Supongo que apoyaría la moción de que su hijo predilecto consiga lo que quiere con tal de compensar sus años de negligencia emocional y ausencia de atención a sus hijos.
Ese tipo de críticas las ha comentado mi terapeuta en múltiples sesiones. Lo raro sería que no se me pegara lo que repite a menudo y a el mar de cosas que me faltan (como el no gritarle a todo el mundo, no parecer más un villano que un héroe, el decir pendejadas en lugar de callarme, el evitar las discusiones largas porque prefiero cortar las tangentes absurdas de los temas e ir al grano), pero que estoy conforme con que me falten.
Aunque, comprendo que quiere que le confirme mis sentimientos por una u otra razón. Pero ni al idiota de Deku se los he dicho.
Encorvo la cabeza, mirándolo de soslayo. Tiene cara de suplica como si me pidiera algo que aún no puedo ver, mas que si no tomo la iniciativa, el bastardo no me soltara.
Así que agarro mi toalla y se le estrello en la cara, empleando presión con mis brazos hasta estrellarlo en los casilleros donde lo exploté anteriormente. Noto que se tensa, sus brazos se suben tratando de quitar los míos, pero no se lo permito.
Mis venas resaltan, palpitando.
El bastardo intenta asomar la cara de entre la toalla.
—Escucha, cabrón —Hablo; mi voz suena grave—. Porque no lo repetiré —Hago una pausa y noto que me presta atención—.Estoy con él por gusto. Nadie me obligó. Yo lo elegí.
Posteriormente, retiro la toalla y doy unos cuantos pasos lentos hacia atrás. De pronto, sonríe con un gran alivio en sus facciones, es como si se deshiciera de la tensión.
—Me alegra —Suspira; arrugo las cejas, reticente.
—Ahora, ¿Ya entendiste?
El bastardo mitad y mitad asiente. Mis músculos apretujados empezaron a aflojarse y di otro paso hacia atrás, indispuesto a dejar el tema por zanjado tan pronto. No fingiré que esta mediocridad de sentimientos obsesivos vayan a dejarme desentenderme de que el muy imbécil me quiso besar sin mi consentimiento. No crea que por ser "amigos" las cosas entre nosotros vuelvan a regresar a como eran antes. Ni siquiera distingo a cómo estaban antes, porque siempre me he llevado con él de la misma manera.
Es un buen compañero en equipo, nos comunicamos bien en misiones, me entiende por momentos, dice imbeciladas cada que se le da la oportunidad de abrir la boca, pero hasta ahí.
Me colma la paciencia su pinche necesidad de ser tan brutalmente honesto.
—Puedo asumir que durarán bastante, ¿No es así?
—¿Y tú que crees, mitad y mitad? ¿Que me hartaré de él y vendré corriendo a ti?
—No es eso.
—Ah, ¿No? Eso es lo que parece.
—Perdóname si se vio así. No era mi intención.
—Entonces, ¿Cuál era?
Me cruzo de brazos y lo fulmino con la mirada.
—Quería saber si…
—¡Kacchan! ¡Lo siento! Me tardé. Llegó Iida y nos empezó a decir que nos fuéramos porque ya casi es el toque de queda. Oh —Tanto el bastardo mitad y mitad como yo te miramos con seriedad. Acabas de interrumpir un momento importante. Te mataré por ello, porque gracias a tu aparición me quedé con la curiosidad a flote—.¿Interrumpo al…?
—¡Y una mierda lo hiciste!
—No, Midoriya. Sólo estábamos hablando.
Reparo en que te situaste a un lado de mí y nos observaste con cierta reserva. Parece ser que estás leyendo la atmósfera entre nosotros o solo vas a tratar de tomar el papel del amigo preocupado y nos dejarás a solas. Digo tratar, porque no te voy a dejar.
Puedo sentir que quieres saber de qué hablábamos, mas te quedas callado y te acercas un poco más a mi.
Empiezo a relacionar que esto es a lo que he visto en las series que ven las chicas (aunque, cómo nos la iba a ver yo primero) en donde el novio o novia, cuando ve que su pareja está en compañía de un rival se impone para darle a entender a su rival que su pareja no está disponible.
Me quieres proteger inconscientemente de algo, de lo que no eres consciente de ello. No necesito que me protejas. Necesito que aprendas a no interrumpir los momentos oportunos en que ocurren las cosas importantes.
Al cabo de unos segundos, el bastardo mitad y mitad se retiró y Kirishima vino a recoger sus pertenencias, mientras que tu parecías estar sumido a tus reflexiones.
No me gusta esa característica tuya de sobre analizarlo todo. Ves brechas donde nadie las ve y aun así te las ingenias para sorprender a quien osa de dudar de ti. Le buscas cualquier defecto a ese algo y lo atacas. Es aplastante lo mucho que tu mentalidad de nerd puede tomar tanta presencia sobre ti.
Te dejas llevar varias veces por esa característica tuya, que no ves lo esencial. Terminas por no ver lo que piensan los otros. He de admitir que has mejorado en tu percepción de los demás (el trabajo se lo atribuyo a tu terapeuta).
No obstante, te cuesta percibir lo que ocurre a tu alrededor en materia de emociones. Ni siquiera notaste que el bastardo mitad y mitad nos vio besarnos en los casilleros, o que me regaló cosas para conquistarme como si fuera un maldito premio por el que luchar, o que me mira en los vestidores. Pasas por alto lo que deberías de ver.
Bueno, mejor por mí que no lo descubras, porque si lo harías, tendría que ver más que tú y, entonces me pondría competitivo contigo.
Por otro lado, la receta del pollo Sichuan que le pedí al bastardo mitad y mitad (tuve que recurrir a él, ya que su hermana cocina excelente) fue con un fin común: dárselo a mis amigos la ocasión en que íbamos a ver películas en el dormitorio de Kaminari. Pero se canceló, por motivo de que practicaría escalas de guitarra con Jirou (Prefiero decirle "Orejas", pese a que a ella le disguste que le diga así) y no alcanzaría a preparar nada para nosotros.
Pendejadas, fue lo que pensé. Kirishima, Sero y yo sabemos que tienen una relación. Al igual, que Mina con Uraraka (eso solamente lo sé yo; y me alivió que ella se haya rendido contigo, porque era más que obvio que le gustabas. A lo que sé, ella te confesó su amor, al tiempo que tu confesaste el tuyo por mi; con ése argumento la rechazaste), pero tienen la delicadeza de ser discretas. Los gritos e interrogatorios que se harían en la sala común si las descubrieran, es precisamente el por qué yo prefiero mantener nuestra relación en silencio.
Nada me gusta más que mi privacidad y la privacidad que obtenemos una vez que nos juntamos, Deku. Es algo que sé que quisieras encontrarle un término, quizás para sentirte más seguro de lo que nos ocurre, pese a que a mi no me interesa asignarle un término a lo que hemos logrado juntos.
Regresando a lo del pollo Sichuan. Lo tenía preparado para esa reunión, y como la cancelaron, opté por llevárselo a All Might. Habíamos regresado de las vacaciones de invierno y, al contrario de ti, no había tenido oportunidad de hablar con él.
Es tu maestro, mentor e ídolo, para mí una meta que debo superar; aun cuando, él que no sabe ser un docente y te enseña peor que la mierda. Dirás que All Might es grandioso; eso porque todo lo que represente un poder o a All Might en general, para ti es grandioso.
All Might se la pasó hablando de de ti. Lo entiendo, está orgulloso de ti, de lo que has logrado, de tu poder, de tu fuerza, tu capacidad de adaptarte a las situaciones. Luego de haber probado el pollo Sichuan y decir que estaba muy picante, gruñí un poco y sonreí superficialmente. All Might se lo siguió comiendo.
De repente, comenzó a dirigir la conversación entorno a mi, pues quería saber lo que haría después de la U.A. Superarlo, es lo que le dije.
—¿Y el joven Midoriya? —Me tensé ante su mención de ti—. He notado que pasan más tiempo juntos. Me ha dicho que entrenan casi a diario.
Asentí con una breve sacudida de cabeza.
—Ya no necesitas expiarte con él. Eso ya lo hiciste. El joven Midoriya puede crecer por su cuenta. Confío en que lo hará.
—¡Eso ya lo sé! —Rugí; sin percatarme, golpeé la mesa que nos separaba con mis manos abiertas.
All Might me miró con intriga. Sin duda alguna, había actuado basándome en mis sentimientos. Mi terapeuta estaría orgullosa de mi, por haberme expuesto y evitar acumular las emociones hasta explotar.
—Quiere decir, ¿Que ya son mejores amigos?
—¡No!
—¿Piensan abrir su propia agencia?
—¡No! ¡Eres igual que Deku, All Might! ¡No entienden nada! Y se supone que eres el adulto. ¡Ja! Patético.
—Entonces, explícame —Pidió.
Me contuve, sólo porque lo vi realmente interesado en el tema.
—No es nada de lo que te debas de preocupar —Aseguré—. Es sólo un asunto entre nosotros.
—Parece ser ése que no es el caso.
Fruncí las cejas.
—¿Qué está diciendo?
—No parece que no sea algo que deba de preocuparme. Se ve que es algo más.
—¿Cómo qué?
—Están más cercanos —Apuntó—. Puede ser que hayan llegado a algún tipo de acuerdo.
—¡No!
All Might me observó por un lapso de un minuto, del cual, si hubieran sido otras circunstancias en que mis sentimientos no salieran a colación, le comentaría todo. Pero no era el momento adecuado.
—Bien. Supongo que me dejas con la intriga. No insistiré más.
—Sea lo que pienses, no es asunto tuyo entrometerte. Es… es algo nuestro.
All Might se vio confundido ante mi afirmación. Sé que se trataba de alguien a quien admiramos, pero aún no estoy acostumbrado a ti, a esta dinámica que hemos adoptado, a que me toques y que yo esté dispuesto a permitírtelo. Es demasiado, aunque no me molesta.
—¿Es que acaso…? Han de estar en buenos términos. Es lo único que entiendo que está pasando entre ustedes —Lo veo con reserva, el mohín de mis labios asomándose. All Might sonreía; lucía satisfecho.
Mínimo lo que tenemos ha hecho feliz a nuestro ídolo. Sé que si hubieras estado ahí te alegrarías mucho.
—Tengo fe de que sea lo que ocurre será algo para bien.
En consecuencia, sonreí de lado.
Algún día se lo diremos y espero que estés tú para ser el indicado de expresar todas las emociones que yo no expreso y recibir sus felicitaciones.
Viniste a verme una noche en medio de los exámenes finales. Si no sería porque se trata de ti, hubiera corrido a quien sea que quisiera decirme algo a esas horas. Antes de que pudiera interrogarte, me sonreíste y mi cerebro hizo una pausa.
—¿Puedo pasar? —Preguntas.
—Ya estás adentro —Apunto.
—Cierto —Te ríes.
No es común en ti que vengas a visitarme sin avisar. Observas las paredes de mi sobria habitación, caminas un poco y te desplomas en la silla del escritorio. Me agrada que ya no eres el idiota tímido que apenas podía desplazarse en mi dormitorio sin que sus piernas flaquearan. Ahora estás familiarizado con mi entorno y eso me hace sentir que hemos avanzado bastante.
—Siento haberte interrumpido así —Dices en tono austero; frunzo las cejas—.Ya casi son las ocho y media. Y ehm… supongo que quieres saber el por qué vine. ¿Sabes? He notado que Todoroki-kun ha estado actuando raro.
—Siempre actúa raro ese cabrón.
Tus facciones se suavizan; tus ojos están entornados hacia tus manos, apretadas en el dobladillo del short.
—No se te escapa nada, Kacchan.
—No es novedad, Deku. El bastardo tiene el cerebro echo mierda de tantos traumas de su infancia. Si comete pendejadas es por qué no ha solucionado sus jodidos problemas.
—Pero, no sólo eso —Te ves preocupado; sabía que no dejarías la conversación del casillero en el olvido—. Me dijo cosas extrañas.
—¿Qué te dijo?
Me siento en el borde de la cama, mirándote fijamente.
—Algo sobre no perder… —Arrugo las cejas; no dejas de jugar con tus manos. Estás nervioso—. Al principio no le entendí, pero viéndolos en los casilleros. Creo que es algo más —Alzas la cabeza, tus ojos verdes me ven, serios—. Creo que… no. Se trata de ti, Kacchan, ¿Es… es eso cierto?
Me has puesto en un aprieto. Te tengo por denso, igual que el mitad y mitad, mas hay ocasiones en que tu cabeza hace sinapsis y erras correctamente. Lo más probable es que le has dado vueltas a ese pensamiento e incapaz de dormir has recurrido a mi para así terminar con tu intriga.
—Sí —Manifiesto.
Te quedas callado. La sombra embarniza tu rostro, preso de los mechones alargados y rizados de tu cabello. Observo el delineo de las líneas descendientes de tus pómulos envueltos por una luz translúcida engullida en el mohín de tus labios. A veces haces esa clase de expresiones que me cuestan descifrar, Izuku.
—Asumo que… —Realizas una pausa; unes tus manos en dirección al suelo—. Piensas aceptar la oferta de ir a la agencia de Endeavor y se han puesto de acuerdo en ser los mejores.
¿Hah? ¡Idiota! Creí que habías acertado en tu deducción, pero no. Estás más denso que el mitad y mitad. Par de cabrones inútiles.
—Sea lo que hayan decidido —Tus ojos ven a través de mí en un reparo sustancioso—.Quiero que sepas que yo tampoco me voy a rendir.
—Estupideces —Bufo.
—No lo son.
Entonces, te levantas. Me pongo en guardia, aguzando mis sentidos. ¿Qué tienes planeado hacer? El extraño alumbrado de tu rostro me petrifica y cuando abro y cierro los ojos, estás a milímetros de mi cara. Desvío la mirada, pero tus dedos sostienen mi barbilla y me es imposible no verte. Siento tu aliento. Lo caliente y calmado que es.
—Puede que esté equivocado, Kacchan. No obstante… —Unes tus labios a los míos; es una textura más suave que el papel mojado, más templado que los rayos del sol secar los charcos de la lluvia anterior, más que… no tengo otras comparaciones. ¡Maldición!
Te separas, apenas logro entreabrir los ojos. Tus pupilas dilatadas me escanean, simulan la densidad del color oscuro del océano perder la claridad en la costa. Y ¡Demonios! Me siento estúpido comparándote con el clima y los utensilios de trabajo de un estudiante.
Tu mano, la que está cicatrizada, sube a mi mejilla. Encorvo el cuello. No quiero mirarte. Miro la línea gruesa del dorso. Se extiende inciertamente por tu piel ligeramente avellanada y me pierdo en la nitidez que la rodea.
—Si a perder se refiere y ese perder tiene que ver contigo —Tu voz suena lejos, pese a tenerte a esta distancia—. No pienso dejarle el camino tan fácil —Me besas en la mejilla, sin despegar tus labios húmedos de mi piel; mis latidos me estallan el cerebro—.Es mi amigo, no lo odio si te tiene en la mira. Es más, no lo culpo. Eres demasiado para cualquiera que se haya fijado en ti.
—¿Qué significa eso? —Como puedo alcanzo a preguntarte; mi voz agitada.
—Que eres lo mejor que le puede pasar a quien sea que te tenga a su lado.
Te escuchas tan grave, grave, grave. No paro de repetírmelo. No es común oírte así. Sentir tu voz tocar las fibras de mi cuerpo, mi piel, mi sangre, mis huesos. Subo mis manos, aferrándome a tus brazos.
—Lo mejor que me ha pasado a mí.
—Idiota.
—Te quiero.
—Izu-
Cortas mi voz uniendo tus labios a los míos con fuerza. Me sostienes por los codos, respiras irradiando una inmensa devoción del delicioso roce de tus dedos satinar mi piel.
Aún no me habitúo a que me toques más allá que solo mis manos. No lo odio, Izuku. Es extraño, es como si te dejara entrar a mi. Y eso me da escalofríos. Apenas reparo que acabas de decirme que me quieres. Reconozco que eres quien más habla de sus sentimientos, mas es la tercera vez que lo oigo de ti (la primera siendo en el hospital, y la segunda en el parque en que solíamos jugar cuando éramos niños durante ests vacaciones de invierno).
Tus labios se estrellan en los míos. Mi cuerpo se estremece. Tus manos se deslizan, huecas y sigilosas rumbo a mis hombros; advierto que me recuestas de espaldas en la cama.
¿Adónde quieres llegar con esto, Izuku? ¿Tienes miedo de que te deje? ¡Ha! Como si eso fuera una realidad. Te adelantas a lo que todavía no pasa, porque ¿Sabes qué? No va a pasar.
Me besas devorando mis labios y respiro con fuerza. No dejo de temblar. Detenme, Izuku. No sé con exactitud qué me ocurre. No habíamos llegado a estos límites, y eso me confunde, pues me falta precisar qué hacer para sentirte mejor. Estás lejos de mi agarre, pese a que te tengo entre mis puños. Opto entonces, por abrazarte por la espalda.
Aprieto muy fuerte los ojos; esa es la cercanía que busco. Sentir nuestros cuerpos pegarse, siendo casi uno. Presiento que aún sobran varios escalones para sentirnos el uno al otro totalmente.
Te separas, dándome chance de llenarme de oxígeno. Tus labios, ni siquiera abandonan mi piel. En cambio, se dirigen a mis mejillas. Me besas con gentileza. Tiemblo más.
—No te preocupes, Kacchan —Aseveras; tu voz apretada—.Sea lo que tenga Todoroki-kun en mente, me aseguraré de que te quedes conmigo.
Encajo mis dedos en tu espalda.
—Carajo. No estoy preocupado. ¡Mierda!
Besas mis labios y es difícil hilar lo que sale de tu boca con lo que estoy pensando.
Me besas todavía más. Tus labios se funden por el recorrido de mi cavidad. Se siente bien, se siente bien, se siente bien.¡Katsuki, deja de repetir la misma mierda!
Te separas, con tu aliento evaporado envolviendo mis labios húmedos, rojos y palpitantes.
—¿Tengo tu permiso para cuidarte?
Aún en esas instancias, logro bufar.
—¿Eres idiota? No necesito que me cuiden. Además, no me has dicho lo de la cita.
—Es una sorpresa —Susurras.
—Odio las sorpresas.
—Esta te va a gustar.
Me besas de nuevo, y de nuevo y… ¡Katsuki, detente! Me maldigo por lo incompetente que soy teniendo tu gigantesco peso encima. ¿Te he dicho que eres enorme ahora? ¡Mierda, lo eres! Pesas una tonelada, tus músculos superan con creces a los míos, has crecido a los lados en lugar de estatura, pero eso no disminuye que eres un mastodonte aprisionándome, devorándome, viéndome sin distraerte.
Y que yo soy un imbécil energúmeno que se queda inmóvil ante tu inmensidad. Tratando estúpidamente de corresponderte lo mejor que puedo, porque aun cuando te encuentras a milímetros de mi, sigo creyendo que desaparecerás. Y será una tortura despertar y saber que no estás diciéndome «Kacchan» cuando me ves, ni besándome como lo estás haciendo ahora.
Nadie ha logrado comprender lo que siento por ti, ni siquiera yo mismo. Estoy seguro, Izuku, que tu eres el único que podrá ponerle palabras a mis sentimientos.
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NOTA: Este es el lado de Kacchan.
Me ha costado tratar de poner su punto de vista.
Espero que les haya gustado.
